Rakata prime
— ¿Qué sucede, Yara? —Medrak interceptó a la joven para preguntarle que le sucedía a Diederik—. ¿Por qué el maestro se encuentra tan furioso?
Yara se despojó del casco y lo sujetó de la mano para contarle la situación. Se lo llevó a una de las salas de entrenamiento para estar lejos de ojos curiosos.
—Dime... ¿qué sucede? ¿Por qué tanto misterio? —Protestó Ti.
—Shhh... —Le habló bajito— acaban de llegar unos informes de un contrabandista que logró escapar.
— ¿Escapar... de qué?
— ¿Recuerdas el botín de naves y esclavos que el maestro esperaba?
—Si, por supuesto, tenían que haber llegado por mucho, hace tres días... Pero... ¿a qué te refieres con que uno de ellos escapó?
—Pues verás... —Ti estaba atento a lo que ella le relataba— en la ruta en dónde termina el borde exterior y dónde empieza el borde medio... el carguero pesado, Blacker se encontró con un pequeño carguero Corelliano.
—Ajá... Continúa...
—Por unos momentos, ellos creyeron que serían fáciles de vencer y los empezaron a embestir, según reportes de Jetto Biss.
— ¿El miraliano?
Raza miraliana:
—Sí, ese mismo... Él mencionó, que su jefe, le ordenó ir a Tatooine por unos encargos. Jetto le dijo que ya tenían suficiente naves y esclavos, pero su jefecito se empeñó en obtener el pequeño carguero Corelliano cuando lo vio en órbita. Antes de atacar el carguero, Jetto salió de la nave por el encargo que le habia hecho, pero al ver la resistencia del pequeño carguero, decidió quedarse bastante cerca para ver si podía ayudar, así que desconectó sus sistemas de ubicación para que nadie reparara en él.
—Ósea... ¿qué se quedó cerca por si surgía un contratiempo...? Pero, si solamente era un pequeño carguero, no entiendo... ¿cuál era el problema?
—Ti, no era cualquier carguero, en pocas palabras... no era cualquier piloto... —Medrak la miró expectante pero la dejó continuar— Jetto miró toda la maniobra y mantuvo el canal abierto para escuchar todo... el piloto al parecer, no iba solo, se opuso valientemente al jefe de Jetto... Empezó a maniobrar la nave como todo un experto, y a realizar ataques de defensa evasiva... y además alguien más disparaba los cañones en la torreta. La nave estaba equipada para el combate.
— ¿Quieres decir... que pudo ser un contrabandista o algún mercenario?
—No lo creo. Jetto aseguró, que ese piloto era diferente a cualquier mercenario o cazarrecompensas común, su manera de pilotar era única y la persona que lo acompañaba era experta en batallas.
Medrak se quedó pensativo.
— ¿Y qué más?
—Al no poder vencerlos con cazas de combate, perdieron a varios de ellos y sólo dos de ellos lograron escapar. Después de un rato de combate, decidieron usar el rayo tractor para someterlos... pero no contaban con que el pequeño carguero, se les adelantó y les deshabilitó el rayo. El jefe de Jetto, estaba bastante enfurecido, entonces no se dio por vencido y continuó con la persecución... pero la nave ingresó a la nebulosa de la ruta de Balmorra, La Nebulosa Kaliida.
— ¿Qué demonios? Eso es... casi un suicidio, pocos afortunados logran atravesar esa ruta, sólo personas muy expertas o...
—Usuarios de la fuerza... —ella terminó la frase—. es lo que Jetto sospecha, ya sabes que los miralianos son fieles creyentes de la fuerza. —Medrak asintió frotándose el mentón.
—Entonces... según Jetto, ¿Tú crees... que existan más, usuarios de la fuerza, además de la Jedi...? ¿O la presencia de otro Jedi poderoso...? como el que sintió el maestro hace unos meses y a quien juró destruir.
—No lo sé, Ti, pero si es así, corremos un mayor riesgo y por eso el maestro está insistiendo con los entrenamientos. No quiere que nadie arruine sus planes.
—Sí, comprendo, pero... ¿qué sucedió después?
—Pues veras, el idiota ese, los siguió y como era de esperarse, las mantarrayas Neebray les cortaron el paso... los destruyeron haciendo explosión con estrellas nacientes... y quedaron hecho polvo de estrellas, la última baliza que recibió Jetto, fueron gritos de horror. —Medrak se quedó atónito al escuchar lo que Yara le relataba.
— ¿Y qué sucedió con el pequeño carguero?
—Según Jetto... entendió que escaparon y cuando él quiso seguirlos, dieron el salto al hiperespacio.
— ¿Quieres decir que salieron ilesos...?
—Sí... y sin ningún rasguño.
—Esto es extraño. ¿Quiénes serán?
—No lo sé, Ti... pero no creo que ambos sean cualquier especie común y corriente.
—Me temo que no, al parecer... o son poderosos o muy hábiles.
—Estoy de acuerdo contigo... Deberías ir con él para apaciguarlo, ya que sólo tú, puedes con él.
—Yara...
—Es así, Ti, ni yo puedo contenerlo.
—Iré con él.
—Espera Tí... —Lo tomó de la mano y lo atrajo cerca de su rostro.
— ¿Qué sucede...?
—Yo... —Le acarició el rostro— eres demasiado bueno para esta vida, Ti...
—Es lo único que conozco, Yara —le contestó nervioso— mi madre perteneció a esta secta y yo crecí en este lugar.
—Mereces algo mejor... —susurró cerca de su rostro.
—Tú también... —respondió Medrak con voz ronca.
—Es tarde para mí, Ti...
—Mi dulce Yara, —le acarició el rostro dulcemente— ya no puedo irme, yo decidí esto, aunque quisiera irme... él me encontraría y lo sabes. También hice cosas horribles...
—Medrak... tu sabes que yo también...
—Perdóname, Yara, no puedo y lamento todo lo que tú también has sufrido... y no me digas que no, porque ambos sabemos que te duele.
Entonces a Yara se le salieron las lágrimas y atrajo a Medrak sorpresivamente del rostro para plantarle un beso. Medrak en su inexperiencia, no sabía cómo responderle, pero ella lo guio y rápidamente pudo corresponderle con todo lo que su corazón guardaba para ella. Yara se aferraba a aquella caricia tan tierna, la cual jamás había conocido y que le causaba miles de sensaciones desconocidas para ella. Para Medrak era un sueño del cual no quería despertar, pero entonces se dio cuenta de la cruel realidad.
Se separó de ella delicadamente y la sujetó por los hombros plantándole un beso en la frente.
—Lo siento... Yara, esto no debe repetirse.
—Medrak... —sollozó.
—Guarda tus pensamientos y yo haré lo mismo con los míos, será... como si esto nunca hubiera sucedido —susurró con el corazón dolido, mientras apretaba los puños.
Se giró lentamente, tratando de contenerse y la dejó allí. Se dirigió a su alcoba para tratar de calmarse y no presentarse delante de su maestro con el corazón desbocado. Tenía que protegerla a ella, su razón de ser, poco le importaba su vida, pero la de Yara, era lo único valioso que él tenía.
Minutos después que pudo calmar su ansiedad, Medrak entró al salón de reuniones dónde estaban varios de los adeptos reunidos con Diederik en la cabeza, se encontraban mirando la holo pantalla desplegada en lo que parecían varios puntos claves del borde exterior, las regiones desconocidas y el borde medio. Jetto se encontraba a la vera de Diederik quien le señalaba unos puntos en la imagen desplegada.
Había guardado sus pensamientos, ocultándonos en lo más profundo de su ser, una habilidad que su madre desde muy pequeño le enseñó. Su madre fue seguidora de la orden de Revan y por quién estaba allí, solamente de recordar, la manera en que murió a manos del antecesor de Diederik, por revelarse, para que él no viviera más en esa madriguera, le helaba la sangre. Días antes de morir, ella le reveló que él era su padre, pero nunca quiso aceptarlo como su progenitor y se alegró secretamente, cuando murió a manos de Snoke, la marioneta de Palpatine, cuando se quiso sublevar.
—Medrak, mi querido aprendiz y el mejor de todos —lo elogió cuando entró a la sala.
—Mi señor... —Se inclinó haciendo una leve venía.
—No es necesario, muchacho, quítate la máscara y ven acá. Estamos discutiendo en como recuperar lo que perdimos por culpa de ese idiota de Laerdes, imbécil... cómo se le ocurre entrar a la ruta de Balmorra y con un carguero pesado.
—Sí, hace poco me enteré... me encontré a Ya... Lord Leí en el pasillo hace unos minutos, estaba terminando mi meditación cuando él me contó parte del embrollo. Luego me fui a asear para estar presentable delante de usted, mi señor —mintió.
—Está bien, relájate luces algo tenso muchacho —le palmeó el hombro.
—Me preocupa está situación, maestro, —se excusó.
—No es para menos —concordó Thelves, uno de los adeptos.
—Sí, esta situación se nos salió de las manos —agregó Diederik—... perdimos una buena cantidad de créditos, cargueros pequeños, cazas de combates y una gran cantidad de esclavos entre ellos ingenieros y técnicos. Si Laerdes no hubiera sido tan arrogante e imprudente, no estaríamos en esta situación —gruñó Diederik pero trató de contener su furia.
—Es una gran pérdida, mi Señor —murmuró Medrak observando en la pantalla varios puntos en rojo.
—Lo que no entiendo es, como un pequeño carguero los desarticuló tan fácilmente...
— ¿Usted cree, que puede ser un poderoso usuario de la fuerza?
—Estoy seguro y según lo que aquí, Jetto nos relató... eran dos... muy hábiles en el combate y el pilotaje.
— ¿Pero quiénes podrían ser...? Lady Palpatine, no lo creo, ella es una Jedi que solamente viaja con sus estúpidos amigos... y que yo sepa, nunca se le vio acompañada de otro Jedi. La única vez que no estuvo sola fue... —Meditó— no, él está muerto, hace cinco años murió dando su vida por ella.
—Exactamente, creo que es o son más... o puede ser la presencia que sentimos hace unos meses... cuando tembló de manera extraña.
—Puede ser... —caviló Medrak mientras se frotaba el mentón.
Siguieron sopesando por un buen rato acerca de ese incidente. Diederik quería venganza y había jurado encontrar a ese par de estorbos que le habían arruinado sus planes. Pero Jetto, les habló acerca de unos contrabandistas de la peor calaña que podrían ayudarlos, tenían su punto de encuentro en las afueras de Mos Espa, en Tatooine, y que incluso hicieron algunos trabajos para Kylo Ren cuando inútilmente, intentaba encontrar a su hermosa Jedi, pero siempre se les escabullía, fue la única presa que esos mercenarios no le pudieron dar caza. Estaban revisando los posibles lugares donde se manejaban esos criminales y Jetto se encargaría de ubicarlos, tardarían más tiempo en volver a recuperar todo, pero ya no les quedaba de otra, lo único que Diederik planeó fue encontrar a ese par de personajes y darles caza, nadie arruinaba sus planes y se iba tan tranquilo, se vengaría de esos dos. Se quedaron planeado todo lo que harían lo más antes posible.
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Pastoria
Ben y Rey tenían varios días entrenando desde que llegaron a Pastoria. A Ben se le había ocurrido ir a la playa que estaba cerca de la base secreta, y como ese lado de la costa solamente habitaban criaturas marinas y aves, decidieron que era un buen lugar porque era amplio, sereno y con mucha vegetación alrededor y un clima espectacular no como el frío húmedo de Ahch-To.
Algunos días visitaban a Faenor y Anthea, pero no se quedaban mucho tiempo porque no querían interrumpir sus entrenamientos. Anthea les entregó la primera parte de una maleta llena de ropa especial para el espionaje, y prometía más para el futuro, pues ya tenía a una diseñadora de su confianza trabajando en eso. Ben y Rey aceptaron todo, algo enfurruñados pero no les quedó más remedio por el bien de la misión, ya que ellos serían los infiltrados cada vez que se les necesitase.
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Estaban entrenando y ya era mitad de la mañana. Ben trataba de esquivar los ataques frontales de Rey, no es que no pudiera defenderse, sino que estaba bastante distraído y cansado. El joven también trataba de mantener sus pensamientos ocultos de su mujer, situación que le causaba más cansancio.
— ¡Otra Vez! —exclamó Rey algo pletórica, pues ella amaba esos entrenamientos tanto como pilotar naves.
Ben le dedicó una dulce sonrisa, disimulando su cansancio y asintió de la misma manera que lo hizo en Exegol cuando ella le entregó el sable de su abuelo.
Rey hizo una acrobacia en el aire, girando con la lanza como hélice y desensamblándola para hacer un ataque frontal mientras cruzaba los sables. Ben logró esquivar la embestida con su lanza, pero cuando quiso desensamblarlo, retrocedió dos pasos para contener la fuerza de Rey, entonces uno de los sables se le deslizó de las manos, cayendo unos metros atrás de él y en ese momento, Rey no se percató y lo hirió en el brazo.
Ben ahogó un grito y cayó de rodillas por el resquemor de la hoja del sable. Rey gritó horrorizada por lo que sucedió. Apagó los dos sables y los tiró el suelo para salir en la ayuda de su esposo.
— ¡Ben, mi amor! —Se arrodilló para atenderlo con ojos llorosos.
—No... No es... Nada —susurró con un hilo de voz tratando de no mostrar su dolor.
Rey se concentró y le colocó la mano cerca de la herida.
—No... Es necesario... estaba distraído.
—Espera, quédate quieto —ella le dedicó una tierna mirada que trataba de esconder su angustia.
Ben no pudo impedir que Rey lo sanara, no quería que ella se agotara en demasía debido al duro entrenamiento de toda la mañana que habían tenido.
La herida se fue cerrando poco a poco, pues habia sido algo profunda, porque atravesó el musculo hasta casi tocar el hueso. Cuando Rey comprobó que las heridas internas se sanaron y se cerró la piel, entonces se dio por satisfecha.
—Ben... —ella le rozó dulcemente las mejillas con la yema de los dedos. Ben esbozó una tímida sonrisa y luego ella continuó—: ¿qué es lo que te ha estado sucediendo estos últimos días?
Ben la miró estupefacto, creía que tenía todo bajo control para no alarmarla, pero en ese momento se dio cuenta, que por mucho que intentara ocultarle algo, su vínculo con ella era demasiado poderoso y no se podía guardar nada para sí mismo, como lo haría con cualquier usuario de la fuerza. Ella era su otra mitad y habia sido un iluso al creer que le ocultaría algo.
—Yo... —Se puso nervioso, luego ella se acomodó en su hombro y le tendió la mano para entrelazar sus dedos con los de él.
—Solamente... ¿dime que te pasa...? soy tu esposa, tu otra mitad en todos los sentidos, no me apartes de tu lado —se entristeció.
—Preciosa... no quiero apartarte, es solo que... —hizo una leve pausa para tomar aire— no quiero preocuparte, pero me doy cuenta que no puedo ocultarte nada como tú tampoco puedes conmigo —esbozó una débil sonrisa, cuyo gesto, era más parecido a un mohín.
—Lo que sea que esté sucediendo, lo resolveremos... juntos, como lo hemos hecho desde el día que fuiste por mí a Exegol... como lo hemos hecho desde que regresaste conmigo —la voz se le quebró.
— ¡Oh no...! —Se dio cuenta que con su silencio, solamente la habia apartado sin querer— querida, lo siento... soy un idiota... por intentar protegerte de mis temores... no me di cuenta que te he estado apartando de mi lado.
—No lo vuelvas a hacer —le rogó conteniendo las lágrimas— te necesito, Ben, y todo lo que tenga que ver contigo, es lo más importante que hay en esta galaxia.
Ben le acarició la mejilla con la yema de los dedos. Quería contarle sus inquietudes, pero se las habia guardado para no alarmarla. Tenían casi dos semanas de duro entrenamiento, en las noches terminaban tan cansados, que apenas tenían tiempo para darse mimos. Desde que empezaron los entrenamientos, no tenían intimidad, primeramente porque Rey habia tenido su periodo y luego porque terminaban demasiado agotados, aun así tenían sus formas de quererse al final del día con tiernos besos y palabras de amor. Pero desde que Ben empezó a sufrir pesadillas en las madrugadas, le habia ocultado eso a Rey, el resultado era; su cansancio y poca concentración en los entrenamientos y la práctica de los rayos.
—Te voy a contar todo, pero vamos a otro lado —le sugirió señalándole la floresta tropical que estaba unos metros de la orilla del mar. Les hizo una señal a los astromecánicos para ordenarles que regresaran a la base junto con los bots de entrenamiento, solamente dejaron una sonda vigilando el perímetro.
—Vamos... —aceptó ella, cuando Ben se puso de pie y le ofreció la mano.
Cuando Rey intentó levantarse, trastabilló y se puso pálida, si Ben no la hubiera sujetado de la cintura, se habría desvanecido de manera irremediable en la arena húmeda.
— ¡Rey... cariño! —la alzó en brazos y caminó con ella hacia el árbol más cercano y con sombra. Ella se apoyó en su hombro, entonces él le acomodó el cabello y ella le sonrió débilmente.
—Estoy bien, solamente estoy algo agotada —musitó con voz atona, mientras Ben la acunaba en sus férreos brazos y buscaba donde sentarse con ella sobre su regazo.
—Esto sucedió, por haber agotado tu fuerza en una curación después de entrenar por tantas horas —la reprendió suavemente mientras le acariciaba el cabello.
—Estabas herido... y la quemadura era profunda, casi se te fractura el hueso —se entristeció— lo siento mucho.
—No fue tu culpa, amor mio... me lo merecía por ocultarte mis miedos —hizo una mueca con los labios.
—Aun así, no podía permitir que se te infectara o quedaras gravemente herido —Ben le sonrió.
—Eres tan linda... Siempre pensando en el bienestar de los demás —le acarició los labios con el pulgar.
—Es verdad que deseo que todos estén bien, pero tú, eres mi prioridad... siempre lo serás, aunque tiempo atrás estuviéramos en bandos distintos... eras y serás mi objetivo número uno —Ben la acunó en su pecho sabiendo a que se refería— traerte a la luz... y que estuviéramos juntos ha sido lo más importante para mí, Ben... y así lo será hasta el día que la fuerza decida llevarnos.
—Gracias, cariño, es más de lo que merezco y ahora come algo —depositó un casto beso en la mejilla de su amada y luego abrió la mochila para sacar barras nutritiva, pan haroun y bebida de frutas. Rey se comió todo y cuando estuvo satisfecha y con fuerzas renovadas se acomodó para que Ben le contara que sucedía.
Pan haroun:
—Puedes comenzar —le sugirió ella con una sonrisa para animarlo.
Ben se acomodó con ella, en la corteza de un árbol para así poder contemplar la paz que ofrecía la vista del mar y el suave susurro de las olas.
—Hace aproximadamente una semana... —comenzó frotándose las manos, mientras Rey lo escuchaba expectante— un día que tu tenías tus, Ejem... molestias —se sonrojó y ella le sonrió tímidamente— esa noche, te sentías bastante indispuesta y yo te preparé esos horribles remedios de mi madre.
—Si lo recuerdo —arrugó el entrecejo e hizo un mohín con la boca, pues recordó el horrible sabor, pero le hicieron bien— recuerdo que me calmaron los dolores y me hicieron dormir como un Ewok.
—Pues veras... en la madrugada —continuó Ben— me desperté sudoroso y temblando, tuve una especie de visión.
— ¡Ben! ¿Por qué no me despertaste?
—Estabas profundamente dormida... te mirabas tan linda y serena que me dio pena interrumpir tus dulces sueños.
—Pero... no te sentías bien, te pudo haber dado uno de esos episodios de fiebre que te dio cuando recién regresaste. ¿Por qué no me dijiste nada?
—Es que yo... —se pasó las manos por el cabello— no quería preocuparte y últimamente te he notado triste porque sé muy bien, que extrañas a tus amigos.
—Es algo normal, son como mis hermanos... pero ahora te tengo a ti, —le acarició el rostro y se recostó en su pecho— es verdad que los extraño y me encantaría que te aceptaran como lo hacen las chicas... Rose tiene la esperanza que eso suceda... pero bueno continua... lo de los chicos es algo que he aprendido a sobrellevar. —Ben le acaricio el cabello—. Y supongo que... has continuado teniendo esas visones —Ben asintió— cuéntame de que se trata.
—Estaba en un lugar parecido a una selva, caminaba y trataba de seguir una presencia oscura, no era que me atrajera, sino más bien, me provocaba frio y angustia porque escuchaba ruidos lejanos y risas siniestras. Esa o esas presencias se escondían muy bien —hizo una pausa para tomar aire—. Yo trataba de seguir el rastro por la selva, entonces me encontraba imágenes difusas de fieras salvajes, ellas no me miraban, sinceramente me causaban horror. Luego encontraba el camino que me guiaba a una cueva... pero cuando trataba de ingresar escuchaba ruidos como los cantos de los Siths que escuchamos en Exegol —Rey sintió escalofríos solamente con recordar aquella horrible tonada de aquel ritual que no se completó—. Siempre que logro llegar a esa entrada... me despierto y por más que lo intento no logro ubicar el planeta.
—Ben... no quiero que te esfuerces... —luego añadió algo ojeriza—: ¿y eso es lo que me has estado ocultando? —le reprochó y él asintió con un movimiento de cabeza.
—Yo... Quería descubrirlo para decírtelo, pero no he podido y casi todos los días se repite... hago un gran esfuerzo, me siento agotado y distraído en los entrenamientos.
—Y fuera de control con los rayos, Ben... no creas que no me he dado cuenta... pero esperaba que me lo dijeras, no quiero abrumarte.
—Amor mio, tu nunca me abrumarías... me tienes demasiado paciencia y mira que enamorarte de un lunático que no quería salir de la oscuridad, es algo valiente —le sonrió esbozando una mueca en sus labios.
—Tengo paciencia... —respondió más animada.
—Me consta, preciosa. —Ella lo abrazó.
— ¿Te parece si mañana intentamos buscarlos con la meditación? Hoy estamos demasiado agotados —le sugirió.
—Estoy de acuerdo —entonces la atrajo para depositarle un tierno beso en los labios.
Rey le rodeó el cuello y lo besó con más ímpetu, entonces Ben profundizó el beso acariciándole la espalda y alzándola de los glúteos, para que ella quedara a horcajadas encima de su regazo. Ella se empezó a mover y Ben le sacó la túnica y solamente se quedó con un pequeño top ajustado. Ella también le sacó la túnica de entrenamiento y Ben quedó con el torso desnudo.
—Te... he extrañado tanto... —susurró excitado mientras le besaba el cuello y le mordisqueaba el lóbulo de la oreja sensualmente. Se giró con Rey y la depositó en la grama, seguidamente se cernió sobre ella, quien de inmediato lo rodeó con las piernas y se empezó a mover con brío debajo de Ben.
—Yo también te he extrañado... —musitó ella entre ardientes besos que Ben le proporcionaba en la turgencia de sus pechos y le acariciaba las piernas. Después de varios minutos de ardientes besos y caricias y cuando Ben estaba a punto de desnudarla, unas aves se posaron en la espalda desnuda del joven.
— ¡Maldición! —Gruñó con molestia— ¡fuera de aquí! —espantó a los pájaros, pero las aves insistían en quedarse, ya que encontraron los restos de residuos de las barras energéticas que Rey habia comido minutos atrás.
Rey empezó a carcajearse y se incorporó junto a Ben quien no dejaba de gruñir y maldecir su suerte.
—Extraño los porgs... —reconoció enfurruñado— al menos ellos eran discretos.
—Cuando quieren —recordó Rey carcajeándose— deberías de preguntarle a Rose y Chewie, que tienen algunos porgs como mascotas.
— ¿El tío Chewie tiene de mascotas a su posible almuerzo...? tú me contaste que se almorzó algunos de ellos en la Isla.
—Pero fueron tan tiernos, que no pudo volver a probar uno más... se encariñó irremediablemente de ellos... y ahora tienen junto a Rose, un criadero de porgs. —Ben empezó a carcajearse imaginando la situación— en Ajan Kloss se tuvieron que resignar a sus graznidos.
Estuvieron un rato arrimados en el árbol, hasta que sintieron la necesidad de alimento, así que regresaron a la base junto a la sonda que los encontró cerca del mar.
—Nos interrumpieron en la mejor parte... —le susurró al oído— pero ya verás en la noche, no creo que aguante una noche más sin hacerte el amor.
—Creo que es lo que necesitas —se burló ella— tal vez así se te quitan las preocupaciones —arqueó una ceja mirándolo de manera sugerente.
—Ya verás, ninfa del bosque... y mañana planeo después del entrenamiento, nadar desnudos en ese pacifico mar. —La rodeó de la cintura para atraerla y darle un beso en los labios.
—Puede haber criaturas peligrosas...
—R2-D2 ya escaneó el área... solamente hay algas y peces, pero para comer y están en la parte profunda.
—Vaya, veo que piensas en todo.
—Siempre, amor mio...
Y con ánimos renovados siguieron su camino hasta la base secreta.
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Fecha de actualización: 19/06/2022
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¡Holis a todas! quería disculparme por actualizar hasta hoy, pero como siempre hay veces que Darth vida me atrapa y la situación se me sale de las manos :( afortunadamente ya tenia bastante avanzada la edición y pude sacarla a tiempo. Gracias por el apoyo que le dan a la historias, sus comentarios son muy valiosos. Nos leemos la próxima semana y que la fuerza las acompañe.