La deuda de Los Luthor. - Sup...

Por TBOL22

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Lionel Luthor era un hombre de familia, dedicado y un empresario audaz; nada hacía presagiar que un infarto l... Más

Capítulo 1
Capítulo 2.
Capítulo 3.
Capítulo 4.
Capítulo 5.
Capítulo 7.
Capítulo 8.
Capítulo 9.
Capítulo 10.
Capítulo 11.
Capítulo 12
Capítulo 13.
Capítulo 14.
Capítulo 15.
Capítulo 16.
Capítulo 17.
Capítulo 18.
Capítulo 19.
Capítulo 20.
Capítulo 21.
Capítulo 22.
Capítulo 23
Capítulo 24.
Capítulo 25
Capítulo 26.
Capítulo 27.
Capítulo 28.
Capítulo 29.
Capítulo 30.
Capítulo 31.
Capítulo 32.
Capítulo 33.
Capítulo 34.
Encuesta para definir el destino de la historia.
Capítulo 35.
¡Hey!
Capítulo 36
Capítulo 37.
Capítulo 38.
Capítulo 39.
Capítulo 40.
Capítulo 41.
Capítulo 42.
Capítulo 43
Capítulo 44.
Capítulo 45.
Capítulo 46.
Capítulo 47.
Capítulo 48.
Capítulo 49.
Capítulo 50.
Capítulo 51.
Capítulo 52.
Capítulo 53.
Capítulo 54.
Capítulo 55
Capítulo 56. El escuadrón idiota entra en acción.
Capítulo 57.
Capítulo 58.
Las primeras veces de... ¿Kara?
Hice una idiotez.
La maldad del apellido Luthor.
Liam quiere a mami, Lori quiere a Lu, Lu quiere a Kripto, ¿Quién quiere a Kara?
Si, en esta y en otras vidas.
Mami, te presento a...
Maldita bruja con suerte.
¿Cómo es que mami se come a los bebés sin que nos demos cuenta?
Niño Azul.
El castigo, que no es castigo.
De misiones secretas y otros desastres.
Es cosa de hormonas.
Una gallina especial.
Pequeño Glotón.
Kara y la compra extravagante.
La misión Zor-El Luthor.
Flojita y Cooperando.
Hasta pronto, amigo.
Astro.
Cosas de virginidad.
Una boda se acerca.
La nueva generación de Luthors.
La busqueda de Liam.
Las segundas primeras veces de... ¿Kara?
Bailaré con Cenicienta.
La apuesta.
La venganza.
El primer corazón roto de...Lena.
La nueva generación Zor-El Luthor.
Si... Mi General.
Madre Dragona V/S Guardiana de brazos tatuados.
Aurora.
Operación Aurora.
La reina ha hablado... (Y ha perdido)
De Llegadas Inesperadas.
Ella es igual a ti.
Un amor que siempre recuerda. - Final.

Capítulo 6.

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Por TBOL22

Lena.

Llegar a Metropoly nunca había sido tan desesperante, primero había tenido que asegurarme de que alguien estuviese al pendiente de Ruby mientras iba a ver que tanto era lo que había pasado, luego había intentado saca un vuelo a Metropoly pero todo parecía estar copado y un viaje en autobús no parecía ser lo suficientemente rápido. Finalmente resolví manejar toda la noche para llegar a eso de medio día del día siguiente, causando la indignación de la rubia que me seguía con el pequeño cachorro dormido en sus brazos; Kara tomó mi mano con esos ojos amenazantes y me arrastró con ella sin decirme nada.

La primera parada pareció ser en mi casa, en donde bajó al cachorro y volvió a meterse al carro; luego se puso en marcha hacia Metropoly, sin decir palabra alguna.

—¿Por qué...?

Ella alzó la voz de inmediato. — No te atrevas a preguntar porque te estoy llevando, mucho menos te atrevas a preguntar porque estoy enojada. — Entonces si estaba molesta. — Es que de verdad no te entiendo, Lena, no te entiendo.

Intenté buscar en mi mente que hubiese dicho algo ofensivo mientras buscaba la manera de moverme a Metropoly, pero nada parecía ser lo suficientemente ofensivo como para hacerla reaccionar así. Luego recordé la conversación minutos antes de que se desatara el desastre, siendo únicamente la única instancia que me pareció lo suficientemente ofensiva.

—Yo tampoco te entiendo, Kara. — Contraataqué al sentirme herida de alguna manera. — En tu oficina parecías el ser humano más dulce del mundo y ahora estás peor un bebé berrinchudo, gruñendo y apretando el volante. — De inmediato el vómito verbal apareció, escupiendo las palabras sin siquiera pesarla por mi cerebro. — Perdón si el accidente de mi hermana te arruinó el follón, pero tampoco pedí que me trajeras.

Kara soltó un alarido antes de frenar abruptamente, sus ojos locos de rabia. — ¿De verdad, Lena? ¿Eso es lo que cree que me molesta? — La rubia parecía bufar, simulando a un tono embravecido. — Claramente ni siquiera pensaste en lo potencialmente peligroso que podía ser que una persona sola se aventurase a un viaje por carretera de más de 15 horas, alterado y sin comer en absoluto. No, porque claramente es más fácil ponerse en riesgo antes de detenerse a pensar en que es lo que realmente necesito para asegurarme de llegar entero a mi destino. — De pronto el asiento del coche se volvió extremadamente cómodo y hasta una buena opción para desaparecer. — Y no Lena, no estoy enojada por perder un follón como dices. La verdad es que estoy tan malditamente enojada porque te lanzas sin importar las consecuencias negativas que puede llegar a tener eso para ti, sin importan cuantas posibilidades de hacerte daño tengas y eso me asusta, porque si te llega a pasar algo yo...

Esperé a que siguiera hablando, pero ella solo resollaba con cierta furia. — Kara, yo...

—Duerme, Lena. — Ordenó un poco más calmada. — Te despertaré cuando necesite que me releves al volante.

—Kara. — Intenté una vez más, sintiendo el bichito de la culpa mordiéndome la nuca. — De verdad yo no quise...

—Lena. — Su tono era frío, distante y el poner en marcha el coche una vez más me hizo comprender que no había forma de que siguiéramos con esta conversación de ninguna manera. — Estoy enojada, no sé si diré algo que te pueda herir y pelear mientras conduces no es bueno, así que hazte un favor a ti y a mí misma; duérmete.

La desazón llegó junto con el ronroneo suave del motor y la música de fondo de alguna radio local que me empeñé en ignorar, porque con lo irónica de la vida, de seguro estaría lanzando alaridos de alguna canción que hablaba sobre las culpas. Intenté que la noche que comenzaba a abrirse con tante delicadeza me calmara, pero parecía imposible, hasta que me hice consciente del calor que emanaba el cuerpo de la rubia y ese perfume tan particular que de alguna manera había quedado grabado en mi nariz.

Entonces llegó la inconciencia y con ella, ninguna pesadilla.

—Lena. — Escuché después. — Lena, despierta. —Intenté desperezarme, pero mis piernas chocaban contra el tablero delantero y la punta de mis dedos con el techo. — Lena, estamos en una parada de servicio y necesito saber si quieres ir al baño.

Abrí un ojo casi con dolor, corroborando que no había oscuridad alguna afuera. —¿¡Cuánto dormí!? — Salté un poco espantada, siendo consciente de que Kara había manejado toda la noche. — Dios, ¿por qué no me despertaste?

—Parecías cansada. — Respondió a mi primera pregunta. — Dormiste cerca de ocho horas — De inmediato vino la segunda y luego agregó una tercera información. — Son las seis con cuarenta y dos. — De inmediato me entregó el teléfono. — Acabo de hablar con Ruby, le conté que íbamos en camino a buscar a su mamá y que aún nos faltaban unas horas para llegar, que apenas tuviéramos algo que decirle, la llamaríamos. No sabía si le habías contado sobre el accidente, así que evité esa parte, espero haber hecho bien.

Tomé el aparato de entre sus manos, aún conmocionada por ser tan servicial conmigo. — Gracias, Kara. — De pronto la culpa volvió a aparecer, odiosa y aún más fuerte que antes. — Lo siento por lo que dije anoche, estaba alterada y simplemente... no pensé, no estoy acostumbrada a que alguien me cuide.

La rubia asintió. — Deberías tener un poco más de fe en la gente, Lena. No todos a quienes quieres te van a abandonar. — Ella se bajó del coche, extendiéndome las llaves. — Lo siento, pero debo ir al baño, tomar mucha gaseosa me vuelve una niña con incontinencia.

Me cambié al asiento del conductor, sabiendo que ella más que nadie merecía un descanso. Así que cuando volvió emprendimos la marcha una vez más, ruta que mi acompañante apenas pudo soportar cinco minutos antes de caer completamente rendida al cansancio del viaje.

Al final llegamos pasadas las unas treinta de la tarde al hospital, con Kara apenas despierta y conmigo a punto de entrar a un especie de colapso nervioso, hasta que sentí un calor reconfortante sobre mi mano, encontrándome con el rostro de la rubia girado a la ventana, pero con sus dedos entrelazados con los míos.

—Puedes hacerlo, Lena. — Susurró y luego sus ojos cristalinos se hundieron en los míos hasta tocar mi alma. — Y si tu hermana es tan fuerte como tú, estoy segura de que cruzando esas puertas solo te darán buenas noticias. Además, Ruby es una razón bastante potente como para salir adelante. — Kara se hundió en silencio un par de segundos, detallando cuidadosamente cada parte de mi rostro. — Puedo esperarte aquí o puedo entrar contigo, estoy aquí para apoyarte.

Asentí. — ¿Puedes entrar conmigo?

—Vamos. — Aceptó con una sonrisa dulce. — Estaré a tu lado.

Había algo en esa extraña familiaridad en la que nos desplazábamos por los pasillos del hospital, y pese a que no podía olvidar del todo el hecho de que era a mi hermana a quien iba a ver luego de un accidente, una tranquilidad insana se había instalado en mi pecho. Kara Zor-El caminaba a mi lado, con su brazo rozando el mío y siguiéndome el paso.

No había necesidad de hablar, solo con saber que estaba ahí me causaba una impropia corriente de calma. Hasta que el sonido de un golpe seco me dejó aturdida y el indudable eco de alguien desplomándose me terminó por sacar de mi ensoñación.

—¿¡Por qué cada vez que alguien de mi familia sale herido está tu odiosa cara por el frente!? — El rugido de Lex me dejó completamente aturdida, mirando a Kara taparse la boca con una mano. — ¡Estamos trabajando para pagarte la maldita deuda! — Gruñó. — Ahora lárgate, porque esto es un asunto familiar.

—¡Lex! — Estaba escandalizada sin saber que hacer. — Ella...

—Tres de cinco. — Lanzó la rubia desde el suelo, poniéndose de pie con cierta dificultad. — Espero no cabrear a las otras dos Luthors restantes como para que me den de trompazos. — Pese a que de seguro estaba dolida, dio una sonrisa tierna. — Me alegro de que también estés acá, a tu hermana le costó demasiado salir de la ciudad, así que me ofrecí a acompañarla pues andar solo en al carretera es peligroso.

Lex pareció congelarse, mirando como si alguien hubiese hecho una mala broma, alternando la mirada entre la rubia que se sacudía la suciedad y yo, que quizás asemejaba a un fantasma a punto de desaparecer. Luego se giró para mirarme con una ceja alzada, siendo casi una reprimenda.

—¿Qué demonios, Lena?

—Lex, no importa. — Musité. — ¿Qué te han dicho de Sam? ¿ Has hablado con algún doctor?

Apenas le pregunté, él comenzó a pasar su palma por la calva. — Llevo acá media hora, todos se han negado a dar información a menos que sea la representante legal de Sam. —Musitó como si le doliera la vida. — Se niegan a dar la información a cualquiera, porque al parecer es delicado.

—¿Y quién es su representante legal, Lex? — Esto me iba a volver loca. — Habrá que sacarle un pasaje a mamá, tendrá que venir con Ruby...

—Si quieres, yo me puedo devolver y quedarme con Rubs. — Ofreció Kara, sabiendo que este era un tema delicado. — Sé que no es usual, pero puedo hacerlo.

—No es necesario. — Lex pareció extrañado por la manera de actuar de la rubia. — La representante legal eres tú, Lena. Así que por favor, ve a buscar alguna persona para que puedan darte información, esto me está matando, sobre todo porque está Ruby esperando a por su madre.

Esa simple afirmación me hizo secar la garganta.

Miré a Kara, casi como si quisiera buscar un poco de fuerza en su asentimiento dulce. — Tienes que saber, Lena, Ruby sigue esperando noticias. — Dios, ¿por qué me hacía sentir tan segura solo con mirarme? — Si me necesitas puedes llamarme o incluso a Lex. — Tiernamente se doblo hasta que pudo susurrar solo para mí. — Pero creo que es mejor que lo llames a él, corazón, se puede poner celoso porque le estoy quitando a su hermanita.

Un poco más confianza me acerqué al mesón de recepción, donde una mujer me sonrió con cierta reticencia.

—Buenas tardes. — Saludó. — ¿En qué puedo ayudarle?

—Soy familiar de Samantha Luthor .

Ella levantó la mirada con fastidio. — Como le dije anteriormente al señor de traje, el estado de la señorita Luthor es reservado. — De mala gana sacó un libro. — Ella tiene mencionado un representante legal que responde por sus bienes y por sus responsabilidades en caso de que le pase algo, por lo tanto, la información solo se le dará.

—A mí. — Corté poniendo mi cédula sobre el mesón. — Soy la representante legal de mi hermana. — La mujer solo abrió los ojos con sorpresa. — Lena Luthor, un gusto.

—Señorita, lo siento. — Farfulló apenada. — Deme un minuto para contactar al doctor y a la asistente social. Ellos son los que le proporcionaran toda la información.

Esperé pacientemente, viendo como Lex y Kara parecían cruzar un par de palabras en una tonalidad bastante hostil, pero que finalmente terminó por relajarse cuando la mirada de la rubia se cruzó con la mía en una especie de bruma de sentimientos y en Lex una mirada de pura incredulidad, pero a la vez de comprensión absoluta.

—Señorita Luthor. — La voz amigable de la mujer llegó para sacarme de esa trampa de miradas. — La están esperando, ¿me permite guiarla?

Asentí aún un poco aturdida. — Vamos.

Por alguna razón, mientras avanzaba por los pasillos sentía como si esa mujer fuese mi verdugo y me estuviese conduciendo hacia mi muerte. El hecho de pensar que Sam en algún momento me faltaría me convertía en una especie de niña asustada, de un alma en pena que solo vagaba por los lugares sin hacer ruido, sin alertar a nadie.

La mujer me hizo pasar a una pequeña sala donde un hombre de edad mediana miraba un informe, haciendo algunas anotaciones al margen de este, mientras que compartía esporádicamente alguna de las tantas cosas que parecía conocer. La mujer asentía con un aspecto mucho más lastimero, quizás la edad estaba haciendo que su rostro fuese más paco y bastante menos amigable.

Tenía miedo de enfrentarla.

—Buenas tardes. — Musité con cierto temor. — Soy Lena Luthor, en la recepción dijeron que únicamente a mí me darían la información de mi hermana.

—Señorita Luthor. — El hombre respondió el saludo con un escueto movimiento de cabeza.

—Buenas tardes. — La mujer en cambio pareció cambiar el semblante, hasta obtener una mueca bastante afable. — Por favor, siéntese.

Me moví casi por inercia, intentando poner especial énfasis en la sensación que podía recoger con mis manos, porque el resto de los sentidos parecieron haberse bloqueado en un par de segundos. La silla era cómoda, pero la textura me hacía daño en las piernas, parecía como si me arañase.

El hombre se aclaró la garganta con parsimonia, demasiada para ser una conversación que tuviese buenes noticias. — Señorita Luthor, comprendemos que usted es la representante legal de Samantha y que, a su vez, es quien tiene la patria potestad de la menor Ruby Luthor en caso de que algo le llegue a pasar.

—Tenía conocimiento de que ella había determinado a alguien de la familia como responsable de Ruby, pero pensé que esa persona sería mi madre. — De a poco el temor comenzó a llegar, implacable y demasiado grande como para pasarlo por alto. — No entiendo, se supone que me traerían para darnos la valoración de salud de Samantha, no para darme una charla de las implicancias legales que supondría su muerte; a no ser que usted me esté diciendo de una manera bastante poco profesional que mi hermana murió.

—No. — Se apresuró a decir. — No, en definitiva la señorita Samantha no está muerta, pero eso tampoco significa precisamente una buena noticia. — De inmediato el médico apuntó a su colega. — Es por eso que necesitamos que esté la asistente social presente, porque necesito saber que procede precisamente en un caso como este.

—Entonces, dígame. — Jadeé desesperada. — Porque me va a llamar su hija, Ruby, me preguntará porque su mamá no está en casa y yo tengo que saber como responder. — El dolor se me había vuelto insostenible. — ¡Tienen que decirme algo!

El hombre levantó las manos. — La señorita Luthor tuvo una conmoción cerebral que derivó en una hemorragia interna. Tiene múltiples fracturas, algunos órganos magullados y puede enfrentar pérdidas profundas de memoria con respecto a su vida debido a que el lugar en el que el derrame se desarrolló es un punto importante para la memoria humana. — Sentía que todos esos términos eran tan fatalistas, casi tanto como si me dijesen que mi hermana estaba muerta. — Eso es a lo que tenemos que prepararnos para afrontar cuando despierte.

—Si despierta. — Intervino la mujer a su lado. — Es por eso que necesitamos tener esta conversación con la tutora legal.

—¿Qué quiere decir eso? — Jadeé casi sin aliento. — ¿Ustedes...?

—Escúchame, Lena. — Susurró el hombre. — La lesión fue sustancial, y es por eso que ahora nos enfrentamos a la suerte. — Sus ojos fueron casi compasivos cuando se enfrentaron a los míos. — Tu hermana puede despertar o no.

El mundo se me derrumbó. — ¿Qué?

—Lena. — Musitó la mujer con cierta calma. — Es precisamente por eso que necesitamos hablar contigo, tenemos que anteponernos a la idea de que Samantha no despierte, de que no soporte o todas sus funciones terminen deterioradas por el tiempo de inactividad cerebral. — Intenté negar, pero ella tomó mi mano, quizás pensando que ese simple gesto me daría tranquilidad, aunque fuese todo lo contrario. — Lena, sé que cuesta asumirlo, pero yo como trabajadora social debo acreditar que su hija quedará en buenas manos y que no es necesario que se genere una intervención del estado.

Quería llorar, gritar de las muchas maneras en que era imposible que Sam dejase a su razón de vivir a la deriva, y aunque lo deseaba con todas mis fuerzas, ningún chillido salió de mis labios y un sollozo roto al imaginarme enterrándola.

—Lena. — La trabajadora social habló suavemente. — ¿Está usted preparada para asumir la patria potestad de la niña mientras su hermana no esté en condiciones? — La pregunta sonaba tan cruel como cuchillos que se retorcían en el centro de mi pecho. — Esto también implica que usted está preparada para asumir la responsabilidad de la niña en todo sentido si alguna vez su hermana llega a faltar. — La mujer parecía estar empeñada en joderme con la mirada. — Es mi deber informar que usted como persona puede negarse directamente a la petición de su hermana, validando ante notario que es su deseo no tomar la custodia de la niña. — De inmediato extendió un papel sobre la mesa. — En ese caso, y al no registrarse un padre, la niña pasaría a manos del estado, aunque hubiera otros familiares como tíos o abuelos, pues es necesario tener una afirmación de que ellos serán capaces de cuidarla.

—Pero ¿no sería lo mismo conmigo? — Musité embargada por la sorpresa. — ¿Yo también tendría que tener una evaluación?

Negó. — En su caso sería diferente. — Musitó extendiendo un fajo de papeles mucho más gruesos. — Su madre la considero como la única persona apta para cuidar a Ruby, así que se respeta ese deseo a menos que existan registros que puedan presagiar una posible vulneración de derechos. En su caso eso ya está investigado y en la parte legal está completamente apta para asumir esta tarea, así que solo falta esperar a que tome una decisión para saber qué línea tomar.

¿Por qué ellos hablaban como si Sam no tuviese salvación?

—¿Cuándo podré llevármela a National City? — Pregunté con los ojos inundados en lágrimas. — Toda la familia es de allá, será muy difícil que alguien esté al pendiente estando en un lugar tan lejano.

El doctor hizo una mueca. — Mañana. — Susurró. — Si pasa la noche podemos considerarla fuera de peligro vital y podemos hacer una transferencia entre hospitales.

Asentí, pese a que no tenía nada claro en la cabeza.

—Señorita Luthor. — La voz de la asistente social era como un constante martilleo en mi cabeza. — Necesito saber que hacer con Ruby. Sé que usted, ni nadie en esta quiere pensar que Sam puede tener un final fatal, pero tienes que trazar todas las posibilidades.

Asentí otra vez, sabiendo que esto era lo único correcto que podía hacer. — Lo haré. — Musité con el llanto clavado en la garganta. — Me haré cargo de Ruby.

Kara.

El rostro de Lena era una especie de lienzo completamente en blanco cuando salió, con los ojos perdidos y con los hombros completamente caídos; quise correr hacia ella, pero no sabia si era adecuado o si sería bien recibido.

Esa misma reticencia solo duró hasta el momento en que una lágrima se deslizó por su mejilla, silenciosa y llena de dolor. Ni siquiera me importó que Lex, en un intento infantil de detenerme me golpeó el hombro con fuerza contundente; nada importaba y nada importaría hasta que tuviera su cuerpo entre mis brazos para expiar toda su tristeza.

La pelinegra, casi por voluntad propia se deslizó entre mis brazos, hasta que su cabeza quedó apoyada contra mi pecho. Fue un acople perfecto en el que uno de mis brazos pareció abordar todo su cuerpo y el otro dio tiernas caricias a su nuca, jugando con ese vello de bebé en la parte baja del cuello.

—Corazón. — Quise besar su sien, pero no sabía cuanto era lo que su hermano sabía o lo que Lena quería que supiera. — ¿Qué te han dicho? ¿Por qué solo quisieron darte la información a ti?

—Lee. — Lex parecía estar mucho más tranquilo, recargando sus manos sobre los hombros temblorosos de su hermana. — Mi ojitos de bosque, por favor, habla con nosotros.

La manera amorosa en la que Lex se refería a ella me hizo comprender el profundo amor que se guardaban los hermanos, además de ser consciente que gracias a él sobrevivieron al ataque desmedido del hombre que sirvió como donante de esperma para el nacimiento de Ruby. La familia Luthor podía parecer disfuncional en muchas maneras, un padre mentiroso, una madre cerrada a cualquier persona del exterior, una madre soltera, un hermano mayor que al parecer no sabía ser cabeza y una hija menor a miles de kilómetros del resto de su familia; definitivamente parecía ser una familia disfuncional, pero había algo que no se podía negar y eso era el cariño que lograban transmitirse con solo una mirada.

—Sam tuvo hemorragias. — Susurró. — Y está... ella está en coma.

—Es un coma inducido. — Chilló Lex con un manto de lágrimas opacando sus ojos. — ¿Verdad? —Lena solo negó lentamente. — Maldición. — Por primera vez vi como Lex se quebró en mil pedazos, apretando las palmas contra sus ojos mientras sollozos casi imperceptibles escapaban de sus labios. — Maldición, Sam.

Lena suspiró pesadamente, como si le doliera respirar. — Es por eso que necesitaban hablar conmigo. Estaban teniendo en cuenta la opción de que Sam no lograse despertar y que... que Ruby quedase sin su madre.

El corazón se me apretó de manera horrible. — ¿Qué pasará con ella ahora? — Pregunté, sintiendo ese incontrolable deseo de protegerla de cualquier cosa que pudiese hacerle daño. — Sam no puede cuidarla y...

—Me preguntaron si me consideraba apta para cuidarla, de lo contrario tendría que ser ingresada al sistema.

Eso me aterró. — ¿Qué respondiste, Lena? — Tomé sus hombros con fuerza para mirarle a los ojos. — Lena, ¿qué les dijiste?

—¿Por qué al sistema? — Intervino Lex. — También estamos mamá y yo, que somos familiares directos.

Ella me miró casi como si pidiese perdón. — No se puede, Lex. — Musitó. — De igual manera Ruby tendría que ser ingresada al sistema mientras se hace una investigación exhaustiva sobre la persona, para asegurar de que la niña estará en buenas manos. — Dios, esto cada vez se ponía peor y Lena no me estaba respondiendo. — La niña igual entraría al sistema y se tendría que someter a el programa de familias de acogida y al final podría ser todo en vano y no ser considerados aptos para cuidarla.

—Lena. — Volví a llamar, tomando cuidadosamente sus mejillas para que sus ojos solo se centraran en los míos. — ¿Qué va a pasar con Rubs?

—Ella se ha convertido en mi hija legal de ahora en adelante. — Musitó con la voz quebrada.— Rubs está bajo mi tutela hasta que Sam pueda retomar su cuidado o... o hasta que se compruebe que el caso es insalvable.

Después de eso, Lena se derrumbó, implorando de muchas maneras que la llevase a casa, que quería ir con Ruby. Lex comprendió el cansancio y se dispuso a ser él quien resguardara que el traslado fuese efectuado con completo profesionalismo.

Antes de irnos, el mayor de los Luthor me dio una mirada de agradecimiento, aún un poco reticente a dejar que alguien más cuidara de su hermana, dejó que partiéramos; antes de irnos, prometió vehementemente que llamaría frente a cualquier cambio de su hermana y que prometía ponerse en contacto con su madre para preparar el terreno.

Esas fueron las 15 horas más silenciosas de mi vida, en donde Lena lloró en silencio y luego durmió como si el alma le pesara de una manera impresionante. No había manera en que pudiese hacerla sentir bien o de encontrar palabras que le dieran consuelo.

El recuerdo de mi mamá comenzó a moverse furioso contra mi cerebro, los últimos momentos de su vida, cuando el dolor pareció borrar cualquier atisbo de su vida de sus recuerdos, como no pudo darle el último "te amo" a mi padre y finalmente, esa exhalación cargada de una vida que ya no tenía en absoluto. Quise darle alguna palabra de consuelo, pero hasta yo me estaba sintiendo devastada por los acontecimientos.

Llegamos casi al anochecer del día siguiente sin haber cruzado palabra, solo subsistiendo en el espacio de la otra. Ella se bajó del carro, me dio un escueto "gracias" y comenzó a caminar en dirección contraria a la mía.

—Lena. — Le llamé antes de que desapareciera. — Quiero... yo... deseo ayudar.

—No sé como puedes hacerlo, Kara. — Por primera una conversación de este tipo que no tenía ningún tipo de veneno en sus palabras. —Y lo siento, pero no creo que el orgullo de mi familia resista otro préstamo de dinero.

—No hablaba de dinero. — Musité. —Hablo de... — Dios, no podía quedarme con esa angustia. Casi de inmediato me deslicé fuera del asiento hasta poder ponerme frente de ella. — Yo quiero ayudarte con Ruby. Sé que no soy una madre, quizás no pensé en serlo, pero tu tampoco; lo que si sé, es que esa pequeña puede conmigo y haré todo lo posible para que esto sea más llevadero para ella.

La vi negar casi con suavidad. — No lo sé, Kara. — Susurró dolorosamente. — Aún no le he dicho nada, no sé cómo reaccionará y si...

—Eso es lo que menos importa, corazón. — Con el mismo cuidado de siempre tomé sus mejillas y la acerqué a mí. — Quiero que Rubs sufra lo menos posible, así que si sientes que esto es mucho para ti y que necesitas una mano para darle una sonrisa, mi departamento está a tu disposición. — Pude ver que ella suspiró pesadamente. — Yo estaré para ti, Lena, estaré para Ruby. — Mi frente se posó contra la suya. — Por favor, créeme que solo quiero estar ahí para ustedes.

—Te creo. — Por primera vez fui conciente de las manos de Lena en mi cintura. — Y no tienes idea de cuanto te agradezco.

—Lo sé.

Dios, había estado tan deseosa de besarla que apenas fui consciente de esa cercanía que nos estaba torturando.

¿Sería rechazada si lo intentaba?

¿Sería una ilusión ver ese cariño en sus ojitos? 

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