Rhinestone Eyes | Gorillaz

Por alexanderpleaase

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Desesperado en busca de un cerebro para salvar algunos problemas de su banda Gorillaz, Murdoc Niccals pone su... Más

Sinopsis | Aclaraciones
La idea
Primer día
Un plato de comida
Mucho gusto
La nueva habitación
El laboratorio
Intento de huída
Las pruebas
Orden 64
Mala idea
Del
Nuevo cabello
Patines
Pequeño hallazgo
Recuperando lo perdido
Otra pésima idea
Un nuevo trato
El bajo del diablo
El club nocturno
El bar
Vuelta a casa
La producción
La colección Wallace
Copas de más
Su pésimo humor
La playa de noche
¿Por qué yo?
La fiesta
¿Estás conmigo?
You've lost that loving feeling
Vuelta a Los Ángeles
La pesadilla
¿La verdad?
Charlas y pizza
El cementerio
Se acabó el tiempo
La huída o el fin
Demasiado tarde
Un tiempo después
La radio
La búsqueda
Al horizonte del mar
El reencuentro
La noche en el océano
Plastic Beach
Un encuentro peculiar
La llamada
La visita inesperada
Una desastroza noticia
Encontrado
La batalla
Te amo
Adiós Murdoc y Kion de basura
Tú eres mi hogar | FIN

Las vacaciones

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Por alexanderpleaase


Las vacaciones de verano habían llegado, y más que unas tontas amenazas de parte de los clientes de Murdoc la cosa no había pasado a peores por el momento.

Noodle había decidido finalmente irse de vacaciones tal como habían planeado unas pocas semanas atrás junto a todos los integrantes de la banda y su novio Declan. Pero Kion no iría.

– ¿Estás segura de que no quieres venir? – preguntó Noodle apenada mientras armaba su maleta.

Ella también estaba al tanto de lo ocurrido entre Stuart y Kion. Pero el único de toda la casa que no sabía nada y tampoco le interesaba era Murdoc.

– No, ya sabes... Después de lo ocurrido con Stuart las cosas aun están muy distantes entre nosotros. Ya sabes que a penas si cruzamos palabra, y no me gustaría arruinar su viaje.

– No digas eso, jamás arruinarías su viaje ni el nuestro. Después de todo somos todos amigos, K. – la animó tomando unos necesers ya preparados: uno que funcionaba como botiquín de primeros auxilios y otro con maquillaje dentro.

– Lo sé. Pero sabes que es cierto que cuando estás en una situación tensa con una persona, luego todo el ambiente se vuelve tenso. – suspiró. – Aún podemos ir a otro lado cuando vuelvan de Hawaii.

– ¿Cancelas Hawaii para quedarte aquí sola? – rió. – Suerte con eso.

– Voy a extrañarte... ¿Que serán de nuestras noches de clases de Taekwondo totalmente random? – bromeó haciendo reír a la japonesa.

Ésta se tiró en la cama a su lado para abrazarla.

– Tranquila, intentaré no divertirme y beber el doble por ti.

– Suena justo. – le siguió la broma entre risas.

✧ ✧ ✧

– ¿Que haces que todavía no hiciste la maleta? Nos vamos mañana. – la regañó Murdoc, bajando al laboratorio.

Kion se encontraba adelantando trabajo para no tener que hacerlo después y tomarse un merecido descanso.

Al oír a Murdoc, paró lo que estaba haciendo y volteó a verlo mientras se quitaba el cubrebocas que traía puesto.

– Yo no iré. – le explicó. – Pensé que ya lo sabías.

– ¿No irás? ¿Cómo que no irás? Tonterías, todos iremos. Yo iré. – se señaló a si mismo. – ¿Quién no quiere ir a Hawaii a beber como si no hubiera un mañana?

– Yo. – se encogió de hombros sacando sus guantes de látex. – No te he contado el motivo porque no creo que te interese.

– ¿Qué motivo? – preguntó sentándose en una silla de ahí.

– Las cosas están un poco tensas con Stuart y no quiero arruinar el ambiente del viaje. Es mejor que vayan ustedes y se diviertan sin mi.

– Oh... Eso explica muchas cosas. – Acotó pensativo. – ¿Por qué las cosas están tensas, qué ocurrió?

Ella se ruborizó un poco, por algún motivo no quería contarle el por qué. Se removió inquieta en su lugar y volteó dándole la espalda.

– Nada, solo unos desacuerdos.

– Me resulta extraño que Stuart se enoje o distancie de una persona, tuvo que haber sido algo serio...

– ¿Realmente te importa el por qué ahora? ¿Después de semanas?

– Si. ¿Qué te quedarás haciendo aquí? Ya para con el show.

– Hablo en serio Murdoc, no iré.

– ¿Y si alguien viene mientras no estamos?

– ¿Quien va a venir? – frunció el ceño mirándolo nuevamente. – No vinieron estas últimas semanas, dudo que vengan cuando no haya nadie. – respondió irónica.

– Bien, yo me quedaré contigo entonces.

– ¿Qué? ¿Por qué? – preguntó confundida.

– No puedes quedarte aquí sola, no es seguro. Es mi deber asegurarme de que estés bien y nada ocurra.

– ¿Por qué?

– ¡Porque eres mi socia! Punto final. – respondió escondiendo una pizca de nerviosismo mientras se dirigía a las escaleras.

– ¡No voy a arruinar tus vacaciones! Ve, diviértete. Voy a estar bien, ¿Tengo municiones recuerdas? Se defender mi trasero yo misma.

– ¿Ah sí? Bien. – respondió volviendo a bajar hasta el laboratorio. – A ver, enséñame lo que tienes.

Ella se cruzó de brazos.

– No eres divertido.

– ¡Hablo en serio! Ven, muéstrame lo que Noodle y Russel te han enseñado. Pelea conmigo.

– No voy a pelear contra ti, es obvio que tienes más fuerza que yo.

– Esos tipos también tendrán más fuerza que tu Kion, ¿Lo olvidas?

Ella gruñó furiosa, soltó una patadita en el suelo y volteó siguiendo con su trabajo.

El caminó hacia ella y en un rápido movimiento la volteó tomando ambas muñecas, inmovilizandola.

– ¡¿Qué haces, idiota?! – exclamó molesta.

– ¡Defiéndete!

Ella le dió un rodillazo en la entrepierna, y de otra patada lo lanzó al suelo. El se quejó unos segundos del dolor, y se incorporó recuperando su compostura.

– ¡Nada mal! – rió malévolamente, y nuevamente corrió hacia ella para seguir la pelea.
La tomo de la cintura alzándola en el aire, y Kion intentó zafarse moviéndose hacia todos lados.

– ¡Los codos, usa los codos! – le indicó riendo, al ver que no podía defenderse.

Ella de un codazo le pegó duro en la nariz, y él la soltó para llevarse ambas manos a su nariz que ahora estaba sangrando.

– ¡DEMONIOS, KION! – gritó molesto, sintiendo un dolor agudo en su nariz.

– ¡Tú me atacaste primero! – se defendió aterrada, llevando ambas manos a su boca. – ¡Lo siento!

Él en un rápido movimiento la derribó sobre la mesada del laboratorio boca abajo, y llevó sus dos brazos a su espalda, inmovilizandola una vez más.

– ¡Era una trampa! Debes estar atenta, Kion. Atenta siempre... Como un viejo zorro. – Murmuró divertido en su oído.

– ¡Suéltame idiota! – gritó. – ¡Ayuda, Noodle! – gritó.

– Cállate, no armes un escándalo. – La soltó. – ¿No ves que te estoy ayudando? Y después de ésto, veo que no sabes cuidarte sola. Así que me quedaré.

Tomó unas servilletas al lado del lavadero, para limpiarse la sangre que le corría por la nariz y por la boca grotescamente.

Kion lo miró haciendo una mueca de disgusto y se acercó a él.

– ¿Sabes qué? No me arrepiento de haberte roto una vez más la nariz. Te lo mereces por idiota.

– ¿Ah sí? Que malvada eres Kion. – rió divertido, mientras comenzaba a lavarse en el lavabo, dónde Kion lavaba el material de laboratorio.

Ella suspiró, y resignándose lo ayudó a lavarse y luego desinfectó la herida con una gasa y alcohol.

– Lo siento... – Murmuró, finalmente, mientras limpiaba la herida y el se quejaba ante su tacto.

– No lo sientas. – Murmuró ante un quejido de dolor, mientras fruncía el ceño. – Lo que hiciste estuvo bien, pero no es suficiente. No te enfades, lo que hago lo hago por tu bien. No sé por qué aún nadie vino, supongo que están esperando el momento perfecto... Para ellos claro.

– ¿Pero quienes son? ¿Amigos de Jimmy Manson? – preguntó mientras se alejaba una vez había finalizado.

– Yo creo que sí, como ya te expliqué. Pero no lo sé, son cientos. – suspiró incorporándose. – Gracias por ésto.

– No es nada...

– Iré a avisarle a los demás que mañana no iré.

– Espera...– lo frenó mientras el subía las escaleras, y desde allí volteó a mirarla. – ¿No crees que... Sospechen de tu repentino cambio de idea?

– ¿Qué sospechen qué? – preguntó frunciendo el ceño.

– No lo sé... Algo entre nosotros.

– ¿Algo cómo qué? – preguntó divertido, aguantando la risa. – ¿Cómo que estamos enamorados? – preguntó gritando, mientras tiraba besos exageradamente hacia Kion y pestañaba repetidas veces. Luego estalló en risas negando con la cabeza, mientras desaparecía de allí.

Kion lo miró irse enojada, y luego volteó a seguir con su trabajo que había quedado hecho un desastre por toda la persecución de recién.

✧ ✧ ✧

– ¿Por qué no vendrás? – le pregunto Stuart a Murdoc en privado, cuando nadie más estaba allí en la sala.

– Porque no, debo quedarme a cuidar de Kion.

– Ella puede cuidarse sola. ¿Qué tramas, Murdoc? – preguntó cruzándose de brazos.

– ¿Qué diablos, Stuart? Deja de andar de espía y ve a traer tu maleta, en media hora viene el taxi por ustedes.

– No me cambies de tema.

– ¿Qué ocurre, estás molesto porque Kion te rompió el corazón y no quiere ir contigo? ¿Es eso? – preguntó parándose burlón del sofá.

Stuart alzó las cejas sorprendido, pero luego volvió a mirarlo con furia en sus ojos ruborizándose.

– ¡Retira lo que has dicho! No hables estupideces Murdoc.

– Ya te lo dije, me quedaré por seguridad. Sea Kion o quién quiera que se quede en casa haría lo mismo, ya deja de estar tan paranoico cabecita de enamorado. Supera que a ella no le gustas. – le respondió cortante, mientras pasaba a su lado chocando su hombro.

La paciencia de Stuart se colmó, por lo que volteó molesto y se lanzó hacia Murdoc hecho una furia mientras comenzaba a golpearlo por la espalda.

El pelinegro volteó sorprendido, pero sin dejarse vencer comenzó a golpearlo defendiéndose, mientras ahora se ponía encima de él sobre el suelo.

– ¡OIGAN, PAREN YA! ¡PAREN! ¡¿QUE RAYOS LES PASA?! – Noodle tiró su maleta bajando los últimos escalones y corrió hacia Murdoc, tomándolo del cuello para separarlo de Stuart.

No tuvo éxito ya que Murdoc tenía mucha más fuerza.

– ¡PÍDEME  DISCULPAS, MALDITO IMBÉCIL! – gritó Stuart enfurecido, despeinado y con el rostro rojo del enfado.

– ¡SOBRE MI CADÁVER! ¿CREES QUE PUEDES VENIR A GOLPEARME COMO SI NADA? ¿QUIÉN TE CREES QUE ERES, POT? 

Seguían luchando, lanzándose uno sobre el otro mientras Noodle gritaba intentando separarlos en un fallido intento.

Russel llegó junto a Kion, mirando sorprendidos y asustados aquella escena. Pero el Moreno con mucha más fuerza separó al par.

– ¡¿qué diablos les ocurre?! ¡¿EN QUÉ ESTABAN PENSANDO?! – los regañó, en medio de ambos mirando a cada uno con aspecto severo.

Murdoc y Stuart, respirando agitados y limpiándose un poco se miraban con odio a través de Russel.

– ¡Él empezó! – Murdoc lo señaló.

– ¡Cállate tú! – Russel lo regañó. – Viejos, son amigos... Son como familia.  ¿Qué diablos les ocurre? No son dos malditos homosapiens. – exclamó irritado, mientras suspiraba acomodando su camiseta. – Tienen cerebro, pueden dialogar. Saben que está prohibido volver a pelear con cualquiera de nosotros.

Noodle y Kion se miraron, preocupadas.

– El Taxi está por llegar. Espero que pienses tus acciones. – le dijo Noodle a Murdoc, enojada.

– ¿Y por qué te enfadas conmigo? ¡El comenzó!

– ¡Porque te conozco Murdoc! ¡Sé las cosas hirientes que dices!

– Ya vámonos. – dijo Stuart, acomodando su cabello mientras tomaba su maleta.

– ¡Oigan! ¿No van a despedirse de mi?

Russel abrazó a Kion.

– Cuídate pequeña, voy a extrañarte... Procura que éste cabeza de zapato  no haga ninguna estupidez.

– Adiós Kion, cuida la casa por mi ¿Si? Llamaré a penas lleguemos. – luego Noodle abrazo a Kion.

Stuart salió sin decir más nada, aún conmovido por la pelea y Kion los miró apenada desde la puerta de la casa.

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