"No tengo miedo a la muerte, y tampoco tengo prisa por morir. Tengo mucho que hacer primero."
-Mamá han pasado mas de 3 horas que entraron a urgencias ¿por qué nadie nos dice nada?
Chris sollozó entre lágrimas cargadas de gran impotencia. Nunca antes en su vida se había sentido tan miserable, vacío y lleno de miedo. Todo había sido un completo caos, los paramédicos se habían llevado el cuerpo de Hank, Lucy y Rosie a urgencias apenas atravesaron las puertas del hospital y desde entonces nadie había tenido la decencia de informarles que estaba sucediendo.
-No lo sé, mi amor. Debemos ser pacientes, pronto tendremos noticias.
Lissa sorbió su nariz y a abrazó fuerte a su hijo para darle consuelo y contener un poco su angustia. A pesar de que ella misma se estaba muriendo por la desesperación, una vez más debía ser el único soporte de su pequeña familia.
-¿Familiares de Lucy y Rosie Evans?
Un doctor con la vestimenta azul que ocupaban en cirugía se anunció en la sala de espera, provocando que Chris y Lissa lo miran con los ojos cristalinos y llenos de esperanza. El médico caminó hasta ellos, se retiró la mascarilla del rostro y dejó ver su semblante demasiado serio.
-Por favor dígame cómo está mi hija, cómo está mi esposa, el bebé...
Chris le suplicó entre lágrimas y con un tono intranquilo mientras Lissa se abrazaba a su costado para darle soporte
-Las heridas internas provocadas por el impacto del auto fueron demasiado graves, intentamos detener la hemorragia interna, pero ninguna pudo resistirlo...
El médico comenzó con su explicación mientras el rostro de Chris se iba desfigurando de dolor en medida que escuchaba cada palabra pronunciada.
-¿Qué es lo que está tratando de decir? Por favor, sea claro... ¿Cómo estás mis niñas?
Lissa preguntó con un enorme nudo atorado en su garganta mientras se aferraba el pecho de su hijo para no quebrarse.
-La pequeña sufrió una fuerte hemorragia craneal debido al impacto que se llevó contra el asfalto mientras que la señora... Intentamos mantener con vida al bebé, pero... No pudimos hacer nada por él, el aborto fue espontáneo, no logramos detener la hemorragia... Su cuerpo no lo resistió...
El médico pasó saliva e hizo una pausa mientras los dos cuerpos frente a él lo miraban atónitos, como si no estuviesen comprendiendo nada.
-Yo... En verdad lamentó mucho notificarles que ninguno sobrevivió al accidente. Su hija... Su esposa... El bebé... Fallecieron durante la intervención.
El doctor soltó en un hilo de voz culposo que terminó por desgarrar el corazón y el alma de Chris y Lissa Evans. Quienes al instante negaron con la cabeza mientras toda su sangre se iba helando dentro de ellos hasta congelar sus cuerpos.
-¡NO! ¡Se equivoca! ¡Ellas están bien! Deben estar bien...
Chris gritó a todo pulmón hasta desgarrar su garganta sin poder darle crédito a lo que aquel sujeto le estaba decidiendo. Tenía que haber una equivocación, una absurda y desagradable equivocación. No podía terminar así, no con ellas muertas...
-Lo siento mucho señor Evans...
El doctor les dio sus condolencia y sin agregar más se retiró de la sala mientras un Chris completamente destrozado se dejaba ir sobre sus rodillas contra el piso para llorar y suplicar que alguien por favor hiciera algo por ellas.
-Mi amor, hijo...
Lissa sollozó sin poder creer que aquello estuviese pasando. Se arrodilló a a su lado para abrazarlo y lo estrechó en sus brazos tal y como lo hacía cuando era pequeño, pero absolutamente nada que le dijera podría aliviar el terrible pesar que estaba consumiendo su ser.
-Las perdí, mamá... ¡LAS PERDÍ!
Chris soltó un gruñido ahogado que lo dejó sin aire en sus pulmones mientras sus lágrimas caían sin parar sobre el hombro de su madre.
-No puedo sin ellas, mamá... No puedo, no puedo, no puedo seguir sin ellas...
Chris gritó tan alto que se vio obligado a cerrar sus ojos con una fuerza inhumana mientras deseaba con toda la devoción de su corazón que pronto terminara aquella pesadilla, que despertara de aquel terrible sueño que lo tenía entumecido. Que lo tenía con un deseó increíble de querer quitarse la vida.
Porque nada valía la pena ahora si sus chicas, y si su adorada pelucita rubia no estaban ahí junto a él, llenando su vida de tanta felicidad...
-No, no, no... Mamá... ¡No!
Chris sollozó y se aferró fuerte al cuerpo tembloroso de Lissa, quien comenzó a llamarlo una y otra vez sin cesar para obligarlo a que abriera los ojos, pero su cuerpo no respondía. Nada dentro de él sentía fuerzas para responder.
-Hijo, despierta ya... Por favor, mi cielo...
Lissa le habló repetidas veces completamente desesperada mientras veía los ojos cerrados de su hijo moverse de derecha a izquierda en un intento vano por abrirlos. Su frente estaba cubierta de sudor y sus mejillas aún tenían rastros de todas las lágrimas saladas que había estado derramado desde que habían llegado al hospital.
-¡NOO!
Chris soltó alarmado seguido de un enorme respingo involuntario que dio su cuerpo al escuchar sus propio grito entre sueños. Abrió los ojos de golpe y miró completamente desorientando de izquierda a derecha para tratar de ubicarse, al menos hasta que sus ojos aterrados se cruzaron con los afligidos de su madre.
-Dios santo, Chris... No vuelvas a asustarme de esa forma.
Lissa abrazó a su hijo quien con algo de torpeza le correspondió. Ambos guardaron silencio y se quedaron acurrucados en el sofá mientras esperaban a que el ritmo cardiaco de sus corazones se calmara.
-Tuve una pesadilla, mamá... Una muy horrible...
-Fue sólo un sueño, amor. -Lissa trató de arrullarlo. Estaba muy alterado.
-Se sintió muy real... Lucy, Rosie, nuestro bebé... Ellos morían...
Chris soltó en un hilo de voz estrangulada mientras sus ojos se llenaban de lagrimas de nuevo y su llanto se libera sin ninguna resistencia.
-Shhh... No digas eso, amor. Nada de eso fue real...
Lissa sintió sus lágrimas escapar de sus ojos mientras se abrazaba con necesidad al cuerpo de su hijo.
-Se sintió como si lo fuese... -Chris limpió sus lágrimas y tomó un largo suspiro para después notar que la noche había caído y que estaban solos en la sala de espera.
-¿Dónde están todos?
El rubio susurró aún afectado al no encontrar ninguno rostro conocido. Lo último que había visto antes de caer dormido por el cansancio emocional es que la sala de espera era un completo desastre.
Los paramédicos se habían llevando a la abuela Rose para atenderla cuando los nervios y el mal de su corazón le dieron a todos un enorme susto de muerte. Liz y Bastián habían llegado al poco tiempo junto a Jay y Sam, quienes ya se encontraba investigando personalmente el accidente. E incluso los padres de Barnes, Julia y María habían estado por ahí.
-Meryl y Julia estaba en una de las habitaciones cuidando de la abuela Rose. Tuvieron que sedarla para que se tranquilizara. Bastián y Liz fueron a la veterinaria.
Lissa le dijo y se acomodó al costado de su hijo sin romper su abrazo.
-¿El cachorrito murió? -Chris pasó saliva lleno de culpa.
-No lo sabemos aún, hijo... En cuanto a Jay, John y María, bajaron a la cafetería por un café para todos.
Lissa bajó la mirada al recordar el rostro asustado con el que la había mirado el hijo de Hank. No se lo había dicho, pero estaba segura que Jay la culpaba por lo sucedido, de hecho ella misma se sentía más que responsable.
-Y Sam... ¿Ya dieron con el culpable?
-Aún no, hijo. Sam y todo el departamento se encuentran trabajando en ello. Revisarán las cámaras de seguridad del estacionamiento. -Lissa sorbió su nariz y su hijo negó con inconformidad.
-Llevamos esperando más de 2 horas... ¿Por qué nadie nos dice nada aún? ¿Qué es lo que está pasando?
El pecho de Chris se comprimió cuando recordó lo que había soñado. Se había sentido tan vivido que temió por un segundo que todo aquello pudiese volverse en su presente. Sin embargo, una pequeña pizca de alivio inundó su interior cuando vio a su hermana salir del elevador de la mano de Bastián.
-Miren quien viene sano y salvo...
Liz le sonrió a su hermano quien con los ojos llorosos miró al cachorrito dormido que traía abrazado cuidadosamente contra su pecho.
-¿Qué dijo el veterinario, amor? -Lissa se puso de pie y alcanzó a su hija para besar su mejilla y agradecerle.
-Se rompió una pata, y se llevó algunos golpes, pero sobrevivirá.
Bastián les explicó mientras Liz acomodaba al pequeño Dodgie en uno de los sofás de la sala para que pudiese seguir reposando.
-Lu se va poner muy feliz cuando lo sepa... -Chris sonrió entre lágrimas y se puso de pie con la ayuda de Bastián para recibir un fuerte abrazo que lo reconfortó.
-Tranquilo hermano, todo saldrá bien.
El pelinegro le dio una palmaba en la espalda para después ser interrumpidos por Jay quien había regresado con ellos para ofrecerles café. María y John habían regresado con la abuela.
-Gracias hijo...
Lissa tomó uno y acarició la mejilla rasposa del abogado en señal de agradecimiento. Jay asintió y le obsequió una pequeña sonrisa cariñosa.
-¿Cuánto más tendremos que esperar? -Bastián tomó un café y fue por su chica para sentarse junto al cachorro en uno de los sofás.
-No lo sé, pero me volveré loco si no nos dan alguna noticia ya mismo.
Chris tomó un sorbo y gruñó con molestia. Necesitaba verlas, no podía más con la incertidumbre, con la angustia.
La sala de espera quedó en silencio por un largo rato abrumador en el que todos se perdieron en sus pensamientos mientras miles de desenlaces trágicos rondaban sus cabezas hasta aguarles los ojos. Ninguno ahí quería que eso pasara, se rehusaban a recibir una mala noticia. Afortunadamente para ellos y antes de que perdieran la cordura, un médico tal y como Chris lo había visto en su pesadilla se plantó frente a ellos.
-¿Familiares de Lucy y Rosie Evans?
El médico rompió aquel vacío y el corazón de Chris dejó de latir por una milésima de segundos. Estaba pasando de nuevo así que se puso de pie al igual de Liz y Bastián.
-Soy el padre de Lucy y esposo de Rosie. -El rubio respondió y tenso la mandíbula mientras sus lágrimas acechaban sus ojos.
-¿Familiares de Hank Voigh? -El médico preguntó.
-Él es mi padre...
-Hank es amigo de la familia y nuestro abogado también.
Lissa agregó. Jay se puso de pie al igual que ella quien se reunió con su hijo para abrazarse a su costado. Temía que fuesen malas noticias las que recibieran ahora.
-Por favor, díganos cómo están... Nos han tenido horas esperando..
Chris le reprochó al doctor quien asintió de forma comprensiva y se retiró la mascarilla que cubría su rostro.
-Entiendo su angustia, señor, pero los tres tuvieron que entrar al quirófano de emergencia. -El médico hizo una pausa y miró fijamente a Chris.
-Mi hija, doctor, mi esposa, nuestro bebé... Siguen con vida, ¿verdad?
Chris preguntó con un tono de voz desesperada que se quebró en el aire mientras su cuerpo se tensaba aterrado de escuchar un no como respuesta. El médico se mojó los labios y finalmente abrió la boca para responderle.
-Su hija sufrió un traumatismo óseo leve y algunas raspaduras debido al impacto. Presenta una pequeña fractura en su brazo derecho al igual que algunos golpes en brazos y piernas. Enyesamos su brazo y le colocamos un collarín cervical, justo ahora se encuentra fuera de peligro y sedada en el área de pediatría. Podrán verla en una hora.
El médico comenzó con su reporte, provocando que la familia soltara lágrimas de gran alivio al escuchar que la pequeña Lu se encontraba estable, pero aún faltaba más por oír.
Mucho más.
-Dios santo...Gracias al cielo mi pequeña está con bien...
Lissa sollozó y se cubrió los labios para no interrumpir con su llanto mientras Liz se abrazaba temerosa al cuerpo de Bastián.
-Que hay de mi esposa, de nuestro bebé... ¿Cuándo podremos verla?
Chris preguntó esperanzado, pero ésta cayó a sus pies al igual que el color de sus mejillas al escuchar la respuesta.
-No, eso no será posible, señor Evans... -El médico frunció el ceño e hizo una pausa que paralizó al pobre rubio.
-¿Qué? A caso ella...
Evans tartamudeó en un hilo de voz desesperada.
-No, no podrán verla, al menos no por ahora. Su esposa sufrió múltiples lesiones y un traumatismo óseo al igual que su hija. Se llevó un fuerte golpe en la cabeza, además encontramos una fractura a la altura de su pantorrilla en la pierna izquierda y otra más en el brazo del mismo lado. En cuanto al feto...
El médico hizo una pausa y Chris sintió unas terribles ganas de estrangularlo.
-Es de mi hijo de quien estaba hablando... Maldita sea, dígame ya que fue lo qué pasó... ¿Cómo está muestro bebé?
Chris sintió sus lágrimas escurrir de sus ojos con rabia mientras su madre lo retenía para que no saltara sobre el doctor.
-El impacto ocasionó que la señora Evans tuviese un desprendimiento abrupto de placenta, logramos detener la hemorragia, pero las posibilidades de que el bebé no lo resista son altas. Deben estar preparados para lo que pueda suceder en las próximas horas... Ella necesitará una transfusión de sangre.
El médico guardó silencio y se sintió fatal cuando el enorme y musculoso hombre frente a él se desmoronó en un llanto herido que arrugó el alma de la familia.
-Donaré la sangre que se necesite. -Barnes le dijo al doctor.
-También yo...
Jay agregó. Ambos hombres sabían que por el estado de salud de Chris, no estaba en condiciones de donar.
-Muy bien... Es importante que sepan que nos vimos en la necesidad de llamar a su obstetra, la doctora Betty, ya que es ella quien está llevando el control de su embarazo. Ella ya se encuentra con su esposa en estos momentos, su estado de salud es delicado, pero estamos haciendo todo lo necesario para que ambos pasen con bien esta noche.
El médico suavizó su tono y Lissa lo agradeció.
-¿Cree que nuestro bebé sobreviva? Tal vez la doctora Betty pueda hacer algo...
Chris soltó con la voz temblorosa.
-Por la etapa en la que el bebé se encuentra sería imposible adelantar el parto, señor, ya que su organismo aún no ha terminado de desarrollarse. Hay muchas partes de su cuerpo que aún están formándose, y necesita del vientre de su madre para lograrlo. Por favor, confíen en nosotros, haremos todo lo que esté en nuestras manos para impedir que su esposa pierda al bebé.
El médico le regaló una pequeña sonrisa calma que él rubio agradeció muy en su interior, pero aún así el dolor punzante que sintió su corazón al imaginar lo peor lo desestabilizó. No podía perder a su pequeña pelucita, eso destrozaría a Rosie y a toda la familia.
-¿Qué hay de mi padre? El señor Hank Voight...
Jay preguntó angustiado. Los presentes limpiaron sus lágrimas y prestaron atención nuevamente.
-Lamentó notificarles que el señor Voight se encuentra en terapia intensiva. Su estado de salud es grave...
El doctor fue brutalmente honesto, provocando que esa terrible noticia sacudiera el mundo de Jay al igual que el de Lissa Evans quien se aferró a su hijo cuando sintió que sus pies perdieron el piso que tenían debajo.
-Mamá... -Liz susurró y corrió junto a Lissa cuando la vio tambalearse en su sitio.
-Estoy bien, amores... -Lissa contuvo su sollozo miserable y amarró su alma herido para no soltarse en llanto mientras sus hijos la sujetaban de cada brazo con preocupación.
-¿Papá va morir? -Jay preguntó con un enorme dolor apretándole el pecho.
-No puedo responder a eso, muchacho.
El médico se aclaró la garganta y prosiguió con su reporte. Era importante que la familia estuviese al tanto de que era muy probable que el hombre no sobreviviera la noche.
-El señor Voight fue quien más golpes recibió durante el accidente, parecer ser que intentó proteger a las chicas al usar su cuerpo como escudo humano y es justamente eso lo que le está costando la vida ahora... Logramos detener la hemorragia interna que encontramos en sus pulmones. Sin embargo, presenta un traumatismo óseo grave, una fractura en su brazo izquierdo, en su pierna derecha y en la zona lumbar media... Lamento tener que decirles que si el señor sobrevive es muy probable que pierda la movilidad en sus piernas de por vida.
El médico miro fijamente al joven cuya mirada se aguó frente a todos.
-¿Papá quedara paralítico?
Jay preguntó en un susurro destrozado que se quedó atorado en su pecho, provocando que aquella ola de desesperanza hiciera a Lissa con él para abrazarlo y darle un poco de consuelo.
-Él se pondrá bien, mi cielo... Todos aquí apoyaremos a su recuperación...
Lissa le dijo en un hilo de voz doloroso mientras Jay asentía entre lágrimas silenciosas.
-Las probabilidades son altas... El señor Voight está luchando por su vida, a partir de ahora solo depende de esa lucha. Nosotros ya hemos hecho todo lo que debíamos, ahora solo les queda esperar un poco.
El médico respondió con una frialdad típica y muy profesional, ocasionando que Jay lo mirase realmente mal, pero los brazos de Lissa lo retuvieron.
-Gracias doctor... -Lissa interrumpió.
-De nada... Les estaremos informando sobre la evolución de cada uno de los pacientes en el transcurso de la noche. Podrán ver a la pequeña en una hora. De mi parte es todo... Buenas noches.
El doctor pasó saliva y se despidió de la familia sin agregar nada más, todo lo que les había dicho a la familia había bastado para que se sintieran hundidos por la angustia y gran tristeza de no poder verlos aún.
-Dios...
Chris sollozó a todo pulmón y se dejó ir sobre uno de los sofás completamente frustrado mientras tiraba de sus cabello con desesperación. Liz y Bastián no tardaron en ir a su lado.
-La persona que haya hecho esto lo pagará caro, no descansaré hasta verla hundida en prisión... -Jay gruñó entre dientes mientras sus lágrimas salían sin para de sus ojos azules.
-Lo siento tanto, cariño. Por favor, perdóname, si tu padre se hubiese marchado a como lo tenía planeado nada de esto le habría sucedido. Todo es mi culpa...
Lissa se suplicó a Jay entre lágrimas mientras éste la miraba con cariño tal y como siempre lo hacía. Nada había cambiado en su corazón respecto al gran respeto que le tenía a esa mujer.
-Nada de esto es su culpa, señora Evans... Lissa... Tal vez a papá le haga mucho bien el que usted sea la primera en verlo cuando nos autoricen visitarlo.
-Eres igual de dulce que tu padre, Jay... Él debe sentirme muy orgulloso de ti.
Jay sorbió su nariz y la miró fijamente a los ojos, recibiendo un asentimiento de cabeza y una caricia en la mejilla que lo reconfortó muchísimo. Sin embargo, esa paz se vio estropeada cuando el sonidos de un par de tacones retumbaron por todo el pasillo del piso. Alguien venía y creía saber de quien se trataba.
-¿Mamá?
Jay abrió la boca con sorpresa y sin poder evitarlo de soltó de Lissa para ir contra la elegante rubia que apareció en la sala de espera acompañada de una castaña bastante simpática.
-Mi amor, no llores más... Mamá está aquí...
La rubia envolvió a su hijo en brazos y lo dejó desahogarse en su hombro todo lo que quiso o al menos hasta que sus ojos gélidos y acusadores se enfocaron sobre el rostro ingenuo e incrédulo de la mujer que más detestaba en toda la maldita España.
-Lissa Evans...
La rubia siseó entre dientes y le dedicó una mirada mortífera que hizo sentir a la señora Evans insignificante. La mujer soltó a su hijo y le dedicó una mirada cariñosa antes de atravesar a Lissa con sus ojos filosos.
-Cate, no esperaba verte por aquí...
Lissa susurró con gran impresión y sin ninguna otra intensión que no fuese expresar lo impactada que se sentía al ver a la ex esposa de Hank frente a sus ojos. Hacía más de 15 años que nos sabía nada de ella y lucía igual de guapa y joven a como la recordaban
-¿Mamá qué haces aquí? Te pedí que esperaras en casa...
Jay interrumpió el ambiente tenso que se formó entre ellas y se limpió las lágrimas antes de elevar ambas cejas cuando la voz de su acompañante se hizo presente.
-Lo siento Jay, no pude detener a tu madre. Ya la conoces... -La castaña que venía con ella intervino y saludó a todos con un gesto gracioso y apenado.
-Tomé el primer vuelo apenas supe lo que le había ocurrido a tu padre, cariño... No podía dejarte solo con esto.
Cate respondió sin despegar sus ojos de Liz, era idéntica a su madre y Chris idéntico a su padre. Los pequeños rubios que recordaba ya eran todos unos adultos.
-Lo sé mamá y lo siento, no las he presentado... Ella es Sophia Bush, es abogada y socia en el despacho de mi padre y esta señora de aquí, es mi madre, pero creo que eso ya lo saben...
Jay se aclaró la garganta para después ir hasta Sophia para recibirla entre sus brazos también. Hacía más de 8 años que eran mejores amigos. Eran casi como hermanos o al menos así se trataban cuando no estaban ocupados pateando traseros en los juzgados.
-Es un gusto conocerte, Sophia...
Lissa fue la primera en saludar, provocando que la señora Cate Blanchette entre cerrara los ojos y la mirase con un repudio muy indiscreto. La mujer miró lo grande que ya eran sus hijos y lo vieja y decrépita que se había puesto Lissa para después centrar toda su atención en ella. Nada de lo que dijeran o hicieran le impediría despotricar lo que venía sintiendo en su interior desde que pisó la ciudad de Marbella después de tantos años de vivir fuera.
-Mamá, aguarda...
Jay soltó entre dientes cuando vio a su madre avanzar en dirección a Lissa mientras Liz veía las banderitas rojas asomarse en señal de alarma sobre su cabeza.
Sin embargo, lo qué pasó después fue un suceso tan fugaz e inesperado que ninguno de los que estaban ahí si quiera pudieron imaginar o predecir ya que se quedaron completamente helados cuando el escándalo de una estruendosa bofetada tapizó las cuatro paredes de aquella sala.
Lissa soltó un chillido de dolor mezclado con asombro cuando su rostro se ladeó con brusquedad y su mejilla comenzó a arder hasta doler. Cate le había dado una fuerte cachetada que estaba segura no se merecía.
-Tenías que ser tú una vez más... Lissa...
Cate maldijo entre dientes y elevó su mano nuevamente para abofetear a la rubia paralizada por segunda vez, pero Liz sin temer ni deber término yendo en su rescate para abofetear a la madre de Jay como toda una salvaje. Provocando que esta vez los chicos intervinieran antes de que aquello se volviese una pelea callejera de rubias.
-No se atrevas a ponerle un solo debo en cima a mi madre.
Liz se plantó entre ambas y Chris la alcanzó de inmediato. Ninguna loca vendría a golpear a su madre.
-Jay... Qué demonios es esto...
Chris gruñó colérico y miró al abogado en busca de respuesta quien con un toque poco delicado tomó a su madre de brazo y la apartó de la familia Evans antes de que pasara algo peor. Liz abrazó a Lissa quien con el rostro enrojecido y los ojos cristalinos miró a Cate completamente confundida. ¿A caso la culpaba del accidente? O se trataba de algo más.
-Mamá, que demonios...
Jay le gruñó sin comprender que estaba sucediendo. Todos observaron a Cate frotar su mejilla más que furiosa para después apuntar a Lissa con el dedo de forma amenazadora.
-No te quiero cerca de mi familia, Lissa. ¿No te bastó con ser la responsable de que Hank esté hospitalizado? ¿No te bastó con arruinarle la vida, nuestra vida? ¿No te bastó con destruir nuestro matrimonio? Siempre estuviste presente entre ambos como un maldito fantasma... Lo torturaste año tras años hasta hacerlo el más miserable de los hombres. ¿No te cansas de ser tan ruin?
Cate gritó entre dientes con un desprecio que los dejó estupefactos y que sin duda causó que Lissa se soltara a llorar avergonzada. Ella tenía tanta razón, tenía todo el derecho de odiarla.
-¿De qué está hablando, señora? Mi madre no tuvo nada que ver con el accidente que sufrió Hank ni con nada de lo que está diciendo...
Chris soltó muy molesto mientras Liz se abrazaba con sobre protección al cuerpo tembloroso de su madre. Ella sí que logró unir cabos y le dolió, le dolió el alma al comprender lo que ahí sucedía.
Hank había estado enamorado de su madre desde antes de haber contraído matrimonio con la mamá de Jay y eso sin duda le rompió el corazón en miles de pedazos porque mientras sus padres eran inmensamente felices, el corazón enamorado de Hank sufría en silencio. ¿Cómo podría un amor ser tan fuerte y puro como para mantenerse vivo por tantos años? A tanto dolor, desamor, y decepciones...
Hank era sin duda un hombre admirable.
-Cate yo no sabía nada de lo que... -Lissa tartamudeó entre lágrimas amargas, que ella ignoró al silenciarla con furia.
-No me interesa saber lo que piensas... Si Hank no pudo hacerlo yo terminaré esto por él de una maldita vez antes de que lo mates. Me llevaré a mi familia conmigo apenas tenga la oportunidad, te quiero lejos de Hank. -Cate gruñó furiosa.
-¡Mamá basta!
Jay levantó la voz y miró completamente apenado a la rubia que estaba siendo pisoteada por su madre.
-No te entrometas, Jay... ¿Me escuchaste maldita mujerzuela? ¡Te quiero lejos!
-Es suficiente mamá... Lo siento Chris... Liz... Señora Evans...
Jay se disculpó un tanto incómodo después de que la ex señora Voight le exigiera y agrediera de aquella forma a Lissa. El abogado la tomó con fuerza y se la llevó de ahí a empujones para hablar con ella a solas.
Liz y Chris los vieron alejarse y fijaron sus ojos preocupados sobre su madre para cobijarla entre sus brazos cuando se desinfló muy afligida frente a ellos.
-La mujer está loca, mamá... Ella no puede decidir por Hank, es su ex esposa no su madre... ¿Con qué derecho viene aquí a golpearte? Es una maldita bruja...
Liz gruñó furiosa para después dejar algunos besitos en la mejilla hinchada de Lissa. Le había dado con todo, pero ella no se había ido sin un buen golpe también. Se merecía eso y más.
-Ven mamá, vallamos a que te revisen ese golpe... Liz, por favor espera aquí con el cachorro y no te metas en problemas.
Chris besó su frente y tomó a una Lissa muda por la cintura para llevarla con él con mucha delicadeza mientras Liz se reunía con Barnes para abrazarlo.
Todo era un caos... Un completo caos.
-Buen golpe amor... -Bastián besó los labios de su chica sintiéndose muy orgulloso de ella. Nunca la había visto reaccionar de aquella forma tan fiera.
-Patearé su trasero si intenta acercarse a mamá de nuevo. -Liz bufó y Bastián negó divertido con la cabeza.
-No me opondré a esos, amor.
Bastián tomó asiento junto a Liz y ambos se acurrucaron juntos en el sofá hasta perderse en sus pensamientos. No cabía dudas que sería una noche demasiado larga para todos, solo esperaban que pronto llegaran noticias sobre el responsable del accidente.
Mientras tanto del otro lado de la ciudad una muy tranquila Jennie se encontraba tomando la última cena junto a su abuelo quien se había comprometido a llevarla personalmente al aeropuerto aquella noche. Los platos fueron retirados de la mesa y el postre fue servido en cuanto el juez Ross le dio la a orden al servicio.
-¿Dónde estuviste toda la tarde, cariño? -El hombre abrió tema de conversación mientras tomaba de su té.
-Fui de compras abuelo... Quería dar un pequeño paseo por la ciudad antes de irme.
Jennie le obsequió una sonrisa amistosa para después observar cómo su abuelo se limpiaba los labios y la escrutaba con la mirada. Se aproximaba un último sermón.
-Entiendes porque hago esto ¿verdad mi amor? -Su abuelo la miró detenidamente y ella asintió.
-Lo sé abuelo y lo acepto, prometí que no daría más molestias... Ya he aprendido mi lección...
Jennie le sonrió y el viejo asintió con la cabeza. Ambos se sumergieron en un pequeño silencio que fue llenado con el sonido de los cubiertos chocar contra la porcelana para después fruncir ambos el ceño cuando el timbre de la casa retumbó por todo el comedor.
-¿Esperas visitas abuelo?
Jennie arrugó la frente y se puso de pie de golpe cuando escuchó un alarmante escándalo provenir de la entrada. El juez Rose se levantó de su asiento y le hizo una señal a su nieta para que guardara la calma, pero antes de que siquiera pudiese avanzar para salir del comedor fueron interceptados brutalmente por un grupo de uniformados de la policía.
-¿Jennie Sharander? -Sam mostró su placa y miró fijamente a la rubia que recordaba haber visto en casa de Chris un par de veces.
-Es mi nieta... Quien demonios se creen para entrar de esa forma a mi propiedad... ¿No saben quién soy?
Ross rugió impaciente y miró realmente furioso al moreno que sin dudar le hizo una señal a uno de sus agentes para que le entregara la orden al viejo juez de la ciudad. Tenía la autorización de llevarse a la mujer a la estación de policía.
-Abuelo, has algo...
Jennie fue rápidamente hasta plantarse junto a su abuelo quien leyó rápidamente y entre líneas la hoja firmada y sellada por la fiscalía que le habían entregado. El viejo pasó saliva y miró a su nieta con unos ojos confundidos y llenos de decepción.
Lo había hecho de nuevo, le había mentido.
-¿Qué demonios hiciste ahora Jennie?
Ross gruñó entre dientes mientras la rubia que se colgó de su brazo llena de miedo negaba desesperada con la cabeza.
-Señor... Jennie Sharander queda detenida por los cargos de acoso, soborno, declaraciones infundadas, obstrucción de la justicia e intento de homicidio en contra de la pequeña Lucy Evans, la señorita Rosie Evans y el abogado Hank Voight.
Sam fue muy claro con sus acusaciones para después indicarle a otro agente que esposara a la joven rubia.
-¿Intento de homicidio?
Ross tartamudeó en completo estado de shock, miró los ojos acuosos de su nieta y se apartó de ella bruscamente sin poder creer lo que estaba escuchando.
-No, es un error, abuelo. -Jennie le suplicó, pero fue ignorada.
-Así es señor... Las cámaras de seguridad grabaron el momento exacto en el que su nieta atravesó el estacionamiento a toda velocidad para impactar a la familia que venía atravesando la vía peatonal. -Sam le explicó rápidamente al anciano y sin esperar más dio la orden para que la rubia fuese arrestada.
-Es mentira abuelo, tienes que creerme. Están tratando de inculparme. Sabes que jamás haría una atrocidad como esa...
Jennie gritó a todo pulmón mientras forcejeaba con los agentes de la policía, pero su abuelo se encontraba demasiado conmocionado como para hacer o decir algo.
-Maldita sea, cállate, Jennie... -Ross espetó fuera de sí mientras sus ojos se cristalizaban.
-¿Ellos están bien?
El juez tartamudeó y la expresión en el rostro del moreno se lo dijo todo.
-Lucy de 7 años fue quien recibió menos golpes, pero tanto el señor Hank como la señorita Rosie Evans se encuentran luchando por sus vidas. Ella está embarazada y la posibilidad de que pierda al bebé son altas.
Sam agregó y aunque no quiso ensañarse con la rubia pudo notar como su expresión facial cambió abruptamente al escuchar lo que dijo. Casi pudo jurar que una sonrisa maliciosa y perversa se había dibujado en la comisura de su boca.
-Maldita sea... -El juez se cubrió el rostro y soltó un profundo suspiro de angustia.
-¡Abuelo! Por favor, tienes que creerme... -Jennie gritó aterrada cuando los agentes comenzaron a arrastrarla para llevársela.
-Juró Jennie que si lo que este hombre dice es cierto nada impedirá que pages por lo qué hiciste. Te lo dije, no daré mi cara nuevamente por tus estupideces. Te harás responsable de tus actos...
Ross gruñó desde su sitio mientras la veía gritar y patalear para que la soltaran, pero no había forma de evitarlo. Los agentes debían cumplir con la ley. Sam miró al viejo con un poco de pena y sin decir más se despidió para abandonar la casa mientras el juez se dejaba caer completamente destrozado sobre su asiento.
-Aunque me duela el corazón, Jennie... No voy a intervenir esta vez...
Ross se limpió las lágrimas, se puso de pie y fue hasta el teléfono de la casa para investigar a profundidad que demonios había pasado. Necesitaba saber en qué hospital se encontraba la familia Evans para ofrecerles todo su apoyo, pagaría los gastos si fuese necesario.
La madrugada llegó y cuando fue el momento, Sam se puso en contacto con Chris quien seguía agonizante en la sala de espera del hospital. Sin embargo, tuvo que ignorar la llamada del moreno cuando una enfermera le informó a la familia que solo un familiar podría pasar esa noche a verla.
Chris se amarró el corazón, frotó sus ojos hinchados y tomó una gran bocanada de aire cuando estuvo finalmente plantado frente a la habitación donde su hija se encontraba profundamente dormida sobre la cama de hospital. Así que sin más atravesó la puerta y se quedó pasmado en el umbral cuando fue consciente de lo que estaba viendo.
-Dios, mi cielo...
Chris sollozó y se cubrió los labios con gran dolor cuando observó a detalle el estado en el que estaba su hija. Un collarín rodeaba su cuello, tenía el brazo enyesado y múltiples moretones y cortaduras en su rostro pálido y magullado.
-Papá ya está aquí mi amor...
Chris se sentó a su lado con mucho cuidado y tomó su mano fría y pequeñita entre las suyas para llevarla hasta sus labios y depositar en ella varios besitos llenos de amor y alivio. Su hija estaba viva y a salvo, aunque el miedo de que su bebé no lo lograra aún lo tenía asfixiado y aterrado. No quería perder a ninguno, se sentía incapaz de resistirlo.
-Chris...
Liz se asomó con sigilo a la habitación y sintió sus ojos arder cuando vio a Lu tan frágil y lastimada sobre la cama. Sam se había puesto en contacto con ella, había llegado la hora de ir a la estación de policía.
-Por favor, Liz... Llámame apenas sepas algo... -Chris se puso de pie, besó la frente de Lu y se despidió de su hermana con un abrazo fuerte.
-Barnes y su padre irán contigo, por favor, no hagan una tontería... Dejen que Sam se encargue de todo.
Liz le suplicó a su terco hermano que aún ni imaginaba lo que estaba por encontrase tras las rejas de la estación.
-Vendré pronto...
Chris besó la sien de Liz y abandonó la habitación. El señor Barnes y Bastián ya esperaban por él en el pasillo del hospital. Entre ambos hombres le dieron soporte para que no cayera y lo ayudaron a bajar hasta el estacionamiento.
El rubio había prometido controlar su ira, pero en medida que se acercaban a la estación sentía como su sangre se calentaba hasta cegarlo. Sólo quería matar al desgraciado y hacerle pagar por todo el dolor que le había causado su incompetencia.
-Chris... Tenemos la declaración de los testigos que vieron el accidente y los videos de todas las cámaras de seguridad que estaban al rededor. Ella lo ha negado todo, pero la evidencia la incrimina. -Sam le explicó cuando lo tuvo frente a él.
-¿Ella? -Chris frunció el ceño.
-Amigo... Ven conmigo...
Sam lo ayudó a avanzar hasta que ambos entraron al transfondo de una sala de interrogatorios donde una rubia bastante relajada se encontraba dibujando círculos imaginarios sobre la mesa. Desconocía que tras aquel enorme ventanal polarizado se encontraba una habitación donde estaba siendo observada.
-¿Jennie? Sam que demonios significa esto... -Evans pasó saliva y lo miró realmente confundido sin poder darle crédito a lo que sus ojos estaban viendo.
-Chris... Jennie es quien ha estado asechando a tu familia hace semanas... Estuvo relacionada de alguna forma en la denuncia anónima que pusieron en tu contra, en tu arresto, en la golpiza que te dieron a ti y a Barnes y en el accidente de hoy... Ella es quien iba conduciendo el auto que arrolló a tu familia.
Sam finalmente confesó mientras la mirada encendida, destrozada y oscurecida de su mejor amigo se fijaba sobre aquella despreciable mujer que aparentaba ser alguien que definitivamente no era. Los puños de Chris se cerraron con furia y sus dientes se apretaron hasta doler, quería entrar a aquella sala y estrangular a la maldita mujer.
-Maldita mujer... ¿Por qué nos hizo esto, Sam? ¿Qué motivos tuvo? Quiero hablar con ella, necesito saber qué demonios pasó por su cabeza cuando piso el acelerador de su auto para arrollar a mi hija, a mi esposa, a Hank...
Chris gruñó entre dientes, pero Sam negó con la cabeza.
-Amigo... Tu prioridad ahora es tu familia, regresa con ellos y deja que yo me encargue de esto. Te hice venir aquí por cortesía, pero no es el momento. Podrás hablar con ella hasta que tengamos su declaración oficial. Ella ha pedido un abogado y por ley no podemos negárselo. -Sam trató de hacerle entender, pero el odio tenía a su amigo temblando de ira mientras las lágrimas escurrían por sus mejillas silenciosamente.
-La quiero ver hundida en prisión, Sam... No importa el costo... -Chris susurró, pero antes de que Sam pudiese agregar algo el teléfono del rubio sonó con insistencia en su bolsillo, era su madre.
-¿Mamá qué pasó? Lucy, Rosie... -Chris sollozó lleno de miedo, estaba llegando a un punto en el que su corazón no podía resistir más dolor. Estaba agotado.
-Mi amor, es Rosie... Debes volver...
Fue lo único que Chris escuchó antes de sentir que su cuerpo lo traicionaba para después llevarlo a un estado de inconsciencia en el que no supo más.
Abrazos chicos, el capítulo fue muy cortito. Espero que lo disfruten, algunas ya andaban desesperadas con saber que había pasado. 🥺😮💋
Yo amo a estos dos. Se me hacen bien lindos.