Orgullo y prejuicio
Estoy nerviosa, que va más que eso. He movido no sé cuántas veces mi pierna, revuelto mi cabello y me he tronado demasiadas veces los dedos de la mano tanto que ya no lo hacen más cuando lo vuelvo a intentar y solo llevamos media hora de camino. Se me estaba haciendo eterno.
Cada que volteaba a ver la ventana parecía que, en vez de avanzar, retrocedíamos y eso comenzaba a desesperarme un poco, más bien muchísimo.
Ares venía como si nada concentrado en la autopista frente a nosotros mientras la melodía de una canción inundaba en auto porque no me sentía tan confiada como para hablar, además de que es algo temprano y anoche no pude dormir por estar pensando en todas las posibilidades sobre lo que Max podría decirme que encontró. Después recordé que conocería a los padres de Ares y fue suficiente para no pegar un ojo anoche.
Me muevo en mi lugar por quinta vez porque parecía que no podía acomodarme bien. De repente sentía incómodo el asiento en el cual me había sentado miles de veces, pero era yo con demasiada tensión sobre mis hombros.
—¿Qué pasa? —me giro a verlo en cuanto habla, me observa por unos segundos antes de regresar la vista al frente.
—Nada.
Eres una mentirosa Calliope.
Shh.
—Así que nada, ¿eh? —dice y se mantiene un momento en silencio—. Si no tienes nada entonces, ¿por qué estás tensa?
Me quedo quieta en mi lugar y hago mi mayor esfuerzo para verme tranquila y relajo mis hombros.
—No lo estoy —medio sonrío diciendo una clara mentira.
—Lo estas —asegura.
—Que no.
—Callie.
—De verdad, no lo estoy.
—¿Estás nerviosa? —me observa y abro la boca para decir algo, pero me interrumpe cuando mira al frente— estarás bien, solo son mis padres no pasa nada, ya verás.
—Te dije que estoy bien —repito.
—Que terca eres —suspira.
Lo miro y este hace lo mismo, me rindo, no sirvo para mentir.
—Vale, si... puede que esté un poco nerviosa —admito apartándome el cabello del rostro— ¿no les molestará que pase esas fechas contigo? Es decir, es un día para estar en familia y tal.
—¿Por qué lo haría?
—No lo sé, no me conocen y que estes llevando una completa extraña a casa puede resultarles incomodo o molestarles —me encojo de hombros— ¿qué te dijeron cuando les dijiste que iría?
—Callie...
—Responde —lo interrumpo antes de que se desvíe de mi pregunta.
—Ellos están de acuerdo con esto, la cena será con varios de sus amigos así que no hay problema y no eres una extraña. Ya hablamos de esto.
—Para ellos si lo soy, no me conocen —digo tontamente sabiendo que son mis nervios los que están hablando por mi— además, que me digas que habrá más personas no me ayuda —hago una mueca.
En verdad que cuando menciono que algunos amigos y socios de su padre estaría presentes con sus familias porque en realidad la cena es una pequeña reunión, una parte de mí me atormentaba pensando que eso sería una fiesta enorme donde no encajaría.
—¿Qué puedo hacer para que te relajes?
—¿Eh? —su pregunta me desconcierta.
Me da una rápida mirada y no sé qué es lo qué trama porque sonríe mientras deja una mano en mi muslo. Lo acaricia haciendo leves movimientos despertando aquellas sensaciones de las cuales estoy bastante familiarizada cuando de él se trata.
—Ares —replico, pero eso parece no detenerlo cuando acaricia la parte interna de mi muslo haciéndome tragar lentamente— ¿qué haces?
—Vamos a quitar esa tensión y nervios.
—No creo que debas...
Mis palabras se atascan en mi garganta al sentir sus dedos moverse sobre la tela de mis jeans justo en la parte sensible que ahora está mojada.
—¿Qué no deba hacer esto? —pasa de nuevos sus dedos cortándome la respiración.
—Estás conduciendo —es lo único coherente que puedo decir cuando me está tocando.
Lo escucho reírse, triunfal sabiendo perfectamente lo que causa en mí. Como me pone con tan solo un leve toque.
Maldito efecto Ares.
—Puedo conducir con una sola mano —señala demasiado sereno.
Claro, mientras me quedo sin aire y él está como si nada. Suspiro intentando que su toque no me afecte.
Eso no sirve, estamos perdidas cuando se trata de él.
No contradigo a mi conciencia pues sé que es verdad.
—Pero tendrás que ayudarme —volteo a verlo preocupada apenas dice eso.
—No, concéntrate en conducir —con la poca fuerza de voluntad en mi cuerpo le tomo de la muñeca para que deje de tocarme y la aparto— intentaré leer un rato y eso me ayudará para despejar mi mente y no pensar en eso.
Estiro mi brazo para alcanzar mi bolsa donde deje un libro que he estado leyendo, pero Ares me toma de la muñeca impidiendo que mueva mi brazo.
—Mira —me muestra como efectivamente puede manejar con una sola mano—–¿ves? —alza las cejas comprobando que tiene un punto —. No pasará nada y sabes que de ninguna manera pondré en riesgo tu vida.
—Nuestras vidas querrás decir —aclaro y suelta mi mano.
Bajo mi brazo y ahora tendré que pensar en algo o bajarme algún libro en mi teléfono y dejar de pensar en todo por una maldita vez.
—Eso, entonces... —se queda pensativo y lo miro— ayúdame y desabróchate el pantalón.
—¿De verdad harás esto?
Lo miro con incredulidad y es que no podía ignorar que la idea me emocionada y el tan solo pensar en la posibilidad de él haciendo algo mientras está conduciendo me pone nerviosa, pero a la vez siento como la adrenalina corre por mis venas sintiendo curiosidad por lo que el castaño a mi lado tenía en mente.
—¿Me vas a dejar?
—No respondas mis preguntas con más preguntas —muevo la cabeza.
—Entonces es un sí para tu pregunta.
Me mira expectante y joder ¿porque quería que me tocara cuando estaba conduciendo? Esta mal y es peligroso.
Pero bien que quieres.
Maldición, por supuesto que lo hacía y esa sensación excitante estaba ahí, aunque quisiera ocultarla no podía.
Ares me da una larga mirada, esperando una respuesta de mi parte y antes de moverme hablo.
— Igual es un sí para tu pregunta —menciono y eso hace que su sonrisa crezca un poco más.
No podía negar que me excitaba un poco la idea, aunque no estaba muy segura de cómo iba a funcionar esto. Solo sabía que con Ares estaba teniendo demasiadas primeras veces y me encantaba.
—Entonces desabróchate el pantalón y bájalo un poco —indica.
—Nos verán —digo mirando hacia los lados, aunque transitan muy pocos autos a esta hora, no podía descartar la idea.
—Error, te verán a ti.
—Creo que eso no lo mejora.
—Confía en mi caramelo, nadie nos verá.
Suspiro ignorando las señales de alerta en mi mente diciendo que esto es una mala idea, literalmente podíamos morir o la policía podía detenernos por exhibicionismo en vía pública. No quería ir a la cárcel, pero ya es demasiado tarde cuando tengo mis jeans a medio muslo, rozando por debajo de mi culo.
Ares me observa y no sé cómo es que lo hace en cuanto comienza a acaricia mi entrepierna con dos de sus dedos rozando mis pliegues sobre la tela de mis bragas. Los movimientos son constantes y un poco lentos al principio, el juego empieza cuando corre la tela de mis bragas para adentrarse en mi humedad que lo recibe al instante.
—Separa las piernas —dice y yo lo hago tanto como en el espacio en el que estoy y los jeans me lo permite.
Ahora que tiene más acceso sus dedos se aventura dentro de mi hendidura acariciando y frotando en ciertos lugares, estimulándome.
No sé en qué momento me encuentro sumergida en la bruma de placer mientras sus dedos se mueven con habilidad sobre mi sexo una y otra vez enloqueciéndome. Dios, se siente tan bien que mi cuerpo se relaja dejándose llevar por sus estimulantes movimientos. Me muerdo el labio cuando quiero soltar un jadeo, cierro los ojos porque no quiero saber si alguien nos está viendo o no.
Tomo de su brazo aferrándome sus músculos para que de alguna forma ejerza más fuerza porque es lo que necesito en estos momentos.
—¿Te gusta Callie? —murmura con voz ronca.
—Si, sigue así —suspiro.
—Como digas, caramelo.
Sonrío entrecerrando los ojos y me agarro de la moldura de la puerta cuando aumenta sus movimientos y siento como me empapo cada vez más, el sonido de sus dedos rozando mi piel bajo la humedad resuena por todo el auto y el cosquilleo en mi vientre bajo es una clara señal de que se comienza a formar mi orgasmo.
Trago con dificultad, mi respiración es un asco y aprieto de nuevo los ojos al sentir los espasmos y echo la cabeza atrás arqueando la espalda cuando me libera y gimo su nombre un tanto alto al sentir el orgasmo llevarme entre sus brazos.
Mi respiración irregular es lo único que ahora se escucha y siento una leve capa de sudor en mi frente. Abro los ojos tomándome un segundo entender que acaba de pasar y en dónde.
Descanso mi cabeza en el respaldo y Ares saca los dedos de mi entrepierna para verlos brilloso lleno de mis fluidos. Me mira y como si nada se los mete a la boca haciendo que me quede sin aliento.
No lo hizo.
Oh claro que lo hizo.
Madre santísima.
Por más que lo vea haciendo eso creo que jamás me acostumbrare.
—¿Relajada? —pregunta después de unos segundos.
—Y ahora acalorada.
Suelta una risa.
—Eso se puede solucionar.
Lo miro y enciende el aire acondicionado. En ese momento me doy cuenta de que los vidrios de las ventanas se comenzaban a empañar y saber que he sido culpable de eso hace que me ardan las mejillas al instante. Ares se ríe y me acomodo los jeans un tanto incómoda por las bragas que están hechas un desastre. Arreglo un poco mi cabello como puedo e intento volver a respirar normal preguntándome qué diablos acaba de pasar.
Te relajaste, eso paso.
***
Juro que estuve a nada de dejar caer un poco de saliva cuando mi boca se abrió por completo al ver la impresionante estructura frente de nosotros. Madre mía. Mis ojos necesitaban algo de tiempo para presenciar todo lo que estaban viendo. Esto es exageradamente enorme.
Sabía los padres de Ares tenía dinero, pero no tanto como para pudrirse en él.
Como antes solo éramos amigos nos limitábamos en vernos en la escuela, salir y demás cosas, pero siempre hasta ahí y nunca se cruzó la línea de las familias, aunque mi mamá sabía de su existencia y por lo que ha dicho sus padres también saben de mí. Pero hasta ahí. Sé que su padre es abogado y le va bastante bien, tiene su bufete en la ciudad y su mamá lleva varias organizaciones de caridad, aunque la mayoría del tiempo está con su familia. Lo que no sabía era esto que esta frente de mí, jamás he ido a su casa, pero esto es enorme.
Ya cierra la boca.
Tomo una boca de aire mientras un señor y una señora nos reciben en la entrada saludándonos a modo de bienvenida, ambos vestidos de negros de pies a cabeza y toman enseguida nuestro equipaje. Veo que Ares le da la llave de su auto mientras le agradezco amablemente abrazándome a mí misma ya que está bastante frío, que si bien no había nieve el cielo esta gris y el clima helando.
—Vamos —descansa una mano sobre mi espalda haciendo que camine adentrándome a la enorme construcción frente a nosotros.
Porque esto era todo menos una cabaña.
La estructura de tres pisos de madera, ventanales enormes con marcos negros y paredes con acabados en piedras me intimida por un momento.
Apenas atravesamos la enorme puerta de madera, mis ojos recorren toda la sala. Caminamos por el amplio recibidor y tengo que alzar la vista para ver la enorme lámpara colgante del techo, frente a nosotros se puede ver un área abierta donde se encuentra la sala de estar que es enorme con sofás en color gris y la decoración en tonalidades cálidas, blancos y algunos pequeños toques de negro haciéndolo lucir elegante.
Todo se ve tan impecable y ordenado, resaltando el toque elegante en cada rincón que si bien luce pulcro y limpio eso no quita que se pueda combinar con la madera de los pisos y de algunas estructuras.
Escucho las pisadas que hacen que nos detengamos antes de entrar a la sala de estar. La mamá de Ares camina hacia nosotros que apenas nos ve sonríe ampliamente y detrás de ella viene su esposo.
—¡Llegaron!
La mujer que debe ser un poco más baja que yo, lleva el cabello castaño casi rubio que le cae por los hombros en hondas perfectamente hechas, luce joven y elegante con su traje de dos piezas de pantalón y suéter de punto en color azul marino y una blusa blanca de cuello alto. Mocasines negros a juego y el maquillaje impecable, no paso por desapercibido los accesorios de oro que debe ser de algún diseñador, al igual que su joyería y el reloj que mantiene en su muñeca.
Puedo ver de dónde ha heredado Ares los ojos del color tan azul como el cielo ya que en ella resaltan demasiado, parece tener la misma nariz y la sonrisa que a veces el castaño muestra.
Me pongo un poco nerviosa y el aroma fuerte de su perfume inunda la estancia enseguida conforme se acerca.
—Bienvenidos, ¿cómo estuvo el viaje? —se detiene frente a nosotros sonriendo y su esposo se posiciona junto de ella.
Un señor que si bien debe estar en sus cuarentas se conserva demasiado bien, su figura ancha se ve debajo de la camisa blanca y el suéter beige que lleva junto con un pantalón de vestir azul y zapatos perfectamente lustrados. El cabello peinado hacia atrás y es de un castaño oscuro que hace contraste con su piel pálida y ojos cafés y es un poco más bajo que Ares. Enseguida veo algunas de las facciones que tiene el castaño en su padre y él parecido es como si puede ser ver a Ares en un par de años. De igual forma que su esposa lleva un reloj que debe costar más que todas mis pertenencias juntas.
—Estuvo tranquilo —termina diciendo Ares y me voltea a ver con complicidad.
Siento un leve rubor inundar mis mejillas y aparto la mirada recordando lo que hizo para que estuviese tranquila.
La señora Hooley se acerca para saludar a su hijo dándole un abrazo y Ares se tiene que agachar un poco, su mamá le planta un sonoro beso en la mejilla haciendo que este ruede los ojos. Se aparta y su madre le pasa una mano quitándole la pelusa a la sudadera beige que lleva.
A comparación de ellos, Ares y yo vamos bastante informales con jeans y sudaderas.
—Ella es Callie —me presenta el castaño una vez que su mamá me observa detenidamente mientras formo una sonrisa nerviosa.
A secas.
Bueno pudo ser peor.
¡No seas conformista!
Fue directo, no me estoy conformando, ¿bien?
¡Te estás conformando!
No lo hago. Solo estoy diciendo que pudo decirme amiga cuando estamos en una situación complicada... relación complicada o lo que sea. Todo esto es complicado.
Me mantengo erguida mientras le sonrío haciendo como que no se me va a salir el corazón del pecho. No me gustan las presentaciones y menos cuando tengo a todos observándome.
—Un gusto señora Hooley —estoy a nada de extender la mano cuando la mamá de Ares se inclina hacia mí.
Me toma de los hombros y me saluda dándome un beso en la mejilla antes de abrazarme. Sorprendida, imito su gesto dejando mi mano en su espalda.
—Dime Meg, querida —me suelta y sonríe ampliamente.
Asiento regresándole el gesto y me volteo hacia el padre de Ares.
—Es un placer que nos acompañes para las celebraciones Calliope —habla este serio y lo miro aun con los restos de mi sonrisa.
—Gracias por la invitación señor.
—No hay de que —asegura subiendo levemente las comisuras de sus labios y se voltea hacia su hijo— ¿todo bien?
Extiende la mano hacia Ares y este asiente, la toma y le da una palmada en la espalda a modo de saludo.
Intercambia un par de palabras que no escucho y se apartan.
—¿En dónde está Eros? —habla el castaño a mi lado y su padre suelta un suspiro.
Su mamá grita el nombre de su hermano menor que llega a la sala dando largas zancadas enseguida. Él nos observa y lo veo masticar un par de veces antes de hacer una bomba con su chicle y explotarla frente de todos. Juro que por un segundo vi la cara irritada de su padre y el suspiro de su mamá.
—¿Qué? —dice observandolos.
—Saluda tu hermano y a nuestra invitada —indica Meg amablemente y rueda los ojos.
Se acerca a Ares dándole un leve saludo y es como ver una versión joven de Ares solo que con ojos castaños y unos centímetros más bajo, al igual que su complexión es un poco delgada a comparación de los músculos de Ares. El paso del acné en su piel es una señal de que está en la pubertad, eso no le quita el atractivo pues tiene los rasgos finos, se parece más a su mamá y Ares a su papá.
Después de saludar a su hermano, me mira como si fuese un trozo de carne y él un animal hambriento, al punto de pasarse la lengua por el labio superior y caminar hacia mí. No voltee a ver, pero si escuche a mi lado como Ares maldecía.
—No tenemos tu tiempo —habla Ares y lo miro.
—¿Es tu novia? —alza las cejas en mi dirección y casi me atoro con mi propia saliva.
También quiero saber eso.
Basta.
Abro la boca para decir algo, pero Ares me interrumpe.
—No tienes por qué contestar eso —se apresura a decir— Callie él es Eros, mi hermano menor —nos presenta de manera rápida.
—Ni tan menor —me guiña el ojo y se acerca para saludarme de beso en la mejilla.
Solo hago lo mismo de manera rápida y me sonríe coqueto mientras alzo levemente las cejas conteniendo las ganas de reír. Ares parece darse cuenta porque lo escucho gruñir.
—Un gusto Eros —digo cuando se aparta.
Se que es dos años y meses menor que él porque lo que debe tener diecinueve o a punto de cumplirlos.
—Ares —habla el señor Hooley— muéstrale la casa a Callie y la habitación en donde se quedará. Tengo que salir, pero volveré para resolver el asunto que Ares me comento —me mira y asiento levemente— siéntete como en casa.
—Gracias.
Meg y Eros se van a no sé dónde y Ares hace que lo siga. Caminamos por un amplio pasillo, nuestros pasos resuenan sobre la madera y el olor a pino está por todos lados. Veo que la mayoría de las paredes son de piedad y que tiene demasiados ventanales iluminando cada rincón de la casa.
Me muestra la sala de estar donde cuelga un candelabro y hay una chimenea frente a los sofás, una pequeña biblioteca, todo es demasiado amplio y espacioso con techos enormes. Pasamos por la cocina donde hay dos señoras de negro haciendo comida y huele a canela y pan recién horneado de calabaza del cual nos dan a probar. Seguimos hacia el comedor principal que tiene un enorme ventanal que deja una bella vista del campo y los árboles, pinos que, si bien no tienen muchas hojas y algunas de ellas están en diferentes tonos de naranja, se ve hermoso. Una larga mesa se extiende por el lugar, una chimenea con una alfombra a juego con las sillas y la mesa en tonos gris y de madera.
Salimos haciendo que me abrace a mí misma por el frio que nos impacta y me señala cuál es la caza de huéspedes, hay una piscina que está cubierta ya que el clima no es el mejor y una terraza del otro extremo. Este lugar es enorme.
Subimos las escaleras que están al final del pasillo y miro todo atentamente. Caminamos y veo qué hay un espacio abierto donde se puede ver parte de la planta baja justo en la entrada donde cuelgan unas lámparas en forma de esferas enormes plateadas. Veo marcos de algunas fotos familiares en una pequeña área con sofás y una televisión, tienen pinturas de paisajes y algunas esculturas.
Todo aquí parecía sacado de una revista de hogar y decoración.
—La segunda planta son habitaciones y está el despacho de mi padre, esa —señala una puerta de la derecha para seguir caminando—es la habitación de mis padres, la de Eros, dos para invitados y nosotros estamos de este lado.
Me indica que camine y arrugo un poco las cejas por ese nosotros.
Sigo caminando, viendo la decoración que si bien es elegante tiene un toque de calidez.
—Esas son otras habitaciones, el cuarto de juegos, donde hay también una sala para ver películas.
—Vaya esto es enorme —comento caminando detrás de él.
Me voltea a ver y abre una puerta.
—Te quedarás aquí —indica caminando dentro y lo sigo.
Me quedo impresionada por la enorme habitación, como todo aquí. Una cama queen se encuentra con un sin fin de almohadas y cojines, sábanas blancas con una manta gris encima. El piso de madera lo cubre una alfombra blanca, hay una cómoda enorme frente a la cama, un televisor, junto a la puerta un espejo de cuerpo completo y mesitas de noche a ambos lados de la cama. Un pequeño sofá con una lámpara y lo que llama mi atención es la ventana que tiene una bonita vista hacia el bosque.
—Es demasiado... grande y bonita —digo una vez que he visto todo.
—La cena es dentro de un par de horas, puedes descansar un rato si quieres —habla y asiento— mi habitación es la segunda puerta de la izquierda después de la sala.
—¿Qué hay de la primera?
—El baño.
Asiento sonriendo.
—Gracias Hooley.
—¿Quieres ver?
Me quedo por un momento pensando e interpretando lo que ha dicho y asiento.
Caminamos dos puertas más pasando por otra pequeña sala de estar y Ares abre la puerta del final del pasillo. Si pensé que mi habitación es enorme, esta es inmensa.
Una de las paredes está cubierta de ventanas que dan frente a la enorme cama. La decoración es simple todo luce impecable y los muebles son de madera oscura. Tiene un baño, un armario, cuadros de paisajes, hay un balón de fútbol americano y algunos libros con revistas.
—¿Vienen seguido aquí? —me siento en la cama viendo todo.
—En ocasiones especiales, un par de veces al año.
Asiento comprendiendo, su teléfono suena y lo revisa.
—Mi padre quiere verte antes de la cena —menciona observándome detenidamente.
—Está bien.
—¿Segura?
—Si, tengo que hacerlo.
Ares no aparta sus orbes azules de mí y suspira comprendiendo.
—Bien, ¿quieres ver el resto?
—¿El resto? —no escondo la sorpresa en mi voz.
—Falta un piso —informa.
Dios bendito.
—Claro.
Salimos y en ese último piso hay un área abierta con sofás frente al ventanal enorme, una biblioteca con la misma vista, otra oficina y un estudio con algunas pinturas.
—Son de mi mamá, a ella le gusta pintar... a veces —comenta siguiendo mi curiosa mirada que está en todas partes.
Hay pinturas preciosas, unas pequeñas y otras en lienzos bastante grandes, materiales para pintar de todo tipo esparcidos por el lugar. Mis ojos se detienen en un paisaje verde que se encuentra sobre un caballete, aún no está terminado y ya es hermoso.
—Es muy talentosa —lo miro y luego veo otros más, tienen diferentes iniciales en la firma— ¿de quién es este?
—De Eros, pero no le digas que te traje aquí o se pondrá furioso.
—Dios mío son demasiado talentosos, ambos lo son —menciono volteando a verlo— ¿tú lo has hecho?
—Me obligaron en algún punto de mi vida, pero no se me da tanto como a ellos —explica— me gustaba más estar afuera con un balón.
—¿Hay algo aquí tuyo? —curioseo.
—No, eso fue hace años —apunta.
—Ya veo.
—Vamos antes de que Eros se entere que estamos aquí.
Salimos y me regresa a mi habitación, se va cerrando la puerta y yo suspiro viendo todo a mi alrededor procesando en donde estoy.
***
El señor Hooley inicia la grabación mencionando el día, la hora y lugar en el que nos encontramos, su nombre y luego el mío con mi información. Antes de esto hemos hablado sobre lo qué pasó y para dar mi declaración me comentó que necesita ser grabada y documentada por lo que comenzaríamos y lo haríamos hasta que estuviese todo cubierto.
—Calliope, te haré unas preguntas y tendrás que verbalizarlas —menciona mirándome detrás de los lentes que se ha puesto antes de que iniciáramos esto.
—Está bien.
—Necesito que me describas los hechos, de principio a fin sin omitir nada.
Suspiro y empiezo a contarle todo, cada parte desde que llegué a la casa de Rhett hasta el día siguiente que desperté en su habitación, digo nombres y lugares donde estuve. Todo lo más específico que puedo y hasta donde puedo recordarlo. El me hace algunas preguntas cuando necesita clarificar un hecho en específico y respondo sin titubear.
Me pregunta si tenía algunas marcas en mi cuerpo y niego, le había mencionado que no existían pruebas como tal porque es como si no me hubiesen hecho nada cuando paso y me dijo que no me preocupara, sacaríamos adelante la orden de restricción.
Nos toma más de una hora la declaración y le envío las pruebas que me realice. Llenamos algunos papeles necesarios para seguir con el procedimiento y dice que esto quedará a más tardar la próxima semana. Tendré que ir a la ciudad solo para declarar y poner la orden de restricción, el señor Hooley me dijo que Ares puede hacerme el favor de llevarme. Me sudan las manos de los nervios, sentía que el lugar se hacía un poco pequeño, hostigándome porque volver a recordar todo me había puesto mal. Termino con el estómago revuelto, pero aun así le agradezco que se tome el tiempo con todo esto.
—No hay de que, eres amiga de Ares de todas formas, cualquier cosa que necesites sabes que puedes decirlo —asegura serio.
—Es muy amable de su parte.
—Cualquier cosa que llegues a recordar o que sepas házmelo saber con Ares.
—Por supuesto.
Enseguida recuerdo que Max tiene algo que decirme y no quiero hacerme ideas, pero mi mente ya lo estaba haciendo desde que me envió el mensaje.
La puerta se abre y la mamá de Ares asoma la cabeza.
—¿Ya han terminado? La cena estará lista en una hora.
—Justo a tiempo —dice el señor Hooley levantándose y hago lo mismo sonriendo un poco.
Meg abre la puerta para que pueda salir y me despido con una amable sonrisa antes de caminar hacía mi habitación.
Para la cena elijo algo simple ya que solo seremos nosotros cinco. Un jersey café con jeans negros y mis botas. El cabello me lo recojo en una cola alta con leves hondas, un poco de maquillaje y estoy lista. Acomodo el collar que me ha dado Ares para que se vea sobre el jersey y me pongo unos pendientes pequeños de aro, ajusto el anillo y escucho dos toques en mi puerta.
Le digo que pase y Ares entra, lleva un suéter de lana negro pegado a sus músculos con unos pantalones de vestir y zapatos del mismo color. No entiendo cómo puede verse tan elegante y sexy a la vez. Sobre todo, no sé cómo es que siempre se ve asi sin esforzarse.
Porque el modelo frente de mi tiene esa belleza natural porque la confianza es algo es esencial para la forma en la que...
—Cierra la boca —interrumpe mis pensamientos.
—No tenía la boca abierta tonto.
—Si lo hacías.
—Te ves bien —ignoro su comentario y se acerca a mí.
—Igual tú, caramelo —me toma de las caderas atrayéndome hacia su cuerpo.
Su perfume impacta en mis fosas nasales y sonrío sin poder contenerme. Conozco ese movimiento y solo me pongo de puntitas inclinándome hacia él para unir nuestros labios en un beso lento. Me toma de la mandíbula y mis manos atrapan la tela del suéter acercándolo a mí. Cierro los ojos moviendo la cabeza mientras abro mis labios para darle mayor acceso y que su lengua entre por mi cavidad bucal.
Suspiro en medio del beso cuando su mano baja hacia mi culo apretándolo un poco, gimo dejándome llevar por unos segundos, pero me aparto sin querer hacerlo al recordar donde estamos.
—Tenemos que bajar —murmuro aún cerca de su rostro.
—¿Enserio quieres ir allá abajo? —me mira alzando las cejas.
—Ares, estamos aquí por algo, además... nos pueden ver —menciono yendo hacia la puerta— somos amigos ¿no?
Parece que aquellas palabras lo ponen a pensar y solo asiente dirigiéndose en silencio hacia la puerta.
Salimos y Ares toma su distancia. Bajamos dirigiéndonos hacia el comedor principal, apenas llegamos todos están sentados y murmuro una disculpa mientras me siento junto a Ares.
—No te preocupes Callie —sonríe Meg amablemente— aun no empezamos.
Barón está en la punta de la mesa y del otro lado su esposa con Eros, todos vestidos elegantes pero de una manera casual y discreta.
Miro frente de mi la comida, todo se ve delicioso y hay una enorme variedad de cosas. Dos personas llegan y comienzan a servirnos, traen vino y agua sirviéndola en las dos copas que tengo junto.
Cuando se retiran el padre de Ares hace un ademán para que comencemos a comer. Al primer bocado compruebo que todo está delicioso y se deshace en mi boca. Meg menciona que ha hecho la carne y el puré de patatas. Su familia y yo la alagamos porque todo esta exquisito, tanto que pido una segunda porción de la carne.
—¿Qué estudias Calliope? —se dirige hacia mí el padre de Ares cuando hemos casi terminado.
—Historia del Arte —me volteo hacia él dejando los cubiertos sobre la mesa— mi padre es profesor y estudió lo mismo.
—¿Y tú madre? —indaga cortando aun su comida.
—Es psicóloga.
Asiente serio.
—¿No les molestó que pasaras la festividad fuera?
—Oh no, está bien para ellos —digo, sigue observándose asi que continuo— están divorciados y pasar las fiestas con ellos siempre es doble celebración, asi que no tienen problema.
El rostro del padre de Ares cambia con mis palabras y no logro interpretar su expresión seria.
—Nos gusta tenerte aquí Calliope —comenta Meg.
—Gracias por la invitación Meg.
—Cuando quieras querida —me sonríe amablemente y le devuelvo el gesto.
—¿Qué planes tienes después de la universidad? —de nuevo la voz de Baron me hacer verlo.
Tomo aire porque era algo que no sabía, no tengo un plan como tal para mi futuro. Creo que nunca lo hacía y no era algo que me molestara.
—Pensaba trabajar con la revista en la que actualmente estoy —menciono intentando responder su pregunta.
—Así que trabajas —apunta y asiento— ¿estás en el programa de becados?
—Si, entre con una beca ya que papá conoce algunas personas y hace poco empecé a trabajar en esta revista de historia, aunque he estado en los veranos y ayude hace un año con una pequeña investigación.
—Vaya, por experiencia laborar no paras Callie —alude Meg y me encojo de hombros.
—Si bueno... me gusta tener mi propio dinero y no molestar a mis padres con eso.
—¿Por eso te quedarás en la revista? —cuestiona Baron dándole un trago a su copa.
—Ese es el plan, aunque falta un año y medio para eso, las cosas pueden cambiar —comento tomando un poco de agua.
—Disculpa a Barón le gusta saber todo de todos —Meg voltea hacia su esposo y niego.
—Está bien —medio sonrío.
Seguimos comiendo y entre ellos intercambia un par de palabra, Meg conversa con Ares y hay una pequeña pelea entre los hermanos que me causa gracia.
—¿Ya tienes todo para irte? —esta vez Baron se dirige a su hijo—. Espero que seas consciente de que esto es algo grande Ares.
—Ya está todo listo y lo sé —comenta el mencionado.
—Para que no lo arruines con tus...
—Baron —lo interrumpe Meg poniendo una de sus manos sobre la de él— creo que no es el momento de que hable sobre esto aquí.
—Solo le recuerdo que tiene que hacer las cosas bien esta vez.
Ares aprieta la mandíbula y de reojo veo como sus manos forman un puño sobre su pierna.
—No hace falta que me recuerdes lo que ya se —suelta serio.
—Has cometido errores antes y no quiero que esto lo eches a perder de nuevo —apunta su padre con severidad— tienes el ojo de varias personas importantes sobre ti.
Puedo notar como Ares ha cambiado sus facciones conforme escucha las palabras de su padre y me remuevo en mi silla un tanto incomoda.
—Una vez, eso sucedió una vez y no lo puedes dejar en paz —espeta molesto y sé que se está conteniendo para no alzar la voz y explotar.
Mis ojos lo miran queriendo que voltee a verme, pero no lo hace porque está bastante ocupado mirando a su padre.
—Ha sido suficiente para poner nuestro apellido por los suelos —comenta con frialdad dejando los cubiertos sobre la mesa—. Deberías de intentarlo.
Aquellas palabras hacen que Ares niegue soltando una risa sin gracia.
—Lo hago, pero para ustedes no es suficiente nunca —toma la copa de vino y se toma un gran sorbo.
—Tienes que hacerlo mejor.
—Eso hago —gruñe terminando con todo el líquido.
Meg carraspea y mira a su hijo que se enfrenta mediante miradas molestas con su padre.
—Ares, tu papá solo quiero lo mejor de ti, no es que no te creamos capaz —comenta con suavidad—. Lo eres.
—Parece todo lo contrario.
Aquellas palabras hacen que su hermano baje la cabeza hacia su plato, el cual no se ha atrevido a decir nada. Meg arrugar las cejas y el padre de Ares se mantiene con su semblante serio.
—Me esfuerzo lo suficiente y hasta más como para que ustedes mencionen aquello que ya enterré hace tiempo —dice furioso—. Ya sé que cometí un error, pero eso no quiere decir que volverá a pasar, se lo mucho que les importa lo que piense el resto y que seamos una maldita familia ejemplar —alza la voz y puedo ver como se le remarca la vena del cuello—. Lo sé y hago lo mejor para que no tengan que volver a pasar por eso otra vez. De verdad que lo hago, pero nunca lo ven.
No espera que alguien más diga algo porque se levanta de la mesa dejando sobre el plato la servilleta de tela y se va sin mirar a nadie.
Los presentes están callados y me pierdo sin saber exactamente de qué habla, puedo sentir la tensión en el ambiente, la cara de decepción de su padre y aquello me da un tirón en el pecho. Seguramente se trata del porque lo expulsaron y eso es algo que él no me ha dicho, pero lo conozco.
Suspiro reuniendo un puñado de coraje para hablar.
—Ares... hace su mayor esfuerzo para que todo salga de acuerdo con su plan —digo haciendo un esfuerzo para que no me tiemble la voz— siempre se está preocupando de lo que dirá o hará porque a le importa su opinión y mucho —miro primero a su madre que tiene el rostro preocupado y su padre está serio—. Siempre está dando lo mejor de él y hasta más, pero no lo ven porque se enfocan únicamente en sus errores y su pasado.
—Calliope no creo que debas hablar sobre Ares sin saber lo que ha hecho antes.
—Tal vez no, pero se lo que es ahora —digo de la forma más tranquila que puedo—. Él es una de las personas más amable, atenta, cariñosa y perseverante que he conocido en mi vida, es extremadamente dedicado y sé que podría confiar en él, Ares es demasiado respetuoso y parece que no lo saben. Es su hijo no un maldito trofeo que pueden estar presumiendo —me molesto y tengo que contenerme para no alzar la voz—. Se irá porque así lo quieren y una parte de él también lo hace, pero la otra es por ustedes. Dejen de compararlo y reclamarle lo que ya pasó porque está dando más de lo que debería y ustedes no lo están valorándolo.
—No puedes venir y hablar de esa manera como si conocieras a mi hijo, no dirías lo mismo si realmente supieras porque lo expulsaron —de nuevo interviene Baron.
—No es necesario, sé que las personas cometen errores, pero no por eso deben de recordarlo cada que tienen una oportunidad —reclamo—. Él lo dijo, eso quedó enterrado y si él pudo dejarlo ir, ustedes también. Siempre busca ser lo mejor, no se mete en peleas porque saber que si lo hace se le vendrá todo encima —suspiro— si juega es por algo, de alguna forma tiene que sacar todas esas frustraciones que le han dado. ¿Saben lo horrible que se siente no ser suficiente? ¿Dar demasiado y que aun así no sea suficiente? —se me quiebra la voz y siento que la vista se me nubla—. No espero que lo entiendan ahora, pero es su hijo, un ser humano que siente al igual que ustedes y por el cual no pueden decidir toda su vida.
Tomo una bocada de aire porque no había sido consciente de que me estaba conteniendo.
Ambos me observan serios y se me escapa un sollozo.
—Con permiso.
Me levanto con las piernas temblorosas sin saber de dónde diablos me he sacado todo eso, pero es que me ha molestado demasiado que hablaran de él de esa forma.
Voy a hacia el pasillo para subir las escaleras, pero mi cuerpo choca con una persona que hace dar un paso atrás, pero me regresa tomándome de los hombros y me abraza.
Maratón 1/3
Gracias por leer la historia de mis castañitos, por comentar que me divierten muchos sus comentarios, en fin gracias por todo y espero les gusten estos capítulos que a mi me emocionan mucho.
Nos leemos mañana(:
Hxx