Narrador omnisciente:
Alec mató a Jocelyn estando poseído por el demonio y minutos antes de eso Ares estaba intentando asesinar a su parabatai sin que alguien lo notara, si no es porque ella sabe defenderse estaría muerta.
El azabache se culpa a si mismo, casi matan a su novia y ni siquiera se dio cuenta, no pudo protegerla, ¿qué clase de novio es? Eso se repite en su cabeza una y otra vez.
Llevan dos días sin tener buenas noticias respecto al estado de la castaña. Magnus fue a visitarla pero no pudo hacer mucho para ayudarla. Ahora Alec y Ares se encuentran en una azotea lanzando flechas en silencio.
—¿Hace cuanto están aquí? —pregunta Jace acercándose.
—Nadie puede vernos, muévete —responde Ares borde, son sus primeras palabras en esos dos días—. Jace por el amor de ángel sal de ahí.
—Deben dejar de castigarse...
—No lo hago —lo interrumpe Alec—. Solo vete.
Jace sabe que eso es mentira, ambos se están castigando por las cosas que hicieron mientras estaban poseídos.
—Habla conmigo soy tu parabatai, sé lo que estás pasando —insiste Jace hacia su parabatai, luego mira a Ares—. Tienes que ir con ella, fue el demonio, no tú.
—Casi mato a la mejor persona que he conocido en el mundo —sus ojos se cristalizan, baja su ballesta—. ¿Sabes? No quiso pelear, pudo matarme pero recibió cada uno de los golpes porque nunca me haría daño.
—Ares...
—¡No, tú viste el video! —interrumpe él alterado—. Mira mi cuerpo, no tengo ni una sola herida. Con suerte se defendió, no puedo verla en ese estado.
—Sé que debe ser difícil lo que están pasando —Jace suelta un suspiro—. Ella los necesita a ambos, necesita a su parabatai.
—Vete al demonio —susurra Ares antes de volver adentro.
—¿Quieres que pretendamos que no paso? —le pregunta Alec molesto—. No pude salvarlos de Valentine, ni en la Ciudad de Huesos, tampoco a Charlotte —hace una pausa—. Es la madre de Clary, tu madre.
—Nadie te culpa —niega Jace.
—Deberían hacerlo.
Alec marco la runa en el dorso de su mano antes de saltar hacia la calle y corre lejos de allí huyendo de sus propios pensamientos.
⭑⭑⭑
Afortunadamente no pasan muchas horas hasta que Charlotte despierta y está estable. Alec da vueltas afuera de la habitación hasta que Ares decide que es hora de que alguien más entre a ver a su parabatai.
—Pregunto por ti —Ares señala a Alec—. Esta bien ahora, no hay de que preocuparse.
—No creo que sea lo mejor...
—Solo ve, estás esperándote —interrumpe—. Si hay alguien que no debería entrar a verla, ese soy yo.
—No hables tonterías, ella te adora.
—Y a ti también —recuerda Ares—. Solo faltas tu, ya todos la hemos visto. Addison, Magnus y Raphael se fueron hace unos minutos; Jace, Clary e Izzy también vinieron.
—No sé qué decirle o cómo actuar —admite Alec con timidez.
—Deja de pensar y hazlo —me alienta—. A veces las palabras sobran, solo necesita saber que sigues ahí.
Ares le da una palmada en el hombro antes de dejarlo solo. Alec toma una bocanada de aire antes de ingresar, Charlotte esta recostada en la camilla llena de moretones y conectada a un suero especial.
Charlotte voltea al sentir otra presencia y sus ojos verdes se iluminan de inmediato al ver a Alec entrar. El pelinegro se acerca a la camilla con pasos dudosos y se sienta a su lado.
—Estaba esperando que vinieras, bonito —lame sus labios resecos—. ¿Qué ocurre en esa mente? Juro que puedo ver desde aquí como tus neuronas buscan algún culpable —lo mira fijamente—. Déjame decirte que no es tu culpa.
—Deje entrar un demonio, Lottie —susurra él apenado—. ¿Qué debo decir? ¿Cómo te miro a los ojos? ¿Qué le digo a Clary?
—El peso no tiene que estar en tus hombros. Lo superarás, como superas todo.
—No pude protegerte, y me volví un asesino.
—No es tu deber protegerme —enfatiza ella—. Ni eres un asesino, era el demonio actuando.
—Pero yo lo deje entrar —insiste Alec cegado por la culpa.
—Lo dices como si hubieras tenido opción, era un demonio, Alec. Ni siquiera yo hubiera podido luchar contra la posesión.
—¿Y qué debo hacer? —cuestiona al aire—. Fingir que nada paso y seguir con mi vida.
—No debes ignorar el tema, sino aceptar que no hubo nada que pudieras hacer para evitarlo. Nadie te culpa —enfatiza Charlotte.
—Maté a Jocelyn, claro que alguien me culpa. ¿Olvidas a Clary?
—Estoy segura que ella sabe que no es tu culpa. No puede culparte por algo que hiciste en contra de tu voluntad.
—Tal vez tu hayas podido olvidar fácilmente lo ocurrido con Ares porque son parabatais, pero yo no puedo olvidar lo que hice.
—¿Y crees que Ares lo olvidó? —pregunta ella a la defensiva—. No me miro a los ojos durante toda la visita, y no paraba de pedir disculpas. No esta en mejor estado que tu.
—Nunca dije que él estaba mejor que yo —Alec frunce el ceño—. Solo dije que tú podrías superar lo ocurrido antes que Clary porque son situaciones diferentes.
—Apuesto a que ella y Jocelyn ya eran conscientes del peligro de este mundo. Es cuestión de tiempo, siempre muere alguien, eso no significa que no duela, pero se debe seguir adelante.
—Es más fácil decirlo que hacerlo.
—Ella tendrá que seguir adelante aunque no quiera —responde la castaña con simpleza—. No hay tiempo para perder, de hecho yo no debería estar en esta maldita camilla, sino buscando al imbécil Valentine. No sin antes patear el trasero de Víctor por torturar a Raphael.
—Tú tienes que descansar —Alec acaricia su cabello con delicadeza—. Te dieron una paliza, Lottie.
—Porque yo quise que me dieran una —intenta bromear—. Como sea, me siento mejor ya ni debería estar aquí.
—Antes de que te des el alta sola, debemos hablar con el doctor...
—No necesito doctores —se quita el suero y las otras cosas—. Si digo que estoy bien es porque estoy bien.
—¿Y qué quieres hacer ahora? —pregunta Alec sabiendo que no la hará cambiar de opinión.
—Me vestiré y luego veremos, siempre pasa algo en el Instituto —suelta un suspiro—. No puedo quedarme aquí acostada mientras todos arriesgan sus traseros buscando a Valentine.
—Tienes que prometerme que si te sientes mal, te tomarás un descanso —le pide Alec y ella suelta un bufido—. No estoy bromeando, Lottie. Me preocupo por ti, y lo sabes.
—Bien —accede—. Si me siento cansada, tomaré un día libre.
Alec le da un suave beso en la frente e intenta sonreír para no preocuparla, pero en el fondo sigue ahogándose en culpa. Es como si hubiera una pequeña voz en su cabeza que le dice que es una decepción y un asesino.
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Alec decide ir a la habitación de Clary para intentar disculparse por lo ocurrido, se siente demasiado avergonzado y culpable que haría lo que sea.
—Hola —saluda sin mirarla—. Mira yo...
—Por favor, no —niega Clary de inmediato.
—Clary, lo siento mucho —Alec suspira cansado—. Haría lo que fuera para borrar esos 30 segundos, para recuperar a tu madre.
—Alec, quizá podamos recuperarla —dice la pelirroja con calma—. Encontré una bruja que dice que puede hacerlo. Pero hay riesgos.
—Iré contigo...
—Es magia negra —interrumpe Charlotte ingresando al lugar—. Sé exactamente como te sientes, Clary, pero no es la solución, créeme.
Ambos voltean rápidamente al escuchar su voz, se supone que tendría que descansar un par de horas más pero es terca. Pueden notar que usa maquillaje para cubrir las evidencias del ataque y tiene una venda alrededor de su muñeca. Claramente no esta en condiciones de salir a ninguna misión.
—El término magia negra lo usan los brujos...
—Que temen a sus propios poderes —la interrumpe Charlotte—. Apuesto a que te dijo que toda la magia era igual.
—¿Cómo lo sabes? —cuestiona Clary sorprendida.
—Perdí a mi padre a temprana edad —recuerda Charlotte—. Pero entendí los riesgos se traerlo de vuelta, además los que están muertos deben quedarse así aunque se nos parta el corazón.
—¿No lo intentarías? —le pregunta la pelirroja molesta—. Hablamos de tu padre...
—El maravilloso hombre que me crió no querría que estuviera involucrada con esa clase de magia —interrumpe Charlotte—. Si quieres ir, yo también. Pero tomas y asumes las consecuencias, Clarissa. Si hay precio que pagar no nos involucras porque sabes en lo que te metes.
—Hagámoslo —responde ella.
—Es mejor que te quedes a descansar —susurra Alec a su novia mientras caminan—. No estás lista para salir.
—No te pido permiso para salir, iré —responde ella con determinación—. No te dejaré cerca de la magia negra, mucho menos con Clary quién haría lo que fuera por traer a Jocelyn de regreso.
—No puedes ser más terca —susurra Alec para si mismo mientras la ve caminar a la par de la pelirroja.
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A Charlotte no le agradaba que Alec estuviera allí ni que Clary se aprovechara de el sentimiento de culpa que él tenía. Ahora están a las afueras de la residencia de la bruja francesa Iris Rouse, la puerta es abierta por una mujer notablemente embarazada.
—¿Vienen a ver a la Dra. Rouse? —pregunta acariciando su abultado vientre.
—Sí —afirma Clary—. Creo que ella me espera, me llamo Clary.
—Claro que te esperaba —Iris aparece—. Solo me preguntaba cuándo. Y veo que trajiste invitados. ¿Novio y mejor amiga?
—No —niegan Alec y Clary con horror por ser relacionados de forma romántica.
—Es mi novio —aclara Charlotte tomándolo del brazo con una sonrisa.
—Está bien, novio de la castaña, deja tu arma afuera —le dice a Alec y él frunce el ceño—. Cualquier brujo respetable puede ver a través de un glamur de Shadowhunter.
Alec sigue mirándola con el ceño fruncido pero termina dejando su arco en un rincón para evitar problemas. La bruja le prohíbe ir con ellas ya que necesita calma y alega que él no está para nada calmado, y es verdad porque algo en ese lugar le genera malas vibras.
Claramente eso era una excusa para que Clary y Charlotte quedaran a solas con la bruja francesa. Esta comienza el hechizo pero la pelirroja se arrepiente cuando ve un cuervo al cual no le resulto bien volver de la muerte.
De todos modos Iris quiere cobrar el favor que Clary juró cumplir y es peor de lo que las chicas creen. La bruja les explica que prácticamente quiere usarla de incubadora de un bebe brujo.
—Eres una maldita psicópata —señala Charlotte molesta—. Clary, nos vamos, ahora.
Ambas chica intentan salir pero una barrera invisible se los impide, Iris no tenía intenciones de usar a Charlotte hasta que descubrió que era mitad ángel y mitad demonio. Usa sus poderes para dejarlas inconscientes antes de que sean capaces de advertirle a Alec.
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Ha pasado bastante rato desde que Charlotte se fue con Clary y la bruja por lo que Alec está impaciente, no se perdonaría si le ocurre algo a su novia. Sube las escaleras cuando escucha llantos de bebé y encuentra a la mujer embarazada meciendo a un bebé brujo.
—Hay bebés durmiendo —informa la mujer en dirección al Shadowhunter.
—Estoy buscando a mi novia y su amiga.
—¿Quién? —pregunta extrañada.
—Vine con ellas, tú las viste —recuerda Alec confundido—. ¿Dónde están?
La mujer lo guía hasta una sala, puede ver la ventana rota, el cuervo muerto, gotas de sangre en el suelo y la chaqueta oscura de Charlotte.
—¿Dónde está? —pregunta Alec al borde del colapso—. ¿Qué demonios le hicieron a mi novia?
—No lo sé.
—Háblame —pide intentando sonar calmado pero falla completamente—. No te meterás en problemas. ¿El que sostenías era tu bebé?
—Uno de ellos, creo —la mujer acaricia su vientre delicadamente—. Nos borra la memoria, recuerdo partes...
—Espera, ¿son más?
—Las mujeres van y vienen, los bebés se entregan a hogares donde los cuidan —informa con calma—. Los crían.
—Por favor, intenta recordar —le suplica Alec al borde del colapso—. ¿A dónde llevó a mi novia y a Clary?
Desafortunadamente la mujer embarazada no logra recordar nada más así que Alec la deja en paz para ir a buscar a la verdadera responsable. Encuentra a Iris y la empuja contra la pared sorprendiéndola.
—¿Dónde está Charlotte? —cuestiona Alec de manera brusca—. ¿Qué me hiciste a mi novia? ¿Dónde están?
—No me toques —advierte la bruja.
—¿Dónde está mi novia? —repite Alec perdiendo la paciencia.
La bruja lo aleja con su magia, Alec siente como su cuerpo choca contra el techo y el suelo repetidas veces hasta que una aparece una niña para impedir que siga. Izzy y Ares ingresan al lugar por lo que la bruja se ve obligada a abrir un portal.
—Pueden salvar a la chicas—asegura—. Pero la pelirroja aún me debe un favor.
—Si le haces algo a Charlie te buscaré hasta encontrarte y matarte, maldita bruja —amenaza Ares antes de verla desaparecer.
—Alec, ¿estás bien? —cuestiona Izzy preocupada.
—Debemos encontrar a Lottie —alega Alec levantándose—. Y a Clary.
—Clary ya está con Jace, hay que encontrar a Charlie —dice Ares para luego comenzar a registrar el lugar.
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Charlotte despierta en una habitación oscura completamente desorientada pero rápidamente recuerda las palabras de aquella bruja. Se pone alerta cuando escucha la puerta abriéndose y traga saliva al ver al gran demonio entrando con lentitud. Es de color negro, anda en cuatro patas y pareciera que tuviera el rostro quemado. Se queda a una distancia prudente como si estuviera analizándola.
Charlotte crea una bola de fuego en su mano para usarlas en modo de defensa contra el demonio mientras le grita maldiciones y esquiva sus ataques, no va a permitir que esa asquerosidad le ponga una mano encima.
—¡Atrás! —grita Charlotte, el demonio esquiva la bola de fuego—. ¡Dije que te alejes, escoria!
Charlotte maldice cuando ve que el demonio deja ver un par de alas esqueléticas. En ese momento la castaña recuerda cierta runa que emite rayos de sol, la dibuja en su palma rápidamente y el demonio termina calcinado gracias a aquello.
La chica suelta un suspiro cargado de alivio y se deja caer al suelo, esta agotada debido al poco descanso que tuvo. Dos ataques en dos días es demasiado incluso para ella. Maldice al ver sangre en su camiseta ya que los demás se preocuparan al verla.
—¡Charlie! —reconoce la voz de su parabatai.
Ares no tarda en ingresar al lugar con su ballesta en mano, observa las cenizas del demonio antes de ir a abrazar a su parabatai.
—Te oí gritar y me preocupe demasiado —dice Ares en un susurro—. Deberías estar descansando no en medio de esta casa maldita.
—Me siento mejor —la castaña sonríe levemente para que no se preocupe—. Ese demonio no te tenía posibilidades de ganarme.
—Deja de hacer cosas estúpidas —pide—. No puedo perderte.
—No vas a perderme, lo prometo.
En ese momento Alec ingresa al lugar con la respiración agitada y sus ojos inundados en preocupación. Ares decide darles espacio así que se va y Alec ayuda a su novia a ponerse de pie mientras revisa que no esté herida.
—¿Te hizo daño? —pregunta él sujetándole el rostro con cuidado—. ¿Alcanzó a tocarte? ¿Estás bien?
—No, lo mate antes de se acercara —responde Charlotte—. ¿Qué hay de Clary?
—Ella es asunto de Jace, la chica ya esta a salvo. ¿Segura que estás bien?
—Bien dentro de lo que se puede. Un demonio intento... esa cosa horrible iba a... —balbucea inconscientemente—. Querían que esa cosa me embarazara... que lo hiciera a la fuerza —niega con la cabeza—. Prefiero borrar este suceso de mi mente.
—Respeto tu decisión —asiente Alec no tan convencido—. Recuerda que estoy aquí si necesitas alguien con quien hablar.
—Lo sé, muchas gracias.
—Llegaremos a casa y descansarás un poco.
—Trato —accede Charlotte—. Pero solo si te quedas conmigo.
Alec le da un asentimiento con la cabeza mientras se quita la chaqueta de cuero para colocársela a ella y luego salir de allí con las manos entrelazadas.
Charlotte mira inconscientemente la palma en la que dibujo la runa y esta ya no está lo cual es bueno porque sabe que hay cosas que necesitan ser guardadas y no reveladas al mundo, mucho menos cuando lo diferente suele verse como amenaza.
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Ya era hora del funeral de Jocelyn y de otras víctimas de los ataques de Valentine. Los Shadowhunters usan blanco para aquella ocasión así que todos en la sala están vestidos con aquel color.
Charlotte está terminando de maquillarse para ocultar los moretones cuando alguien llama a la puerta y Ares ingresa a la que solía ser su habitación en el instituto.
—¿Estás lista? —cuestiona Ares, lleva una camisa y pantalones blancos—. No tenemos que ir si no quieres, puedo llevarte a casa para que sigas descansando.
—Me encantaría irme —admite ella—. Pero Alec me necesita, aunque no lo digo en voz alta, puedo verlo en sus ojos.
—Algún día tendrás que empezar a pensar en ti primero —él le tiende su brazo para ayudarla a caminar—. Terminemos con esto pronto, odio esta tradición que implica vestir de blanco.
—Preferimos el negro, pero las tradiciones son tradiciones.
Ambos castaños llegan al salón donde será el funeral y la chica va donde su novio, de reojo observa a Victor hablando con Izzy, lo cual se le hace extraño pero no logra preguntar nada ya que dan inicio a la ceremonia. Clary esta al borde de llanto mientras abraza a Jace.
—Los que queden tomarán el lugar de los caídos —dice Aldertree mientras los hermanos silenciosos terminan de derramar pétalos en los cuerpos—. Los que queden dirán los nombres de los caídos.
—Jocelyn... —se le quiebra la voz y Charlotte aparta las lágrimas ya que lr recuerda a la muerte de su padre—. Mamá...
—Jocelyn Fairchild —finaliza Jace al ver que ella no puede hacerlo.
Charlotte cierra los ojos y toma una bocanada de aire para mantener la compostura, ella detesta los funerales ya que le recuerdan a todo lo ocurrido con su padre. Suelta un suspiro mientras se mantiene firme ya que sabe que Alec es quien necesita apoyo en este momento.
Charlotte desvía su mirada hacia Alec, sus ojos castaños están cristalizados y hay leve sudor en su frente debido al nerviosismo. La castaña no duda en abrazarlo y él apoya su cabeza en el hombro de la chica mientras terminan la despedida a los Shadowhunters caídos.