Capitulo 5.
Ryder.
— ¿Seguro que solo tiene una habitación disponible? —le gruño enfadado al posadero, es el colmo que solo haya una habitación disponible.
— Me temo que sí señor.
— ¡Pero no tiene baño! —me quejo aún más enfadado. Golpeó el mostrador, Merlín atrapa mi mano y me mira molesta.
—Cariño, solo será una noche. —me dice acariciando mi mano con su pulgar.
Abro la boca para seguir discutiendo, esto no se ha acabado hasta que consiga mi habitación con baño. Necesito un baño luego de volar por horas. Una mujer sale de la puerta y le susurra algo al posadero que suspira tranquilo.
—Tenemos una habitación con baño disponible.
—La tomamos, ya. —ordeno.
—Bien, señor pueden seguirme usted y su esposa. —murmura tomando un par de llaves que cuelgan y nos guía por las escaleras hasta el piso de arriba y luego se detiene enfrente de una puerta que abre, le entrega las llaves a Merlín. —Estas son las llaves, si necesitan algo nada más toquen la campana y vendrá uno de mis empleados para atenderlos, la cena se sirve a las ocho.
—Lo que sea. —agito mi mano en el aire.
—Muchas gracias. —la rubia le sonríe antes de girarse a abrir la puerta.
—Me daré una ducha. —anuncio sacándome la camisa, luego me alejo arrastrando los pies hasta el baño.
...
¿Porque demonios propuse hacernos pasar por una pareja casada? Ah sí, porque mi inexistente caballerosidad decidió aparecer después de muchos años y preocuparse por la rubia. En alguna parte de mi cabeza era buena idea para evitar que los ángeles nos encuentren de nuevo.
Salgo del baño secando mi cabello con una toalla, busco en la habitación a Merlín y me tenso cuando la veo agachada al lado de la cama buscando algo con el trasero levemente levantado. Me tenso recordando como hace unas horas estuvo sobre mi rostro.
— ¿Qué buscas? —pregunto rompiendo el silencio y tratando de sacarme de la mente su culo.
—Una pluma.
—¿Para qué quieres una pluma?
—Silencio Ryder. —gruñe metiendo su mano debajo de la cama y se sienta en el suelo cuando saca una pluma blanca.
Le devuelvo el gruñido, a mí nadie me dice que me calle. Furioso me dejo caer a su lado y tomo su barbilla con mi mano.
—A. Mi. Nadie. Me. Ordena.
—Lo que sea. —su mano retira mi mano de su barbilla y deja sobre mi palma la pluma—. Es para ti, cuídala.
Mi enojo disminuye considerablemente y miro la pluma blanca en mi mano y luego a Merlín sin entender.
— ¿Por qué me la estás dando? —susurro mirando fijamente a sus ojos verdes.
—Porque fuera de tu impaciencia y gruñidos, me agradas. —se alza de hombros restándole importancia.
Mi cola se menea con suavidad detrás de mi cuerpo y luego se enrolla con suavidad en su mano. Abro su palma y en suave brillo una pluma negra aparece en ella.
—Entonces toma una mía también.
—¿Por qué? —indaga mirándome con atención y sonríe.
Encojo mis hombros.
—Se siente correcto hacerlo. —elevo una mano y acaricio su mejilla. Luego miro de reojo mi cola moverse de un lado a otro. — Puedes tocarla, pero no muy fuerte, no sé cómo podría reaccionar.
—Si te incómoda, me dices. —advierte estirando la mano y sostiene con cuidado mi cola.
Me tenso, pero luego respiro profundo y la miro jugar con mi cola. Una sensación extraña me recorre el cuerpo.
— ¿Es lo que pensabas?
—Superaste mis expectativas.
— ¿Eso me beneficia en algo?
—Por supuesto que lo hará.
La miro entrecerrando los ojos, mi cola se escurre entre sus manos y me levanto frunciendo el ceño. Merlín es extraña.
— ¿Deberíamos ir a comer algo?
—Pediré la comida para llevar. —comenta levantándose de un salto.
—La campana, ahí está tócala fuerte. No salgas. —me dejo caer en la cama y me estiro dejando mis brazos bajo mi cabeza.
—Claro.
La miro coger la campana y moverla de un lado a otro, a los minutos llega el empleado y pide la orden.
—Dile que carne.
—Lo sé Ryder. —responde antes de girarse a hablar con el empleado.
Suspiro, me acomodo sobre la almohada y entre mis dedos hago levitar la pluma blanca que me ha dado ella. Es linda y suave al tacto, ¿acaso pone algo en sus alas para que las plumas sean así de suaves? ¿Olerá bien? Miro que sigue hablando con el chico de la comida y me acerco rápido la pluma a la nariz percibiendo el leve aroma a cítricos ácidos en ella.
Suspiro. Huele tan bien.
Una leve risa me hace abrir los ojos de golpe.
—Cuidado con tu alergia.
—Mirar es de mala educación, Fiorella.
—Iré a ducharme. —avisa caminando hacia el baño.
La miro unos segundos antes de volver mi atención a la pluma. Hace años conocí a alguien que tenía hermosas alas llenas de plumas beige y eran hermosas, desde ese día otras plumas no me parecieron tan hermosas hasta que vi las alas de Merlín.
Grandes e imponentes. Las alas de la rubia son hermosas.
Aprieto la pluma contra mi pecho, debería de encontrar un lugar dónde ponerla para no perderla. Debe de ser importante para ella, así que la voy a cuidar como nunca he hecho con las mías.
Escucho leves golpes en la puerta, escondo la pluma en mi pantalón y voy a abrir. Una chica con un carrito me dedica una sonrisa embobada, le frunzo el ceño antes de quitarle el carrito y meterlo en la habitación.
—Avisaré cuando lo tenga que enviar.
—No, es mi deber traerlo y llevarlo. — se para sobre sus pies y mira adentro de la habitación. —Veo que estás solo, podría entrar y hacerte compañía un rato o más...
—No creo que...
— ¡Ay no sea amargado! Revisé los platos antes de traerlos y vi que tiene suficiente comida para dos personas, podemos divertirnos.
Miro la puerta del baño deseando que Merlín se apresure y salga antes de que está molesta mujer decida atacarme.
No puedo matarla.
No puedo matarla.
No puedo matarla.
La puerta del baño se abre y sale Merlín, le lanzo una mirada para que me ayude, la mucama ya ha puesto una mano sobre mi brazo.
—Gracias por traernos la comida. —agradece la rubia acercándose y toma la mano de la chica que estaba sobre mi brazo—. No insistas más y te llamaremos para que retires el carrito de la habitación, mi esposo ya tiene compañía para todas sus noches linda.
—Ya la escuchaste, largo. —gruño cerrando la puerta en su cara, me giro y sin pensarlo me escondo en el hueco del cuello de la rubia. Su aroma a naranja me tranquiliza.
—Ven, vamos a comer. —susurra entrelazando nuestras manos y se aleja tirando de mí hacia la comida.
—¿Pediste mi carne? —pregunto sentándome en el pequeño cojín que hay en el suelo junto a la minimesa. La comida flota hasta nosotros y me apresuro a buscar entre los platos.
—Obvio, ese es tu plato. —lo señala rápidamente antes de comenzar a comer del suyo.
Me apresuro a abrir el mío y devorar lo que hay dentro, el olor de la carne en salsa me abre el apetito. Le lanzó varias miradas a Merlín mientras come, me parece curiosa la forma en que sostiene su cuchara o el tenedor.
—¿Ustedes los ángeles tienen alguna costumbre extraña cuando comen? —pregunto curioso.
—¿Por qué lo preguntas?
—Cuando estábamos, las locas y yo, encerrados en las celdas varios guardias comenzaron a hacer movimientos extraños con las manos y le daban gracias a algo.
—Ah eso. —musita dejando los cubiertos al lado de su plato vacío—. Desde una corta edad se nos ha inculcado orarle a las Diosas por los buenos actos de los demás o por bendecir con alimentos todos los días.
Niego masticando.
—No le oraban a ninguna diosa o dios, elevaban plegarias a una entidad diferente. —la corrijo recordando como los cuatro hombres se habían hincado en medio de la habitación y habían cantado y alabado algo diferente.
—¿No recuerdas el nombre?
—No, no soy fan de esas cosas así que deje de prestarles atención cuando lleguen al tercer canto.
—Si puedo regresar algún día al reino, investigaré sobre ello. —comenta tomando su copa y da un largo sorbo a la bebida.
Asiento, hago a un lado mi plato y me levanto para ir a la cama y acostarme. Me estiro y luego giro sobre mi espalda respirando profundo, mi cola se enrolla y luego se desenrolla con pereza.
— Descansa un poco, nos iremos en unas horas al anochecer.
—Voy. —responde y en poco tiempo siento la cama hundirse a mi lado.
Inclinó el rostro hacia su lado y la miró pensativo.
— ¿Te arrancaste la pluma?
Ella asiente ligeramente.
—Para dármela. Qué rara eres, Estefany.
—Me parece un bonito gesto. —gruñe girando los ojos.
—¿Te dolió?
—Sí, pero fue momentáneo.
—Momentáneo... —musito, por un momento me quedo perdido en mis recuerdos donde hay mucha sangre y una chica pelirroja grita.
—Ryder, ¿estás bien? —cuestiona acariciando mi mejilla.
Yo siempre estaba bien, ella no. Ella siempre estaba sufriendo.
Parpadeo.
— Sí, no vuelvas a arrancar tus plumas. Puede que sea momentáneo, pero duele.
—No lo haré, eres la única pluma que me he quitado.
Elevo mi mano y aparto un mechón de cabello rubio como el sol que cae por su rostro. Hay un montón de pecas en él, tantas que sería imposible contarlas y la hacen ver aún más angelical de lo que ya es.
— También eres la única a la que le he dado una de las mías, cuídala y no la pierdas. Dolió como la mierda arrancarla.
—No la voy a perder. —gruñe parpadeando lentamente—. Intenta dormir un poco, lo necesitas. —musita.
—No puedo dormir.
—¿No traes las pociones de Storm?
—No, la maldita bruja blanca se niega a darme más de tres a la semana porque puedo generar inmunidad. —explicó recordando la molesta explicación de Stormy sobre cómo mi cuerpo podría volverse inmune a sus pócimas de sueño.
—Bien, supongo que plan B. —comenta divertida y extiende su mano en mi dirección—. ¿Puedo? —indaga acercándola a mi cabello.
Frunzo el ceño y me alejo un poco.
— ¿Qué quieres hacer?
—Acariciar tu cabello.
— ¿Para qué?
—Déjame intentarlo y si te incomoda, me voy a apartar.
—Vale.
—Ven. —musita tirando de mi brazo, se acomoda mejor a mi lado y su mano comienza a tocar mi cabello.
Me tenso unos segundos antes de que un profundo ronroneo se escape de mi pecho. Cierro los ojos sintiéndome ligeramente relajado. Bien, ella tiene razón, esto es realmente bueno.
—Esto no está mal. —musito abriendo un ojo, se ríe cuando ve que la miro adormilado y tapa mi rostro con su mano libre, la atrapo con la mía y juego con sus dedos antes de llevarla hasta mi boca y darle un pequeño mordisco.
—Puedo hacerlo siempre que quieras, sólo pídelo.
—Posiblemente ni siquiera me duerma, pero gracias.
Ruedo sobre mi costado y me levanto de la cama.
—Voy al baño. —anuncio caminando hasta la puerta, la abro y voy directo a la taza a descargar.
Me rio. Y luego entro a la ducha dejando a un lado la pluma blanca, debería de pensar qué hacer con ella, si la pierdo hasta yo mismo me sacaría los ojos, Merlín debió de haber sufrido arrancándola de sus alas. Los ángeles tienen costumbres muy extrañas, y sin embargo le di una mía.
Y la he hechizado. Sonrío con eso, solo es un leve hechizo de protección pequeño para cuando esté en problemas y yo no esté cerca para ayudar, no es que crea que la rubia no es capaz de protegerse por su cuenta porque en la última semana de conocernos lo ha demostrado y aun así no he podido evitar hacer un hechizo de protección para ella.
Cierro el tubo de la ducha y me recuesto en el azulejo de la pared parpadeando pensativo. Es como si ella y yo hubiéramos estado juntos por años, es extraño.
Mi pantalón vibra levemente en el suelo, me limpio el agua del rostro y saco mi comunicador viendo el nombre de Stormy en la pantalla.
— ¿Qué?
—Hola a ti también cariño.
—Cariño mi culo, ¿qué quieres ahora? Bruja molesta, ya ni bañarme me dejas.
— ¡Oh! ¿Te estás duchando? Que falta de respeto de tu parte bañarte y no enviarme una imagen.
—Al punto.
— ¡Ah sí! Rose está aquí.
Un escalofrío me recorre. Mierda.
—¿Hace cuánto? —pregunto preocupado, por las diosas que no haya entrado a mi estudio, que no haya...
—Muy tarde Ry, eso fue lo primero que hizo y está furiosa por tu desorden.
Las diosas se apiaden de mí.
— ¿No le faltaban dos semanas para terminar sus vacaciones?
—Llego antes y tiene el castillo patas arriba limpiando y ordenando todo.
Gruño haciendo una mueca de horror, maldita mujer loca.
—Bien, estaré ahí pronto.
—De acuerdo, y Ry...—musita en voz baja. Se escucha preocupada.
— ¿Mm?
—Vio las cosas de Merlín, quiere saber de quién son las bragas rosas que estaban en la habitación de su niño.
Mierda.
Mierda.
Lo que me faltaba.
—Me cago en...
—En todo, sí. Solo vuelve rápido. —gruñe interrumpiendo mi insulto y luego corta.
Me quedo viendo la pantalla como idiota antes de dejar caer el aparato, que esta hechizado contra posibles ataques de ira o golpes de mi parte, y respiro profundo tratando de pensar como arreglar el problema cuando Rose es una cabezota.
Mi cola se hace un puño en el piso del baño cuando me deslizo por la pared hasta estar sentado en el suelo. Luego me levanto de un salto y mojado salgo gruñendo del baño, voy hasta Merlín que duerme profundamente sin ningún problema.
Gruño.
—Merlín.
Nada.
—Merlín.
Es como si la hubiera noqueado con una poción.
— ¡Merlín!
Se queja cubriéndose aún más con la sábana. Se la saco de un tirón.
— Estoy a nada de lanzarte un balde de agua encima, mujer.
Gruñendo abre un ojo y me mira molesta, pero sus ojos se abren de golpe y se cubre el rostro chillando.
—¡Vístete, Ryder! —grita alarmada.
Ruedo mis ojos.
— ¡Dejaste tu ropa interior en la habitación!
—¿Dónde la tenía que dejar?
—En tu parte del armario, ¿dónde si no? Ahora Rose nos va a matar a los dos. —me muevo de un lado a otro, en el camino recojo mis boxers y me los pongo.
—¿Quién es Rose?
Bufo cubriendo mi rostro con ambas manos.
—Mi nana, y mayordomo. Y un dolor de huevos.
—Ah —se vuelve a cubrir con la sábana—, le explicaré que fue mi error y...
—Merlín cariño, ¿no entiendes? Rose está educada de otra manera, y está a punto de cumplir ochocientos años.
—Oh mierda, nos va a matar. —responde alarmada desde la cama.
Sonrío al ver que ya estamos en la misma página de una vez.
—Ajá. Estoy seguro de que va a sacar la manta para hacer bebés que guarda con tanto recelo. —un escalofrío me recorre.
—La recoges y la guardamos bajo llave en algún cofre.
—Rose es uno de los ancianos del consejo.
—Prefiero regresar a recibir el juicio de Metatron, gracias.
—Y después yo soy el cabezota. —alcanzo mis pantalones y me los pongo de un tirón. Siento una mirada en mi espalda, me giro y atrapo a la chica mirándome. — ¿Pasa algo?
—Solo estaba pensando. —susurra acomodándose en la cama.
Elevo una ceja fingiendo que le creo y me dejo caer a su lado, alcanzo mi nueva ballesta que conseguí con esfuerzo y dedicación robando a unos genios que trabajaron en ella por meses. Oh, Ryder, eres un genio. La reviso y luego la pongo en posición y ajusto la mira.
— ¿Sabes? No soy tan inocente como creen que soy, que sea virgen no significa que sea un puto mojigato.
—¿Y el comentario viene por...?
La miro de reojo y sonrió.
—Eres una pervertida Merlín, mirando de esa manera a un pobre ser inocente como yo.
—No eres inocente, en lo absoluto. —se queja elevando su ceja en mi dirección.
Niego con la cabeza.
—Soy inocente y puro.
—Pobre de ti. —se burla riendo.
—Pobre Ryder, el ángel pervertido quiere aprovecharse de su inocencia. ¡Mi pobre virtud!
—No quiero aprovecharme de ti —se queja girando los ojos— ¿qué te hace pensar eso?
Finjo pensar y dejo de lado la ballesta, me giro en su dirección sin calcular muy bien y mi nariz choca con la suya.
—En que no deberías dejar tus bragas por ahí tiradas. —la pico.
—Me equivoqué, pero tendré más cuidado la próxima vez.
Parpadeo mirando sus ojos, mi cola sube por su pierna y se enrolla en su cintura, ella se tensa un segundo antes de volver a estar cómoda, inclino mi nariz sobre la suya.
— ¿Por qué la pluma? —pregunto de nuevo.
Merlín me mira fijamente y suspira.
—Quiero creer que no me estoy equivocando contigo.
— Soy malo, tan malo que cuando muera voy a arder en el puto infierno. —le confieso en voz baja, mi cola se mueve lentamente por su cintura en una lenta caricia.
—Ya tienes mi pluma —responde divertida y se acomoda provocando que nuestras narices se rocen de nuevo— y no quiero asustarte, pero eso es casi una propuesta de matrimonio Ryder.
Parpadeo.
—Eso es inesperado. —suspiro y miro hacia abajo, justo a su cuello. —Bien, lo tienes, puedes ser mi reina.
—Deberías decir eso mirándome a mí.
Elevo mi mirada hasta ella. Y le sonrío.
—Estaba comprobando algo, ¿pero lo quieres? —le doy una intensa mirada. ¿Y que si es muy rápido? — ¿Quieres ser mi reina Merlín?
—Sí, si crees que es lo correcto, claro. —responde con una amplia sonrisa.
—Mierda, sí. Nunca nada se había sentido tan correcto, no me gusta correr, pero ahora quiero que lo hagamos juntos.
—Será un placer ser tu reina, mi rey.
Acaricio su mejilla y me inclino sobre su rostro mirando sus ojos antes de besar suavemente sus labios. Sus manos suben por mis mejillas y me atrae más hacia su rostro con suavidad, su nariz acariciando la mía.
—No te arrepientas. Será para siempre. —ronronea besando su mejilla.
—No voy a hacerlo.
Medio sonrío atrayendo su cuerpo al mío. Inspiro su aroma a naranja apoyando mi mejilla sobre su cabello.
—Mi virtud y yo quedamos en tus manos, dulzura.
—Mi poder y yo también estamos a tus manos.
Frunzo el ceño y me alejo, tomo su rostro entre mis manos.
—Nunca me aprovecharía de lo poderosa que eres, eres un ser hermoso que merece ser libre y no encarcelado. Me gustas tú Merlín, no cuando poderosa seas o tu estatus, y dulzura vas a ser una reina. Nadie te pondrá un dedo encima.
Merlín sonríe posando una de sus manos sobre la mía y la acaricia.
—Muchas gracias, de todo corazón. —susurra y me mira con decisión—. No creas que voy a permitir que alguien quiera sobrepasarse o tocarte siquiera, no mientras tenga vida.
Una carcajada se escapa de mis labios.
—Eso me hace sentir tan bien, eres mi caballero de brillante armadura Gabriela. Gracias por proteger mi eterna virginidad.
—Bien arruinaste el momento cuando no dijiste mi nombre. —se queja divertida alejándose.
—Pero si tienes un nombre hermoso, Aelyn.
—Por supuesto que lo tengo.
Acaricio su cabello y luego me aparto de un salto yendo a buscar entre mis cosas y saco a mi bebé, vuelvo a su lado y espero a que se siente, dejo en sus manos a mi bebé.
— ¿La aceptas como regalo de bodas? —pregunto nervioso.
—Claro —asiente emocionada, extiende las manos y se detiene—, no espera, no tengo un regalo para ti.
Encojo mis hombros.
—No es necesario. ¿Qué tan importante es para ti casarte? Puedo conseguir un cura, ahora mismo.
Merlín toma el arma de mis manos y se inclina dejando un suave beso en mi mejilla.
—Cuidaré a nuestra bebé, te lo prometo. —asegura acariciando el arma lentamente—. Realmente siempre me ha hecho ilusión casarme, todo ese sentimiento de anhelo de encontrar el vestido correcto, ver su expresión en el altar y ser declarados esposos por el cura. Siento que es un momento muy lindo, casi irreal.
Parpadeo.
— ¿Te parece una iglesia en medio de la nada? —pregunto sacando mi comunicador. —Puedo darte la enorme fiesta, el vestido y una gran ceremonia de coronación cuando lleguemos.
—¿No sería muy peligroso? Los ángeles llegarían a la fiesta si se enteran.
Sonrío, una sonrisa que promete sangre.
—Entonces los contendré hasta que termine tu momento y yo mismo les arrancaré las alas.
—Podemos evitarnos la fiesta —comenta mirando sus manos—, no quisiera que estés peleando con esos el día de nuestra boda.
Ruedo los ojos.
—Lo que mi reina pida.
—Gracias.
Reviso mi comunicador y miro a Merlín.
— Entonces ¿qué te parece la iglesia de este pueblo?
—Es perfecta.
Comienzo a enviar mensajes a Storm, la bruja pregunta curiosa y la ignoro. Solo le digo que vamos a volver un poco más tarde de lo esperado y que por favor trate de mantener ocupada a Rose.
— ¿Quieres un vestido? ¿Algo en específico?
—Que sea corto.
Me levanto de la cama y rebusco entre mis cosas hasta sacar mis piedras para hacer portales pequeños. Las acomodo sobre la madera del piso y luego recito el hechizo de memoria, un portal pequeño se abre directamente a las arcas de mi tesoro.
Una de las muchas pixies que lo cuidan se acerca y me habla en sus tintineos. Le envío una imagen mental del vestido que tengo en mente y ella revolotea hasta dónde están sus compañeras y luego desaparecen.
Merlín me mira curiosa desde la cama, le frunzo el ceño y ella ríe.
Un leve tintineo me llama la atención, unas diez hadas miniatura sostienen la bolsa en mi dirección, la toma y les ofrezco pequeños caramelos que recogen y luego se largan, cierro el portal. Lanzo la bolsa en dirección de Merlín, ella la toma.
—Confiaré en tu sabiduría.
—Solo mirarlo, puedo arreglarlo con un poco de magia.
Merlín asiente mirando el interior de la bolsa, una de sus manos cubre su boca y me mira con los ojos brillantes.
—Es precioso, me encanta.
Suspiro aliviado, busco mi camisa en el baño y me la pongo.
—Se me olvidaba, — busco entre mis bolsillos y saco un viejo anillo, lo miro y luego lo tapo con ambas manos con fuerza, un fuerte brillo inunda la habitación y luego hay un hermoso anillo de oro blanco con una esmeralda en él. Me acerco a Merlín y me hinco. — ¿Nos casamos?
—Claro mi rey. —responde extendiendo su mano en mi dirección.
Sin poder evitarlo estallo a carcajadas y deslizo el anillo en su dedo.
—Oh diosas, estamos demasiado locos. —digo entre risas sin poder creer que en serio vayamos a casarnos teniendo solo una semana de conocernos.
—Cuando te vi lo menos que pensé seria que me casaría contigo al poco tiempo de conocernos. —se carcajea acariciando el anillo en su mano.
—Ni siquiera recuerdo que pensé cuando te vi, estaba muy ocupado tratando de escapar. Seguro pensé: Wow, necesito un bronceado como ese.
—Eres increíble. —comenta riendo con más fuerza.
Mi cola se agita de un lado a otro, un extraño movimiento en el exterior me hace quedarme inmóvil, salto sobre el cuerpo de la rubia y le pongo un dedo sobre los labios.
—Silencio.
Merlín me mira consternada, ambos escuchamos los pasos fuera de la habitación. Justo en la ventana. Alcanzo la ballesta que está al lado de la cama.
—Nos vamos, tenemos un punto a favor que son las luces apagadas y creen que estemos durmiendo. Vamos a escapar por la puerta y bajaremos por las escaleras, vi una puerta en la parte trasera de la posada.
—Entendido.
Salimos a pasos rápidos y bajamos por las escaleras tratando de parecer distraídos y normales, dejo una pequeña propina en el mostrador y luego nos escabullimos por la puerta trasera.
Merlín.
Yo... este día en específico ha sido... Ni siquiera sé por dónde comenzar. Estoy feliz, demasiado para tratarse de mi boda con el chico que conozco hace una semana y se siente muy bien el peso del anillo en mi dedo anular o la bolsa del vestido de novia en mi espalda.
Sigo a Ryder al interior del pueblo mezclándonos entre las pocas personas que transitan en la madrugada atendiendo sus trabajos o los que solo buscan tomar hasta que el sol les dé en el rostro y despierten lejos de casa. Me mantengo cerca de su lado mirando furtivamente a nuestro alrededor buscando encontrar movimientos extraños o el enemigo siguiéndonos.
Una enorme sonrisa se abre paso en mi rostro tirando de mis labios. Diosas, ¿realmente estoy viviendo esto? ¿Estoy a punto de casarme? Con Ryder y sí, sigue siendo algo muy apresurado, pero él se ha portado bien conmigo, se ha mantenido al tanto de mí y me cuida. Y parece que le intereso yo, no mi puesto como la líder de los querubines.
Mi cuerpo se tensa cuando Ryder eleva la ballesta y en el techo de una casa a nuestro lado, su flecha impacta directamente en el pecho de uno de ellos y cae por el borde del edificio.
—En el puto blanco. —musita con una sonrisa.
Una segunda flecha es lanzada por él en el siguiente edificio y me tenso por completo sintiendo la presencia de múltiples enemigos rodeándonos, en los techos de las casas que nos rodean y a ambos extremos del trecho por el que estamos avanzando. Estamos completamente encerrados por ellos.
—¿Tienes una estrategia en mente o solo dar y matar? —indago girándome para darle mi espalda y vigilar a los hombres que se acercan lentamente.
Ryder apunta a uno y dispara.
— Matarlos a todos. Ese es mi plan. —susurra con diversión en su voz.
Dejo la bolsa del vestido levitando a mi lado tomando mi ballesta y apunto a los tres hombres que comienzan a correr en nuestra dirección. Disparo en cuanto escucho el de Ryder, una sonrisa ladeada se forma en mis labios cuando doy en el punto correcto y de inmediato disparo a los dos restantes.
—Bien, Daniela escucha. Vamos a salir, te cubro la espalda. La iglesia está en aquella dirección. —señala al este del pueblo. Luego sonríe estirando su mano, una espada aparece en ella.
Me cuelgo de nuevo la ballesta a mi cuerpo, corro de inmediato hacia el este manteniendo mis ojos fijos en la fachada de la iglesia, esquivo el ataque de una espada que se cruza en mi camino y Ryder de inmediato aparece cortando la mano de él, los gritos no se hacen esperar y su expresión se torna divertida.
Intercambio con él una mirada retomando mi camino escuchando su espada cortar el aire y el sonido característico de la sangre caer en el suelo. Estiro mi mano cuando uno de ellos se interpone en mi mano, una espada aparece y no dudo en detener su golpe, lo empujo lejos y lanzo mi espada tomándolo desprevenido cuando bloquea el arma y salto sobre él, una daga aparece en mi mano y la incrusto en su cabeza haciendo que caiga de espalda. Me levanto tomando mi espada y retomo el recorrido escuchando a Ryder reír a mi espalda.
— ¡Buen corte!
Me giro mirándolo cortar la cabeza del hombre que se interpone en su camino y girarse para golpear al segundo que buscaba atacarlo por la espalda. Lo miro sorprendida cuando se gira y su pie impacta contra la mandíbula del rostro del hombre, escucho sus gritos adoloridos suponiendo que su mandíbula se ha salido de su lugar y Ryder entierra la espada en su pecho de golpe, sin dudarlo.
Tomo mi ballesta de inmediato lanzando dos flechas contra los dos que se encuentran en los techos y apuntaban a Ryder con sus armas. Miro a mi alrededor y me relajo cuando no siento la presencia de nadie más a nuestro alrededor. Saco mi pañuelo morado de mi bolsillo y limpio las gotas de sangre en mi rostro mirando la sonrisa ladeada de Ryder. Lejos de lucir repulsiva la sangre en su cuerpo, lo hace ver bien, no, la palabra correcta es ardiente. Las manchas rojas en su ropa, brazos, manos y rostro. Diosas, ¿tan rápido estoy cayendo ante sus encantos?
— ¿Vamos? —dice señalando con su barbilla el edificio, de un movimiento en su mano la espada desaparece.
—Límpiate. —me extiendo mi pañuelo comenzando a caminar hacia la iglesia.
Chasqueo mis dedos, la espada en mi mano desaparece al igual que la daga que he utilizado contra el enemigo.
—No lo creo, ¿tengo cara de tener paciencia para quitarme esta mierda de encima? —se queja mirando su ropa, se detiene frente un espejo y se mira. —No se ve mal.
—No, pero —me acerco, tomo el pañuelo y tomando su barbilla con fuerza limpio las pocas manchas de sangre en su rostro— el cura podría huir si nos ve en este estado. —le explico y me alejo guardando mi pañuelo—. Bien, te ves muy bien, te veías mejor con la sangre, pero así tampoco estás mal.
—Lo que sea. —de un tirón abre la puerta del templo y entra como si fuera de su propiedad. — ¡Hola! Quiero casarme.
Niego incrédula ingresando al oscuro lugar, la poca iluminación dentro es brindada por un par de candelas en frente de un gran cuadro con algunas Diosas. Me siento en una de las bancas esperando pacientemente a que Ryder deje de llamar o el cura aparezca para callarlo por irrumpir de esa en un lugar sagrado.
—¿Dónde demonios están? ¿Tomando té con alguna Diosa o Dios? Como no venga alguien entonces voy a entrar ahí y voy a sacar al primero que se aparezca.
—Ryder por las Diosas, se más cortes. —lo reprendo cubriendo mi rostro apenada.
Él se gira con su ceño fruncido y yo imito su gesto agregando que he cruzado mis brazos desde mi asiento.
— ¿No deberían de estar siembre para atender a sus visitantes? Que asco. —gruñe, buscan entre el lugar y luego regresa con una copa de vino entre las manos.
—La casa del señor está... —el cura mira primero a Ryder manchado de sangre, luego la copa de vino que ha tomado y luego a mí también manchada de sangre—. Por todas las Diosas, ¿se encuentran bien?
Ryder le da una mala mirada y toma un sorbo de su copa robada.
— ¿Por qué no lo estaría? Aunque tengo varias quejas de este lugar, para empezar el vino es bastante malo. Es como tomar mierda diluida.
Me cubro el rostro cuando el cura mira escandalizado a Ryder. Estoy cuestionando mucho mi decisión de casarme con él en este preciso instante.
—Supongo que vienen a confesarse, ¿cuál pasará primero? —indaga el hombre entrelazando sus manos sobre su estómago.
— ¿Confe... que? ¿Qué demonios es eso?
—Es cuando aceptas tus errores y te arrepientes de ellos, las Diosas a través de mí te van a perdonar de todos ellos y debes luchar todos los gloriosos días de tu vida contra la tentación de recaer en alguno de ellos. —explica pacientemente el sacerdote, con esa característica voz que todos portan.
Carraspeo llamando la atención de ambos cuando noto la expresión desconcertada, pero dispuesta a reírse de Ryder y veo al cura.
—Queremos casarnos, ahora mismo.
—Lo que ella dijo, y solo para que sepa no me arrepiento de haber matado.
El sacerdote ahoga un grito de terror al escuchar la confesión del chico. Prefiero evitar añadir que soy querubín y tampoco me he arrepentido de asesinarlos.
—¿Puede? —indago suavemente hacia él.
—Voy a preparar todo en el altar.
Lo veo alejarse y yo me levanto de la banca de madera tomando mi vestido. Por aquí tiene que haber un baño para cambiarme y retocarme.
—Oh, dulzura. Ahí están los baños. —dice Ryder señalando unos cubículos de madera a un lado de las bancas.
—No deberías entrar ahí. —le advierto mirándolo acercarse hacia las cajas.
—Me estoy orinando, solo será un momento. Hay dos, no seas egoísta.
Me cruzo de brazos viéndolo entrar al cubículo, cuento mentalmente hasta cinco segundos antes de que salga del cubículo y se acerque parpadeando confundido.
—¿Pudiste orinar?
Ryder parpadea.
—No.
—¿Ah no? —pregunto fingiendo confusión y agito mi mano para que me siga— ¿por qué?
Su cola se agita y el gruñe.
—Hay algo ahí adentro, cámbiate en otro lugar. Puede ser un pervertido al que le gusta saber los pecados de la gente, no vayas ahí.
—¿Había una persona dentro? —indago ladeando el rostro para mirarlo y él asiente— ¿te dijo algo?
—No sé. Ni siquiera me había sacado mi... bueno eso y comenzaron a hablarme de la nada, ¿será algún Dios que quiera comunicarse conmigo?
—Por eso te dije que no fueras, en ese cubículo entras para confesar tus pecados y no para ir a hacer tus necesidades. —le explico deteniéndome en frente de ambos baños.
—Por eso no había sanitario. En fin, necesito ir ya. —musita corriendo a uno de los baños.
—¡Grita si un hombre te empieza a hablar y no lo conoces!
—¡Silencio!
—¡Me preocupo por ti amor! —le grito entrando al baño de mujeres escuchando su gruñido.
Entro al primer cubículo escuchando únicamente el ruido de mi ropa siendo despojada de mi cuerpo, chasqueo mis dedos cambiando el color de mi ropa interior por unas de color blanco y de encaje, abro la bolsa sacando el vestido. Con cuidado paso la tela por mi cuerpo, deslizo mis manos por la falda que llega un poco más arriba de mis rodillas y mi magia se encarga de atar el corsé de encaje. Salgo del baño desapareciendo mis pertenencias y me miro en el espejo manchado de la habitación. Un leve brillo aparece en mi cuello dejando en él una cadena dorada, seguido del mismo brillo en mi oreja izquierda añadiendo los aretes de las tres perforaciones que tengo en ella como en las cuatro de mi derecha. Mi cabello rubio es cepillado y cuando termino, aparecen ondas en él, y aplico un maquillaje sutil en mi rostro.
Apoyo ambas manos en el lavamanos tomando una profunda respiración. Esto se siente incompleto. Mi pecho duele y un nudo se forma en mi garganta pensando en la expresión de felicidad que hubiesen portado mis padres de estar aquí, la pequeña Lis con un bonito vestido, mis hermanos y las mismas chicas.
Salgo del baño no queriendo hundirme por más tiempo en esos pensamientos que solo van a lograr que me quede llorando en el baño. Ellos van a entender, siempre han sido comprensivos con nosotros conociendo su propia posición en el reino.
Camino hacia el altar donde el sacerdote espera pacientemente, me mira con una pequeña sonrisa y doy una ojeada a mi alrededor notando que Ryder no se encuentra por ningún lado. Seguro su urgencia en el baño es más extensa de lo esperado.
Junto mis manos notando el leve brillo entre ellas de tonos púrpura y cuando las separo, un anillo con una gema naranja aparece en mi palma. Espero que a él le guste.
Elevo la mirada cuando escucho sus pasos y sonrío divertida con esta situación. Yo estoy esperando por él en el altar. Esa mueca de diversión es reemplazada por una de asombro cuando noto que su ropa manchada fue cambiada por un traje completamente negro, bajo el saco lleva una camisa con cuello de tortuga, con ambas manos en los bolsillos y se detiene justo en frente mío.
—¿Qué miras tanto, Mariana? —pregunta de malhumor.
Giro los ojos y mi atención recae en el sacerdote que comienza la ceremonia, de reojo miro la expresión de Ryder y me esfuerzo en no reír a carcajadas en medio de nuestra boda. Su expresión de desconcierto es increíble, desearía tomarle una fotografía y tenerla conmigo de por vida.
—Oiga, oiga. ¿No se supone que nos besamos y ya? ¿No podemos saltarnos toda esta cháchara y ya?
Diosas, quiero huir y nunca más encontrarme con este hombre. Qué vergüenza.
—Falta poco. —advierte el cura retomando sus palabras.
En algún punto de todas sus palabras dejo el anillo en su dedo anular, hacemos los votos y me contuve de salir corriendo de esta inglesa. Al pobre sacerdote no le quedo otra más que asentir y seguir, ¿yo? Yo si quería irme de aquí con mis mejillas enrojecidas de la vergüenza.
El momento esperado o casi pedido por Ryder para terminar con esto llega. Tomo su mano y tiro de él hacia mi cuerpo, sus manos se posan en mi cintura y me inclino dejando un suave beso en sus labios antes de alejarme y mirar al cura.
—Muchas gracias. Qué pase una linda madrugada.
—El vino hombre, cambie ese vino. Enserio sabe a mierda y los hombres escondidos en los baños, es feo que te miren mear.
Tomo su mano y tiro de él mirando la expresión escandalizada del pobre hombre, ambos salimos de la iglesia y miro que en poco tiempo el amanecer va a iluminar los alrededores del reino de los elfos.
—¿Podemos regresar a tu castillo? —le pregunto soltando su mano y bostezo con fuerza.
Ryder acaricia mi mejilla.
—Nuestro castillo Merlín, ven. —abre sus brazos. —Te llevaré en brazos.
No me niego en nada y rápidamente me cuelgo de su cuello siendo alzada de inmediato por él. Acerco mi nariz a su cuello respirando su aroma a brisa marina y mis ojos se cierran disfrutando el exquisito olor.
—La próxima vez te llevaré en mi lomo, Mer. Es una promesa.
—Lo voy a esperar. —musito sintiendo todo mi cuerpo adormecido gracias a sus lentos pasos.