Me he enamorado

By Araleh

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Una maldición llega a la vida de dos jóvenes forzándolos a unirse a alguien más para poder salvar sus almas... More

Elegidos para siempre
Es una promesa
Confesiones
Primer paso a tu corazón
Preparando boda
Cuidando a Draco
Tácticas con furor
Alma entristecida
Ahora ayudando a Harry
Destino elegido
Ilusionados
Escándalo
Una boda fuera de lo común
Emociones contrastantes
Error predestinado
Triste día invernal
Adiós, mi niña dorada
Necesito amarte
Primavera sin flores
De corazones rotos
Por un amigo
Te extraño
Triste realidad
Los prospectos para Harry
Sebastian Antonescu
Esta noche es nuestra
La decisión de Sebastian
El corazón también escribe
Sorpresas insospechadas
Otra vez a tu lado
Descubrimiento
Sorpresa, sorpresa
Amantes
Medidas extremas
Víspera de una boda
Condena consumada
Inframundo
Volver a la vida
Las explicaciones de Severus
Nuestros nombres unidos en un corazón
Moras y sorpresas
Secreto al descubierto
Lealtades
Noche oscura
Camino a la sanación
Un nuevo plan
Palabras mágicas
Juntos en una nube
La tercera vez
Presentimiento
Dolor revivido
De regreso a Hogwarts
Ayúdale
Todo por él
Frío de Navidad
La cura
Bienvenidos
Graduación y Encrucijada
Condena de amor

La propuesta

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By Araleh


La propuesta





Draco no podía creer lo que escuchaba. Reconocía que hubiese sentido una gran alegría si la situación fuese diferente... Si Remus no tuviera esa relación formal con Sirius, y antes de arriesgarse a ver la ira en el animago, decidió salir apresuradamente de esas habitaciones.


Sirius intentó ir con él pero Remus le detuvo.


— Déjalo solo, creo que en estos momentos necesitará pensar las cosas.

— No, Rem, al contrario... él no está entendiendo y debemos aclararle lo que esto significa.

— Creo que me apresuré, quizá debí hablar contigo primero para que le hiciéramos la propuesta. Ahora el pobre chico debe de estar muy asustado.

— No está asustado. —aseguró creyendo saber lo que a Draco le preocupaba—. Aún te falta conocerle, Remus, pero eso se te hará más fácil cuando decidas dejar de verlo como tu alumno. Ahora lo más importante es que lograste que Moody renunciara a Draco.

— Sí... Nunca lo imaginé de él, pero Moody resultó un barbaján.

— Bien, dejemos de hablar de él y vamos por Draco... Necesita una explicación.


Remus no estaba muy convencido de si eso fuera prudente, pero ya no se resistió, y junto con su pareja salieron de la habitación en busca del chico.


———000———000———000———




Severus sintió cuando Harry colocó sus dedos en su mentón, el chico temblaba y no dejaba de mirarle a los labios y él no entendía qué era lo que pasaba. ¿Acaso usaba sus dedos para estar en guardia en caso de que se le acercara más?... ¿Acaso a ese mocoso insolente se le había pasado por la cabeza que quisiera hacerle algo?


Sus dedos en su cara sólo podían significar una cosa: un intento temeroso de alejarlo en caso necesario.


¿Pero quién creería que era?... Nunca sería capaz de transgredir la intimidad de un estudiante. Y al pensar en eso comprendió que ya llevaba demasiado tiempo oprimiendo a Harry con su cuerpo, por lo que bruscamente se apartó, sin notar que la mirada del chico brillaba de desilusión.


— Que sea la última vez que azota mi puerta, Potter. No permitiré que...


Severus ya no pudo decir más, nunca se imaginó que iba a vivir algo como aquello, pero de pronto tenía a Harry sujetándole con firmeza del rostro para atraerlo más hacia él. El chico había tenido incluso que ponerse de puntillas para alcanzarlo, pero lo había logrado...


... ¡estaba besándolo!


El corazón de Harry latía muy fuerte, emocionado por apretar con sus labios los de Severus Snape, y más feliz se sintió cuando el hombre entreabrió su boca y él pudo rozarle la lengua con la suya. Le pareció algo tan delicioso, tan estremecedor y cálido que deseó poder besarlo siempre.


Sin embargo, cuando quiso colgarse del cuello de su profesor, éste reaccionó sujetándolo con fuerza de sus muñecas para finalmente romper el contacto empujándole lejos.


Harry no sabía lo que pasaba, apenas logró sostenerse de la pared para no caer nuevamente en los escalones... por un momento había creído que su Profesor le estaba a punto de corresponder, pero la indignada mirada oscura le bajó de su nube provocándole un dolor y una tristeza tan enorme que no creía poder soportarlo.


— ¡Estúpido niño imbécil! —jadeó Severus abofeteándolo—. ¡No crea que se va a burlar de mí, mocoso descerebrado!


Aquello fue más de lo que Harry podía soportar, se llevó las manos a su adolorida mejilla que ahora ardía inmensamente, aunque no tanto como su corazón.


— ¡En estos momentos le juro que con gusto renunciaba a ese ingrato compromiso y permitía que su alma se perdiera junto con el monstruo de Bellatrix! ¡Usted es tan podrido y repugnante como ella!


Los ojos de Harry escocían con gran dolor, se sentía a punto de llorar y no era capaz de defenderse siquiera, ya no le importaba pronunciar ninguna palabra a su favor, no le encontraba sentido alguno a devolver los insultos... incluso apenas podía poner atención a lo que Snape le gritaba.


Era su mirada, sus ojos negros destellando más odio de lo que jamás le había visto. Había en ellos tantos sentimientos negativos que sintió que nunca iba a poder cambiarlos.


Giró rápidamente sobre sus talones subiendo las escaleras. Ya no escuchó que Snape volvía a llamarlo, ni sus ofensas ni nada, lo único que quería era ya no sentir su corazón tan adolorido. ¿Habría algún hechizo para poder arrancarlo de su cuerpo?


———000———000———000———




Draco había pasado los últimos minutos encerrado en la Torre de Astronomía, mirando por la ventana los paisajes nevados y aún sin saber qué estaba pasando en su vida. De pronto un ruido a sus espaldas lo sobresaltó, se giró y vio a los dos hombres aproximándose hacia él. Mantuvo la mirada en alto a pesar de sentirse aún muy confundido, pero esperaba que esa actitud altiva lo ayudara a no demostrar la incertidumbre... ¿cómo iba a mirar a los ojos de Sirius cuando se suponía probablemente éste le culparía de interponerse entre él y su pareja?


Por otra parte, sentir a Remus tan cerca y sabiéndolo en ese momento, su prometido, le provocaba sentimientos muy contradictorios. Sabía que no tenía derecho a esa sensación eufórica, que Remus tan sólo había actuado siguiendo un impulso del que probablemente ya se había arrepentido. Pero aun así, era imposible no detenerse un segundo a disfrutar de aquella ilusión que siempre creyó era completamente prohibida.


Sirius y Remus se detuvieron a un metro del chico, ambos lucían muy serios, pero también serenos, y eso puso al rubio aún más en alerta.


— ¿Qué pretenden?

— Draco, debemos hablar, es necesario que entiendas el porqué hizo Remus lo que hizo.

— ¿No estás molesto? —preguntó confundido.

— No tengo ningún motivo... en realidad, Remus y yo habíamos planeado hacerte una proposición muy importante, pero en vista de que los acontecimientos se nos adelantaron, ahora queremos ser sinceros contigo.

Draco no comprendía de lo que hablaban... ¿una proposición?... pero tampoco encontraba palabras para preguntar, no tenía idea de qué debía preguntar.


— Sirius y yo habíamos pensado que yo podría liberarte de la opresión de Ojo Loco. —empezó Remus, animándose a acercarse un poco más, después de todo, se sentía el más responsable de haber provocado tal sorpresa en su alumno.

— ¿Ya pretendía reclamarme? —cuestionó intrigado, su corazón palpitaba con fuerza ante la inminente proximidad de Remus

— Así es... pero entiendo que esto te moleste, sé que debí esperar a que habláramos primero contigo, sin embargo ya no hubo tiempo, a pesar de que Sirius y yo pensábamos hacerlo esta misma noche.


Draco volvió a girarse hacia la ventana dándoles la espalda, se sentía demasiado confundido y no quería pensar e ilusionarse demasiado si es que aún no había entendido lo que le estaban diciendo. Se forzó a no sobresaltarse cuando sintió a Sirius a su derecha y a Remus a su izquierda.


El licántropo se apoyó sobre el barandal observando los campos nevados distraídamente. Por su parte, Sirius fue más expresivo y pasó su brazo sobre los hombros del rubio.


— No te enfades con Remus, él es un buen hombre que siempre hará lo que sea para impedir cualquier injusticia.

— No entiendo porqué no estás enojado. —confesó al notar la voz serena de Sirius.

— Ya te lo dijimos, es algo que yo le había pedido a Remus que hiciera.

— ¿Pero porqué?... ¿es que acaso ustedes no son una pareja? —quiso saber, cada vez más confundido.

— Lo somos. Remus y yo nos amamos desde que teníamos tu edad y desde el primer momento supimos que seríamos siempre el uno para el otro... por eso él no tuvo a nadie más mientras yo estuve en Azkaban, a pesar de que su fe en mí se había resquebrajado.

— ¡¿Y entonces qué papel juego en esto?! —le interrumpió Draco, frustrado por no conseguir entender algo que a Sirius parecía serle obvio.

— Siempre pensamos que seríamos solo dos... pero ahora creemos que podemos ser tres.


Draco se deshizo del abrazo de Sirius y retrocedió asombrado por aquella revelación. Tanto el animago como Remus se giraron a mirarlo y ambos intentaron sonreírle para calmarlo.


— ¿E-es una broma, verdad? —preguntó Draco retrocediendo a la salida.

— No. —negó Remus con suavidad—. Al principio tenía mis reservas, acepté por Sirius, pero a cada momento me convenzo cada vez más de que es lo mejor para ti.


A Draco jamás le había gustado que tomaran decisiones por él con el argumento de "Es lo mejor para ti". Eso le recordaba demasiado a su padre, a sus intentos de que ingresara al círculo de los mortífagos, de relacionarse con las que suponía las mejores personas, de adoptar actitudes que sólo le habían traído falsos amigos a su vida.


Sin embargo, frente a él no estaba su padre y él lo sabía. Era Remus, el hombre del que se había enamorado, y era Sirius, alguien que en pocos días había conseguido lo impensable, que confiara en él, que se sintiera seguro y feliz a su lado como jamás le sucedió con nadie en el mundo.


Pero aun así no tenía idea de cómo debía actuar, mucho menos de cómo interpretar aquella extraña proposición, e inquieto por sus propios deseos, salió abandonando la Torre.

———000———000———000———


Pensó en ir a caminar un poco hacia el lago, sin importar volver a resfriarse, necesita pensar muy bien en aquella proposición, aunque al mismo tiempo también deseaba no pensar en ella, olvidarla y no tener más esa angustia. Sin embargo, al ir descendiendo por la última escalera hacia el vestíbulo, Draco descubrió a Harry sentado en el primer escalón.


Rápidamente bajó hacia él, aunque estaba de espaldas, éstas se movían dificultosamente y podía escuchar un suave estertor que le preocupó.


— ¿Qué te pasa? —preguntó alarmado al sentarse a su lado y notar el rostro bañado en lágrimas del ojiverde, sus mejillas estaban enrojecidas y se abrazaba a sí mismo demostrando que algo le estaba haciendo sufrir.


Harry le miró por unos segundos, en su mirada se notaba un miedo muy grande, como si algo estuviera acechándolo para destruirlo.


— Ayúdame, Draco... —jadeó entrecortadamente—... No puedo parar de llorar... Hechízame, haz algo para que esto pare... por favor.

— Pero Harry...

— ¡Magia!... ¡que el llanto pare, te lo ruego!... ¡no puedo respirar!


Harry se llevó las manos al pecho intentando inhalar hondo, pero todo parecía imposible, y las lágrimas continuaban fluyendo sin darle tregua para poder relajarse. Draco se acercó más a él abrazándolo fraternalmente. El ojiverde apoyó su cabeza en el pecho del rubio, sintiendo las manos de éste acariciarle la espalda con dulce paciencia.


— Usa magia, Draco... —suplicó débilmente—... te juro que... que no puedo más.

— No seas tonto, Potter. —le dijo con suavidad—. Es un error que desperdicies tu habilidad de llorar. Será tu corazón el que use la magia que necesites para detener el llanto... ya no luches contra ti mismo y permítete desahogarte.


Draco tomó su varita y colocó un hechizo para que nadie se acercara, ni por el lobby ni por lo alto de las escaleras, así tendrían la intimidad necesaria para que el ojiverde llorara todo lo necesario. Lo que Draco no contempló es que había un pasillo justo unos escalones arriba que había salido repentinamente y quedado dentro de su protección.


Ron estaba intentando volver a su dormitorio luego de que Hermione le dejara esperándole en vano en un aula abandonada, aún farfullaba molesto de que su novia se olvidara de todo cuando se encerraba en la biblioteca.


"¡Y luego dice que yo soy el indiferente y hosco en la relación!... se la pasa recordándome la proximidad de nuestro primer aniversario y ella se olvida de una simple cita" Pensaba en el momento en que estuvo a punto de salir del pasillo y escuchó a Harry llorar. Quiso ir hacia él pero al llegar al rellano de la escalera vio que Draco estaba con él.


Estuvo a punto de sacar su varita pensando que el rubio había vuelto a hacer una de las suyas, pero algo le hizo detenerse: la súplica de Harry y su abrazo como si realmente le necesitara. Eso lo hizo retroceder nuevamente hacia el pasillo, sin saber cómo actuar. No podía volver pues el castillo había vuelto a hacer una de las suyas y lo único que podía hacer era avanzar hacia las escaleras.


Tampoco sabía si debía dejarse ver, quizá eso incomodaría a Harry, no tenía idea, pero no recordaba haberlo visto llorar así, y decidió esperar y escuchar.


— ¡Soy un estúpido! —exclamó Harry cuando por fin sus sollozos le permitieron hablar más relajado a pesar de que continuaba llorando.

— ¿Quieres relatarme qué fue lo que sucedió?

— Le besé, Draco... Mi cerebro dejó de pensar y besé a tu padrino.

— Oh, vaya. —musitó preocupado—. Y supongo que no reaccionó muy bien ¿cierto?

— ¿Reaccionar bien? —respondió bufando irónico—. ¿Además de llamarme mocoso estúpido y de abofetearme?... Sí, supongo que no fue la respuesta que me habría hecho feliz.

— ¡¿Te golpeó?! —exclamó sinceramente ofendido—. ¡No puedo creerlo de Severus! ¡Pero que gilipollas!


Harry se incorporó alejándose mientras se secaba las lágrimas, aún lloraba y su voz se escuchaba quebrada pero parecía mostrarse más calmado, y a pesar de eso, Draco pensó que jamás le había visto tan abatido.


Desde su escondite, Ron mantenía los dientes y los puños apretados, no sabía cómo había podido contenerse ante la indignación que sentía. En esos momentos estaba convencido de que Snape era aún peor que el bastardo grasiento que todos creían.


— Sinceramente la bofetada es lo que menos me interesa. —dijo Harry luego de un prolongado suspiro en el que intentó recuperar el aire—. Fueron sus ojos, Draco... —agregó cerrando los suyos, y en su rostro se dibujó una enorme expresión de dolor al recordar—... En su mirada pude saberlo finalmente, pude convencerme que estaba soñando, que él jamás me va a querer. Mi beso no provocó en él más que náuseas, se sintió asqueado por mí.

— No digas eso, Severus puede ser un cabeza dura, y ahora demuestra que también es un cavernícola, pero es inteligente y no carece de buen gusto, te prometo que debió apreciarlo, aunque será difícil que lo admita.

— No me casaré con él. —afirmó categórico, abrió los ojos para ponerse a limpiar sus empañados anteojos—. Yo tenía la esperanza de que podría hacerlo feliz, pero no es así, él no me va a querer nunca y no tengo la más mínima intención de condenarlo a vivir conmigo por siempre.

— ¡Pero Harry, recuerda la maldición!

— ¡No me importa, Draco!... Si Severus no me ama yo no puedo hacerlo responsable de mí, él no fue quien me maldijo, él no tiene la culpa y no es justo que pague con su futuro por salvar el mío.

— ¡Por salvar tu alma, Harry, eso no es cualquier cosa!

— Para el caso es lo mismo. —debatió suspirando entristecido.

— No, Harry, no lo es. Y ahora mismo quiero que me prometas que no cometerás ninguna estupidez, es realmente desagradable que siempre pretendas sacrificarte.


Harry sonrió sin ganas. Viendo a Draco tan preocupado por él comprendió que estaba hablando de más, no debía ser tan sincero. Prefería no arriesgarse a que intentaran hacerlo cambiar de opinión y se esforzó por fingir una nueva actitud.


— De acuerdo, no haré esa estupidez, como la llamas. Pero de cualquier forma, Draco, quizá sea él quien ya no quiera casarse conmigo.

— No, no creo que sea capaz. —asumió algo preocupado.

— Me disculparé con él, así podría conseguir que quiera continuar con el proceso de boda.

— ¿Disculparte? ¡Claro que no! —bufó molesto—. Después de que el imbécil de mi padrino se portó como dices, él es quien debería disculparse. —concluyó el rubio, y Ron dejó por un momento la rabia que aún tenía para sorprenderse, la actitud de Draco no era como hubiera esperado de él, y hasta empezaba a preocuparse por tener que darle la razón.

— Draco, él jamás se disculpará conmigo. —sonrió Harry tristemente.


Draco no respondió, sus ojos grises se entrecerraron concentrándose en la forma de ayudar a Harry. Después de unos pocos segundos, sus labios dibujaron una sonrisa.


— Bien, ya sé cómo. —exclamó malicioso.

— ¿Cómo?

— Déjamelo a mí, tú preséntate mañana con él como si nada hubiera pasado... y finge completamente que no recuerdas ni siquiera haber estado en sus habitaciones.

— Draco, no creo que pueda hacerlo. —debatió con cansancio.

— ¿Quieres entonces que te hechice con un Obliviate? —le amenazó amistosamente.

— Creo que suena tentador.

— No seas tonto, harás lo que yo diga y punto.

— Eres insoportable. —bromeó aún sin poder sonreír.

— Lo admito, pero me gusta ser así. Vamos, te acompaño a tu torre para que duermas que se ve que necesitas hacerlo, te prometo que las cosas se solucionarán o dejo de llamarme Draco Malfoy.

— No quiero subir aún, me quedaré un rato más aquí, pero tú ve a tus habitaciones.

— ¿Quieres venir conmigo?

— ¿Yo en Slytherin?.... Olvídalo. —se negó logrando finalmente sonreír y de esa forma consiguió que Draco se sintiera más tranquilo por él—. En serio, puedes irte, solo me quedaré unos minutos más, hasta estar seguro de que todos se hayan dormido ya.

— Pero aquí hay demasiadas corrientes de aire, Harry, podrías enfermarte.

— Que no pasa nada ¡que aburrido eres a veces!

— ¿Estarás bien?

— Lo prometo.


Draco sonrió pensando que Harry realmente parecía dispuesto a intentarlo, y luego de recordarle fingir con Severus que no recordaba nada, se alejó rumbo a las Mazmorras. Ron pensó entonces en bajar hacia donde estaba Harry, pero se detuvo nuevamente cuando vio que su amigo se había abrazado a sus piernas escondiendo el rostro entre sus rodillas.


"Otra vez llora" Pensó angustiado. No sabía qué hacer, nunca había tenido que confortar a nadie, desconocía de palabras de consuelo. Ahora lo único que se le ocurría eran insultos para quien había desatado el llanto de su mejor amigo.


— No me casaré. —sollozó Harry en voz baja, sintiéndose solo tenía la necesidad de reafirmarlo sin imaginar que era escuchado por su amigo unos escalones arriba—. No quiero darle ni mi vida ni mi cuerpo a nadie que no seas tú, Severus... te amo a pesar de todo.


Harry se incorporó determinado a no condenar a Severus a ser siempre su salvador. Ron se apresuró a poner un hechizo que le mantuviera oculto tras de una falsa pared que ocultaba la entrada al corredor donde estaba, tuvo cuidado de no hacer ningún ruido para que Harry no le viera al pasar a su lado, permaneció en las sombras hasta que perdió de vista a su amigo escaleras arriba.


El pelirrojo estaba muy confundido por todo lo que había escuchado y visto. Desde que Harry le confesó que estaba enamorado de Snape creyó que lo mejor era no pensar en eso, que su amigo iba a conseguir lo que quisiera por muy extraño que a él le pareciera imaginarse a Harry con Snape... pero jamás pensó que las circunstancias fueran tan difíciles para Harry.


Su amigo se veía feliz cuando le dijo que amaba a su Profesor, estaba radiante de alegría por su matrimonio y lucía decidido a que todo saldría bien. Pero esa noche no sabía a donde habría ido todo ese brillo, y pensó que seguramente no habría otro ser en el mundo que estuviera tan triste como Harry... Y todo por culpa de Severus Snape.

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Draco fue directamente hacia sus habitaciones en Slytherin. Ya era demasiado tarde para hablar con su padrino, además, sería muy sospechoso que lo hiciera en ese momento, así que decidió marcharse a sus aposentos.


En el camino sonrió irónico por la situación. Unos minutos antes había creído que su problema era enorme, y ahora incluso había logrado olvidarlo por concentrarse en Harry.


Sin embargo, volvía a su mente la Proposición que le hicieran Sirius y Remus.


Llegó hasta su habitación alegrándose de no encontrarse a nadie en el camino. Se dejó caer sobre su cama y cerró los ojos recordando a los dos hombres.


"Remus" Suspiró llamándole.


"Sirius" Dijo mientras abría los ojos.


Desde hacía unos meses había reconocido sus sentimientos por su Profesor, y desde ese mismo momento aprendió a hacerlos a un lado catalogándolos como imposibles. Nunca se formó ninguna ilusión, ni se permitía soñar, tan sólo vivía día a día en espera de que llegara el tiempo en que sus estudios terminaran y pudiera irse lejos, quizá lo olvidaría o quizá no, pero él ya estaba resignado a que el final no sería jamás feliz.


Ahora estaba Sirius en su vida, y probablemente por lo que había estado viviendo desde que se enterara de la maldición es que su relación con el animago se había estrechado en ese poco tiempo más de lo que había sucedido en toda su existencia.


Y justo cuando creyó que aquella maldición le llevaría a la muerte, una proposición muy estremecedora prometía cambiar su destino.


Recordó lo que Harry le había dicho, no podía involucrar a quien amaba en una condena de la que no tenía la culpa, pero en su caso Remus parecía estar de acuerdo... y Sirius también. Sin embargo, aún no creía entender bien cuál sería la situación.


Debía volver a hablar con ellos, solo así podría tomar esa decisión que ya su corazón le estaba apresurando a tomar.




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