"Al descubierto"
OCTAVIO
Varias semanas después...
Entierro la daga en el abdomen bajo de mi contrincante, derribándolo en el suelo; donde caigo yo junto a él enterrando aún más la daga en su cuerpo y removiéndola con rabia dentro de él para infringir más dolor y hemorragia.
En tanto el mismo se retuerce como gusano bajo mi ataque, mientras sangre y sangre mana de su herida.
El disparo que avisa el final de la pelea truena en todo el lugar, haciendo que las puertas de la jaula se abran automáticamente, y aumentando el bullicio de la gente que apuesta afuera.
Me levanto del suelo, sacando la daga del cuerpo del sayón, haciéndolo arquearse de dolor una vez más; dejándolo débil y vulnerable, pero vivo. Con suerte, si llega a tiempo a un hospital logrará salvaguardar su vida un tiempo más.
Tomo la toalla que me tienden al salir de la jaula, y con la misma me limpio el sudor de la frente y el cuello, para luego limpiar la sangre que aún mancha la daga en mi mano.
Entro al cuartito de las armas, en el mismo donde nos cambiamos, con la intención de lo mismo antes de pasar a recoger mi dinero.
Tomo otra toalla con la cual me seco el torso y parte de la espalda, antes de tomar mi camiseta y pasarla por encima de mi cabeza. Pero entonces escucho el chirrido de la puerta al abrirse, haciendo que me gire repentinamente por inercia en esa dirección.
Encontrando a nada más y nada menos que a Viggor...
Adopto una actitud defensiva rápidamente, volviendo a echarle mano a la daga por si tengo que atacar, pero este levanta ambas manos en señal de paz.
—Tranquilízate viejo —dice aún con sus manos arriba, en tanto yo entorno mis ojos, mirándolo con sospecha y desconfianza.
—¿Que diablos quieres, ¡maldita sea!? —me exalto, ya que últimamente parece un grano en el culo el mal parido. —Más te vale que te largues ya de aquí, porque si no, no respondo por como puedas terminar.
—No sabía que te alteraba tanto mi presencia —le hace caso omiso a mi advertencia; bajando sus manos y dando varios pasos hacia adelante con tranquilidad, tocando la punta de algunos de los tantos filosos cuchillos que reposan sobre una mesa, analizándolos. —Vengo en son de paz, y con una tentadora propuesta —habla luciendo extremadamente relajado e imperturbable, cosa que consigue enojarme aún más. En tanto toma una de las armas blancas y se pone a jugar con ella entre sus manos.
Yo en cambio no me relajo en ningún momento; al contrario, me mantengo más atento y expectante que nunca ante el más mínimo de sus movimientos. En tanto mi mandíbula se mantiene tensa y mi mirada indescifrable.
—Habla —pronuncio con evidente desdén y recelo.
—Aún tengo ganas de seguir jugando contigo —me mira —Ya sabes, seguirte torturando de diferentes maneras, infringirte todo el daño que causaste, etcétera —lanza la letal almarada que lleva en su mano al aire, volviéndola a atrapar entre sus manos sin apartarme la mirada. —Pero pensé, ¿Por qué ser tan cruel y no darle la oportunidad de salirse de todo esto?...
—Llega ya al maldito punto —lo interrumpo con hastío.
—Te ofrezco un duelo...
—¿Que demonios...
—Quiero que tengamos una pelea de vida o muerte en una de las jaulas —pausa —Sin ningún tipo de armas —suelta sin más, dejándome con el ceño fruncido y en total silencio por un largo tiempo, analizando todo.
—¿A cambio de qué? —hago la pregunta después de un tiempo de absoluto silencio, y de solo miradas desconfiadas y recelosas.
—Es un duelo a muerte por Dios —expresa con evidente sorna, como si fuese la cosa más fácil de entender del mundo y yo no consiguiese hacerlo. —Si me matas te libras de mí; tu vida volverá a ser normal, sin ninguna preocupación de que te vallan a atacar por la espalda. Y lo mismo conmigo. —se pone serio de golpe. —Si te mato, disfruto el sabor de la victoria y cumplo mi sueño de verte aplastado.
Entorno aún más los ojos, como si no creyese una mierda de lo que sale por su boca
—¿Qué me garantiza que si te mato ya no habrá alguien más queriéndome bombardear el culo?. Recuerdo haberte escuchado una vez decir que ya tienes un tal sucesor —pronuncio la última palabra con burla.
—Lo sé, lo sé. Pero descuida, esa persona respetará el trato sea cual sea el resultado final. Solo te queda confiar en mi palabra.
—¿Qué me asegura que no tienes un haz bajo la manga con todo esto ah?. ¿Qué me asegura que no moverás todas las fichas a tu favor, para que sí o sí seas tú el ganador de esa maldita pelea?. —dejo en evidencia mis dudas y desconfianza plena hacia él.
En tanto este se mantiene sereno, y firme en su posición. Y después de unos segundos se termina encogiendo de hombros sin más.
—Como ya te dije tendrás que confiar solo en mi palabra. Y si no lo quieres hacer, pues crea tú también tu propio haz bajo la manga, y mueve tus propias fichas —hace un gesto con el rostro, como si fuese lo más sencillo del mundo. —¿O qué, tienes miedo?, ¿Acaso estás seguro que no puedes contra mí?.
Lo fulmino con la mirada, lanzándole una última mirada de desconfianza antes de soltar:
—Acepto. El viernes al inicio de la madrugada será. —salgo del cuartito sin esperar respuesta, aún con la bermuda deportiva que usé en la pelea salpicada de sangre puesta.
SHIARA
Hace una semana que salí del hospital, luego de convivir al menos dos semanas allá.
Ya me encuentro un 90% recuperada, ya que el hacer algunos movimientos bruscos aún me causan ciertas molestias, y aún algunos hematomas y cicatrices siguen siendo apenas visibles en mi rostro y partes del cuerpo.
Mamá y papá insistieron e insistieron en que vuelva a casa con ellos, y pues no me quedó otra alternativa. Además qué, en mi estado no estaba como para negarme a tal propuesta.
Por otro lado, Octavio ha estado muy al pendiente de mí, a pesar de que aún sigue un tanto distante por la última discusión que tuvimos y mi exigencia a por respuestas. Pero es algo que realmente no me importa al saber que obtendré lo que quiero desde hace ya mucho tiempo, respuestas.
Las respuestas del por qué de todo este alboroto.
Escucho la puerta de mi habitación abrirse, haciéndome girar la cabeza ante el sonido que la misma produce.
Captando el serio y ojeroso rostro fantasmal que se asoma por la misma, para luego entrar en la habitación con la misma expresión de alguien cansado de la vida. Pega su espalda a la puerta cerrando la misma, y desde allí me contempla sereno.
Lleva puesto una franela negra desmangada, unos jeans ajustados del mismo color con uno que otro agujero, y unos nike a juego. Todo su sombrío aspecto hace juego con su revoltoso cabello (el cual ya exige un corte), sus ojos, y las bolsas negras que adornan los mismos.
—Tienes que descansar —le repito por décima vez en la semana, con voz preocupada.
Y es que no sé qué demonios es lo que hace todas las noches, que solo regresa hasta el amanecer aún más cansado y ojeroso, y con un moretón más que el día anterior. Sin embargo, no le he querido preguntar para que no se sienta más hostigado de lo que está, pues ya he notado varias veces que odia que lo cuestionen.
Me preocupa su estado, me preocupa su salud, me preocupa que vaya a contraer alguna clase de enfermedad por no cuidarse como se debe, pero no consigo que me haga caso cada vez que le pido que descanse o coma algo.
Octavio no se inmuta en responderme, sino que suelta un bostezo perezoso y da dos pasos al frente, quitándose los zapatos con un punta pie y dejándolos tirados en el suelo. Para luego lanzarse a la cama cayendo justo a mi lado, haciendo que la misma rebote ante el impacto.
—¿Dónde estabas? —le pregunto intentando no sonar exigente. Pero este en vez de responder a mi pregunta suelta un gruñido ronco y se gira en la cama, rodeando mi frágil cuerpecito con su pesado brazo y escondiendo su cabeza en mi pecho apagándose a mí, por un momento tomándome por sorpresa.
No me quejo ni mucho menos me muevo, sino que me quedo inmóvil por un momento, hasta que poco a poco me relajo ante su cercanía y el calor que emana de su cuerpo.
Alzo una mano con un poco de nerviosismo, con la intención de acariciar su cabello, pero con la incertidumbre latente de si se molestará o no. Ya que como dije antes, esta semana, a pesar de permanecer atento conmigo, ha estado un poco más distante que de costumbre; extremadamente cansado y extremadamente aburrido.
Al final me decido por hacerlo, pero con cautela. Sin embargo, al ver que no se inmuta acaricio su cabello con más confianza, una y otra vez. Apartando los mechones rebeldes que caen por su frente, y rozando las yemas de mis dedos con el lóbulo de su oreja y su nuca.
Mueve la cabeza y aparto la mano de repente como si una brasa me quemara, pero noto que solo hizo el movimiento con la intención de acomodarse mejor y acurrucarse más contra mi pecho.
Quedo un poco sorprendida ante su actitud, pero no digo nada, y tampoco me muevo, ni siquiera para volverle a acariciar el cabello.
Pasan largos segundos en dónde me quedo en la misma posición, inmóvil... Eso hasta qué...
Otro gruñido ronco emite el chico que me tiene rodeada, para seguido del mismo tomar mi mano volviéndola a guiar hacia su cabeza, con la intención de que siga acariciando su cabello.
Pestañeo repetidas veces sin molestarme en ocultar mi sorpresa, pero segundos después reacciono y empiezo nuevamente a acariciar su cabello con sutileza, al mismo tiempo en que este me vuelve a rodear con su brazo, volviendo a su posición anterior.
Sonrío con ternura sin poder evitarlo ante su actitud un poco infantil, y fuera de lo inusual en él, pero que aún así logra gustarme y parecerme tierna.
Entrelaza sus piernas con las mías, unificándonos más.
Soy consciente de que alguien puede abrir esa puerta y vernos, mi padre incluso. Pero realmente es algo que justo ahora no me importa mucho, a pesar de que estoy en la casa de mis padres y esto, de una manera u otra, sería una muestra de irrespeto.
Pienso por un momento en recordarle que ya estoy lo suficientemente sana como para saber todo, pero verlo dormir tan plácida y cómodamente no me permite interrumpir este momento.
Tiene los labios un poco fruncidos, y las espesas y pobladas cejas levemente hundidas, en tanto su respiración es calmada.
Le deposito un largo beso en la coronilla, mientras en mi mente guardo este momento como uno de mis favoritos. Hasta que al poco tiempo, yo también me voy quedando dormida al junto de él.
*
—¿Ahora sí consideras que es el tiempo de contarme todo? —le pregunto al pelinegro que sale del cuarto de baño del hotel donde se encuentra hospedado aquí en Manchester, ya que se negó a quedarse en Londres, y estar viajando más de 8 horas diarias para venir a verme y luego regresarse. Y también se negó a quedarse en la habitación de huéspedes de mi casa, ya que según él prefiere tener su propio espacio.
Solo una toalla lo cubre desde las caderas hasta las rodillas, y viene sacudiéndose las gotas de agua de su cabello con las manos.
No me responde como siempre, sino que se da la vuelta dejándose caer la toalla sin importarle que le esté mirando, y se va hacia el clóset casi vacío y saca unas prendas las cuales se empieza a poner.
A pesar de que he visto a Octavio varias veces desnudo, mis ojos nunca dejan de recorrerlo con asombro y lujuria como si fuese la primera vez.
Se termina de subir el jogger negro, el cual combina con una camiseta al justo azul marino. Para después procedes a sentarse en la cama, donde se empieza a secar el cabello con una toalla, aún ignorando mi pregunta.
Mis ojos siguen cada uno de sus movimientos atenta y pacientemente. Incluso cuando se va devuelta al baño a dejar las toallas que usó, y cuando sale directo a la licorera a servirse un trago, para luego sentarse en el alféizar del ventanal con el vaso de licor en mano.
—Hace algunos años atrás que conocí a Viggor —empieza el relato, obteniendo mi entera atención de inmediato, aunque me encuentre sentada en la orilla de la cama. —Para ser precisos en una noche que me escapé de casa y me adentré en los barrios más pobres y un tanto peligrosos de mi ciudad en busca de no sé qué. Recolectar nuevas experiencias tal vez, o simplemente estaba hastiado del encierro e infierno que soportaba en casa. Cabe recalcar que para ese entonces residía en Alemania.
Se detiene a tomar un sorbo de su bebida, en tanto yo me paro de la cama y como por inercia doy alrededor de dos pasos cautelosos hacia adelante, para estar más atenta a los detalles.
—El hecho es que nos hicimos amigos, muy buenos amigos, e incluso hermanos a pesar de la diferencia de edad —su vista está perdida en un punto fijo —Inclusive me presentó a su familia; la cual consistía en su hermana menor y su abuela, nada más —en mi cabeza, a medida que prosigue con su relato, se acumulan un centenar de dudas y preguntas más, como un laberinto sin salida.
Cómo por ejemplo: Si eran tan buenos amigos como dice Octavio, ¿Cómo mierda llegaron a esto?.
—Estaba en mi etapa de adolescente novato y calenturiento, y me terminé involucrando con Emily, la hermana de Viggor, unos meses después de conocerla. La cual solo era un año menor que yo, y la cual estaba... —hace una pausa, donde mueve su cabeza de un lado a otro, como si se debatiese consigo mismo sus próximas palabras. —Un poco obsesiona conmigo podría decirse. Cabe mencionar que nunca fue nada serio ni llegó a lugares extremos, solo fue una especie de relación adolescente que mantuvimos en secreto.
Una punzada de celos me azota el pecho sin poder evitarlo, haciendo que me cruce de brazos y adopte una actitud desdeñosa. Pero después de unos segundos consigo sentirme tonta por eso; porque es que o sea, me está contando algo serio de su pasado, y yo no hago más que enfocarme en lo de una estúpida relación adolescente del pasado, como el mismo se encargó de recalcar.
—Un punto que me parece importante mencionar es qué, algo que Viggor siempre me advirtió fue que nunca me acercase a su hermana, ni que mucho menos la lastimara, pues ese era su tesoro más preciado y no me perdonaría si no le hiciese caso. Ya que no consideraba que fuese una buena influencia para ella. —prosigue, consiguiendo que vaya entendiendo por donde va la cosa, o bueno, al menos eso creo.
»Ambos siempre fuimos de una clase social bastante distintas, pero eso no influyó en nuestra amistad. Mientras Viggor tenía que hacer cosas... «pausa »No muy legales para llevar el pan a su mesa todos los días, yo tenía casi todo en bandeja de plata.
—Viggor me enseñó muchas cosas, entre ellas; conducir motos, me llevó por primera vez a una disco aún siendo menor de edad, me dio a probar unas que otras hiervas. Y sobre todo me ayudó a liberarme, a despejar mi mente del cautiverio que era mi casa, y sentirme libre por primera vez.
—Una mala influencia —lo interrumpo sin poder evitarlo, ya cuando estoy a menos de un metro de distancia de él, y aún teniendo los brazos cruzados por encima de mi pecho. Logrando a la vez que el pelinegro me de la primera mirada fija de la noche sin decir nada, antes de desviarla hacia otro punto al azar y perderla allí rápidamente.
—Viggor también tenía una novia, y en el momento en que me la presentó, ya cuando teníamos un año de amistad... —se da otro trago interrumpiéndose a sí mismo. —Tuve pensamientos inadecuados con ella, pero siempre los retuve porque era la novia del que en ese entonces consideraba mi hermano, y no le iba a fallar, mucho menos por una mujer.
»Llegó un punto donde las hormonas se me revolotearon y comencé a follar con todo lo que caminaba, engañando a Amelie a escondidas... Todo marchaba más que bien para todos; él aún no se enteraba de mi amorío secreto con su hermana, la cual en un momento se convirtió en un dolor de cabeza para mí. Y cada día más nuestra amistad se volvía más concreta. Pero todo hasta un día. «se toma de un solo trago el resto del licor que tenía en el vaso, como si eso le fuese a dar un impulso para proseguir con su historia.
—Viggor un día me propuso ir a una disco por primera vez, él se encargaría de hacerme una identificación falsa para que pudiese entrar, yo solo tenía que tener la disposición de ir, y pues obviamente, eso era algo que estaba activo en mí desde siempre.
Tomo asiento frente a él, en el mismo alféizar de la ventana, cada segundo más intrigada con la historia que relata.
—El día llegó; fui, y logré entrar. Todo marchaba bien, estábamos en la barra tomando tragos, hasta que este me pidió que me quedase ahí un momento, que él iría a resolver algo y volvería en breve. —su vista me enfoca durante los siguientes segundos. —Cómo ya comenté; Viggor no era un santo. Estaba involucrado en un mal camino, en cosas ilegales, en cosas que me atraían y que él no se molestó en enseñármelas, cada una —abre un paréntesis en la historia, para decirme eso, antes de retomar el hilo de la misma. En tanto yo puedo notar como suelta cada palabra con un sabor amargo, como si no le gustase recordar aquello.
»Cuando Viggor se marchó, seguí tomando otros tragos, pero con la cautela de no embriagarme demás. Eso hasta que una chica se me acercó y me empezó a seducir y a incitarme a tomar más y más. Lástima que me di cuenta de su verdadero objetivo cuando ya era demasiado tarde «suelta una risilla sin gracia y amarga. »Luego recuerdo me llevó a una habitación con la intención de tener sexo, pero en dicha habitación apareció otra chica la cual se sumó. «silencio »Aquella chica era la novia de Viggor «noto como traga grueso.
Me llevo una mano a la boca con demasiada sorpresa y asombro sin poder evitarlo, en tanto mis ojos se abren como platos.
—¿No me digas qué...? —intento decir, pero me interrumpo a mí misma ya que me encuentro demasiada perpleja como para continuar.
—No recuerdo nada de ahí en adelante, no recuerdo que fue exactamente lo que pasó en aquella habitación. Solo recuerdo cuando desperté al día siguiente con una horrible resaca, desnudo en la habitación con Martina desnuda a mi lado, dormida, sin rastros de la chica que me había seducido en la barra. Me habían drogado, lo supe al instante.
Mi cara es todo un poema; mi mandíbula está descolgada y mis ojos no se pueden abrir más... Es literalmente una expresión de caricaturas.
—No entendía por qué hubiesen hecho eso, estaba desubicado, aturdido, desorientado... —hace una pausa tragando grueso. —Pero justo en ese momento la puerta se abrió de golpe y un furioso Viggor ingresó a través de ella; parecía un monstruo, transformado, por sus venas corría fuego en vez de sangre y sus ojos estaban inyectados de veneno y desilusión, jamás lo había visto así. —vuelve a hacer otra pausa. —Intenté explicarle rápidamente que yo también estaba igual que él, no entendía nada de lo que pasaba. Pero obviamente no me creyó, es más, ni siquiera me escuchó. Menos aún cuando la loca de su novia se despertó asustada y empezó a gritarle que yo había sido el culpable, que había abusado de ella, y un montón de cosas más.
»Viggor reaccionó, y se me lanzó encima donde me golpeó hasta que no pudo más. Abusando de su fuerza y técnicas de peleas comparada a las mías. Me golpeó tanto que me dejó inconsciente y solo fui consciente de mí cuando desperté en un hospital mal herido. Después de ese día temí acercármele, realmente le temí después de ver aquella actitud tan violenta por parte de él hacia mí.
—Dios...
—Pero ahí no terminó todo —me interrumpe. —Pasaron algunos días, no muchos a decir verdad, hasta que ese día Viggor tocó a mi puerta destrozado, gritándome que había sido el culpable de la muerte de su hermana... Sí, Emily había muerto; para ser más precisos se auto suicidó tras haberse enterado de mi supuesta traición con la ex novia de Viggor. Al parecer se había obsesionado tanto conmigo que creó una dependencia y yo no me di cuenta antes, de la gravedad de la situación.
Mi mandíbula ya llega al suelo de lo descolgada que está, y mis ojos me empiezan a arder de lo abiertos que están. Pero entonces Octavio prolonga la historia sin darme tiempo a procesar nada.
—Viggor se volvió más intenso obviamente. Pues su hermanita, la niña de sus ojos, su tesoro más preciado se había muerto por culpa de la depresión, por mi culpa, según él.
—Pero, tengo una duda. ¿Cómo sabe que el suicidio fue por esa causa, si se supone que era un secreto?.
Octavio fija su mirada con la mía, como si fuese la persona más inocente que haya conocido. Antes de darme su respuesta.
—Dejó una carta y explicó todo lo que sucedió entre nosotros y el motivo de su suicidio —explicó rápidamente.
No sé cómo responder, por lo tanto me mantengo en silencio, esperando que Octavio continúe.
—Empecé a temer más acercármele, y como un cobarde prefería quedarme resguardado en mi morada. Pero otra vez volvieron a tocar a mi puerta después de un tiempo... Esta vez era la abuela de Viggor, la cual llegó con el alma en la mano implorando mi ayuda. —Octavio se muerde el labio inferior por unos segundos, en tanto su mirada sigue perdida. —Me contó que su hogar se había convertido en un infierno total después de la muerte de Amelie; Octavio empezó a fumar y a tomar más de lo normal, incluso inhalaba hiervas bastante seguido, se tornó muy agresivo, nunca estaba en casa... Y cuando regresaba en altas horas de la madrugada estaba hecho un desastre, golpeado y masacrado. Al momento en que su abuela le pedía explicaciones la insultaba... —pausa —Y de lo agresivo que estaba un día incluso la golpeó, por eso vino a mí. Implorándome que le ayudase, estaba preocupada y devastada, temía el rumbo que estaba tomando la vida de su nieto, y claramente su dolor tocó una fibra en mí.
Para este momento no puedo describir la expresión en mi rostro, ni mucho menos mis pensamientos; ya que mi mente ha hecho una especie de pausa y se ha quedado frisada.
—Dejé mi miedo a un lado, tomé valor y busqué a Viggor. Necesitaba explicarle lo que realmente había sucedido esa noche, y disculparme por lo de su hermana. Tenía que ayudarlo, era mi amigo. Pero como era de esperarse no me escuchó, sino que al verme lo primero que hizo fue lanzárseme encima como un lobo hambriento y volverme a mandar al hospital de una golpiza.
»Todo seguía igual; Viggor seguía sumido en el mundo de las drogas y el alcohol, y al llegar a casa se desquitaba una y otra vez con su abuela... Hasta el punto en que su abuela no aguantó más y falleció poco después, de un infarto, creo.
—Dios mío —me llevo la mano a la boca y la otra a la cabeza.
—Viggor se volvió más intenso y depresivo. Las amenazas hacia a mí aumentaron; ya que me declaraba culpable por todo lo que le estaba pasando. Ni siquiera podía salir una esquina de mi casa porque salían pandillas de todos lados y me atacaban... —hace una pausa, jugando con el vaso que antes estaba lleno de algún licor en su mano. —La cosa se volvió tan trágica y peligrosa para todos, que me vi con la obligación de salir del país, si quería salvaguardar mi vida, y vine a parar acá en Londres donde Bruno.
—No... No sabía que esto era tan fuerte —admito, con las palabras echas un nudo en mi garganta, haciéndome tartamudear.
—Espera a que termine —me dijo con tranquilidad, volviendo su vista al ventanal. —Estando aquí las cosas se tranquilizaron eventualmente. Ingresé en la academia de Bruno y empecé a patinar, pero aún así las enseñanzas de Viggor permanecieron presentes en mí; aparte de que me divertían, eran una manera de ganar dinero fácil, más aún siendo actividades ilegales... Dirás, ¿Para qué necesitabas más dinero si toda tu familia nada en él? —dice lo último intentando imitar mi voz, lo cual le sale pésimo. —La respuesta a eso es que nunca me ha gustado ni me gustará usar el dinero de la que supuestamente es mi familia. ¿Por qué?, Porque siempre buscan la oportunidad perfecta para restregártelo en cara y eso es algo que yo, personalmente, no soporto. Me gusta valerme de mí mismo, sin darle explicaciones a nadie, sin deberle nada a nadie.
»Estando aquí en Londres descubrí lugares donde hacían lo mismo que hacía Viggor en Alemania, y cómo no... Quise intentarlo yo también, pues ya tenía los conocimientos previos que me había impartido Viggor. Solo me faltaba un poco más de práctica; la cual la recolectaría en el camino... Una de esas actividades ya la conoces —me mira, y por un momento hundo el entrecejo, pero rápidamente logro entender a que se refiere, y él lo nota en mi mirada. —Sí, las carreras de motocicletas, clandestinas, mortales y por apuesta son una de esas actividades.
—Es demasiado peligroso —aprovecho la oportunidad para reclamarle con voz de reproche.
—Lo sé —sus ojos se mantiene fijos en los míos. —Precisamente por eso me gusta —desvía la mirada —Todo lo que tenga "peligro" me atrae como un dulce a una mosca —su voz por un momento se escucha un poco sádica. Y eso por un momento me hace recordar mí misma, cuando siento exactamente ese mismo sentimiento cuando estoy con él… como si su misterio y su peligro fuesen una de las tantas cosas que me atraen hacia él.
Se crea un espeso silencio en el ambiente que dura aproximadamente un minuto y par de segundos extras. Yo tengo tanto que decir que no sé por dónde empezar, y él, él parece perdido en sus pensamientos.
—¿Y cuáles son las otras actividades? —decido romper con el silencio, captando su mirada unos segundos.
—Prefiero que las veas por ti misma.
Mis ojos se ensanchan un poco y empiezo a pestañear repetidas veces. En tanto un corrientazo de nervios me recorre la espina dorsal. El problema es que no sé que esperar, y eso realmente, me causa cierto temor e incertidumbre.
—Como te decía, todo estaba tranquilo. Pasó el tiempo, pasaron años, y yo no sabía nada de Viggor. En tanto yo seguía sacándole provecho a sus enseñanzas y a la libertad que tenía estando aquí... Pero eso hasta un día; unos meses atrás para ser más precisos, que me lo reencontré acá, vino precisamente buscándome a mí. Esa noche tuvimos una pelea, pero no fue igual a las anteriores en las que solo yo salía mal herido. Esta vez yo también había cambiado, y sabía perfectamente cómo defenderme.
»Toda mi paz se esfumó esa noche con su llegada, pues ya tenía perfectamente claro que su presencia aquí anunciaba problemas. Y me aseguré más de ello cuando él mismo me lo confirmó. Empezó a crear diferentes atentados contra mí, para que resultara gravemente herido, más no muerto. Ya que desde el momento en que nos reencontramos me confesó que no me quería muerto, sino que me quería ver destruido y pisoteado, quería encontrar mis puntos débiles y atacarme por allí, para, según él, hacerme lo mismo que le hice yo en un pasado.
—Duró meses en eso… hasta que llegó el punto en donde entras tú —fija su mirada en la mía, haciéndome fruncir el ceño —No tardó en darse cuenta que de una manera u otra me importabas, y que contigo iba con un diferente plan a las demás con las que solía salir cada noche. Y así como no tardó en darse cuenta de ello, tardó mucho menos en empezar a actuar. —hace una pausa, en la cual a mí un escalofrío me recorre todo el cuerpo. —El resto ya lo sabes… empezó a atacarte a ti, para perjudicarme a mí. Por eso a veces actuaba distante y descortés, quería alejarte, porque estando conmigo, con Viggor cerca solo corrías peligro, solo que mi lado egoísta me terminaba ganando y no podía permitirme el estar lejos de ti por mucho tiempo.
»A todo esto pensé que se había olvidado de Martina su ex novia completamente, pero descarté esa idea luego del incidente que tuviste en tu casa aquella noche. Pues la cabeza que había en tu habitación metida en un saco pertenecía a ella.
—¡Ahg! —un grito ahogado sale de mi garganta, en el momento en el que escucho tales palabras y reacciono parándome de un salto del alféizar de la ventana, con ambas manos cubriendo mi boca, con mis ojos ensanchados hasta más no poder, con mi mente reproduciendo las imágenes de aquella espeluznante noche para mí como flashback, y con mi piel, con mi piel con cada vello erizado.
—Esa noche lo busqué para enfrentarlo, pero escuché una conversación telefónica de él con alguien más; hablaba de un tal Judas y una prima. Descubrí que no estaba solo en todo esto, sino que habían más personas involucradas en todo esto. Daniel que me ha estado ayudando y ha estado al tanto de todo descubrió que habían infiltrados en la academia. ¿Cómo lo supo?, porque aparecían notas por debajo de la puerta de mi habitación referente a Viggor, así que Daniel se puso en la tarea de revisar las cámaras, en donde aparecía una persona, que nunca logramos descifrar, solo supimos que era una chica de cabello castaño, pero no supimos quién exactamente.
—Por eso pensaste que era yo —digo, sonando afirmativa, conectando puntos en mi cabeza,
—Exactamente, pero no sabes cuánto lamento haber dudado de ti.
Me humecto el labio antes de volver a hablar. —¿Por qué nunca pediste ayuda a la policía?.
—No podía —confiesa, con su mirada fija en la mía.
—¿Por qué no?.
—Porque la policía iba a abrir una investigación, en la cual descubriría todas las cosas ilegales que hago, e iba a ir preso. Ayudando a Viggor a destruirme a mí mismo.
—¡¿Qué tantas cosas ilegales haces?!, ¡¿En qué diablos estás metido?! —me exaspero, revolviéndome el cabello con frustración, en tanto mi pulso está descontrolado y por ende mis manos tienen un ligero temblor.
—Te las mostraré, hoy —se levanta del alféizar. —Pero para eso tendremos que viajar hasta Londres —se acerca a mí.
—Estoy dispuesta a hacerlo —digo con seguridad.
—Solo te pido que pase lo que pase y veas lo que veas, no me dejes en este momento, que es cuando más te necesito —expresa cerca de mí, viéndose vulnerable. Pero eso no quita la corriente de nervios y temor que me corroe, al temer a lo que me pueda enfrentar.
Trago grueso tomando valentía, para luego acercarme a él y acercar mi mano a su rostro. —Octavio, ya es demasiado tarde para pedir eso. Por más que quiera ya no tengo ganas ni fuerzas de voluntad para separarme de ti, al contrario, quiero ayudarte, quiero conocerte más, y enfrentar cada prueba, pero a tu lado. —mi voz suena sincera, y mis ojos no dejan de buscar los suyos.
Su mano viaja directo al centro de mi espalda, donde me da un leve empujoncito para estrecharme contra sus brazos en un sólido abrazo y descansar su cabeza sobre la mía. No tardo en rodearlo yo también y descansar mi cabeza en su pecho, y así nos quedamos un largo tiempo, hasta que yo decido separarme un poco.
—Recuerda esto —lo miro a los ojos. —Te amo —expreso con sinceridad. Y ante mi confesión Octavio permanece en silencio unos segundos, para luego proceder a esconder un mechón de cabello detrás de mi oreja.
—¿Pase lo que pase?.
—Pase lo que pase —le confirmo, al tiempo en que uno mis labios con los suyos.