Ahí estaba, intentando rearmar su vida. Fueron tres meses intensos de cuestionamientos y replanteamientos de situaciones. Sabía que lo había arruinado, que era necesario volver a pedir perdón para continuar adelante, para dar vuelta la página y seguir viviendo con tranquilidad. Ya seis meses habían transcurrido de la noche en que salió a la luz el peor error de su vida, el que tenía este nombre por las consecuencias que había traído.
-¿Estás segura que quieres hacer eso? -le preguntó su novio, sonriéndole mientras jugaba con su nuevo cabello entre sus dedos.
-Por supuesto -le sonrió de vuelta- Creo que es lo que necesito antes de mudarme a NY.
-Entonces vamos, que todo tiene que resultar bien -la besó fugazmente, para luego acomodarse en su hombro y cerrar los ojos.
-Gracias guapo -le susurró, besó su frente y se quedó mirando un punto perdido en el avión.
Su vida se había convertido en un verdadero infierno desde que había decidido contarle a Gerard sobre su embarazo. Aún no tenía el valor de sacarlo a la luz, pese a que ya estaba bordeando los seis meses y la ropa ancha no estaba siendo suficiente para esconderlo. Sabía que sería un niño, uno que de seguro sería igual a su padre, si es que se podía llamar así al hijo de puta de Gerard que se había desligado completamente del tema. En un minuto pensó en abortar, pero entendió que no podría haber cargado con esa pena toda su vida, así que prefirió mantener la situación en secreto el máximo tiempo que se permitiera.
-Gracias Matt -se despidió de su amigo, quien le había hecho un espacio en su departamento durante su visita a NY, lugar al que estaba postulando a un puesto laboral.
No quería quedarse en Jersey, necesitaba salir de ahí si quería empezar a cumplir sus sueños. El tema era complicado para su novia, Jamia, quien tenía temor de perderlo por la distancia, pero él insistía en que podían lograrlo con mucha voluntad y paciencia. Por lo menos estaba dispuesto a intentar que resultara, al igual que el nuevo trabajo que estaba seguro que lograría.
Sabía que todo esto era culpa de su orgullo, el cual en más de una oportunidad lo había hecho actuar como un idiota.
Llevaba tres meses diciéndose a sí mismo que necesitaba arreglar las cosas antes de que fuera demasiado tarde, antes que fuera imposible dar un paso atrás, pero ahí aparecía nuevamente su maldito ego a hacerle una zancadilla e impedir que caminara dos metros más sin volver a repetir la acción.
Se sentía como un verdadero estúpido. No era un chico de carácter fácil ni el más tierno del mundo, pero había sido un gran hijo de puta que no tiene excusa en cosas de personalidad.
Había conseguido un importante puesto de trabajo en una de las firmas de abogados más importantes de NJ, por tanto, no tenía problemas económicos para ayudar. Además, en un mes cumpliría los 26 años, así que era hora de que madurara de una vez por todas. No podía seguir arruinando las vidas ajenas sólo por querer mantener la suya limpia. ¿Pero cómo se supone que tenía que hacer eso?
La pareja aterrizó en el aeropuerto de Newark desde Orlando, donde se habían erradicado durante los tres meses de vacaciones de Sonny, aunque habían pasado lo mínimo allí, puesto que el chico estaba empezando a cultivar éxito recorriendo el país y tocando cada vez en lugares más grandes, con más asistencia de público, así que no le faltaba demasiado para consolidar lo que era el sueño de su vida.
Iban a quedarse en la casa de los padres del chico, con quienes vivió antes de haber decidido que se mudaría a NY con Kat, que no iba a seguir la universidad y que se centraría completamente en su incipiente carrera musical. Estaba seguro que sus padres iban a querer asesinarlo, pero era él quien tomaba el control de sus decisiones. Además, tenía el apoyo de ella, quien se había convertido en su gran compañera de vida y de aventuras.
-Creo que debería hablar a solas con mis padres de todo esto -le comentó a Kat, mientras iban en el taxi.
-No hay problema guapo -le sonrió- Quizás podría aprovechar de hacer mi primera parada, así tienes tiempo de conversar con ellos antes que quieran asesinarme por apoyarte en semejante locura.
-¿Adónde irás primero? -le preguntó.
-Daniela -suspiró angustiada- Cuando me marché no tuve tiempo de pedirle perdón ni de intentar tener una conversación civilizada con ella, así que es la que se merece primero mis esfuerzos. Además, fue a ella a quien más daño le causé.
-Te va a ir bien amor, tranquila -la pelinegro la besó en los labios.
-Eso espero -se acurrucó en su cuello, dando la dirección a la que se dirigía ella.
-¿Me llamarás cualquier cosa? -preguntó el de las expansiones, acariciado su pelito.
-Por supuesto que sí, pero confío en que todo salga mejor de lo que creemos -O al menos eso era lo que quería pensar para armarse de valor suficiente para enfrentar las situaciones.
Sonny siguió en el taxi cuando ella se bajó en la casa de los primos Iero. Había pasado este momento muchas veces en su cabeza, la cual había decidido excluir a Frank de escena, pues con él las cosas serían mucho más difíciles, aunque ya había intentado pedirle perdón antes. Además, había visto fotografías del chico, quien en tres meses había aplicado cambios en su vida que lo volvían completamente irresistible a los ojos de Kat, quien no quería verse expuesta a situaciones que pudieran romper su compromiso de no hacer sufrir nunca a Sonny.
Arregló su ya no rubio cabello, caminó hasta la puerta y tocó el timbre, nerviosa de lo que ocurriría cuando esa puerta se abriría.
-¿Sí? -preguntó Daniela, quien al parecer no la había reconocido a la primera impresión.
-Hola -la saludó, sonriendo levemente, notando que con eso su ¿amiga? se había dado cuenta quién era.
-¿Kat? -la menor estaba sorprendida.
-Lamento haber venido sin avisar, pero estoy segura que esta es la única forma de que no me cierres la puerta en la cara. ¿Podemos hablar?
-Claro, pasa -la pequeña de los Iero entró al living, hasta donde fue seguida por Katherina.
-¿Cómo has estado? -preguntó la mayor sólo para saber qué era lo que tanto angustiaba a Daniela, quien transmitía en su mirada que las cosas no estaban bien, lo cual se sumaba a su extraña despreocupación por su apariencia.
-Sobreviviendo, ¿tú? Supe que a Sonny le está yendo muy bien con su música.
-Sí, así es -respondió la ex rubia sonriendo, estaba orgullosa de su chico- Está logrando cosas magníficas, estuvimos viajando por el país todo el verano y pronto comenzará a trabajar en un disco. Tiene un futuro realmente prometedor.
-Me alegro mucho -agregó Daniela, sentándose muy lentamente en el sillón.
-¿Estás enferma? -preguntó Kat, notando el lento andar de su amiga y sus movimientos casi en cámara lenta.
-No, ¿por qué?
-Porque no te ves muy bien -respondió con sinceridad y algo que había estado oculto a sus ojos de repente llegó con claridad, casi como una revelación- Oh, mierda -murmuró antes de llevarse las manos a la boca - Estás… estás embarazada -afirmó.
-Seis meses, un niño.
-¿Gerard? -consultó la recién llegada.
-Sí, ese gran hijo de puta -asintió con angustia la de ojos avellana.
-¿Lo sabe?
-Sí, le conté apenas estuve segura de lo que estaba ocurriendo, pero el muy hijo de puta me cerró la puerta en la cara -comenzó a llorar, ante lo que Kat no aguantó llegar a su lado y abrazarla.
-Maldito bastardo -comentó. Sabía que su ex amigo era un hijo de puta, pero no pensó que llegaría a esos extremos- No vale la pena lamentarse de eso cuando tienes amigos que te apoya -intentó consolarlo.
-Nadie lo sabe Kat -la miró su amiga a los ojos.
-Entonces es hora de que salga a la luz y que lleguen los apoyos que realmente necesitas -la besó en la frente, ante lo cual Daniela se abrazó más fuerte a su visita, sin dejar de llorar.
Había sido una larga jornada llena de casos, papeles y problemas de sus clientes, pero se había acabado por fin. Ahora se iría a casa de sus padres, donde no le quedaban más de unas semanas viviendo, a disfrutar de una cerveza antes de encarar otra preocupación que últimamente no lo estaba dejando dormir.
Iba caminando por las soleadas calles de Jersey, aún quedaba algo de verano que se negaba a retirarse, cuando vio a una chica caminar en sentido contrario, acercándose a él. Algo tenía que le resultaba familiar, pero no estaba seguro, no sólo por el color del cabello de la extraña, sino por su ropa, su parada en la vida.
-Hola Gee -lo saludó la chica, esa voz era imposible de no reconocer.
-¿Kat? Dios mío, no estaba seguro si eras tú -se arrojó a los brazos de quien había sido su mejor amiga hace unos meses atrás, abrazándola.
-¡Hey, tranquilo! -sonrió ella, abrazándolo también.
-No sabes cuánta falta me has hecho. Nadie me dice mejor que tú las cosas que tengo hacer y las que no en mi vida -se separó de ella con cuidado, observándola -Estás preciosa -le sonrió, diciéndole sinceramente, sin ninguna otra intención que destacarlo -¿Qué andas haciendo acá?, ¿andas sola?, ¿cómo está Sonny?
-Tranquilo campeón -le sonrió la chica- Vamos por un café y te cuento todas las novedades de mi vida, esperando que tú hagas lo mismo con las tuyas.
-Por supuesto, vamos -sonrió alegre y comenzaron a caminar a la cafetería más cercana.
Frank venía cansado de su viaje de tres días en NY. La distancia no era larga, no se había demorado nada conduciendo, pero eso le había quitado aún más energías. Necesitaba más que nunca una buena comida, una ducha y que su cama no lo liberara en varios días.
Estacionó su auto en el garaje de la casa, el que nunca había sido usado hasta que adquirió su joyita hace un mes atrás, y se rascó el cuello, donde lucía el primer tatuaje que había decidido hacerse hace unos tres meses: un escorpión.
Bajó sus cosas, junto a su trasero, y entró a casa. Estaba todo en silencio, tranquilo, quizás Daniela había salido con Emma o estaba durmiendo en su cuarto. De seguro era lo segundo, puesto que de un tiempo a esta parte su prima se había ido apagando, pese a todos sus esfuerzos de lo contrario. Algo le ocurría, algo que no estaba compartiendo con él, pero que era evidente: Gerard la había lastimado más de lo pensando.
Entró al living y la encontró dormitando sobre un sillón, buscó una frazada para acomodarla sobre el cuerpo de Daniela.
-¿Frankie? -preguntó una voz ronca, recién despertada.
-Sigue durmiendo, chiquita -la incitó.
-No, ya desperté -sonrió levemente, sentándose con dificultad -¿Cómo te fue?
-Muy bien -sonrió orgulloso- Dentro de la semana me avisarán, pero estoy seguro que conseguiré ese empleo.
-Me alegro mucho primo -le dijo con una sonrisa amarga. Quería lo mejor para Frank, se lo merecía, pero si él se iba se quedaría completamente sola. Quizás tuviese que, incluso, volver a la casa de sus padres con la vergüenza de tener un hijo no reconocido.
-Gracias cabra chica -la besó en la frente- ¿Cómo estás tú? Luces enferma.
-Comenzaré a creerme eso -contestó la chica- Eres la segunda persona que me lo dice en menos de 24 horas.
-¿Tuviste vistas? -consultó el mayor, contento ante la idea de que Daniela al fin tuviera contacto humano con alguien, pues ni a Emma la estaba frecuentando mucho.
-Sí, vino Kat.
-¡Ah, qué bien! -exclamó sin caer en cuenta del nombre- ¿Comiste algo? Vengo muriendo de hambre, creo que pediré pizza.
-¡Qué rico! -dijo su prima, animada.
-Haré la llamada entonces -la besó en la frente, caminó hacia el teléfono de la casa y un pensamiento cayó de golpe sobre él, como si le hubiesen puesto una mochila con 30 kilos en la espalda o más. Volteó y miró a Daniela, quien seguía en el sillón- ¿Dijiste…?
-Sí, Kat está en la ciudad -lo interrumpió su prima, respondiendo.
-¡Oh! -se tuvo que afirmar del sillón cercano para no desmayarse. Se sentía mareado, pues su cerebro había comenzando a trabajar a dos mil kilómetros por hora, sumado al cosquilleo que se apoderó inmediatamente de su estómago y el peso extra que se había apoderado de su espalda.
-Frank, ¿estás bien?
-Sí, tranquila -se dejó caer en el sofá, respiró hondo y cerró los ojos. ¿Por qué se había puesto así?, ¿por qué su cuerpo había reaccionado de esa forma? Kat estaba en la ciudad… Kat estaba en la ciudad y él, ¿podría verla?, ¿quería verla? Kat estaba en la ciudad… y caminando de regreso a la casa de los Iero.