Llamas Sobre Hielo

By Ks_Queen27

34.4K 2.5K 9.1K

Shiara, una chica de 18 años de edad; la cuál desde pequeña su mayor sueño ha sido ser la mejor patinadora ar... More

LLAMAS SOBRE HIELO©
CAPÍTULO 01
CAPÍTULO 02
CAPÍTULO 03
CAPÍTULO 04
CAPÍTULO 05
CAPÍTULO 06
CAPÍTULO 07
CAPÍTULO 08
CAPÍTULO 09
CAPÍTULO 10
CAPÍTULO 11
CAPÍTULO 12
EXTRA: UN PASATIEMPO
CAPITULO 13
CAPITULO 14
CAPITULO 15
CAPÍTULO 16
CAPITULO 17
CAPÍTULO 18
CAPITULO 19
EXTRA: UN NUEVO AMOR
CAPÍTULO 20
CAPITULO 21
CAPITULO 22
CAPÍTULO 23
CAPITULO 24
CAPÍTULO 25
CAPÍTULO 26
CAPITULO 27
CAPITULO 28
CAPITULO 29
CAPITULO 30
CAPITULO 31
CAPITULO 32
CAPITULO 33
EXTRA: LA NERD Y EL TONTO CHICO CURSI
CAPITULO 34
CAPÍTULO 35
CAPÍTULO 36
CAPÍTULO 37
CAPÍTULO 38
CAPITULO 39
CAPÍTULO 40
CAPITULO 41
CAPÍTULO 42
CAPITULO 43
CAPITULO 44
CAPITULO 45
CAPITULO 46
CAPÍTULO 47
CAPITULO 48
CAPITULO 49
CAPITULO 50
CAPITULO 51
CAPÍTULO 52
CAPÍTULO 53
CAPITULO 54
CAPÍTULO 55
CAPÍTULO 56
CAPÍTULO 57
CAPITULO 58
CAPÍTULO 59
CAPÍTULO 60
CAPITULO 62
CAPÍTULO 63
CAPÍTULO 64
CAPÍTULO 65
CAPÍTULO 66
CAPÍTULO 67
CAPÍTULO 68
CAPÍTULO 69
CAPÍTULO 70
CAPÍTULO 71
CAPÍTULO 72 (1ra parte)
CAPÍTULO 72 (2da parte)
CAPÍTULO 73
CAPÍTULO 74
CAPÍTULO 75
EPÍLOGO
AGRADECIMIENTOS

CAPÍTULO 61

284 22 178
By Ks_Queen27


SHIARA

Otro día más, eso conlleva a la misma rutina de siempre…

Ya pasaron dos días desde que Octavio y yo hicimos las paces, dos días de esa horrenda pesadilla, la cual en diferentes escenarios está haciendo acto de presencia últimamente todas mis noches.

La presión de las competencias cada día se sienten más a medida que pasan los días. Los entrenadores no dan tregua y cada día exigen más rendimiento por parte de los alumnos en la pista.

¿Es agotador?:
Sí, bastante.

¿Me arrepiento de haber venido?
Jamás.

Ya tenía una llana idea sobre lo que tenía que enfrentarme al llegar acá, y a pesar de todo me mantuve firme en mi decisión.

Porque es que lo llevo diciendo desde el inicio; amo el patinaje, es mi pasión, y estaré siempre dispuesta a  enfrentar cada prueba por más dificultosa que resulte ser con tal de llegar a la cima que anhelo alcanzar.

Prosigo mi caminata sola —ya que a medida que han ido pasando los días han bajado un poco más la guardia y ya no salimos con escoltas la mayor parte del tiempo— hasta la pista, donde me doy cuenta que soy la primera en llegar.

Hago lo mismo de siempre y me alineo en la fila imaginaria por el momento. Aunque eso no tarda mucho ya que prácticamente segundos después van llegando más alumnas empezándose a colocar también.

Esta vez tendremos que esperar a la entrenadora cabecilla (Ellen White) para que nos guíe por primera vez al ala masculina. Ya que esta vez nos toca nuevamente clases en pareja, y como la vez pasada ellos fueron trasladados hacia acá, esta vez seremos nosotras las que iremos a su encuentro.

Según dijeron los entrenadores en el último entrenamiento hoy empezaremos a montar la coreografía de la tercera ronda, ya que es ahí cuando patinaremos emparejados, puesto que las primeras dos serán como solistas.

Si no me equivoco en total son alrededor de 13 competencias, en las cuales con jurados pulcramente profesionales irán descalificando patinadores poco a poco, los cuales serán enviados de regreso a su academia anterior. Y al final los 3 finalistas pues seguirán siendo pulidos para formarse en lo que es patinadores olímpicos, aclamados y admirados por el público, yendo a competencias por todo el mundo, todo el tiempo, toda hora, hasta su tiempo de retiro. En fin cumpliendo el sueño de todo patinador.

Me mantengo en una postura recta hasta que las entrenadoras llegan alrededor de máximo tres minutos después.

Cómo siempre antes de empezar dan un pequeño sermón y nos dirigen en unas tres filas alineadas al ala masculina.

Entramos a la misma pocos minutitos más tarde, y pues me doy cuenta que todo es exactamente igual al ala femenina, por lo tanto no hay ningún detalle que deba mencionarles, por ahora.

Al llegar al punto final las filas masculinas ya están formadas alrededor, y como la vez pasada nos colocamos frente a ellos, cosa que todos nos vemos la cara uno con otros.

Alterno mi vista por las filas en busca de una persona en específico pero no veo rastro de este, mmm, extraño.

—Cómo ya todos han de saber hoy tenemos entrenamiento al junto de sus parejas una vez más —la fuerte, autoritaria y gruesa voz del entrenador Cooper, (que si no me equivoco así se apellida el entrenador cabecilla de esta ala, y curiosamente también es el entrenador personal de Octavio) truena de repente por todo el lugar, logrando así obtener la plena atención de cada alumno y hasta de los demás entrenadores presentes —Por lo mismo tanto, cumpliremos con el mismo protocolo anterior organizadamente. Nos dividiremos en grupos de tres para que así cada pareja patinadora pueda tener su debido tiempo y espacio en las pistas para entrenar de una manera más cómoda.

Y dicho esto, cada alumno va en busca de sus parejas, y ante el medio del pequeño alboroto del flujo de alumnos que se ha formado, me pongo de puntillas y estiro mi cuello intentando encontrar a Jimmy, al cual tampoco logro encontrar.

Pero pasados unos minutos después, cuando el flujo de alumnos se ha recogido un poco logro verlo en una esquina algo apartado y pensativo; como si se encontrase en cualquier otro lugar menos donde debería estarlo.

Me acerco a él sin perderlo de vista, y puedo apreciar como a medida que me acerco ni siquiera nota mis pasos. Solo lo hace cuando estoy lo suficientemente cerca de él como para darle un ligero golpecito en su hombro.

—Ey, Tierra llamando a chico sol, se te necesita para que ilumines el día —digo poniendo mis manos alrededor de mi boca formando un megáfono improvisado.

Al hacer esto Jimmy se reincorpora y su mirada recae sobre mí por unos segundos, con algo en su mirada indescifrable. Pero me desvío rápidamente de eso, cuando me fijo en su rostro todo amoreteado, parecen moretones de golpes los cuales ya empiezan a cicatrizar, pero que aún son muy visibles.

—¿Pero que te pasó? —digo con evidente asombro, el cual no me molesto en ocultar. Intento llevar una mano a su rostro pero rápidamente me aparta. Justo en el momento que la entrenadora Ellen, pasa frente a nosotros.

—Entrenadora, disculpe un momento —le habla Jimmy interrumpiendo su camino hacia donde sea que se dirigía.

Esta se detiene frente a él dejando escapar un suspiro sonoro bastante pesado, el cual se podría interpretar como uno de estrés.

—¿Qué quieres?, no tengo tiempo que perder —responde la señorita White como de costumbre algo antipática o sangrona.

—Seré breve, se lo prometo.

Vuelve a dejar escapar otro suspiro pesado, antes de darle una rápida mirada al reloj que envuelve su muñeca izquierda.

—Solo dos minutos, ni un segundo más, ni un segundo menos —dice mirándolo fijamente —habla ya que el tiempo se agota —Vuelve a decirle de una forma un poco más apurada la entrenadora a chico sol, y aún sigo sin entender que es lo que tiene para decirle. . .

Pero ahora lo que sí tengo para decir es que esperé que dijera cualquier cosa, excepto las cuatro próximas palabras que salieron de su boca:

—Quiero cambiar de pareja.

Frunzo el ceño de una manera exagerada, sin entender la situación. O sea, si entiendo el hecho de que Jimmy le acaba de pedir a la maestra que no quiere participar conmigo en la competencia, lo que no entiendo es ¿Por qué?, ¿Qué demonios pasó para que tomara esa decisión?, ¿Qué le hice?.
—Pero, ¿Por qué? —la pregunta sale totalmente espontánea de mi interior.

—Me gustaría saber lo mismo —habla la entrenadora.

Jimmy toma un suspiro profundo, y es cuando noto que tiene la mandíbula algo tensa, y sin dirigirnos la mirada a ninguna de las dos responde:

—Simplemente no me siento cómodo, no conecto con ella…

—¿Qué? —lo interrumpo aún más confundida.

—Eso no fue lo que me pareció en el entrenamiento pasado, llevo años practicando este deporte y evaluando alumnos, y en mi punto de vista conectan más que bien. Así que lo siento pero ustedes dos seguirán como están, y si esto es por alguna diferencia entre ambos espero que la solucionen ya, porque no quiero malos rendimientos dentro de la pista. Ahora si me disculpan —dice la señorita Ellen sin derecho a réplica antes de irse.

Literalmente y sin exagerar, estoy en estado shock, un nido de preguntas está plantado en el centro de mi cabeza, pero justo ahora no soy capaz de especular ninguna.

En mi mente, tratando de entender solo una pincelada de lo sucedido y algo lejana de este lugar, me doy media vuelta sobre mis pies para encarar a Jimmy, pero justo cuando hago eso siento como alguien pasa una mano sobre mi hombro apegándome un poco a su cuerpo. Y no es necesario que voltee para saber quién es, pero aún así giro levemente mi cabeza en dirección a mi  hombro izquierdo, viendo así su mano recaer sobre  mi hombro, con sus nudillos vendados.

Vuelvo a enfocar mi mirada en el chico frente a mí, notando así como su mirada recae por unos segundos sobre el chico a mis espaldas, una mirada distante, desprendiendo matices de enojo y rencor. Y sin nada más se da media vuelta largándose no sé a dónde.

—Ey, ¿Estás bien? —se posa Octavio frente a mí, agachándose un poco para quedar a mi altura.

Y no sé, pero como un torbellino a mi mente empiezan a llegar un montón de ideas, e inmediatamente inicio a atar cabos:
-Octavio receloso de Jimmy
-Octavio con sus nudillos heridos, como si hubiese tenido alguna clase de pelea
-Jimmy con el rostro agolpeado, con moretones los cuales no son recientes pero tampoco viejos
-Jimmy distante, queriendo sustituirme por otra alumna. Y fulminando a Octavio con la mirada.

Díganme loca, pero conociendo lo celoso y posesivo que puede llegar a ser Octavio todo lo uno en un solo punto: Octavio se peleo con Jimmy, y estoy segura que es porque lo puse antes que a él, tal vez le hizo alguna clase de amenaza y por eso es la actitud distante de Jimmy.

No quiero asegurar nada, sin tener pruebas que me lo confirmen, pero ahg, tengo una corazonada de que no me equivoco.

Vuelvo en sí, luego del largo recorrido por mi mente. Y fijo mis ojos profundamente en los negros como la oscuridad de la noche frente a mí, abro mi boca para lanzar una de mis preguntas pero…

—Salvado por la campana —digo en un tono de voz apenas audible para ambos, y sé que dejando a Octavio confundido le doy dos palmadas en el hombro antes de irme en busca de Jimmy.

La verdad a veces siento que estoy rodeada de puros niños…

Ya los demás grupos se encuentran marchando a sus respectivas pistas con sus debidos entrenadores, y como estoy en el grupo al cual le toca quedarse en el ala masculina no tengo que moverme a ningún lado. El problema ahora es que no encuentro a chico sol por ninguna parte.

Alejándome cada segundo que pasa de la pista, y a la vez explorando un poco lo que es el ala masculina, me pierdo entre columnas, casetas y unas que otras matas en busca de Jimmy.

Al cual unos minutos después lo veo de espaldas, sentado en una banqueta junto a la sombra que le ofrece un árbol cubierto completamente de flores rosas, notándose así algo lejano y sumido en sus pensamientos.

Dejo escapar un suspiro liviano, antes de en pasos silenciosos acercarme hacia la banca donde reposa el cuerpo de Jimmy, porque creo que todo lo demás está flotando en una nube.

Un paso a la vez… Luego me ocuparé de Octavio y sus inmadureces.

—Déjame adivinar lo que te pasa —le digo cuando me siento junto a él —Supongo que esos moretones en tu rostro están ahí por alguna pelea, una pelea que si mis cálculos y teorías no me fallan fue provocada por un pelinegro con unos profundos e intensos ojos negros —explico con un tono algo dramático al final.

—No deberías estar aquí —dice con un tono demasiado serio para mi gusto —lo que menos quiero son problemas, y tu noviecito puede provocármelos fácilmente si te ve aquí hablando conmigo.

Suelto una pequeña risa al aire, sin gracia ni sentido al escuchar sus palabras. Es entonces cuando me giro un poco en el asiento para quedar de frente a él —o bueno, al menos de frente a su lateral derecho—.

—Mira —inicio a hablar —Octavio es un chico que ha pasado por muchas malas experiencias desde que era apenas un niño inocente, experiencias que te marcan de por vida de una mala manera.  Nunca tuvo padres presentes, pero aún así siempre fue muy mimado, rodeado de lujos y riquezas, obteniendo lo que fuese que quisiese con tan solo pedirlo, sin conocer lo que es el sacrificio de ganarse algo y sin saber en realidad lo que es un “no” como respuesta. Y pues, supongo que eso lo ha llevado a ser como es; receloso, conservado, neutral y hasta un poco frío.

Hago una pausa, para tomar un suspiro y desviar un poco mi mirada a la lejanía, en un pequeño intento de esclarecer mi mente para luego continuar.

—Y no te pido que lo entiendas o lo perdones, tampoco intento justificar sus actos, porque créeme que más que nadie sé que no tienen justificaciones. Pero sí te pediré que no renuncies a la competencia por no adaptarte a las reglas, por culpa de la tonta amenaza que te hizo el pelinegro. Porque aquí todos sabemos que es mentira esa tonta excusa de que no conectamos juntos. —le doy una pequeña sonrisa sincera e inocente cuando por fin voltea a verme —Yo hablaré con Octavio, deja este problema en mis manos y no intentes devolverle el golpe para causar más alboroto ¿sí? —le propongo.

Este me sigue observando por unos segundos más, y luego, poco a poco noto como las facciones de su rostro se relajan, y una comisura de sus labios se empieza a levantar en una pequeñuela sonrisa ladina.

—Está bien, acepto tu propuesta. Pero prométeme que tu novio no volverá a invadir mi habitación para molerme a golpes —dice dándole un toque sarcástico a sus palabras. Mientras yo en cambio formo un piquito con mis labios formando a la vez una “o”, entornando un poco los ojos y frunciendo el ceño; en una expresión de sorpresa y a la vez dolor, antes de soltar una pequeña risa.

—Lo prometo. Pero deja de decir la palabra “novio”, puesto que no lo somos —digo aún sonriendo, y esta vez es a él quien le toca poner una expresión de asombro.

—¿Cómo, terminaron? —pregunta.

—¿Qué?, no, nunca hemos sido nada más que amigos —explico, y noto como Jimmy me da una mirada cautelosa y pícara a la vez.

—A pues mira que raro, porque cuando fue a mi habitación hecho un demonio recalco varias veces las palabras: “mi chica”.

—¿En serio? —digo lo primero que sale de mi boca, cuando mi corazón da un brinco de repente, y una corriente eléctrica algo acalorada me recorre todo el cuerpo. No sé si me doy a entender, es un poco difícil de explicar.

—Sí, a pesar de que fue a amenazarme y golpearme dijo cosas sobre ti que no se le diría solo a una simple amiga. Se nota que eres muy importante para él, demasiado diría. También se nota que te quiere demasiado, y no de la forma que quieres a una amiga, es un sentimiento más fuerte y más profundo.  Y supongo que quedó más que claro al recalcar una y otra vez que eres su chica, y que nunca permitiría que alguien te ponga un solo dedo encima, que incluso… incluso sería capaz de matar por ti —finaliza.

Y debo decir que quedé completamente en shock ante tales declaraciones, mi cara en estos momentos debe ser todo un poema, y ni hablar de mi pulso, los latidos desenfrenados de mi corazón y mis manos sudorosas entrelazadas unas a las otras. ¿Mataría por mí?, ¿Whatttt?. Lo siento gente, pero es que no me lo creo.

—Wow —es lo único que me sale decir.

—Volvamos antes de que nuestros entrenadores nos vengan a arrancar las cabezas —dice Jimmy antes de pararse del asiento y ofrecerme una de sus manos para que yo haga lo mismo.

—Adelántante, iré en unos minutos —le digo rechazando su mano.

—Está bien, pero no te demores. Le inventaré alguna excusa sobre ti a los entrenadores —me guiña un ojo antes de irse, yo solo le correspondí con una sonrisa.

*****  

Ya han pasado un par de horas largas desde que tuve mi plática con chico sol esta mañana, cuya plática me ha dejado bastante pensativa a decir verdad. Tanto que no estuve para nada concentrada en el entrenamiento de hoy, incluso me llevé un par de regaños de parte de Ellen, por el mismo motivo.

Ya el entrenamiento terminó, y luego de despedirme de mi compañero, el cual tengo entendido se fue directamente hacia su habitación, con el hermoso crepúsculo que se toma el cielo de Alaska camino aún pensativa, distraída e incluso cabizbaja hacia el ala femenina.

Llegando justo a la salida que divide las dos alas, alzo mi cabeza y a un par de metros frente a mí veo a Octavio mirándome fijamente, e inmediatamente nuestras miradas se encuentran ese cosquilleo se instala justo en mi estómago, no sé si de nervios o de hambre por tener un largo rato sin comer absolutamente nada. Pero fijándome en él un poco más a fondo noto que se ve agotado, su mirada y su postura lo dan a demostrar.

Tomo un gran suspiro nasal, haciendo mi mayor intento por parecer estar de lo más tranquila. Necesito hablar con él, y decidida inicio a caminar justo en su dirección, tengo que aprovechar ahora, ya que no tenemos la oportunidad de vernos cada vez que queramos.

Al estar cerca de él, en vez de posarme frente a él le paso por el lado muy cerca, tanto que nuestros brazos llegan a rozarce y sigo mi camino derecho, con esta acción dándole a entender que me siga.

Pocos segundos después escucho el sonido de sus pasos a mis espaldas, y agradezco a Dios que haya entendido mi señal, y no tuve la necesidad de devolverme y hacer otra tontería. ¿Se imaginan?, sería algo bochornoso, y eso solo me pasaría por estar “queriendo parecer pro”, recreando una escena de una peli que vi en la tele hace unos días.

Ya sé más o menos donde queda cada cosa del ala femenina de la academia Luncerbirt, al menos. Y a pesar de que no hay muchas áreas verdes, al igual que la academia de Londres, hay un lugar recreativo y un poco dinámico donde me gusta ir luego de la larga rutina de entrenamiento a pensar un poco.

Está un poco recóndito el lugar, pero han de saber que soy un poquito curiosa, y pues si no lo sabían hoy se los digo; soy una chica algo curiosa, y debido a esa curiosidad y ganas de explorar encontré ese bonito y tranquilo lugar, que estoy segura que muchas alumnas de acá aún no saben de su existencia.

Está prácticamente ubicado en las partes traseras del terreno, por donde no hay guardias, ni alumnas rondando o alguna caseta. Hay un muro, donde hay una puerta no muy grande de madera vieja, la cual abro, y detrás de esta está mi lugar favorito en toda esta academia.

Y es que esta academia no tiene nada pequeño, porque lo que ven mis ojos es prácticamente un parque, solo que sin ningún tipo de juegos infantiles. Es todo área verde; pasto, arbustos, flores y hasta unos que otros árboles ubicados en alguna parte del terreno. En fin es todo lo contrario a lo que está del otro lado de la puerta.

Pero a unos par de metros más por delante, justo en el centro hay una carpa de madera de jardín con tejado de dos aguas, muy coqueta, donde en su interior hay un sofá tipo columpio.

—¿Habrá un lugar cómo este en la otra ala? —escucho la pregunta de Octavio a mis espaldas.

—Eso tendrás que averiguarlo —digo cuando me dejo caer en el sofá/columpio.

Octavio guarda silencio, lentamente se acerca hacia donde estoy y deja caer el peso de su cuerpo a mi lado en el sofá, antes de lanzar su pregunta.

—¿Para qué me trajiste hasta aquí?.

Guardo silencio por unos largos segundos ante su pregunta, segundos en los cuales me dedico a ver el cielo, observando como la oscuridad de la noche abraza el cielo de Alaska, el cual noto como también está compuesto por algunas que otras nubes negras.

—¿No hay nada que quieras decirme antes? —contraataco con otra pregunta.

Este dura alrededor de 5 segundos antes de responder, como si estuviese pensando algo —No —responde sin más.

—Seré breve, ya que no quiero causarte problemas con los de seguridad —digo, aún con mi mirada puesta en el cielo Alasqueño, el cual a medida que pasan los segundos se cubre más y más por nubes negras las cuales anuncian un pronto aguacero.

—No te preocupes por eso, tengo mis trucos. Tómate tu tiempo —dice simple, haciendo que desvíe mi mirada a él por unos instantes, dándome cuenta así que está con su mirada fija en el cielo, al igual que yo hace unos segundos. Pero eso no es lo único que noto, también noto como está de brazos cruzados, haciendo así que con esta simple acción los músculos de sus tríceps se remarquen un poco más de lo normal sobre el ceñido traje de entrenamiento que aún cargamos ambos.

Decido no preguntar sobre esos tales “trucos”. Y solo seguir con lo que estaba. Decidiendo no dar rodeos, y ser claramente directa.

—¿Por qué golpeaste a Jimmy?.

Y no, no crean que estoy loca, o tengo alguna clase de retraso mental el cual cause que las cosas se me olviden rápidamente. Obviamente si supongo, o más bien sé porque lo hizo, solo que quiero escuchar lo que saldrá de sus labios a continuación.

—No sabía que tu amiguito era una nena chismosa —dice con evidente sorna y a la misma vez una nota de fastidio sin siquiera voltearme a ver.

—Antes de continuar con esta conversación quiero recalcar que ya no quiero más peleas tontas entre ambos, así que por favor te pido, es más te ruego que por ambas partes intentemos ser los más maduros posibles. —dejo en claro, dándole otra mirada fugaz, la cual él me corresponde sin demostrar ninguna expresión en la misma —Dicho esto continuaré; Jimmy no tiene nada que ver en esto, no fue difícil para mí suponerlo; tus nudillos lastimados, sus moretones y la manera tan extraña de actuar de ambos e incluso tu forma posesiva de actuar cuando me veías hablar con él. Lo encaré, aunque al principio se negó rotundamente a hablar, pero luego me terminó confirmando mis suposiciones —le explico.

Escucho como suelta un suspiro pesado y sonoro, antes de responder —Bien, haré un intento de dar explicaciones por quizás primera o segunda vez en mi vida, aunque has de saber que no se me da para nada bien —hace una larga pausa, mientras yo espero ansiosa su respuesta —Lo cierto es que tengo miedo, lo cual es una de las pocas cosas que he sentido en mi vida.

Pero sus últimas palabras me toman por sorpresa haciéndome fruncir demasiado el ceño —¿Miedo?, ¿miedo de qué? —me giro en el asiento para poder verlo mejor.

—De perderte —confiesa. Haciendo que el mundo se detenga a mi alrededor, que los latidos de mi corazón vuelvan a tomar un ritmo descontrolado, y a la vez fuerte, tan fuerte que siento como retumban en mis oídos.

—Primero que nada sé que soy una mierda de persona, una mierda de persona la cual haría cualquier cosa por ti, por tu bienestar, una mierda de persona que nunca había sentido sentimientos realmente sinceros por alguien, siempre solo viviendo una vida de porquería, pero eso solo hasta que llegaste tú, y como te he dicho ya, me enseñaste lo que es sentir ese tonto sentimiento el cual le llaman "amor", y ahora soy esa mierda de persona, qué, por mas cursi que suene: ama locamente, pero solo a su manera. No me verás nunca regalando flores u ositos de peluche para San Valentín, no me verás nunca en estado meloso; poniendo apodos cursis o diciéndo un alago sin nada de morbo a cada dos por tres, pero sí me verás cuidando y protegiendo a toda costa a la persona que ame, me verás siempre poniéndola en primer lugar, por encima de todo, y siempre valorando sus derechos como mujer. Pero aún así, nada de eso quita lo mierda de persona que sigo siendo, estoy tan embarrado que podría fácilmente, y sin querer, arrastrar a la persona que esté a mi lado, por más que lo evite.

Suelta un suspiro pesado haciendo una pausa, abro la boca con intenciones de hablar pero sus palabras me detienen.

—Y es por eso que tengo miedo, y por más egoísta que suene, tengo miedo de que aparezca alguien mejor, alguien que te pueda dar todo lo que yo e incluso más, sin arrastrarte a ningún mierdero. Tengo miedo de que aparezca ese estereotipo masculino con el cual tal vez soñaste de pequeña, y al aparecer decidas, con toda la razón cabe recalcar, irte por otro camino dejándome a mí de lado. Y en estos momentos eso es algo que no me permito aceptar, porque si te llegas a ir no sabría como seguir, tal vez si me levante, pero jamás con las mismas fuerzas. Y sí, como dije, reconozco que eso suena muy egoísta de mi parte, pero lamentablemente así soy, un posesivo de mierda que solo vela por sí mismo —suelta una seca risa sin gracia —Pero otro punto que cabe recalcar es que, a pesar de mi miedo y posesión, si algún día decides marcharte lo entenderé, y no te pondré una soga en el cuello que te lo impida. Al final de cuentas cada quien es libre de estar y hacer lo que quiera, por eso existe el libre albedrío. Y por más que quiera a una persona, nunca la tendría retenido a mi lado si la otra parte no es así como lo desea.

Sé que tal vez sonaré algo repetitiva, pero una extraña mezcla de sentimientos recorre todo mi cuerpo, siendo imposible describirlos con simples palabras. También sé que ustedes creerán que estoy loca porque sus palabras suenan a posesión total, e inclusive en cierto punto algo tóxicas y mi cuerpo no hace más que reaccionar positivamente a ellas. Nunca he sido una persona a la que le guste que la dominen o hablen de ella como si fuese una clase de objeto de uso personal, pero este tipo de posesión es... Simplemente es...

No la había experimentado antes, pero he de admitir que me gustan, porque sé que lo que acaba de decir no es con la intención de que crea que soy una especie de objeto o algo así, es no sé, nuestra relación es bastante complicada, y los que la miran desde afuera no la entenderán, pero nosotros que estamos en el núcleo de ella la entendemos completamente.

Un silencio abrasador, pero no incómodo se envuelve alrededor de nosotros, este por primera vez en todo el rato que llevaba hablando gira su rostro en mi dirección, y al yo encontrarme como tonta mirándolo con atención desde hace largos minutos nuestros iris se encuentran de una manera indescriptible, profunda.

En estos momentos me he quedado como una hoja en blanco, no sé que decir, no sé que pensar, no sé como actuar. Pero aún así en mi interior como ya mencioné hay un tsunami de sentimientos, arrasando con todo a su paso. Sus palabras de alguna manera, más feroz que nunca causaron algo en mí, algo que hace que me queme el pecho, esta vez de una bonita manera.

No mido mis actos, y simplemente me lanzo a él, acunando su rostro entre mis manos y yendo a por su boca sin dudarlo, al mismo tiempo que el fuerte aguacero toma vida afuera de la carpa. No lo beso suavemente, al contrario; ataco su boca de manera feroz, pero aún así sin perder la delicadeza del mismo, de la manera que solo él y yo sabemos.

Como siempre Octavio no tarda ni dos segundos en corresponderme, poniendo una de sus manos a palma abierta sobre mi nuca, envolviendo su mano en la misma haciendo algo de presión pero no demasiada, solo en busca de profundizar el beso.

Yo en cambio me encuentro de rodillas sobre el sofá/columpio, inclinada un poco hacia delante, con ambas de mis manos apoyadas sobre los muslos de Octavio. Con cuidado de no caerme debido a mi posición, con delicadeza y de manera algo seductora voy subiendo una de mis manos por todo su muslo, siguiendo el recorrido por todo sus pectorales, tocando, palpando, sintiendo y disfrutando de lo que hoy nombro mío.

Nuestros labios se mueven uno sobre el otro al compás, y como siempre, el caliente rose de sus labios con los míos, de su lengua junto a la mía hace que un nudo se forme en mi estómago, supongo que es el dicho sentimiento de mariposas.

Octavio abandona mis labios, antes de sujetarme de la cintura, bajar una de sus manos hacia mis pompis y esconder su cabeza en mi cuello, empezando a dejar besos húmedos en el mismo, besos que me hacen ver fuegos artificiales explotando en mi cabeza. Enredo mis manos en su cabello no queriendo que pare nunca, arqueo mi espalda hacia atrás presa del estasis y las ricas sensaciones que le producen esos simples y calientes besos a todo mi cuerpo, al junto de los toques coquetos de sus manos en mis senos por encima de la tela del uniforme, la cual justo ahora me empieza a molestar.

Se me es imposible controlar el gemido algo silencioso que escapa de mis labios, cuando algo en mí empieza a latir y ese algo no es mi corazón, es mi entrepierna la que empieza a rogar atención. Estoy ansiosa de más, quiero más… Pero no hoy, no ahora, no aquí.

Con todo el pesar del mundo aparto a Octavio con delicadeza, antes de que las cosas se pongan peores, porque si sigo sé que no podré parar.

Deposito otro casto beso en sus labios en el momento que mis manos acunan su rostro y pego mi frente a la suya antes de susurrarle las siguientes palabras:

—¿Quién te dijo que no eres el estereotipo masculino con el cual soñé de pequeña?.

Al preguntarle esto noto como a los segundos una comisura de sus labios se levanta ligeramente en una sonrisa ladina, la cual me deja ver un poco de sus perfectos dientes. Y es entonces cuando decide ir por mi boca nuevamente; grave error, porque me termina llevando a la locura.

Dos semanas después...

—¿Estás bien?, ¿Nada de nervios?, ¿Todo bajo control? —Me avasalla de preguntas la entrenadora White sosteniéndome por ambos hombros.

Y está así debido a que no me he estado sintiendo bien estos últimos días y las competencias inician mañana. No sé si es el estrés de los pesados entrenamientos o que las comidas dadas no me han estado sentando muy bien, pero lo hecho es que he estado sufriendo de mareos, náuseas y rechazo a algunos olores.

Justo ahora me encuentro sentada en la camilla de hospital de la enfermería de Luncerbirt, cuando una de las enfermeras ha terminado de tomarme muestras de sangre para llevarlas al laboratorio y saber que anda mal en mí.

No los quiero asustar, e inclusive yo estoy intentando pensar que todo esto es solo estrés, pero lo cierto es que me ha pasado por la cabeza el hecho de estar embarazada, y la verdad tiene lógica, pero aún no me animo a contarle mis sospechas a nadie por miedo.

Ahaha, mentiris. Apuesto a que se estaban comiendo todo mi cuento, pero no, no hay nada de qué preocuparse, solo quería darles un susto. Lo cierto es que estoy en perfecto estado, y aquella noche de lluvia, bajo la carpa de madera entre Octavio y yo no hubo nada más que besos ardientes y toqueteos por encima de la ropa.
Pero también si es cierto que la entrenadora White está ansiosa, avasallándome de las mismas preguntas cada dos por tres, pero es porque la primera competencia está a minutos de comenzar ya. Tanto tiempo de entrenamientos fuertes hoy por fin ya empezaré a ponerlos a prueba.

La primera es hoy; como solista, yo sola en la pista, con millones de personas viéndome a través de las pantallas, y otro par de miles viéndome en vivo y directo, al igual que decenas de los mejores jurados de todo el mundo juzgando mi trabajo.

Pero la verdad es que eso ya no me para, no me acobarda. Es lo que siempre he soñado desde pequeña, y ahora, que cada día estoy un escalón más cerca de la cima, justo ahora no me voy a echar para atrás por culpa de los nervios o el miedo a fracasar.

—Despreocúpate Ellen, estoy lista y todo va a salir bien —digo con confianza.

—Sé que puedes con ello —pronuncia, dándome un apretón amistoso en un brazo, y por primera vez me da una sonrisa, aunque es de labios cerrados. Wow que milagro es este, de ver a la mismísima Ellen White ¿feliz?. —Te dejo para que termines de prepararte, en unos minutos vendré por ti —dice por último antes de darse la vuelta y salir de mi camerino.

Donde luego luego, un grupo de estilistas profesionales inician a hacerse cargo de mi imagen, al junto de las demás cuatro chicas que comparten camerino conmigo, dentro de ellas, incluyendo a la pesada y falsa de Maya López.

Continue Reading

You'll Also Like

244K 22K 45
SERIE ALMAS DESTINADAS LIBRO #1✔️ ¿Típico cliché?. Entre Laurie y Asher lo típico quedó en segundo plano, porque... Mientras el es ese chico soñad...
320K 26.1K 36
Ander Aritzmendi es misterioso y solitario. Recio abogado e implacable, en su mundo lo conocen como La Pantera de Chicago, con una reputación envidia...
14.1K 1.8K 29
»» ─────── ♡ ──────── «« ◌⸛ Gun es un estudiante de ciencias del deporte que debido a un traumático evento de su niñez, no permite que ni...
120K 7.6K 58
Aspen es un niño tímido, Eira es todo lo contrario. Aspen empezó a patinar para hacer amigos, Eira por hiperactiva. Para Aspen el patinaje lo es todo...
Wattpad App - Unlock exclusive features