The Crown

By myoizh

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Cuatro reinos, una sola corona. Una maldición que cayó sobre el Príncipe Chenle y desató un mar de preguntas... More

The Crown
Información Inicial
01. Las Islas del Gran Árbol.
02. Una extraña maldición.
03. El libro.
05. El dragón de Zers.
06. ¿Te quiero o te amo?
07. Margarita rosa.
08. ¿Una Reina Líder del Norte?
09. Caballero de armadura roja.
10. Mi Príncipe.
11. Pasadizos secretos.
12. Un plan que puede salir mal.
13. El tren de rosas y el dragón.
14. La flecha plateada.
15. El Gran Árbol.
16. Cuervos blancos.
17. Respuestas y hadas malvadas.
18. El Príncipe mestizo.
19. La biblioteca del Recuerdo.
20. Anillos de promesa.
21. La Dalia y una Flor de Nube.
22. Noche sin estrellas.
23. Una mala verdad.
24. Quiero estar contigo.
25. Hechizos escritos.
26. Cactus de luna.
27. La primera nevada.
28. El sol se pone en el Oeste.
29. Gatos de Gimbler.
30. Jardín de Libélulas.
31. El toque de hielo.
32. Donde descansan los rayos del Sol.
33. Solo tú y yo.
34. Recordemos viejos tiempos.
35. Fiestas del lago.
36. Congelar el fuego.
37. Mentiras que no pretenden lastimar.
38. Melodía de medianoche.
39. El juego por la corona.
40. Si tienes miedo, hazlo con miedo.
41. El plan de la Reina Seulgi.
42. Solo hay una oportunidad.
43. Mariposa azul.
44. El amanecer que espero.
45. Familia.
Epílogo 1/3
Epílogo 2/3
Epílogo 3/3

04. La orquesta de las hadas.

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By myoizh

Un chico jalaba de una carreta llena de pescados se estaba acercando a las cuevas de los dragones a paso lento y muy tranquilo. Portaba la protección necesaria para estar cerca de esas criaturas de fuego, y también una armadura de cobre que apenas y se notaba. Estuvo subiendo aquellas montañas por al menos dos horas hasta llegar a la cima.

Los guardias que custodiaban el lugar lo vieron llegar e inmediatamente hicieron una cruz con sus lanzas para detener el paso.

—¿Dónde está el Señor Kim? Él es quien siempre alimenta a los dragones de esta montaña. —cuestionó el más alto.

—Su Majestad, la Reina Park Jihyo, lo solicitó en el reino de los cielos por asuntos no oficiales. Él me dejó encargado de alimentar a los dragones, soy su sobrino, igual de capacitado que él.  —respondió el chico.

—No se nos avisó nada. —Intervino el otro guardia.

—Fue de imprevisto.

Los dos guardianes de la enorme cueva bajaron sus lanzas.

—Muéstreme su brazalete de fuego. —dijo el segundo guardia. Este brazalete servía para identificar a quienes trabajaban de cerca con las criaturas de fuego.

—No es necesario, ustedes confían en mí y yo confío en ustedes. —respondió el chico con un tono de voz seductor, suave y relajado

—Pasa, ten cuidado con los Puas y Venquis. —El guardia dio permiso al chico de entrar en la cueva.

—Lo sé señor. Estoy entrenado para esto.

El chico entró tirando del carrito lentamente para no hacer tanto ruido y despertar a todos los dragones que descansaban en la cueva.

No le interesaban los Puas o los Venquis que estaban dormidos sobre varias rocas, pasó de largos de estos y también de los dragones bebés que estaban uno encima del otro acurrucados, él quería el premio mayor, el dragón de Zers. Dejó la carreta a unos cuantos pasos de la cabeza de la criatura, sacó varios de los pescados y se los dio de comer. Zers aceptó con gusto los bocadillos, para ser el dragón más grande y fuerte de todos se comportaba como el más pequeño y juguetón.

—Eres una bestia increíble. —dijo al dragón, pasó a acariciar las escamas de su cabeza—. Pobre bestia, me compadezco de ti. Tus monarcas te entregaron en bandeja de plata, será tu fin.

El chico empezó a susurrar un viejo hechizo al oído del dragón. Los ojos de la enorme criatura se agradaron, sus pupilas se achican, de sus fosas nasales empezaba a salir humo, estaba molesto.

Por el lado de afuera, los guardias de la entrada seguían custodiando la cueva cuando escucharon el pitido de sus radios.

—"En el almacén han desaparecido varios barriles con comida para los dragones. Estén atentos al ladrón, según testigos porta una armadura de cobre".

El dragón de Zers estaba tratando de no ceder ante sus instintos, nunca se había sentido tan molesto desde que rompió el cascarón de su huevo. La pobre criatura no quería hacerle daño a nadie, quería calmarse, pero quien lo cuidaba no estaba allí para hacerlo.

El chico terminó de susurrar al oído del animal, con un ligero movimiento de sus manos creó una pequeña nevada sobre la enorme bestia. Un solo copo de nieve que cayó en su nariz fue suficiente para que el dragón de Zers se levantara y empezara a destruir las grandes rocas que estaban cerca suyo, los demás dragones se levantaron asustados y se alejaron.

Zers salió arrastrándose de la cueva destruyendo todo a su paso y lastimando a otros dragones. Los guardias que apenas iban entrando fueron lanzados lejos con una de las alas. La bestia emprendió vuelo hasta el lugar donde su ira sería calmada, hasta el lugar donde esas palabras frías le dijeron que fuera, el Reino de los Cielos sería su destino.

[. . .]

Todos en el palacio en el Reino del Este se despertaron desde muy temprano. El lugar se escuchaba muy ruidoso al igual que todas las calles del reino. Hoy sería el segundo día del festival. Según la guía, hoy serían las demostraciones de magia, esto conlleva presentaciones de baile, canto, espectáculos hechos por las criaturas aladas y como acto principal estaría el de los pegasos.

Los príncipes Minjeong y Jaemin tendrían su presentación de baile, como era la tradición desde hace siete años. Bailarán al ritmo de la música de las hadas con sus clásicos vestuarios primaverales, haciendo mover el viento del sur al este trayendo consigo pequeñas flores de color lila insignia de esta festividad.

Los hermanos Zhong se encontraron con Jaemin justo cuando el chico estaba por irse a un evento que tenía pendiente antes de ir al estadio.

Renjun se quedó sin palabras al ver a Jaemin. El joven príncipe vestía una camisa color lila y unos pantalones blancos al igual que sus zapatos, también un maquillaje sutil, pero muy bonito, resultando sus largas pestañas, sin olvidar la pedrería que reluce en su rostro, detalles sutiles, pero le daban un toque encantador, esos pequeños cristales son de gran importancia en el Reino del Este.

—Te ves muy bien. No pensé que te vería luciendo ese vestuario en persona. —dijo Chenle a su amigo—. Qué bueno es poder presenciar esto. Siempre veía los videos y las fotos que le mandabas a Renjun.

—Y él las veía por horas. —mencionó Ningning refiriéndose a su hermano mayor.

Renjun juró que sus orejas se habían puesto rojas porque sus hermanos lo habían expuesto. Más nervioso no pudo estar al hacer contacto visual con Jaemin, el príncipe parecía observar esperando a que dijera algo.

—Te ves bien... —Renjun creyó que su tono había sido lo suficientemente bajo para solo ser escuchado por el menor. Estaba enamorado de Jaemin, pero no era capaz de decirlo en voz alta puesto que solo era necesario que el castaño supiera de sus sentimientos. Lo que sí podía decir era lo hermoso que se veía, pero se encontraba demasiado avergonzado.

Los dos se quedaron mirando por más segundos de los que creyeron. Jaemin sabía que ese comentario "te ves bien" era la forma en la que Renjun decía "te ves hermoso". Y eso lo hacía sonreír inconscientemente.

—Déjalo crecer primero. —mencionó Ningning al ver la batalla de miradas que estaban teniendo.

Chenle quien venía detrás de ella contuvo las ganas de reír. Sus padres les habían dejado claro que debían mostrarse lo más elegante posible, pero Ningning siempre encontraba la forma de hacer reír a todos.

Renjun le dio una mala mirada a su hermana antes de hablar de nuevo.

—En la tarde comienzan las campañas. —dijo Renjun—. La Reina Kim Taeyeon quiere que estemos presentes desde antes de que el gran reloj toque las tres. Estarás a mi lado, y Ningning te quedarás cerca con los guardaespaldas.

—Había dicho que no sería parte de esto. —respondió Chenle—. Puedes hacerlo solo, vas a leer las propuestas y contestaras las preguntas que haga la prensa y los habitantes del Reino de los Cielos. Puedes hacerlo sin mí.

Renjun suspiró, negando con la cabeza.

—Ya discutimos sobre esto, sabes que la Reina Seulgi nos puede castigar a ambos.

—Los ojos y oídos de la reina no llegan más allá del Gran Árbol.

-—No hagas esto más complicado, irás conmigo, es una orden como primogénito del Reino del Norte, no como tu hermano. —contestó Renjun. Odiaba hablarle de ese modo, pero el temor que siente por sus padres es más grande. No quería que tomaran medidas extremas con Chenle por desobedecer las reglas.

Jaemin y Ningnig al escuchar la posible discusión que se vendría decidieron dejarlos a solas, se fueron en busca de Minjeong. Las presentaciones comenzarán pronto, pero dejar a estos dos solos así sea unos minutos a veces no era bueno, terminaron en la cocina del palacio robando galletas en forma de unicornios.

—Por favor, hazlo por mí. —dijo Renjun—. Yo tampoco quiero ser una marioneta de nuestros padres. Prometo que mañana hablaré con Jaemin del libro, lo convenceré de que nos lleva a los pisos de abajo para buscarlo.

—No hagas promesas que no vas a cumplir. —Chenle dio una pequeña palmada en el hombro de su hermano antes de ir a bajar las escaleras.

Renjun quedó de pie en mitad del pasillo viendo por el ventanal que se encontraba a unos cuantos metros de donde estaba. Dio unos cuantos pasos para asomarse, algo le llamaba o solo sentía una corazonada, pero al estar lo suficientemente cerca solo observó desde el cristal los jardines del palacio. Por un momento creyó haber sentido una pequeña corriente de aire  y haber visto copos de nieve.

Antes de ir al lugar donde se harían las presentaciones culturales, los candidatos pasaron a los balcones del reino donde los Reyes Na daban anuncios a su pueblo.

Estuvieron de pie en fila un buen rato, esperando su turno para hablar de sus propuestas con ayuda de sus hermanos, respondían una que otra pregunta hecha por los reporteros o los habitantes de la nación.

—Disculpa, Príncipe Zhong Chenle ¿cuáles son sus habilidades con la magia? —preguntó un reportero, sosteniendo una pequeña grabadora.

Chenle estaba harto de estas preguntas, mientras que a los demás nobles les preguntaban sobre cómo llevarían a cabo ciertas tareas políticas de la realeza a él le tocaba responder preguntas consideradas algo personales.

—Mis habilidades con la magia no son muy buenas. Estoy mejorando en combate y trabajando para manipular mi elemento. —respondió tratando de ser lo más cordial posible cuando lo que quería era maldecir a la prensa, tenía a su hermano literalmente amenazando a su lado así que no podría hacer o decir lo que pensaba.

—¿Y su elemento es el agua? Según rumores usted hizo congelar una figura en clase.

Comenzaron a murmurar en el público, algunos veían a los Zhong con repudio.

—La magia del hielo es solo una leyenda antigua de nuestro reino. —dijo Renjun, salvando a su hermano de responder—. No hay pruebas contundentes de que aún exista o se haya pasado de generación en generación. Lo que pasó con mi hermano no fue más que un truco. Una broma hecha en clase como todo adolescente normal haría.

Luego de esa pregunta vinieron otras relacionadas, por lo que los Reyes Na, quienes estaban presentes para vigilar que todo saliera bien, tuvieron que intervenir para que dejaran de incomodar a los príncipes Zhong con las mismas preguntas de temas muy serios. No hace falta mencionar que todos los ojos habían estado puestos sobre ellos, en especial Chenle. Pero suerte que los Reyes Na cada tanto interfirieron y al ver que la mayoría de los príncipes se encontraban incómodos decidieron parar con las entrevistas por hoy.

[. . .]

Siguiendo con el día y los planes, todos se encontraban en el jardín más grande del palacio pasando una tarde de campo para el vuelo de las cometas de papel. Muchas cometas de papel adornaron los cielos, de todas las figuras y tamaños, colores radiantes y tan llamativos que lograban captar la atención de cualquiera.

Renjun, Chenle, Jaemin y Ningning estaban sentados en una manta puesta en el césped, debajo de un frondoso árbol que les daba sombra y fresco. Todo el lugar estaba bien decorado con mantas de tonos pasteles en el pasto, todo tipo de flores, burbujas y niños corriendo de un lugar a otro. Los reyes siempre invitan a varios de sus habitantes a pasar ese día en el palacio, casi la seguridad no es necesaria porque el reino siempre ha sido seguro.

—Jaemin, muévete un poco, me tapas la vista. —dijo Ningning señalando al príncipe con un lápiz.

—¿Todavía no terminas con ese dibujo? —preguntó Jaemin moviéndose a la derecha para estar más cerca de Renjun y no obstruir la vista de su amiga.

—Son bocetos de una idea que me vino de pronto para un vestido. No creo que termine hoy, por ello debo dibujar lo que pueda como inspiración.

Jaemin se inclinó un poco hacia Ningning para ver el boceto, pero ella no lo dejó.

—No me gusta que espíen.

—Me gusta como dibujas.

—Gracias, pero sigue sin gustarme que me vean dibujar. —Ningning se apartó del chico, se puso de pie y fue a sentarse al lado de Chenle quien se encontraba recostado en el tronco del árbol con la vista pérdida en el campo.

Chenle miró a su hermana acomodarse.

—¿Ya te cansaste de dibujar? —preguntó Chenle siguiendo con la mirada las acciones de su hermana.

—Solo quiero hacerte compañía.

Chenle negó de manera ligera y se cruzó de brazos para acomodarse un poco dándole un puesto a su lado.

—¿Qué llevas puesto? —preguntó la menor.

—¿Ropa casual? —respondió Chenle, pero sonó más como una pregunta. Llevaba puesto una camisa azul oscuro y pantalones cortos blancos debajo de la rodilla. Solo le faltaba un par de gafas de sol y ya es un look de turista.

—Parece ropa de playa.

—No encontré algo más que ponerme.

—No pareces estar cómodo. Y no hablo de la ropa.

—Si estoy aquí es por obligación y lo sabes. —respondió Chenle con voz suave mirando a las ramas del árbol y la poca luz del sol que se filtraba entre las hojas—. Es lindo este lugar, pero no me siento bien.

—¿Quieres un helado? No sirve de mucho, lo sé. Pero un helado anima así sea un poco. —Ningning jaló su mochila para guardar su libreta y lápices, se puso la mochila y se puso de pie sacudiendo el pasto y hojas de sus prendas.

Chenle sonrió un poco para no preocuparla, sabía que su hermana no le iba a preguntar qué es lo que exactamente le pasa porque es más que claro que Chenle no le diría todo.

Ningning fue hasta Jaemin y Renjun, tocó el hombro de ambos y los invitó a levantarse. Ellos le hicieron caso de inmediato.

Chenle cerró los ojos y en ese mismo momento el ruido de las familias pasando una buena tarde, las risas, música y aplausos pasaron a un segundo plano. Su día comenzó de lo peor y estar rodeado de tanta felicidad no le ayuda. Solo podía pensar en las personas que lo hacían feliz y en los momentos, sus hermanos y... Sí lo pensaba solo un poco sabía que su repentino cambio de humor tenía nombre y apellido. No solo hoy, desde antes lo que había estado ocasionando que hasta él mismo se desconociera es una persona.

Sus pensamientos cambiaron cuando sintió una gota de agua caer en una de sus mejillas. No sabe cuánto tiempo estuvo vagando en su mente que el cielo se había oscurecido y las primeras gotas de lluvia empezaron a caer. Chenle se incorporó de pronto y miró por todos lados en busca de sus hermanos y amigo. Ellos estaban yendo dentro del palacio para refugiarse de la lluvia. Chenle debería hacer lo mismo, pero el árbol en el que se encontraba evitaba que la lluvia lo empapara. Él se puso de pie y recogió las tres mantas que habían quedado en el suelo su intención era ir directo al palacio, pero sintió que alguien estaba detrás suyo y por eso dejó caer las mantas en el ya lodo.

Las miradas de Chenle y Jisung no tardaron en conectarse. Con el corazón latiendo con fuerza Jisung se acercó a Chenle, quien lo miró con sorpresa al verlo empapado por la lluvia. Los dos intercambiaron miradas incómodas antes de que Chenle finalmente tomara valor de hablar.

—¿Quieres decir algo? —preguntó notando que Jisung abrió la boca, pero sus labios se cerraron al segundo—. Como lo pensé.

—Chenle. —dijo Jisung, pero Chenle sintió su nombre ajeno a esa voz que antes tanto le encantaba escuchar decirlo—. Sé lo que pasa entre nosotros, pero solo podemos ser amigos por el momento. Necesitamos hablar como es debido antes de hacer cualquier otra cosa de la cual nos podamos arrepentir.

—Arrepentir. Arrepentir. ¡Arrepentir! ¿De qué? ¿Siempre va a ser lo mismo contigo? —La tristeza invadió a Chenle mientras las lágrimas se mezclaban con la lluvia en su rostro.

—Déjame hablarte, déjame decirlo. Solo te pido una oportunidad para tratar de explicarme.

—¿Decir qué, Jisung? Estoy cansado de que no parezca que me tienes algo de consideración. ¿Qué no estás al tanto de lo que provocas? ¿Lo qué dices? —preguntó Chenle manteniendo un doloroso contacto visual. No es su intención tratar a una de las personas que más quiere en mundo de ese modo, pero no puede evitar que la frustración y el dolor se reflejen en ese momento—. Me miras de una forma, pero de tu boca no sale nada de ello. Si lo que no quieres es dañar la amistad, te concedo el deseo, seamos solo amigos y olvidemos todo lo demás. Eres bueno olvidando, así que para ti no será nada del otro mundo.

—¡Si tan solo me dejaras hablar! —Jisung se acercó a Chenle dando grandes pasos hasta que quedaron a solo centímetros del rostro del otro—. No quiero perder nuestra amistad. No quiero olvidar todo nuestro pasado. ¡Eso es lo que tú quieres! Deja de evitarme, solo te pido eso, vuelve a mí en la manera en la que lo hacías antes. Por favor.

Chenle comenzó a respirar con irregularidad. Jisung de verdad no sabe lo que esas palabras significan.

—Por favor vuelve a mí, quiero que vuelva ese compañero que tanto aprecio, tu presencia, tú. —Jisung trató de tomar la mano del contrario, pero Chenle se lo impidió retrocediendo—. ¿No entiendes lo que intento decir? Eres importante para mí de muchas formas. Solo que no sé cómo... Cómo decirlo.

—Está bien, seamos amigos de nuevo. Eso es lo que quieres. ¿No es así? —dijo Chenle con obvia molestia.

Jisung estuvo por hablar, pero el peligris se adelantó.

—No hay más que aclarar. Ya no somos los mejores amigos que en algún momento fuimos. Solo ten eso en cuenta.

La lluvia aumentó en intensidad y sus voces se perdieron en el estruendo de los truenos en las nubes grises. Finalmente, con un último intento por parte de Chenle miró al príncipe con pesar y se alejó bajo la lluvia, dejando a Jisung solo en medio de la tormenta.

Jisung se quedó allí, empapado y desolado viendo a Chenle alejarse. Las lágrimas se mezclaban con la lluvia mientras el dolor que se intensificó en su pecho se fundía con el agua que caía del cielo. No quiere que termine así. No puede aceptar que así suceda. Pero no sabe cómo hacer para cambiar las cosas, quiere hacer algo, pero Chenle no parece que se lo quiere permitir por temor a no ser correspondido de nuevo. Deben hablar, pero cada vez que lo intentan los sentimientos se mezclan y terminan empeorando todo.

[. . .]

Cuando el gran reloj tocó las seis de la tarde, los reyes y príncipes se reunieron en el estadio de la ciudad, la música sonaba muy fuerte, pero era el sonido de un piano por lo que permitía hablar y no resonaba en los tímpanos.

Había pancartas por doquier, carteles hechos por las personas del pueblo del Este para apoyar a sus príncipes como de costumbre. Las nubes en el cielo estaban siendo custodiadas por varios grupos de guardias, unos quienes cabalgaban sobre los pegasos y otros en los barcos alados. Las criaturas estaban igual o incluso más pulidas con sus brillantes armaduras doradas.

Chenle dio un vistazo a los asientos designados para la realeza. Tal y como lo pensó, Jisung se encontraba junto a su madre y hermano. Fue inevitable para ambos no cruzar miradas. Los ojos de Jisung estaban rogando por la atención de Chenle, que él fuera a sentarse a su lado, incluso articuló con los labios su nombre, "Chenle". Mostró una pequeña sonrisa que apenas y alcanzaba a ser verdadera, reprimiendo cualquier impulso de ir a sentarse a su lado, por lo que prefirió ir a tomar asiento al otro extremo del lugar donde se ubica la realeza de los cuatro reinos.

Jisung quedó un tanto frustrado por la actitud de Chenle pero de cierto modo lo entendía y estaba comenzando a cansarse de ello. Le hacía daño. ¿Debería dejar de insistir o hacer algo más al respecto? Tenía que tomar una pronta decisión, pero había algo de miedo que se interponía en ello. "Si tienes miedo, hazlo con miedo". Es su última oportunidad para hablar con Chenle y no piensa desaprovecharla.

—Un placer encontrarme contigo, Príncipe del Hielo. —dijo Mark al ver al peligris pasar cerca de ellos.

Chenle contuvo las ganas de rodar los ojos apenas lo escuchó. Mejor era ignorarlo.

—¿Puedes hacer aparecer hielos en mi bebida? No quiero pararme e ir buscar otra. —dijo Mark sin cuidado, estaba sentado al lado de su hermano.

—No seas molesto. —dijo Jeno a Mark.

—Ahora tú también eres maleducado al igual que Zhong. —Mark soltó un bufido.

Chenle empezó a contar del uno al cien en su mente para tratar de mantenerse calmado, pero tenía al par de insufribles al lado. Debió haberse ido a sentar al lado de Jisung así esto lo pusiera incómodo.

—Dejen de parlotear. El espectáculo va a comenzar. —dijo una chica pelinegra tomando asiento junto a los Lee.

Chenle no la conocía, pero había mandando a callar a los hermanos Lee y estos le hicieron caso omiso. ¿Se había perdido de algo en todo este tiempo que estaba siendo consumido por sus pensamientos? De seguro era la encargada de cuidarlos o algo parecido, se veía muy joven para serlo, pero a la vez muy en forma, seguro su guardaespaldas.

Los tambores hicieron ruido por todo el estadio. Retumbando los corazones de cada uno. Las luces se apagaron de pronto y el silencio reinó por unos segundos hasta que un reflector se posó sobre la Reina Taeyeon, la mujer lucía más hermosa que nunca, su vestido era gris y acentuaba su figura, varias joyas alrededor de su cintura y una en el hombro. Al igual que pedrería en su rostro de tal modo que parecían lágrimas color plata. La reina portaba un arco dorado, le fue entregada una flecha del mismo color. Ella se puso en posición y apuntó al objetivo. Soltó la flecha y a los pocos segundos impactó en una gran antorcha al otro lado del estadio la cual se prendió fuego. El fuego de esta fue la atracción principal por un minuto hasta que la llama se consumió.

Cuatro pegasos hicieron su aparición, sus melenas estaban decoradas con varios hilos de colores. Las hadas salieron de sus escondites poco después que los caballos alados llegarán al centro del enorme lugar donde un escenario circular se mantenía en movimiento. Destellos, nubes de colores, serpentinas y demás maravillaron a todos los presentes. Los habitantes del Reino de los Cielos jamás se cansarían de ver esto, por más que se repita cada año siempre añadían nuevos hechizos para lograr hacer una hermosa apertura.

El ave fénix traída por los miembros de la familia real del Sur con un suave vuelo llegó hasta el escenario y lo hizo prender fuego. Una pequeña nube esponjosa se encargó de hacer llover el escenario para cesar las llamas. Apenas el fuego fue apagado un pequeño remolino trajo consigo hojas de un tono verde brillante y varios pétalos de flores violetas. La Reina Taeyeon volvió a ser el centro de atención, esta vez solo hizo un ligero movimiento de su muñeca del cual salieron varios destellos dorados en dirección al centro del estadio. Cuando el último hechizo fue terminado y las flores cayeron al suelo los príncipes del reino aparecieron en el escenario y dieron inició a su coreografía.

Todos se encontraban maravillados viendo a los dos jóvenes moverse al compás de la hermosa melodía de los bosques, el vestido color lila de Minjeong llamaba tanto la atención, como también la corona de lavandas y petunias en la cabeza de Jaemin, ambos se veían tan etéreos. Las personas vitoreaban a ambos, aplaudían y cada tanto solo podían decir "wow" por las técnicas de baile de sus majestades. Los aplausos no tardaron en llegar cuando la presentación dio fin, el público incluso hizo una ovación de pie para que los príncipes Na supieran que su presentación les había más que gustado, la habían amado.

Los Zhong se levantaron de los asientos, fueron en busca de sus amigos para felicitarlos por tan maravillosa presentación. Ningning fue la primera en llegar a la zona donde los Reyes Na, estaban felicitando a sus hijos y el rey llorando por lo conmovido que aún se encontraba.

Renjun subió las escaleras de prisa. No dejó siquiera que Jaemin reaccionara porque cuando menos lo pensó estaba siendo abrazado por el otro príncipe.

—¡Estuviste increíble! —dijo Renjun con una gran sonrisa, sus palabras provocaron que Jaemin se pusiera tímido.

La Reina Taeyeon carraspeó un poco para que los dos jóvenes se separaran.

—Tú y Minjeong, claro. —añadió.

No era que a la reina no le agradara el Príncipe Renjun, solo que ella sabía que su hijo y el primogénito de los Zhong no se querían del todo como amigos. Al parecer todos los sabían menos los propios Renjun y Jaemin.

Los reyes Na fueron llamados por los reyes del Oeste para charlar un rato, hace tiempo que no lo hacían, ni siquiera en las reuniones mensuales del comité podían.

—¡Minnie! —dijo Ningning literalmente en el oído de Chenle antes de ir con la mayor dando pequeños saltitos por lo emocionada que estaba.

Minjeong se puso a saltar con ella, ambas compartían el mismo sentimiento de alegría.

—¿Cómo estuve? ¿Te gustó? —preguntó la rubia, la menor asintió en respuesta—. Quería hacer una presentación cantando y bailando, pero Jaemin no quiso.

Minjeong volteó a ver a su hermano con una mirada oscura, como si lo estuviera culpando por toda la maldad en el mundo solo por no querer cantar.

Jaemin estuvo a punto de mostrarle el dedo de en medio, pero recordó que sus padres estaban viendo todo desde lejos por eso se detuvo.

—¡Fue maravilloso! Te ves muy linda y bailas como una completa diosa del viento. —dijo Ningning muy sonriente.

—Gracias. —Minjeong le dio un enorme abrazo a su amiga—. No sabes lo feliz que estoy de que ustedes estén aquí, mis amigos.

Al azar la vista Minjeong vio a quien tanto estaba esperando, sosteniendo un ramo de flores y jugueteando con su cabello. Terminó el abrazo y arrastró a Ningning con ella.

Ningning no entendía nada, no sabía a donde estaban yendo, pero apenas vio de nuevo a la pelinegra de esta mañana, luciendo esta vez una camisa blanca con un corsé negro por encima, pantalones y botas altas del mismo color color, supo que se trataba de la misma chica que le presentó el primer día que llegaron al reino.

Esa chica que tantos suspiros le sacaba a su amiga y que saludó en la mañana solo por cordialidad. De repente se sentía incómoda y algo dolida, cosa que no entendía el porqué.

—Ningning, ¿recuerdas a Karina? Las presenté ayer. —mencionó Minjeong muy alegre.

—Mucho gusto de nuevo, Princesa Zhong Yizhuo. Soy Lee Jimin, sobrina del Rey Lee Suho del Oeste. —Karina por inercia hizo una reverencia hacia la rubia, acción que puso aún más incómoda a la menor, pero trató de disimularlo con una sonrisa algo nerviosa.

Ningning al escuchar lo último también hizo una reverencia, recordando que el día de ayer literalmente huyó de las mayores.

—No es necesario que se incliné. —dijo Karina, haciendo que la menor se pusiera derecha de nuevo.

—No es necesaria tanta formalidad. ¿No crees, Ningning? —cuestionó Minjeong, la rubia asintió en respuesta.

—Está bien, Ningning. Entonces puedes llamarme Karina, así es como todos mis amigos lo hacen. —respondió la mayor de las tres con una hermosa sonrisa que la rubia le devolvió, muy tierna a la vista de ambas—. ¡Casi lo olvido! Minjeong, estas flores son para ti.

Karina le obsequió un ramo de tulipanes rojos y azules a la princesa.

—¡Gracias! ¡Son tan lindas! —Minjeong recibió el ramo y olfateó un poco las flores—. Y huelen muy bien.

Ningning quien se estaba alejando sigilosamente de ambas fue detenida por Minjeong quien la sujetó del brazo.

—Vamos a comer algo. ¡Quiero que mis dos personas favoritas sean amigas! —dijo Minjeong, sonriendo.

La princesa llevó a ambas hacia las escaleras.

Ningning desde lejos le pidió ayuda con la mirada a su hermano, pero Chenle hizo como si no la hubiese visto y Renjun estaba bastante ocupado con el Príncipe Jaemin como para prestarle atención a su querida hermanita.

—Quisiera ya cumplir dieciocho. —dijo Jaemin con un tono de voz que Renjun no supo interpretar. ¿Anhelo?, ¿tristeza? No lo sabía.

—¿Por qué la prisa por crecer?

—Si fuera mayor de edad tú y yo podríamos.... Creo que no es necesario decirlo. —Él rio por esto último.

Renjun comprendió al instante y se quedó sin palabras por primera vez en su vida. Cuando se trataba de Jaemin todo lo que era se volvía lo contrario, dejaba a un lado su confianza, su postura, su título real, todo.

—Sabes que te esperaré. Lo que siento no es algo pasajero. Si estás preocupado por mis sentimientos o no estás seguro, soy yo quien puedo aclarar esas dudas. No sobre pienses, eso solo te hace daño.

—¿Y si no es así y te dejó de gustar? —preguntó, haciendo un puchero.

—Eso no va a pasar. —Renjun tomó la corona de flores del menor y la bajó para cubrir sus ojos. Una pequeña travesura que Jaemin seguro le devolverá más tarde.

El castaño al quitar las flores de su vista notó a cierto príncipe hablando con una chica, esta última solo se reía en su cara.

—¿Ese es Jeno? —Señaló Jaemin con algo de sutileza—. Creo que está siendo rechazado, a jurar por la expresión de ella.

—Jaemin, eso es ser chismoso. —respondió Renjun.

La chica tomó el pequeño ramo de tulipanes rojos que le obsequiaba el príncipe y los arrojó en su cara antes de marcharse.

—Eso seguro debe doler. Pobre, se ve que le gustaba, mira su rostro. —murmuró Renjun.

—¿No dijiste que era chismoso?

—Perdón, tú me contagiaste. —Renjun alzó sus manos en símbolo de tregua, así empezaban sus pequeños juegos.

Jeno recogió los pétalos que habían caído al suelo y levantó la vista, su mirada se conectó con la de Jaemin y luego pasó a ver a Renjun, él solo ignoró esto. Por un momento el castaño pudo observar los ojos casi cristalinos del príncipe antes de que este se fuera directo a la salida del piso donde se ubicaban los nobles. Se sintió mal por él de algún modo.

—¿Te ha gustado el reino? —preguntó Jaemin.

Renjun apenas y pudo procesar la pregunta debido a que estuvo vagando en sus pensamientos. Una vez que se miraron uno al otro frunció el ceño como señal de que no había escuchado.

—¿Te gusta el reino? Vi que no te gustó el palacio. —dijo Jaemin—. El palacio tiene una magia algo peculiar, ni yo la entiendo, lo cuál es raro. Pero esos cristales nos dan la energía necesaria.

—Sí me gusta tu reino. Lo poco que he visto me agrada, el palacio igual.

—¿En serio?

Renjun asintió en respuesta.

—Está lleno de vida, mucho brillo, los edificios son increíbles, vi hasta una biblioteca con la forma de una flor rosada enorme. También las flores reales son preciosas, las hadas me obsequiaron varias. Pero, hay algo que quiero saber... ¿Por qué los escudos?

Jaemin hizo una mueca, de todas las preguntas del mundo, esa es una de la cual no posee respuesta, y no porque no pueda investigar, era el hecho de que, la información sobre esto se encuentra escondida, a pesar de que su madre, la Reina Taeyeon, sabe la razón, no puede decirle a alguien que no sea el sucesor al trono. Y pues, él no es el primogénito, entonces la responsabilidad recae en su hermana. Lo único que le han dicho es lo mismo que a los habitantes del reino, los escudos son eso, los protegen, pero ¿por qué solo están en la ciudad principal del reino?

Además de ese hecho, otra cosa que le molesta relacionada a esto, era que los escudos tienen que ser creados por una persona, no eran encantamientos los cuales dicen y se conservan el tiempo que se quiera, eran hechizos, hechizos que van desgastando tu energía vital. Jaemin en el pasado, cuando era solo un niño, vio a su madre varias veces enferma porque ella es quien debe emplear este hechizo día y noche, sin descanso. Le preocupa su madre, quisiera hacer algo para ayudarla, pero sus padres no quieren, o no pueden decirle la razón o la verdad detrás de los escudos en el cielo.

—Son eso, escudos, nos protegen y ayudan a controlar el clima, si supiera más sobre ello te lo diría. —respondió Jaemin.

Renjun asintió, convencido con su respuesta, ya que parece que al chico le afectara no saber más al respecto.

Hubo un silencio cómodo entre ellos hasta que el mayor habló de nuevo:

—Jaemin, quisiera preguntarte sobre algo. —dijo Renjun no tan convencido porque la verdad no sabía cómo contarle lo del libro sin decirle que Chenle tenía la maldición.

—Cualquiera que sea la pregunta la responderé.

La gran sonrisa en el rostro del castaño por un momento hizo pensar a Renjun sobre si era buena idea lo que estaba a punto de decir.

—¿Recuerdas el libro que encontramos en la biblioteca el primer año que entraste a la escuela? ¿Ese de portada azul oscuro y páginas llenas de polvo?

—El libro que robamos. —dijo, chasqueando los dedos.

—Baja la voz. —Renjun acercó las manos al rostro de Jaemin, pero se detuvo apenas las palmas rozaron con la nariz del príncipe—. No robamos el libro, lo tomamos prestado.

—Como digas. —Jaemin ya sabía bien a dónde se dirigía Renjun con todo esto—. ¿Quieres saber dónde está el libro?

Renjun mordió su lengua y solo pudo asentir, mentir se estaba volviendo una costumbre para él y era lo que más odiaba. Le ocultó a su hermano por años un secreto de su madre, lo del libro y muchas cosas más.

—Mis padres me quitaron el libro. —dijo Jaemin—. Hace un tiempo me descubrieron leyéndolo, fue el mismo año que lo hallamos y lo traje al castillo. Se lo dieron a los recordadores porque sabían que no podían llegar a los ancianos fundadores y decirles: "Hola, mi hijo encontró esto, no tomen acciones contra nuestro reino, gracias, adiós" —Hizo comillas con sus dedos.

—¿Los recordadores?

—Son algo así como los guardianes del conocimiento. Mi reino tiene secretos que hasta yo desconozco. ¿Por qué quieres ese libro? Hay magia peligrosa escrita en esas páginas y muchas cosas inexploradas por una persona común, común como nosotros.

—Sí te confío un secreto, ¿no se lo dirás a tu hermana o a Ningning?, ¿a nadie?

—Tú eres la persona en la que más confío, lo que me digas jamás saldrá de mí. —respondió Jaemin.

[. . .]

Ningning le rogaba al cielo que le mandara una escapatoria. Que tortura estaba siendo estar con las dos chicas, sonreír como si nada, como si no hubiera sentimientos de por medio que dolían al igual que estacas de hierro al rojo vivo en el corazón.

—Yizhuo, ¿quieres helado o pastel? —preguntó la pelinegra sacando a la chica de sus pensamientos.

Las tres estaban en los puestos de comida en las pequeñas ferias afuera del estadio.

—No me gusta tanto lo dulce.

—¿En serio? Recuerdo que te gustaba mucho el helado y las fresas. ¿Cuándo cambió eso? —Fue Minjeong quien preguntó, estaba un tanto sorprendida.

—Hace mucho. Jaemin me contagió de su amargura. —contestó Ningning, bromeando.

Ambas chicas intentaban introducir a la menor en la conversación, pero simplemente de nada servía. La rubia podía incluso ver la incomodidad flotando sobre ellas, era difícil, pero ¿por qué lo era tanto?

Ningning respiró hondo antes de hablar.

—Karina, quisiera saber más sobre ti.

—¿De mí? —cuestionó la pelinegra, sorprendida—. Creo que no hay mucho que contar. Soy mayor que Minjeong por un año y medio. Así que son, hmmm... soy cuatro años mayor que tú, ¿cierto? —Ningning asintió—. Soy parte de la familia real del Oeste, como sabrás, también del ejército y... No sé qué más podría decir. Soy sobresaliente en muchos ámbitos escolares y eso, pero no lo considero importante.

—¿Por qué no asistes a la escuela de magia? —preguntó Ningning, esa duda surgió de repente.

Minjeong encontró su helado de vainilla más interesante que la conversación de las chicas.

—Mi padre murió antes de que yo naciera y mi madre murió cuando solo tenía unos meses de nacida, quedé al cuidado de mis tíos desde entonces.

—Lo lamento mucho, no debí-

—Tranquila, con el tiempo ha sanado. —dijo Karina, interrumpiendo—. Preferí entrenar para el ejército y ayudar en los operativos en el reino. No asistía a la escuela de magia porque no me sentía lista. Hace dos años lo estuve, pero la salud de mi abuelo empeoró y luego se fue al igual que mis padres. Además, creo estar algo mayor para ir a la escuela, ¿no lo crees?

Ningning negó moviendo su cabeza de un lado al otro, mantuvo sus labios en línea recta, sus mejillas parecían la de una ardilla pequeña.

—No todo es tan triste, agradezco a mis tíos y torpes primos, cuento con su apoyo. —Karina mostró una genuina sonrisa, sus ojos se hicieron más pequeños, así como unas pequeñas lunas menguantes.

De vuelta al estadio a unos cuantos metros de la zona para los reyes y príncipes Na.

Chenle estaba sentado solo, mientras veía una que otra presentación de magia, estaba comiendo dulces de melón de una pequeña bolsa, no eran su favoritos, pero no quería quejarse.

El Príncipe Donghyuck llegó al lugar designado para la realeza. Estuvo de pie con las manos dentro del bolsillo de su suéter, analizando el lugar hasta que vio al joven Zhong sentado solo. Ignorando los llamados de sus compañeros que asistieron a las festividades y nobles qué querían saludarlo fue a sentarse al lado del peligris.

Intercambiaron miradas como una forma de saludo, estuvieron un gran rato en silencio mirando algún punto fijo en el estadio hasta que por fin alguien rompió ese incómodo silencio.

—Nunca he tenido la oportunidad de conocerte. —Haechan giró un poco su torso para estar casi frente a frente con el otro príncipe.

—Eso mismo digo.

—¿Te parece aburrido?

—¿Qué cosa exactamente? —respondió Chenle con otra pregunta porque no sabía a qué se refería el contrario.

—El festival, veo que estás mirando a la nada mientras comes esos dulces asquerosos.

—Mis hermanos me han dejado solo y mis amigos igual.

—Qué triste suena eso. —Donghyuck tomó una de las paletas que llevaba el mesero que justo estaba pasando por su fila.

Al parecer el príncipe del Sur quería a alguien a quien molestar un rato, Chenle no esperaba que el chico fuera de esos.

—Y dime ¿por qué no estás con tus amigos? —hizo un "contraataque".

—A ellos solo les gusta el Donghyuck radiante, carismático, el payaso que los hace reír. No quieren al príncipe al cual deben consolar porque no se siente como antes y se la pasa cabizbajo.

Chenle no esperó esa respuesta, ahora no sabía qué decir.

—No me mires como alguien moribundo en la vida, solo es un mal momento. —agregó Donghyuck—. Todos pasan por malos momentos.

—¿Por qué me cuentas esto a mí? —preguntó Chenle con curiosidad.

—Porque no somos amigos y eres de los que no le interesa tanto la vida de los demás como para ir contándola por ahí. —respondió, empezando a quitar la envoltura de la paleta.

Chenle pensó que le había leído la mente.

—¿Quieres qué hablemos sobre lo que te pasa? —preguntó algo confundido, Donghyuck le había dado a entender eso.

—No es algo que debas saber. Por ahora solo estoy bien con tu compañía, mi hermano se fue a cuidar que mi madre no se emborrache. —Donghyuck llevó la paleta a su boca—. ¡Por la llama ardiente! ¿Por qué todos los dulces aquí saben tan mal?

Ambos rieron por esto.

—Creo que nuestras papilas gustativas son de un niño pequeño. —dijo Chenle.

—Preparan cenas increíbles, pero los postres y dulces son horrendos.

—No te quejes de la comida de este lugar, la de mi reino es peor.

—¿Qué acaso comen pescado en hielo? O me dirás que tu dulce favorito es el salmón en paleta.

La mala mirada que le dio Chenle le hizo entender a Donghyuck que había sido una mala broma.

—No comemos nada proveniente del mar, no es una regla ni nada, solo amamos a los peces. —respondió Chenle muy calmado. Se sentía cómodo al lado del pelirrojo, era tan tranquilo que se le hace extraño puesto que se trata de Haechan.

—Quisiera conocer tu reino.

—Tal vez a finales de año mis padres decidan invitar a los demás reinos a las fiestas del lago.

—¿Fiestas del lago? —preguntó Donghyuck muy curioso al respecto.

—Es como una "mini navidad" antes de navidad. Se hacen barcos de papel y se pone una vela pequeña en medio, en un papel escribes un deseo y lo dejas quemarse en el fuego antes de dejarlo navegar.

—Suena muy festivo eso.

—Creo que no lo es tanto. —respondió Chenle, riendo—. Al estar el barco en flote luego de un tiempo la vela se apaga y el barco se hunde. Si del papel se forman peces o cualquier figuras con agua eso significa que tu deseo puede que se cumpla.

—¿En serio? Desearía ser el más guapo de los cuatros reinos. Pero creo que no se cumpliría porque ya lo soy.

—Qué engreído.

—Es amor propio y es mi mayor encanto. —Donghyuck arregló el cuello de su camisa y sonrió pícaro.

Sus hermanos los habían dejado solos, pero esto no impidió que encontrarán a un nuevo amigo. Estuvieron juntos charlando de lo que se le viniera a la mente o halagando el Reino del Este por lo hermoso y colorido que era, hasta que el Príncipe Donghyuck decidió irse a descansar, se sentía algo agobiado por tanto ruido.

Donghyuck se despidió, no sin antes invitarlo a estar con él y su hermano menor al día siguiente que sería el día deportivo según la guía del festival.

Chenle pensó en rechazar su invitación porque no quería estar tan cerca de Jisung, pero su hermano mayor era como un sol, no podía borrar esa pequeña sonrisa que había logrado obtener.

La noche estaba tan resplandeciente, la luna de seguro bailaba al ritmo de la hermosa música producida por las arpas de las hadas. El príncipe estaba rodeado de personas, pero se sentía sólo, hasta no saber más información sobre la magia de hielo era mejor estar bajo control, calmado y evitar involucrarse con otros.

—¡No me vuelvas a dejar sola con las tortolitas!

La voz de su hermana lo sorprendió.

"Adiós tranquilidad y soledad" pensó Chenle.

—¿Tan malo fue socializar con alguien nuevo? Pensé que eras la princesa más popular de los cuatro reinos.

—No me refiero a eso. —Ningning tomó asiento al lado del mayor y le arrebató la bolsa de dulces de sus manos—. Estuvieron de ojitos dulces, palabras lindas y risitas Me sentí como la tercera rueda, aunque todo el tiempo me estuvieron preguntando de todo para que hablara.

—Pero trataron de integrarte, ¿por qué estás enojada?

—No lo comprenderías, ni yo lo comprendo. —bufó y llevó una gran bocanada de dulces a su boca.

—¿Minjeong te gusta? —preguntó Chenle sin querer. Se tapó la boca al darse cuenta lo que había dicho.

—¡Estos dulces son buenos! Desde ahora le diré a Jaemin que me lleve de estos a la escuela. —Tal vez Ningning no escuchó lo que dijo su hermano, o tal vez sí y solo no quería responder algo de lo que no estaba segura.

Chenle no juzgaría sus sentimientos, no era esa clase de persona y mucho menos con su hermana a quien tanto adoraba. En estos tiempos ya pocos lo eran con respecto a ese tema, pero sí había muchos que preferían no cruzar los tipos de magia. No quería tener que ver sufrir a su hermana porque no podía estar con alguien que no tuviera su mismo tipo de magia elemental o alguien que no sintiera lo mismo por ella.

• • •

Renjun y Jaemin se encontraban en las plantas bajas del palacio. Jaemin había estado configurando las cámaras de seguridad para congelar la imagen por al menos lo que les contara ingresar a la Biblioteca del Recuerdo. Esa fue la parte fácil, la difícil es que si no eran invitados o no contaran con la aprobación para entrar allí la biblioteca no los dejaría.

Fue muy fácil burlar la seguridad, los guardias Renjun los había puesto a dormir con uno de los hechizos favoritos de su hermana, gotas somníferas. Continuaron por el corredor hacia unas escaleras, todo en ese lugar a pesar de ser subterráneo se notaba tan brillante, las paredes de un tono blanco llamativo y el aura, o el ambiente para Renjun, se sentía intranquilo, pero a la vez les daba la sensación de que nada malo les pasaría.

—Recuerdame porqué accedí a hacer esto. —dijo Jaemin una vez llegaron enfrente de unas enormes puertas de vidrio teñido.

—Porque puedes burlar la seguridad de cualquier lugar sin problema y porqué necesito. —Renjun se detuvo—. Necesitamos. Este libro.

—Quiero ayudar a Chenle porque es mi amigo y lo aprecio. Pero ¿por qué hacer esto? —cuestionó un poco inseguro de lo que estaban por hacer—. Puedo investigar sobre la magia del hielo por mi cuenta y tener mucha información, la que requieras.

—No es que desconfíe de tu potencial. Esta magia no es lo que piensas, nadie conoce más que solo leyendas.

Jaemin puso los dedos sobre la cerradura, cerró los ojos y trató de encontrar la llave al lugar. El hechizó no funcionó, tocaba un encantamiento y esos los odiaba, decir algo como "sin apuro y conjuro, ordeno que este pasadizo quede sin seguro" le parecía humillante.

—Sabes, las leyendas contienen verdades. —murmuró Jaemin antes de pensar en otra forma de entrar y allanar la biblioteca.

—Verdades a medias y mentiras blandas.

Jaemin se concentró en buscar el aura que emanaba la biblioteca, tenía que encontrarla para saber qué clase de protección posee y así entrar sin alterar ningún hechizo y dejar rastro que estuvieron ahí. El problema sería después al intentar desvanecer el rastro de su aura, ya que, Renjun en ningún momento había usado magia. Para Jaemin todos pueden ver las estelas de luz que deja la magia elemental por cierto tiempo, pero este don solo lo poseen unos pocos.

El príncipe respiró hondo antes de murmurar algo apenas audible para Renjun. De todos modos lo que había dicho fue una lengua antigua de su reino y algo por así decirlo "prohibida" porque la usaron para un acto egoísta en el pasado el cual hasta los habitantes del Este habían olvidado.

La cerradura se abrió por sí sola, la escarcha dorada se disparó en la puerta y se desvaneció.

Jaemin miró a Renjun.

—Tengo un deja vu ahora mismo. Como si esto ya hubiera pasado alguna vez en el tiempo.

—No te he pedido algo tan arriesgado...

—Hasta ahora. —agregó Jaemin—. Renjun, ¿estás seguro de esto?

Renjun asintió. —Es la única manera de cambiar la historia.

.

.

.

⭐️

Significado de las flores que mencioné en este capítulo:

Tulipanes rojos: simboliza el amor apasionado, eterno y perfecto, también es tomado como declaración de amor.

Tulipanes azules: significa honor y lealtad, aunque también la fidelidad.

Olvidé mencionar que hay alteración de edades.

La mayor de todos es Karina con veinte años. Mark, Renjun, Haechan y Minjeong con diecinueve. Jeno, Chenle y Jisung con dieciocho. Y los menores son Jaemin con diecisiete, Giselle (qué todavía no sale) y Ningning con dieciséis años.

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