Quiero Volver Contigo

By Sagittarius_Woman

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Kay se puso alerta, mirando la puerta con recelo y supo que estaba en problemas. - ¡Martín! ¡Sorpresa, estoy... More

Cap. 1
Cap. 2
Cap. 3
Cap. 4
Cap. 5
Cap. 6
Cap. 7
Cap. 8
Cap. 9
Cap. 10
Cap. 12
Cap. 13
Cap. 14
Cap. 15
Cap. 16
Cap. 17
Cap. 18
Cap. 19
Cap. 20
Cap. 21
Cap. 22
Cap. 23
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Cap. 25
Cap. 26
Cap. 27
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Cap. 29
Cap. 30
Cap. 31
Cap. 32
Cap. 33
Cap. 34
Cap. 35
Cap. 36
Cap. 37

Cap. 11

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By Sagittarius_Woman

Martín estaba harto de sus mentiras, de las promesas que no cumplía, de los sentimientos que hacía despertar en él, esos que le subían el ánimo y luego le hacían darse un ostión tremendo emocional ahogado en lágrimas.
Terminó de cenar y sin fregar ni recoger la mesa fue directo a la nevera a por la botella de vino que estaba enfriándose para la cena. Ni siquiera cogió un vaso, la botella fue directa a sus labios, para que el líquido rojo, fresco y algo amargo cayera por su garganta con rapidez.
Bajó la botella después de un buen trago que casi le ahoga, para coger aire y empezar a llorar mientras se escurría hasta el suelo por la puerta de los armarios bajos del fogón.
Kay que estaba a su lado salió corriendo con el rabo entre las patas, y es que sin darse cuenta había empezado a soltar feromonas enfadadas, angustiadas...
Se acordó, su celo llegaría en unos días, esperaba que fuera después del fin de semana para visitar a sus padres, pero con estos cambios de humor repentinos, le venía oliendo que se le iría a adelantar, al igual que el mes pasado y el anterior a ese, y el anterior al anterior de ese... Justo cuando Eloy le empezó a dar estos disgustos que no paraban de llegar y clavarse en su alma.

Poco a poco fue cerrando los ojos, los cuales le dolían de llorar, quedando dormido sobre el suelo, con la cabeza apoyada sobre sus piernas, con la botella de vino casi vacía al lado suyo. Pasados unos largos minutos abrió sus ojos lentamente, viendo todo algo borroso, se había olvidado de apagar las luces, pero aún ni por esas podía ver quien había entrado a su casa. Su olor era dulce, era delicioso, pero su embriaguez no le daba para poder hablar, caminar o siquiera distinguir su aroma. Solo sintió como le cargó entre sus brazos fuertes mientras murmuraba con un tono molesto. Martín pudo sentir sus feromonas rodearle y dejarle dormido otra vez. Cerró los ojos y sintió como su cuerpo era posado sobre su cama, como las sábanas cálidas lo cubrían y como el peso de la persona a su lado le invitaba a abrazarlo mientras estaba acostado a su lado. Se aferró a su cuerpo, y posiblemente por la mezcla de alcohol y tristeza por el plantón, se puso a llorar sin saber en que pecho lloraba. Igual era el mismo Eloy, pero para cuando quiso pensarlo ya le daba igual que lo viera borracho y llorando. Después, se quedó completamente dormido, mientras esa persona le daba besos en la cabeza con cariño y susurraba cosas que Martín no entendía, pero que por el tono, parecía arrepentido por algo.

Se sentía tan bien bajo su tacto...

Al día siguiente se levantó y para su sorpresa no estaba solo, aunque tampoco hizo por despertar a su compañía. Durante el juicio Martín intentaba mantenerse despierto sin tener dolor de cabeza. Esa mañana se había tomado varias pastillas contra el dolor de la resaca por la embriaguez que las cervezas y las copas de la tarde, mezclados con la botella de vino que se había tomado le habían provocado.

— Kevin Johnson. Yo te condeno de 5 a 20 años por violación en segundo grado y el robo de una moto sin agresión, con la posibilidad de pagar una fianza de 100.000 € — dictó la jueza golpeando el martillo de madera sobre la mesa, haciendo su cabeza palpitar de dolor - Karla Blackberry, yo te condeno de 10 a 15 años por asesinato en primer grado sin la posibilidad de pagar una fianza para salir - volvió a golpear con el martillo haciéndole esta vez cerrar los ojos por el dolor otra vez — aguaciles por favor... —

Salieron de allí y vio como los señores Blackberry se alejaban hacia su coche, siendo perseguidos por la prensa. Irina se tapaba la cara con un abanico, mientras ocultaba a la vez sus lágrimas. Strike iba delante para hacer paso entre la prensa sin responder una sola palabra.
Volvieron a comisaría para guardar todo sobre el caso y Roger se acercó a ellos.

— Habéis hecho un buen trabajo equipo — dijo sin añadir halagos — como recompensa... Vais a tener un nuevo compañero — dijo dando un paso a un lado para que un Alpha, muy conocido para Martín, se presentara ante todos.

Los vio a todos as los ojos buscando unos rojos y lo primero que hizo al encontrar a Martín fue abrazarle por los hombros antes de decir su nombre.

— Mi nombre es Cristóbal. Y será un gusto trabajar con vosotros —

Después de que Cristóbal lo hubiera abrazado, Martín se quedó pensante. Ese tacto, su calor corporal, el olor tranquilo y sereno que el mismo soltaba... Agitó su cabeza rechazando la idea de que hubiera sido Cristóbal quién lo hubiera llevado a la cama y se hubiera acostado con él. Por la mañana al despertarse había visto a Eloy abrazado a él, con un parche en la cabeza por un golpe que se había dado, incluso le había preparado el desayuno y todo. Martín quería preguntarle, pero sus inspectores le habían rodeado para conocerle mejor. Así que sin hacer mucho ruido se escabulló para bajar a la sala del forense y allí hablar con Marcos sobre Eloy.

Al bajar y entrar a la sala en donde Marcos estaba, lo vio en bata blanca de un solo uso, con unos guantes de látex manchados de sangre, una mascarilla en la boca y un gorro en el pelo para que no cayeran pelos sobre el cadáver abierto que tenía tumbado en la camilla con el tórax abierto y los órganos al descubierto.

— ¿Interrumpo? — preguntó pasando a la sala con mal olor.

— Estoy en medio de una autopsia — dijo el otro Omega sin mirarle a los ojos.

— Bueno, puedes hablar y trabajar a la vez, ¿No? —

— Si, puedo hacerlo — dijo echándole una mirada y después irguiéndose — Además, así me ayudas, porque hay algo que no me encaja aquí. Sé que no es lo que me han dicho, pero quiero una segunda opinión de alguien profesional —

— Bien — dijo Martín con simpleza, no era la primera vez que veía un cadáver, y con todas las veces que había visto a Marcos hacer eso, algo de idea tenía — yo te ayudo y tú me dejas que me desahogue —

— Me gusta el trato, pero primero ayúdame —

Martín se acercó al cuerpo tras coger unos guantes y un gorro para el pelo.
Marcos se puso delante suyo, dejando el cuerpo entre ambos. El cuerpo estaba frío, desnudo, pero con una manta tapando de cintura para abajo. Era un varón, de 24 años, Alpha.

— ¿Cuál es tu problema? —

— Según lo que me han dicho, se ha suicidado, y eso podría creérmelo por la gran herida en la parte occipital — dijo levantando la cabeza dejando ver el agujero de la cabeza — Incluso se le salió el cerebro — dijo al ver las caras de dolor de Martín — Por sus pulmones he podido ver que era fumador, pero en los bolsillos había una cajetilla de tabaco entera, sin usar, al igual que no hay restos de tabaco en sus labios o dientes de este mismo día — dijo señalando los pulmones a la vista de Martín, algo negros para ser tan joven — Y... Mi duda está en esta herida superficial, que parece más de un golpe secundario — explicó mostrando la herida cerca de la frente ocasionada por algo y grande.

— ¿Cómo lo encontraron? —

— Boca arriba, pero la sangre no era reciente —

Martín miró la herida.

— Obviamente esta herida es de haberse caído desde un edificio, pero, también está claro que no lo ha sido — dijo mirando a Martín y cogiendo la lupa que tenía y unas pinzas — Para empezar, el golpe que tiene aquí superficial, no sale solo, alguien se lo tuvo que hacer antes de "tirarse", ya que, si cayó de espaldas, la parte dañada está atrás, no delante, y después... Aquí hay otra herida, justo al otro lado —

— ¿Dónde? —

— Está de aquí arriba — dijo apartando el cabello castaño y señalando un pequeño boquete que hacía que se le viera el cráneo roto y por dentro, ya que cerebro no tenía — Es algo visible por la sangre de alrededor, ¿No la habías visto? —

Marcos hizo un puchero cruzándose de brazos y manchando la bata de sangre con sus manos.

— Todavía no me había enfocado en esa parte del cuerpo, estaba haciendo el examen interno primero —

Martín asintió y miró alrededor.

— Por casualidad no habrán traído el cerebro, ¿No? —

— Pues vas a tener suerte, mandé traerlo por si acaso — dijo sacando una bandeja de un frigorífico.

Martín, con los guantes puestos, tocó el cerebro buscando por los laterales una herida profunda o superficial, dando justo en el clavo, encontrando un pequeño boquete cerrado que daba signos de haber sido causado por un fuerte apuñalamiento. Después miró a Marcos.

— No fue un suicidio, a tu víctima la golpearon en la cabeza — dijo señalando la herida superficial — lo dejaron tonto y después le apuñalaron en la cabeza — dijo señalando el boquete. Dejó el cerebro en la bandeja,  alzó la sábana que cubría su parte inferior y cogió su tobillo, mostrando sus talones — Este tipo debe pesar, y lo arrastraron hasta la azotea, por ello los raspones en los talones, y posiblemente en sus zapatos, y lo tiraron desde allí — dijo volviendo a taparlo — además cogió la cajetilla de tabaco — Como tú has dicho, era fumador, pero la cajetilla está llena, y te podría decir que está casi recién comprada. Alguien que se va a suicidar y es fumador se echaría sus últimos cigarros, se acabaría la caja, no compraría una nueva antes de matarse, antes la dejaría en casa sabiendo que se va a tirar por un edificio — hizo una pausa y se quitó los guantes y gorro de pelo — ¿Dudas solucionadas? —

— Pues sí, ya me has quitado todas mis dudas. Ahora dime tu problema —

— Creo que Eloy, o me engaña, o ya no quiere nada conmigo — dijo sin dar mínimos rodeos.

Marcos, que seguía de brazos cruzados, apoyado sobre la camilla y con los ojos cerrados esperando oír una tontería, abrió los ojos de golpe con sorpresa.

— ¡¿Qué?! ¿Estás seguro? — dijo acercándose a su amigo.

— Si, últimamente no llega a casa para cenar, a veces ni duerme allí, tiene muchos horarios de noche imprevistos con clientes que tienen que preparar juicios, y casualmente todos son de noche, pero no es que a la mañana siguiente lo encuentre dormido en la cama o el sofá, sino que ni siquiera está en casa — hizo una pausa para apoyarse sobre los armarios de allí de herramientas y seguir contando — Ayer quedamos para cenar juntos y reconciliarnos, pero no llegó hasta horas más tarde. Yo estaba borracho y no recuerdo mucho, pero cuando me levanté dormía a mi lado con un parche en la frente, como si se hubiera pegado con alguien; el desayuno estaba preparado y había una nota en la ponía que había tenido un accidente laboral, pero pienso que es mentira —

— ¿Y por qué piensas eso? —

— Porque levanté su parche con cuidado y era un rasgón sin peligro o cuidado intensivo, más como quien te da un golpe y deja un poco de marca —

Marcos se quedó sin palabras sin creerse que su amigo hubiera hecho eso. Después suspiró y miró a Martín con cierta seriedad.

— ¿Sabes lo que saco en conclusión después de todo esto? —

— ¿Qué? —

— Que has perdido la confianza en Eloy — hizo una pausa para ver la cara de Martín — por favor, le has levantado el parche para saber si era verdad o no... Si eso no es no tener confianza, no sé qué es —

Martín suspiró pesadamente.

— Supongo que tengas razón, nuestra relación está en declive, espero que esto mejore. De todas formas, tengo que hablar con él, mi celo se acerca y habíamos hablado de marcarme en mi próximo celo —

— ¿Hace cuánto dijo eso mismo? —

— Hace como... — dijo dudando — ¿Dos celos?, y como los tengo regulares... hace tres meses al menos —

— ¿Hace dos celos que no tienes sexo con él? —

Martín se ruborizo, pero acabó admitiendo la verdad.

— Hace mucho que no tengo sexo en realidad, igual más que tres celos; son un horror pasarlos solos y mi abstinencia es un poco larga ya, a veces la medicación no acaba funcionando y he acabado drogándome a supresores —

— ¿Te hinchas a supresores? —

— Claro, por qué crees sino que tengo esos dolores de estómago en el trabajo cuando se me pasa y dejo de tomarlos —

Marcos tuvo pena de su amigo, así que cambió de tema, sabiendo en realidad que el caso de Martín y Eloy iba más allá de sus posibilidades para intervenir entre ambos.

— He oído que hoy se incorporaba un nuevo miembro a tu equipo —

Martín puso los ojos en blanco y asintió sin ánimos.

— Otro dolor de cabeza más en realidad — Marcos ladeó la cabeza con confusión — Digamos que... Es mi ex — Marcos puso una cara de sorpresa — Lo dejé cuando salí de mi servicio militar. Él se quedó allí hasta hace poco que salió por motivos que todavía no me ha dicho —

Marcos estaba entre reírse o aguantarse la risa, la verdad es que la vida de su mejor amigo era un completo caos, pero a veces sus desgracias le hacían tener un buen día.

Martín pasó de su cara.

— ¿Qué tal con Mario? —

— Bien, vamos avanzando, aunque todavía se le ve nervioso a mi lado y tengo que guiarle un poco —

— Intenta no ser muy duro con él, es como un crío pequeño en este ambiente, pocas parejas ha tenido y nunca ha ido bien —

— Tienes que dejar de protegerle, sé que sois como hermanos, pero ya tiene 29 años, en algún momento tiene que aprender a cuidarse solo, normal que luego no pueda hace nada solo —

— No es su primera vez con Omegas, pero probablemente sea su primera vez con un Omega decente que no lo quiere solo por el sexo sino también por lo sentimientos, por eso digo que vayas con cuidado. No ha tenido buenas experiencias con sus otras relaciones — Marcos asintió, agradeciendo esa información tan de ayuda.

— Bueno, me iré ahora — dijo saliendo de la sala de autopsias despidiéndose de su amigo — suerte con el muerto... —

— Chao —

Martín volvió a su despacho, encontrándose a Cristóbal junto con el resto en la sala de espera con un café, los únicos que parecían estar trabajando eran Lea y Mario, que el café le tenían en la mesa mientras escribían en sus ordenadores e informes. Jesús y Manuel directamente no hacían nada mientras hablaban con Cristóbal.

— ¿Acaso no hay trabajo? — preguntó viendo la pila de informes que había en cada escritorio de sus inspectores.

Los Betas dejaron el café y salieron con calma a sus escritorios después de rodar los ojos con cansancio para empezar a trabajar. Martín miro a Cristóbal y este sonrió con inocencia, entonces lo guió hasta su despacho para hablar allí con él a solas.

— ¿Cuánto tiempo vas a estar aquí? —

— Pensaba quedarme una temporada por unos asuntos, pero si me gusta este ambiente igual me quede más tiempo, no tengo intención de volver al ejército tan rápido, o incluso directamente no volver —

— ¿Y eso? — dijo apoyándose sobre su escritorio con los brazos cruzados.

— Como ya te comenté... — hizo una pequeña pausa — han cambiado muchas cosas — dijo con simpleza sonriendo sin maldad alguna, tan solo intentando esquivar el tema.

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