En Alexandria, Gabriel estaba en la sala con el radio, escuchando las novedades que el grupo le informaba desde Oceanside.
-Los niños la encontraron junto al estuario.- dijo Aaron.- El río debe haberla arrastrado.
-¿Qué significa?- preguntó Gabriel.- ¿Regresaron?
-No sabemos. Pero Alexandria debería cerrarse, por si acaso.
-Espera.- se escuchó la voz de Michonne.- No tenemos suficientes pruebas que lo justifiquen. Mi recomendación oficial es que todos estén alerta hasta nuevo aviso...
No muy lejos, Rosita estaba en su casa junto a su bebé de ahora 3 meses de edad, Eugene y Siddiq.
Eugene no había perdido la menor oportunidad de registrar absolutamente todo respecto al bebé. Como iba creciendo, que tanto dormía, comía, no había una sola cosa de la que no llevara un seguimiento. Era como su pequeño proyecto. Rosita se alegraba por la ayuda.
Siddiq estaba con Eugene frente a una de sus tablas, hablando.
-Cinco minutos y 16 segundos. Ni más, ni menos.- le dijo Eugene.
-Entonces, si calentara la leche cinco minutos y 18 segundos...- empezó Siddiq.
-Hice que el temporizador suene precisamente a los cinco y 16, de modo que esa situación no ocurra.- respondió.- Además, me tomé la libertad de tomar nota de sus comidas y cambios de pañales. Ella es muy puntual. Felicitaciones.
Rosita se aceraba al mismo tiempo que Gabriel, solo que por distintas puertas.
-Eugene.- le dijo Espinoza.- Es una bebé, no un experimento. Las personas no se reducen a gráficos y tablas.
-No, ¿sabes qué?- dijo Siddiq.- Lo aceptaré. Quizá no lo use del todo, o para nada, pero gracias.
-Desde que cada uno recibió esos malditos radios, Eugene, este no deja de hablar.- dijo Rosita mirando a Gabriel.- Debes sacar eso de la casa.
La expresión del líder del consejo preocupó a los demás.
-Oye, viejo.- dijo Siddiq.- ¿Está todo bien?
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Lydia estaba cerca de unos cultivos tratando de practicar aikido, como Henry solía hacerlo. Había tenido que salir de la sala donde les enseñaban a los chicos como leer porque el consejo la necesitaba para una asamblea. No tuvo que escuchar mucho para saber, por sus expresiones, que tenía que ver con su madre.
Trataba de sacar su ira en su "entrenamiento", pero se sentía inútil. Antinatural. No comprendía como es que Henry podía hacerlo ver tan fácil.
Negan estaba cerca, viéndola luchar.
Desde lo que pasó con Judith, Alya pudo negociar un mejor trato. Lo dejaban salir, ayudar en la comunidad, y era relativamente mejor. Por supuesto, había siempre alguien siguiéndolo, pero al menos así podía pasar más tiempo con Merle y la castaña.
-Oye, niña.- la llamó Negan.- ¿Todo bien?
-Bien.- respondió.- Igual que hace 20 minutos.
-¿Para qué era la reunión?- preguntó Negan.- Y, ¿por qué todos te dan la mirada?
-Igual que a ti.- dijo Lydia acercándose.- ¿Qué hiciste en el pasado, en tus tantos años acá? Te he visto con Alya, pero ella no me ha dicho.
-Negan.- escuchó que lo llamaba el guardia asignado.- Vuelva a trabajar. Señor.
Negan solo sonrió del lado agachándose de nuevo con un tomate en la mano. El hombre, de no más de 23 años, miró a Lydia.
-Oye, debes mantener distancia.- le dijo.
Lydia solo se acercó más.
-Están en alerta.- le dijo a Negan, ignorando al otro.
-¿Por qué?- preguntó.
-Alguien encontró una piel.- respondió.
-¿Qué significa estar alerta?
-Has estado aquí más tiempo, tu dime.- dijo Lydia.
-Significa que te cuides, niña.- dijo Negan. Al mismo tiempo, el consejo empezó a salir de la sala de asamblea.
Le sonrió del lado a Lydia, quien solo lo miró un segundo antes de darse la vuelta y empezar a alejarse.
Los pocos que notaron que Negan estaba ahí solo lo miraron con repulsión unos segundos mientras pasaban del lado.
Negan no lo mostró, pero estaba preocupándose un poco. Alya no lo decía, pero él podía ver como le afectaron los Susurradores. Recordaba como era con las pesadillas, como algunas veces lloraba un poco mientras dormía.
No quería verla de nuevo en eso, pero egoístamente, le alegraba que esta vez él no fuera la causa de su dolor.
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Un rato después, Gabriel entró a la celda para hablar con él.
-Me sorprende que no estés trabajando, pensé que no te cansabas de estar afuera.- dijo Gabriel.
-Está comenzando.- dijo Negan.
-Mira, si tienes algo que decir, ¿puedes decirlo ya? Porque hoy no tengo tiempo. En serio.
-Gabrielito, ¿por qué no te acurrucas debajo de mí y dejas que cual ave, regurgite mi sabiduría en ese bonito y pequeño piquito tuyo? La gente tiende a confundirse en cuanto a quién odian. Ayer, yo era el enemigo público número 1. ¿Ahora? Bueno, ahora soy el tipo que recoge los vegetales y saca la basura. No me quejo. Al menos, por ahora. Pero hasta que todo esto pase, voy a mantener la cabeza baja para que no me pasen de la categoría "semi-nosotros" a la categoría "ellos".
-Eso no es lo que está pasando.- argumentó Gabriel.
-No dije "está", dije que pasará.- siguió Negan.- Verás, el coco acaba de asomar su desagradable máscara de piel desde atrás de la puerta del closet. Y la gente vuelve a ponerse los pantalones cagados. Porque cagarse en los pantalones es lo que va a suceder. Ahora, con este alerta yo solo veo falta de decisión. En tu lugar, los haría sentir seguros, aunque sea en apariencia. No es como que tengas un tipo siguiéndome a todos lados, todo el día, con una lanza por si de pronto decido descerebrar a alguien con un tomate.
-Así que, me dices que mienta.- dijo Gabriel.- ¿Ese es tu consejo? ¿Esa es tu regurgitada sabiduría?
-No, no digo mentir. Como mucho, me refiero a una omisión estratégica. Quizá un poquito engañosa.- respondió Negan.- Pienso que es como usar la verdad para manipular. Pero, carajo, si al final de día eso mantiene a la gente con vida, entonces ¿qué tiene de malo?
Gabriel solo suspiró llevándose la mano a la frente.
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Después de salir de la celda, Gabriel caminaba por la entrada comunidad mientras el sol comenzaba lentamente a bajar. Sabía que no podía no hacer nada ahora.
-Traben los portones para la noche.- empezó a indicar.- Y dupliquemos la seguridad en los muros.
Apenas terminó, un estruendo proveniente del cielo hizo a todos voltear.
Subieron la mirada distinguiendo algo entrando en la atmósfera, y un segundo después Eugene empezó a correr.
Lo más rápido que pudo llegó a casa de Rosita y Gabriel, dirigiéndose a la radio.
-Alexandria a Oceanside.- empezó acelerado.- Adelante, Oceanside. Por favor, respondan.
-Aquí, Oceanside. Habla Rachel.
-Soy Eugene. Debo hablar con Alya Grimes y cualquier líder de la comunidad, ya mismo. Algo de mucha importancia está por suceder.
OCEANSIDE
El bosque estaba en llamas.
Alya estaba preparándose, era buena empezando incendios, no apagándolos. Pero ahora no tenían opción.
Tenía la teoría de que había sido un satélite lo que cruzó, era bastante posible, pero no estarían cien por ciento seguros hasta verlo. El problema es que había caído en la frontera, y tenía que cruzar si no querían que se extinguiera.
Alya ni siquiera había tenido tiempo de hablar con Carol, quien había regresado de su viaje en bote. Estaba a su lado al igual que Michonne y Daryl con unas mochilas de metal llenas de agua. Alrededor había gente reunida, preparándose.
Los niños estaban a salvo, lejos.
-¿De verdad haremos esto?- preguntó Aaron acercándose.
-Debemos irnos ahora.- dijo Carol.
-¡Andando!- indicó Alya siendo la primera en avanzar y cruzar la frontera.
El fuego estaba subiendo por los árboles, demandando lo que era suyo. Había varias zonas, algunos estaban cavando para crear círculos que eviten el paso del fuego. Magna, Connie, Yumiko y Aaron entre ellos.
Otros estaban constantemente en el fuego. Alya, Daryl, Carol, Logan, Michonne, Cyndie. Si dejaban que se extendiera, no solo podría acabar con el área de caza, sino con todo Oceandise.
Sentía el calor abrazándolos, haciéndolos sudar, cansándolos el doble de rápido.
Había personas por todos lados, acercándose de la comunidad y moviéndose en todas direcciones. Pero incluso entre el desastre, había orden.
-¡Atrás!- indicó Aaron a su grupo.- Hagamos una quema controlada para evitar que se extienda.
-¡Encendámosla!
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Así siguieron, todo la noche. Alya apenas notó cuando el sol salió, el fuego seguía sin poderse extinguir. Las personas cargaban cubetas de agua del mar y arena, lo que podía para lanzarle encima.
Todos estaban exhaustos, nadie había tenido la oportunidad de tomarse ni el mínimo descanso. Sus pies dolían, sus brazos, piernas, manos. Algunos afortunados tenían que irse debido a la inhalación de humo, pero incluso eso dolía.
-No me queda más agua.- avisó Alya después de Carol y Daryl.
Pronto, Cyndie y Michonne se verían en la misma situación.
Unos cuantos caminantes se empezaban a acercar desde atrás, esta vez un pequeño grupo, no los solitarios que habían estado acercándose durante ese tiempo, así que tenían que encargarse.
-A.- escuchó que Logan la llamaba.
Al voltear vio el grupo, luego uno de los habitantes se acercó con una carreta con las armas de todos.
Ella se acercó al igual que Daryl, Michonne, Cyndie y Logan.
Los arqueros se encargaron del primer par, pero luego vieron que lo que se aproximaba no era un pequeño grupo.
Una horda entera se empezaba a acercar a la comunidad.
-¡Hay demasiados!- escucharon.
Alya tomó su espada y empezó a acercarse, Logan se mantuvo a su lado.
Todos pelearon, los que no estaban tratando de apagar el fuego se empezaron a acercar para ayudar con los caminantes. No podían arriesgarse a que los muertos llegaran al fuego, ya que no los mataría, solo los haría más difíciles de eliminar.
Alya tenía una decena de cadáveres cortados a sus pies cuando escuchó un gruñido. Volteó, pero alguien más se encargó del caminante.
Al ver a Laura a su lado sonrió ligeramente. Alexandria había llegado al rescate.
Volvió la mirada al frente para seguir en lo suyo hasta que escuchó la voz de Eugene.
-¡Todos aléjense ese árbol!- les advirtió.- Caerá en cualquier momento.
Alya volteó, no estaba tan lejos, pero si fuera del área de peligro. Daryl en cambio estaba más cerca.
El arquero había cambiado su ballesta por un hacha grande, al oír la advertencia de Eugene empezó a regresar, pero luego se detuvo un segundo.
Identificó al árbol, el fuego lo había atacado en el tronco y pronto tendría que caer, así que él tomó su hacha con fuerza y la lanzó.
Esta impactó con la fuerza suficiente en el árbol y lo hizo caer, acabando con media decena de caminantes.
A pesar de la continua pelea, el fuego duró un par de horas más.
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Cuando solo quedaron cenizas, los sobrevivientes estaban ayudando a transportar a los heridos; a quien estuviera demasiado débil.
El gris manchaba todo el bosque cercano, y a pesar de que no era un buen color se sentía mucho mejor que el rojo.
-¡Vamos, guarden y vámonos!- indicaba Michonne, Eugene estaba con el satélite.
-¡Vamos!- la apoyó Aaron.
-¡Eugene, vamos!- indicó Michonne.
-Necesito 20 minutos.- pidió Eugene.
-Tienes cero, debemos irnos ¡ahora!
-Solo diez.- dijo Eugene.- Debemos excavar y transportar este satélite a los vehículos. Puede haber invaluables consecuencias tecnológicas para nuestras comunidades si logro recuperar partes útiles del interior. No pido...
-¡Dios mío!- dijo Michonne cansada.- Yumiko, Luke, Magna, vengan a ayudar con el satélite, cinco minutos y nos vamos.
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Alya estaba caminando con Carol, solas.
Después de asegurarse que todos estuvieran bien, Carol le pidió que la llevara al acantilado.
-Me hubiera gustado encontrarte en otra situación.- decía Alya mientras se acercaban.
-Sí, al menos podemos quitar "apagar incendio" de nuestra lista.- dijo Carol mientras avanzaban.- Siempre fui mejor para empezarlos.
-Lo sé.- dijo Alya, ya había cruzado la frontera, al menos podían ver si la horda seguía ahí.- ¿Cómo te sientes?
Carol la miró un segundo antes de responder.
-Estar en el mar ayuda.- respondió.- La rutina.
-¿Te vas a quedar más tiempo?
-¿Quieres que me quede?
-Quiero que tu estés bien.- dijo Alya.- Por supuesto que quiero que estés en casa, pero no voy a presionarte para quedarte si no estás lista.
Carol sonrió del lado, Alya la miró curiosa.
-Siempre has entendido mis decisiones.- señaló.
-¿Entenderlas? No siempre, pero si necesitas apoyo, sabes que cuentas conmigo.- dijo Alya.
-Cuando te fuiste...- recordó Carol.- ¿Sentiste lo mismo que yo cuando me fui de Alexandria?
-Creo que sí.- respondió.- Tal vez no exactamente lo mismo, pero entendí porque lo hiciste. Al menos esta vez sé donde estás.
-Si no tuvieras a Merle, ¿irías conmigo?
-Tal vez.- respondió.- No creo que soporte más de unos meses, pero debo decir que extrañaba el mar. Nuestra casa daba directo a la playa y todos los días Merle quería ir. Incluso cuando se acercaba el invierno y el agua empezaba a enfriarse más, él seguía yendo...
Se detuvo, habían llegado a la cima del acantilado. Empezaron a acercarse, pero incluso antes de que se asomaran por completo no sentían el olor, ni oían los gruñidos.
-Desapareció.- sentenció Alya.
Ambas se tomaron un momento, mirando al vacío.
-Daryl quiere que me quede.- dijo Carol.- Si no tuvieran a Merle, le pediría que huyéramos juntos, adonde sea. Aunque probablemente ni siquiera sin él accedería.
-No, no lo haría.- reconoció Alya mirando el paisaje.
La apreció un segundo y luego se dio la vuelta para empezar a alejarse del acantilado.
Sabía que el pequeño paréntesis que habían tenido estos meses se había cerrado. Las cosas pronto saldrían a la luz y sería imposible seguir evadiéndolas.
Se acercaban días difíciles, podía sentirlo en sus venas, así que decidió disfrutar un poco de la paz que quedaba.
Carol estaba a punto de darse la vuelta para empezar a alejarse, pero vio algo en una colina al otro lado del acantilado. Vio a alguien.
Pronto reconoció a Alpha, quien subió la mirada y la vio directamente.
Carol le sostuvo la mirada sin miedo.
Tal vez ya no quedaba paz que disfrutar.