[N]
Ahora mismo quisiera estrangular algo; o a alguien. ¿Por qué no vienes aquí, Zeus?
Bien, mejor que no.
Avanzo disimuladamente hasta la puerta, llevando a Jason casi a rastras conmigo.
En eso, Annabeth se introduce en la Casa Grande, dándome la impresión de que ya está enterada de que su madre está relacionada con esto.
Se sienta al lado de Percy, con el que parece murmurarse un par de cosas.
—Nico, vas a romperme el brazo. Cálmate—me dice Jason con un resoplido.
—¿Calmarme?—gruño—, hay una profecía y Aimee, la chica nueva, irá a la misión. ¿Te parece poco? ¿¡De qué te ríes!?
Jason me da una mirada mitad orgullo y mitad diversión. Me apresuro a callarlo.
—No, ni te atrevas a insinuar algo que no es cierto.
—¿De qué hablas? Nico, pareces nervioso...—canturrea reprimiendo una carcajada.
—¿Sabes qué? No se puede contigo. ¿Quieres poner en riesgo a tu media hermana? Bien, en tu consciencia recaerá—pruebo una técnica diferente tratando de zafarme de esta absurda conversación, que lamentablemente he iniciado yo.
—Oh, vamos, Nico. ¿No crees que estás algo paranoico?
—Uh, sí, creo que estoy siendo algo exagerado... ¡No te rías, maldición!—Suelto lo último demasiado alto, por lo que todas las personas en la habitación voltean hacia nosotros.
—Jason, ¿tienen algo que decirnos?—Nos llama la atención Quirón, con un tono que lo único que logra es darme ganas de pedirle silencio.
—Planeamos una estrategia—se me escapa y hago lo posible por no reír.
Percy y yo hacemos contacto visual por unos segundos y miro en él una risotada reprimida.
Me hace un gesto con la mano, insinuando mi decapitación. Me río interiormente.
—¿Pueden ser serios ustedes dos?—Truena la voz de Thalia. En seguida siento un estremecimiento que me pone los pelos de punta. Compartimos una mirada fulminante por lo que parece una eternidad. Aimee se interpone entre los dos, parando en seco nuestra masacre mental.
—Quirón, ¿puedes seguir explicándonos la profecía?—Dice con tono urgente. Agradezco su interrupción y me propongo poner atención a la explicación de nuestro maestro.
—De acuerdo. Como decía... el día de la llegada de Aimee al Campamento, recibimos un mensaje del Olimpo; un mensaje del mismísimo Ares, Dios de la Guerra.
Todos vemos cómo saca de uno de los bolsillos de su chaqueta color caqui un pequeño rectángulo que parece ser una tapa, bueno, cuadrada.
La deja en el centro de la mesita que tiene en frente y presiona un botón que hace que un holograma se levante. Al instante un resplandor rojo aparece, seguido de la cara del Dios de la Guerra; porta sus lentes color rojo y su respectiva toga griega. Parece tener prisa, pues no hace sus típicos comentarios de Dios Supremo, entonces comienza a hablar:
Necesito sus oídos, mortales dignos de la presencia holográfica de un Dios...—está bien, habría sido raro no escuchar ningún comentario como ese—, se avecina el acontecimiento más importante para la nueva descendiente de Zeus; habrá que resolver un problema, como siempre. Dos poderosas diosas han sido capturadas. Las diosas Niké y Afrodita—todos somos conscientes de la alteración en su voz al mencionar a la última— han sido tomadas por un antiguo aliado, que ahora se ha puesto en contra nuestra; un ejército de cíclopes liderados por Eris, la Diosa de la Discordia, han decidido iniciar una nueva revolución en la que es posible sólo una Diosa logre su libertad. Zeus espera actúen con la indulgencia necesaria y cumplan con sus deberes como es de espera: eficazmente. El plazo para esta misión es dentro de 15 días, justo al llegar el solsticio de invierno, el momento en el que Hades baja la guardia respecto a la seguridad del Tártaro. Si no consiguen regresar a tiempo con ambas Diosas, Zeus descargará su furia y se iniciará una guerra entre monstruos y Dioses, donde los mortales estarán de intermedio. Les deseo suerte, y bueno... es pan comido. No me decepcionen.
Con eso, el mensaje termina.
Todos nos giramos hacia Quirón. Thalia es la primera en hacerse escuchar.
—Si son Dioses, ¿por qué no pueden rescatar a ambas Diosas? Después de todo, sólo son cíclopes.
—El problema, Tannia, es que Eris es hija de Nix, la gran Oscura Noche. Ha dado un par de hijos como Ponos[1], Lete[2] y Algos[3], entre muchas horripilantes cosas para los mortales—inicia Dionisio, suspirando—. Hay una antigua historia: Tanto los dioses y diosas como diversos mortales fueron invitados a la boda de Peleo y Tetis (que luego serían padres de Aquiles). Sólo la diosa Eris no fue invitada debido a su naturaleza problemática. Así que Eris apareció en la fiesta con la Manzana de la Discordia, una manzana dorada con la palabra kallisti[4] inscrita, que arrojó entre las diosas provocando que Afrodita, Hera y Atenea la reclamasen para sí, iniciándose una riña. Zeus, para no tener que elegir entre las diosas, puesto que una era su esposa y las otras dos eran igualmente olímpicas, encargó ser juez a Paris. Entonces Hermes le transmitió al desventurado Paris, príncipe de Troya, que tendría que elegir a la más hermosa. Siendo como era la moralidad mitológica griega, cada una de las tres diosas intentó sobornarle para que la eligiera: Hera le ofreció poder político, Atenea le prometió destreza militar—escucho a Annabeth lanzar una exclamación, y el señor D prosigue— y Afrodita le tentó con la mujer más hermosa de la tierra, Helena, esposa de Menelao de Esparta. Siendo Paris un joven apasionado, y aunque no se sabe cuánto tiempo meditó sobre la cuestión, terminó por conceder la manzana a Afrodita, raptando luego a Helena y provocando así la Guerra de Troya.
—¿Y eso qué tiene que ver con Niké?—Le interrumpe Percy, claramente perdido en todo el lío que conlleva entender el principio de una profecía.
El señor D le lanza una mirada furibunda.
—Es obvio, Percy—comienza a explicar Annabeth en lugar del señor D—, Eris provocó, de una manera u otra, la Guerra de Troya. De ésta, surgió la rivalidad palpable entre Afrodita, Hera y Atenea. Por haber perdido, Hera y Atenea, siendo también de gran influencia en la toma de decisiones del Olimpo, han de estar de acuerdo en darle mayor importancia a la salvación de la Victoria, o sea, de Niké. Por su parte, Dioses como Ares o Hefesto estarán dispuestos a defender a Afrodita, y dado que Eris está consciente de toda esta disputa, ha de haber puesto muy bien resguardadas a las dos Diosas capturadas en lugares distintos. Podría jurar que una está al otro lado del mundo que la otra.
—¡Ahí está! Johnson, aprende de tu novia—aplaude Dionisio, a lo que Percy sólo sonríe, embobado por las habilidades e inteligencia de Annabeth. Yo sólo espero que me lo den resumido.
—Entonces... si no regresamos a ambas Diosas, ¿habrá guerra dentro, o fuera del Olimpo?—Pregunto.
—Es posible que haya dentro. Entonces Eris puede aprovechar y sacar a sus hermanos del Tártaro sabe Hades cómo, y entonces... será tarde para los Olímpicos defenderse. Puesto que quizá Eris tome la discusión interna del Olimpo como distracción—concluye Annabeth.
—Excelente. Entonces... ¿cómo haremos para salir vivos de ésta?—Jason. Todos guardamos silencio un momento, posiblemente maquinando un plan imposible.
—Primero lo primero. ¿Quiénes irán a la misión?
—Seremos Percy, Annabeth, Aimee, Jason, Nico...—Thalia me lanza una mirada para nada agradable y yo le regreso el gesto—... y yo.
—Annabeth dice que es probable que tengan a las Diosas separadas. Tendremos que dividirnos.
—No—comienza Annabeth de nuevo— lo mejor es decidir a qué Diosa salvar primero. Propongo que a Afrodita.
—¿Qué pasa con Niké?
—Obtener la victoria no siempre es primordial.
—Estás hablando como una chica enamorada. El amor no lo es todo tampoco—reniega Thalia.
Annabeth la mira consternada.
—Está bien, ¿qué propones?—Le lanza veneno con la mirada y todos somos conscientes de ello.
—¡Dividirnos!
—¿Y si es una trampa?
Thalia se queda callada.
—Bien, listilla, tú decide.
—Podríamos arriesgarnos a buscar en un lugar a ambas Diosas. Tal vez la hipótesis de Annabeth sea errónea—se aventura Aimee, y siento lástima por ella un microsegundo, pues Annabeth se va contra ella.
—Está bien, podemos tomar ese riesgo.
Me le quedo mirando. ¿Es en serio? ¿En qué momento Annabeth había dejado que la contradijeran?
—Está hecho, entonces. Encárguense de entrenar tanto como puedan; preparen sus armas y vayan a la Cabaña de Hefesto; asegúrense de encontrar un buen transporte—el ánimo decae notablemente cuando recordamos a Leo, pero Quirón no parece notarlo y sigue—, dentro de 10 días parten hacia el norte, de nuevo a Alaska. Es de suponer que allá donde los Dioses no tienen poder Eris haya decidido establecer dominio. Su prioridad será Afrodita, para evitar más controversia en el Olimpo; sin embargo, no se olviden de Niké; sabemos por experiencia que el resentimiento y la venganza suelen ser de mucho peligro.
Tras dar el veredicto, parece cerrar la discusión.
Mientras camino a mi propia Cabaña miro de soslayo a Aimee, bastante callada y con el rostro ensombrecido por lo que seguramente es inquietud; después de todo, es la que más requiere entrenar y la más vulnerable del grupo. Me las arreglo para apartar la mirada y llegar sin más distracciones a mi cama.
🍁🍁🍁
[1] Pena.
[2] Olvido.
[3] Dolor.
[4] 'Para la más hermosa' o 'Para la más bella'.
¿A quién salvarían ustedes?
PD. Wikipedia me ayudó un montón en este capítulo. ¿A que fue informativo? jejEJE.