—¿Cómo es posible? —preguntó Draco, quien tenía los ojos rojos de tanto llorar.
El médico hizo una mueca con sus labios.
—Lo siento mucho, Sr. Malfoy. —pidió, a pesar de que él no tenía la culpa de que Harry no lo recordara.—Las personas no olvidan a otros porque sí, sino porque su conciencia les ha obligado a hacerlo. Esto suele suceder cuando la persona ha sufrido algún evento traumático con relación a la otra, y por ello, al ser tan doloroso, el cerebro decide olvidar todo lo que tiene que ver con respecto a aquella situación o personas implicadas. Es un mecanismo de defensa de la mente humana, donde el cerebro prefiere no enfrentar estos recuerdos que pueden llegar a ser dolorosos en ciertos aspectos. Realmente lo siento.
Entonces Draco, quien estaba parado frente al doctor, se dió cuenta de algo. Se dió cuenta de que el hecho de que Harry no lo recordara era su culpa. Suya y de nadie más, porque él había causado todo, y por ello, la mente del Gryffindor había llegado a su espacio limite, había soportado mucho y había decidido olvidar todas aquellas cosas que le parecían demasiado dolorosas como para lidiar con ellas. Harry había olvidado a Draco.
Ya no habrían más abrazos en las mañanas, más tazas de café a media noche, no habría más sexo en bares ni clubes, ni más pastillas raras que proporcionaran euforia por montones. Tampoco tendría a quien comprarle vestidos rojos, verdes o azules, ni con quien viajar por todo el mundo. No tendría a quien enseñarle las calles de Francia ni tener un amor en Paris. No habrían más bolas de nieve, ni muñecos para hacer. Tampoco botellas de vino que beber en la bañera. Ni tatuajes en pareja que realizarse. No habrían más noticias donde relacionaban a un mortifago con el elegido, ni frases perjuiciosas cada vez que se besaban. No tendría a quien escribirle cartas de suicidio ni de amor. O con quien bailar una canción romántica. No volvería a usar la Polaroid para fotografíar, ni mucho menos volvería a tocar un lienzo o pincel, porque si no era a Harry, Draco no querría pintar.
Draco no tendría con quien bañarse, ni con quien hacer picnics, con quien visitar la tumba de Pansy o jugar ajedrez. Nunca más volvería a pensar en montar un elefante o siquiera en volver a soñar. ¿Podría volver a dormir tranquilo nuevamente? ¿No tendría pesadillas o siquiera frío? Draco tenía la cabeza hecha un lío. ¿Cómo olvidas a una persona que conoces desde siempre? ¿Cómo es siquiera posible que Harry lo haya olvidado? Bajó la mirada. No volvería a perderse en esos ojos verdes, ni amaría el sabor de las aceitunas a pesar de que no podía comerlas sin vomitar. No iba a sentir como su castaño le arañaba la espalda, ni como le dejaba marcas en el pecho, no iba a volver a tocar su pelo lacio, ni recordaría siquiera cuando le rechazó en primer año. No habrían más Halloweens, ni difraces de vampiros, ni un Draco pelinegro, tampoco un Harry con colmillos, ni una historia llena de drama y corazones rotos. Todos los nombres para hijos que planearon ahora no tenían sentido, porque todos y cada uno de aquellos recuerdos habían sido olvidados por la única persona que se suponía que debía recordarlos.
Nuevamente Draco se dió cuenta de lo solo que estaba.
—¿No hay nada que pueda hacer para que Harry me recuerde? —preguntó. Sus ánimos estaban por el piso y la respuesta del médico los hicieron bajar más aún.
—Esperar. Mi padre me solía decir que lo que es real perdura, sin importar el tiempo que pase. Pasa tiempo con él, muestrale aquellas cosas que los hacían felices a ambos, intenta acercarte. Estará siendo el mismo de siempre, solo que tú para él habrás cambiado. Draco. ¿Puedo llamarte así?
Malfoy asintió.
—Draco, te haré una pregunta. —anunció.—¿Crees que Harry vale la pena lo suficiente como para empezar desde el principio? Y con ello te estoy preguntando si estarías de acuerdo en volver a presentarte por primera vez, de volver a ganarte su confianza, de volver a conocerlo y dejar que te conozca como la primera vez que lo hicieron. ¿Estás dispuesto a perder tu tiempo por él?
Draco ni siquiera lo pensó.
—Una y cada vez, incluso si volviera a nacer.
El hombre sonrió, parecía que esa fuera la respuesta que estaba esperando.—Entonces estás en el lugar adecuado.
Draco bajó la mirada. Algo en él había tomado color ante aquella respuesta. Observó el anillo que tenía en su dedo anular. Empezaría por ahí.
[...]
Draco entró en la habitación blanca de la cual estaba bastante adaptado. Harry se mantenía quieto, nervioso puesto que no conocía a la persona frente a él, a pesar de que todos le habían dicho que ambos llevaban años siendo novios.
—Hola. —saludó Draco.
Harry convirtió sus labios en una simple linea.—Hola.
El silencio reinó en la habitación. Draco dió unos pasos hasta caminar cerca de la camilla. Estaba realmente nervioso, pero ignoraba el hecho de que sus manos temblaban. Todo esto se sentía como conocer a alguien nuevo a pesar de que ambos no eran desconocidos, o bueno, relativamente no.
—Sab...
—Los doc..
Ambos cerraron sus bocas al darse cuenta de que habían hablado a la vez. Draco se sintió feliz al escuchar aquella voz que tan bien conocía. —Porfavor, continúa.
Harry asintió, un poco cohibido.—Los doctores han hablado conmigo. Dicen que te llamas Draco.
El rubio asintió.
—Vale, Draco. Estoy intentando recordarte, solo que...
—¿Solo qué? —no quería presionarlo, pero se moría de ganas por escuchar que tenía por decir.
—Por más que intento buscar recuerdos no consigo acordarme de quien eres, y sé que eso debe ser molesto para tí. También me han dicho que somos... bueno, que tú y yo somos novios.
Draco no pudo evitar sonreír. A pesar de que Harry no lo conocía, él sí lo hacía y no podía dejar de ver tierno la manera en la que movía sus dedos con nerviosismo.
—No solo eso. —mencionó el rubio.—¿Ves el anillo que está en tu dedo anular?
Harry asintió, dirigiendo toda su atención a este. Draco levantó el dorso de sus dedos, mostrando la misma sortija.—Es un anillo de bodas. Estamos casados.
—¿En serio? —Harry estaba colorado, sus ojos brillaban tanto que Draco no pudo dejar de pensar en cómo podía haberlo olvidado.—Yo... no recuerdo cómo llegó eso aquí.
—Tuvimos una magnífica Luna de Miel en Tailandia. ¿No recuerdas eso?
Harry bajó el rostro, jugando ahora con el anillo. Con un movimiento de cabeza, negó.
—¿Qué es lo que recuerdas?
—Recuerdo a Narcissa, es una increíble mujer. La conozco desde que tengo memoria, aunque realmente no sé por qué lo hago. También a Lucius. Me dijeron que eres su hijo.
Draco asintió.
—A Nicholas. —la sangre dentro de las venas de Malfoy comenzó a hervir. No podía ser lógico que Potter recordara a Nicholas y no a él. Instantáneamente como Harry lo mencionó, se sonrojó un poco.—Es un chico genial. Recuerdo haberlo conocido en una boda, aunque no sé bien de quien...
Entonces, Draco sintió su corazón romperse. Sabía que la boda de la que hablaba Harry era la suya, y nadie sabía cuanto le dolía aquello. Era como si todo hubiese sido vivido solo por él. Nadie más que él. Draco se sintió solo, con frío y aterrado del futuro. Necesitó un abrazo, pero la persona que debía darselo, negaba conocerlo.
—¿Cómo te hiciste ese tatuaje en la pierna? —preguntó.—¿No sabes por qué lleva mi nombre?
Harry se mantuvo callado. —Siento tanto no poder recordarte, aún cuando todo corrobora el hecho de que tú me amas, y que probablemente yo también lo hice.
La palabra "hice", en pasado, causó una grieta en el pecho de Draco, principalmente porque él todavía lo hacía. Él todavía amaba a Harry como la primera vez. Y simplemente, escuchar aquello, hizo que su estado del animo bajara más de lo que estaba desde se enteró que el amor de su vida no podía recordarlo.
—Sé que no lo haces. —admitió.—Sé que no me recuerdas, pero puedo ayudarte a hacerlo. Puedo ayudarte a recordarme, al menos si eso funciona como una excusa para volver a verte cada día, Harry. Porque aunque para tí soy un desconocido, para mí siempre serás Potter. ¿Entendido, cabeza rajada?
Harry abrió los ojos, su ceño fruncido era una mezcla de confusión. —¿¡Cabeza rajada?!
Draco soltó una risa. —Justo así. Era tu apodo, aunque supongo que si eso te incómoda dejaré de decirlo.
Harry sonrió, negando.—Para nada, me parece divertido.
—A mí Harry también le parecía divertido. —río.— incluso me llamaba...
—Hurón. —murmuró Harry. Y asombrado de lo que él mismo había dicho, llevó su mano a los labios, cubriendose la expresión de sorpresa.
Draco abrió los ojos, tomando al castaño por las manos.—¿Lo recuerdas? ¿Harry, lo recuerdas?
Potter tenía una mueca de asombro y felicidad, la confusión se desplegaba en partes de su rostro, genuinas y chispeantes.—Yo... no lo sé. Simplemente lo supe. —Harry no rechazó el toque de Draco, la palma de sus manos era tibia y eso le daba sensación de familiaridad.—¿Estoy recordando?
Draco tenía una sonrisa gigante, después de todo, sus esperanzas no estaban tan perdidas como él creía.
—Eso creo.