Forbidden Love [Thranduil] |...

By Menher_

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WATTYS LONGLIST 2018 La reina Ravenna tiene una hija con el valar Ulmo, pues años atrás un romance clandestin... More

Since the first time
Shadows of the past
I want to be free
Mirkwood
Would you like to be my Friend?
I will let you die right there in darkness
Where is the edge of your darkest emotions
You're not her
Jealous
Mother vs Daughter
Queen and Princess
Starlight
Lómë
Nin Meleth
The truth beneath the light
I don't want to be Alone
For her
I put a spell on you
Father's Word
Do you love her?
Desire
Dark Feelings
We are Allies
Love me like you do
Evil Whisper
Silver Rings
Dress
My little sin
She's Far away
The future of love
The pain of truth
A Lost Soul
All of me
My Dear Green Leaf
Endless Love
Instincts
Laes
The Wedding
After the Dawn
The Letter
Gwenyn
Blue Roses
Trip Of Darkness
Hell & Heaven
The Dwarfs and The Hobbit
The Necklace
Tuiw
Ithil & Caleb
Black Knot
Dragon Fire
She's Our Sin
Valar
The Messenger
The Arkenstone
Before the Battle
Armies
Black Bird
Swords and Tears
Guilt
The Sea Castle
Noss
The Shadow Behind Her
Come Back to Me
Rowanna
Yavanna's Sin
Dark Ivy
Hunted
Torn Apart
Little Sister
Playing with your Mind
The One Ring
Bleeding Heart
Damaged Soul
My Son
Set Him Free
Helm's Deep
Ever Dream of me
Poison
Red Snow
With you
The Rescue
Winds of War
Meleth Marthannen
Prophesy
Nenalassie
E P I L O G O

His Heart belongs to Her

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By Menher_

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la capa del rey cayó al piso dejando ver sólo una camisa de algodón muy delgada,   por fin veía a su rey sin aquellas vestiduras tan ataviadas, era sólo el hombre que la amaba, por que lo sabía, aquellos besos no sólo eran de deseo sino de amor puro, el rey iba a desatar  el vestido de la princesa pero fue interrumpido por la voz de su hijo – Muirgen, ¿estas ahí?- la manija se movió levemente , la princesa cerró los ojos y ambos fueron absorbidos por una especie de fuerza para caer en lo que parecía otra alcoba.

Muirgen se tomó la cabeza pues  había recibido un golpe bastante fuerte al caer en el piso de piedra, Thranduil la ayudó a levantarse e inspecciono su rostro para notar si había alguna herida.

– veo que por fin pudiste hacer el hechizo- era una voz demasiado familiar, Bartram estaba en la cama, recostado con un libro sobre su pecho.

– ¿que?- la princesa se giró  para poder ver a su amigo a los ojos el cual volteo el rostro.

– podrías vestirte adecuadamente por favor- recriminó el chico haciendo una mueca bastante marcada.

– perdón, pero explícame de que hablas- dijo la princesa  apareciendo una bata para cubrirse.

– ya te lo dije, por fin pudiste hacer el hechizo, me alegró- Muirgen recordó aquel encantamiento que su madre realizaba para transportarse de un lugar a otro rápidamente.

– pero no usé ningún medio- se refería a que su madre utilizaba cuervos para transportarse , pero ella, ¿qué utilizó?, no sintió ninguna presencia.

– pues sólo apareciste, tampoco noté ninguna presencia, pero mira a tu alrededor, todo está húmedo – Thranduil  no decía nada, sólo escuchaba atentamente las palabras de la criatura en cama.

– pero es imposible, quiero decir, ni siquiera pronuncie las palabras adecuadas en mi mente- Bartram salió de la cama con lentitud pues las heridas aun le dolían.

–  después de saber tu origen, aun dudas de tu poder-  la princesa se cruzó de brazos y le dio una mirada rápida a Thranduil, quien seguía inmóvil  cerca de ella.

– ¿qué piensas?- le preguntó con una sonrisa en el rostro.

– la al…Bartram tiene razón, dudas de tu poder y eso es una barrera para el mismo, si tu madre quiere asesinarte debes empezar a confiar en ti, sino, cumplirá su cometido-  las palabras del rey fueron precisas, no hubo tiento en ellas, pero a pesar de ir tan directo no lastimaron en nada a la princesa muy por el contrario le transmitieron aquella fuerza con las que fueron emitidas.

– por primera vez estoy de acuerdo con el elfo- le dedicó una mirada sombría.

– mi Lord o rey Thranduil, no somos iguales orco- Muirgen tomó la mano del rey para calmar la situación, Bartram sonrió con hilaridad.

– ahora puedo preguntar por que interrumpiera su momento de pasión y deseo- ninguno de los dos contestó, deseo, de no ser por Legolas se hubiese consumado, pero, ¿era lo correcto?.

La noche había caído por el reino y Muirgen había estado evitando a Legolas y Tauriel, no quería que notasen la inquietud con las que las manos del rey la habían  dejado.

–Muirgen- era él, su prometido, subió las escaleras rápidamente para que éste no pudiese alcanzarla, pero fue imposible, Legolas poseía una destreza inigualable, haciéndola ver como una tortuga atascada entre rocas.

– Legolas, me disponía a dormir, ¿qué sucede?-  el elfo no era muy bueno con las palabras y la princesa lo sabía, el arco de sus cejas hacia notar que trataba de encontrar las palabras correctas.

– Tauriel está preocupada por ti, dice que estas lejana, pareces evitarla…evitarnos- la chica suspiró pesadamente, era lo que se temía, que todos en el reino se diesen cuenta que con la única persona con la que interactuaba era el rey.

– siempre estas con mi padre o Bartram- ella también buscaba las palabras para poder zafarse de esa situación tan incomoda.

– ¿y con quien debo hablar?, ¿contigo?, Legolas si tuviese el cabello rojo tal vez me pondrías mas atención, además eras el primer interesado en que la relación con tu padre se arreglara, pues bien, ya lo hice…no me reclames atención cuando eres el que menos me la provee- le dio la espalda consumida por la culpa, sabía que Legolas no tenía nada de culpa en su comportamiento, pero debía librarse de él de cualquier modo, escucho como algo cayó dio un vistazo y era Legolas que había brincado hacia uno de los pasillos abajo, recorrió el pasillo hasta sus aposentos como  siempre, se recostó en la cama para retomar su lectura nocturna, el tiempo se consumió como las paginas de aquel libro con olor a hojas secas, se preparó para dormir, fue una  noche buena pues las pesadillas no la acosaron como era la costumbre, los primeros rayos del sol tocaron en su rostro, así como las elfas a su puerta, la rutina siguió como lo predicho, dejó que la peinasen con unos hermosos caireles y la tiara de diamantes que su madre había empacado.

– esta lista mi lady- la chica asintió haciendo que las elfas comenzaran a recoger todo a su alrededor, así como a preparar la cama, la puerta sonó  y una de sus sirvientes abrió dejando  ver a un guardia.

– Mi lady, perdone la intromisión a tempranas horas, pero Lady Deluthiel desea hablar con usted-  la elfa estaba tras del hombre con un rostro de  desesperación.

– que pase-  la elfa con todo el porte que la caracterizaba paso de largo al guardia, sus ojos verdes estaban enmarcados por unas espesas pestañas negras dándole un toque de frialdad a su mirada.

– dejadnos- ordenó a las elfas que recogían la alcoba, la princesa asintió y éstas salieron.

– tome asiento por favor- apareció una silla no muy lejos de donde ella estaba, la elfa cruzó la pierna con una delicadeza femenina que pocas poseían.

– a que debo su visita lad…- no la dejo terminar pues interpuso una mala cara.

– déjate de tonterías niñas, he venido sólo para decirte que te alejes de Legolas- le apuntó con el dedo, Deluthiel, era hermosa, tanto que los años no habían pasado por ella, pero si la desolación de perder el amor y a su hermana, Muirgen sonrió como su madre le había enseñado.

– ¡oh Deluthiel!, que pena, pero no puedo complacerte, Legolas y yo nos casaremos, así tú o el gran consejo blanco trate de impedirlo- la hermana de Alena no se inmutó ante el tono usado por la princesa, muy por el contrario encendió la furia que llevaba apaciguando desde que puso un pie en Mirkwood.

– crees que puedes pasar sobre cualquier sólo por ser hija de Ulmo- la princesa se llevó una mano al pecho para mostrar un rostro de sorpresa, en menos de un segundo lo cambió a uno de mofa, apretando los labios y asintiendo con el semblante de una niña pequeña que se sale con su cometido.

– Deluthiel no comprendo tu afán de que este matrimonio no se lleve a cabo, Alena me ha dado su autorización- apretó los diente con furia, como se atrevía aquella criatura a poner el nombre de su hermana en sus impuros labios.

– Alena está muerta- musitó con dolor y furia .

– para tu buena suerte, así podrás acercarte a tu amado Thranduil- la princesa se levantó al decir esto ultimo, sabía de los sentimientos de la elfa hacia el rey, pero era algo completamente diferente si ésta se atrevía a externarlos.

– de que estas hablando niña, no sabes nada-  dio un respiró profundo para verla a los ojos.

– por qué huiste ese día, pudiste ser tú, pudiste ser la madre de Legolas, pero huiste- lady Deluthiel se levantó de la silla para acercarse a la muchacha de cabellos rubios parecida a Ravenna.

– eso es algo que no te incumbe o es a caso que tu anhelo aquí no es nada mas y nada menos que el hijo de Oropher- la princesa sonrió abiertamente.

– por que ser princesa si puedo ser reina- la mano de la elfa tomó fuerza y la dejó caer sobre la mejilla de la chica, sus ojos estaban rojos de tanta furia, de los celos.

– no te atrevas niña a mancillar el trono de mi hermana- las manos de Muirgen encendieron una flama azul.

– no vuelvas a ponerme una mano encima- Deluthiel se acercó mas a ella para que lograra su cometido.

– anda, vamos, mátame, muestra que eres igual de traicionera que tu madre- Muirgen tomó la mano de la elfa pronunciado un par de palabras, Deluthiel sentía que su mano ardía  como si el fuego corriera por sus venas sus deseos de alejarse de la princesa sólo eran eso, deseos,  no podía moverse, oía el siseo de la voz de la princesa acunarse en sus oídos.

Abrió los ojos y estaba de nuevo en sus aposentos con aquel vestido color vino de terciopelo que su padre había escogido con tanto deseo, frente al espejo con los ojos puestos en su reflejo, tomó un mechón de su cabello parecido al de su padre, casi rojo, su hermana había nacido con la virtud de tener el cabello rubio como los rayos de sol, era hermosa, ¿cómo era posible que la escogieran como esposa de un elfo Sindarin?

– te ves hermosa- su hermana  estaba tras  de ella cepillando su cabello y colocándole unas cuantas flores en el mismo.

– Alena, deberías ser tú- musitó tomándole las manos y viéndola directo a los ojos.

– claro que no, eres la mayor por unos minutos, así que debes casarte con el príncipe Thranduil y ser reina, la mas hermosa de todas- la levantó de un solo tiro para acomodar su cabello.

– tengo miedo-  apretó las manos de su hermana con fuerza; una de sus damas llamó a la puerta con una sonrisa en el rostro.

– es hora, su padre las espera, el rey Oropher y su hijo están en camino - Alena sonrió para volver el rostro hacia su hermana.

– quieres una momento a solas- Deluthiel asintió, aunque en el fondo quería correr y perderse en el bosque, no quería casarse con alguien que no amaba, al ver a su hermana desaparecer ella salió de la habitación para recorrer las escaleras que llevaban al bosque y perderse en éste.

- ¡¿Dónde está Deluthiel?!- vociferó furioso  Amroth, todos los elfos buscaron a su hija en todo el reino, pero la joven princesa no aparecía.

–Oropher tomará esto como una ofensa- Alena tomó la mano de su padre y con las fuerzas de su corazón pronunció las palabras que marcarían todo su destino.

– tomaré el lugar de mi hermana-  el elfo esta sorprendido de lo fuerte que era su hija y de cuan presente tenía el compromiso con los elfos del bosque, fue amor  primera vista, ella lo vio, él la vio, fue imposible no contener el brillo de ambos en los ojos, ambos padres estaban felices de que la chispa del amor hubiese nacido entre sus hijos con tan solo verse.

– padre estoy aquí- pronunció Deluthiel arrepentida por su acto, pero era demasiado tarde.

– que bien, celebraremos todos el compromiso de tu hermana con el príncipe Thranduil- aquella tarde de verano no sólo en Alena nació el amor por el joven príncipe, su hermana sintió que le mundo bajo sus pies emitió un estruendo al ver los ojos azules del elfo, su hermoso rostro como tallado por los seres mas celestiales.

– Lady Deluthiel es un honor- vociferó el joven príncipe a la elfa de cabellos castaños, ésta sólo se inclinó para maldecirse internamente , el miedo la llevo a cometer el peor error de su vida; los años pasaron y  ella se encontró cargando a un pequeño niño parecido al amor de su eterna vida.

– es hermoso tanto como…tú, hermana- Alena sonrió tomando a su pequeña hoja verde en brazos.

– Legolas fue una luz después de la muerte del rey Oropher, hermana, soy tan feliz con Thranduil, nos amamos como sólo nuestra raza sabe hacerlo- culminó la frase besando a Legolas en la frente, desde aquel día y que la maldición cayó sobre el gran bosque Alena había caído en una profunda tristeza, tan mortificada por no poder respirar el aire de los árboles  salió sin guardias siendo atacada, Thranduil cerró su corazón con llave a pesar de que Deluthiel confesó amarlo de una manera secreta.

– puedo criar a Legolas si es lo que deseas Thranduil, vivir aquí- el rey estaba desolado tomando al pequeño elfo de la mano.

– no, él y yo sabremos sobrevivir sin Alena, gracias-  rompió una vez mas su corazón, pero le quedaba el consuelo de que la chispa de sus ojos azules no volvería arder por alguien más, hasta aquel día, la fiesta en honor a Varda, parece que puso el brillo de nuevo en los ojos del hermoso rey, pero de quien se trataba, pensó  de un momento a otro que era por aquella hechicera que hace ya bastante tiempo había abandonado, pero no, se encontró con el nuevo amor, el nuevo leño que echó fuego al corazón del rey, una pequeña criatura de cabellos dorados como su hermana, ojos azules y labios rosas como una frutilla fresca, Muirgen, hija de la antigua amiga de su hermana, Ravenna,  el rey volvía a vivir con el respirar de aquella muchacha,  volvía a ver por los ojos de la mujer, ahora Deluthiel estaba más que destrozada, su corazón estaba roto de nuevo.

Lady Deluthiel estaba estupefacta , buscó la silla con la mano para poder sopesar el dolor físico y emocional que le haba causado tal recuerdo.

– el corazón de Thranduil es de Alena niña, no te aferres- pronunció con odio hacia la princesa que estaba recargada de los pilaras de su cama.

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