El Misterio de Clington

By brunettegirl_07

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Un asesino ronda la universidad de Clington, y la tranquila vida de Isobel se desmorona cuando su compañera d... More

2| Confusión
3| Sospechas
4| Malcom Malvey
5| La Amenaza
6| Peligro
7| Pánico
8| Primeras Pistas
9| Fiesta
10| Fueron Cercanos

1| El Inicio del Misterio

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By brunettegirl_07

Isobel camina desganada hacia el comedor, los gritos de los demás estudiantes la fastidian de sobremanera el día de hoy. Parece que se levantó con el pie izquierdo. Sin ganas de desayunar, se conforma bebiendo una taza de café. Toma asiento en la soledad de una mesa del fondo y se pone los auriculares con la intención de ignorar el alboroto del mundo exterior.

Al cabo de unos eternos cinco minutos, su mirada cae sobre un chico que intenta extraer una barrita de cereal de la máquina expendedora. Seguro es nuevo, de otra forma sabría que dicha máquina no funciona desde hace meses. Isobel resopla, y por un momento piensa en levantarse a ayudarlo, pero parece que alguien más se le adelanta.

Malcom Malvey, un joven famoso por incordiar a todas y cada una de las personas que se cruzan en su camino, se pone de pie y se ríe abiertamente de los patéticos intentos del otro chico por obtener su barrita de cereal. Seguro está bromeando, pero el muchacho no parece tomárselo bien, y lo empuja violentamente cuando Malcom le hace otro comentario.

Isobel se sorprende ante la reacción tan impulsiva, pero su atención sigue mayormente puesta en la música de Nirvana, que aún deleita sus oídos. Decide ignorar la escena, pues una pelea entre orangutanes no es nada excepcional de ver en el campus de Clington. Se levanta, tira la taza descartable de la cual previamente había tomado café, y se dispone a irse cuando un cuerpo choca contra el de ella. Isobel levanta la mirada y se percata de que Malcom acaba de darle un puñetazo al desconocido, que casi se cae sobre ella. El agresor, muy cobardemente, se aleja cuando ve que la nariz de su oponente empieza a sangrar.

La mayoría de alumnos en el comedor están atónitos, otros ríen y se burlan de la situación. Mientras tanto, el desconocido parece repentinamente desamparado. Como si estuviera perdido, sostiene su nariz magullada y mira hacia alrededor.

—¿Quieres que te lleve a la enfermería? —ofrece Isobel, solamente porque se sentiría como una mala persona si lo dejase así. Como está parada tan cerca de él, por más absurdo que parezca, se siente involucrada en la situación.

El muchacho asiente y la sigue a lo largo del corredor. Isobel es una de esas personas que no puede estar en silencio, así que no transcurre mucho tiempo antes de que habra la boca y balbucee alguna estupidez.

—Eres nuevo —no es una pregunta y suena tímido al salir de sus labios, pero aún así, Isobel alza la cabeza para verlo a los ojos.

Él se limita a asentir, luce ligeramente conmocionado por los sucesos recientes y su mano tiembla un poco al sostener su nariz.

—No suelo meterme en peleas —habla por primera vez—, no sé porqué reaccioné así.

Isobel se encoge de hombros.

—A los chicos como Malcom hay que ignorarlos —sacude la cabeza—, es de esos que acostumbraban a ser populares en la secundaria y ahora no saben como ganarse la atención de la gente.

Llegan a la puerta de la enfermería, que tiene una enorme cruz roja en el centro, e Isobel le indica que entre.

—Que te mejores —le dice, y no espera una respuesta antes de girarse y comenzar a caminar.

—Gracias, Isobel.

La aludida se da la vuelta, sorprendida cuando escucha su nombre, pero el muchacho ya se ha adentrado en la enfermería. Isobel se siente confundida, ¿cómo es que la conoce? Enseguida sacude la cabeza, decidida a ignorarlo y dirigirse a su primera clase del día.

Luego del cuarto periodo, Isobel se reúne con Grey, su único amigo, para almorzar. Ella se encuentra acostada sobre en césped, con la cabeza apoyada en los muslos de él. Parece pensativa, hay algo que se ha mantenido en su cabeza desde esta mañana, y es la cara de aquel misterioso desconocido.

—¿Conoces a un chico de cabello negro y ojos celestes que lleva gafas? Creo que es nuevo en el campus, no tengo idea de qué estudia, pero esta mañana montó una escenita en el comedor. Se peleó con Malcom y tuve que acompañarlo a la enfermería.

Grey arruga las cejas— Oí lo de Malcom, sí... dicen que le rompió la nariz a un tal Peter Cambery. ¿Es él a quien te refieres? Creo que está en medicina, pero no estoy seguro.

—No sé, puede ser. El tipo es un rarito, sabía mi nombre y todo. Cuando lo dejé en la enfermería me dijo "Gracias, Isobel" como si me conociera de algo... ¡Qué sé yo!

Grey suelta una risita y le da el primer mordisco a su hamburguesa.

—Muy raro todo. Tal vez es de esos que se estudian los nombres de todo el mundo antes de entrar a un lugar nuevo. La verdad es que no se me ocurren muchas más opciones, ¿segura que no fuiste tú quien se lo dijo? No me sorprendería que lo hubieras olvidado. ¡Con lo distraída que eres!

Isobel lo mira rodando los ojos— ¡Qué no, te digo! Recuerdo todo lo que le dije porque fue la conversación más incómoda de mi vida. Yo le hablaba y él se quedaba callado un tiempo larguísimo antes de siquiera responder.

—Debe ser un tipo extraño y ya —se encoge de hombros. Ese es el fin de la conversación, porque Isobel cierra los ojos para descansar y Grey continúa comiendo.

Ese mismo día, a eso de las diez de la noche, Isobel se encuentra en su dormitorio, en compañía de su compañera de cuarto —con la cual no se lleva bien en absoluto—, intentando resolver la tarea que le han dejado.

Ambas muchachas notan como un papel se desliza por debajo de la puerta y se miran entre ellas.

—¿Otra fiesta? —pregunta Victoria, a lo cual Isobel se encoge de hombros. En la universidad de Clington es muy popular anunciar fiestas o reuniones dejando un folleto por debajo de las puertas de quienes quieres invitar.

—Debe ser por el nuevo semestre, pero están locos... ¡Estamos a miércoles!

—No es una fiesta para nerds, eso está claro —dice la compañera de Isobel y ella rueda los ojos ante la indirecta.

Victoria alcanza el folleto, lo lee en voz baja y lo deja sobre la cama. Después, agarra unos cuantos vestidos del armario y va a probárselos al baño. Isobel suspira, la curiosidad haciendo de las suyas cuando se incorpora para comprobar el contenido del folleto.

¡Fiesta para cortar semana! Los esperamos en La Fuente a la media noche.

La Fuente es un lugar abandonado del campus. Está ubicado en una zona que antes formaba parte de la institución, pero que ahora está separada por una verja y los estudiantes tienen el acceso prohibido. Hay muchos árboles y es difícil que los atrapen porque el sonido de la música no llega al edificio residencial.

Isobel se debate entre si ir o no. Sería conveniente quedarse a terminar la tarea, pero podría simplemente ir un rato y después volver, justo a tiempo para acabar todo como es debido. Decide preguntarle a Grey si él planea ir, pero la respuesta que le llega por mensaje es negativa y entonces se decanta por quedarse ella también. Después de todo, no va a divertirse si no va su amigo.

A la mañana siguiente, Isobel se despierta sobre sus libros. Está confundida, no recuerda haberse quedado dormida y tampoco escuchó a Victoria cuando llegó. Aunque ahora que se da cuenta, la cama de su compañera está vacía. No es raro, a veces duerme en el cuarto de su novio, así que Isobel decide no preocuparse. Se pone de pie con los músculos adormecidos, se da una ducha y como todas las mañanas, va al comedor para desayunar.

Con un café y dos tostadas, toma asiento en su mesa de siempre. Sorprendentemente, Grey se le une.

—Que raro de ti levantarte tan temprano, ¿estás enfermo? —comenta ella.

—Tengo hambre, no me juzgues.

Grey comienza a devorar su desayuno.

—¿Tienes algún chisme de la fiesta de ayer? —inquiere Isobel con voz juguetona.

—¿Qué fiesta?

—Deja de hacerte el tonto. Ya sé que no fuiste, pero es imposible que teniendo a Edward Samuels como compañero de cuarto no te hayas enterado de nada.

—¿De qué hablas, Iz?

Ella se extraña ante la genuina confusión de su amigo, y enseguida saca su teléfono para mostrarle a Grey la conversación que tuvieron ayer.

Grey se dispone a sacar su propio móvil porque está seguro de que es imposible haberle enviado mensajes sonámbulo, pero se percata de que no está dentro de su bolsillo.

—Mierda, seguro que me lo dejé en el cuarto. Pero yo no te puse eso, alguien debe estar jugándote una broma. No hubo ninguna fiesta ayer, ¿a quién se le ocurriría montárselo un miércoles? Ya no estamos en la secundaria, Iz, esas cosas ya no se hacen. No comúnmente, al menos.

—No estoy bromeando, Grey. Ayer nos llegó un folleto para una fiesta a la cual Victoria fue. ¿Sabes qué?, ¡ven a verlo tu mismo!

Sin esperar una respuesta, Isobel arrastra a su amigo por el corredor, luego lo hace subir unas cuantas escaleras hasta el piso tres y, cuando finalmente llegan a su habitación, ambos se adentran. La mirada de Isobel va hacia la cama de su compañera, perfectamente hecha y sobre la cual había quedado el folleto de la fiesta. Pero ya no está.

—La época de parciales te está afectando, chica.

—¡No! Grey, te lo juro, yo...

—Hey, tranquila —le coloca una mano sobre el hombro—. Seguro es Victoria haciendo de las suyas, quizás no quería que supieras que iba a irse a follar con su novio y los dos se montaron este pequeño espectáculo para que no sospecharas.

Ella asiente, pero no luce convencida. Sabe que si Victoria quisiera follar con su novio, se lo refregaría en la cara, como muchas otras veces lo había hecho. Además, con un folleto falso, corría el riesgo de que Isobel también quisiera ir a la fiesta. No tenía sentido.

Decide dejarlo pasar, pero durante todo el día, Isobel está en estado de alerta, y se encuentra a sí misma recorriendo con la mirada cada lugar en el que ingresa con la esperanza de encontrar a su compañera de cuarto. Solo quiere asegurarse de que está bien.

Al terminar todas sus clases, ve a Dan, el novio de Victoria, y se acerca a preguntarle por ella. Resulta ser que tampoco la ha visto, pero sí se muestra extrañado. Dice que siempre almuerza con ella, pero que hoy parece habérsela tragado la tierra.

Confundida y, con un creciente sentimiento de angustia, Isobel se sienta en uno de los bancos del parque. Tomarse un minuto para pensar no le hará mal.

—¿Estás bien?

Isobel alza la cabeza, el tal Peter Cambery está de pie frente a ella, tendiéndole una malteada de chocolate.

—La había comprado para mí, pero tienes cara de que necesitas algo dulce.

—Estoy bien, gracias.

A pesar de su vaga respuesta, Peter se sienta junto a ella. Instintivamente, Isobel se desliza hacia el lado contrario para poner un poco más de espacio entre ellos. Para su sorpresa, Peter no agrega nada más, y se limita a beber su malteada con la vista puesta en la nada.

De nuevo el ambiente incómodo.

Isobel suspira, y sacando su móvil, le envía un texto a Victoria. Quizás debería haberlo hecho hace tiempo, pero no quería que ella supiera que estaba preocupada. Probablemente se burlaría y la acusaría de estar obsesionada con ella. Victoria es así, odiosa y un poco engreída, pero no es una mala persona. Isobel sabe que Victoria la buscaría si la situación hubiera sido al revés, porque a pesar de llevarse mal, cuando una pasaba por un mal momento, la mera compañía de la otra bastaba para aliviar el dolor. Así era desde que se habían conocido. Tenían una relación extraña, Grey siempre se lo comentaba.

—La verdad es que... —Peter habla nuevamente e Isobel tiene que contenerse para no rodar los ojos—, quería agradecerte por lo de ayer.

—Solo te llevé a la enfermería, no es gran cosa.

Isobel aparta la vista de su teléfono por un segundo, solo para darse cuenta de que Peter se encuentra analizándola. Se siente repentinamente intimidada por sus ojos celestes, pero finge indiferencia y esboza una pequeña sonrisa.

—Me recuerdas a alguien, ¿sabes? No sé a quién, pero tu rostro me resulta familiar y eso hace que quiera ser tu amigo. Es un sentimiento raro, lo siento si estoy asustándote.

Isobel suelta una risita, ningún chico se pone nervioso con su presencia, pero Peter sí, por alguna extraña razón. Durante unos instantes, consigue olvidarse del mal día que ha tenido.

—Suele pasar. Cuando nos alejamos de casa, buscamos a alguien que nos recuerde a ella. Me pasó lo mismo con Grey, es prácticamente mi único amigo aquí, ¿lo conoces?

Peter asiente— Su cuarto está junto al mío, lo oigo gritar cuando juega al Mario Kart.

Isobel suelta una carcajada y a Peter se le contagia la risa. Ella nota sus hoyuelos y le resulta muy llamativo como sus ojos se achican cuando sonríe.

De pronto, se oyen varios gritos a la distancia. Peter se sobresalta e Isobel se pone de pie para averiguar qué está pasando. Acaba de llegar un coche de policía. Mientras ella avanza, nota como un enorme grupo de personas se arremolina alrededor de algo. Isobel es de estatura baja y no llega a ver que és. Peter da un paso por adelante de ella y suelta una exclamación.

En ese momento, Grey aparece. Rodea a Isobel con brazos temblorosos y la mira a los ojos.

—Encontraron el cuerpo de Victoria.

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