La profecía

By Lualma21

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Cuando Naz conoce a Keilan toda su vida cambia por completo. Después de un trágico suceso que marcará un ante... More

Prólogo
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
capítulo 15

Capítulo 3

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By Lualma21

No entendía nada, mi cabeza no paraba de repetir las palabras de mi abuela sin parar, un libro, Feyra... ¿Qué estaba pasando? No tuve mucho tiempo para asimilar ni pensar nada, todo ocurrió demasiado rápido o... Despacio.

De repente Keilan me sujetaba con fuerza de la mano y estiraba de mí hacía las escaleras, la puerta de la entrada a nuestras espaldas salió por volando por los aires en lo que pareció ser una explosión. Me giré y vi la imagen congelada. Literalmente. Las astillas de la puerta estaban suspendidas en el aire, un par a pocos centímetros de dónde ahora mismo tenía los ojos, las miré vizqueando. La explosión había quedado suspendida también, ráfagas de fuego colgando en el aire, era aterrador y a la vez una imagen increíble, era como si el tiempo se hubiera detenido por completo. Alcancé a ver la sombra de una figura negra y encapuchada al otro lado de lo que ahora era un agujero enorme en la entrada. Parecía vestir una túnica hasta los pies de un negro espeluznante, no podía verle la cara, tapada por sombras y por aquella capucha. Un escalofrío me recorrió de arriba abajo, pero un fuerte tirón de mi brazo me sacó de mi estupor. Trastabillé hacia atrás y las fuertes manos de Keilan me sujetaron mientras me instaban a correr escaleras arriba. No tuve tiempo para pensar, simplemente obedecí, lo seguí hasta la planta de arriba a toda prisa.

- El desván ¿Naz? No tenemos tiempo, dime por dónde llego al desván.

Abrí la boca y no fuí capaz de articular palabra, mis pensamientos eran difusos y espesos, no lograba concentrarme en nada. Sólo fui capaz de levantar el dedo y señalarle la trampilla que había justo encima del mueble pequeño de la salita de enfrente. Keilan lo pilló al vuelo, tiró de la correa que colgaba del techo y unas pequeñas escaleras de metal se abrieron para nosotros. Subimos zumbando sin tregua, Keilan fué directo a la alfombra verde que había mencionado mi abuela y la levantó. Unas líneas en el suelo marcaban un cuadrado con un agujero, metió el dedo y levantó la tablilla. Buscó con la mano hasta que lo vi sacar una pequeña caja de aluminio gris y empolvada.
La metió en una pequeña mochila que llevaba a hombros de la que ni si quiera me había percatado.
Se levantó y buscó la clarabolla del techo, acercando unas escaleras llenas de telarañas y polvo al centro, subió y con un duro golpe rompió el cristal sin inmutarse. Alargó la mano para que se la cogiera. En ese momento mi cabeza empezaba a pensar demasiado deprisa, estaba comenzando a darme cuenta y asimilar lo que estaba pasando y algo parecido a la desconfianza se asomó y me hizo retroceder un par de pasos.

Todo estaba pasando demasiado rápido, mi abuela estaba abajo y no podía abandonarla. Había dicho que no era seguro, vale, pero ¿Por qué? ¿Quién le habría hecho eso? ¿Quién acababa de hacer estallar la puerta? ¿Porqué...?
En un abrir y cerrar de ojos estaba en el techo fuera de la casa, Keilan me llevaba colgada al hombro como si fuera un simple saco, inerte.
No pude más que parpadear y la sangre se me congeló en el pecho. Vi el coche de Keilan ardiendo en llamas, pero también estaban... ¿Congeladas? Parecía que estaba viendo una foto.
Corrió por el tejado y me di cuenta de que estaba cogiendo impulso para saltar al siguiente. En ese momento mi cabeza y mis pensamientos se activaron por el miedo a morir en su intento de hacer algo tan absurdo. Iba a matarnos a los dos si creía que podía saltar esa distancia y conmigo a cuestas.
Comencé a patalear para que me bajara.

- Ni se te ocurra ¡Bájame ahora mismo!

Sentí su agarre en mi cintura aún más fuerte y comenzó a correr, todo lo que pude hacer fue ahogar un grito y cerrar los ojos tan fuerte como pude, y saltó.
Sentía el trote de sus pies debajo de mi ombligo, pero no fuí capaz de volver a abrir los ojos. Tenía pinta de que lo había conseguido, no se me ocurría cómo, pero no estaba hecha papilla en el arcén así que no habíamos caído. Cuando me quise dar cuenta, ya no sentía ni veía nada...

"Mi abuela estaba sentada en la silla de la cocina, en la punta donde siempre. Sujetaba el periódico es una mano y una taza de chocolate caliente en la otra. El olor me hizo la boca agua. Parpadeé varias veces antes de asimilar que ella estaba allí y que nada de lo que había creído que pasaba era real... Había estado soñando. Dios mío, debía de estar muy enferma para tener aquel maldito sueño tan surrealista y enrevesado. Corrí a abrazarla y ella me devolvió el abrazo. Pero algo no estaba bien, estaba fría demasiado fría.
Levante la cabeza buscando sus ojos.

- ¿Abuela? - Las palabras volvieron a quedarse atascadas en mi garganta.

- Cariño, estoy bien. No te preocupes. Sólo tenemos unos minutos para hablar antes de que despiertes. - Me acarició la mejilla con dulzura y me estremecí por el contacto tan frío y tierno de su mano.

- ¿A qué te refieres? Estamos aquí abuela, no estoy so... ¿Esto es un sueño? - retrocedí alarmada. Las lágrimas volvían a acumularse en mis ojos. Me estaba volviendo completamente loca.

- Escúchame con atención niña, sé que va a ser difícil, sé que es difícil y lo sé mejor que nadie. Pero debes escuchar. Tendrás tiempo para poder entenderlo, siento no haberte avisado antes, no haberte dicho nunca quién era yo o tu madre, quién y qué eras tú. - sacó una piedra verde brillante del bolsillo derecho de su bata.

- Hace mucho, mucho tiempo, las personas como yo fuimos cazadas y asesinadas por los humanos. Fue duro, pero algunas de nosotras conseguimos escapar y con los años todo aquello fué pasando. Nos incorporamos a los humanos y su sociedad, nos acostumbramos a fingir y a vivir según sus costumbres y su forma de hacer. Pasamos desapercibidas y logramos mantenernos con vida. Hasta hoy. -
Se levanto de la silla y ahogué un grito, en la camisa que llevaba debajo podía verse una enorme mancha marrón oscuro, justo donde la habían apuñalado. Obviando toda la información que acababa de darme y de la que no estaba entendiendo una mierda le pregunté entrecortadamente.

- Estás... tienes... - las palabras se me arremolinaban en la punta de la lengua, atropellándose unas a otras haciéndome incapaz de hilar una frase entera.

- Sí cariño, estoy muerta. Pero no te preocupes por mí, hace tiempo de debería estarlo. Este tiempo que hemos pasado juntas sólo ha sido un extra, un regalo, que intenté aprovechar al máximo. No estás sola Naz. Busca a Feyra, ella podrá ayudarte y explicarte todo lo que yo no he podido... Naz, yo soy tu madre.
Ahora sí que estaba volviéndome loca de verdad.

De pronto al oír aquellas palabras mi cabeza estalló de dolor, comencé a ver borroso. La cocina, mi abuela... Todo estaba difuminado. Ella seguía hablando, pero ya no podía oírla, algo tiraba de mí y me alejaba. Me estaba despertando... ¡No! "

Escuchaba de fondo mi nombre, los párpados me pesaban y tuve que hacer un gran esfuerzo para conseguir abrirlos un poco. Enfrente de mi veía un rostro hermoso, parecido a un ángel o al menos así me los imaginaba yo si se verdad existieran, exactamente así...
¡Mierda! Abrí los ojos tanto como pude y me obligué a levantarme de donde quiera que estuviese tumbada. Las piernas me temblaron, pero mi visión se agudizó de golpe. Keilan estaba frente a mí, sujetando lo que parecía ser un colgante. De él relucía una piedra verde esmeralda que brillaba con intensidad, tanto era así que su luz molestó a mis ojos doloridos. En cuestión de segundos mi mente se inundó de imágenes y palabras que se presentan como flases, fragmentos desordenados que lo que acababa de vivir. Recordé a mi abuela, y lo que había dicho de la caja, instintivamente moví mi cabeza de un lado para otro buscándola en aquella estancia oscura que ni si quiera sabía dónde era. La vi abierta en el suelo al lado de una enorme piedra que tenía pinta de ser usada como silla, me tiré en plancha hacia ella y la cogí escondiéndola detrás de mi espalda. Miré a Keilan y me abalancé contra él.
El movimiento le pilló por sorpresa y mi puño golpeó hizo contacto con su duro pecho. Sentí como si los dedos de mis manos se rompieran en mil pedazos, pero me importaba una mierda. Él hizo ademán de moverse, pero no se movió, aguanto uno tras otro cada puñetazo de rabia que impactaba contra su duro torso
Acabé agotada, arrodillada y llorando amargamente sobre sus pies. En ese momento Keilan se agachó y me abrazó, el primer impulso fue apartarme, pero duró poco, me agarré fuerte a su cuello y le devolví el abrazo, no podía detener las lágrimas que caían como una cascada sobre mis mejillas manchando su chándal gris con grandes ronchas negras. No sé cuánto tiempo estuvimos así, quizás solo fueran segundos, minutos... Pero conseguí recomponerme. Cuando ya no quedaban más que suspiros dentro de mí, y había agotado hasta la última lágrima, se separó de mí y me tendió la mano. Cedí, no tenía fuerzas para pelear ahora. Me llevo a la zona donde había encontrado antes el pequeño cofre y me hizo sentarme en la roca. Él se sentó en el suelo frente a mí.

- Naz, tenemos que hablar.

Suspiré y me encogí de hombros. No quería hablar, quería dormir, dormir para soñar y no volver a despertarme jamás. No sabía si debía contarle lo de mi sueño a Kelian, tenía muchas preguntas y todavía no confiaba en él, ¡demonios! Ni si quiera sabía quién era, no lo conocía a penas y todo esto había comenzado con su llegada. Sentí la como la desconfianza se agarraba a mi pecho haciéndolo pesado y quemando ahí, justo en el corazón.
Me cogió de la barbilla e hizo que levantara la vista que había vuelto a caer al suelo.

- Sé qué es mucha información y que ahora mismo, estás dolida... Sé que sufres, pero no podemos evitar esta conversación. Eres fuerte... Y debes levantarte, prestarme atención y escucharme de la forma más abierta posible.

Levanté la mirada y vi cómo me dedicaba una pequeña sonrisa, le daba lástima. Eso era lo último que quería darle a nadie, y menos a él. Le enderecé como pude y le miré a los ojos firmemente, la decisión se instaló en mí, quería saber qué pasaba y porqué. Quería que me explicara que era lo que él sabía y quería venganza. Quien quiera que le hubiera hecho eso a mí abuela... Espera, ¿Mi abuela? En el sueño creía recordar sus últimas palabras... "Soy tu madre" comenzaron a sudarme las manos y las arrastre por los pantalones en un intento de secarlas. No podía compartir esa información cierta o no, con él. Todavía no.

- Hablemos. - mis palabras sonaron firmes en mi boca, y me sentí orgullosa de mí misma.

- No sé ni por dónde empezar.
Se pasó ambas manos por el pelo oscuro y despeinado e hizo un chasquido con la lengua, parecía realmente preocupado.

- Por el principio ¿Qué te parece?

Me di cuenta de que aún sujetaba el cofre en mis manos.

- Vamos a empezar por cómo has cogido ese collar que tienes ahí - Señalé su mano izquierda- y de cómo lo has cogido sin mi consentimiento. Devuélvelo.
Alzó las cejas sorprendido y miró su mano, lo dejó caer en la mía.

- Tenía que asegurarme qué estaba ahí. Es más importante de lo que crees. Pero debería empezar por el principio como bien has dicho y esto, no es ni por asomo por donde debería comenzar.

Apreté el collar en mi mano y lo llevé a mí pecho, no sabía qué era ni que tan importante, lo único que sabía era que esto era lo único que me quedaba de mi "abuela" inconscientemente lo apreté contra mi pecho.

- Te escucho

- Hace muchos años... Sé que suena tópico, pero es así. Hubo una maldición, un castigo. Hablamos de hace más de cien años ya...

- Y entonces ¿Como lo sabes? No jodas que ahora vas a venir con el cuento de qué eres el nuevo Edward Cullen. - lo miré con una de mis cejas levantadas. Él no pudo reprimir una leve carcajada, pero a mí no me hacía gracia, después de lo que había visto hoy... No me parecía una locura del todo.

- Voy a omitir semejante insulto, y continuar si me lo permites. Esto va a ser largo... Agradecería si no me interrumpieras con esas brillantes ideas que pasan por tu cabecita.
Puse los ojos en blanco y me callé, puede que tuviera razón, pero... No había contestado a mi pregunta.

- Hace muchos años las brujas poblaban esta tierra. Desde Fargor hasta Delian. Pasando por supuesto por GreenIsland. Vivían en paz y en harmonía con los humanos... Hasta que fueron maldecidas por el mismísimo Lucifer...

Me atraganté porque no podía reprimir la risa, risa histérica, nerviosa... De esa que te da en clase y no puedes ni saber cómo parar. Me reí tan profundo que se me cayeron las lágrimas. Este tío estaba zumbado. No sé qué mierdas hacia aquí con él ni cuando cojones había decidido seguirle. Tenía que ir a la policía e ir a ver a mi abuela, si era verdad que había muerto tenía que ir a su funeral y estar con ella. No había llamado a Emma ni a Ethan y debían estar preocupados, y estaba aquí perdiendo el tiempo con este tío que me estaba contando no sé qué historia paranormal y surrealista de brujas y demonios. Me dolía la barriga de tanto reír y tuve que levantarme. A medida que pasaba el ataque me di cuenta de que estaba caminando nerviosamente en círculos.
Keilan me miraba realmente preocupado como si la loca que hablaba de brujas y maldiciones fuera yo.

- Está bien - dijo levantándose. - Tómatelo a risa, créeme o no, pero cojones... ¡Haz el favor de escucharme!
Abrí los ojos como platos, ¿acababa de decir una palabrota? Vale. esta situación era realmente incómoda, pero escuchar esa palabra mal sonante en su boca me hizo sentir un calorcito tremendo. Paré en seco y lo miré de arriba a abajo.

- En serio quieres que te escuche... Cuándo me estás contando un cuento de viejas? ¿De esos que se le cuentan a los niños pequeños cuando se portan mal? Hazme el favor...

- Bien, como quieras. Dame el colgante.

Su cara era de enfado, creo que hasta ahora no lo había visto nunca tan serio. Extendió la palma de la mano e hizo señas para que le acercara el colgante. Eso no iba a ocurrir.
Lo escondí mecánicamente entre mis pechos.

- Ven a buscarlo.

Lo amenacé mientras me echaba para atrás preparada para soltarle una patada voladora de esas que había visto en Kill Bill cuando era niña.
Puso los brazos en jarras y me miró de forma maliciosa. Eso le estaba haciendo gracia.

- No deberías retarme a coger algo que tienes guardado entre los pechos... Puede que me guste y todo, incluso puede que te guste a ti.

- No seas tan engreído, seguramente disfrutarías mucho más tú que yo. - Le sonreí de forma irónica y esperé que se lanzará contra mí en busca de la piedra.
Se relajó, no sé si dándose por vencido o porque realmente temiera mi súper patada. Imagino que se daba por vencido.

- Bien, lo haremos de otra forma. El cofre está vacío ¿verdad? - Señaló hacia mi mano con un gesto de la cabeza. Asentí. - Lánzamelo.

- Que te lo tire?

- Exacto. Con fuerza. Sé que quieres seguir golpeándome, así que venga, apunta a la cabeza si ves que puedes.

Continuó con las manos en sus caderas, mirándome desafiante y con esa media sonrisa suya que me ponía de los nervios. No me lo pensé dos veces, agarre el cofre bien fuerte entre mis dedos y se lo lance directamente a la nariz.
El cofre salió volando a través de la estancia y entrecerré los ojos justo cuando iba a golpearle en la cara. Pero eso no sucedió. De repente, estaba suspendido en el aire. Inmóvil a escasos dos centímetros de su nariz. Anoté en mi mente que gozaba de una puntería estupenda, eso debía de servirme de algo.
Definitivamente esto era de locos.

- ¿Eras tú? - bajé los brazos. - Antes, en mi casa.. la explosión de la puerta, el fuego... Creí que todo había sido fruto de alguna alucinación o que me lo estaba imaginando debido al shock de todo lo que estaba pasando. Pero no... tú... ¿Cómo narices haces eso? ¿Qué eres?
Me aparté instintivamente todo lo que pude de él apoyándome sobre la pared rocosa del fondo. Olía a humedad. Estábamos en una especie de cueva y ni siquiera me había percatado de ello. Un sentimiento parecido a la ansiedad me recorrió las venas, sentía el cuerpo helado y no podía descartar volver a perder el conocimiento de un momento a otro.
El cofre cayó de golpe y él lo atrapó entre sus manos antes de que este tocara el suelo.
- Estaba intentando explicártelo, pero en vista de tu poca capacidad para escuchar... He optado por mostrártelo. Soy bueno eh.
Otra vez esa estúpida sonrisa. Ni flipando en colores como estaba ahora podía evitar que me produjera cierto calor.

Vale, estoy comenzando a creer que podrías ser el primo hermano de Harry Potter... - me reí amargamente y me dejé resbalar contra la pared hasta caer al suelo sentada y encogida mientras me sujetaba las rodillas. No hizo ningún comentario ante la referencia que utilicé así que continué - Entonces, existían las brujas y tú ¿eres algo parecido a un brujo? - reí nerviosamente. ¿Un mago? ¿Hechicero quizás? Iluminame... Porque mi cabeza está apunto de estallar en mil pedazos, y no te va a gustar tener que recoger los trozos del suelo.

Se acercó a mí y se dejó caer a mi lado, quería apartarme pero su calor me hizo estremecer. Hacía frío allí, y la sensación de su brazo rozando el mío era tan perturbadora como agradable.

- Es difícil de explicar... No tengo nada que ver con Crepúsculo o Harry Potter, eso son cuentos para niños y además, ninguno tiene esta cara. - Me miro levantando las cejas un par de veces. Tenía que estar de broma, no podía ser tan sumamente creído. Puse los ojos en blanco y le dejé continuar. - Dejémoslo es que tengo antepasados que tuvieron ciertos poderes como has podido comprobar. - me devolvió el cofre que cogí con desgana. - creo que tú también los tienes, solo que quizás aún no seas consciente de ellos. Cuando vi a tu abuela en el suelo, lo supe. Y lo que ella dijo solo hizo más que corroborarme lo que ya me suponía... Hay algo en ti, un aura, un olor... Algo, que me llamó la atención desde el principio. Creo que de alguna forma pude reconocer a alguien como yo. No me había pasado nunca, pero ya ves.. aquí estamos.

Apoyo una mano en mi hombro en lo que parecía una forma de consuelo.

Suspiré.

- Bueno... A decir verdad, antes, cuando he perdido el conocimiento he soñado con mi abuela. Suelo soñar bastante... Con cosas que parecen reales. Esta vez, ella me ha confirmado que estaba hablando realmente con ella, no con un sueño... No sé si me explico. En realidad es algo enrevesado y ni si quiera sé bien cómo explicarlo. - Las lágrimas volvían a acumularse en mis ojos, pero ya no me iba a permitir más el lujo de volver a llorar. Las aguanté como pude y continúe hablando. - Creo que... Creo que he hablado con mi abuela muerta.

Me giré para buscar su mirada, no parecía sorprendido pero supongo que era normal, después de todo él podía parar... ¿Objetos en el aire? ¿El tiempo?

- Pues entonces, sabes que estoy diciendo la verdad. Eso que tienes ahí - señaló entre mis pechos haciendo referencia al colgante, creo. Bajé la mirada y lo saqué.

- Es un fragmento de Tsavorita, una piedra preciosa originaría de Kenia donde nació la primera bruja blanca. Sólo queda una en todo el mundo, y está en la portada de un grimorio muy antiguo. Se dice qué quién lo posea, sería capaz de dominar cualquier tipo de magia. Es algo muy peligroso, pero hace años que se perdió y nadie jamás lo ha encontrado. Son muchos los que lo buscan... Sobretodo en el infierno.

Lo miré perpleja asimilando cada una de las palabras que estaba diciendo. ¿Que hacia mi abuela con un fragmento como ese? Entonces una imagen vino a mi de repente. Un libro de terciopelo encima de un altar de un blanco reluciente que dolía a los ojos... Con una piedra verde en el centro de su portada. Abrí los ojos como platos y balbulecee intentando encontrar las palabras y no atropellarlas al salir todas a la vez de mi boca.
Me levanté de golpe y Keilan hizo lo mismo, asustado. Creo que pensó que podría desmayarme otra vez en cualquier momento. Genial, estaba quedando como una debilucha y una llorona, justo lo que no pretendía para nada.
Conseguí hilar las frases.

- Yo he visto ese libro.

- Eso es imposible Naz...

- No, bueno quizás no me haya explicado bien. Lo he visto sí, pero en un sueño.
Keilan se tensó y los músculos de su espalda se hicieron perfectamente visibles para mí, se había quitado la sudadera y llevaba una camiseta básica de color blanco extremadamente ceñida, oh Dios... Esto no ayudaba para nada. Uno, dos, tres... Sacudí la cabeza. Basta.

- Estaba en una especie de cueva, es como algo debajo del suelo, algo... Antiguo. Las paredes son de piedra y parece que está compuesto de túneles. Lo he visto muchas veces en mis sueños... El libro lo vi en tu casa creo, justo cuando perdí el conocimiento y desperté en tu casa. Estuve a punto de tocarlo, pero cuando me acerqué demasiado comenzó a dolerme tanto la cabeza que desperté.

Creo que no era un sueño Naz, creo que quizás puedas transportarte a ciertos lugares mientras duermes, al igual que pudiste hablar con tu abuela... Tenemos que encontrar ese libro, antes de que caiga en manos de alguien peor.

- Bien... Esto es alucinante. Creo que no volveré a dormir en la vida. - Chasquee la lengua y me cruce de brazos.

- ¿Te han dicho alguna vaez que a pesar de esa boca que tienes estás muy mona cuando te indignas?

- ¿Quieres perder la lengua? - levante una ceja mientras le hacía el signo de cortar con unas tijeras con mis dedos.
Sonrió.

- Bien, tenemos que encontrar el libro. Y encontrar a Feyra. Pero... Primero quiero que acabes de explicarme todo ese rollo de las brujas... ¿Soy una bruja entonces no?

- Supongo que sí... Y eso, no debería ser así. Las brujas ya no nacen, no existen...
Keilan abrió los ojos como platos, me dio la sensación de que comenzaba a sudar y caminaba de arriba abajo susurrando palabras que no podía escuchar ni entender.

- ¿Qué pasa? - Le toqué el hombro y se apartó.

Ese gesto de desprecio me dolió más de lo que me gustaría admitir. Lo miré extrañada mientras él seguía negando con la cabeza y caminando arriba y abajo por la estancia.

- Keilan, dime. ¿Qué cojones pasa? - lo agarre del brazo y tire de él hasta que sus ojos se fijaron en los míos.
Se pasó una mano por el pelo y resopló.

- No pasa nada, tenemos que irnos ya. Esto dejará de ser seguro en cuanto se den cuenta de quién eres.

- No sé a qué mierdas te refieres con eso de quién soy, ni quién cojones va a venir a por mí. ¿El hombre que hizo estallar la puerta de mi casa? ¿Es un demonio?
Me miró fijamente, estaba realmente serio y vi como endurecía sus puños cerrados a la altura de sus caderas pegados al cuerpo.

- Es mucho más que un demonio, es Bael.

No podía recibir más información. Me dolía la cabeza y estaba comenzando a sentir los pies y las manos entumecidas.
- Bien... Voy a deducir que es un demonio chungo ¿No?
Keilan relajó la expresión.
- Lo es Naz, ya tendré tiempo de explicártelo un poco mejor. Deberíamos descansar, son más de las seis de la mañana y no hemos pegado ojo - me miró con una media sonrisa - algunos no han podido desmayarse ni nada de eso.
Le di un codazo sin apenas fuerza, si me hubiera pillado con un poco de energía juro que le habría dolido. Asentí con la cabeza.
- Pero dime a qué te refieres con qué o quién soy, esto trata de mi a parte de ti, y tengo derecho a tener la misma información que tú.
Lo miré a los ojos decidida. Si él sabía algo que yo ignoraba, necesitaba contármelo. Si bueno, yo había obviado claramente eso de que mi abuela decía ser mi madre y tal... Pero eso a él no le incumbe. Necesitaba saber quién era o almenos saber lo que él sabía.
- No puedo decirte mucho más, deberíamos encontrar a Feyra, y preguntarle a ella. Estoy seguro de que tendrá mucha más información y lo mío al fin y al cabo solo son suposiciones. Descansemos, mañana nos espera un largo viaje y deberíamos conseguir algo de comer por el camino.

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