Mini historia PISO 12 (+18)...

Por lazu_06

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Ino dijo que conocer a un chico aliviaría mi mal de amores, y además, terminaría con mi pésimo humor. Un plan... Más

DíA DE LOCOS
Nuevamente encerrados
Encerrados en su departamento

Cuarto de seguridad

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Por lazu_06

Hola, lectores.

Traje este único capitulo con la intención de recompensar mi ausencia con las demás historias, espero que les guste.

Es contenido adulto, (lemon). leer bajo responsabilidad y se recomienda discreción.

Disfruten 7u7

______________________________

SAKURA

Era bastante engreído.

Bastante arrogante.

Bastante molesto.

Y un completo idiota a mi parecer.

Una persona que solo vive para hacerme la vida imposible, como si ese fuera su único objetivo en la empresa. Sí, es mi compañero de trabajo. Pero la armonía que quería construir en Konoha solo se evaporó en cuanto puse un pie dentro del doceavo piso.

Sasuke Uchiha, mi dolor de cabeza.

Posible heredero de Uchiha company. Y digo posible, porque la constructora nunca le llamó la atención. Negó seguir con la tradición familiar y renunció a los lujos de su familia por la publicidad, así que ahora trabaja para el Señor Hatake, al igual que yo.

Lograba el suspiro femenino a su paso, de todas las compañeras. TODAS EXCEPTO YO. Bastaba su típica sonrisa para que ella hiciera lo que pedía, como él quería.

Karin todas las mañanas complacía su caprichito con el café sin rechistar, solo para obtener un "gracias, puedes dejarlo en mi escritorio y cierra la puerta al salir". Dios, el tipo ni siquiera le daba la cara, siempre estaba revisando documentos de su propio archivero, porque claro, Sasuke Uchiha tenía una oficina propia donde se la pasaba la mayor parte del tiempo y solo salía para joderme, como de costumbre.

Yo en cambio, compartía escritorio con los demás, sin derecho a un poco de privacidad.

Un maldito consentido.

— Sakura, si lo sigues viendo de esa manera, romperás el lápiz -Ino me trajo de vuelta y me giré para verla. Había dejado a un lado el informe para verme explotar como siempre.

Regrese mi vista a él.

Sasuke estaba de pie platicando con el Señor Hatake a solo unos metros de mí. Se veía tan confiado que pareció sentir mis ojos asesinos y me miró sonriente por una milésima de segundo.

Eso pareció el detonante para que finalmente el lápiz se partiera en dos.

—Dame eso —la rubia me los arrebató y los depositó en el último cajón de su escritorio, donde precisamente había más partes de lápices—. Deberías probar con pelota de hule, los lápices se escasean, mi querida rosada.

Decidí ignorarla y tome la carpeta que contenía el proyecto del cual había trabajado varias noches. Debía ganar. De ello dependía ascender de puesto y ser su jefa. Sí, eso parecía lo más interesante para mí.

— No voy a dejar que ganes Uchiha, ese viaje a las Bahamas será mío —murmuré con determinación dándome ánimos.

Olvide mencionar que además el Señor Hatake había prometido que el ganador obtendría de regalo un crucero a las Bahamas. El estrés del trabajo y soportar ver a Sasuke todos los días me hacían desear estar en la playa. Así que mi proyecto debía ser mejor que el suyo y convencer a mi jefe que yo podría ser la próxima Directora creativa de Konoha sin ningún problema.

— A ver, Sakura —me llamó Ino para que le prestara total atención. Giró su silla hacia mí y se recargó en esta—. Creo encontrar tu problema.

La miré indignada.

— ¿Cuál? Yo estoy perfectamente bien.

— Tu mal humor todos los días no es estar bien, a ti lo que te falta es una buena dosis de sexo. Después de tu ruptura con Sasori creo que nadie te ha tocado y te aseguro estarás flotando en margaritas.

— Te equivocas —dije pasándome una mano por mi cabello.

— ¿Así?, cuéntame —se cruzó de brazos y piernas exigiendo respuesta como una madre haber pillado a su hija en una mentira, pero que aun así la escuchaba porque adoraba tener la razón.

— La semana pasada. Yo... el bar...

— Aja...

Mierda.

Tenía razón, después de que terminara con Sasori hace 3 meses mis noches solo se convirtieron en un mar de lágrimas. Aún me dolía que el maldito me haya engañado con su secretaria, pero me daba gusto haberlo descubierto por mi propia cuenta. Como lo odiaba ahora. Después de eso el contacto con hombres se volvió nula.

Mi respuesta muda terminó de satisfacer a Ino.

Abrió su primer cajón con entusiasmo y de ella sacó una tarjeta para entregármela.

— ¿Quién es Sharingan? —volví a leer la tarjeta en voz alta cerciorándome de que no estaba equivocada. El papelito traía un número de contacto.

— Era mi cita de esta noche, pero tú la necesitas más que yo.

— Oh no, yo no —negué con las manos.

— Oh, sí iras. Esta noche a las diez en el hotel Amaterasu, habitación 82. Ni se te ocurra decir tu nombre, él tampoco te lo dirá, ese es el acuerdo y mañana estarás aquí con tu cara de recién follada contándome lo feliz que estas. —se levantó sin esperar una réplica mía. Se acomodó su largo cabello detrás del hombro y siguió su camino hasta la Oficina de Sai balanceando su cadera.

Miré la tarjeta por última vez y la tire en mi basurero junto a las bolitas de papel.

Dejé caer mi espalda en la silla y me cubrí la cara con las manos buscando un poco de paz interior, pero eso se esfumó de inmediato en cuanto escuché su aterciopelada voz. Su maldita voz moja bragas.

— ¿Holgazaneando como siempre, molestia?

— No soy tú.

Curvó sus labios.

— Claro que no, tú no iras a las Bahamas.

Alcé una ceja.

Metió una mano en el bolsillo de su pantalón. El tipo parecía sacado de una revista donde estaban los mejores trajes. Su traje de tres piezas hecho a la medida era uno más de su larga colección. El color azul marino de hoy indicaba que estaba entusiasmado por algo, y que traía un buen humor para molestarme.

Al menos el gris plomo no había aparecido desde hace 2 semanas, ese indicaba que mi día sería una mierda.

— Estás más confiado que ayer, moustrin ¿A quién le pagaste para que te hiciera el trabajo? ¿karin? ¿Tenten? ¿O que tal la señorita kurenai?

Su risa hizo eco en todo el piso 12. Un piso con 20 empleados pero que ahora está vacío porque era hora del almuerzo y tal vez la mayoría se encontraba en el comedor. Sasuke se inclinó un poco colocando sus palmas sobre mi escritorio. El aroma de su fragancia acaricio mi nariz, una colonia gritando dominación a su alrededor me hizo tragar grueso.

— Deberías sentirte alagada, es el primer trabajo que me esfuerzo de verdad.

Me levanté no queriendo que me viera inferior. Quedé a la altura de su rostro y podía observarlo a mejor detalle; sus ojos negros tan profundos al igual que su cabello azabache, sus labios entreabiertos y su mandíbula remarcada que hacían de su rostro, una obra esculpida por los dioses. Maldicion. Ahora veía lo que a muchas les gustaba de este hombre.

— Mis noches en vela no serán en vano.

— Y te están cobrando factura con intereses, tienes pésimo aspecto y una cara de querer matar a todos. ¿has pensado masturbarte? He leído que mejora el estado de ánimo.

Otro con lo mismo. Rodé los ojos.

— A todos no, solo a ti, y si me masturbo o no, no te interesa. Yo no te pregunto a cuantas chicas tengo que compadecer por soportar a un engreído como tú.

— ¿Engreído? Dame un segundo -del interior de su saco mostro una pequeña libreta, en la cual abrió en la última página y dibujó una rayita.

— ¿Qué demonios fue eso?

— Las veces que me dices engreído, te aviso que ya pronto acabo la cuarta libreta.

— Te voy a asesinar de la manera más creativa posible.

Se giró sobre sus propios talones y comenzó a alejarse terminando su molesta visita del día.

— Esconder mi cadáver en tu casa no cuenta como creativo, molestia —dijo antes de perderse en su oficina.

Maldito engreído.

Me agache hasta la papelera y recuperé mi cita de esta noche.

______

La jornada laboral terminó y solo un piso vacío me acompañaba. Ino se fue antes porque Sai la invito a cenar. Suertuda. Antes de irse amenazó que mañana debía contarle que calificación le daba al tipo. Ni loca.

Apagué mi lámpara y colgué mi bolso al hombro.

Faltaba al menos una hora para mi cita y aun no estaba completamente lista, debía arreglarme y tomar una ducha para quitarme el estrés del día, pero si me apuraba podía llegar a tiempo. Al menos había logrado avanzarle al trabajo de mañana.

Comenzaba a sentirme nerviosa, mi última cita fue hace 3 años, esa misma noche mi ex novio me había pedido formalizar nuestra relación. Me prometió muchas cosas y al final el maldito solo me dejo tristezas. Y hacía más de un año que Sasori dejo de tocarme, tarde mucho en captar las señales y aun así el muy cínico me dijo que yo había tenido la culpa, que mi dichoso trabajo era más importante que él. Joder, lo es. Publicidad es mi función en la vida y Konoha era para quien vivía.

Tal vez tenía razón, pasaba más tiempo en Konoha, que en mi casa.

Camine por el pasillo y vi una luz en la oficina del moustrin. Decidida a molestarlo abrí su puerta, aun sabiendo que le jodia que no le tocaran la puerta antes de entrar. Y me percate de lo vacía que se encontraba. Su saco descansaba en su comoda silla de cuero y su lámpara encendida mostraba el orden que llevaba Sasuke en este lugar.

Con la intriga de donde podía estar cerré de nuevo y avance por el pasillo hasta el cuarto de archivos. Ahí una luz se asomaba de una pequeña ventana. Aquel cuarto era de acceso restringido que solo unos cuantos del personal podían entrar. La seguridad del mismo estaba protegida con una puerta que se abría solo con contraseña.

1, 5, 7, 7, 2.

La puerta me cedió el paso al teclear los números y se cerró detrás de mí.

Sasuke se giró sobre sus propios talones. En su mano derecha sostenía una carpeta la cual estaba abierta y analizaba. O eso parecía. Frunció las cejas algo desconcertado, no se inmuto o puso cara de que lo había pillado en algo infraganti.

Luego se rio.

— ¿Vienes ya a deshacerte de mí?

— Es posible. Pero, ahora no me apetece.

Dejó la carpeta en su lugar y me enfrentó. Se quitó los lentes que exclusivamente usaba para leer y lo hacían ver culto. Una persona que sabía del mundo y te podía dar los mejores consejos, pero lo creería si no lo conociera, servía para dar los peores consejos. Los colgó en el inicio del primer botón de su chaleco. Metió una mano en el bolsillo de su pantalón y volvió a hablar.

— ¿Qué haces aquí? —miró el reloj de su muñeca que sus mangas arremangadas le permitieron ver.

— Eso debería preguntarte yo. Es demasiado sospechoso que estés aquí.

— No te debo explicaciones. Yo no te cuestiono las horas extras que haces de trabajo.

— ¿Así que, sí te estas esforzando? —no lo había pillado cometiendo un delito, pero lo había pillando estudiando informes pasados que ayudan en el proyecto. Nunca lo había visto esforzarse por algo, el siempre obtenía sus cosas sin mostrar una gota de sudor en su frente, en cambio yo debía esforzarme el doble para lograr algo que quería.

— ¿Debía mentir?

— Imaginaba que dirías que tu trabajo estaba listo o que ...

— Casi lo está —reveló interrumpiéndome—. Ahora que sabes puedes irte.

— Claro que me iré, tengo una cita que no puede esperar más.

— Que sorpresa, dime que tu cita es de carne y hueso y no unos papeles con una taza de café.

— Te aseguro que es de carne y hueso, me mantendrá feliz el resto de la noche.

— Interesante. Suerte, espero no lo espantes cuando te vea.

— Idiota, eres tu quien espanta.

— Aprende a mentir, molestia.

— Quisiera seguir discutiendo pero se me hace tarde, moustrin —moví los dejos en forma de despido.

Me gire para abrir la puerta introduciendo el código cuando se apagaron las luces y la puerta fue bloqueada. La luz en el edificio se extinguió y solo una densa oscuridad nos rodeó.

— Joder.

En mi bolso saque mi teléfono para alumbrar y vi a Sasuke haciendo lo mismo. Buscaba algo en específico y encendió un interruptor que estaba detrás de unas cajas. Una pequeña luz se encendió y eso sirvió para ubicarme sin ayuda del teléfono.

— La luz se fue ¿Cómo es que..?

— El foco no está conectado a la corriente, se usa en caso de emergencia.

— Genial, ahora estoy encerrada contigo —resople cruzándome de brazos.

— Y yo contigo, no puedo soportarte por más de 3 minutos, molestia.

— Cállate, por tu culpa he perdido mi cita.

— ¿Yo te dije que me buscaras?

Buen punto.

Si no lo hubiera hecho ya debería llegar a mi departamento.

Siguió buscando entre las cajas, parecía entretenido con eso. Me dio la espalda.

— ¿Que buscas? —me ignoró olímpicamente.

Se perdió detrás de unos estantes y luego regresó con dos mantas.

— Toma —me extendió una.

— No creí que podías ser amable —la alcancé y comencé a abrigarme con ella, porque mi vestuario no me favorecía. La falda no había sido una buena opción, incluso mi día no había comenzado bien. Al traer mi café el de recursos humanos me empujó y la mitad del líquido mancho mi blusa y ahora cargaba un suéter de Ino que me presto para tapar el accidente.

— No quiero que te enfermes, mañana no tendré a quien molestar.

— Cretino.

— Un "gracias" me haría pasar por alto tu agresión.

— No estoy agradecida, estoy ofendida —hice un puchero.

— Oye, yo también perdí una cita y no estoy comportándome infantil.

— ¿Infantil, yo?

— ¿Qué no escuchas?

Fue mi turno de buscar algo en aquellas cajas. Algo duro y resistente que pudiera abrir la puerta a golpes. Seguí buscando ignorando sus preguntas y cuando encontré una tabla me acerque a la puerta y comencé a golpearla.

— Escucha, primitiva, sólo lograras que se active la seguridad y terminemos en prisión.

Bote la tabla. Tenía razón en eso, el intento era inútil.

— ¿Qué propones, moustrin? —coloqué mis manos a la cadera.

— Esperar a que regrese la luz y librarme de ti, ahora vete al rincón y no hagas ruido. Entre menos te escuche, olvidare tu presencia.

Me acerque a él mirándolo directamente a los ojos con mis cejas fruncidas.

— Tu vete al rincón, yo me quedare aquí.

— ¿Y si no quiero, que?

— Te arrastraré si es preciso.

— Inténtalo —me retó.

Intente tomar impulsó, cerré los ojos y comencé a empujarlo. Quería mandarlo a un precipicio, verlo tener en mis manos. Abrí los ojos y me di cuenta que seguíamos en el mismo punto.

Me senté y volví a abrigarme sin decir nada.

Rodo lo ojos.

— Como quieras, solo quédate callada.

Sasuke se sentó igual, solo que su espalda era mi panorama. Decidí darle la espalda también.

Acaricie mi brazo. Otra noche frustrada, tal vez estaba destinada a que mis planes fracasaran, que nada saliera como quería. Tenía los sentimientos aplastados como para intentar conocer a alguien más. La idea de Ino no me parecía la más cuerda para resolver mi problema. Conocer a un hombre me generaba conflicto, nunca podías saber cuál era su verdadera cara. O si te engañaría en un futuro.

Pero ahora de alguna manera no me sentía desesperada por salir, me mantenía en calma y confiada en que saldría de aquí.

— Sasuke —lo llamé después de unos quince minutos en silencio.

— ¿Qué parte de "quédate callada" no entendiste?

Para mí era: adelante dime.

— ¿Crees que pueda encontrar el verdadero amor?

—¿Y yo que sé?, dudo mucho que a la vuelta de la esquina encuentres quien no vea lo molesta que puedes ser.

— Hablo en serio.

Se giró para darme la cara completamente.

— Yo también.

Silencio.

— ¿Tú crees en el amor? —volví a insistir. Mantenerme callada no era una de mis virtudes.

El silencio persistió mientras me miraba a los ojos. Un brillo parecía atravesar esos pozos oscuros. Su intensa mirada me recorrió y sentía encogerme de repente.

— Suficientes preguntas, duérmete.

— ¿La cita que tenías hoy era una conquista?

Rodó los ojos y pareció debatir en contestarme. Al final lo hizo.

— Puede ser...

— ¿Pretendías llevarla a la cama? ¿O quizás, primero la invitarías a cenar?

Inclino si cabeza bastante curioso.

— Las absurdas citas las tendríamos después de follarla.

— Tal vez se asustaría por tu pequeñez.

Una carcajada resonó.

Se acercó peligrosamente, sus labios estaban a solo centímetros de los míos. Se los relamió antes de utilizar esa voz tan profunda que me hizo tragar saliva.

— Te equivocas, tardaría mucho en caminar con normalidad.

No me quise quedar a atrás y me acerqué a su oreja, en susurro como confesándole un gran secreto. No se alejó y me permitió seguir.

— Eso mismo decía mi ex, y siempre era un fiasco. Era tímido y siempre tomaba un trago antes de estar conmigo.

— Apuesto que te dejaba con frustraciones.

Volví a enfrentarlo pero sin separarme demasiado.

— Por primera vez estoy de acuerdo contigo.

La comisura de sus labios se levantó, tan satisfecho de la información que había obtenido. Se veía tan fresco y con un aura salvaje, que en la primera cita prometía mucho. Culparía a la calefacción por lo caliente que sentía el ambiente, pero no me era posible, el lugar era un poco frio, ya que esta temperatura ayudaba a la conservación de las hojas. Aun así era soportable.

— Nunca creí que tu afilada lengua diría algo como eso —dijo pasando un mechón de cabello atrás de mi hombro. Dejando al descubierto un blanco cuello siendo adornado por una cadenita. Un regalo de mi madre.

Su delgado contacto solo mareo mis sentidos, era como si el trago de alcohol me lo hubiera tomado yo.

— Si te hubiera hecho caso, nunca habrías escuchado eso de mí.

— Cállate, no ayudas a mantener mi control —miró fijamente mis labios.

— ¿Qué te prohibías hacer?

Sin esperar alguna explicación con palabras, me tomó de la nuca terminando de acercar nuestros labios. Con un deseo incontenible se apoderó de ellos y mi impresión me hizo reaccionar tarde y seguirle el ritmo.

Un contacto que ni en mis pesadillas aparecía. Una batalla que disfrutaba porque ninguno quería doblegarse ante el otro. La sensación de sus labios era magnifica que me sorprendía lo acoplados que estaban, me aterraba que esto me gustara, que me gustara el beso de mi enemigo.

La falta de aire hizo lo suyo y aun jadeantes nos miramos a los ojos.

— Yo no necesitaría alcohol para otorgarte lo que tanto deseas.

La impresión me hizo soltar un gemido.

Bajo su atenta mirada, retire el suéter de Ino y mi blusa aun con mancha de café. Imaginé que se reiría pero sus ojos se tornaron aún más oscuros. Siguió al tanto de mis movimientos como si yo fuera una presa, y él, tal depredador esperando su momento.

Dejé expuesto mi sostén que aun cubría la parte sensible de mi piel. A gatas me subí encima de su regazo y coloqué sus lentes a un lado de nosotros.

— Tienes mi consentimiento para demostrarlo.

Podía ver fuego en sus ojos, que desbordó sensaciones placenteras guardadas. Me tomó por la cintura y sus labios repartían besos húmedos en mi plano abdomen.

— Oh pequeña, voy a follarte hasta que no puedas decir ni una palabra más.

Su voz y la forma en como lo decía, me hicieron sentir húmeda en segundos. Su mano se coló debajo de mi corta falda y gemí cuando sus dedos hicieron a un lado mis bragas para tocar la parte más erógena de mi cuerpo.

— ¿Esperabas por mí, he? —preguntó satisfecho. Dio masajes que estimulaban mi lívido.

A partir de eso todo se fue al carajo.

Sasuke se retiró el chaleco y me dejo ayudarlo con su camisa. Desabroche cada botón lentamente que me permitió observar más a detalle ese cuerpo tan trabajado. Claramente no pasaba de la exageración, tenía cada músculo trabajado correctamente. Se notaba sus horas de entrenamiento.

— ¿Te gusta, molestia?

Me mordí el labio.

— Es mejor de lo que imagine.

Volví a besarlo, deseosa por volver a sentir sus labios, acariciaba su espalda y él la mía. Habilidosamente desabrocho mi sostén y cayó al suelo. Perfectas. Susurró antes de atrapar mi pecho con su boca.

Aferrado y sin perder tiempo terminamos desnudos entre tantas caricias. La ropa se esparció alrededor de nosotros y solo éramos dos personas teniendo un contacto íntimo, deseosos de sentir el puro placer.

— ¿Me deseas? —pregunté aun encima de él.

Sonrió.

— Desde que llegaste al décimo piso.

Joder.

Sin dejarme contestar, me cambio de posición y ahora estaba de culo hacia arriba, expuesta totalmente.

— Y con ganas de azotarte —me dio una nalgada que lejos de enfurecerme me calentó aún más. Sentir escurrirme en mis piernas-. Pelear contigo me mantenía en control.

Tomándome del pecho me acerco a él, hasta que pude sentir su respiración en mi nuca. Agitada y grave.

— ¿Qué pasaba si no podías controlarte? —dije agitada sintiendo su virilidad apuntando mi trasero. El tamaño me hizo gemir.

Lamio mi hombro hasta mi oreja y susurrando me dijo.

— Era capaz de poseerte y descubrir lo que esa puntiaguda lengua podía hacer.

Me inclinó un poco y sobre mi hombro pude observarlo colocarse un preservativo que saco de su pantalón. De golpe entró en mí, cumpliendo así mi pedido por sentirlo, por descubrir que lo necesitaba más que nada. Me sujeto de las caderas y comenzó a embestirme sin una muestra de delicadeza. Rudo. Era justo como pensé que seria y era justo como quiera.

Mis gemidos no se hicieron esperar y el choque de pieles inundo el cuarto. Éramos dos piezas encajando perfectamente, dos personas que se conocían aun mostrando sus defectos y virtudes, intentando cada día destruirnos, pero así éramos. Unos amantes imperfectos. Una escena que ni en mí retorcida mente imaginaba que sucedería.

Salió de mí y he hizo que estuviera encima de él, teniendo el control de su placer.

— Eres jodidamente hermosa —incliné su cabeza hacia atrás para besarlo con desesperación, aferrándome a que esto fuera realidad y no una ilusión que se esfumaría al despertarme. Me auto penetré y comencé a moverme tomando impulso con sus hombros.

Entonces comenzó a gemir, unos suspiros profundos que se convirtieron en mi sonido favorito. ¿Lo mejor? Era que yo era la causante, la que podía dejarlo frustrado cuando se le antojara. Aceleré las estocadas y nuestros jadeos en algún momento se sincronizaron.

Acaricio cada parte de mi cuerpo, no dejando nada sin que sus manos me tocaran, el tacto suave con un aire salvaje me fascinaba. Sasuke era más de lo que prometía, era una burbuja de lujuria que creaba en el primer contacto de su piel.

Los dos llegamos a tan ansiado orgasmo.

Era la cúspide del placer que muy pocos llegaban en el primer encuentro, requería mucha conexión y tal parecía que a nosotros nos sobraba. Me abrazo como parte final aun sin salirse de mí. Una entrega que jamás olvidaría.

Tal vez durante la noche que pasamos encerrados hubo más placer por desbordar hasta dejarme totalmente exhausta. Descansé es sus brazos y el me ayudo a vestirme.

Me dio un beso en la frente antes de cerrar totalmente mis ojos.

Durante la madrugada la luz se restableció y aun dormida en sus brazos me llevo hasta mi departamento.

_____

SASUKE

— Gracias, Ino.

— Son 100 dólares, y una cena reservada para dos personas en el mejor restaurante de la cuidad —recalcó la petición que me dijo cuándo decidió ayudarme. Ella había hecho un buen trabajo, jugándose su amistad.

— Lo tendrás esta noche —aseguré antes de irme a mi oficina.

— ¿Se lo dirás algún día? —preguntó deteniéndome. Era claro que se refería a que el contacto que le dio a Sakura era el mío, solo que no hizo falta ya que ella llego a mí.

— Tal vez se lo diga..., cuando sea mi esposa.

FIN.
_________

Muchas gracias por leer, espero que te haya gustado esta pequeña historia que se me ocurrió al ver una imagen, que ya no recuerdo. Los quiero mucho.

ATTE. La mente retorcida.

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