Pedacito de Alma

Par XeniaYanira89

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Tomar su mano confiando de la bondad que resplandece de su mirar, lo lleva por la oscura soledad, anhelando l... Plus

Prólogo.
Capítulo I.
Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV
Capítulo V
Capítulo VI
Capítulo VII
Capítulo IX
Capítulo X
Capítulo XI
Capítulo XII
Capítulo XIII

Capítulo VIII

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Par XeniaYanira89

"Preludio"

La ligera brisa de verano circulaba entre los árboles del parque, y por el ligero viento viajaba la fragancia intensa de algunas cuantas flores que merodeaban por ahí. Se le había hecho costumbre deambular por aquel parque del barrio de Atenas mientras su novio trabajaba hasta bien entrada la noche. Shura observaba el resplandor de las floraciones de un cítiso, había pasado ya dos semanas desde que había tenido la dicha de disfrutar de una salida improvisada con su novio, y sin embargo su buen humor aún estaba fresco entre las memorias de ese día.

Desde entonces, había pasado tres días encerrado, leyendo y haciendo reportes financieros de su empresa y, para el cuarto día decidió que era tiempo de salir y dar un paseo entre la delgada línea final del día y la noche.

Recordó como había chocado con un joven de cabellos castaños y rizados, y de sonrisa coqueta, por culpa de su distracción en su reloj; no negaba que en su rostro había encontrado cierta familiaridad con alguien y que por esa razón le nació la inquietud de buscar a su amigo de la infancia, sin embargo, no sabía cómo o por dónde empezar. Y ahora, ahí estaba, pasando de las cinco y cuarto, sentado en una banca a espaldas del bullicio veraniego, absorto en las floraciones de aquel sitio plagado de naturaleza, pensando en qué debía hacer para contactar a Aioros, pero, si era sincero, muy dentro de él había algo que le impedía iniciar su búsqueda ¿miedo? ¿pena? No sabía con exactitud, pero su pecho se agitaba al imaginar un encuentro con su amigo.

—Hola—

Reconoció la voz que lo saludaba tan amigable e inmediatamente deseó haber desaparecido de ahí.

—Lulo—

—¿Cómo estás Shura? — preguntó el menor animado de ver a Shura nuevamente por ahí.

—Bien, supongo —

—Creí que te habías ido ya de Atenas. No te vi en mucho tiempo por aquí —

—Solo me ausenté por unos asuntos de mi trabajo que tuve que atender—

—Ahh ¿En qué trabajas? —

Shura se giró para mirarlo con fastidio, por ahora lo que menos quería era iniciar una conversación como las veces pasadas. No entendía el afán del menor por platicar con él y su disgusto por aquel intento de iniciar una conversación se notó en el tono de su voz: perezoso y serio.

—Soy presidente en una empresa minera en Canadá—

—¿Y te gusta tú trabajo? —

—No me quejo—

Silencio. Un incómodo silencio se posó sobre ambos, en donde extrañamente el joven parlanchín y preguntón que había conocido al principio parecía estar conteniéndose en seguir hablando. Se preguntó Shura sí era debido a sus respuestas cortantes y perezosas o sí este había captado la indirecta de lo poco que le agradaba su compañía, como fuera el caso quizás estaba funcionando.

Después de largos minutos en donde Lulo incluso intentaba silenciar su propia respiración, habló.

—Shura—

—¿Sí? —

—¿Te causo molestia? —

—¿Qué? —

—Te pregunto ¿qué sí te soy molesto? La otra vez solo me dijiste que te era incómodo, pero realmente pienso que te molesto o te caigo mal. Quizás no fuiste sincero porque te di lástima. —

—Espera ¿qué? — La voz triste y tímida de Lulo le pareció inusual. Sus hombros se tensaron y de estar en una postura de total desinterés pasó a estar confundido y ligeramente interesado por la razón del reclamo —¿Por qué dices eso? —

—¿Y por qué no lo preguntaría? Hay que ser tontos para no entender la indirecta—

—Oh vaya—

Los sentidos de Shura se dispersaron por el lugar. Efectivamente se tenía que ser un tonto o muy ingenuo, y Shura lo creía así. Innegablemente el malestar de la culpa lo traicionó. No imaginó que algo que creía banal como su comportamiento desinteresado le afectara a un muchacho que apenas conocía, porque sí, todo se resumía a eso. No habían hablado lo suficiente y mucho menos eran tan cercanos como para que existiera un sentimiento de reclamo a su fastidio hacia el chico, pero, ahí estaban ambos.

Lulo al parecer se veía afectado por tal comportamiento, se veía triste y desolado, su mirada decaída y perdida en el grisáceo tono del pavimento, y sus manos presionadas contra sus rodillas.

—Lo siento mucho, solo quería ser tu amigo. Ya te lo había mencionado antes, y enserio que lamento mucho hastiarte con mi compañía, porque al fin de cuentas como lo dices: no nos conocemos... A veces los de mi edad suelen ser algo quisquillosos. — Levantó su mirada y solo ahí Shura pudo ver lo mucho que le afectaba esa situación. La pupila de su ojo descubierto estaba dilatada y el tono de su piel era más pálido de lo que le había visto en días anteriores, incluso sintió que algo más se escondía en aquella conversación.

Impulsado por la culpa y el vacío en su interior, decidió dejar su orgullo.

—Lo siento Lulo— dijo serio y con la mirada fija en el muchacho. —Como ves soy un adulto que tiene treinta años y pocas ganas de socializar le dan. Hacerte sentir mal con mi actitud, no era mi intención, sin embargo, admito que estoy consternado por la situación nuevamente y que la verdad el fastidio por estar así me ha ganado. —

—Pero entonces ¿no te caigo mal? —

Suspiró, sin pensarlo contestaría que sí, pero era que, pensándolo muy a profundidad, el muchacho no le caía mal, sino que era que su presencia le causaba un sentimiento al que no podía darle un nombre, sin mencionar que ciertas acciones le recordaban a su amigo de la infancia.

—No, solo que prefiero tener mi soledad intacta—

Inmediatamente el joven levantó su rostro con un brillo en su mirada y lo que parecía ser un rubor. No había dicho mucho como para causar una reacción así, sin embargo, pareció que tan solo el hecho de decirle "no" lo reviviera de un trance de tristeza.

—Y ¿podemos seguir siendo amigos? —

—Si, no veo el porqué no—

—Gracias Shura, no quería incomodarte, pero realmente quería saber si te era insoportable. Siempre que intento hacer amigos suceden cosas como esas, dicen que soy molesto o raro, un fenómeno—

"Fenómeno"

—¿Por qué dirían eso?—

—No lo sé, pero no importa, ahora te tengo a ti de amigo—

Shura quedó pensativo, ciertamente se identificó con el menor. Él había sufrido algo similar pero afortunadamente encontró a las personas correctas que lo apoyaron y lo quisieran por cómo era. Relajó su semblante y en una posición más cómoda y tranquila habló con el joven.

—Sabes, conocí a alguien que pasó lo mismo que tú, y lo admito, tú me recuerdas bastante a ese alguien—

—Pensé que dirías algo así como "sabes yo antes era como tú" —

—No— rio —Yo no podría llegar con alguien y hablarle tan cómodamente por su nombre y hacerme su amigo, sí, quizás recibía burlas sobre mi apariencia y me confundían con una chica, pero en definitiva, yo no tenía la seguridad y la valentía para hacer amigos—

—Eras entonces un chico muy lindo...— el suave susurro que salió del joven llamó divertidamente la atención de Shura, pero también causó un gesto de confusión. —No, digo, este, pues me imagino, no es que este justificada la acción, pero me imagino que debiste estar muy bonito para que te confundieran con una niña... debió ser bastante molesto—

A estas alturas el nerviosismo y el rubor en el joven, fue notado por Shura que solo prefirió reír y mover la cabeza muy sutilmente.

—Si lo era, pero no era nada comparado con las cosas que le decían a mi amigo, realmente no quiero entrar en detalles de eso, tan solo quiero decir que a pesar de todo él y yo nos hicimos amigos, sin importar las apariencias o los comentarios de los demás. Él y yo preferimos enfrentarnos a todos juntos, más él. Nunca mostró debilidad, pero siempre fue amable y cálido, y muy parlanchín y amistoso, creo que por eso mismo me recuerdas a él. —

Lulo miró asombrado la sonrisa melancólica y el cariño que albergaban las palabras del mayor, suspirando silenciosamente.

—Y... ¿qué pasó con tú amigo? —

—No lo sé. Lo dejé de ver cuando me mudé a Canadá—

Una pausa entre toda la palabrería y Lulo volvió a hablar.

—Deberían volver a verse y ser amigos—

—No es tan fácil. Le perdí rastro como él a mí, y han pasado años, las cosas no vuelven hacer como antes, además no sé dónde está, qué hace, sí sigue en Grecia; no sé nada de él. —

—¿Por qué no lo buscas? —

Shura levanto su rostro y dirigió su mirada al cielo mientras un rastro de tristeza se asomaba por esos ojos olivos.

—Por cobarde...—

Transcurrió un rato después de su última palabra, Lulo parecía estar inmerso en un mar de pensamientos mientras tenía la mirada perdida, por otro lado, él mantenía su concentración en la última vez que miró al griego, como este parecía querer decirle algo más y como al final nunca llamó a la casa del griego.

La mano fresca del menor se deposito en su ante brazo llamando su atención. Giró para verlo y notó el mismo brillo que minutos antes en su ojo.

—Shura, olvida eso. Sí fueron amigos él realmente querrá verte sin importar lo que haya sucedido en el pasado, si se molestaron o si perdieron comunicación. Estoy seguro de que él anhela volver a verte y contarte lo que ha hecho, ser amigos de nuevo. Sí sigue siendo como lo describes, no creo que tú amigo sea una persona rencorosa—

—Tal vez tengas razón, Lulo. —

—Yo siempre tengo la razón. Deberíamos buscarlo, puede que alguien más le conozca, y una vez que lo busquemos hay que ir con él para que vuelvan a ser amigos—

La emoción con la que el menor le contaba su especie de idea, lo contagió tanto que le motivó a decidirse por buscar a su amigo, probablemente y el joven tendría conocidos que pudieran darle una pista.

—Sabes que, me has convencido. Pero, no sé por dónde empezar—

—Casa... Su casa. Él vivía aquí no— se levantó dejando el brazo de Shura mientras señalaba al azar una de las calles cercanas —Podemos iniciar yendo a donde antes vivía, si tenemos suerte puede que ahí siga siendo su lugar de residencia—

—Podría ser. ¿Te parece ir conmigo mañana? —

—¡Si! —

Sonriendo, Shura se levantó y comenzó a caminar lejos de la banca donde apenas hace unos segundos reposaba en su amargura. No supo que fue lo que paso, pero la presencia del joven ya no le pareció tan incomoda. Camino con lentitud deteniéndose para mirar a Lulo.

—Y a todo esto ¿cómo se llama tu amigo? —

—Aioros Lazaridis—

El nombre resonó en la cabeza de Lulo mientras se quedaba de pie sin poder respirar. Su realidad colapso y en medio del aquel parque su cuerpo se tensó. El viento balanceo sus finos cabellos mientras su trance perduraba. Repitió por lo bajo el nombre y una extraña sensación sacudió su pecho. 

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