─Admitirlo no te va a arruinar la vida ─dijo con una expresión seria Gia, aunque sabía que por dentro estaba divirtiéndose como nunca.
─No tengo nada que admitir ─sonreí levemente y con tranquilidad.
─¡Mira como se sonroja! ─chilló ella hacia la castaña, quien se rio de mí.
Las tres estábamos sentadas encima de mi cama y con los pijamas puestos. Hace un rato habíamos llegado de cenar y, después de bañarnos, Gia comenzó a insistir en que le cuente cómo era mi relación con Azael. Según ella, hay amor. Según yo, con suerte sé su nombre.
─Y eso de la lluvia que nos contaste fue muy romántico ─comentó Sol.
─¡Exacto! Acostarse juntos bajo la lluvia no lo hacen las personas "que no son nada" ─me acusó la rubia usando sus dedos para decir la última parte entre comillas ─. Además, el tiempo no determina los sentimientos de una persona. Puedes conocer a alguien desde hace cinco minutos y ya ser mejores amigos o por lo contrario conocerse hace años y que no haya ningún tipo de cariño.
Algo de razón tenía. Hacía dos semanas que había llegado a Nova y las conocí, y fueron mejores amigas que las chicas de mi escuela en Big Bang, sin embargo eso no significaba que me gustara el pelinegro. Me parecía interesante y, aunque al principio causó una extraña primera impresión, al hablar un poco con él me sentí todavía más intrigada en saber sobre el mundo que lo rodeaba, sobre su forma de ser y pensar. Pero eso era muy distinto a que me gustase.
─Me parece que están viendo fantasmas donde no los hay ─me mordí el labio inferior para contener la risa y negué con la cabeza divertida.
─Bien... imaginemos que nos creemos que no te gusta Azael ─comenzó la rubia, y no hizo falta que diga nada más para que yo ya sepa a donde iría la conversación.
─No.
─¡Si ni siquiera sabías lo que iba a decir! ─se excusó riendo.
─¿Algo referido a Luke? ─al ver como bajaba la cabeza tratando de esconder su risita, negué con la cabeza, esta vez menos divertida ─. Durante toda mi vida me dijeron lo mismo. "Es imposible que convivas con alguien tan lindo como él y solo sean amigos" "Di la verdad, ¿No te gusta ni un poquito?" "El cliché perfecto con el hermanastro" ─imité las voces chillonas de mis compañeras antes de soltar un suspiro lleno de estrés.
─Es tu culpa por tener un amigo tan lindo ─soltó Sol mientras jugaba con una goma para el pelo. Se la pasaba de una mano a otra casi de forma automática.
─¡¿Sol?! ─chilló Gia en su dirección, yo reí abiertamente, tanto que casi me caigo de la cama.
─¿Qué? No me gusta pero tampoco soy ciega.
─Tiene un punto ─la apoyé viendo como Gia se sorprendía y sonrojaba a la vez ─. Aunque he de admitir algo... ─ambas me miraron con curiosidad y cautela, esperando una respuesta ─. Creo, no estoy segura pero creo, que en algún momento si me gustó.
No me hice responsable por los gritos que pegó la rubia ni por la sonrisa de oreja a oreja que me dedicó la castaña.
─¿Cuando? ¿Cómo te diste cuenta? ¿Te sigue gustando? ─su mirada pícara y su sonrisa juguetona lograron ponerme roja.
─Hace... tiempo. Comenzó a los trece años y a esa edad es fácil confundir el amor fraternal con el amor de novios ─me excusé.
Siempre tuve la duda de todas formas. ¿Qué tal si estoy enamorada de Luke y no me doy cuenta? ¿Eso es posible? Porque realmente no me ponía celosa cuando salía con otras chicas, como mucho me fastidiaba si salía con Melody pero nada más. Bueno... era más que un fastidio, y no puedo evitar recordar el drama que hice en la última fiesta a la que asistimos antes de viajar a este mundo. Como llegué llorando a mi casa solo porque sentía que el pelirrojo cada vez me quería menos. Quizás no estaba enamorada, pero cuando se trataba de él simplemente no podía dejarlo a un lado o ignorarlo. ¿Será eso amor? ¿O solo tengo miedo a que desaparezca y me deje sola?
─¡A mi me pasó! Se llamaba Ted, íbamos juntos a Inova y un día lo besé creyendo que me gustaba. Al otro día me dejó de gustar y tuve que explicarle que solo éramos amigos, nada más. Tenía nueve años por ese entonces ─contó la rubia con seriedad y nostalgia. Sol se rio a carcajadas en su cara, yo lo disimulé un poco más y me tapé la boca con una mano ─. ¿Qué? ¿Qué dije?
─Son dos cosas distintas. Luke es su amigo de toda la vida, ese Ted ni siquiera comparte año con nosotras ─explicó la castaña con tono obvio.
─No desvalorices mis amores de infancia, por favor.
Reímos entre las tres. Al recordar la fiesta de Sasha también recordé lo mal que me sentía antes de llegar a Nova. La gente en la secundaria era muy falsa, mis amigas creían que sus vidas eran las únicas y nunca preguntaban por lo demás. Si no te necesitaban, te hacían a un lado. Si no estabas alerta, te pasaban por encima. Pertenecía a su grupo más por obligación que por elección propia, de lo contrario ya me hubiese alejado hace mucho, pero el problema era que yo le debía hacer por Luke. Yo sabía que posiblemente si me alejaba de las chicas ellas comenzarían a burlarse y a intentar hacerme menos. Ahí habría entrado el pelirrojo para protegerme, para cuidarme y alejarme de cualquier cosa que me hiciese mal. Yo no confiaba en que él lo dejara todo por mí, pero si confiaba en que, por un tiempo mínimo, lo hubiese intentado.
En este momento, rodeada de amigas que no eran falsas, no pude evitar pensar en lo mucho que las había necesitado. Luke siempre me pareció suficiente, pero a veces necesitaba a otras personas con las cuales hablar sobre distintos temas que él no entendería. Gia y Sol me entendían, y yo las entendía a ellas. Mis risas salían genuinas y no tenía que adularlas para caerles bien. Se sentía correcto, todo esto. Enova, la academia, las chicas, mis poderes. Todo se sentía correcto.
Sonreí antes de levantarme de la cama.
─¿A donde vas? ─preguntó la rubia.
─Al baño, no me extrañen.
Me adentré en aquel espacio y tras cerrar la puerta me miré en el espejo. Mi cabello negro ya había crecido hasta mis hombros, los rulos recién hechos que seguían secándose después de bañarme se enredaban los unos con los otros de forma delicada, sin que quede desprolijo. El pijama violeta de lunares que llevaba puesto estaba algo arrugado pero en perfecto estado, cortesía del reino.
Me remojé la cara para despertarme un poco, ya me estaba empezado a agarrar sueño y no estaba muy bueno eso de quedarse dormida en la mitad de una pijamada.
Me quedé unos segundos más mirándome en un estado somnoliento y, cuando iba a abrir la puerta para volver con las chicas, sentí como la manija vibraba de forma violenta. Me aparté rápidamente y miré mi alrededor, según yo no pasaba nada, pero el problema fue cuando vi la lampara en el techo. Esta se movía de un lado al otro de forma rítmica. Un grito al otro lado de la puerta me hizo despertar y la abrí con rapidez, encontrándome a las chicas abrazadas en el medio de la habitación, aterradas y chillando. Había comenzado un nuevo terremoto.
Los objetos alrededor de la habitación tambaleaban de forma sincronizada, algunos cayeron y estallaron contra el piso, rompiéndose.
─¡Al pasillo, ahora! ─grité señalando la puerta. Las chicas corrieron y entre las tres salimos del cuarto.
El pasillo era un desastre. Gente corriendo hacia todas partes, el suelo retumbando de forma horrible, los gritos y el caos formándose en cada esquina. Habían dos profesoras gritando y dando ordenes pero nadie les prestaba atención, el miedo era más grande.
─Sol, dame la mano. Gia, tú igual ─ambas obedecieron con miedo ─. No se suelten, no se alejen. ¿Está claro? ─asintieron con la cabeza ─. Bien, vamos.
Juntas y rodeando a los adolescentes desesperados atravesamos el pasillo hasta alejarnos lo suficiente como para comenzar a correr. Estábamos por llegar al pasillo que conectaba las habitaciones de primer, segundo y tercer año cuando el techo se desplomó en frente de nosotras, bloqueándonos la salida. Las tres pegamos un grito ensordecedor por la sorpresa y retrocedimos apresuradamente unos cuantos pasos.
─¿Ahora qué? ─murmuró la rubia derramando unas primeras lagrimas. Estábamos todas asustadas, sin saber muy bien que hacer y con el piso bajo nosotras moviéndose cada vez más fuerte.
Miré a mi alrededor y lo primero que vi fueron las ventanas. Me acerqué a una al azar, pero no se podía abrir. Gia lloró con más desesperación. Sol trató de ayudarme pero era imposible, las ventanas no estaban hechas para abrirse y cerrarse.
Mis manos comenzaron a temblar, no supe si era por el terremoto o por el miedo. Mis latidos se estaban volviendo irregulares, el aire me era insuficiente. Estaba sufriendo un ataque de pánico. Solo había experimentado uno en toda mi vida y ese fue el día que mi papá se fue de casa. Recuerdo verlo azotando la puerta, enojado. No se despidió, por lo menos no de mí. Una lagrima cayó por el lateral de mi rostro por el recuerdo. En un momento, la tristeza se convirtió en ira, y la ira en determinación.
Miré el cristal y cerré los ojos, respiré hondo e intenté usar mis poderes. Intenté con todas mis fuerzas, pero creo que los nervios y la desesperación me estaban jugando en contra. Con toda mi frustración acumulada por no poder usar mis habilidades en un momento tan crítico, utilicé toda mi fuerza para darle un golpe de puño cerrado al vidrio. Mi mano dolió más de lo que pensaba, pero con la adrenalina del momento no me importó. Una línea chiquita se dejó ver en la ventana y un rayo de esperanza cruzó mi cuerpo. La volví a golpear. Y otra vez. Y otra vez. La línea ya no era una sola ni tampoco era tan chiquita. Mis nudillos ardían y unas gotas ligeras de sangre corrieron por mis dedos. No me importó. El temblor seguía igual de fuerte si no es que se había incrementado.
─¡Agáchense y cúbranse las cabezas! ─les ordené a las chicas, y una vez más obedecieron.
Un último golpe seco y muchos cristales salieron volando hacia todas partes. La ventana estalló en miles de pedazos. Me tapé la cara pero varios cristales se clavaron alrededor de mi cuerpo. Nuevamente no me importó, tenía que ponernos a salvo.
─¡Vengan, hay que cruzar con cuidado!
─Donna, tu cuerpo... ─murmuró Sol viendo los vidrios clavado en lo largo de mi anatomía.
─No hay tiempo, este lugar se va a venir abajo.
Entre las tres cruzamos por el agujero roto y, una vez tocamos el césped, corrimos como nunca antes lo habíamos hecho. Una parte de la academia cayó a nuestro lado, pero seguimos corriendo. Todo era un caos, el mundo parecía haberse vuelto en nuestra contra. Para nuestra suerte, a lo lejos se encontraba un gran grupo de personas. Los chicos de segundo y tercer año estaban rodeados por varios profesores que los protegían con magia. Luke, en la distancia, logró verme. Incluso en la lejanía vi el alivio cruzar sus ojos, aunque dos segundos después en su lugar llegó la preocupación.
─¡Donna! ─gritó comenzando a correr en nuestra dirección. Iba a acelerar el paso cuando unos gritos sonaron detrás de mí.
Las chicas no se detuvieron, pero yo sí. Los chicos de primero estaban saliendo por la ventana rota, una profesora los guiaba, la otra los protegía con sus poderes. Otro ruido más me alertó, pero no eran gritos. La torre más alta estaba a punto de derrumbarse, y si caía mataría a todos mis compañeros.
Nunca tuve un alma protectora, y en un pasado los hubiese dejado morir, pero hoy no, no cuando había salvado a mis amigas. Sería injusto darlo todo por salvar a dos personas y no mover ni un pie para salvar a casi cien. Mi alma necesitaba equilibrio, y solo podría recibirlo salvando a todos o muriendo en el intento.
─¡¡Donna!! ¡¡No lo hagas, quédate donde estás!! ─Luke siempre sabía lo que iba a hacer, no importaba si estaba de espaldas. Él se acercaba con rapidez, pero ambos sabíamos que no llegaría a tiempo para detenerme ─. ¡¡Mierda, Donna, no!! ─respiré hondo y le di una última mirada antes de comenzar a correr en dirección a los de primer año.
Mis piernas ya estaban cansadas, pero las obligué a correr. La sangre goteaba por todo mi cuerpo, pero me obligué a resistir. La torre había comenzado a caer.
Rodeé a mis compañeros, quienes gritaban aterrados. También a las profesoras que se habían puesto delante de los chicos para protegerlos del impacto, no serviría, no sin magia. Me detuve entre la construcción a pocos metros de distancia sobre mi cabeza y mis compañeros. Llamé a mi magia, la dejé inundarme.
❝─Tú no manejas tu poder, el poder te maneja a ti. Lo único que haces tú es darle un propósito y limitarlo. Si confiaras en ti misma no haría falta ni siquiera pensarlo, el poder vendría a ti por si solo. Los límites pueden agrandarse si sabes como hacerlo y practicas para que funcione. Concéntrate en sentir esa chispa que viaja por tu cuerpo. No pienses, solo siente❞
No le di limites, solo un propósito. Salvarnos.
Con una sacudida violenta, la torre se detuvo como si hubiese parado en el tiempo, y un segundo después explotó en miles de pedazos, tan pequeños que parecían arena. Cayeron lentamente, como si fuesen una pluma, hasta llegar al suelo.
Me sentí agotada, ya no daba más, pero hice un último esfuerzo cuando una gran columna de tierra creció y creció frente a mí. Di unos pasos hacia atrás, tambaleando.
❝En el bosque se esconden todas aquellas voces. Gritaron por piedad pero "De Hall" no se las quiso dar. ¡Empuñen sus dagas y desenfunden sus espadas! La nueva reina librará una última guerra, porque así lo dicta la sangre dentro de sus venas.❞
Llegué a leer lo que decía aquel pedazo de tierra antes de que mi visión comenzara a tornarse borrosa.
─Donna, Donna. Quédate conmigo, ¿Sí? ¡No cierres los ojos! ─La voz de Luke comenzó a hacerse más baja, más inaudible, más lejana ─. ¡¡Belladonna, no cierres los ojos!! ¡¡Por favor, Donna!!
Eso fue lo último que llegué a escuchar, después: Silencio. Oscuridad. Inexistencia.