Skyler
Esa noche llegué a casa con el corazón contento. No había pasado nada entre Chase y yo (al menos no un beso), pero estar con él era más que suficiente para que mis latidos se disprataran de tal manera. Todavía no podía creer que ambos estuviésemos tan bien. Ahora que yo era más grande, y que consideraba que había logrado madurar un poco, me daba cuenta de que este comienzo que Chase y yo estábamos teniendo, era el que siempre tuvimos que tener. La manera en la que ambos habíamos comenzado nuestra historia de amor hace años, no fue para nada la correcta. Hoy, con una nueva oportunidad, después de tanto dolor, de tanta separación, de tanta adversidad, ambos llevábamos y luchábamos por el amor de una manera muy distinta.
—¿Sabes una cosa? Chase me invitó mañana a cenar a su casa. Algo así como una especie de cena familiar... —le comenté a mamá, emocionada.
—¿En serio? —Mamá se mostró emocionada también—. ¿Y vas a ir?
—Le dije que sí.
—¿Y Sam irá también?
Mamá estaba al tanto de todo lo que pasó con Sam. Es decir, no cada detalle, pero sí me atreví a contarle la mayor parte porque necesitaba hablar con alguien más que no fuese Jason del asunto. Mamá me comprendió al instante, y me confesó que ella ya sabía de los sentimientos de Sam desde que lo conoció. De hecho, se dio cuenta la noche en que todos se quedaron en mi casa para ayudar a inyectarme aquél líquido, cuando yo me estaba descontrolando por mis poderes. Dijo que notó algo en la mirada de Sam, y no se equivocó. Recuerdo que eso me hizo sentir un poco mal al imaginarme a Sam presenciando mi amor con su hermano.
—No sé. No creo. Chase dijo que no lo cree.
—¿Y si va?
—No sé... Supongo que será un poco raro por lo que pasamos, pero las cosas ahora ya están más aclaradas. ¿Recuerdas que te dije que tuvimos una conversación hace poco?
—Sí, lo sé. Solo no quiero que lo lastimes y te lastimes a ti en el proceso, amor. ¿Estás segura de ir mañana?
—Chase me ha invitado a cenar como amigo, no como novio. Solo somos amigos, mamá.
Mamá me observó con una sonrisa.
—Pero quieren ser algo más.
—No... —fingí, con tono sarcástico, bromeando con mamá.
—Claro... Solo tienen ganas de arrancarse la ropa el uno al otro y de pasar sus vidas juntos por toda la eternidad, pero nada más... —bromeó, haciendo que me pusiera colorada.
—¡Mamá!
Ryan justo bajó las escaleras con expresión de asco.
—Desearía nunca haber escuchado eso, mamá —dijo, exagerando—. ¡Qué asco!
Mamá se rio.
—Como si tú nunca hubieras hecho nada, Ryan. Tú hermana tiene el mismo derecho que tú de disfrutar su cuerpo, es grande.
—Sí, eso lo entiendo, pero prefiero no escucharlo. Es mi hermanita pequeña —hizo otra mueca.
—Él nunca va a cambiar, mamá —dije cuando Ryan se fue a la cocina—. Si se enterara de todas las cosas que he hecho, le daría un infarto.
—¡Te estoy escuchando, Skyler!
Para la tarde del día siguiente, me encontraba en la cocina, comiendo un postre que preparó la tía. No comía por tener hambre, comía más que nada porque estaba un poco nerviosa por la cena. Chase iba a pasar por mí dentro de poco y yo todavía ni siquiera me había bañado. Supongo que la ansiedad hoy me estaba haciendo retrasarme.
—¿Vas a ir así de cochina a la cena? —me molestó Luke, robándome la cuchara para comer el postre a mi lado.
—No, ya me voy a bañar. No me molestes.
—¿Por qué? ¿Estás nerviosa por ver a tu amorcito?
Sí, mis nervios eran en parte porque vería a Chase esta noche y cenaría con su familia, pero también porque mamá hizo que se me metiera la idea de que Sam estaría allí mismo. Eso sería incómodo, ¿no? Más allá de que Chase y yo solo teníamos una amistad, se notaba que el amor fluía entre nosotros. Más que nada, para ser sincera, no era tanto por mi incomodidad, sino por la de él. Por más que aceptó y decidió hacerse a un lado en mi historia con Chase, eso no significaba que no le dolía.
—Por Sam.
—Bueno, pero no sabes si va a ir.
—Tengo el presentimiento de que nos veremos.
—Vas a ver que algún día no será incómodo. Intenta no estar tan pegote con Chase frente a Sam, mientras tanto. Así no lo lastiman. Pero creo que está bien que hoy se vean, así todos se van acostumbrando a lo que ahora está pasando entre Chase y tú. Lo bueno que debes reconocer y que debe dejarte más calmada, es que Sam fue quien decidió ir a verte y hablar contigo para dejar todo en paz y aclarar el pasado y el presente. No te tomes todo tan pesado, Skyler, o tus pensamientos harán que te sientas culpable y que termines dejando a Chase, o a lo que sea que ustedes tengan ahora.
—Somos amigos. Estamos yendo despacio.
—Bueno, por eso. No es que el tipo me caiga muy bien, pero quiero verte feliz.
Me levanté de la mesa y le di un beso en la mejilla a Luke como agradecimiento y salí de la cocina. Subí las escaleras y entré a mi habitación para prepar mi ropa e ir a bañarme. Procuré, durante todo ese tiempo, no pensar en nada de lo que podía llegar a pasar esta noche.
Me vestí con unos jeans negros, un top, una campera y mis zapatillas nuevas que logré comprar con mi trabajo en el bar. Me maquillé sutilmente y me perfumé. Luego solo tuve que esperar a que Chase llegara, pero cada minuto que pasaba se me hacía eterno.
Cuando escuché el timbre, supe que era él. Bajé las escaleras fingiendo tranquilidad.
—Yo abro —le dije a mi madre cuando estuvo a punto de ir a la puerta.
—Suerte —leí en sus labios.
Chase estaba esperando con su camiseta negra, sus jeans negros, sus zapatillas negras, su cabello algo desparramado, sus ojos azul oscuro siendo tan profundos como siempre y con su advictivo perfume acompañando su vestimenta. Me regaló una sonrisa apenas me vio y no pude evitar sonreírle de vuelta. Por un segundo, casi le doy un beso en los labios, como nuestras viejas costumbres, pero me di cuenta de inmediato y solo lo saludé en la mejilla, como correspondía.
—¿Estás lista?
—Sí —dije, cerrando la puerta.
—¿No tengo que hablar con tu madre sobre esta cena? —frunció las cejas—. Porque mientras venía estuve preparando mi discurso para dejarla tranquila.
Sonreí.
—No, Chase, no es necesario. Mamá ya confía en mí.
—Pero no en mí.
Empezamos a caminar hacia su auto.
—No es que seas su persona favorita en el mundo —dije, cuando él me abrió la puerta del auto—, pero las cosas ya no son como antes, amor —finalicé, justo cuando él cerraba la puerta del auto.
Lo vi sonreír al rodear el auto, y creí que se debía a lo que le dije sobre mi madre, pero en mi menté resonó la última palabra que formulé y una oleada de nervios me recorrió el cuerpo entero.
Le dije amor.
En el pasado se lo dije muchas veces, pero ahora las cosas eran bastante distintas. Hace más de un año que no lo llamaba así. Me puse colorada.
Chase entró en el auto sonriendo y me observó.
—Ya, búrlate —le dije, avergonzada.
—¿Por qué iría a burlarme? Es la palabra más hermosa que escuché hoy en el día, amor —contestó, haciendo que me pusiera aún más colorada.
Cuando llegamos a su casa, noté lo igual que se veía. Era tal como la recordaba. Hace mucho tiempo que dejé de venir aquí. La última vez que Chase y yo estuvimos juntos en su casa, las cosas se salieron de control y yo terminé en el hospital por la tensión y el estrés. Me trajo una mala sensación al cuerpo, así que alejé cada rastro de ese recuerdo de mi mente y me centré en caminar junto a Chase hacia la entrada.
Apenas entré, el aroma a un sahumerio entró en mis fosas nasales.
—Mi madre está obsesionada con la limpieza de las malas energías —me dijo Chase.
Yo era una bruja. También tenía mi obsesión por estas cosas. Me encantaba prender sahumerios en toda la casa, sobre todo el mi cuarto después de llegar al trabajo o cuando me sentaba a estudiar o meditaba.
—La limpieza de las malas energías es importantísimo, Chase —Madeline apareció en la sala, con los brazos abiertos y caminando hacia mí para darme un abrazo.
—Hola —saludé con timidez.
—¡Qué bueno verte! Hace mucho que no te veía —me abrazó—. Me alegra mucho que Chase y tú sean amigos de nuevo. Es bonito ver la buena influencia que tienes en Chase. ¡Hasta me ayuda a limpiar la casa últimamente! Eso no lo hacía antes.
—Ay, mamá... no empieces —Chase rodó los ojos.
—Pero, si a ti no te gustan los sahumerios, puedo apagarlo —Madeline me observó con sus hermosos ojos llenos de amabilidad.
Podía ver el aura de esa mujer, era una de las tantas cosas que podía hacer ahora que era una bruja mucho más exprimentada y que tenía mis dones en pleno desarrollo. Madeline era una buena persona, amorosa, y que amaba a su familia. Podía verlo y sentirlo en ella.
—No, está bien. Me gustan los sahumerios y la limpieza energética. Pero para ello es mucho mejor comprar sahumos. Son excelentes —comenté—. Cada vez que yo hago he... —Estuve a punto de meter la pata, pero me callé de inmediato. Recordé que Madeline no sabía que yo era una bruja. Sabía que mi familia sí, pero no que yo también lo era—. Cuando hago mis tareas —dije finalmente.
—No te preocupes, Skyler, ya sé que eras bruja. Está bien —me sonrió.
Miré a Chase.
—Se lo dije la otra noche. Bueno... ella se dio cuenta sola.
—Pero no te sientas incómoda, Skyler. Mientras ustedes no tengan hijos, su amor no tiene por qué ser prohibido. Las reglas del mundo sobrenatural me parecen un poco extremas. Es injusto que un vampiro y una bruja no puedan estar juntos si se aman. Es cruel...
—Mamá, ya te dije que ella y yo somos amigos. No hagas que Skyler se ponga incómoda, por favor —intervino Chase, pero la verdad es que no me molestaba nada de lo que Madeline dijo.
Al contrario, es como si un peso hubiese salido de mi cuerpo. Me alegraba no tener que mentirle, y me alegraba su manera de pensar sobre esa regla. Con esta pequeña charla, Madeline se había ganado bastante mi confianza.
—Lo siento —se disculpó con una sonrisa amable—. Tus hermanos están sentados en el comedor. Andrew llegará pronto con Sara y Sam y Blake no tardan en llegar.
Sentí la tensión en mi cuerpo cuando oí el nombre de ese chico. Madeline desapareció de la sala y Chase y yo nos quedamos solos un momento.
—¿Existe algún hechizo para que los vampiros no logren escuchar el sonido de tu corazón? —Chase hizo que diera la vuelta para verlo.
—¿Lo escuchas? —Y sí, cómo no iba a escucharlo.
—Sí.
—Es que me pone un poco nerviosa ver a tu hermano. No quiero que esto sea incómodo.
—Anoche fui a la casa de Sam y hablamos muy bien. Lo está tomando bien, Skyler. Relájate. No dejes que las inseguridades entren en tu mente. No quiero que arruinemos esto que tenemos —sonó sincero.
Quise besarlo. Él me miraba con esos ojos de cachorrito y me daba ganas de abrazarlo y besarlo. Pero me contuve.
—Yo tampoco quiero arruinar lo que tenemos —comenté para dejarlo tranquilo. Añadí una sonrisa para alivianar el ambiente.
Chase tomó mis manos, sonriéndome. Sentí sus ganas de besarme, pero se esforzó para no hacerlo.
—Te ves muy bonita.
—Siempre —bromeé, robándole otra sonrisa.
—Es verdad, siempre te ves muy bonita.
—Gracias, Chase.
—Romeo, Julieta, por favor, ya paren con sus cursilerías —Nate entró en la sala, arruinando el momento.
Y justo entonces, la puerta principal se abrió, y Sam y yo hicimos contacto de miradas.
Espero que les haya gustado mucho la primera parte. La segunda estará mejor y con cosas nuevas que alimentarán la historia.
Dejen sus comentarios, me ayudan a seguir.
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