—¿Qué...? ¿Tú…? ¿Te casaste con ese viejo asqueroso, Marina? ¿Por qué traes un vestido de novia puesto...?
Las palabras de mi primer verdugo me impactaron demasiado, una flama de libertad incendió mi cabeza dándome una bofetada mental recordando que ya no era su esclava. Miré mi precioso vestido de novia, luego mi hermoso anillo de casada y una sonrisa radiante se formó en mi rostro. Malcom no podía hacerme daño porque estaba casada con otro hombre, era esposa de un elegante caballero que yo misma había elegido, un hombre mejor que él. Existen diversas maneras de amar, desde ser nada y terminar siendo todo, yo era todo lo que quería en ese momento, la esposa de un alcalde mafioso, la madre de un niño precioso, y la tía legal de Malcom. Mi mente recobró claridad, mi papel de víctima se perdió entre la seda costosa, y una valentía que no me conocía creció desde mis entrañas. Dejé de temblar, tomé aire, impulso, y me puse de pie frente al cretino, me hubiese gustado que Malcom y yo fuéramos nada, pero fuimos ese todo que un día se esfumó, merecía ser libre de su maltrato.
—Sí, Malcom. Estoy casada con tu tío Alec —levanté mi barbilla orgullosa por mi nuevo estado civil, su rostro se deformó frente a mis ojos—. Me casé con un hombre maravilloso que tú jamás podrás arrancar de mí. Alec no te mintió, Mal. Yo estoy muerta para ti, porque ahora le pertenezco para siempre.
—¿QUÉ...? Imposible... ¡IMPOSIBLE! La maldita serpiente traidora me mintió... Tú no puedes... —Se lanzó sobre mí sujetándome ambos hombros para obligarme a responder, y yo solo me burlé de su enojo, el maldito niño mimado estaba de regreso—. ¡Dime qué es mentira, maldita yegua!
—Mari se casó conmigo, mocoso irrespetuoso —la voz de Alec resonó en el pórtico de nuestro hogar, mi apuesto héroe había llegado a caballo a casa, estaba montado en su fino corcel y lucía divino, su temple de maldad me ganó un hondo suspiro de estúpida recién casada—. Presenta tus respetos a tu honorable tía; madame Mari.
—¡¿Tía...!? ¡MAR ES MI TÍA...! No... NO, ¡NO! ¡NOOO! ¡¿Tú...!? ¡Tú! ¡Tú, maldito alcalde! ¡Infame traidor! —Como era de imaginar el imprudente sobrino se lanzó para atacar, pero pronto fue reducido por Nafar y los demás empleados—. ¡Aléjate de mi mujer! ¡Esa perra no es nada tuyo! ¡Estás más enfermo que yo, maldito desgraciado! ¡Fuiste tú todo el tiempo! ¡Marina no es tu hija...!
—¡Presenta tu respeto ante mi esposa, mocoso maleducado! —Rugió mi esposo apretando ligeramente el cuello de su sobrino, Malcom forcejeó luchando por respirar, y por alguna extraña razón no sentí miedo, tampoco pena, la escena me resultó indiferente, finalmente el joven obedeció ante la orden de sus mayores.
—Fe... Felicidades.... Respetable tía Marina… —y ahí estaba él, mi tormenta oscura, arrodillado y humillado a mis pies.
—¿Te encuentras bien, cielo? ¿Te hizo daño esta basura? —El tacto de Alec me transmitió mayor seguridad de la que ya sentía, me gustaría decir que moría de temor pero no quería volver a ser todo lo Malcom me aseguró yo era; una esclava que no valía nada.
—Estoy bien gracias a ti, mi amor.
Los empleados obligaron a Malcom a marcharse, por más que se esforzó no consiguió evitarlo, soltando maldiciones y amenazas fue arrastrado lejos de mí hacienda quedando un camino de pétalos de flores de crisantemos en su lugar.
—Lamento mucho este percance, mi dulce niña. No sabía que el mocoso adicto había escapado del psiquiátrico... ¡Maldición! Acabamos de casarnos.
—No te preocupes, papi. Tú no tienes la culpa, ¿o sí? ¿De qué te acusa Malcom? ¿Qué hiciste? —No tenía ganas de escapar de su lado.
—Lo necesario, mi niña. Lo necesario —tomé la mano de lo mejor que la vida me pudo dar, revisó mi vestido sacudiendo el polvo y retiró los pétalos de flores de la seda brillante—. ¿Crisantemos...? Maravillosa manera de iniciar nuestra candente noche de bodas.
—¿Noche…? Es de día, padre —me quejé cuando quedé prisionera dentro de una nueva cárcel, en esa ocasión fue en los brazos de mi esposo.
—Nuestra ordeña será hasta el anochecer para compensarlo —me sometió con un beso apasionado y me levantó como novia recién casada hasta dejarme nuevamente dentro del coche municipal, intenté protestar pero me silenció con otro beso corto—. Nuestra suite nupcial aguarda por el nuevo matrimonio Mulroy.
—¿La noche de nupcias no será aquí?
Sus manos apretando mi cintura elevaron mi cuerpo un poco para dejarme sentada sobre su regazo cuando el cochero comenzó la marcha, y pronto sus labios me consumieron en su juego previo. Un juego mortal donde el sátiro era el vencedor absoluto, sus labios tenían sabor a vodka, y el aroma a tabaco que desprendía de su saco me volvió loca. Perdí la cordura cuando subió los escalones del hospedaje de lujo, abrió la puerta de la misma habitación que usamos en nuestra primera noche nupcial, y en ese momento recordé nuestra verdadera boda, el día que me ató a él con engaños. Sabía que resulta ser efímero el amor, y que hay momentos en la vida que son difíciles de dejar ir, pero es más difícil sentir todo por Alec y no ser nada.
—¡Oh dios mío...! Mi amor… —miré alrededor, la alcoba estaba decorada de la misma forma de aquel entonces en la noche de su cumpleaños, todo estaba claro.
—Te lo advertí, no soy un hombre bueno, nunca lo seré...—giré para ver su rostro, y la sonrisa macabra que tenía me causó escalofríos—. ¿Te gusta, bebé? Recuerda nuestro primer matrimonio, mi niña. No puedes separarte de mí nunca más.
—¿Y si no aceptaba ser tu esposa...? —La misma pequeña mesa con un pastel de centro, mi demonio se encargó de hacerme rememorar nuestro primer matrimonio el cual yo ignoraba haber aceptado—. ¿Qué hubiera sucedido?
—Oh, mi niña...—su anatomía me acorraló desde atrás, rodeó mi cintura con sus brazos fornidos, y retiró los bucles de mi cabello para besar mi cuello—. Tú siempre obedecerás a tu padre, yo mismo me encargué de que esta adorable cabecita sea fiel a mis órdenes, ¿recuerdas?
—Te amo, no me hagas esperar más por ti...—su aliento sobre mi piel me venció, y caí derrotada. Me resultó más fácil dejar que mi corazón florezca de nuevo junto a ese ruso elegante—. Solo tú dentro de mí, Alec.
—Te amo, mi niña. Resultaste ser mi mejor enfermedad, me gusta tu ordeña, ¿quieres ver?
—Sí, mi señor. Como usted ordene…
Siempre terminaba en la misma situación, mi condena se repitió como una burla del destino. Era una torpe chica temblando de miedo con millones de dudas dando vueltas en mi cabeza, no lograba entender las paradojas de la vida, estúpida ingenua confiada que entregó el corazón sin dudarlo por la primera muestra de afecto. El amor pintó de un intenso rojo los colores de mi vida, tan rojo cómo la sangre que me sacó, para después tornarse grisáceo, los obsequios que me daba mi esposo eran algo que mi frágil corazón aguantaba.
—¿Te gusta, bebé? Eres mi esposa, cumplí mi juramento, y estás portando un anillo de bodas con mi apellido grabado —murmuró en mi oído sacándome de mi estado de encantamiento, acaricié el brazo que me mantenía atrapada a su pecho soltando una risa irónica.
Esa era yo de pie en el lujoso salón de mi prisión, sin embargo había algo distinto esa fría mañana, tenía una corona encima de mi peinado, un precioso anillo en el dedo anular, grilletes en forma de pulseras en las muñecas, tres collares de diamantes colgando de mi cuello, un fornido brazo cortándome la respiración, un elegante caballero ruso apretando mi pecho con firmeza, y a todo el personal de servicio inclinado para darme la bienvenida a mi hogar.
—¿Cuándo no fui suya, señor Mulroy...? Siempre haces lo que quieres conmigo.
—Por supuesto, eres mía, que bueno que lo aceptas de modo gentil —besó mi cabeza apretándome más entre sus brazos, me cubrí la cara con ambas manos fingiendo vergüenza—. ¿Qué sucede...? ¿Te avergüenza ser alabada y no lo que me ordeñas en la cama...? Mi gente te está mostrando su respeto, es el valioso estatus que te ganaste por ordeñarme con suma devoción, Mari.
—Me encanta, pero no se trata de eso… Por favor, vamos a la cueva... No quiero alejarme de ti.
—Mi niña hermosa... Eres completamente adorable —se burló, me quejé golpeando su brazo escuchando una carcajada de respuesta—. Gracias por recibir a mi esposa como corresponde, camaradas. Vuelvan a sus labores.
—Bienaventurada sea, madame Mari... Debería decirle que usted luce radiante como el amanecer, pero...—Nafar se acercó a nosotros, me miró inquisitivo y sonrió con malicia—. Ese no es el caso. ¿Debo llamar a Lemus, príncipe Ali?
—No, alimaña rastrera. El maldito ladino ya atendió a mi esposa antes de regresar a casa, sólo me excedí... Un poco...—respondió sin ningún remordimiento sin dejar de besarme.
—Lo convenido fue un solo día nupcial, su alteza. ¡Usted se tomó varios días de vacaciones! Las cosas se salieron de control, los camiones se retrasaron, los pedidos no llegan, y nuestros patrocinadores están al borde del colapso. ¡El sistema tiembla!
—¿Te gusta la decoración, bebé? —Susurró mi esposo en mi oído ignorando las quejas de su empleado, Andrews parecía bastante alterado, era de las pocas personas que llamaban a mi rubio de esa forma, devoré los labios del sátiro metiendo mi lengua dentro de su boca—. Mari... Maldita sea... Vamos a invernar a la cueva, ¿sí?
—Padre... Piedad... Mi amor por favor... Todavía me... Duele.
—De ninguna manera, príncipe Ali. Debe retomar el manejo eficaz del sistema, es urgente.
—¡Cállate, imbécil!
—¿Dónde están mis otros cuadros...? —Fue un burdo intento por distraer a mi esposo, y funcionó.
Alucinada observé las paredes repletas de nuestras fotografías de boda, era hermoso, pero exagerado a la vez. Ver mi cara colgada por toda la casa fue impactante para mí, sabía perfectamente lo que tardaba recibir ese pedido, y ese detalle fue una clara señal de la duración de nuestra luna de miel.
—Eres mi amada esposa, Mari. Mi única esposa, mi linda y tierna niña, mi perversa e indecente hija, mi enfermiza y desvergonzada... Mierda... Hija... ¡Ven a ordeñarme, pequeño demonio...! —Acabó el rodeo y su paciencia, me levantó en su hombro como siempre sucedía y subió las escaleras sin importarle las advertencias de su empleado, me iba a doler horrores—. Solo una descarga más, lo prometo...
Mi corazón dejó de funcionar recibiendo sobre mí su divina musculatura, yo misma lo había solicitado, y gustosa abrí los brazos y las piernas para sostener su fiereza... Me gustaría decir que no estaba padeciendo un dolor intenso, lo hacía y me gustaba. Nuestro amor extraño resultó ser mutuo, en ocasiones hay grandes maneras de amar a alguien, desde querer ser todo a terminar siendo nada, y amaba todo de Alec. Definitivamente estaba preparada para experimentar semejante hombre salvaje, me sentía dichosa, afortunada, sudorosa, merecía ese lugar...
—Ah, papi —me aferré a su espalda cuando lo sentí sacudirse frenético entre jadeos elevados—. Ponte el arnés, te lo suplico, no lo saques… Ponte el maldito arnés.
—Me exprimiste el cerebro entre tus nalgas, pequeña mía —bajó su brazo sujetando mi cintura, sacó mi condena, y de un tirón me obligó a girar para atacar mi boca a besos—. Eres muy tierna... Adorable... Dulce… Tengo que volver al trabajo, mi amor.
—¡No...! —Grité con el pánico a flor de piel, escapó de mis brazos para entrar al aseo, y me lanzó un camisón.
—Póntelo, no quiero que nuestro hijo note tus marcas —obedecí en silencio, de pronto la puerta sonó y mi ángel apareció para salvarme del diablo—. ¡Ray! Mi niño...
—¡Mari...! —Mi querubín corrió a mis brazos—. Mari. Mari, ¡moloko!
—Descansa bien, esta noche no quiero quejas. ¿Lo entiendes, cielo? Juntos para siempre...—sentenció mi sensual verdugo dándome un beso en la frente para después irse con su empleado que me sonrió complacido.
—¡Mi hermoso niño! Dame un beso... ¡Otro! ¡Otro más! ¿Me extrañaste? —Mimaba a mi hijo mientras retiraba el tul de la cama, y mi impresión fue tan grande que estuve a punto de caer—. ¿Qué pasó aquí...?
—Oh... Buenos días, madame. El patrón ordenó el cambio de mobiliario, y colocar sus cuadros matrimoniales en toda la pared. Creo que el alcalde tiene una ligera afición por su esposa —comentó Dasha entregándome un fólder forrado en color dorado.
—Pues verás... El amo me orina encima desde el día que recogió a su esclava adiestrada de la finca del terror... ¿Qué es esto...?
—Son sus nuevas funciones, Marina. Usted conoce bien el sistema, aceptó un nuevo protocolo, por lo tanto hay nuevas reglas.
—¿¡Existe un reglamento especial para la esposa!? —Alucinada sostuve el cuaderno del grosor de una enciclopedia, y lo dejé en el velador de mi lado de la cama, perpleja me acomodé sobre el colchón para amamantar a Ray—. Madre mía...
Un beso de chocolate.🍫