Rory cerró los ojos, intentando de alguna manera defenderse de aquel atacante. Golpe tras golpe sentía a la gravedad emanciparse de sus pies mientras que el luchaba por aferrarse a esta. El agridulce sabor de su propia sangre le lleno la boca, tenía un río escarlata en la cara que cursaba desde su respingona nariz de la veta hasta su barbilla y sólo dios podía saber de que color estaba su ojo derecho que no hacía más que palpitar. Por sí el entrenamiento no estaba siendo bastante malo, tras la cabellera espesa y oscura de su oponente, Rory enfoco la figura que menos deseaba ver en ese momento: a su hermano mayor. La expresión de los ojos grises de Gale lo decían todo, o eso le pareció a su quinceañero hermano, estaba decepcionado. Probablemente el le habría dado una paliza al joven trigueño que se afanaba en zarandearle, probablemente el no conseguiría un par de costillas rotas en tan sólo un entrenamiento y probablemente el no se desplomaría en el piso como el segundo Hawthorne mayor lo hizo posteriormente a su llegada, pero intentaba repetirse esto cada noche, cuando el insomnio no lo dejaba tan sólo estarse quieto:<< no puedes ser como Gale>>
Desde qué El muchacho había empezado a entrenar, El soldado Hawthorne se encargaba de pasarse por la sala para vigilar de cerca a su hermano pequeño. Si bien, el distrito trece no dejaría a un menor ir a pelear en la guerra, Gale había conseguido hacerle entrar al escuadrón después de usar su encanto con algunos rangos mayores y usualmente eso no molestaba a Rory a menos que le estuvieran pegando tan fuerte como lo estaban haciendo entonces.
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Un par de horas después de ver la mueca más horrible que había visto en la cara de su hermano se asomará para burlarse de el, El Cadete Hawthorne recién recobraba la consciencia. Primero movió ligeramente los dedos para comprobar que su movilidad quedaba intacta, y después, sus ojos ya se encontraban dando tumbos en las paredes de la estéril habitación. Su mano era sujetada por nada más y nada menos que por la que era a su parecer la enfermera más linda que alguna vez habían visto: Primrose Everdeen. Esta, al notar sus dedos en movimiento, le dirigió a Rory una angustiada sonrisa.
A la próxima, Soldado Hawthorne -dijo ella- ve a ver si al menos te tapas un poquito ¿eh?
Rory intentó reírse de su sarcasmo, pero estaba demasiado adolorido para eso.
Cadete, Prim. -le corrigió-
Ella pareció durar por un minuto, pero luego volvió a vestir su rostro con aquella sonrisa tan hermosa.
Pues para mi ya eres todo un general o un capitán o cualquier título que quieras. -comento-
Se levantó de la silla donde seguramente había esperado que el bello durmiente despertara del sueño de la muerte y tomó un pisapapeles cercano, entonces comenzó a leerlo.
Casi una fisura en las costillas, hematomas varios en dispersas partes del cuerpo , tres puntadas sobre la ceja derecha y un meñique a punto de quiebre -prim no paró de leer hasta que el informe entero estuvo en el conocimiento de Rory-
¿Tengo alguna esperanza de vida, señorita Everdeen? -dijo Rory, que no hacía más que buscar una sonrisa en aquella joven-
-Es posible, si. Pero también es posible que te mueras en unas horas.
Aunque las lastimadas costillas de Rory ardían como el mismo infierno, el comentario causo suficiente risa para hacer que soltara una carcajada. Prim volvió a aferrarse a su mano y a pasar la otra que quedaba libre por el cabello castaño del joven.
Ella tenía ese don, ese poder: donde sea que ella estuviera, Rory se sentiría vivo y bien.