Corazón de Cristal

By artistadeletras

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Para muchos es fácil cumplir un sueño, disfrutarlo, vivirlo, e ir tras otro sueño. Sin embargo, para Tara Nei... More

Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 18
Capítulo 19
Capítulo 20
Capítulo 21
Capítulo 22
Epílogo

Capítulo 10

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By artistadeletras

Sentía que tenía una banda de Rock and Roll en la cabeza. No podía pensar con claridad, un bullicio se apoderaba de mis oídos, estaba aturdida, y me sentía pesada, mis párpados pesaban, las piernas y los brazos me pesaban, y la cabeza... De más está decir que sentía que tenía atada una roca a la frente. Con un esfuerzo, que para mí fue sobrehumano, comencé a mover mi cuerpo, lentamente. Me quería morir. Sentía que había engordado unos cuantos kilos que no me permitían moverme con agilidad. Parecía un oso panda intentando caminar en dos patas. Abrí los ojos lentamente, mierda, la luz estaba demasiado fuerte. Me refregué los ojos con ambas manos, y mi vista se fue adaptando poco a poco. La primera visión que tuve, fue un primer plano del rosto de Chloe con una sonrisa de oreja a oreja.

-¡Arriba, dormilona! - Me gritó al oído. En momentos como aquellos, tenía ganas de matarla. Tenía una batucada dentro de la cabeza y con ella se completaba el coro. Gruñí.

-¡Sabía que te divertirías! ¿No te lo dije? ¿No? - Decía entre risas - Aunque claro que me pegaste un susto de muerte cuando Jason me dijo que habías tomado tres botellas de mezcal, ¡oh por Dios! Mi amiga está en un coma alcohólico, me dije a mi misma. Aunque debo admitir que tu hígado es de hierro, y un amigo fiel. ¡Se bancó todo ese alcohol! Ni yo hubiese resistido tanto la primera vez que tomé algo que no sea una gaseosa, bueno sólo en los brindis de alguna que otra boda, o fiesta de navidad o... -

-¡Chloe! - Grité, y luego me relajé. No estaba para gritos. -Por favor, para. Me duele la cabeza...-

-¡Jaaaa! ¡Lo sabía! -

-¿Eh? -

-¡Tienes resaca! - Exclamó entusiasmada como si hubiese descubierto petróleo.

- No me digas... -Comenté sarcásticamente. Utilizando mis manos como apoyo me senté, sobre... esperen, aquella no era mi cama. Miré a todos lados, y definitivamente que no era mi cama. Estaba en el sofá de la sala de mi piso. ¿Qué diablos hacía allí? Lo último que recordaba era estar abrazada al inodoro, y sentarme en el piso con... Oh por Dios. ¡No! ¡Yo estaba enfadada con él! ¡Había mandado mi orgullo por el inodoro! Literalmente. Maldita sea.

Aunque... recordaba estar con aquel vestido rosa, descalza, y con el cabello enmarañado. Me observé, tenía el cabello amarrado en un intento de trenza, y llevaba unos pantalones babuchas negros, y una remera manga corta celeste. Y, estaba limpia. Eso significaba, que si yo no recordaba, alguien más me había lavado. Sentí que las mejillas me ardían, y de un momento a otro sentía un calor sofocante. Con la única persona que estaba la noche anterior era con Leonard... Debía de ser una broma de mal gusto. Chloe parecía divertida.

-Ya. No te pongas colorada como tomate, aunque bien que te gustaría que Nard haya sido el que te quitó el vestido - Me guiñó un ojo, y yo sólo estaba más confundida. - Fui yo la genio que arrastró a patadas a Nard porque quería estar presente mientras te quitaba el vestido por si quisieras hacer de nuevo el papel de Julieta -

-Así que... -

- Así que yo te ayudé a lavarte, y cambiarte. No creas que fue difícil. Eras como un robot. Te decía, levántate, y te levantabas, te decía, salta, y saltabas, ¡Parecía que te habían lavado el cerebro! ¡Fue la mejor noche de mi vida! - Canturreó saltando sobre el sofá.

- Que buena amiga. Te divierten mis desgracias... - comenté, fingiendo estar ofendida, aunque, con ella era imposible.

- ¡Debí de haberte grabado! ¡¿Cómo se me pudo haber pasado algo así?! -

-¡Chloe! -

-De acuerdo, de acuerdo. Pero desde ya te aviso que si vuelves a quedar en ese estado, voy a grabar cada segundo y... -

-No volverá a pasar -la corté secamente. Y de verdad que no iba a volver a pasar. A medida que los minutos pasaban, cada vez aparecían en mi mente los recuerdos de la noche anterior. Había tenido demasiada cercanía con Jason, y ¿Qué diablos era eso de usar los arbolitos como baños? Por el amor de Dios, de seguro un espíritu con alma de aventurero aprovechó las circunstancias y me hizo actuar de aquella manera. Vergüenza mode on. ¡Le había metido un condón en la boca al primo de mi entrenador! Vergüenza en aumento. ¡Le había pedido a Leonard que me bese! Vergüenza en su más alto nivel. ¡Y luego lo impedí! La puta madre.

-Sí. Cómo digas. ¿Quieres que te recuerde, lo que dijiste con respecto a salir? -

-¡Ni me lo digas! -

-Bueno, cambiando de tema, además del susto que me pegué por tú culpa, ¡fue increíble! -Cada vez saltaba más alto en el sillón, a pesar que estuviese arrodillada, y yo creía que estaba empezando a ver doble nuevamente - ¡Me baile todas las canciones! ¡Probé tragos de todos los sabores! ¡Conocí muchos chicos lindos! Y, ¡Los dejé a todos con unas calenturas de la puta madre!-

- ¡¿Qué hiciste qué?! - exclamé, sin poderme creer lo que salía de los labios de mi amiga.

-Oh, ya sabes, algunos susurros por mi parte, y el pajarito de los culo caliente salieron disparados. Creí que ya te habían dado la charla y sabías... -

- ¡Ya se a lo que te refieres con calentura! Pero, digo, ¿era necesario andar besuqueándote con todos? -

- Nadie dijo nada sobre besos. Sólo me acerqué a su cuello, dije algunas palabras bonitas, y eso fue más que suficiente. Aquí en la ciudad son muy calentones todos. ¿Tu chico también será un calentón? - me miró levantando una ceja y haciendo una mirada pícara.

-¿Qué chico? -

-Obama. ¿Quién va a ser? -

-Si te refieres al señor Sheffield... - Recordé, que sí era un calentón. Tan solo recordarlo, acorralado contra una pared de su cuarto por una mujer desnuda, se me revolvía el estómago. -No es mi chico -finalicé desviando la mirada.

-Pero tú si eres su chica -fruncí el ceño - Oh, vamos, si lo hubieses visto anoche. No se despegó de ti ni un segundo hasta que aparecí yo, eh incluso no lo podía sacar de aquí. Estaba muy preocupado... -

-¿Preocupado? -volví la vista hacia ella curiosa.

-Ajá. Mira como bajas la guardia -intenté volver reprochar, pero me interrumpió. -Ojala Josh se preocupara por mi cuando bebo, así como lo hace Nard por ti. ¡Y respeto nuestra relación! Que por cierto, él no sabe que existe. No besé ni me enrollé con nadie. No se puede decir lo mismo de ti, ¿no? -se reía, ¿Qué causaba tanta gracia?

-¿Yo que? -

-Andabas muy cercana a Jason... -arqueó las cejas varias veces -Mientras que tienes a un machote aquí -

-Haber, haber. Para el carro. Aquí no tengo a nadie más que a un entrenador de cuarta, que no necesita explicaciones de lo que hago y dejo de hacer. -se oyeron unos golpes en la puerta, y Chloe se levantó a abrir, mientras yo seguía hablando. -Él está muy bien acompañado. Y no precisamente por mí. Además, yo puedo hacer lo que yo quiera con Jason -

-Buenas tardes señorita -dijo un empleado el edificio que apareció en el umbral de la puerta con un enorme ramo de rosas. Eran tantas, que no se le llegaba a ver el rostro. -Esto es para la señorita Neisser -dijo y le entregó las rosas a Chloe.

-Hablando de Roma-dijo Chloe viendo la nota que había, y leyó - Señorita Tara, quería expresar con estas flores, que a pesar de las circunstancias de su estado de ayer por la noche, fue una de las mejores de mi vida. A su vez, quiero disculparme por no arriesgarme a que me saques los ojos y quitarte la bebida de una vez. Como modo de disculpa, esta noche le agradecería si me hiciera el honor de acompañarme a por un trago. La pasaré a recoger. Si no está de acuerdo, lo entendería. Atentamente, Jason Sheffield -terminó Chloe.

A mitad de la lectura, ya me había parado de un salto, y leía en voz baja a la vez que la de ella. No podía creer aquello. Luego de todo lo que pasó, creí que no me volvería a hablar. Y menos con la discusión que habían tenido con Leonard. Estaba segura, de que si yo no hubiese estado ahí en medio dando lástima, se habrían agredido físicamente.

-Disculpe -le dije al encargado, que estaba a punto de subir al ascensor, pero se detuvo. -El que envía las rosas... Eh... Jason, Jason Sheffield. ¿Está en el edificio en este momento? -

-Hasta hace unos minutos estaba dando vueltas por el hall. Haciendo un par de llamadas, y si estoy bien informado, se estaba a punto de ir. Aunque eso no se lo sabría decir. -

No dudé, y me lancé sobre el ascensor, oyendo los gritos de Chloe, y la mirada sorprendida del encargado, que no le di tiempo a que él también suba. Esperaba que Jason aún no se hubiese marchado. Rogaba que no. Quería disculparme, por todo lo que le causé. De seguro le arruiné la noche, y agradecerle por su atención, y por las rosas. Aún no sabía qué responder sobre la salida de esta noche, pero eso venía después, ni siquiera sabía si no se había marchado, o si seguía en el hall. La primera vez que sentía que el elevador bajaba con pereza. ¡Estaba apurada maldita sea! Y, de una vez por todas, se detuvo. Salí disparada. No había nadie en el hall, bueno, nadie que no fuese Jason. Observé frenéticamente hacia todos lados, pero no lo veía. Hasta que, entre tanto tumulto, lo vi, en la vereda, subiendo a su auto, no, no era su auto. Este era un gris oscuro, y el de anoche, a pesar de estar tomada, recuerdo que era de un gris claro. Corrí, intentando esquivar a todos los que se ponían en mi camino, e inclusos no se corrían a tiempo, y lamentablemente, mis hombros chocaban con los suyos. De un manotazo empujé la puerta hacia afuera, justo cuando Jason estaba poniendo en marcha su auto.

-¡Espera! -grité. Él volteó la vista, con un gesto claro de sorpresa, aunque luego sonrió, y bajó del auto, mirándome divertido.

-Hola -dije en un jadeo, con una sonrisa. ¿No tenía nada mejor que decir?

-Buenas tardes, ¿Cómo te sientes? -

-Bien. Muy bien -asintió. Lo miré unos instantes, y seguí. -Primero, quería disculparme, ya sabes, por todo el papelón que te hice pasar, y bueno, por revisar los papeles de tu auto y... -me frené, y el calor se apoderó de mi cuerpo nuevamente, al saber que estaba por confesar mi travesura con el condón. No era que él no lo supiera, había saboreado aquella experiencia él mismo, literalmente. -Y vomitar tu auto, y ya sabes, todo. Y en segundo lugar, agradecerte, porque a pesar de todo...eso, no me dejaste sola, te hiciste responsable de mí, y me trajiste de vuelta -

-Cariño... -sonrió tiernamente, como si estuviese dirigiéndose a una niña. Oye, yo no lo era. Aunque de vez en cuando tenía mis berrinches - Primero, no tengo nada que perdonar. Soy yo el que debe disculparse, por no haberte detenido. Además, era tu primera vez, es lógico. A mí me ocurrió algo igual a los quince años, pero de los errores se aprende. Ahora tengo veinticuatro, y puedo tomar más de tres botellas de mezcal y seguir siendo coherente. De acuerdo, me fui por las ramas. Con respecto al auto, no hay problema. Ya lo mandé a un lavadero, estará listo mañana por la mañana, mientras tanto tengo este repuesto - Dijo tocando el capó del auto del que se bajó. - Y, por tu cara, me doy cuenta de lo que más te preocupa, y de eso, lo único que puedo decir, es que la próxima, escojas un condón con algún sabor en específico. El sabor a látex no es muy agradable - Otra vez, sentía como me ponía más roja que un tomate. ¡No había explicación razonable para eso! ¡Qué vergüenza!

-No, no -negué frenéticamente con la cabeza y moviendo las manos. -Eso no volverá a ocurrir. De verdad, no hace falta especificar sabores yo... -

-Es una lástima -se acercó a mi oído -Porque me encantaría que se repita. Aunque no tan abruptamente cómo lo hiciste tú. Pero si tu estilo es ir deprisa, puedo ir a tu paso -me aparté de golpe.

-¿Qué...?-

-Es broma. No haría nada que tu no quieras -un suspiro sonoro de alivio se escapó de mis labios sin poder evitarlo. -No sabía que era tan feo cómo para que suspires así como si te hubieses salvado de prostituirte -

-¡No! No quise decir eso, yo, es que, ¡No eres feo! -me sonrió pícaramente. -Bueno, no eres horrible, de hecho, eres atractivo, pero no quise ofenderte, yo... -

-Te ahorraré el tartamudeo. Supongo que habrás leído la nota -asentí - Bien, ¿quieres salir a tomar algo esta noche? Prometo esta vez cuidarte, y que no bebas más de la cuenta -

Me lo pensé, no debería aceptar. No debería volver a desobedecer, a irme así sin más, a divertirme, y con el primo de Leonard. Sentía que no se lo merecía, le quería, le quería demasiado, y no quería arruinar las cosas más de lo que ya están con él. Pero, por el otro lado, quitando los acontecimientos de anoche, yo estaba molesta con él. Lo había encontrado con otra, me había ilusionado, luego ignorado, y me lo encontraba entre las piernas de otra. Ahora que lo pensaba, no era tan mala idea hacerle preocupar un poco, si es que Chloe decía la verdad y había estado preocupado por mí. Es más, que Jason sea su primo, muchísimo mejor.

-Tierra llamando a Tara -Jason movía una mano delante de mí, di un respingo.

-Eh, sí. Sí, quiero salir contigo -le respondí, con una sonrisa.

-Perfecto. Pasaré a recogerte dentro de unas horas -

-¿Unas horas? -pregunté. ¿Cómo unas horas? ¡Apenas me había levantado! Él sólo largó una carcajada.

-Ya es de tarde, cariño, son las... -miró su reloj - Las siete de la tarde. Te diste una buena siesta-

-No puedo creer-

-Acostúmbrate. De ahora en más, todas los viernes saldremos a tomar algo, y si lo prefieres, los sábados también -

-De acuerdo- No dudé en responder. Ni lo pensé. Sólo lo hice.

-Qué chica decidida, me recuerdas a... -por algún motivo, se frenó, y no dijo más nada.

-¿A quién te recuerdo? -le pregunté, me había dejado con la intriga.

-No importa. No te preocupes, nos vemos en un rato -se agachó, besó mi frente y se marchó en su auto.

No pude evitar quedarme pensando, ¿a quién le habré recordado? Sabía que no debía meterme en su vida, apenas lo conocía. Apenas nos conocíamos de anoche, y él ya me había invitado a beber algo, eh incluso me cuidó como si fuésemos conocidos de toda la vida. Eso me intrigaba. Pero prefería no preguntar. Bueno sí. Esa noche iba a preguntar. No podía estar segura con alguien quien sólo sé su nombre, y que le gusta el mezcal, tal vez podría ser un asesino en serie, y yo aceptando sus invitaciones, aunque, el principal motivo que aceptaba, era porque me quería vengar, de cierta manera de Leonard, idiota que es. Además, no lo iba a pasar tan mal, Jason era apuesto, ¿apuesto? Estaba buenísimo. Además, era atento conmigo, y me trata bien. Exceptuando la indirecta del condón, pero no me sentí ofendida en absoluto. Ofendido se tendría que haber sentido él cuando se lo metí en la boca.

No me había dado cuenta de que estaba parada en medio de la vereda, mirando la nada, sumida completamente en mis pensamientos, hasta que sentí gritos que provenían del hall, pero no me inmuté, sólo eran sonidos lejanos. Lo eran, hasta que sentí que me sacudían por los hombros.

-¡3312! ¡3312! ¡Tara 3312! ¡3312! ¡Tenemos un 3312! ¡Urgente tenemos un 3312!-Chloe me zamarreaba por los hombros, y no entendía nada de lo que gritaba.

-¡Chloe! ¡Chloe, detente! ¡Basta! -me logré librar de sus brazos, pero ella los seguía moviendo frenéticamente -¿Qué ocurre? -

- ¿Otra vez? ¡3312! ¡Tenemos un 3312! -otra vez le agarraba la locura. Pero igual la quería, y sólo por eso no la mandaba a freír churros.

- ¿Qué? -

-Oh vamos, ¿Nunca viste Monsters Inc.? ¡Dios, no tienes infancia! - gritó a los cuatro vientos. De seguro que la oyeron los de la esquina. -¡3312 significa alerta! ¡ALERTA! -

-Bien, bien, ¿Qué alerta? -pregunté.

-¡Nard!-

-¿Qué quiere ese? Ni que él fuese motivo de alerta... -y no lo era. ¿Por él tanto escándalo? Ni que fuese tan importante. Bueno, para mí sí lo era, pero daría mi mejor esfuerzo porque eso cambie.

-¡Fue a tu piso a ver cómo estabas! -gritó con más euforia.

-¿Y? Aún no eh roto ninguna otra de sus reglas -

- ¡Tara! ¡3312! ¿Qué nuevo objeto hay en la sala? -

-¿Eh...? -mi cabeza hizo un clic. ¡El ramo de rosas! ¡La nota! ¡La invitación! Maldición y doble maldición.

- Así es. Está hecho una furia, ¡lo vi con mis dieciocho ojos! -Chloe no terminó de imitar personajes animados, que un ramo de rosas destrozado nos cayó en la cabeza. Leonard las debía de haber tirado por mi balcón.

-Y ahí fueron a parar las pobres flores... -comentó. La tomé del brazo y entramos corriendo nuevamente al edificio, subiendo al ascensor.

-Bien... hakuna matata -dijo Chloe, con la respiración entrecortada, aunque no sabía por qué se le había dado por pensar en películas de Disney.

-Ahora me dirás, sin preocuparse, es como hay que vivir, ¡pero sabemos que no podemos estar tranquilas con el señor Sheffield hecho una furia! -grité.

- Iba a decir que hakuna matata es una forma de ser -la miré con los ojos entrecerrados.

-¿En serio? ¿No hay alguna frase de Disney que evite la furia del señor gruñón? -

-Mmm, tal vez Mulán... -

- ¡Hablo enserio! ¡Deja a Walt Disney para otro momento! -

- Claro, claro. ¡Aunque Mulán fue una verdadera heroína, enfrentándose a Shang y todo el ejército de China fingiendo ser hombre! Es cómo tú. Tú te enfrentarás un ejército de los Estados Unidos metido en una sola persona. Excepto que no finges que eres hombre. ¿O sí? -decidí, no reprocharle nada. No quería que saliera a hablarme de que La Sirenita engañó a su familia y se marchó por amor. Sólo tenía una palabra, un nombre retumbando en la cabeza. Leonard.

Enganchamos nuestros brazos, como si estuviésemos caminando a un altar, sólo que con más fuerza. No debía temerle a Leo, sabía que no nos golpearía ni nada por el estilo, pero tan sólo su mirada de enojado te hacía sentir cómo Flynn, la hormiga de Bichos. Genial. Chloe me pegó la manía de compararlo todo con Disney. Llegamos a mi piso. La puerta estaba abierta. Respiramos hondo, y entramos, aún enganchadas. Leonard estaba apoyado en el barandal del balcón, mirando hacia la ciudad.

-Chloe vete al cuarto. Tara, ven aquí. Y cierra la puerta -yo sería la única regañada. Observé a Chloe, que se encogió de hombros, y se encerró en la habitación. Bien. Suspiré, y salí al balcón. Cerrando la puerta tras de mí. Leo ni siquiera se volteó a verme.

-¿Y bien? -pregunté indiferente. Me moría de los nervios. Pero no lo iba a admitir, ni demostrar, y menos en frente de él. No. No lo haría. No le temía. Si no me había echado hasta este punto, dudaba que ahora lo hiciera.

-¿Y bien? -repitió mi pregunta, dándose vuelta y mirándome fijamente. Por un momento, creí que estaba triste, tenía la mirada entristecida, pero sólo fue por unos segundos, luego su gesto se tornó serio.

-Lo que oíste. ¿Para qué tanto misterio? -volví a insistir. No iba a dar el brazo a torcer.

-¿Pensabas irte con Jason? ¿Así nomás? Lo conoces en un bar, y al otro día, ¿son almas gemelas? -

-Wo, para el carro. Nadie habló de almas gemelas y...-

-¿Vas a ir cierto? -me quedé callada unos segundos. Pero seguía firme.

-Sí -noté cómo apretaba los puños.

-¿Y si te digo que no puedes? ¿Qué no debes? -

-Voy igual. Soy libre. Si quieres despedirme, hazlo de una vez-

-¿Piensas que quiero despedirte? -

-No lo sé. Dímelo tú -

-No. -

-¿No qué? -pensaba aprovechar cada minuto de su tortura.

-No. -

-¿No qué? -insistí.

-No quiero despedirte -había manipulado por primera vez a mi entrenador. Era un momento único. Era el fin del mundo.

-Perfecto. No me iré. -

-¿No iras con Jason? -

-Dije que no me iré de aquí, con respecto a que sigo siendo tu patinadora. Sólo eso. Pero saldré con Jason, te guste o no -volví a abrir la puerta para ingresar.

-Tara -oí su voz a mi espalda. Me volteé, y me acerqué a él, dejando el rostro a unos centímetros del suyo.

-¿Sí? -

-Ten cuidado -dijo, y se marchó. Eso no era lo que esperaba. Mi inocente cabecita ya fantaseaba que iba a declararse, y rogarme que no saliera con Jason. Pero no lo hizo. Entré en la sala, y di un portazo que debe de haber retumbado por todo el edificio. Chloe no tardó en hacerse aparecer en la sala.

-¿Qué ocurrió? Mejor dicho, ¿Qué ocurre con ustedes? Nard aporrea la puerta de entrada y tú la del balcón. ¿Qué les hicieron las puertas para que las traten así? -decidí ignorar sus preguntas sobre las puertas, y cambié de tema.

-Necesito que me ayudes a prepararme para esta noche -

-Muy bien mi niña. Pero primero debes comer algo. Trajeron la cena mientras ustedes estaban acaramelados afuera -

-¡No estábamos acaramelados! -aunque ojalá que lo que ella decía hubiese sido verdad.

-Cómo digas. Ahora come. ¡Qué dormiste toda la tarde! No te pude ni despertar para que almuerces. Por un momento me asusté y creí que estabas en coma alcohólico -

-No es para tanto -dije mientras me sentaba y comenzaba a devorar lo que tenía en frente. Chloe me imitó.

~

-¡Nada me convence! ¡Chloe tú eres la experta! -grité tirando una pila de ropa sobre la cama, luego de haber cenado, y que casi me agarra un infarto al entrar en la habitación y ver aquel tan hermoso y caro vestido rosa, todo sucio, y en algunos lados descocido. Ya buscaría el modo de pagarlo. O no.

-¿Desde cuando eres tan loca obsesiva por la ropa? Se supone que ese es mi papel -

-No soy obsesiva -bueno quizás lo estaba siendo un poco, pero tampoco veía el motivo de estar así, y Chloe tenía razón, ese era su rol. Yo no era así. Me senté en la cama de brazos cruzados. -Tienes razón. Yo no soy así. Usaré un pantalón de jean y listo -

-¡No significa que tengas que ir echa una crota! ¡Podrías ser un poco más fina! -reí.

-¿Desde cuándo lo fui? -

-Lo serás cada vez que yo esté cerca. Haber... - Chloe buscaba entre la ropa. -Esto es perfecto -dijo lanzándome un vestido negro. Lo observe. Y la miré con los ojos como platos. -¡Si! ¡Es perfecto y hermoso! ¡Póntelo! -

-¡Esto es demasiado! -chillé. Era un vestido negro corto, pegado al cuerpo, y la parte de mi estómago, tenía encaje, dejando ver mi piel, y el resto era todo negro, con breteles gruesos y un cierre en la espalda.

-¡Vas a usar eso! Es una orden y... -siguió rebuscando entre los cajones inferiores. -Y estos zapatos-

-¿En serio Chloe? ¿Taco aguja? -había sacado unos tacones aguja completamente negros.

- ¿Por qué no? -

- ¡Ayer me fui de cara al piso más de una vez por los estúpidos zapatos! -

-¿Y? No querrás tener tu estatura para salir. Sin ofender. -

-Oh, claro que me ofendo -dije, mientras cedía, y tomaba lo que Chloe eligió para mí, y me colocaba todo con cuidado de no romper nada. Aquellas telas eran tan delicadas, que se podían romper en cualquier momento.

Esta vez, dejé que Chloe me alisara completamente el pelo, y completamente suelto. Accedí a que me maquille como la noche anterior, aunque esta vez cambio los tonos, para que quedaran bien con el resto del look.

-Deberías ir al hall. Jason no tardará en llegar -dijo Chloe, acomodando unos mechones de mi cabello sobre mí pecho.

-Bien. Pero no me olvido que me entregaste a Jason, sabiendo que podía ser un violador despiadado -

-Deberías agradecerme. Si no fuese por mí, hoy no tendrías una cita -rodé los ojos.

-Bien. ¿Y tú qué harás? -le pregunté.

-Tengo una cita con Simba -no evité reírme.

-Que disfrutes de tu cita -me acerqué a su oído -las palomitas de aquí son buenas, deberías probarlas -

-Lo tendré en cuenta -

Una vez en el elevador, tenía ganas de marcar el piso treinta. El piso de Leonard. Pero ir significaría que lo quería ver. Y no podía permitir que mi orgullo se fuese por la borda de aquella manera. Además, no quería volver a encontrarme con alguna escenita que me dé ganas de vomitar. Marqué planta baja, y me senté en un sillón del hall y esperé. No deben de haber pasado diez minutos, que una voz me hizo pegar un respingo.

-Que te vaya bien en tu cita -

-Gracias -le contesté a Leonard indiferente. Él me miraba. Yo desvié la vista. Hasta que no pude evitar mirar. Se dirigía al ascensor, con una mujer. De espaldas, su cabello y altura, se parecía a la misma de la otra noche. Él la llevaba de la cintura hasta entrar en el ascensor. Ambos se miraron, y mientras la puerta del elevador se cerraba, alcancé a ver cómo se pegaban, devorando sus labios, ella pasando sus brazos por su cuello, y él por su cintura. Mis labios se fruncieron, igual que el ceño. Estaba completamente enfurecida. Lo hizo apropósito. Fue a buscar a esa mujerzuela, como venganza de que yo salía con Jason. Eso no se lo iba a permitir. No señor. Me iba a divertir, más que anoche. No iba a beber en exceso para ser consciente de lo que hago, y así disfrutar la venganza mejor.

- ¿Nos vamos? -me giré. Ahí estaba Jason, con una camisa elegante, y un jean, no hacía falta hablar de que se había puesto perfume. Se sentía desde lejos.

-Sí -

-¡Y al fin respondes! -me levanté y comencé a caminar hacia la puerta junto a él.

-Te saludé, y me ignoraste. Estabas muy concentrada en querer matar con la mirada al elevador -

-Oh, no, no pasa nada -abrió la puerta para que pase, y luego él detrás.

-Estas muy linda. ¿Qué digo? ¿Linda? Estas sexy -sentí que un tacón se me doblaba, y creí que iba a caer, pero él me ayudó a que no ocurra.

-No te preocupes. Con práctica ni sentirás los zapatos altos -

-¿Desde cuándo sabes lo que se siente usar tacos? -

-Desde una apuesta que hice. Debía salir por la calle, vestido de mujer, caminando treinta cuadras-

-Hubiese pagado por ver eso - Comenté.

Manejó alrededor de veinte minutos, y al final, habíamos llegado a otro bar. No era el mismo que de la noche anterior, aunque, como el anterior, estaba decorado con un cartel de neón, aunque no tan llamativo. Bajamos, y al entrar, noté que tenía mesas, una barra y una pista de baile, al igual que el otro, pero este era notablemente más pequeño.

-Este es un club privado. Sólo entran sus socios. Socios y acompañantes -aclaró. De seguro que por eso era el tamaño. Debían de tener un número limitado de socios, y no ampliaron para no tener espacio de sobra. Aunque el lugar, debía de admitirlo, era bastante acogedor. Me guio hacia la barra, donde saludó al barman, cuyo nombre parecía ser Roger. Esta vez, Jason pidió otra bebida, cuyo nombre no alcancé a oír.

-¡Eh, Jason! - Apareció un hombre a su lado, golpeando amistosamente su hombro.

-¡Edward! Amigo, ¿cómo estás? -le preguntó Jason.

-Muy bien. Pero parece que tú estás demasiado bien esta noche -dijo Edward dándole un codazo. Edward no era tan alto como Jason, pero tampoco tan bajo como yo, no era flaco, pero tampoco era gordo, tenía el pelo castaño oscuro y ojos oscuros, pero tenía una sonrisa radiante.

-Edward, te presento a Tara. Tara, te presento a Edward -Jason nos presentó, sonreí, y asentí con la cabeza, mientras que Edward tomaba mi mano y depositaba un beso.

-Es un enorme placer conocerla, señorita. Espero verla más seguido por aquí -volví a asentir, con una sonrisa. -Bien, los dejaré solos. Hay unas jovencitas por allí que me gustaría conquistar -señaló un grupo de chicas que estaban paradas en un rincón hablando.

-¿Estás cómoda en este lugar, cariño? -me preguntó Jason, mientras Roger nos entregaba dos copas, con un contenido rojizo dentro.

-Sí. Estoy perfecta -se podía decir que no estaba mal, pero tampoco estaba estupendamente. Aunque pretendía estarlo.

Me llevé la copa a los labios, esta vez no era puro alcohol como lo de la otra noche, esto era suave, dulce, que daban ganas de tomárselo todo de un solo sorbo. Lo iba a hacer, pero Jason me frenó.

-Despacio, cariño. A pesar que no se note, tiene demasiado alcohol -bueno, al menos estaba cumpliendo con lo que había prometido. Me cuidaba que no me pase, ni me atragante por beber. Y eso me alegraba. Parecía ser que era media inconsciente con el tema alcohol. Bueno, media no, era una completa inconsciente.

-Gracias - Le dije con una sonrisa. Y esta vez bebía de a sorbos.

-De nada, cariño -

-Así que... ¿Tu padre y el de Leonard son hermanos? -pregunté, intentando sacar algún tema para hablar, y no tanto por simple curiosidad, sino porque de verdad quería conocer más sobre su familia.

-Sí -bueno, eso era obvio, es por eso que tenían el mismo apellido.

-¿Puedo saber un poco de su vida? Él nunca me cuenta nada, y de verdad que me gustaría conocerlo un poco más - Comenté. Realmente quería saber.

-Mi madre falleció cuando yo era pequeño, y hace unos años, mi padre volvió a casarse, y tuvo otro hijo. Es feliz, y me alegro por él. Pero, el padre de Leonard, y su madre, fallecieron en un accidente automovilístico. Sus padres adoptivos-

-¿Cómo? -no me habría imaginado que Leonard era adoptado. Esa afirmación, había disparado a mi mente un batallón de preguntas qué quería hacer, pero sabía que no era el momento ni el lugar.

-Sí. Sus padres lo abandonaron de niño, y mis tíos se hicieron cargo de él -

-Oh, nunca me lo hubiese imaginado... -

-Lo sé. Nadie lo sabe. Ni siquiera los periodistas, ni nadie. Es un secreto de familia -un secreto de familia, ¿y me lo contaba a mí?

-¿Estás seguro de haberme contado esto a mí? Me refiero, no soy de su familia -

-Cierto. Pero por algo, eres la primera que duraste tantos meses trabajando para él, ¿no? Él te quiere. A su manera, te tomó cariño. Y no sabe qué hacer con ello. No quiere encariñarse. No después de la pérdida de sus padres biológicos, y luego adoptivos -

-Entiendo -en realidad, no entendía nada. No tenía sentido, si bien estaba feliz porque una vez en la vida había obtenido respuestas, el hecho de haberlas obtenido tan fácilmente, me advertía de que algo no andaba bien. Lo intuía. Había algo que no cuadraba, pero no quise preguntar más. No debería. Ya sabía bastante por el momento. Miré hacia un costado, y había un chico, no debía de tener más de quince años, y me miraba a mí, con una mirada de súplica, de tristeza, y a su vez emoción. Sólo lo observé durante unos minutos. Por algún motivo, me dolía verlo así. Tenía ganas de ir a preguntarle qué ocurría. Pero no lo hice.

-Jason... -me acerqué a susurrarle al oído -Aquel chico está observando hacia aquí durante un rato -Jason se volteó, y lo vio. Sus miradas se cruzaron, hasta que Jason se levantó y se acercó a él. El chico también se levantó. Parecía que estaban hablando. Bajé del taburete, y me acerqué.

-Te dije que yo te iba a avisar para que la vieras. ¿Para qué apareciste? ¿Para asustarla? -oí que Jason decía, a lo lejos, pero entendía. Me acercaba lentamente, no quería llamar mucho la atención.

-¿Qué querías que hiciera? Tardabas demasiado. Llevo años queriendo conocerla y... -contestó el joven, pero esta vez fui yo la que no dejé que terminara e interrumpí.

-¿Qué ocurre? -pregunté. Jason estaba serio, mientras que el otro chico sólo me miraba. Tenía los ojos grandes y redondos, y muy verdes. Se parecían mis ojos. Tenía el cabello negro, y su cara era redonda. De seguro que era más alto que yo sin tacos. Con tacos, yo le pasaba por unos centímetros.

-Tara, te presento a Logan, mi hermano -dijo Jason, rodeando un brazo por los hombros de Logan, acercándolo a mí. -Logan, te presento a Tara -

-Mucho gusto -le dije, con una sonrisa, extendiendo la mano. Pero no la tendía. Sus ojos estaban vidriosos, y de un momento para otro, me tomó entre sus brazos y me dio un fuerte y largo abrazo. Me quedé de piedra durante unos segundos, y luego le correspondí el abrazo. No sabía por qué. Ni quién era él. Bueno, era el hermano de Jason, compartían un padre, pero no madre. Supuse que su forma de saludar era dando abrazos.

-Bien Logan, es suficiente. ¿Quieres espantarla o qué? -Jason lo apartó de mí. -Será mejor que te vayas a casa -

-Déjalo, Jason, no pasa nada. Está todo bien -dije, intentando calmarlo. No quería que lo echara de allí, y menos porque solo me había dado un abrazo. Jason sólo se mantenía serio. Nunca lo había visto más serio en mi vida.

-Creo que es hora de que nos vayamos -dijo Jason, muy serio, mientras me rodeaba con los hombros, y nos encaminábamos hacia la salida.

-¿Qué? ¿Por qué? No estuvimos más de una dos horas... -intenté reprochar, pero no me lo permitió.

-Dije que nos vamos. Y no puedes quedarte sin un socio -buen punto. Miré hacia atrás, y Logan estaba allí, de pie, mirándonos.

-Oye, ¿y Logan? -pregunté.

-Puede tomarse un taxi y volver solo -

-¿Qué? ¡Es menor! ¿Y lo vas a dejar que ande solo por las calles a estas horas? -me miró con el ceño fruncido. A pesar que no sean primos de sangre, era increíble el aire de parecido que había entre ellos. Me volteé y tomé a Logan de la mano. -Ven -le indiqué, y él no opuso resistencia. -Viene con nosotros -sentencié, y salí con Logan hacia donde estaba aparcado el auto. Le abrí la puerta trasera, y yo me senté en el asiento del copiloto. Esta vez no revisé nada.

Jason entró al auto, parecía que ya estaba más calmado, y se acercó a mi oído.

-Los condones están debajo de tu asiento -lo miré con los ojos bien abiertos.

-Sólo es una sugerencia -se encogió de hombros, y comenzó a manejar.

Todo era silencioso, miré por el espejo de mi puerta, y vi a Logan detrás de mí, me observaba. Le sonreí, y él me devolvió la sonrisa. Veinte minutos más tarde, llegamos al edificio Sheffield.

-¿Tú vives aquí, Logan? -le pregunté. A lo mejor vivía allí, y tal y como paso con Jason, nunca lo había visto.

-No -Jason se adelantó secamente. Me harté.

-Jason, baja del auto. Ahora -le ordené, y ambos bajábamos, colocándonos cerca de la puerta de cristal.

-¿Qué ocurre? ¿Esta vez no tuviste el valor de abrir un condón y llevármelo a la boca? -

-Jason. Deja de tratar así a tu hermano -su sonrisa desapareció. Y seguí. -Eso. Que lo trates bien. ¿Sabes lo que yo daría por haber tenido un hermano? Tú lo tienes. Aprovéchalo. -

-Tara, sólo dije que él no vive en este edificio, vive en otro, con mi padre, y su madre -dijo

-¡Pero podrías ser más amable con él! -supliqué.

-Bien. Lo intentaré -dijo al final, luego de pensárselo. Suspiré algo aliviada.

-Gracias -Le sonreí, y justo vi hacia el hall, el ascensor se había abierto, y de allí salía Leonard con aquella mujer, él la seguía llevando de la cintura. Así que todo ese rato habían estado juntos haciendo chanchadas en su piso. Qué bien. Noté cómo cuchichiaban cosas entre ellos, y en una de esas, Leonard levantó la vista y me vio. Me quedé estática por unas milésimas de segundos, y no lo pensé dos veces. Tomé el rostro de Jason entre las manos, y le planté un beso en los labios. Él parecía tan sorprendido como yo misma. Apoyó sus manos sobre las mías, correspondiendo, por unos instantes.

-¡¿Qué estás haciendo imbécil?! -me separé de golpe al oír esa voz. Habría creído que habían salido de la boca de Leonard, pero al ver mejor, era Logan, que estaba a un lado del auto, observando a su hermano con furia, sus ojos tenían lágrimas.

-No te metas Logan -

-¡¿Cómo quieres que no me meta si ella...?! -comenzó a gritar Logan, pero su hermano tampoco se lo permitió.

-¡Cállate! -rugió Jason en el lugar. Yo sólo me quedé allí. Un brazo me jalaba hacia atrás, y lo dejé, Leonard. Me arrastró hasta dentro del hall, y cerró la puerta. A través del cristal, pude ver cómo Logan y Jason seguían discutiendo, y por sus expresiones, no parecía algo simple.

-No pensé que fueras así -me dijo dolido, y con desprecio, ¿dolido? Así fue, no sabía cómo reaccionar. Leo me soltó de golpe, justo cuando me metía en el elevador, y marcaba mi piso, y salía. Se marchaba. Se dirigía hacia donde estaban sus primos. El ascensor se cerró dejándome dentro. No comprendía nada de lo que ocurría. ¿Qué pasa con Logan? ¿Por qué Jason se puso así con él? ¿Leo los iba calmar? Y lo peor, fue la última frase. No parecía enfadado. Pero sí afectado. ¿Tanto le afectó que besara a Jason? Si él besaba a cualquiera, y metía a mujerzuelas a su piso y yo no le decía nada. Sólo una cosa tenía clara, que no entendía nada de lo que ocurría. Me senté en el frío suelo del elevador, y me descargué. Comencé a llorar, me dolía no poder hacer nada para ayudar a Logan, me dolían las respuestas de Jason cuando se refería a él, me dolía ver a Leo con otras, y me dolía que pensara que yo también soy una mujerzuela.

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