Llegar a tu corazón
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Déjame quedarme
Déjame amarte...
Déjame acercarme
Déjame tocarte
Déjame morir por ti.
Otra historia no me llena
Otro nombre no me quema
No quiero otra no.
Otra piel no me envenena
Tu silencio me condena.
Grita por favor,
Invítame a quedarme.
Déjame amarte...
***************Yahir
Los rayos de la luna se filtraban por su ventana y proyectaron de lleno en su pálido rostro, el cual desde hacía semanas siempre tenía una expresión de tristeza y anhelo. Sus ojos grises lucían como ya no era raro, cristalinos. Jugueteaba con un objeto pequeño en sus manos...
Tras intentar inútilmente olvidarse de Hermione todo ese tiempo, por fin había caído derrotado ante sus sentimientos... Y decidido a luchar por la única chica que por primera vez de verdad sentía amar.
Esa misma tarde se había atrevido a ir a buscar a McGonagall para preguntarle dónde se encontraba la castaña, consciente de que la profesora no le diera respuestas.
No había podido hablar con la directora por la tarde, sin embargo se enteró de muchas cosas relacionadas con la castaña, y finalmente Minerva McGonagall le hizo partícipe, dándole una misión.
Al amanecer siguiente se trasladaría al Valle de Godric. Sin darse cuenta se fue quedando dormido con la esperanza de verla pronto.
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Hermione se había despertado, la mañana estaba lluviosa y la neblina cubría su ventana... Bajó a la cocina y se sirvió un té.
Una angustia inexplicable la había perseguido desde la mañana anterior, cuando Víktor salió aprisa porque habían ocurrido ataques de Mortífagos en Durmstrang. Y aunque apenas comenzaba su carrera como Auror, era su deber ir a su antiguo colegio.
Víktor y Hermione se encontraban desayunando y platicando acerca de qué nombre le pondría a su bebé, pero fueron interrumpidos cuando se escuchó que alguien llamó a la puerta... El búlgaro fue a abrir y su amigo Richard entró corriendo, muy agitado; se había aparecido en el jardín, era uno de los pocos que podían hacerlo.
— ¡Víktor, te necesitamos! —exclamó el chico sin aliento.
— ¿Richard, qué pasa? —preguntó alarmado Krum.
— Mortífagos, en Durmstrang... —apenas y pudo decirlo, tenía una palidez espectral en su rostro, y varias heridas. Víktor abrió los ojos con sorpresa, Hermione en cambio los abría con terror.
— Mi hermana está ahí... —dijo Richard con voz débil y temblorosa, tomando a Krum por los hombros y viéndole con súplica agonizante.
— Rachel... —exhaló Víktor, regresándole la mirada a su amigo. La castaña comprendió que el búlgaro se iría, un sentimiento de angustia la invadió.
— Víktor... —musitó ella.
— Sabes que tengo que ir, Hermione... ¡Me necesitan! No sólo la hermana de Richard, también los demás estudiantes —asentó, él también había adquirido un color tiza.
— Entiendo, yo...También me gustaría apoyar, yo... —titubeó perturbada.
— ¡Soy Auror, es mi deber! Tu deber es protegerlo —declaró con firmeza mientras ponía una mano sobre el vientre de la castaña.
— ¡Tengo mucho miedo! —sus ojos marrones lo reflejaban.
—No te quedarás sola, sabes bien quiénes te cuidan —señaló abrazándola contra sí.
— Pero tú...—negó ella con las lágrimas comenzando a escapar.
— Volveré, lo prometo —besó su frente. Luego bajó la cabeza y dio un beso a su vientre. A los pocos minutos se marchó con Richard.
Dieron las tres de la tarde, la llovizna había cesado pero el cielo aún permanecía gris...
Hermione se encontraba en su habitación, justo cuando se estaba amarrando el listón de su vestido azul cielo, escuchó ruidos en la sala. ¡Víktor! — pensó, esbozando una sonrisa esperanzada. Pero luego se detuvo, sintió un mal presentimiento. Tomó su varita y bajó las gradas con precaución.
Junto a la chimenea estaba parada...
— ¡Profesora McGonagall, me asustó! —exclamó la chica, dando un suspiro de alivio.
— Miss Granger... —Minerva McGonagall se dio la vuelta, pero tenía una expresión fúnebre.
— ¿Ocurre algo? —preguntó inquieta la castaña. La directora no respondió pero sus labios se movían con ansiedad.
— ¿Profesora McGonagall? —repitió Hermione.
—Lo que vengo a decirle no es muy grato —por fin rompió el silencio.
— ¿Qué pasa? —dijo acercándose a su profesora.
— Debe irse —exclamó con determinación, sin mirarla.
— ¿Por qué? —se precipitó confundida, luego pensó. —Harry... ¡¿Él sabe que estoy aquí?! —chilló muy asustada.
— Eso no es importante —seguía sin ver a su alumna.
— ¿Cómo dice? —dijo con incredulidad, indignada. La profesora finalmente la vio, esta vez de frente.
— ¡Usted corre grave peligro! Voldemort, él... la quiere como rehén —dijo con voz temblorosa McGonagall.
— ¿A mí, por qué? —exclamó Hermione, comenzando a hiperventilar.
— Miss Granger, Voldemort sabe de la existencia de este bebé —señaló el vientre de su alumna, y sus ojos podían demostrar lo aterrada que se encontraba.
— ¡¿Mi bebé?! —chilló horrorizada la castaña, instintivamente sus manos fueron a su vientre y su corazón latía frenético. — ¡¿Quiere a mi bebé?! ¡Por qué! —preguntó gritando del miedo que la noticia le había causado.
— ¡Por Dios Hermione, usted está esperando al primogénito de Harry Potter! El niño que vivió — soltó con desesperación McGonagall, en realidad ella también estaba aterrorizada. En el tiempo que la había visto se encariñó rápidamente del bebé.
— Pero la Profecía dice... —comenzó aturdida Hermione, un ruido de pánico había comenzado a invadir su cerebro.
— Olvídese de esa tontería, no hay tiempo para explicaciones. ¡Debe irse! — sentenció la directora.
— Víktor... ¿Él sabe que me voy a ir con usted? — intentó tranquilizarse la castaña. La profesora de pronto volvió a adoptar esa expresión fúnebre.
— Miss Granger, quisiera que lo que le voy a decir lo tome con la mayor calma posible —terció con voz de circunstancia McGonagall.
— ¡Qué le pasó a Víktor! —exigió la chica, temiendo lo peor.
— Él señor Krum... Él está muerto — finalizó, una vez más sus labios temblaron.
— ¡NO! — negó alterada la castaña.
— Tranquilícese —le decía McGonagall, tomándola por los hombros. Hermione respiraba entrecortadamente y se había ido a recargar en la pared tratando de asimilar las palabras de su profesora.
— Creemos que el ataque a Durmstrang fue una trampa para llegar a usted — prosiguió con el tono más centrado posible. La castaña abrió desmesuradamente los ojos, impactada.
— Ve por qué debe marcharse cuanto antes —se acercó a la chica, tenía ganas de darle un abrazo; no obstante continuó manteniéndose lo más firme que podía.
— ¡¿Lo asesinaron por mi culpa?! —exclamó la castaña, sintió algo muy pesado caer sobre su alma.
— Hermione... —dijo McGonagall espantada, la castaña se alejó evitando que la directora se le acercara más.
— ¡VOLDEMORT QUIERE A MI BEBÉ SÓLO PORQUE ES HIJO DE HARRY POTTER! —De pronto se ponía a gritar viendo a la profesora, quien estaba muy preocupada. — SI ÉL NO SABE QUE LO ESPERO, Y NO PUEDE AMARLO SI NO ME AMA A MÍ. ¡ENTONCES POR QUÉ ESE MONSTRUO QUIERE A MI HIJO! — Por las mejillas de Hermione comenzaron a resbalar gruesas lágrimas, se abrazaba a sí misma a la altura de su pancita.
— No podemos perder más tiempo —pensó la directora, manteniéndose razonable. — Hermione, suba por lo que necesite. Alguien vendrá por usted — avisó con orden.
— Profesora, creí que me iría con usted... — Lo dicho por McGonagall tal vez la llevó a calmarse un poco.
— No, yo debo ir a otro lado —cortó Minerva adquiriendo una mirada seria, pero en lo profundo el miedo la estaba invadiendo.
— ¿Quién vendrá por mí? —preguntó manteniéndose.
— Draco Malfoy —respondió con circunstancia la profesora.
— ¿Cómo dijo? —inquirió la castaña, soltando un gritito como si hubiese escuchado mal. La directora no contestó pero arqueó las cejas, dándole a entender que no estaba en discusión. — ¿Por qué él? —sin embargo Hermione refutó con tono de reclamo.
— No haga más preguntas. ¡Qué espera para alistarse! — Minerva McGonagall la vio imperativamente.
— Él tiene instrucciones para llevarla a un lugar seguro —informó McGonagall, la castaña pudo percibir en ella una mirada de aliento y esperanza.
— Profesora... —exclamó Hermione, pero ya no pudo decir nada ésta había desaparecido.
Hermione entró en su habitación, se recargaba en la puerta del armario...
— ¡Víktor está muerto!... ¡Voldemort lo mató por mi culpa! —repetía llorando, se sentía tan culpable.
— Y... Quiere a mi bebé... —entre sollozos su voz tembló aún más, un vuelco al corazón y la desesperación de estar atrapada en una pesadilla.
— ¡No lo permitiré! —atajó. — ¡A Harry le puede hacer lo que quiera, pero a mi bebé NO! —exclamó con determinación Hermione abrazándose su abultado vientre.
— ¿Estás segura? ¿Tanto lo odias que no te importa si lo asesina? —intervino una conocida vocecita.
— Es el padre de mi hijo... —musitó evasiva la castaña.
— Y el amor de tu vida. ¿Por qué te engañas? —regañó cansina la voz.
— Pero él tiene a su amor, Ginny —cortó ella con ironía. — Y yo a mi bebé... ¡Que es lo más que más amo! —apretó los dientes, por ese ser estaba dispuesta a todo.
— ¡Por qué Voldemort no va por ella! —exclamó amarga, como si reclamara. — ¿No por eso Harry la alejó? ¡Porque temía que Voldemort la utilizara para llegar a él! —seguía con ese tono de reclamo, de pronto apretaba sus puños con rencor, pegándolos a la puerta del armario.
— Recuerda que aunque Harry no sabe de la existencia de su hijo, si Voldemort te secuestra y le dice... ¿De verdad crees que él no iría? — preguntó intencional la vocecita.
— ¡No, a él no le interesa! —rotundizó fría.
— Y dale con esa terquedad —bufó exasperada la vocecita. En eso una foto de la pared cercana se caía sobre la cama. La que estaba en esa foto era Lily Potter, sonriendo con el pequeño Harry en brazos. Hermione se acercó y la tomó con las manos temblorosas.
— Lily, ahora sé lo que sentiste... Este mismo temor de perder a tu bebé. ¡Por favor ayúdame!... ¡Haz que yo pueda ver nacer al mío! No permitas que le hagan daño... —suplicó mirando la foto y abrazando su vientre con su brazo libre, mientras por sus mejillas resbalaban más lágrimas.
— Sé que tengo mucha culpa... ¡Que nunca debí estar con tu hijo! De ser así nada de esto estaría pasando... —se recriminaba a sí misma.
— ¡Por favor deja a un lado tu dolor y arrepentimientos, mejor apúrate que Draco no tarda en llegar! — la regañó la vocecita, apresurándola.
—Draco... —respingó sobresaltada Hermione, no había pensado en él los últimos minutos. — No lo he visto desde la última noche que estuve en Hogwarts... —recordó nerviosa.
— ¿Y quieres verlo? —dijo maliciosa la voz. Apenas la castaña iba a protestar cuando escuchó ruidos en el jardín... bajó al recibidor y cautelosa entreabrió la puerta descubriendo que el que estaba parado frente a la entrada era el rubio.
— Malfoy... —susurró, en verdad le parecía increíble estarlo viendo.
— Hola, Her...mione —saludó tartamudeando, jugaba con sus manos con cierto nerviosismo.
— ¡McGonagall me envió! —dijo apresurado, y ponía su mano sobre la puerta por si la chica tenía intenciones de cerrarla. La castaña no lo hizo, pero en el fondo aún le causaba desconfianza.
— Tranquila, no vine a hacerte daño. Puedes estar segura —aseveró, luego reparó en el abultado vientre de Hermione.
— Ni a él... —agregó, viéndola con sus pupilas grises dilatadas. Hermione se llevó las manos a su pancita, cual la protegiera, y le lanzó al rubio una mirada desafiante.
— ¿Por qué tan desconfiada y amenazante, Hermione? —terció el chico, ella lo miró con más recelo e iba a responderle.
— ¿Ya no recuerdas tus propias palabras? ¿Lo que me dijiste la última noche de febrero que estuviste en Hogwarts? —terció intencional. Ella parpadeó quedándose callada, y de pronto como un eco las palabras resonaron en su cabeza. — Draco, en verdad te estaré agradecida toda mi vida. Sin importar todo lo malo que me hayas hecho. Sé que muy dentro de ti existe un Draco que en verdad desea cambiar —sus ojos marrones se dilataron también. El chico parecía haberse percatado y esbozó una disimulada sonrisa.
Él exhaló un sonoro suspiro. — ¿Puedo pasar? —dijo como para atraer su atención.
Ella dio un respingo, saliendo de sus pensamientos — Sí... —balbuceó y le dejó entrar.
Estando en la sala Hermione se paró frente a la chimenea y le dio la espalda. Esperando que él le explicase el plan de McGonagall. Mientras que Draco se quedaba parado cerca del sofá:
— ¿McGonagall ya habló contigo? —preguntó él vacilante, quería romper el clima tenso que se estaba dando entre ellos.
— ¿Si no de verdad crees que te hubiese dejado pasar? —acentuó con sarcasmo la castaña, sin voltear a verlo.
— Por lo visto sigues tan arrogante como siempre —terció el rubio, como reacción defensiva. Sin embargo por fin después de tanto tiempo tenerle a tan sólo a unos pasos y no poder tocarla, lo atormentaba.
— ¿Arrogante yo? ¡Mira quién lo dice! —ironizó arqueando una ceja, pero continuaba dándole la espalda.
— Sé cómo he sido contigo... Y con todos. Pero estoy intentando mostrarme tal cual soy en verdad. Sin caretas —expresó apenado, la chica regresó a verlo incrédula, pese a eso sintió que era sincero. Él la miró fijamente, se veía aún más hermosa de lo que le parecía desde hace tiempo.
— ¿Por qué McGonagall te envió a ti? —preguntó directa Hermione, no quería parecer confiada. Éste salió de golpe de su enajenamiento.
— Porque nadie sospecharía que yo te protegiera —respondió resuelto, notando el margen que estaba poniendo ella.
— Estás enterado de... —balbuceó la castaña.
— De todo —subrayó.
— ¿McGonagall te lo contó? —exhaló abriendo los ojos con sorpresa.
— La mitad.
— ¿Y la otra? —preguntó mordaz.
— Lo escuché —confesó él, encogiéndose de hombros.
— Acostumbras escuchar detrás de las puertas, ¿verdad? —ironizó la castaña.
— Me enteré por causalidad —atajó defendiéndose. Hermione arqueó la cejas con expresión de (Sí, como digas) Draco adoptó una de ofensa, sin embargo comenzó a relatarle. — Ayer fui a buscar a McGonagall para saber de ti. ¡Quería verte! —al decirlo se ruborizó un tanto pero continuó, la chica se extrañó. — Cuando iba a entrar escuché la voz de mi prima Nymphadora, le dijo a McGonagall que habían atacado Durmstrang y que a Krum... Mi padre lo había asesinado —soltó de modo abrupto, sintiendo una punzada. Ella cerró los ojos que se habían llenado de lagrimitas, sabía que Voldemort no se arriesgaría a presentarse en un lugar lleno de magos por más fuerte que se sintiera. Además como decían sádicamente los Mortífagos, eran privilegiados los que el mismo Lord Voldemort privaba de la vida.
Draco la observaba, en el fondo pensaba que no había tenido el tacto suficiente para darle esa noticia. Pero es que jamás alguien se anduvo con miramientos hacia él, y mucho menos le enseñaron a que él los tuviese hacia los demás. Tuvo el impulso de acercarse. Quería estar cerca de ella, consolarla, ser su fuerza. Hacerle saber que estaba allí y que no la dejaría... ¡Que no le importaba morir como Víktor lo había hecho!
— Sé la verdadera intención de ese ataque —comenzó, mientras se acercaba a ella con cautela e intentaba poner una mano sobre su hombro. Pero de pronto la castaña abrió los ojos, aún se encontraban cristalinos.
— Está tras de mí —exclamó, se podía percibir odio en su voz. — Pero no por ser yo, ¡qué va! Qué le podría importar a Lord Voldemort, Hermione Granger... ¡La sangre sucia! —apretó los dientes con amargura. —El rubio parpadeó incómodo. — ¡Sino por mi bebé! Porque es hijo de Harry Potter —posó su mano en su vientre y gruesas lágrimas resbalaron por sus sonrosadas mejillas.
— El señor tenebroso aún no sabe todos sus movimientos, peo nunca ha dejado de vigilar a las personas más cercanas a Potter. Unidas a él por sentimientos —informó Draco. Sentía un enorme vacío, el recordar ese tiempo que había estado a su servicio aún pesaba. La chica de ojos marrones lo miró escéptica.
— ¡Y los tuyos son muy fuertes! —se había acercado a una escasa distancia de la castaña, por algún inesperado motivo ella no se alejó. —Ese bebé es un vínculo de amor entre tú y él —dijo con tristeza, sintiendo una punzada cerca del corazón. La castaña notó su expresión y frunció el entrecejo con cierto desconcierto. — ¿Creías que el señor tenebroso no lo sabía? Sólo que no parecía serle peligroso, más sí útil para atraer a Potter... —En esos momentos la chica sentía un rencor enorme hacia el ojiverde. — Él no sabe dónde estás pero Krum sí lo sabía. El ataque de ayer no fue más que una trampa para llegar a ti —finalizó el rubio, sin darse cuenta rozó la mejilla de la chica.
— Ayer tuve miedo... ¡Pero ahora estoy aterrado, desesperado!... —La castaña se había quedado ausente, sin fijarse que el ojigris moría en el intento de tocarla.
— Después de escuchar esa Profecía. ¡No quiero que te pase nada! —susurró el ojigris, en su voz se evidenció el temor.
— ¿Cuál Profecía?... ¿La de Harry? —titubeó nerviosa, saliendo del trance.
— No, la tuya —respondió desconcertado.
— ¿La mía? —repitió como si no hubiese escuchado bien.
— ¿McGonagall no te dijo? —preguntó extrañado.
— No —negó ella.
— Olvídalo —dijo nervioso, acababa de caer en cuenta. Se alejó de ella evitando verla.
— ¡No, ahora me dices! —asentó la chica tomándolo por el brazo. La regresó a ver rápidamente pero de nuevo evitó su mirada.
— ¡Qué estúpido! —se recriminaba a sí mismo su imprudencia. La directora no le había dicho nada para no alarmarla más, y él acababa de meter la pata.
— ¡Draco! —se hizo escuchar la chica. Éste volteó por fin a verla a los ojos.
—Bien, cuando entré para hablar con McGonagall nos interrumpió la profesora Trelawney, para decirle una sarta de quejas —El rubio hizo una mueca ácida. — Siempre he pensado que está loca... Pero ayer fui testigo de algo que me comprobó que estaba equivocado. — Hermione entornó su mirada mientras lo escuchaba con atención. —Ella se puso muy rara y dijo algo que no del todo entendí, hasta que... — Él se detuvo, como si ya no quisiera continuar con lo que estaba diciendo.
— ¡Qué dijo! —solicitó Hermione, sus latidos se aceleraban, no quería entrar en pánico por pensar que tenía algo que ver con su bebé.
— Una autentica Profecía... Según McGonagall—En verdad el rubio ya no quería seguir hablando.
— ¡Y qué dice!... —La voz de Hermione tembló.
— Algo como: El fin de la era de oscuridad está cerca, porque un ser de amor iba a triunfar sobre ella... Y que provendría de quienes han desafiado las tinieblas... —relataba tratando de recordar.
— Los padres de Harry... ¡Nuevamente se refería a él! —concluyó convencida.
— No, porque en la profecía se dirige a alguien que aún no nace —contradijo Draco, y de nuevo desvió su mirada.
— Bien no puede referirse a mi bebé... —negó la castaña con una insistencia esperanzada, llevándose temblorosa las manos a su abultada pancita.
— Por favor... No quieras engañarte, sabes que sí —el ojigris parecía querer decirle que NO. Que su bebé estaba a salvo. Pero no podía mentirle.
— Por eso debemos irnos —determinó, tomándola de la muñeca.
Pero Hermione palideció y casi se desvanecía, pues estarse conteniendo el dolor de saber a Víktor muerto, la desesperación por huir... ¡Y ahora esto!
Draco la sujetó justo a tiempo, y la ayudaba a sentarse en un sillón de la sala, él se quedó parado cerca de ella. Sólo observándola mientras la castaña mantenía un silencio vacío.
El rubio quería decirle que no tuviera miedo, que no la dejaría sola. Él iba a estar ahí para ella, si se lo permitiese.
— ¿Crees que los Mortífagos y Voldemort sepan de esa... Nueva Profecía? —preguntó Hermione rompiendo el silencioso ambiente. Su voz era débil y le temblaban los labios, en ese momento estaba aterrada. — Digo, quién aparte de McGonagall y tú conocen el contenido de esa Profecía... —parecía ida.
— Bueno... —titubeó el rubio. — ¡Draco Malfoy, Goyle estaba contigo! —habló la vocecita de su cabeza. — Pero también la escuchó el frente cortada —puntualizó el Slytherin.
—Lo más probable es que a esta hora ya lo saben — dijo tratando de no provocarle más pánico.
—¿Cómo?—chilló regresándolo a ver con terror, y empezando a respirar entrecortado.
— Potter también lo escuchó, y el señor tenebroso puede entrar en su mente...
— Por eso con mayor razón debes irte... Porque el hecho le facilita las cosas. Porque el fren... Potter también sabe que estás aquí—se sentaba a su lado.
— ¿Cómo se enteró? —preguntó con voz ahogada Hermione, viéndole interrogante.
— Por Lovegood.
—¡No, ella no le diría jamás!—se precipitó convencida, poniéndose repentinamente de pie pero manteniendo desafiante su mirada en él .
— Pues no precisamente se lo dijo —el rubio arqueó las cejas sarcásticamente.
—¿A qué te refieres con "precisamente"? — la chica entornó sus ojos marrones.
—El Harrysito es toda una cajita de sorpresas —acentuó irónicamente. —Pues entró en la mente de tu amiga con Legeremancia.
— ¡Imposible! Él nunca...—Hermione abrió los ojos con sorpresa.
—Pues no te estoy mintiendo—asentó ofendido Draco, también parándose y yendo hasta la chica.
Dos Slytherin habían salido de la dirección y caminaban por un pasillo hacia la sala común de su casa.
— ¡Rayos Draco! Por qué me obligaste a salir. ¿Qué era eso tan importante que tenías que preguntarle a la vieja?—se quejaba Gregory Goyle.
— Eres demasiado lento como para comprenderlo —cortó el rubio, un tanto ausente, seguía pensando en lo que acababa de escuchar.
— Estás muy raro desde que te dio por huir de tu padre—exclamó su amigo, mientras lo escudriñó con la mirada.
—¿En serio Gregory, eres tan estúpido como para no darte cuenta de lo que han sido capaces nuestros padres? —le regresó a ver gélida mente Draco.
— A mí me da igual —dijo encogiéndose de hombros. Iban a doblar el pasillo cuando escucharon reclamos a gritos. Draco tomó a su amigo y lo empujó contra la pared para ocultarse, Goyle iba a quejarse pero el rubio lo calló.
— Silencio, escucha—dijo en susurro el ojigris.
—¿Qué le hiciste a Luna? —se escuchó una voz asustada, que reconocieron como la de Ron Weasley.
—¡Con Que No Sabías Dónde Estaba! —inquirió acusador, su voz se oyó por todo el pasillo. Esta vez supieron que se trataba de Harry Potter.
—Tú leíste mi mente...—exhaló la chica, temblándole la voz. El aludido no respondió.
—¡Eres igual de cruel que Ronald!—gritó con tono de querer llorar. El ojigris acababa de reconocer a la dueña de la voz, era Luna Lovegood. De pronto la vieron pasar corriendo muy cerca de ellos, hacia el pasillo que dirigía al lado donde se encontraban las escaleras que conducían a sala común de Ravenclaw.
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La castaña aún no se podía creer que el ojiverde hubiese sido capaz de tal bajeza. ¿Pero para qué quería saber dónde estaba ella? Tal vez Voldemort ya había entrado en su mente y le ordenó buscarla—pensó aterrorizada.
—McGonagall dijo que podríamos ir a mi antigua casa, ahora que está vacía. Sólo hay que esperar una señal de Remus —la voz de Draco la sacó de sus pensamientos. Él observaba nervioso su reloj.
—¡Estás loco, irme a ponérmeles en charola de plata! — exclamó irónica Hermione, poniendo en esta ocasión más distancia entre ellos.
— Es el último lugar donde se les ocurriría buscarte —sintió un vuelco al corazón al observar que cada vez que él se le quería acercar ella se alejaba.
— Hermione, McGonagall te envió aquí porque esta casa cuenta con hechizos mágicos que la protegían... hasta que...—Draco lentamente trataba de acercarse de nuevo.
— Hasta que Harry se entrometió— terminó amarga.
— ¡Santo cielo, Hermione! Te das cuenta que estar cerca de Potter siempre te ha hecho daño — Por fin había podido pararse frente a ella.
— Quizás tengas razón... — bajó la mirada, nuevas lágrimas brotaron de sus ojos marrones.
— Por supuesto que la tengo — se atrevió a tomarla por la barbilla.
— Nunca debí acercármele — declaró ella con un tono entre triste y resentido. Todo el amor que podía sentir hacia Harry, en esos meses se había tornado en rencor.
— Correcto — afirmó el rubio. Mientras moría entre la felicidad de estarla tocando, pues la piel de ese rostro se sentía tan suave, y contenerse ese sentimiento que a cada minuto crecía.
De pronto la chica parecía haber reaccionado y lo vio asustada.
— Si Voldemort conoce el contenido de esa Profecía, ahora más que nunca mi bebé es quien corre peligro. Y si también ya entró en la mente de Harry... ¡Sabe que estoy aquí! — exclamó, sus ojos marrones demostraban el miedo y la desesperación que la invadía. Su cuerpo comenzó a temblar, mientras por sus mejillas resbalaba el llanto.
— Hermione ¡hey, escucha! No dejaré que te hagan daño— asentó tomándola por las mejillas, ella mantuvo su mirada en él. Sus ojos grises le decían que no mentía.
— ¡Porque Te Amo!—declaró Draco, luego se dio cuenta que lo había expresado en voz alta. La chica lo miró atónita.
Él tragó saliva, Hermione seguía mirando sus ojos grises, ante tal confesión quedó aturdida.
— ¿Que tú qué? —titubeó la castaña.
— Sí Hermione, Yo Te Amo — la soltó y agachó parcialmente la cabeza, sus habituales pálidas mejillas estaban muy rojas en ese momento, y parecía no querer verla a la cara.
— Hazte la desentendida... Tú intuías que había algo más en esa extraña forma de tratarte. Y yo estoy segura que ese sentimiento no te es tan indiferente— intervino intencional la vocecita en su cabeza. La castaña no pudo objetar, era verdad, ella también comenzó a sentir "algo" que ni siquiera podía entender, por él desde la última noche que estuvo en Hogwarts. Que trataba de explicar como agradecimiento, y que todo ese tiempo lo había visto así; sin embargo ello era un impedimento más para poder siquiera intentar ver distinto a Víktor.
— Por eso vine, por eso no me importa los riesgos que implica ser tu guardián — dijo el ojigris, por fin atreviéndose de nuevo a verla.
— Draco... si asesinaron a Víktor para llegar a mí. Entonces tú también corres peligro si estás conmigo —exclamó sin aliento Hermione. No sabía qué decirle ante su confesión.
— ¡No me importa! — exclamó rotundo. — Sólo quiero estar cerca de ti, y de tu bebé — susurró acercándose peligrosamente a sus labios, tanto que ella pudo sentir su aliento sobre la piel de su rostro.
— Yo... — La castaña cerró sus ojos, pero él repentinamente se apartó. Ella volvió a abrirlos, desilusionada, de una manera sorprendida con sus propias emociones. ¿Quería que la besara?
— Sé que no puedes pensar en el amor que no sea a tu hijo—Draco señaló consciente. Ella posó la mano sobre su vientre, y bajó la mirada.
— No pensaba decírtelo por ahora... Pero ya lo sabes, estás segura de que no permitiré que te pase nada— De sus ojos grises brotaron lágrimas. — Déjame morir por ti...—exclamó muy cerca de ella, Hermione no se contuvo más y lo abrazó.
Draco se sorprendió, su corazón latió muy fuerte y la abrazaba como si se le fuese la vida en ello.
Hermione no podía pensar que había alguien tan dispuesto a dar la vida por ella y un bebé que ni siquiera era de él. Más cuando ese alguien hasta hace unos meses la odiaba.
Se escuchaba un chirrido en la puerta y una fría ventisca entró en la sala...
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Hello, muchas gracias por su tiempo para leer y sus comentarios, en verdad me animan mucho.
*KimYelfPotter
01/10/21