Hyunjin, no contento de que ahora tenía que perseguir a una chica, se buscó su ropa.
— ¿Nos dejas? — uno de los hombres preguntó, decepcionado. Hyunjin terminó de abotonarse los jeans.
—Sí. Tengo la habitación toda la noche, yo pago. Disfruten.
Los dejó. Encontró al gerente del club y lo obligó a cuidar de los dos hombres en el cuarto VIP y darles cualquier cosa que ellos desearan sin costo.
Luego rastreó el olor de la joven fuera del club. Ella tenía cinco minutos de ventaja, pero iba a pie. No le tomo mucho tiempo a Hyunjin encontrarla. Él la acechó desapercibido, mirando desde los tejados de los edificios de ladrillo.
Estaba agitada, caminando a paso rápido y hablando consigo misma. Hacía frío, era de noche y ella no tenía puesta ninguna chaqueta. Ella mantuvo sus brazos alrededor de su tembloroso cuerpo.
—No debí haber... qué estúpida... El pudo haberme matado y entonces, ¿qué habría sucedido? Esto debe desenvolverse correctamente... pero el podría ayudar... ¿en qué estaba pensando? —
Bien, ella sonaba como si el queso se hubiese resbalado de su galleta hace un rato.
Hyunjin la vio llamar a un taxi. Tomó nota de su dirección que dio al taxista y siguió al auto, saltando de tejado a tejado. El taxi se detuvo frente a una plaza, en un edificio de apartamentos de diez pisos en una zona sórdida de la ciudad. La vio entrar.
Antes de que la puerta se cerrara detrás de ella, saltó del techo e irrumpió en el edificio. Se escondió detrás de una columna mientras ella esperaba el ascensor. El vestíbulo era de pacotilla, con sillas rotas y paredes con grafitis.
Las luces de neón parpadeaban sobre él, amenazando con apagarse completamente en cualquier momento.
El desvencijado elevador llegó y la chica entró.
Hyunjin esperó hasta que las puertas estuvieran cerca a cerrarse, entonces se deslizó dentro, moviéndose tan rápido que ella no lo vio entrar. Fue hasta que el elevador estaba por el tercer piso que ella notó que él estaba parado detrás de ella.
Sus ojos se ensancharon y se presionó en una esquina del ascensor. No dijo nada. Él sonrío abajo hacia ella.
— ¿Te importaría decirme qué estabas haciendo en el club? — Ella sacudió su cabeza y tembló.
Hyunjin alcanzó su brazo y lo tocó. Estaba más frío que el de él. Él intentó que el cuerpo de ella produjera químicos para que se tranquilizara, pero parecía no tener efecto. Raro.
La miró a los ojos para obligarla.
—No hay necesidad de temerme, Dime qué estabas haciendo en el club—. Ella parpadeó hacia él.
Nada.
No tenía control sobre ella. Era como si ella se estuviese resistiendo a la voluntad de él – o incluso peleando – pero, más bien, era como si ella no existiera. Él bien podría haber estado compeliendo al aire.
—¿Qué eres? — el preguntó.
Ella lo estudió por un rato y entonces, finalmente, habló.
—¿Vas a matarme?
—No estaba planeándolo.
—Lo sé.
Hyunjin inclinó su cabeza, confundido.
—Uh, si lo sabías, ¿por qué preguntaste? —
—No lo supe hasta que lo dijiste.
...Correeecto...
Las puertas del elevador se abrieron en el noveno piso. Ella se apartó de él y salió. La siguió por el pasillo sin ventanas, con su alfombra deshilachada y pintura descascarada, hasta una puerta cerca al final.
Ella buscó en su vestido y sacó una llave. Su mano temblaba fuertemente que le tomó unos pocos intentos antes de que introdujera la llave en la ranura.
Entró y cerró la puerta detrás de ella.
Hyunjin cruzó sus brazos y se apoyó contra la pared. Él pudo haberla detenido de entrar a su apartamento, pero no quería asustarla más. Y, lo había buscado, podría haber algo que quería de él. Decidió esperar.
Escuchó como se movía alrededor de su pequeño apartamento. Sonaba como si estuviera empacando.
Cuando abrió la puerta otra vez, usaba pantalones junto con un abrigo, gorra y guantes. Esto era lo que debería haber usado antes, no ese vestido. También llevaba un bolso de lona, lleno, en su temblorosa mano.
—¿Te vas? —preguntó Hyunjin.
—Sí. Me llevarás contigo—
—Ah, ¿sí?
—Sí. Me llevarás contigo.
Hyunjin se rio de la chica de aspecto sencillo.
—¿Cuál es tu nombre? —
— Shin Yu-na, pero puedes llamarme Yuna. —
—Siento decepcionarte, Yuna, pero no te llevaré conmigo—
—Lo harás, — dijo decidida.
—¿Sabes qué soy, humana? —Hyunjin le preguntó, divertido.
—Sí, Hyunjin.
—¿Cómo sabes mi nombre?
—Acepta salvarme y te diré.
—No hago acuerdos antes de saber todos los detalles. Me mete en problemas. ¿Por qué no me invitas a entrar y hablaremos sobre esto?
Yuna estiró su cuello y miró por el pasillo hacia el elevador tanto como pudo sin cruzar el umbral de su puerta. El elevador estaba llegando a este piso.
—No tenemos tiempo. Si él se apodera de mí, seré usada como los demás.
A Hyunjin le llamó la atención de que el no era el motivo del miedo que la inundaba.
—¿Quién? —
—Estarán aquí pronto para llevarme a él. Lo siento, soy débil y estoy cambiando las cosas. Por favor, sálvame. —
—¿Quién está viniendo?
—La oscuridad y polvo—.
—No sé lo que eso significa.
Echó un vistazo por el pasillo al ascensor de nuevo.
—Está aquí—.
Las puertas del elevador sonaron y se abrieron. El olor de la noche y la tierra golpearon a Hyunjin una fracción de segundo antes de que él viera quién estaba parado ahí. Parpadeó con incredulidad, cuando estaba seguro de que lo que estaba viendo era real, su respiración se detuvo a la vez que el miedo apareció.
Era Jeongin.
El Gran Lord General.
Usando un traje a la medida y flanqueado por su equipo de seis cazadores, los Guardianes — o al menos Hyunjin asumió que lo eran, ya que todos eran nuevos miembros. Excepto por el líder, la comandante Chan, quien era la más baja del montón y usaba una larga capa negra que ocultaba sus armas.
Su lado vampiro se adelantó y les gruñó. Esto estaba mal.
Hyunjin estaba atrapado en un pasillo sin ventanas, rodeado de habitaciones a las que no podía entrar a menos que fuera invitado. Si él peleara contra los cazadores, si peleara contra Jeongin— el guerrero íncubo de mil años – no habría manera de que esto no terminara con él encadenado en plata. De ninguna manera, esto no terminaría con él como esclavo. Otra vez.
Por un momento, parecía como si Jeongin estaba igualmente sorprendido por la visión de Hyunjin. Entonces, sus ojos se oscurecieron y su mandíbula se apretó a la vez que decía una sola palabra:
—Vivo—.
Hyunjin volteó hacia Yuna.
—De acuerdo.
—Puedes entrar—ella dijo. Verdes líneas resplandecientes aparecieron en el aire mientras los cazadores se teletransportaban.
Hyunjin no iba a esperar. Se apresuró hacia la habitación, tomando a Yuna en sus brazos y pateando la puerta para cerrarla detrás de él. Los cazadores necesitaban de una idea general de hacia donde se teletransportaban, por lo que la puerta los retrasaría por unos segundos.
Empujó poder a su velocidad y corrió hacia la ventana, con el hombro en primer lugar. Yuna cerró sus ojos y se aferró a él con fuerza mientras él rompía el cristal. Los dos se elevaron por el aire y aterrizaron con fuerza sobre el techo vecino.
Hyunjin quiso hacer un aterrizaje suave, pero él no estaba acostumbrado a cargar con él un cuerpo extra. Después de asegurarse de que estaba ilesa, la desplazó a su espalda.
—Sostente—él le dijo.
Ella colgó su bolsa de lana sobre su hombro y aferró sus brazos alrededor del cuello de Hyunjin mientras apretaba sus piernas alrededor de la cintura de él.
Hyunjin miró atrás. Jeongin estaba de pie en la ventana rota, con el ceño fruncido, sus ojos brillando púrpura y sus cuernos afuera, el derecho medio roto.
Jeongin levantó un teléfono a su oído.
—Hemos localizado a Hyunjin. Quiero a todos los equipos de cazadores disponibles, incluyendo a los Argonautas, y que todos los guerreros se teletransporten a la piedra en el Norte de Chicago
– ahora. —
Mierda. Este lugar iba a ser plagado por cientos, carajo, tal vez miles de cazadores en los próximos diez minutos.
Hyunjin despegó corriendo sobre el techo, entonces saltó al siguiente edificio, y al siguiente, corriendo a lo largo a una velocidad inhumana. No importaría cuan rápido el iba, los cazadores estarían sobre su trasero en cualquier momento.
Todo lo que tomaría sería una o dos tiras de cadenas de la suerte o lanzar una granada de plata y eso les daría la apertura necesaria para derribarlo. Pero su más grande preocupación fue la frágil criatura sobre su espalda.
Chan apareció sola sobre el techo antes que él y disparó una flecha de su ballesta. Hyunjin la esquivó fuera del camino, cuidando mantener a Yuna segura, y saltó al otro techo.
Ella se teletransportó a su lado y cortó su pierna con un cuchillo de plata. Esta ardía, pero no era una herida seria. Hyunjin la curó mientras corría.
La comandante no le dio tregua. Ella se teletransportó al lado de él otra vez. Antes de que el pudiera reaccionar, le cortó la otra pierna, entonces le disparó una flecha mientras escapaba de ella.
Hyunjin esquivó el rayo y saltó a otro techo. Ella continuó teletransportándose y disparando, los rayos zumbando por su cabeza.
Estaba acorralándolo, una táctica en la que era bastante competente. Él no iba a jugar su juego – cambió de dirección y saltó sobre el lado del edificio, usando la pared para frenar su descenso, aterrizando en un callejón. Yuna todavía estaba agarrándose fuerte.
El resto de los Guardianes estaban abajo esperando por él. Lo había engañado. No debió haberla subestimado; había ayudado a entrenarlo después de todo. Sabía sus tácticas tan bien como él conocía las de ella.
Las cadenas volaron hacia él. Una de las cadenas, con un gancho de agarre colapsando en el final, perforó la muñeca de Hyunjin y se expandió una vez que atravesó su piel. Hyunjin, incapaz de sacar el anzuelo, tiró de la cadena y envió al cazador sosteniéndola cayendo hacia adelante.
Golpeó a una cazadora, enviándola al grupo. Ellos se dispersaron.
Una estaca golpeó a Hyunjin en su pecho, fallando de llegar al corazón por pulgadas. La empujó fuera. Entonces saltó de vuelta al techo, llevando al cazador de la cadena con él. Una vez que estuvo arriba, tomó la cadena de plata, ignorando el dolor de sus ardientes manos, y rompió un eslabón.
Yuna sacó el anzuelo, tirándolo a un lado.
Contornos de luz verde aparecieron alrededor de ellos, mientras Chan y el resto de los Guardianes se teletransportaban sobre el techo. Hyunjin se fue antes de que ellos aparecieran, regresando a los clubes. Hacia los humanos. Con más de siete mil millones de ellos sobre el planeta, ningún vampiro ni íncubo podría arriesgarse a ser descubierto. Entrar a un área atestada podría detener el ataque. Al menos hasta que los cazadores levanten velos y despejen a los transeúntes.
Hyunjin necesitaba un mejor plan, pero no conocía esta ciudad y solo puede correr hasta que el sol aparezca, lo cual estaba, afortunadamente, faltaban muchas horas.
Un cazador apareció a su lado. Hyunjin lo pateó en el pecho, enviándolo volando lejos. Otro apareció cerca y lazó un puñado de cuchillos hacia él. Evitó dos y uno se hundió en su antebrazo. Lo empujó fuera mientras corría lejos y lamía la herida para acelerar la curación.
—Ve ahí abajo— Yuna dijo y señaló hacia un callejón.
Hyunjin siguió su instrucción. Edificios y contenedores de basura pasaron borrosos alrededor de ellos hasta que llegaron a un callejón sin salida.
—Arriba—ella dijo.
Hyunjin escaló las paredes de ladrillo estuvo devuelta en los techos. Milagrosamente no había cazadores en este techo, pero Hyunjin podía sentirlos cerca. Lo que había sido un solo equipo de cazadores eran ahora cinco equipos. Sintió que íncubos se acercaba en autos, pero probablemente ellos no le darían caza hasta que estuvieran seguros de que ningún transeúnte pudiera verlos. Una de las desventajas de vivir en una gran ciudad como un íncubo era que no podrían volar a menos que se levantara un velo.
—Muévete más rápido—ella dijo, pinchándolo en las costillas. —Pasa dos edificios desde aquí, en la calle.
Él presionó poder a su velocidad e hizo como ella le dijo. Terminó en una calle lateral angosta y vacía, llena de casas adosadas.
—Ahí. Esa. Él dueño murió la semana pasada, —dijo apuntando a una casa sin luz.
Él rompió la puerta con un empujón y la cerró lo mejor que pudo. El interior estaba oscuro y lleno de cajas de mudanza.
—No tenemos mucho tiempo antes de que nos encuentren, unos pocos minutos tal vez. Ellos tienen rastreadores— él dijo mientras la bajaba.
Yuna tiró de la bufanda en su cuello y la envolvió alrededor de su boca y su nariz, la cual estaba roja por el aire frío.
Él sintió a los cazadores pasando cerca, pero ninguno se detuvo.
—Sé que quieres que te salve, pero no estoy seguro de poder sacarme a mí mismo de esta situación. Podría tener que pelear, y una vez que empiece es difícil parar hasta que esté... satisfecho.
Ella asintió en acuerdo.
—Necesitamos darles un objetivo más importante que nosotros para distraerlos.
—Estoy abierto a sugerencias.
—Tengo una idea. —La ropa se derramó de su bolsa de lona cuando la abrió y buscó algo. Sacó una daga. Estaba adornado con un mango de oro y un intrincado diseño grabado en la hoja.
—¿Viste esa alta construcción a tres cuadras al oeste de aquí? La que tiene el techo plano. —
—Sí.
—¿Puedes llevarnos al techo? Hyunjin negó con la cabeza.
—Estaremos demasiado expuestos. Los cazadores estarían sobre nosotros y los íncubos pueden volar. Seré derribado ahí.
Yuna metió la daga en el bolsillo de su chaqueta antes de tomar las manos de Hyunjin y sostenerlas en sus manos enguantadas.
—Te doy mi palabra de que esto funcionará.
—No te conozco lo suficiente para confiar en tu palabra, Yuna —.
—¿No fue eso lo que Jeongin te dijo? —
Los ojos de Hyunjin se agrandaron. Ella estaba en lo cierto. Jeongin lo había dicho la noche en la que ellos se conocieron... la noche en la que Hyunjin había sido capturado. ¿Cómo en el infierno ella sabía eso?
Yuna apretó sus garras.
—¿Qué habría pasado si tan solo él hubiese confiado en ti? ¿Si el íncubo hubiese confiado en ti?
Hyunjin miró lejos de ella. Sus palabras quemaban. Él fue la mierda de todo, le gustaban los íncubos tanto como los odiaba. Al principio, no era nada más que un prisionero, pero con el tiempo él llegó a amar su compañía. Los íncubos eran criaturas sociales, y él no era la excepción.
Le gustaba ir a las fiestas: bailar, platicar y ser aceptado como uno de ellos. Incluso disfrutó pelear por ellos, y joderlos, y, en las raras ocasiones en las que se lo permitían, probar su sangre. Anhelaba ser parte de eso otra vez, pero ya no era una opción disponible para él. El Gran Rey decidió que él no era realmente uno de ellos – que él no era nada más que un arma para ser usada.
Y ahora estaba solo otra vez, con solo Kkami para hacerle compañía.
—Les habría servido—, él admitió. Habría sido leal, si tan solo ellos hubiesen confiado en él, sin importar que fuera un no muerto.
Ella tiró gentilmente de las garras de Hyunjin y las empujó más cerca a su cuerpo, entonces bajó la bufanda que tan cuidadosamente había colocado sobre su cara hace unos momentos.
—Dame una oportunidad y confía en mí—.
—De acuerdo—Hyunjin dijo después de un momento. —Pero al menos dime qué eres.
Ella se puso de puntillas para besarlo en la mejilla, solo un pequeño beso, y susurró en su oído.
—Soy un oráculo. Y he visto tu futuro, Hyunjin—.
Por fin el reencuentro de Hyunjin y Jeongin, que creen que pase??
Que les parece la aparición de Yuna??