Destellos de ternura

By Araleh

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La guerra ha terminado, pero el mundo no puede considerarse agradable, por lo menos no para Harry quien aún n... More

Dos meses después de...
Un error trascendental
Nueva vida
Admítelo
La flecha en el corazón equivocado
Huele a traición
Ángel sin alas y un corazón generoso
Un cambio de vida
Mi corazón quiere cuidarte
Tuyo
Quisiera que me amaras
Delatado
La huida
Animago
No quiero irme
Listos para partir
¿Quiénes son?
Sucesos inesperados
Por ti, las veces que sean necesarias
Buscando un nuevo destino
Enamorados
Dos destellos
Corazón vulnerable
Hola de nuevo... Voldemort
Mi vida sin Harry
La historia cambiada

Tentación

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By Araleh



Tentación




Harry tomó aire negando vigorosamente con la cabeza.


— ¿Eh? ¡No, no, claro que no, por él no!

— No te pongas nervioso. —dijo sonriendo ante esa atropellada respuesta.

— No estoy nervioso, pero no es por él.

— Lo dije porque recuerdo que me habías confesado que Severus fue el motivo para querer hacer el viaje.


Harry asintió, y volvió a negar, y enseguida volvió a asentir, totalmente confundido de lo que debía decir al Director. Albus terminó riendo sin poder evitarlo.


— Ve a descansar, Harry, aunque te recuerdo que debes concentrarte en recordar el hechizo.

— Sí, señor, y... disculpe, pero, ¿podría decirme si ya averiguó algo sobre el giratiempo?

— No, Harry, lo lamento, he hecho todo lo posible pero aún no encuentro alguno que se parezca al tuyo.


Harry asintió y salió del despacho sin poder evitar sentirse contento de que el director tampoco avanzara en sus investigaciones.


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"Esto no está bien" Pensó Draco mientras su boca continuaba siendo explorada a detalle por la firme lengua de Severus. Pero a pesar de esos pensamientos, no podía alejarse... era algo superior a sus fuerzas.


— Detente. —pidió débilmente cuando Severus llevó sus manos hacia su cintura con la intención de desfajarlo.


Pero el ojinegro no hizo caso, tampoco es que Draco se lo estuviese ordenando, y su voz se escuchaba insegura, incluso no podía disimular el placer y el deseo que ya tenía.


— Severus...

— ¡Me gustas tanto! —gimió besando su cuello—. Eres delicioso, Draco... y te deseo.


La ronca voz de Severus no ayudaba mucho a la voluntad de Draco. Por momentos quería apartarlo y sus manos hacían lo contrario rodeándole por el cuello para atraerlo más y más. Ya empezaba a sentir que su entrepierna estaba jugándole una mala pasada.


No pudo contener una exclamación de placer cuando las manos de Severus lograron por fin colarse bajo la ropa y acariciar la piel nívea que ya ardía de calor.


Los dedos de Severus viajaron hacia el sur y ante el contacto con la despierta hombría del rubio, éste empujó la pelvis hacia delante en busca de más de esas caricias mientras buscaba desesperadamente otro beso del ojinegro. Éste le correspondió al instante, dieron un paso hacia las escaleras, sintiendo la urgencia de desnudarse por completo, pero el ruido de alguien aproximándose les sobresaltó.


Draco aprovechó el momento para salir corriendo como nunca en su vida, sin importarle el llamado de Severus, lo único que quería era sacarse ese deseo de su cuerpo que lo estaba matando.


Severus frunció el ceño ante sus frustradas intenciones, y más aún cuando quien apareció por el recodo del pasillo era Harry, quien le sonrió ajeno a lo que acababa de interrumpir.


— Hola, voy a seguir con los deberes ¿quiere que lo hagamos juntos?


Severus no respondió, fue a sentarse en el primer escalón por donde había desaparecido Draco. Harry dudó pero al final le acompañó.


— ¿Se encuentra bien? ¿Acaso ese Mulciber le hizo algo? ¿Y dónde está Draco?

— ¡Deja de hacer tantas preguntas, por Merlín!

— ¡Y usted deje de ser tan ingrato, yo no pretendía molestarlo y...!

— ¡Y tú deja de hablarme como si tuviera cuarenta años, no lo soporto!


Luego de ponerse de pie, Severus se alejó en sentido contrario. Harry abrió los labios para detenerlo pero ningún sonido salió de su garganta, volvía a tener ese nudo que le apretaba con fuerza.


— ¡¿Qué diablos sucede conmigo?! —se recriminó apretando los puños—. ¡No me gusta sentirme siempre con ganas de llorar, no hay motivos, Snape es un bastardo igual que siempre!... ¡lo odio!


Harry abrazó sus rodillas hundiendo su rostro entre ellas, y por más que intentó, en pocos segundos su pantalón ya estaba humedecido por las lágrimas.


— Esto no es normal. —pensó asustado—. Siempre pude evitar que Snape me humillara ¿Porqué ahora mi mente se cierra y no puedo pensar cuando lo veo? ¿Porqué me siento tan herido por sus ofensas? Nunca me habían afectado tanto y ahora... ¡¿Qué me pasa?!


Se sentía muy solo, entristecido de que su relación con Snape no estuviera resultando favorable... y sin ningún alma que le ayudara. Draco seguía empecinado en esa cosa absurda de que sentía atracción por su profesor, no había nadie con quien pudiera sentirse identificado. De pronto, alzó la cabeza recordando a alguien... Sirius.


Sin pérdida de tiempo se dirigió en su busca, por lo menos con él podía sentirse en familia. Algo que no podía sentir del todo ni con sus propios padres.



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Draco ni siquiera se había quitado la ropa, así vestido se metió bajo el agua helada, pero no conseguía mitigar un poco lo que sentía. Su miembro estaba demasiado excitado y no le quedó más remedio que masturbarse, y aunque hubiese querido no pensar en Severus al hacerlo, el recuerdo de su voz y sus caricias le ayudaron para que pronto tuviera el alivio que necesitaba.


Salió con una toalla enredada en su cintura luego de quitarse la ropa mojada. Miró la cama de Harry y sin vestirse, se dejó caer en la suya.


— Ahora sí que me he metido en un lío... ¡Ay, Draco, y tú que siempre criticaste a Potter por eso!


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Severus había salido a los patios, la noche anterior había nevado y aunque tenía frío al no llevar su capa, no volvió al castillo, necesitaba de esa temperatura gélida para bajar la suya.


Se sentó en una banca que estaba casi congelada y mirando al cielo recordó su acercamiento con el rubio. Una sonrisa suave se dibujó en sus labios.


— ¡Le gusto! —exclamó emocionado—. Nadie había reaccionado así con un beso mío. Así que no te voy a dejar escapar, Draco, serás mío a como dé lugar. Eres perfecto para ayudarme a dejar de pensar en ella, no tengo ninguna duda de que eres mi salvación.


Severus suspiró, ahora con amargura ante el recuerdo de una pelirroja.


— No quiero amarte por siempre... ¡dueles mucho!


Sacudió la cabeza, Lily era su mayor tristeza, le lastimaba verla con esos patanes que no dejaban de hacerle la vida imposible. No podía evitar sentirlo como una traición. Eso debía ser suficiente para dejar de pensarla, pero no sucedía, así que ahora que había encontrado a alguien que pudiera ayudarlo, tenía que aprovechar la oportunidad.


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Harry llegó hasta la entrada a la sala común de Gryffindor pero no tenía idea de cuál era la contraseña y volvió a sentirse solo, relegado de las personas que quería. Pero quizá eso era mejor, después de todo, pronto tendría que volver a decirles adiós.


Iba a retirarse cuando al dar la media vuelta vio a Sirius y Remus llegando en ese momento. Ambos le sonrieron de inmediato.


— Hola, Harry ¿se te ofrece algo? —preguntó Remus.

— No, sólo quería platicar un poco ¿tienen tiempo?

— Bueno, yo sí, pero este casanova quién sabe.

— ¡Deja de ponerme en entredicho, Moony! —protestó Sirius mientras Remus reía, el ver esa escena tan amigable fue suficiente para que Harry se sintiera mejor—. Yo también tengo tiempo, Harry, ¿quieres entrar?


Harry asintió, feliz de volver a pisar la torre de Gryffindor. Y cuando entró, aspiró el aroma a incienso, sonrió al ver la chimenea y los mullidos sillones, la ventana donde solía sentarse junto a Ron y Hermione, la escalera que conducía a sus dormitorios... quería quedarse ahí.


Ni Remus ni Sirius protestaron cuando Harry quiso ocupar el sitio junto a la ventana, además, ahí podían platicar tranquilamente pues algunos de los pocos compañeros que andaban cerca ya miraban al chico de Slytherin con recelo.


— ¿Y tu amigo Draco? —preguntó Remus mientras Sirius no contenía un gesto de repulsión.

— En las mazmorras, supongo.

— ¿Peleaste con él? casi siempre andan juntos.

— A él le agrada más estar con Snape. —respondió frunciendo el ceño y ambos Gryffindor lo notaron.

— ¿Cuál de los dos no te agrada a ti? —preguntó Sirius interesado.

— ¿O cuál te agrada de más? —cuestionó Remus amablemente.

— ¿Eh? ¡No, no es nada de lo que piensan! Además, no vine a hablar de ellos, sólo quiero distraerme un poco ¿tienen un ajedrez para jugar?


Sirius asintió y fue por uno mientras Harry miraba por la ventana algunos copos caer. Extrañaba mucho a Ron, quizá a él tampoco se atrevería a confesarle sus dudas, pero su compañía y bromas siempre le levantaban el ánimo.


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Cuando Harry regresó a las mazmorras se intrigó de ver a Draco bajo sus cobijas, era demasiado temprano para dormir, pero no hizo ruido y se dispuso a terminar sus deberes. Unos minutos más tarde, unos golpes en la puerta le interrumpieron, y al abrir y ver a Severus, nuevamente volvió a olvidarse de que estaba enfadado con él y le sonrió.


— ¿Está Draco? —preguntó sin hacer caso de la alegría de Harry.

— Duerme ahora, pero le diré que vino a buscarlo.

— ¿Potherie, puedes dejarnos solos unos minutos?

— Pero...

— Sé buen niño y vete.


Severus tomó a Harry del hombro y le hizo salir. Al quedarse frente a la puerta cerrada, el ojiverde no podía ni siquiera reaccionar, pero dolía, en alguna parte de su alma dolía una enormidad.


Mejor se fue a un rincón a esperar para poder entrar de nuevo a su habitación.


Severus se aproximó a la cama de Draco, éste tenía las frazadas hasta el rostro pero su rubio cabello, aún húmedo, se encontraba esparcido sobre la almohada. No hubo ninguna reacción cuando un nuevo peso hundió el colchón, y Severus aprovechó para tomar un mechón de cabello y oler su aroma a maderas.


— Sé que no estás dormido. —le susurró al oído.

— Vete. —pidió sin abandonar su refugio.

— No, he venido a hablar contigo, sabes que tenemos que hacerlo ¿a qué quieres esperar?


Un suspiro se escuchó bajo las mantas y lentamente Draco fue deshaciéndose de ellas, sonrió suavemente cuando vio la sonrisa de Severus, pero éste se olvidó entonces de hablar e inclinándose, volvió a unir sus labios a los del rubio.


— Severus... no empieces. —pidió empujándole débilmente por lo que no consiguió nada, sólo detenerse a saborear el beso.

— Me gustas mucho, no puedo evitarlo.

— También me gustas, pero...

— ¡Quiero que seas mío, Draco! —exclamó colocándose sobre el rubio, cercándole con sus piernas para que no escapara, aunque Draco no intentó hacerlo, mantuvo sus manos en las caderas de Severus sin romper el beso.

— Es que no sé si estoy preparado para eso.

— ¿Eres virgen? —preguntó separándose para mirarle directo a los ojos.

— ¿Eh? ¡No!... pero hay muchas circunstancias que no puedo olvidar.

— ¿Qué circunstancias? Draco, tan sólo estás buscando pretextos, si no quieres tan sólo dímelo y ya.

— ¡Es que sí quiero! —afirmó asombrándose a sí mismo.


Eso fue suficiente para Severus, volvió a besarlo mientras se deshacía de las frazadas para poder estar en mejor contacto con el cuerpo de Draco. Por algunos minutos se concentraron en besos y caricias ansiosas, pero cuando el ojinegro quiso desnudar al rubio, éste logró armarse de valor y romper el beso.


— Aquí no, Severus... Harry puede vernos.

— ¡Vamos a mi habitación!

— No, mejor esperemos un poco más, hay que planearlo bien para no cometer errores.

— Esto no se planea, Draco.

— Pues yo quiero planearlo.

— De acuerdo, deja eso de mi parte, pronto tendré todo listo, no podrás decir que no.


Draco sonrió nervioso, acarició el rostro de Severus. Le deseaba, negarlo sería la mentira más grande del mundo, si hasta le costaba no enviar todo al demonio y entregarse a la excitación que ya sentía.


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Harry vio como Snape salió de su habitación, atravesó la sala común y salía sin siquiera mirarle. Suspiró, aún tenía mucha tarea por hacer pero no quería entrar todavía. Un par de minutos después vio a Draco salir.


— ¿A dónde vas? —le preguntó cuando el rubio iba hacia la puerta.

— A dar un paseo. —respondió sin mirarlo.

— ¿Te reunirás con Snape?... Él también salió.

— No, no sabía. Yo iba a dar un paseo, ya te dije.

— Quizá deberías buscarlo, lo noté un poco extraño ¿Pelearon?


Draco negó sin girarse hacia su compañero. Harry se levantó acercándosele precavidamente, sabía que algo raro sucedía.


— ¿Porqué mejor no te pones a intentar recordar el hechizo? —le increpó Draco antes de darle oportunidad de insistir en hablar de Severus.

— ¿Porqué mejor no te pones tú a averiguar lo de la poción? —respondió, algo molesto por la agresión del rubio—. Dumbledore ya me preguntó sobre los avances y no hemos hecho nada.

— Habla por ti, yo he hecho algunas investigaciones con Severus y creo que tengo ideas por desarrollar, pero será en otra ocasión, ahora no tengo ganas. Sería mucho más fácil si no hubieras empleado ese hechizo de limpieza al llegar, tener una muestra de la poción ayudaría mucho.

— Sólo quería ayudar, pero me imagino que tus reuniones con Snape son de lo más productivas y no necesitarás esa muestra ¿verdad?


Draco bufó irónico antes de retomar su camino, pero Harry se puso de pie corriendo a alcanzarlo.


— Disculpa, no he querido ofenderte. —aseguró sinceramente—. He andado muy nervioso en estos días.

— Eso no es mi culpa.

— Lo sé. Escucha, ¿porqué no te quedas y entre los dos intentamos avanzar un poco?... así podremos hablar.

— Te ayudaré otro día, lo prometo. Ahora sí necesito un paseo.


Harry asintió y soltó el brazo que mantenía sujeto de Draco para dejarle ir. Al quedarse solo, volvió a su recámara. Notó la cama revuelta de su compañero y sacudió la cabeza.


"Tonterías, no hago más que pensar en tonterías" Pensó yendo a recostarse. "Ahora estamos juntos en un lío, además, es algo que no debe importarme... lo que haga con Snape es su asunto, no el mío".


Harry giró para quedar boca abajo y esconder su cara en la almohada, por más que intentara convencerse, realmente no podía evitar desear que nada ocurriera entre Draco y Severus.


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Draco salió hacia los patios, con un hechizo pudo caminar entre la nieve sin necesidad de empaparse y no se detuvo sino hasta que llegó al lago que ya se encontraba totalmente congelado. Se sentó en una piedra con cansancio, esperando que ahí Severus no pudiera hallarlo... aunque también deseando que sí lo hiciera.


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Llegó la hora de la cena, Severus miraba a cada momento hacia la puerta de entrada al comedor esperando ver aparecer al rubio, pero eso no sucedía. Harry llegó a su lado y se sentó en silencio, un poco aliviado de no verlo con Draco, otro poco temeroso de volver a discutir con él.


— ¿Dónde está Draco? —preguntó Severus impaciente.

— No sé, salió a dar un paseo desde la tarde... pensé que estaría con usted.

— No, no lo he visto. —gruñó, más por la manía de Harry de ser tan formal que por no saber dónde andaba el chico.

— Entonces no debe tardar en llegar.


Severus asintió y dejó de ponerle atención, en su mente repasaba cada uno de los detalles que había planeado para esa noche, nada iba a salir mal, de eso estaba seguro, y lo único que faltaba era encontrar a Draco para que ambos vivieran la mejor noche de sus vidas.


En el otro extremo del comedor, Sirius no dejaba de observarlos.


— El cabellos desteñidos no ha venido a cenar. —comentó a su compañero de al lado.

— Me dí cuenta. —suspiró Remus.

— Snivellus se nota extraño ¿no te parece?

— Ya deja de estar tan pendiente de ellos.

— No se me olvida que tenemos una deuda por cobrar.


Malicioso, Sirius se puso de pie aprovechando que había poca concurrencia de Profesores, todos ellos de menor rango, y fue a plantarse frente a la mesa donde Severus removía su comida distraído. Al sentirlo, Harry de inmediato se puso en alerta.


— ¿Te repugna la comida o es sólo el hecho de que pase por tu asquerosa boca?

— Aléjate, Black. No tengo humor para ti.

— Jamás tienes humor para nada ni nadie, Snivellus. ¿Ahora tu noviecita te ha dejado solo? ¿Es por eso que estás triste? —cuestionó haciendo un mohín imitando un puchero de niño abandonado.

— ¡Que te largues! —bramó el ojinegro irguiéndose imponente.

— Tranquilo, murciélago, yo sólo te advierto que pusiste tus ojos en alguien que se asemeja más a una pu...

— ¡Cállate!


Severus se inclinó hacia delante golpeando la mesa con sus puños. Sirius de inmediato sacó su varita invocando una maldición que jamás llegó a su objetivo. No supo cómo fue que de repente había quedado inmóvil en el aire con la cacerola del potaje en su cabeza de la cual escurría una sustancia viscosa hacia su rostro.


— ¡Te pidió que lo dejaras en paz! —siseó Harry sin bajar su varita—. ¡Ya no más peleas!


El ojinegro miró a Harry completamente perplejo, no lo había alcanzado a ver reaccionar y de pronto había lanzado más de dos hechizos, uno para levitar a Sirius, otro para empotrarle la cacerola con comida, uno más donde le cubrió de esa gelatina... y uno más para mantener a raya a los curiosos.


— ¡Eres un malagradecido, Potherie! ¡Fuiste y te recibimos en nuestra sala común porque creímos que eras diferente, ahora sé que no! —vociferó Sirius rabioso—. ¡Eres uno más de ellos!


Harry no se intimidó por eso, y no hacía caso de los demás Slytherin que reían por lo bajo, tampoco de Remus quien había llegado hasta donde pudo suplicándole que bajara a su amigo, ni siquiera de los Profesores que amenazaban con llamar al Director si no se detenía. Él seguía manteniendo su mirada fija en Sirius.


— ¿A qué fuiste a buscarlos? —le cuestionó Severus saliendo de su asombro.


Su voz consiguió lo que nadie más. Harry se olvidó de su indignación y abochornado, bajó a Sirius a un lugar seguro, iba a limpiarle cuando Severus le sujetó de ambos brazos obligándole a mirarlo.


— ¿Tú también eres amante de los Gryffindor? —le reprochó furioso—. ¡Quizá deberías haber sido uno de ellos!


No supo qué responder, sorprendido de sentirse culpable por haber deseado ser un Gryffindor de nuevo. De reojo podía ver a Remus auxiliando a Sirius y limpiándole. McGonagall llegó en ese momento informada de lo que sucedía.


— Vaya inmediatamente a la oficina del Director, Potherie. ¡Esto que ha hecho es inaudito!


Lo que Harry no podía soportar ver era el reproche en los ojos de Severus. No creía haber hecho nada malo, y ahora, hasta Sirius le detestaba. Salió corriendo luego de liberarse del ojinegro, cada vez más desesperado por esas desgastantes ganas de llorar que aparecían cuando no obtenía la aprobación de Snape.


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El comedor volvió a quedar en orden con la presencia de la profesora de Transformaciones, y Sirius aprovechó el momento para salir de ahí, no aceptó la compañía de su mejor amigo. Se sentía herido, humillado, ofendido, traicionado por Harry... ¡Y todo por culpa de Snape a quien ya no podía odiar más!


Adoptando su forma animaga, Sirius salió a los jardines, corriendo y saltando entre la nieve, disfrutando del aire frío casi congelando hasta sus pensamientos. Pero no anduvo así por mucho tiempo, se detuvo abruptamente cuando vio una figura perfilándose en la oscuridad, esa noche la luna estaba parcialmente ocluida por las nubes.


Si hubiera podido sonreír lo habría hecho, pero un brillo se vislumbró en sus ojos de manera extraña. Sigilosamente se acercó hasta el rubio que mantenía su mentón apoyado en sus rodillas.


— ¿Quién eres tú? —preguntó Draco al mirarlo, sorprendido de ver un perro en el colegio—. ¿Estás perdido? —agregó acariciando el pelaje oscuro—. Seguramente eres de alguno de los aldeanos de Hogsmeade... Deberías ir a casa, está a punto de volver a nevar.


El perro lamió amistosamente la cara de Draco y éste miró a ambos lados antes de permitirse sonreír por esa peculiar caricia.


— Gracias... me hacía falta algo así. —le susurró abrazándole por el cuello—. ¿Sabes? Tengo un pequeño problema y no sé qué hacer, ojalá pudieras darme un consejo.


El can volvió a lamerlo infundiéndole ánimo para continuar charlando con él. Draco creyó entenderlo y suspiró preocupado.


— Me gusta Severus —le dijo sin notar un gruñido ahogado del perro—. Pero también a Harry, aunque él se empeñe en negarlo... ya sé, ya sé que no debe importarme eso, es más, ni siquiera sé porqué me detengo a considerarlo. Severus también se siente atraído por mí y me propuso pasar esta noche con él y... ¡y yo quiero hacerlo!


Draco volvió a abrazar al perro, disfrutando de su suave pelaje mientras pensaba en Severus y no pudo darse cuenta como el animal se mantenía tenso ante el abrazo.


— ¿Qué hago, perrito? —preguntó angustiado—. ¡De verdad Severus me gusta mucho! No quisiera lastimar al tonto cara-rajada, aunque también pienso que probablemente yo esté equivocado y de verdad no le gusten los chicos... No, creo que sí le atraen pero quizá él jamás llegue a admitirlo y entonces ninguno de los dos se quede con Sev. Siento remordimientos, es algo extraño pero creo que eso es lo que siento. Y sin embargo, creo que terminaré haciéndolos a un lado como siempre lo hago. Después de todo, no hay nada entre ellos, y quizá, sólo quizá, Severus y yo tengamos una oportunidad.


De pronto, el perro se zafó y salió corriendo hacia el bosque próximo. Draco no supo a qué atribuirle esa conducta hasta que miró hacia atrás de él y vio a alguien aproximándose. El corazón se le aceleró al identificar la inconfundible figura alta y espigada.


Severus se detuvo frente a él extendiéndole la mano.


— Vine por ti.


La respiración de Draco se detuvo, pero llevó su mano temblorosa para sujetar la de Severus... no podía resistirse a la tentación.








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