No podían dejar de mirarlas, por más que Noemí y Mikel intentaban disimularlo, sus ojos les traicionaban y esa cotidianidad con la que se trataban, les tenía embobados. Como ellos habían cocinado, Natalia y Alba se ofrecieron a recoger los platos sucios. Pese a no ser una tarea muy interesante, lo habían llevado al siguiente nivel. La forma en la que Alba le pasaba los platos a Natalia para que lo secara, ese canturreo suave a dúo de algunas canciones o las pequeñas bromas que se susurraban, que terminaban con una tierna advertencia por parte de la otra o un suave empujón lleno de cariño.
-Ha sido su marido, ¿verdad?- Natalia tomó el plato y lo secó-.
-Supongo que no hace falta ser adivina, es obvio- Alba enjabonó otro plato-.
-¡Maldito bastardo!- Natalia tuvo que morderse la lengua para que no la escucharan-.
-Lo peor no son los golpes de su cara, sino sus ojos- Alba suspiró-. Me sobrecoge la resignación que hay en su mirada.
-A mi también- confesó Natalia-. Me he pasado todo el desayuno esquivándola. No quería que pensara que me daba lástima, no es eso.
-Rabia- adivinó Alba dejando caer su mano sobre la de Natalia, que reposaba en el fregadero-. Lo sé- asintió despacio-.
-Cuando estabas en el hospital le dije a mi padre que no estaría mal que aprendiera a hacer donuts- Natalia se mordió el labio al coger el molde para secarlo-.
-Mikel nunca podría negarte nada- Alba giró la cabeza para mirarles sin ser indiscreta-. Y además no se le da nada mal.
-¿Qué crees que pasó entre ellos?- le preguntó Natalia imitando su gesto-.
-Lo que, a todos, supongo- Alba le acarició el brazo sin darse ni cuenta-. Las relaciones son más complejas de lo que esperamos.
-Tuvo que ser algo intenso- Natalia suspiró-. Me muero por saber su historia, pero mi padre nunca me la contará- de eso estaba segura-. Y sería irrespetuoso que yo insistiera. No quiero sonar desalmada, pero me preocupo por mi padre. Ya ha sufrido bastante y no quiero que le hagan daño.
-Yo tampoco- admitió Alba-. Además, no creo que ella sea esa clase de persona. Tiene una mirada demasiado honesta.
-Si, no parece la típica cazafortunas- Natalia se separó un poco y tomó unos vasos del mueble-. Podría investigarla. Saber quien es, de donde viene.
-No pertenece a nuestro mundo- Admitió Alba-. Y eso es lo que te desconcierta tanto. Es demasiado auténtica.
-Era justo lo que iba a decir- Confesó Natalia clavando la mirada en Alba-.
-Deja de mirarme así- Alba negó con la cabeza-.
-No estoy haciendo nada- Natalia le coqueteó intencionadamente, sin borrar la sonrisa de su cara-.
-Solo déjate llevar- Alba sin querer acortó la distancia-.
Afortunadamente el timbre logró sacarlas de la burbuja, porque ninguna de las dos parecía con fuerzas para marcar las distancias. Alba dio una zancada hacia atrás más larga de lo pretendía y Natalia apoyó los codo en la encimera, topándose con la mirada de Noemí, que al verse cazada intentó disimular mirándose las manos y luego refugiándose en uno de los cuadros de la sala. Mikel fue a abrir la puerta y recogió los encargos de Alba algo extrañado.
-No puede ir vestida con tu ropa- le susurró Alba al oído-.
-¿Y hacia falta que compraras el almacén entero?- Mikel se mordió el labio-.
-No me decidía- Alba hizo una mueca-.
Ropa, complementos y enseres de higiene íntima, todo de la máxima calidad y expuestos con el mayor mimo posibles para Noemí, que se sentía muy abrumada por las atenciones. Nunca nadie había tenido un detalle así con ella. Ni siquiera en su cumpleaños. Un suspiro se le escapó mirando a aquel trío. Podían parecer desalmados, ególatras e incluso los malos de la película, pero lo cierto es que eran muy distintos. Los verdaderos héroes de las historias, de esos a los que nada frenaba.
-Reconozco que la ropa masculina tiene su punto, pero no me negarás que unas zapatillas de tu talla son arrebatadoramente irresistibles- Alba le guiñó el ojo-.
-¿Siempre eres así?- inquirió Noemí-. Da miedo que sepas mi talla de zapatos.
-La he mirado en tus deportivas- Confesó Alba con una media sonrisa-.
-Yo debería...-Mikel se rascó la cabeza-. Haberme adelantado, que idiota.
-No soy ninguna psicópata- Alba se mordió el labio-. Simplemente me gusta contribuir a ciertas causas- le tendió las bolsas-. El sentirse bien con una misma es mi máxima.
-Deberías cambiarte- la animó Mikel-, estarás mas cómoda.
Los dos se quedaron observando como una desconcertada Noemí subía a la habitación de arriba en la que había dormido para cambiarse. Lo hizo con paso lento y respirando profundo, mareada por todo lo que estaba sucediendo. Mikel también suspiró pero de alivio, que Noemí se lo estuviera poniendo tan fácil con su carácter era para ponerse a saltar en una pata. Esa falta de confrontación y de ataque pasivo le hizo darse cuenta el alcance de la situación y la rabia le invadió, por lo que terminó apretando el puño.
-Respira hondo- le aconsejó Alba fijándose en su mano-.
-Todo lo que quiero ahora mismo es encontrar a ese hijo de puta y darle su merecido- Mikel le clavó la mirada-.
-Y yo te ayudaría encantada- le aseguró Alba-, pero no es lo que necesita. Se siente segura contigo y una actuación como esa podría estropearlo.
-¿Por qué piensas eso?- la miró desconcertado-.
-Por experiencia- Alba suspiró-. Hay personas que son refugio- miró inconscientemente a Natalia-, calma en mitad de la tempestad. Eso eres tú para ella.
-Te reembolsaré...-Mikel no logró acabar la frase-.
-No es necesario- Le interrumpió Alba con rapidez-.
-Se que estás usando tus ahorros- Mikel hizo una mueca-.
-Y no debes preocuparte de mis estados financieros- Alba sonrió-. Te aseguro que son mucho mejor de lo que piensas.
-Alba...-Mikel intentó seguir la conversación-.
-Me reafirmo en cada palabra- Insistió Alba-.
-¿Qué os pasa?- intervino Natalia poniéndose en medio de los dos-.
-Mikel cree que acabaré pintando caricaturas en el metro a dos euros para subsistir- Alba enarcó una ceja-.
-No he dicho eso- Intervino Mikel-.
-Creo que te has dejado unos cuantos ceros tras el dos por el camino- Aseguró Natalia-.
-Solo le he ofrecido mi ayuda- Aclaró Mikel-. No pretendía inmiscuirme.
-Tu chequera- refunfuñó Alba-.
-Está bien, lo siento- Mikel levantó las manos-. Me he excedido, pero te aseguro en ningún momento mi intención ha sido incomodarte.
-Lo sé- Alba asintió-. No quiero sonar desconsiderada, pero pretendo labrar mi propio camino. Se que no será empezar desde cero porque sigo siendo una Reche y eso es algo indisoluble, pero quiero intentarlo. A mi manera- matizó con una media sonrisa-.
-Y lo conseguirás, estoy seguro- Mikel la apretó contra él y le acarició el brazo-. Las dos haréis grandes cosas- achuchó a su hija con el otro brazo-.
Alba y Natalia terminaron abrazándole y por consiguiente, acogiéndose la una a la otra en aquel círculo, como un núcleo indivisible. Noemí bajaba en ese momento las escaleras, pero se quedó parada en la mitad, para no interrumpir la escena. Mikel y Natalia habían sido muy cautos en su comunicación durante todo el tiempo que les había acompañado. Sus muestras cargadas de refinamiento y cierto aire descafeinado, así que verles comportándose como padre e hija le sacó una sonrisa.
-Lo cierto es que los dos oléis de vicio, pero me estoy quedando sin aire- protestó Alba intentado sacar la cabeza y quedando demasiado pegada al rostro de Natalia al hacerlo-.
-Ehh...creo que es hora de irnos- carraspeó Natalia separándose-. Ha sido genial papá- hizo un gesto con la mano que ni ella misma entendió-. Tenemos que repetirlo más veces.
-Por supuesto que lo haremos- Mikel la abrazó con fuerza-. Muchas gracias- le susurró al oído-, por todo.
-Respecto a ella- miró a Noemí que ya se había cambiado con una sonrisa cómplice-, deberías pasar al siguiente nivel.
-¿Siguiente nivel?- Mikel frunció el ceño-. Solo somos...
-Los croissants- Natalia se mordió el labio-.
-En algún lado leí que los desayunos son capaces de sanar un corazón roto- Alba se despidió de Noemí con una cálida mirada llena de comprensión-. Dejarse ayudar es más difícil de lo que se dice, pero no podemos hacerlo solas- suspiró-.
-Gracias por todo- Noemí le sonrió-.
-Ha sido un desayuno espectacular- Natalia también quiso despedirse-, lo juro y no lo digo por compromiso. Lo máximo que he conseguido de mi padre han sido unos sándwiches no muy sabrosos- le guiñó el ojo-. Por cierto- rebuscó en su mochila-, aquí está la endemoniada. Es mi tarjeta- se la tendió-. Con mi teléfono y mi dirección. Si alguna vez necesitas un anuncio, consejo para comprar un buen vino o tienes problemas con alguna puerta- se mordió el labio-, llámame.
-Las dos sabemos que no ha sido con una puerta- inquirió Noemí-.
-Tengo una derecha increíble- Natalia sonrió-, por el golf. Y de vez en cuando es necesario practicar otros golpes.
A Noemí le sorprendió que dos personas que prácticamente no conocía la tratasen con tanta calidez y más aún que se aventurasen a defenderla de esa manera. Las dos habían recalcado su rechazo a la situación y aunque ella había intentado que la pasaran por alto, ninguna de las dos guardó silencio. Haciendo uso del humor, pero con palabras cargadas de seriedad y respeto la habían acompañado a su manera en la marabunta de emociones que estaba viviendo. Y no podía describirlo con palabras, pero las dos le transmitían lo mismo que Mikel. Eran ese salvavidas misterioso que aparece en mitad de la tormenta y al que no puedes evitar aferrarte.
-Eres un buen padre- Noemí le miró emocionada-.
-Te aseguro que no- Mikel negó con la cabeza y se apoyó en la puerta-.
-Te ve como el mejor hombre del mundo- Noemí insistió-. Y para Alba no hay dudas de que eres alguien especial.
-¿Especial?- Mikel frunció el ceño-. Soy el tío Mikel, nada más.
-Me ha amenazado- confesó Noemí-. Lo ha dejado técnicamente en me convertiré en tu peor pesadilla y puntos suspensivos, pero no tengo dudas de que iba en serio.
-Alba es muy...familiar- sonrió forzadamente-. Quiere mucho a Nat y si yo lo pasara mal pues a mi hija le afectaría. Eso sería algo que Alba no toleraría por eso...
-Los dos sabemos por que lo ha hecho- Noemí sonrió-.
-No se aparecerá en tus pesadillas, te lo prometo- Mikel se mordió el labio-. Ya no habrá mas malos sueños- se acercó a ella despacio-.
-No es tan sencillo- Noemí torció el gesto al sentir que le acariciaba la cara-.
-Nosotros lo hacemos complicado- Mikel negó con la cabeza-. Es lo que he aprendido hoy de Natalia. Nunca pensé que se atreviera a dar ese paso y durante mucho tiempo he vivido atormentado de que siguiera mi estela y al igual que a mí, su apellido la condenara. Me ha confesado que dejará la agencia, pero que antes quería ponerme al tanto. En sus ojos había tanta seguridad y luz, que casi me costaba mantenerle la mirada. Me estaba pidiendo permiso a mí para echar a volar, a ese padre que nunca ha estado ahí. Ni en sus tropiezos, ni en sus pesadillas, ni contra sus miedos.
-Ahora estás a su lado- Noemí le tomó la mano-. Y eso es lo que importa.
Natalia respiraba aliviada tras la conversación con su padre. Estaba sorprendida por lo bien que se lo había tomado, ya no esperaba que cediera con tal facilidad. Después de su regreso, su relación se había ido afianzado y eso la hacía muy feliz, pues siempre pensó que lo suyo era una causa perdida. La propia Alba también estaba tratando de liberar la tensión de su cuerpo. Si bien sabía que Mikel no pondría objeciones, había entrado en aquella casa dispuesta a confrontarle si se viera obligada, aunque eso la llevase a una situación incómoda. Ahora, paseando por el parque se les hacía complicado respirar hondo y liberarse, por eso guardaban silencio mientras intentaban asimilar su pequeña victoria.
-Te dije que se lo tomaría bien- Alba le tomó la mano-.
-Esperaba que fuera mucho peor- confesó Natalia jugando con sus dedos-. Las cosas fueron muy diferentes cuando decidí marcharme a Londres. Aunque me mostró su apoyo, sé que le decepcioné.
-Fue duro para todos- reconoció Alba girándose para quedar frente a ella-. Por un lado, era tu gran oportunidad de crecer lejos del nido, el problema era que el vacío que dejabas era insalvable.
-Lo sé- le besó la frente-. Antes quería huir, pero ahora...todo lo que deseo está aquí- le rozó la nariz con la suya-. Así que no pienso alejarme ni un maldito centímetro.
-Mas te vale- Le advirtió Alba pasando las manos por su cintura para pegarla a su cuerpo-.
Se dedicaron a besarse despacio, como quien tiene todo el tiempo del mundo. Como si no tuvieran que buscar su destino, como si empezar de cero pudiera esperar. Natalia hizo caminar a Alba hacia atrás hasta que terminó chocando su espalda contra un árbol. Soltó un gruñido por el golpe, pero no le dio tiempo a réplica porque Natalia la besó de nuevo. Sus manos le recorrían el cuerpo, buscando la forma de colarse entre su ropa. Cuando lo hizo, Alba soltó un gemido y se separó de ella para tomar aire.
-Para- jadeó Natalia-, no podemos hacer esto aquí.
-Mierda- gruñó Alba apoyándose contra ella-.
-Es delito- le recordó Natalia-.
-Yo pago mis impuestos- protestó Alba-. Debería poder acostarme con mi mujer en un parque si me da la gana- se mordió el labio-. ¿Por qué tienes esa...sonrisa? - frunció el ceño-. ¿Qué he dicho?
-Es la primera vez que dices en voz alta que soy tu mujer- Natalia suspiró-. Ha sonado mejor de lo que esperaba.
-No me mires así- le advirtió apuntándola con el dedo-.
-¿Así como?- Natalia dio varios pasos en su dirección-.
-Y tampoco hagas eso- le clavó la mirada-. Basta, vayámonos de aquí- se dio media vuelta y echó a andar-.
-¡Yo también te quiero!-elevó la voz para que la escuchara incapaz de contener la sonrisa-. ¿Cómo hemos llegado a eso?- soltó un suspiro-.
El recorrido hasta la agencia lo hicieron en ese silencio amigo que las dos siempre creaban cuando estaban juntas. Fueron cogidas de la mano hasta la esquina de la calle. Allí Alba le soltó la mano y le sonrió, arreglándole un poco la camisa como muestra de ánimo. Tampoco es que lo necesitara, sabía de sobra que Natalia podía con la situación. Sin embargo, no dejaba de preocuparse por la parte amarga que todo final nos deja en los labios. Esa que ella misma dulcificaría con todos sus esfuerzos, pero que quisiera o no, Natalia tendría que probar.
-Te quiero- Alba le tomó la mano de nuevo y suspiró-. Lo peor es el ascensor, se hace interminable.
-¿Cómo lo sobrellevaste tú?- le preguntó Natalia algo conmocionada-.
-Tenerte cerca me daba paz- Alba le besó la mejilla-.
Natalia cerró los ojos al sentir sus labios contra su rostro y tomó aire. Estaba muy segura de su decisión, pero le daba miedo el devenir de los acontecimientos. Por un lado, estaba tranquila por tener a quienes más quería de su lado, pero no podía evitar sentirse extraña, como si estuviera tirando su vida por la borda en un intento por descubrir un continente. Sin embargo, Alba se encargó de disipar esa nube negra hablándole de las ganas locas que tenía de hacer una ruta en caravana. Aparte de por visitar las costas de Croacia o conocer los secretos de Escocia, se sentía terriblemente seducida por la idea de tener sexo en cualquier parte, salvando las que estaban bañadas por agua, claro.
-¿Lista?- Alba le apretó la mano cuando llegaron al edificio-.
-¿Vas a entrar conmigo?- Natalia la miró extraña-. No es...
-No es la primera vez que entramos juntas- le dedicó una de sus arrebatadoras sonrisas-. Además, ya he pasado por esto, así que tampoco será tan terrible.
-Estoy bien- gruñó Natalia-.
-La verdad es que echo de menos morrearnos en tu despacho- Alba se mordió el labio-.
En el momento en que hicieron su entrada, nadie les quitaba los ojos de encima. Por un lado, le sorprendía el regreso de Alba, pero también el comportamiento desenfadado de ambas. Entraron riéndose en el ascensor por un comentario de Alba sobre un cuadro con manchas que estaba segura que era una vaca. Natalia negaba con la cabeza mientras Alba extendía los brazos sobre la barra de metal dejando caer su cuerpo.
-Si quieres que te ayude con las cajas tendrás que pagar- Alba se mordió el labio-.
-Se suponía que me apoyarías en todo- le recordó Natalia-.
-Pero no dije que lo hiciera gratis- le susurró al oído-.
-Zorra- gruñó Natalia cuando el ascensor se abrió-.
Alba respiró hondo y la siguió, no pudiendo evitar la risa al ver como Sabela se ponía en pie nada mas verlas para saludarlas. Lo hizo en un tono mas agudo del habitual, fruto de los nervios, que ayudó a la morena a relajarse. Las tres se miraban con un gesto cómplice, como si fueran tres animales perdidos en mitad del bosque.
-No estoy tan horrible- Alba hizo un mueca-.
-Por supuesto que no señorita, Reche- respondió rápidamente Sabela-. Está mejor que nunca, quiero decir no es que antes no estuviera bien, claro que lo estaba, pero...está como siempre. Tan estupenda como siempre.
-Deberías respirar- Natalia se mordió el labio-.
-La señorita Reche- carraspeó Sabela-. No usted, su hermana, pero no la suya- miró a Natalia-. Bueno...
-Marina- Alba se decidió a echarle una mano-.
-Tenía que haber atendido la reunión con el equipo de L' Oreal, pero aún no ha llegado- puso cara de circunstancias-. He intentado localizarla, pero su teléfono está desconectado y en su casa no han sabido darme razones de ella. También he llamado al club y se han resistido a darme información. Están en la sala de el fondo. Ya les he servido café- hizo una mueca-.
-Genial- Natalia rodó los ojos-. ¿Y que se supone que voy a decirles?- resopló frustrada-. Ni siquiera sabía que se reuniría con ellos.
-Solo tuvieron una toma de contacto- le confesó Sabela-. El encuentro no duró mas de diez minutos. Solo se que desde el año pasado Esther Garcia es la nueva directora de comunicación corporativa.
-Y también es la directora general- Alba se mordió el labio-. Que hija de puta.
-Estoy segura de que Marina ni siquiera se ha dado cuenta de que la estaba tanteando- Natalia resopló-.
-¿Ya era la directora?- Sabela abrió los ojos sorprendida-. Mierda.
-Tendría que haber dimitido por correo- gruñó Natalia-.
-No es para tanto- Alba se mordió el labio-. Estaré en tu despacho- hizo un gesto con la mano-. Y mientras tu despliegas tus encantos, intentaré encontrar a Marina.
Sabela sonrió inconscientemente por la complicidad de ambas, aunque en cuanto se topó con la mirada de Alba volvió a ponerse seria. Alba suspiró y se quedó estática mirando el espacio de la entrada. Las plantas habían sido sustituidas por estatuas de arte abstracto colocadas desordenadamente, de forma que no sacaban todo su potencial en un cubículo tan pequeño.
-Me las llevé a casa- Confesó Sabela en voz baja-. Su hermana pretendía tirarlas o que acabasen en el almacén.
-Gracias- Alba le sonrió-. ¿Qué tal la familia? - le preguntó apoyándose en su mesa-.
-Todos bien por suerte- le confesó Sabela-.
-¿Por qué no tienes la centralita?- inquirió Alba, fijándose en esos teléfonos que ya no formaban parte de su mesa-.
-La señorita Marina decidió que ese trabajo lo desempeñaría otra persona- Sabela hizo una mueca-.
-Supongo que debería disculparme, te has llevado la peor parte- Alba tomó su teléfono y rodó los ojos al escuchar el buzón-. Haré unas llamadas- señaló hacia el despacho-. No le digas a nadie que estoy aquí- bajó la voz-, por favor.
-Descuide señorita Reche- Sabela asintió-. Con tanto trabajo, para lo último que tengo tiempo es para las visitas.
Alba entró en el despacho de Natalia, dejó el bolso y la chaqueta en un pequeño sofá y se puso manos a la obra. Después de veinte minutos de paseos de un lado a otro y conversaciones a medias, logró dar con su hermana. La habían detenido de madrugada por conducción temeraria, bajó los efectos del alcohol y alguna que otra sustancia, después de haberse encarado con la policía. ¿Por qué demonios no podía dejar de comportarse como una idiota?
-¡Mierda!- Protestó Alba-.
No sabía que hacer. Natalia iba a dimitir y quería estar con ella cuando todos llegasen, aunque si su hermana no aparecía no podría hacerlo. Necesitaba el voto unánime de todos los accionistas para poder desvincularse de la agencia. Volvió a caminar de un lado a otro y al final se atrevió a interrumpir la reunión de Natalia, que la atendió enseguida.
-¿Has encontrado a Marina?- le preguntó Natalia cerrando la puerta tras su espalda-.
-Por desgracia si- Alba asintió-. Lleva en la comisaría del distrito centro toda la noche.
-¿Por qué la han detenido?- Natalia frunció el ceño-.
-Conducía borracha y drogada y se encaró con la policía- Alba soltó un suspiro-. No puedes dimitir si no aparece- la miró a los ojos-.
-Puedo llamar a...-Natalia no logró acabar la frase-.
-Se lo que le está pasando- confesó Alba con cierto tono de culpa-. Yo hice exactamente lo mismo cuando te fuiste.
-La situación es muy distinta- Le recordó Natalia-.
-Al igual que yo, no se dejará ayudar- Alba suspiró-. La diferencia es que a mí Mikel me aseguró que volverías- sonrió clavándole la mirada-.
-¿Mi padre te sacó de comisaría?- la miró sorprendida-.
-¿Solo te has quedado con eso?- Alba rodó los ojos-.
-Te acompaño a la comisaría- Natalia se mordió el labio-.
-Tienes una reunión- Le recordó Alba-.
-No teníamos que haber salido de la cama- bufó Natalia-.
Los grandes cambios están acompañados de fuertes expectativas, pero nadie te cuenta que el pasado es como un chicle en la suela del zapato. Realmente no sabía por que lo hacía, a pesar de ser hermanas parecían más enemigas intimas y dudaba que aquella cruzada fuera la mejor maniobra de acción. No podía evitar preocuparse por ella, porque en el fondo le recordaba demasiado a la Alba del pasado, a esa que no entendía siquiera por que respiraba y que hacía cualquier locura para que sus pensamientos no la atormentaran. Estaba en la puerta de la comisaría, fumando apoyada en el coche. Sacaba el humo de su cuerpo despacio mirando hacia el cielo. Estaba azul oscuro y el sol traspasaba débilmente entre las nubes. Había logrado que Marina saliera por la puerta de atrás, pero no sabía como tratar con ella.
-Tú- Marina cerró los ojos por la claridad-.
-¿Esperabas algo mejor?- Alba apagó el cigarrillo contra su zapato-.
-No estoy para sermones- Marina pasó por su lado-. Pediré un taxi- sacó su móvil-.
-Si no fuera por mí seguirías ahí dentro- Alba la tomó del brazo para que no se le escapara-, así que lo mínimo que puedes hacer es mirarme cuando te hablo.
-Lo pillo- Marina se zafó de su agarre-. Gracias por sacarme, ¿contenta?
-Eres idiota- Alba se llevó la mano a la cadera-. Si he venido es porque eres mi hermana y a pesar de todo, por más que las cosas se tuerzan o nuestros caminos se alejen, lo seguiremos siendo.
-Es mejor que te ahorres ese tono filosófico- bufó Marina-, no eres quien para darme lecciones. Además, tengo una reunión.
-De la que Natalia se está encargando- Alba abrió el maletero y le dio una bolsa-.
-No entiendo por que me tratas con ese aire de superioridad- gruñó Marina-. Desde que dimitiste todo han sido problemas. Al principio pensé que era mi gran oportunidad, pero no podías ponérmelo tan fácil. Mamá dejó en tus manos una empresa próspera y lo que ha llegado a las mías solo han sido los rastrojos. ¿Sabes lo que sienten cuando me miran?- se acercó con gesto desafiante-. Que soy lo que quedaba, como si fuera una camisa barata con una tara.
-Un apellido no te dará la gloria- le aseguró Alba-.
-¡Claro, por que te la quedaste toda!- agitó los brazos-. Y lo has orquestado todo para que yo nunca la alcance. Es como si hubieras embrujado mis pasos, como si el hecho de ocupar el lugar en el que tú estabas me hubiera condenado.
-Piensa lo que te de la gana- Alba se dio media vuelta-. Y la próxima vez, arréglatelas sola. Sube- le ordenó-.
-A mi no me das órdenes- Marina la tomó de la ropa-. Lo has jodido todo. La empresa, nuestro prestigio y nuestra familia.
-Suéltame- le ordenó Alba-. Y mide bien lo que dices.
-¡Mamá se ha ido de casa!- le gritó Marina-. ¡Y todo es tu culpa!
-¡Sube al maldito coche!- Alba la empujó-.
-Espero que estés satisfecha- Marina la miró con rabia-.
-¿Satisfecha?- Alba agitó la cabeza-. Madura y hazte cargo de tus actos. Eso es lo que implica vivir en nombre propio- metió la mano por la ventanilla y sacó una carpeta-. Tienes que hacer trabajos para la comunidad durante cien días- le hizo chocar la carpeta contra el cuerpo de una palmada-. Elige y diviértete. Y ahora sube al coche, retócate el maquillaje, ponte la ropa que está en la bolsa y compórtate como una persona adulta.
Hicieron el camino hasta la agencia en silencio. Marina masticando la rabia que sentía porque nada estuviera saliendo como había planeada y Alba asfixiada por el pensamiento de haber destruido a su familia. Ni siquiera se despidieron, en cuanto Marina bajó, Alba dio media vuelta saltándose la línea continua y pisó a fondo. Casi no podía ni respirar. Lo intentó con algunas tecnicas, incluso la chorrada esa de seguir la música, pero no logró calmarse, así que se vio obligada a marcar el contacto de Iván. Sabía que se enfadaría por saltarse los protocolos, pero le necesitaba de verdad.
-Tengo una secretaria licenciada en administración y secretariado que está deseando agendarte una cita- le recordó Iván-.
-Espera por favor- le rogó Alba respirando con dificultad-. No haría esto si no fuera importante.
-¿Estás bien?- se preocupó al notarla agitada-.
-Me está dando un ataque de ansiedad- Confesó Alba intentando respirar-. De verdad...necesito ayuda.
-¿Donde estás?- le preguntó preocupado-. Escucho alguna... ¿estás conduciendo?- no podía creerlo-. Vale, para el coche y céntrate en respirar. Cuando lo hayas hecho en un sitio seguro envíame tu ubicación e iré a buscarte.
-Gra...gracias Iván- Alba detuvo el coche y echó las manos sobre el volante-.
Tras unos minutos en los que tan solo se centró en respirar, sintió unos toques en su ventana. Era Iván, así que pulsó el botón del seguro para que pudiera abrir la puerta. Se sentía como si le hubiera pasado un camión por encima, aunque al menos lograba retener algo de aire en los pulmones.
-Lo siento- se disculpó Alba-.
-No pasa nada- le sonrió y le tendió una botella de agua-. Bebe, te hará bien.
-Lo tenía todo controlado- le aseguró dándole un trago-.
-Tranquila- se apoyó en el coche-, no es tan terrible. Estaba a punto de comer.
-Mierda- Alba miró la hora en el reloj-. Lo siento.
-No importa, también hay para usted- Le guiñó el ojo-.
-¿Me estás invitando a comer?- Alba frunció el ceño-.
-Haremos hambre por el camino- Le dedicó una una sonrisa-.
Alba hizo el camino a casa de Iván del brazo del psicólogo, que al verla tan alterada prefirió servirle físicamente de apoyo. Quizás tenía miedo de que saliera corriendo, pero no lo haría. De hecho, lo que más le sorprendía era que siguiera en pie. Cuando la invitó a pasar reparó en sus hijos. Había pensando en esconderlo pero eso sería desconsiderado y además, Alba se daría cuenta era demasiado observadora y la pelota en el jardín le delataba. Al fin de cuentas, Alba no era tan terrible, al menos en apariencia.
-Quieto Taco- Iván acarició a su perro y lo apartó de Alba-. Lo siento, lleva poco tiempo con nosotros y la gente lo altera.
-Una monada- Gruñó Alba-. Me ha babeado mi vaquero de Armani. Tranquilo, no te pasaré la cuenta, pero deberías llevarle al veterinario. Yo diría que tiene algún problema bucal- puso cara de asco-.
-No te gustan los perros- adivinó Iván-.
-Creo que su compañía no compensa todo lo que debemos hacer por ellos- reconoció Alba-. Huelen mal, lo muerden todo, tienes que enseñarles cien veces lo mismo, ladran.
-Pasa, por favor- hizo un gesto con la mano-.
-Siempre supe que vivías en una casa con perro- Alba se mordió el labio-, aunque hubiera apostado que era un chihuahua.
Alba frunció el ceño al ver a un hombre desconocido en la cocina, con el delantal puesto con algunas manchas saludándola con la mano. En un principio dudó en si era a ella y al final terminó por imitar su gesto. También le dio algo de ternura ver a dos gemelos poniendo la mesa de unos seis años vestidos con el uniforme del colegio.
-Ya estamos aquí- Iván movió las manos en plan maestro de ceremonias-. Hugo te presento a Alba. Ellos son Izan y Joel. Saludad chicos a mi amiga Alba.
-¿Les dejas que apoyen los zapatos en las sillas?- Alba no daba crédito-. Tendrás que tapizarlas cada seis meses y teniendo en cuenta que sería raro que se independizasen antes de los veinticinco y que el precio de lo que estamos hablando como mínimo son doscientos euros, lo deja en ocho mil euros. Sigo prefiriendo los bolsos.
-Así que tu eres la incombustible Alba- se secó las manos y la saludó con dos besos-. Es un placer conocerte.
-¿Incombustible?- inquirió Alba-. Lo mismo digo, Hugo. Ahora entiendo porque las galletas están tan buenas cuando no sabes usar la cafetera. El sesenta por ciento de mis visitas son por usted y sus galletas- le guiñó el ojo-.
-Nunca me habían dicho algo así- La miró con una sonrisa-.
-Podrías decirse que él es el secreto de tu éxito- Murmuró Alba con una media sonrisa-.
-¿Vamos a mi despacho?- Hizo un gesto con la mano-.
-Siento haber interrumpido tu cita- Alba tomó asiento en el diván, dejando caer sus piernas a ambos lados sin llegar a tocar el suelo-.
-¿Por qué no me cuentas que te pasa?- Iván sacó su inseparable libreta-.
-¿Cuánto tiempo lleváis juntos?- Alba se mordió el labio-. Cuando yo te hablé de mi relación con Natalia no...-se quedó callada-. Hubiera estado bien que lo compartieras. Vale- levantó las manos-, iré al grano. Hace una hora he sacado a mi hermana de comisaría- alzó el dedo para que no la interrumpiera-. No es que esperase nada de la situación, de hecho sabía que sería difícil.
-Es mas fácil de lo que piensa- la animó Iván-. Solo dígame por que está aquí, los antecedentes no importan.
-Mis padres se han separado- Casi lo dijo en voz baja-. Lo cierto es que nunca pensé que algo así pasara, aunque tampoco me extraña. Quiero decir, antes los matrimonios eran para toda la vida y eso lo convertía más en un contrato cuyas cláusulas había que cumplir que en lo que realmente es. La voluntad de compartir todo lo que eres con la persona que amas. Estoy acostumbrada a que todos me señalen- comenzó a balancear las piernas-, pero no a que me culpen de las miserias de mi familia. Se que he ocasionado problemas, no soy perfecta, pero no soy el origen de todos los males del mundo.
-Claro que no- Iván asintió-. Usted no es responsable de las decisiones de otros, por eso debe liberarse de esa culpa. Se que es complicado de entender, porque toda la vida se ha sentido responsable de su familia, pero no lo es. Y tiene que repetírselo alto y claro todas las veces que lo olvide.
-No es tan fácil- Alba estiró las manos-. Yo no quería causar todo este caos, solo pretendía...vivir mi vida. Yo...-sacudió la cabeza-, ya no lo soportaba más.
Alba siempre había vivido las relaciones decoradas por la toxicidad y desprenderse de ella, no era tan fácil. Que hubiera dado un paso adelante para vivir su vida era una buena noticia, aunque todavía le quedaba demasiado camino. Vivía con culpa y alivio y contener esas dos emociones no era sencillo.
-Eres una mujer muy valiente, Alba- Iván la miró a los ojos-. Me recuerdas mucho a mí cuando tenía tu edad.
-Por eso me aceptaste como paciente, ¿verdad?- Alba también miraba a sus ojos-.
-Tenemos más en común de lo que crees- Le sonrió-. Puede que ahora no puedas verlo, pero con un poco de energía e iniciativa, grandes cosas pueden darse.
-¿Ahora eres discípulo de Yoda?- Se burló Alba-. Mi hermana ha acabado en la cárcel y mi madre está durmiendo en un hotel sin dar señales de vida y usted me dice que sea mas enérgica. ¿Qué porquería de terapia es esta? - se estaba poniendo de los nervios-.
-Se dice padawan- Iván le sonrió-. Hagamos una cosa, ¿Por qué no respira, cuenta hasta diez y me dices lo primero que se te venga a la cabeza?
-Esa porquería no funciona- protestó Alba-.
-Lo haremos juntos- Iván no perdía la sonrisa-. Tomamos aire por la nariz, contamos del uno al cinco y empezamos a soltarlo hasta llegar a diez. Ahora dime que estás pensando.
-Que no se por que demonios he venido- gruñó Alba-. Mis padres se están divorciando, mi madre vive en la suite de un hotel y mi hermana se ha convertido en la copia barata de Britney Spears.
-Vuelva a repetirlo, pero contando-Iván se puso en pie-. ¿Puedo?- señaló la parte del diván que estaba libre-. Va a poner sus manos sobre mis hombros y hará presión conforme las palabras que diga la hagan sentir, del mismo modo que yo se la devolveré. Vamos- la animó-.
Iván le tomó las manos pidiéndole permiso con la mirada y se la llevó a sus hombros. Se mantuvo unos segundos, estático hasta que Alba asintió para que él hiciera lo mismo y comenzaron a hablar. Alba repetía como un mantra todo lo que se le pasaba por la cabeza mientras hacía presión sobre sus hombros e Iván se la devolvía. Cuando pasaron unos diez minutos, se dio cuenta de que se sentía mucho mejor y que todas esas tensiones que le oprimían el cuerpo eran mucho mas suaves.
-Situaciones que en el pasado sentimos como amenazantes son alojadas como tal aunque no corramos verdadero peligro- Le confesó Iván-. No es la culpable de una decisión que han tomado sus padres, ni del camino que su hermana elija, pero una vez la hicieron sentirse responsable y ahora es incapaz de salir de ese círculo. ¿Me pasas el cuaderno que tienes ahí al lado?- le dedicó una sonrisa amable-. Con el rotulador. Este es nuestro cerebro- pintó un círculo-. Cuando tenemos sed, el cuerpo le dice al cerebro que le pasa y el cerebro le dice que beba agua. No tenemos sed y bebemos, antes racionalizamos porque lo hacemos. Con el tiempo, a base de repeticiones, interiorizamos la conducta y bebemos sin ser conscientes de que tenemos sed. Con las relaciones ocurre lo mismo. Contra estímulos negativos, como idea que sus padres se separen, como siempre la han culpado del devenir de su familia, se lo echa a la espalda. En estos casos es complicado relativizar. Son demasiadas emociones en juego, pero no debemos olvidarnos nunca de nosotros, de quienes somos.
-Esperaba que al despejarme de la ecuación las cosas fueran más fáciles- confesó Alba-.
-Culpar a los demás es lo más sencillo- Le aseguró Iván-. Ni siquiera hay que pararse a pensar. Cuando se trata de la familia a todos nos cuesta pensar con perspectiva, porque hay demasiadas emociones y todo se difumina. Sin embargo, lo cierto es que no podemos vivir la vida de nadie, ni apuntarnos sus tantos ni hacernos responsables de sus malos actos. La paz y la armonía solo se consiguen si se persiguen, nada llega como por arte de magia. Hay que luchar, tener algo de fortuna y ni siquiera con esas dos premisas tenemos garantizada la felicidad.
-Yo...-Alba tomó aire-. Siento que el día que me marché tiré el primer naipe y ahora he hecho que todo lo que he dejado atrás se derrumbe sobre quienes quiero. Mi madre se ha ido de casa y eso me hace sentir extraña.
-¿Cómo es la relación con su madre?- Iván rebajó el tono-. La última vez que la traje a sesión no quiso hablar de ella.
-Extraña, complicada y cómplice- reconoció Alba-. Y no me pregunte lo que eso significa porque no tengo ni la más remota idea.
-Estoy aquí para hacerle preguntas- Iván se mordió el labio-.
-¿Y si la he destruido?- Alba le miró a los ojos aterrada-. ¿Y si en mi deseo por igualar los sufrimientos me he pasado de frenada?
-¿Ha hecho algo realmente para atacar a su madre?- Iván le tomó la mano-.
-Solo me fui de casa y no quise saber nada más de ella- reconoció Alba-. Luego se cortó las venas y desde ese día no dejo de preguntarme si el hecho de tomarme las cosas de otro modo podría haberlo evitado. Ella me separó de Natalia y me lo confesó así, como si nada, como estamos nosotros ahora- dio varios pasos hacia atrás-.
-Y eso hizo que descargara toda su rabia contra ella- adivinó Iván-.
-Que te digan en la cara que te han apartado del amor de tu vida intencionadamente y que han bailado día tras día al ritmo de tu sufrimiento es devastador- Alba asintió-. Si no se tratara de mi madre hubiera hecho mucho más.
-Y ahora se siente culpable porque tiene todo el derecho a estar furiosa, pero también se responsabiliza del devenir de los acontecimientos- Iván la miró a los ojos-.
-Es como si el hecho de aventurarme a escribir mi propia historia le hubiera robado la tinta a las demás- Alba asintió-.
-Todos cometemos errores y tenemos aciertos y no podemos estar preocupándonos por la connotación que tengan para los demás- le confesó Iván-. No es nuestra responsabilidad.
-Mi madre se cortó las venas y ahora su familia ha saltado por los aires- Se estaba alterando-. ¡Y me dice que no es mi responsabilidad!
-Ni siquiera conocemos nuestros propios motivos- le aseguró Iván-. Por que ante la más mínima emoción no tenemos todo el contexto. Se que es complicado, pero todo lo que le queda es respirar hondo y asimilar la situación. Frente al suicidio el único responsable es quien lo causa, porque de sus propias manos vino el daño y es quien debe hacerse cargo. No como culpable, sino como superviviente.
-Cada día le entiendo menos- confesó Alba-.
-Todos debemos escribir nuestra historia, aunque esté llena de borrones- la animó Iván-. Pese a que tengamos que pedir un lápiz prestado y la mitad de los renglones estén torcidos. Es todo cuanto nos pertenece de nosotros mismos y aunque algunos quieran lanzarnos al fuego por ello, la historia sigue, eso nadie puede arrebatárnoslo.
-La mía está escrita con sangre, sudor y lágrimas- reconoció Alba-.
-Como todas, señorita Reche- Iván le colocó la mano en el hombro-. Por el olor diría que la comida está lista. ¿Me acompañaría?
-¿Qué clase de lunático almuerza con su paciente?- inquirió Alba-.
-Hay tarta de manzana de postre- Le guiñó el ojo-.
-No es ético saltarse los vínculos terapeuta- paciente- le recordó Alba-.
-Creo que esa línea ya la cruzamos hace tiempo- Iván sonrió-. Además, es una comida, no es que pretenda hipnotizarla.
-Eso nunca se sabe- Alba se mordió el labio-. Por si acaso no comeremos frente a frente.
-Lo he estado practicando- confesó Iván-, pero aún no ha habido resultados.
Después de un rato en compañía de Iván en el que logró relajarse un poco, decidió ir en busca de su madre. Lo había postergado todo lo posible, pero no podía seguir mirando para otro lado. Si bien odiaba meterse donde no la llamaban, no tenía mas remedio. Right le había facilitado el número de habitación de su madre junto con los recargos de su tarjeta. Tocó la puerta varias veces y se identificó con un tono dulce. Lo repitió con dos intentos más, antes de solicitarle a alguien del hotel que la ayudase a entrar, la puerta se abrió. Lo que Alba encontró la sobrecogió. Su madre sentada en el suelo en una postura en la que seguro llevaba demasiado tiempo, las botellas vacías a escasos metros y las cortinas a medio descorrer, como si no quisiera ver la luz del día.
-¿Cuánto tiempo llevas aquí?- Le preguntó Alba sentándose a su lado-.
-Desde el día que Roberto se marchó- confesó Rafaela con la voz ronca, producto de llevar demasiado tiempo en silencio-.
-Llevabas este jersey cuando te despediste de él- Alba lo recordaba-.
-Lo he llevado a la lavandería- Rafaela echó mano de la botella-.
-¿Qué tal si lo acompañas con algo más sólido?- Alba le tendió la caja que tenía en la mano-. Te vendrá bien.
-Se cuidarme sola- gruñó Rafaela-.
-Como quieras, más para mí- Alba abrió la caja-.
-Está bien, probaré un poco- Rafaela rodó los ojos-. Está bueno, ácido y crujiente.
-Hummus y pepinillos- Alba sonrió-, una combinación que me ha salvado más veces de las que me gustaría reconocer.
-¿Por qué estás aquí?- le preguntó Rafaela dándole un mordisco a su sándwich-. Y no me digas que para el brunch porque no me lo creeré.
-Tienes que parar- la miró a los ojos-. Se que es complicado, pero debes hacer un esfuerzo.
-¿Quieres que vuelva con tu padre, precisamente tú?- la miró muy sorprendida-.
-Ya hemos jugado demasiado tiempo al gato y al ratón, ¿no crees?- Alba frunció el ceño-.
-Se que no lo entiendes, pero soy mayorcita para tomar mis propias decisiones- le recordó Rafaela-.
-Me refiero a Roberto- le aclaró con rapidez-. ¿De que diablos estás hablando?
-Creía que...-Rafaela tomó aire-. ¿Le ha pasado algo?- se alarmó enseguida-. ¿Está bien?
-Se que le buscas- Alba la miró a los ojos-.
-Yo...-Rafaela se quedó callada-. No pretendía...
-Se lo que estás sintiendo- confesó Alba-. Se que por más que prometemos alejarnos, la acción es más complicada que la decisión.
-No quiero que pienses que te estoy puenteando o que pretendo pasar por encima de ti- Rafaela le tomó la mano-. Es solo que...no pude evitarlo.
Alba suspiró y terminó sacando el zumo del minibar y haciéndose con la botella de vodka que había en el suelo a medio tomar. Llenó dos vasos después de darles un repaso con una servilleta de tela y volvió a sentarse junto a su madre. Mientras el vodka y el zumo la ayudaban con los nervios, pensaba en como hablar con su madre, sin ser demasiado dura pero haciéndole entender que no podía seguir por ese camino.
-Cuando Natalia se fue a Londres todos los días buscaba su dirección en el Google Maps- le dio un trago a su vaso-. Me pasaba las horas muertas observando aquella calle. Por alguna extraña razón, esperaba verla y por un momento, sentir que el puntero nos acercaba, era sanador.
-Nunca imaginé que te sintieras así- confesó su madre con gesto culpable-. Parecías más decidida que nunca a ser una mujer de éxito. Como si su marcha, te hubiera dado alas.
-Era todo lo que me quedaba- reconoció Alba-, la distancia. Los premios eran un buen pretexto para que volviera, aunque a las tres horas desapareciera. Lo que quiero decirte con esto es que por más que cambien las circunstancias, nuestros sentimientos siguen intactos y eso es aterrador.
-Se que he cometido un error y lo siento- Rafaela la miró a los ojos-.
-Si querías saber donde está solo tienes que preguntarme- Alba le sonrió-. ¿Quieres saberlo?
-¿Me lo dirías?- Rafaela estaba muy confusa-.
-Claro que sí- Alba asintió-.
-Quiero saberlo- confesó Rafaela-. Pensar en Roberto como si estuviera en todas partes es demasiado para mí. Y ese detective es un incompetente.
-Está en Aljeruz, Portugal- Alba le tomó la mano-. Trabaja en el teléfono de la esperanza. He sabido por un conocido que el otro día evitó que una chica saltara al vacío.
-Al menos sigue conservando esa autenticidad tan suya- Rafaela suspiró-.
-Fabian Granados- Alba sacudió la cabeza-. Esa es su nueva identidad. Ahora la pelota está en tu tejado, así que te corresponde decidir.
-Gracias por no enfadarte- Rafaela le acarició el rostro-.
-Piénsalo bien- le advirtió Alba-. Todos prometemos mantenernos al margen, pero eso solo dura un tiempo. El amor consume nuestros esfuerzos en una medida tan profunda que todo lo que puede concedernos alivio, radica en cruzar esa línea. Yo...cuando marqué ese teléfono supe que ya no podría renunciar a Natalia. Pese a que no me respondió, al colgar me di cuenta que dinamitaría mi vida todas las veces que hiciera falta por abrazar justo lo que ella me hacía sentir.
-Tuvo que ser muy doloroso- Rafaela ni siquiera sabía que decir-. No entiendo como pude pensar que lo que había entre vosotras solo era una confusión.
-Nunca nos confundimos- le aseguró Alba-. Es lo que solemos decirnos para minimizar el error, para no ir mas allá.
-¿Por qué ayudaste a Roberto?- le preguntó abiertamente-. Ni siquiera deberías estar de mi lado, es algo que no logro entender.
-Supongo que me hubiera gustado que alguien se la jugase por mí- confesó Alba-. Y Roberto hablaba de ti de una forma tan orgánica que me resultó irrechazable.
-Tengo algo para ti- Rafaela se puso en pie con dificultad y caminó hacia un cuadro que había justo tras ella rodeando la cama-. Estará mas seguro contigo.
-¿Qué es esto?- Alba tomó aquel sobre precintado muy confusa-.
-Tu salvavidas, el jaque mate- se sentó en la cama y le dio un trago a su copa-. Ahora que...Natalia y tú estáis juntas y no os ocultáis, corréis más peligro que nunca. Estáis rompiendo las reglas, atentando contra un sistema ya elaborado desde antes de que nacierais, poniendo entre la espada y la pared a personas que creen que el mundo es completamente suyo por derecho y eso os traerá muchos problemas.
-No necesito que hagas de madre- Gruñó Alba-. Se cuidarme sola.
-Hay batallas que no podemos ganar solos por mucho valor que mostremos- Rafaela suspiró-. Se que es demasiado tarde, pero eres mi hija y voy a proteger siempre. Frente a todo y contra quien sea necesario. No sé si viviré cien años o si mañana no despertaré, así que quiero que tengas esos documentos siempre contigo.
-Mamá- Alba tragó saliva-.
-Hace mucho tiempo cuando decidimos cambiar la agencia de ubicación- tuvo que echar mano de la botella-, el proyecto se vio paralizado porque había un asentamiento de personas que vivían en casas de chapa.
-Poblados chabolistas, mama- Alba negó con la cabeza-.
-Esos terrenos eran suelo rústico y en un abrir y cerrar de ojos se convirtieron en urbanizables- bebió de nuevo-. Al principio plantee que les reubicásemos. Pese a que hubieran ocupado el lugar, ahí estaban sus casas, sus familias, todo lo que tenían, pero todos tomaron mi idea como una estupidez. Yo quería hacer las cosas bien, darles un hogar limpio, digno.
-Pero llevaba demasiado tiempo- adivinó Alba-.
-La idea de María fue comprarles- Rafaela suspiró-. Cinco millones y medio de pesetas, treinta y dos mil euros más o menos. La mitad de lo que vale mi coche. El caso es que al final no hubo acuerdo. Hacer que una inmobiliaria les colocase era complicado y los bancos no querían tratar con ellos. A la semana fuimos con algunas personas que se dedicaban a la contención en esa clase de problemas.
-Matones- Alba negó con la cabeza-.
-Murieron doce personas, entre ellas dos niños- Tragó saliva-. Hubo familias que se atrincheraron en sus casas y se dio la orden de tirarlas, aunque estuvieran dentro. Todo aquello fue alegal. Pagué los doce entierros y fui a cada uno de ellos, en la lejanía. Acercarme hubiera sido una falta de respeto y me habría traído problemas. Algunas noches me atormentan sus rostros llorando y me despierto casi sin aire. Quiero que tengas una vida hermosa- la miró a los ojos-. Y para eso tendrás que luchar con uñas y dientes, para que nadie pisotee tu felicidad.
-También he venido a pedirte un favor- confesó Alba-. No iba a hacerlo porque no quiero que te confundas, pero...-no logró acabar-.
-Estaré en la junta extraordinaria que ha convocado Natalia- Rafaela asintió-. ¿Qué?- se mordió el labio-. Que viva en la suite de un hotel no me convierte en ciega, sorda o muda.
Natalia estaba tumbada en el suelo entre las cajas de su oficina, con las que había formado un círculo mientras de fondo sonaba American Music de Violent femmes. Tenía los brazos bajo la cabeza, la botella de vino abierta y la copa a medio tomar y movía el pie derecho marcando el tempo. Alba abrió la puerta deseosa por llegar y enseguida se quedó estática viendo la escena. Esquivando las cajas, se sentó tras ella y le levantó la cabeza despacio para que la apoyase entre sus piernas.
-¿Intentas moverlas con la mente?- Inquirió la pequeña haciéndole un pequeño masaje con los dedos alrededor de la sien-. En Matrix usan las gafas de sol, podrías probar.
-No se donde están- confesó Natalia mirándola-. Además, no quiero vivir en una realidad de ficción. Esta es mucho más inspiradora.
-Te quiero- la besó inclinándose despacio-.
-¿Estás bien?- le preguntó Natalia alarmada por sus gestos-.
-He sacado a mi hermana de comisaria, que ni siquiera me ha agradecido el esfuerzo y he visitado a mi madre- Alba tomó aire-. Me he sentido más hija suya en ésta última semana que en toda mi vida y eso me confunde. Es como si me moviera en círculos, descalza, en un ceniza que aún conserva temperatura.
-No es tan malo- Natalia le sonrió-.
-En realidad no lo sé- Alba suspiró y jugó con sus cabellos-. Que Marina me llamase dada la situación debería alegrarme, pero se que lo hizo porque yo sería más benevolente que sus otras opciones. Y en cuanto a mi madre, no se que pensar. Por un lado, creo que la culpa le pesa más que otra cosa, pero también, pienso en el daño que he recibido de su parte y no puedo fiarme del todo.
-Puedes fiarte de mi- le susurró Natalia al oído-.
-Con los ojos cerrados- Le confesó Alba casi diciéndoselo en braille contra su piel-. Yo tiré las cajas de mi despacho a la basura. Que tengas algo que guardar es significativamente bueno.
-¿Tu crees?- Natalia se incorporó apoyando la mejilla contra la palma de su mano-.
-No tengo dudas- Alba asintió-.
-¿Qué es eso?- se fijó en el sobre que sobresalía de su bolso-.
-Creo que el capítulo más negro de nuestras familias- reconoció Alba-. Y según mi madre, nuestro salvavidas. Tenemos que esconderlo en un lugar en el que nadie lo encuentre y tu caja fuerte no sirve.
-¿Qué tal en la cocina?- le sugirió Natalia-. Es una estancia que siempre pasa desapercibida. Nunca se la considera demasiado importante.
-Dentro de una caja de cereales- Alba dio un respingo-. Nadie pensaría que somos tan idiotas.
-Por si acaso dejemos ese sobre tras un cuadro y llenémoslo de papeles- Natalia abrió una de las cajas-. Estos ya no me sirven- se mordió el labio-.
-Me encanta que seas tan retorcida- Alba se mordió el labio-.
Lo hicieron tal y como lo habían planeado. Bajaron el cuadro de la pared, colocaron el sobre con algunos bocetos de Natalia y lo pegaron tras el cuadro, como en las películas, aunque quizás con mas cinta americana de la deberían. Mientras Natalia se aseguraba de que estuviera bien alineado, Alba vació la caja de cereales y metió los documentos, volviendo a dejarla en su sitio.
-¿Y ahora qué?- Natalia miraba fijamente a Alba-.
-Ahora apagamos el móvil- lo dejó desconectado sobre la mesa y le metió la mano en el bolsillo a Natalia para hacer lo mismo con el suyo-, hacemos como que aquí no hay nadie ni en caso de aviso de bomba- le besó en cuello-. Y para saber como sigue el resto, tienes demasiada ropa.
Natalia negó con la cabeza, pero no dudó en hacer lo que le pedía y seguir a Alba en ropa interior. Le gustaba dejarse llevar por su parte animal, que el instinto hablara por ella, ese que la mayoría reprimía. Sentir la complicidad que había entre ellas era mágico. Tener a alguien en el mundo que fuera capaz de seguirte el ritmo, aunque no supieras ni que demonios estabas bailando.
El camello está de vuelta! Que ganas de soltar este capítulo.
Que mona Natalia aceptando lo que sea que haya entre Noemí y su padre porque sabe que eso le hace feliz. Entre los cuatro hay mucha complicidad a pesar de todo lo que no se dicen.
¿Que os parece que Alba haya intercedido por su hermana? Ha dejado claro que lo ha hecho por Natalia, aunque en el fondo también se sentía obligada, aunque Marina no se haya portado nada bien. Ahora te quedas sola y como te descuides, el precipicio está mas cerca de lo que crees.
La Rafi ha dado un golpe en la mesa aunque no sabemos si ha sido por culpa o valentía, cincuenta por ciento. ¿Irá a buscar a ROberto? Se ha confesado con ALba, ¿por que creeis que lo ha hecho? ¿Confía en su hija, espera algo de ella?
Libres ya de sus apellidos solo les toca disfrutar, le pese a quien le pese. Por que está claro que si van a por ellas, no dudaran en contraatacar.
Espero que os haya gustado este capi, prometo volver pronto.
Vuestro camello preferido.