Flotando, sintiendo solo mi respiración y el sol sobre mi lomo, estaba sobre las olas invisibles meciéndome, conectándome con mi cuerpo, buscando el equilibrio suavemente mientras me deleitaba con la dulce música proveniente del niño de mis ojos.
Y de pronto: un chirriante violín me rompió los tímpanos.
- ¡Ah....! ¿Qué te pasa? - le preguntó Jungkook tumbado en su cama, disfrutando del concierto privado al igual que yo - ¿Quieres morir?
- ¡Demonios! No sé me pasa, no me puedo concentrar.
Jeon se paró de un salto. Luego estiró sus brazos, pegó un bostezo y caminó hacia Jimin para cogerle de los hombros.
- Tranquilo, te hace falta un buen masaje de tu amigo... - de repente puso una cara rara y apretujó a Jimin hasta hacerle soltar un quejido - ¿Tienes un hombro de acero? Estas muy tenso. Cálmate.
- Estoy calmado - gruñó - Pero me estás haciendo daño.
Jungkook soltó un bufido cargado - Más daño me hacen a mí estos días.
- ¿Qué?
Jimin se apartó y se giró extrañado.
- No pongas esa cara - le acusó Jungkook volviendo a tirarse sobre la cama - No es nada, ¿quieres acompañarme al pueblo? Tengo que ir a dejar un par de cosas al almacén, y así de paso te distraes un poco.
Yo necesitaba ir al pueblo.
- Te acompaño, pero quiero que me digas a qué vino eso. Y si es necesario asesinar a alguien, lo asesinaré con mi rifle - bromeó - Tengo buena puntería.
Necesitaba que me llevaran.
- Ya déjate de juegos - el pelinegro volvió a ponerse de pie y le pegó suavemente en la frente - Entonces vamos ahora antes que me entre el sueño y me duerma en tu habitación.
- Siempre vienes a dormir - Jimin le miró mal - Eres un perezoso.
- Discúlpame por levantarme a las cinco de la mañana para ayudar en la granja.
- Disculpado.
- ¡Meow!
Me lancé a los brazos de Jungkook de un salto. Ya no me llevaban casi nunca con ellos a sus paseos, pero ahora realmente necesitaba ir al pueblo.
- ¿Qué pasa Ren? - me acarició la oreja - Uh, que horrible te quedó esa cicatriz.
- No insultes a Ren - le amenazó Jimin tanteando mi peludo cuerpo, así que Jungkook cogió su mano y la dejó sobre mi cabeza - ¿Qué pasa amigo? ¿Qué tienes?
- Meow... meow, meow...
- ¿Tiene hambre?
- Quiere venir con nosotros - informó.
Vaya, Jimin sí que sabía leerme.
- ¿Al pueblo? - Jungkook soltó una risotada - Ya, como si el gato fuera a decir eso.
Jimin se mantenía serio. Estaba muy seguro de sus palabras.
- Es verdad, ese maullido que hizo es triste, lastimero, como si no quisiera que me fuera. Escucha, ¿Ren quieres venir con nosotros?
- ¡Meow!
- ¿Ves?
- Me das miedo.
Bajando las escaleras, Jimin me cogió en brazos y me aprisionó en su pecho. Siempre olía tan bien...
De pronto, un inmenso ruido de ollas caer al piso sonaron desde la cocina y Jungkook fue corriendo hacia allí. Jimin llegó después direccionándose con el tacto a través de los muebles del salón.
- ¿Se encuentra bien? - preguntó nuestro amigo - ¿Se hizo daño?
- ¿Qué pasa? - preguntó Jimin preocupado. Él no podía verlo, pero la señora Park estaba rodeada de utensilios de cocina en el piso.
Ella le hizo un gesto de silencio al pelinegro y ambos asintieron.
- Nada, se me cayeron un par de ollas, hijito, nada más - mintió. Se había caído y Jungkook estaba ayudándola a ponerse de pie con dificultad.
Ella asintió y murmuró un ligero ''gracias'' cuando él la dejó en una silla al costado de la ventana.
- ¿No te hiciste daño? - preguntó conmigo aferrado a sus brazos y la mirada perdida en una pared vacía.
- No, claro que no - fingió una risilla - Fue una torpeza. No me fijé que estaban mal puestas, es todo.
Las miradas cómplices que se dirigieron la mujer y el chico me erizaron los pelos. No me gustaba nada eso de ocultarle cosas a Jimin.
No me gusta que le oculten cosas, claro, salvo yo y mi pequeño secreto.
- Iba a ir con Jimin al pueblo, pero si quiere nos quedamos acá...
- No chicos, no se preocupen por mí. Vayan, pásenlo bien y cuídense de los carruajes. Hay hombres muy brutos conduciendo esas cosas.
Jungkook negó con la cabeza para decir - Señora Park, no me parece que sea la mejor ide-
- ¡Traje fresas! - la abuela entró a la cocina con una cesta de fruta - ¿Por qué están todos aquí?
- Ya se van - anunció la señora Park - Irán al pueblo. Les decía que fueran con cuidado.
Nadie lo había notado, pero Jimin comenzó a pasar la yema de su dedo índice por la uña del pulgar. Aquel gesto era clave para saber si algo no iba bien.
Jimin no era ni un pelo de tonto.
- Jungkook, mi madre me ayudará a preparar mermelada. Pueden ir tranquilos.
- Está bien señora Park - Jungkook le miró preocupado, pero asintió saliendo de la cocina - Traeré a Jimin antes de que anochezca.
- Hasta luego mamá, abuela.
- ¿Ren irá contigo? - preguntó la anciana.
- Si él quiere, claro.
Entonces la abuela me miró con una sonrisa traviesa. Ella siempre era tan amable, cómplice y risueña con su moño recogiendo todo su precioso cabello blanco como la nieve.
- Entonces cuida muy bien de mi niño hermoso - pidió acercándose hasta mí para dejar un beso en mi cabeza. Por un momento pensé que hablaba de Jimin - Cuida bien de él, Jimin.
- Pensé que le decías a Jungkook que cuidara de Jimin - carcajeó la señora Park.
La abuela negó con la cabeza.
- Jimin ya sabe cuidarse muy bien él solo. Ahora es momento de cuidar de Ren - comencé a ronronear cuando la anciana me cogió en brazos y me llevó por ella misma hasta afuera, seguidos muy detrás por el par de chicos - ¿No es así, mi pequeño Yoongi?
En ese momento mi mente se fue a blanco.
¿Acaso había dicho mi nombre?
- Ya nos vamos - avisó Jungkook subiendo a Jimin al caballo para luego alejarme de la única persona humana que conocía mi secreto - Volveremos en un rato.
Si la abuela sabía mi secreto, significaba que todo lo que manejaba ya no estaba en mis manos. No podía racionalizar mis emociones, todo estaba sucediendo allí frente a muchas personas. Sentí miedo. Ella, y el brillo cómplice de su mirada fija en mis ojos felinos, me abrían la mente como si me leyera el alma.
- ¡Hasta luego chicos!
(...)
Las ultimas vidas de gato que me quedaban estaban siendo una locura. En el camino al pueblo no dejaba de preguntarme cómo era posible que la abuela supiera que yo era Yoongi. Me preguntaba también desde cuándo lo sabía, cómo se enteró y por qué rayos nunca dijo nada.
Los chicos hablaban sobre algo que desconocía. Ni siquiera les estaba prestando atención, estaba demasiado ocupado en mis pensamientos.
Para ser un simple gato tenía muchas cosas en mi cabeza: Al principio tenía que luchar para retener los sentimientos que tenía por Jimin, pero ahora es peor que nunca y me mortifico todos los días imaginando lo inevitable: Jimin con alguien que no soy yo. Como si no fuera suficiente con eso, Hoseok ha estado en mis pensamientos absolutamente todos los días. Esa es la razón por la que he querido ir al pueblo, sin embargo, ya mi cuerpo está viejo y sin energías. Ben está más viejo que yo y no puede acompañarme en mis aventuras. La única forma era que alguien me trajera, pero ahora que estaba en ello, un problema más se añade a la lista. La abuela sabe de mi secreto.
- No vayas a soltar a Ren. Usualmente se amontonan muchos perros por aquí - dijo Jeon tirando de las riendas de su caballo que caminaba al costado.
Ya habíamos llegado al pueblo. Había pasado más de un año que no iba allí, así que mi primera impresión fue de sorpresa. Ahora estaba más bonito y arreglado. Incluso habían locales nuevos con vidrieras enormes y escaleras pintadas.
- ¡Jungkook! - gritó alguien a nuestras espaldas - Que bueno verte por aquí, ¿andas de paseo con el príncipe?
La cara de hastío de Jimin fue notable.
- Algo así, venimos a dejar unas cosas que me pidió mi padre y a recorrer un poco.
El chico extraño era alto, de cabello oscuro y bien vestido. Tenía mucha elegancia al lado de mis amigos que vestían con ropa vieja.
- Hola príncipe - el chico estiró su mano hacia Jimin, pero ésta no fue recibida - Mi nombre es SeokJin, es un gusto conocerte al fin.
- Hola, soy Jimin.
Mi mejor amigo estiró su mano tal cual lo hacía el chico, así que éste aprovechó para atraparla. Su cercanía nos señaló lo agradable que olía.
- Linda mascota - comentó queriendo tocar mi cabeza, pero le esquivé como un ninja - Es un placer conocer al tan famoso príncipe con ojos de cristal. Me han hablado mucho de ti.
- ¿En serio?
- Sí, bueno Namjoon lo hace todo el tiempo. Siempre habla de ti, de Jungkook y su hermano. Pero últimamente te tengo mucho más presente porque mi hermana ha estado diciendo lo lindos que son tus ojos - soltó una risilla tímida - No ha dejado de repetirlo desde que te vio con tu abuela en la tienda de instrumentos.
- Fui allí hace un tiempo por una cuerda para mi violín.
- ¿Tu hermana es una acosadora o algo por el estilo? - se interesó Jungkook.
SeokJin se echó a reír.
- Espero que no y solo sea un enamoramiento de los de ella.
- ¿Enamoramiento?
- Sí, Jimin. Ya te dije que muchos aquí en el pueblo dicen que eres muy lindo.
Jimin se ruborizó y me acercó a su cuello.
- Oí por ahí que tus ojos están dañados, pero son tan bellos como dos estrellas en medio de la noche. Hoy lo confirmo.
Jungkook puso cara de asco - Oye, Jimin está ocupado.
El chico se sorprendió - ¿En serio?
- Algo así, tenemos que ir a dejar unas cosas al almacén del padre de Jungkook.
Ambos pelinegros se echaron a reír.
- No entendiste, él se refería a que estás saliendo con alguien.
- ¡Oh! - el termostato de Jimin subió hasta las nubes - ¡Claro que no...!
- ¿Entonces no? - indagó el muchacho nuevo.
- Él dice que no, pero está enganchadísimo de un amigo nuestro - Jungkook le pinchó con el codo en las costillas - Solo que jamás lo admitirá.
- ¡Eso es mentira!
¿Namjoon...?
- Está bien, está bien - carcajeó el chico cruzándose de brazos - Pobre de mi hermanita. Mírala allí escondida tras los barriles mirando hacia acá - suspiró - Que ridícula. Bueno, tú no puedes verla, pero te la describo. Ella es pelirroja, pequeña y de ojos saltones, tanto que es evidente que nos observa porque pone esa cara rara que da miedo... ¡Hey, ven! - gritó - Huyó.
Jungkook que estuvo mirándola con algo de molestia se giró y pasó la lengua por su mejilla. Lucía fastidiado.
- ¿Tu hermana es la muchacha que vende flores en la plaza?
- Ella misma - respondió mirando su reloj colgante escondido en el bolsillo - Bueno chicos, tengo que irme. Tengo mucho que estudiar aún.
- ¿Sigues en la escuela? Pensé que eso acababa a los diecisiete años.
- No, ya tengo dieciocho. Estoy estudiando para ser un doctor como mi abuelo. Eso lleva mucho tiempo.
- ¡Eso suena grandioso! - se emocionó Jimin - ¡Mucho ánimo en tus estudios!
- Gracias Jimin, Nam me ha estado ayudando mucho. Me impresiona la cantidad de cosas que sabe ese chico.
- Sí, y quiere ser profesor.
- Lo será, todos aquí menos él lo tienen claro. Es brillante.
Jungkook asintió seguro - Nos vemos SeokJin, suerte en tus estudios.
- Gracias Kook, adiós Jimin, adiós Jungkook - se despidió agitando su mano en dirección contraria.
Ese chico parecía agradable, aunque no se despidió de mí. Qué descortés.
Observé al chico alejarse por encima del hombro de Jimin mientras oía de fondo los casquillos de los caballos sonar contra el empedrado. Hacía un día lindo.
- Vamos, la tienda está por acá.
(...)
Casi media hora después ambos chicos caminaban por entre calles conocidas por mí y mis aventuras. Sin embargo, Jungkook no lucía muy animado.
- ¿Qué pasa? - preguntó Jimin después de escuchar salir un suspiro lleno de lamento por parte del pelinegro. Ya habíamos llegado a la plaza central. Un montón de señoras charlaban en una banca, unos niños jugaban al pilla pilla y habían pequeños puestos ambulantes rodeando el camino por la derecha.
- Nada, ¿por qué?
- Porque te noto distinto. No puedo verte, pero igual me percato de esas cosas.
- Solo estoy cansado...
Los ojos tristes de Jungkook me causaron un dolor leve en mi pecho. Fue como si esa mirada la hubiera visto alguna vez, pero en mí. El recuerdo de mi reflejo en uno de los charcos de lluvia.
Tristeza.
- ¿Quieres que nos sentemos un momento?
Jungkook ahora era un chico alto, mucho más alto que Jimin. Su ayuda en el campo le había creado marcados músculos, cuerpo firme, pero seguía teniendo la misma mirada infantil que hace 10 años.
- No te preocupes, estoy genial.
Mentía. Jimin lo notó y él sabía que lo había notado. Ya eran muchos años de amistad.
Ronroneé acariciando su brazo con mi cabeza intentando hacerle sentir mejor, pero él solo me dirigió una sonrisa apagada. La caricia que me propinó me ayudó a entender lo que estaba pasando.
Jungkook observaba uno de los puestos de la plaza. Específicamente el de flores donde una colorida melena se dejaba ver junto a un chico alto.
Era Taehyung riendo junto a la hermana acosadora de SeokJin.
Fue allí donde comprendí la mirada triste de Jeon.
- Mejor vámonos por otro camino - dijo tirando de su brazo - Por aquí hay mucha gente.
En el momento que nos giramos, Taehyung nos miró. Él alzó su brazo al aire y gritó sus nombres.
- ¡Jimin! ¡Jungkook!
- ¿Taehyung? - preguntó Jimin y el chiquillo dio un respingo - ¿Era Taehyung?
- Creo que sí...
- ¡Chicos! - el moreno corrió hasta nosotros y acarició mi lomo - Que bueno verlos, vengan, quiero presentarles a alguien.
Pude sentir lo abatido que estaba Jungkook con esa invitación, pero aceptaron de todas formas.
Atravesamos la plaza en menos de un minuto. En una de las bancas había una anciana muy familiar, pero no recordaba de dónde la había visto. Cruzamos miradas por medio segundo. Parecían infinitos hasta que la aparté.
- Hola - saludó la chica. En comparación a hace un rato, la chica ahora lucía más linda. Antes solo daba miedo. De hecho, era bastante hermosa con ese cabello prendido como el fuego y ojos color ceniza.
- Hola, soy Jimin.
- Yo soy Jungkook.
Pero... ¿de dónde conocía a la anciana?
Se sentaba en su vieja banca de madera a mirarlos jugar mientras alimentaba a los pájaros con las migas que guardaba en el bolsillo de su delantal sucio, esperando que los niños fueran a acompañarla para repartirles dulces e historias falsas. Esa era su trampa.
- Ella es Hainy, mi amiga - la voz de Taehyung sonaba muy lejana.
- Es un gusto conocerlos.
Era la bruja.
- ¡Auch! - se quejó Jimin - Ren, me estás lastimando.
Cuando me giré sobre el hombro de Jimin, la mujer ya no estaba.
¡Era la puta anciana que me convirtió en gato!
- Meow....
Y había desaparecido.
- Huele muy bien - Jimin cerró los ojos y se dejó embriagar por el dulce aroma de las flores.
- Son las flores que vendo, están muy fresquitas - respondió la muchacha nerviosa frente a Jimin - Ten una para ti.
En el momento que la chica le obsequió una flor, aproveché para dar un salto al piso desde los brazos de Jimin.
- ¿De verdad? Muchas gracias - sonrió llevando la flor a su nariz - ¿Es una peonia?
- ¡Sí! Que bueno eres con las flores.
Jimin ladeó su cabeza con timidez - También me obsequiaron una ayer. Me gustan mucho.
- Uh, ¿y quién te dio una flor? - preguntó Jungkook.
- Yoongi - respondió sin chistar - ¿De qué color es?
A Taehyung se le borró la sonrisa del rostro.
- Rosa.
- ¡Entonces me gusta mucho más! Gracias Hainy.
- De nada Jimin, oye tus ojos son muy bonitos...
De a poco, paso a paso, tan lento como un caracol, fui alejándome de allí hasta echarme a correr a unos arbustos.
No tenía mucho tiempo. Debía encontrar a Hoseok y volver con Jimin.
Rápidamente corrí hasta la farmacia, la que afortunadamente no se encontraba muy lejos de allí, y comencé a llamarle por su nombre.
- ¡Hoseok! - grité fuerte por el costado donde solíamos encontrarnos - ¡Hoseok, soy Ren! ¡Hoseok!
Mi viejo amigo tardó un montón en responder el mensaje.
- ¡Dame un segundo!
El segundo más largo de la vida porque tardó más de diez minutos en ir conmigo.
Y allí estaba mi roedor amigo, viejo, canoso y flaco.
- Estás horrible - le dije y me sacó la lengua - Me alegro de verte.
- ¿Y tú no te has visto a un espejo? ¿Qué te pasó en la cara?
Lamí mi pata para aseármela un poco. Que bobo, como si limpiándomela se fuera a quitar la cicatriz.
- Es una historia muy larga, ¿cómo has estado? Estás muy delgado para ser tan pequeño.
Hoseok dramatizó llevando una pata a la cabeza y luego se lanzó al piso como si se derritiera - Esta maldición me tiene acabado. Arrebató mi belleza y juventud.
- Ya, lo digo en serio - le piqueteé con una pata haciendo que se volviese a levantar.
- Pues me canso de bajar por comida y a veces paso días y días sin comer - dijo subiéndose sobre mi cabeza - Además no muero nunca, ¡demonios!
- Oye no digas eso...
- ¿Qué? ¿Morir? Pero si es lo que más anhelo - volvió a dramatizar encima de mí - Ah, vida injusta.
- Oye baja de ahí, lo que tengo que pedirte es serio.
- Está bien - se lanzó por mi lomo hasta resbalar por mi cola - Dime qué pasa además del hecho de que somos miserables.
- Quiero que te vengas conmigo. Acá terminarás muerto y no quiero eso.
- ¿Qué? ¿Ir contigo? ¿Dónde? ¿Cuándo?
- A mi casa con Jimin. Allá cuidaré de ti y viviremos bien hasta que lleve a cabo mi plan.
Hoseok se cruzó de patas.
- ¿Y dejar a mi padre solo? Jamás.
- Volverás - le aseguré acariciando su oreja con mi cola - Te lo prometo.
Él pareció pensársela un momento y se rascó los bigotes.
- Pues... - me señaló con su pata - Espera un momento, ¿tu plan es bueno?
- Muy bueno.
Omití la parte donde le decía que se me había ocurrido hace veinte minutos.
- Está bien, le entro - subió a mi cabeza otra vez - ¡Arre!
- No soy un caballo.
- Déjame ser feliz, soy un ratón ¿no ves? - señaló su cola - ¿Hola? Soy miserable.
- Está bien, sujétate y no dejes que te vean. Volveremos con los demás y te camuflarás con mi pelaje si es necesario.
(...)