Habría sido mejor idea haberte comprado un peluche color azul, era tu color favorito, ¿cómo pude olvidarme de ese pequeño detalle? En fin, sabía que te gustaría. Además, me prometí a mi misma dejar mi timidez a un lado y acompañar el regalo de un beso aunque fuera en la mejilla -para mí eso era un acto de valentía máxima, aunque parezca ridículo- y aparte, un abrazo de esos que tan feliz solían hacerme, y tenia la esperanza de que a ti también.
No podía esperar a verte. A ver esos ojos, esos ojos que cuando me miraban penetraban mi alma con su fuerza, y que pronto se convertirían en mi debilidad, si no es que ya lo habían logrado aún. Sentir tu olor era de mis sensaciones favoritas. Ese olor masculino pero a la vez que te caracterizaba solo a ti, y que podría definirlo entre mil olores más, porque era solo tuyo. Como si mis fosas nasales estuvieran conectadas con mi mente y corazón -eso sonó peor de lo que pensé, sinceramente- ya que con solo sentirlo cada vello de mi piel se erizaba.
Por eso, ese día fui tan emocionada a verte. Mientras iba en camino miles de emociones se juntaban. La alegría, los nervios y el amor danzaban dentro de mí con gran pasión, y mis problemas se iban a dormir por unos minutos. Me hacías sentir segura, como si tus abrazos fueran un escudo contra todo lo malo, o tu mirada fuera mi amuleto de protección.
Lo que me inquietaba era que yo sabía que tú no sentías lo mismo por mi, pero yo quería intentarlo. Dicen que el que persevera, alcanza, y yo no tenía miedo de perseverar para alcanzarte.
En fin, una vez llegué al sitio, eché un suspiro, tratando de liberar el nerviosismo. Tú no sabias que yo estaría ahí, por eso estaba tan ansiosa por ver tu reacción.
Entré por la puerta principal, esperando con ansia ver como tu silueta se aparecía por los andares, y que mis emociones se me subieran al corazón.
Pero entonces, te vi. No estabas solo. Tomabas de la mano a una chica. Será su hermana, quizá, pensé. Pero entonces, de un momento a otro, mi corazón cayó. La besaste. Solo tuve unos segundos para salir a toda prisa del sitio, y una vez aterricé en mi auto, estallé en llanto. Una presión fuerte abrazó mi corazón, y mi respiración era pesada. Quería que fuera una pesadilla, no podía ser. Yo sabía que no me querías de la misma manera que yo a ti, pero no estaba preparada para esto.
Me costó entender que no siempre se puede ser el personaje principal, que aveces a cupido se le acaban las flechas, y solo impacta a uno de los dos.