The Real You

By AnitaaMontero

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¡HISTORIA TERMINADA! Madison Fox: bailarina, multimillonaria, y heredera de un imperio hotelero. Los que no l... More

Prólogo
Capitulo I
Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV
Capítulo V
Capítulo VI
Capítulo VII
Capítulo VIII
Capítulo IX
Capítulo X
Capítulo XI
Capítulo XII
Capítulo XIII
Capítulo XIV
Capítulo XV
Capítulo XVI
Capítulo XVII
Capítulo XVIII
Capítulo XIX
Capítulo XX
Capítulo XXI
Capítulo XXII
Capítulo XXIV
Capítulo XXV
Capítulo XXVI
Capítulo XXVII
ANUNCIO IMPORTANTE
Capítulo XXVIII
Capítulo XXIX
Capítulo XXX
Capítulo XXXI
Capítulo XXXII
Capítulo XXXIII
Capítulo XXXIV
Capítulo XXXV
Capítulo XXXVI
Capítulo XXXVII
Capítulo XXXVIII
Capítulo XXXIX
Capítulo XL
Capítulo XLI
Capítulo XLII
Capítulo XLIII
Capítulo XLIV
Capítulo XLV
Capítulo XLVI
Capítulo XLVII
Capítulo XLVIII
Capítulo XLIX
capítulo L
Epílogo
EXTRA 1: Especial 10K
EXTRA 2: INFO IMPORTANTE
⚠️🚨⚠️🚨

Capítulo XXIII

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By AnitaaMontero

Madison
 
¿Alguna vez tuviste esa extraña, pero acogedora sensación de tranquilidad? En donde tus problemas están resueltos y puedes bajar la guardia. Pues así es como yo no me siento en estos momentos.
 
—Tienes que considerar la idea, Madison...
 
—No. Ni muerta. —Me levanto del sofá con mi taza de chocolate en la mano. Miro la preciosa vista que ofrece la ciudad, siempre me relaja cuando debo pensar—. Tiene que haber otra forma, Francesco.
 
—Me encantaría que la hubiera, Madi. Pero el juez considera que tu padre... —Se frena en seco gracias a mi mala mirada—. El juez considera que Nathaniel... —se queda unos segundos en silencio tanteando mi reacción, al ver que es positiva, continua con el discurso— tiene derecho a dar a conocer su opinión sobre el asunto.
 
Pregunto sobre la orden de alejamiento levantada en su contra. Se supone que tiene la obligación legal a una distancia de un kilómetros mío, de mis padres, de mi casa, la Academia, y todos los lugares que visito con frecuencia. Si se atreve a desobedecer puede enfrentarse a una multa bastante jugosa, o una condena de cinco años en prisión. Pero por supuesto, en este tipo de casos se puede suspender la orden de manera temporal siempre y cuando ambos estén de acuerdo y sean vigilados a cada segundo por cualquier cosa.
 
No sé en que momento se puso de pie y caminó hacia mí, pero rápidamente me toma del hombro y me voltea, dándome un cálido abrazo. Al instante las ganas de llorar como un huracán.
 
—Todo va a estar bien. Nos presentaremos al juzgado, explicaremos nuestra petición, ganaremos el caso, y luego vendremos aquí a celebrar nuestra victoria con una enorme taza de chocolate caliente cada uno. —Lo último me saca una pequeña sonrisa, que no puede ver ya que tengo mi cara enterrada en su pecho—. No tendrás ni que mirarlo y no permitiré que se acerque a ti, lo prometo.
 
—Gracias, tío Chesco —suspiro en un vago intento de despojar las lágrimas de mis ojos—, de verdad muchas gracias.
 
—Es mi trabajo. —Besa mi cabeza repetidas veces hasta que el sonido de su celular nos interrumpe—. El deber llama. Te avisaré cuándo será la citatoria.
 
Recuerdo que yo también tengo ciertas responsabilidades que cumplir sin falta, y es que mi clase de la Academia dentro de poco. Francesco se me burla en la cara diciéndome que es imposible que llegue a tiempo, y lo que él no sabe es que Madison Fox es capaz de hasta lo más imposible.
 
Tomo mi bolso de la silla frente a su escritorio. —Nos vemos, tío. Oh, oye... —me freno en seco antes de salir por la puerta—, ¿crees que... que ganaremos el caso?
 
—Eso no tienes ni que preguntarlo, soy Francesco Spark, el mejor abogado del país —alardea con una sonrisa estúpida—. La secretaria del juez ya está mandando a imprimir los papeles de la eliminación de su patria potestad.
 
«Pues supongo que tendremos que creer en él entonces»
 
Cierro la puerta de la oficina antes de que siga creyéndose el ombligo del mundo.
Hablo en serio cuando digo que hoy no está en mis planes llegar tarde, en especial porque hice una apuesta con Andrea y Max; si llego a tiempo durante toda la semana, me deberán cien dólares cada uno.
 
Mis tacones bajos resuenan en el piso negro de la Academia.
 
—Vaya, quince minutos antes, me enorgulleces, Madison. —Flor me recibe con su habitual sonrisa. —Hasta tienes tiempo de cambiarte tranquila.
 
Firmo la tableta de llegara con la diversión reflejándose en el rostro, si tan solo supiera que me puse como veinte millones de alarmas y le dije a Amelie que me haga acordar no me felicitaría tanto. Me despido de ella y camino a los vestuarios.
 
Luego de despojarme del pantalón negro y la blusa de seda crema, y colocarme una camiseta ombliguera suelta con un leggin celeste pastel, camino con mi bolso cargado al hombro hacia el estudio correspondiente, haciendo un leve desvío por la cafetería para comprar una barra de cereal y no tener el estómago vacío.
 
Todavía quedan unos cuantos minutos antes de que inicie la clase y ninguno de mis compañeros llegó aún, así que me pongo a quemar el tiempo practicando mi técnica y dando volteretas.
 
—No puedo creerlo, si sigue así va a vencernos. —La griega y Max entran juntos por la puerta—. Tendremos que pinchar una de sus ruedas. ¿Tienes algo filoso que podamos usar, Max?
 
—No, pero mi padre es jardinero. —conversan fingiendo que no estoy aquí—. De seguro tiene algo que sirva.
 
Río muy irónica. —Pero que cómicos que están hoy. ¿Andrea, qué te dije de comer payasos? Por tu culpa ya no me permiten ir al circo.
 
—Muy graciosa. —Me acribilla con la mirada mientras yo me aguanto la risa.
 
Hay una historia digna de noche de alcohol y confesiones detrás de mi comentario. Solo voy a decirles tres cosas: chistes malos, narices rojas, y payasos infieles.
 
—Luego me cuentan esa retorcida pero interesante historia. —Mi amigo deja su bolso azul oscuro junto al mío y se sienta a mi lado a estirar los músculos—. ¿Te sientes mejor, Madison? Papá me dijo que esta mañana no te sentías muy bien.
 
Recuerdo la charla que tuve esta mañana con cierto señorito que apareció en mi casa de sorpresa.
Tengo que admitirlo, nunca me imaginé a Alexander Baker disculpándose conmigo, mucho menos que haya hablado con terceros para saber mi paradero.
 
Sé que varios dirán que estoy medio loca por perdonarlo tan fácil. Pero, ¿qué más podía hacer? El muy inteligente me trajo empanadas árabes, Tzatziki con pan y de postre Baklavas. ¡Cómo no aceptar sus disculpas si me alimenta de esa forma!
Además, no soy muy admiradora de llevarme mal con las personas. Se equivocó —que en cierto punto tenía sus razones—, y se disculpó luego. Podemos empezar de nuevo, por lo que me dicen los demás es un chico bastante agradable, ¿por qué no habría de intentarlo?
 
—Hace mucho que no salimos. —Andrea me saca de mis pensamiento —. ¿Luego de aquí quieren ir a tomar algo por ahí?
 
Aunque me encantaría salir a divertirme, tengo que rechazar su oferta. Mi nana me dejó salir de la cama solo si prometía volver luego, y ni de broma me atrevería a desobedecerla.
 
—Sí, y yo tengo planes. —Al instante las dos giramos la cabeza como el exorcista hacia Max, que se pone nervioso por nuestro repentino análisis visual— ¿Por qué me ven así?
 
La griega es quien toma la palabra. —¿Qué tienes que hacer tú? Espera, déjame reformular mi pregunta. ¿Con quién planeas estar?
 
—Ehh... yo... nada. Solo iré con mi hermano a ver un partido de basquetbol.
 
—¿Qué dice tu detector, Madi-Pu?
 
Examino con intensidad los ojos de mi amigo. Si alguien me viera pensaría que estoy intentando leer su mente, que en cierto punto lo hago. Tardo unos segundos en darles una respuesta que a uno le agrada y a otro no tanto: Mentira.
 
Max intenta seguir con su coartada diciendo que podemos preguntarles a Mike ahora mismo, pero con solo seguir viéndolo basta para que suelte la lengua.
 
—¡Te detesto, Madison Fox! —Lleva su torso hacia atrás hasta que toca el suelo—. Voy a quitarte esos ojos azules y que así no puedas volver a psicoanalizar a nadie más. —Suspira resignado—. Iré a comer con Dominick esta noche.
 
«¡No te lo creo!»
 
Al instante Andrea se le sube encima del estómago. —¡Maldito! ¿Las cosas con el caliente alemán avanzaron y no nos dijiste nada?
 
—Max tendrá sexo esta noche... —canturreo con una gran sonrisa— el sexy alemán lo dejará en silla de ruedas por semanas.
 
«Yo quiero quedar en silla de ruedas»
 
Yo también, necesito acostarme con alguien ya.
 
Logra soltarse de las garras griegas de mi amiga. —Pero que finura que tienen ambas. Son unas hermosas princesas, solo que criada por los enanos en el bosque en vez de en el castillo.
 
Ambas lo molestamos haciéndole cosquillas al mismo tiempo, pero tenemos que detenernos cuando por la puerta del salón comienzan a ingresar todos, y a los pocos minutos, Natalie con...
 
«Santo, Cristo»
 
—¿Ese no es...?
 
—Dereck Hough —finalizo la oración de Max—, de verdad es él.
 
«Acaso estamos soñando»
 
Parece ser.
 
Me levanto del suelo rápidamente al igual que mis amigos mientas nuestra profesora habla en un tono de voz alto.
 
—¡Atención! Podrán darse cuenta por las caras paralizadas de Andrea y Madison que tenemos a un invitado especial. —Ni siquiera con eso logra sacarnos de la hipnosis mental en la que estamos—. Él es Derek Hough, coreógrafo y bailarín de Somnium Chorus, una de las mejores compañías de danza del país. —Le da la palabra con un leve asentimiento de cabeza.
 
—Un placer conocerlos, chicos, me han hablado maravillas de ustedes. —Su tono de voz es perfecto, ni muy agudo ni muy grabe, solo perfecto—. Con Natalie estamos hablando desde hace unos cuantos meses con la idea de realizar un proyecto juntos que no solo les dará reconocimiento en el mundo del baile a los que quieran seguir con su carrera a nivel profesional, sino que también nos divertiremos en el camino.
 
—Lo que tenemos planeado... —sigue nuestra profesora— es hacer toda la producción profesional de videos coreográficos.
 
Los murmullos y risas resuenan por el lugar. No es un secreto que una oportunidad así es un sueño para cualquier novato.
 
Explican que en total haremos cuatro coreografías; un solo, un dúo, un grupal, y otro en el que un par bailarán con Derek.
 
Luego de darnos un par de recomendaciones al trabajar con un profesor de talla mundial, Nat nos envía a calentar a la barra. Pero hay una excepción, a Andre, Max, y a mí nos hace una seña con el dedo para que nos acerquemos.
 
Mis piernas se esfuerzan por cumplir con la acción que les envía mi cerebro sin enredarse entre si en el intento.
 
«No me dejes en ridículo»
 
Tú haz tu trabajo, y yo haré el mío.
 
«Hecho»
 
—Derek, ellos son los chicos de los que te hablé. Él es Max, Andrea, y Madison.

«¿Habló con él de nosotros?»
 
Que hagas tu parte te dije.
 
De cerca parece aún más atractivo que en fotografías. —Un placer, chicos. Me dijeron bastante cosas de ustedes.
 
—Buenas quiero pensar. —Tengo que hablar yo, porque mis amigos a duras penas pueden pestañar correctamente.
 
—Más que buenas, me informaron que son los mejores de aquí. —Me aguanto el grito de felicidad que quiere escapar. —Por eso decidimos que el dúo lo harán ustedes, Max y Madison. Y en la coreografía conmigo me acompañarán ustedes, chicas. Y el solo es para ti, Madi.
 
«No grites, no grites, no grites»
 
Como puedo se lo agradezco de corazón, y digo como puedo porque no miento cuando digo que tengo que forzar la garganta para no estallar de la alegría.
 
Nos sonríe de una forma tan cálida y amigable que me relaja muchísimo. —Vayan a calentar, que este será un día duro.
 
Estamos las próximas tres horas haciendo ejercicios y planeando las coreografías. Si digo que son fáciles estaría mintiendo de la peor manera que pueda existir.
Acabo de descubrir que si Nat centra toda su atención en que cada movimiento quede en particular perfecto, con Derek esto se multiplica por tres billones. Corrige todo, desde cómo pisas luego de un giro, hasta la posición del dedo índice de la mano.
 
—Acabamos por hoy, chicos —Sus palabras me alegran la vida—. Lo hicieron muy bien, pero todavía nos quedan muchas cosas por resolver. Nos vemos mañana.
 
Todos —literalmente todos— nos desplomamos en el suelo luego de que Derek salga por la puerta y ya no pueda vernos.
 
—Ya no quiero hacer esto.
 
—Ni yo —le respondo a la griega con la mejilla tocando la madera—, el simple hecho de pensar que tendremos que repetir esto mañana me da jaqueca.
 
Natalie se divierte con nuestro sufrimiento. —Vayan encariñándose con la rutina —nos habla desde arriba—, porque esta modalidad de clases se repetirá por al menos un mes.
 
Los gemidos quejosos y lamentos llenan el estudio. Es por eso que se harán pocas coreografías, poco a poco varios comenzarán a renunciar y se quedarán con lo más fácil.
Porque, nos guste o no, son contados con una mano los que tienen la resistencia suficiente para soportar la presión de las ligas profesionales.
 
Nuestra profesora sale del lugar con una sonrisa instalada en el rostro, sonrisa que quiero eliminar con cloro.
 
—Iba a invitarte a casa, pero creo que me llama más la atención quedarme en cama hasta que la sensibilidad vuelva a mi cuerpo.
 
—De todas formas no aceptaría, Madi-Pu. Ni siquiera me veo capaz de llegar hasta el auto.
 
Las dos miramos a Max como si fuéramos ángeles que se lastimaron al caer del cielo. Este solo nos rechaza de la forma más cruel y toma, como puede, su bolso. Espera a que hagamos lo mismo y salgamos los tres juntos.
Cabe aclarar que parecemos ese grupo de amigos ancianos que se levantaron de la cama luego de diez años solo para reencontrarse. Nuestras piernas tiemblan de esfuerzo y nos tomamos unos a otros de los brazos buscando tener un poco de soporte, el problema es que ninguno de los tres tiene la fuerza suficiente.
 
—Así no podré conducir —me siento en el último escalón del primer piso—, creo que tendré que llamar a alguien que quiera pasarme a buscar.
 
Andrea cuenta con la suerte de tener un chófer personal que la espera en la puerta de la Academia. Me ofreció llevarme, pero no puedo dejar a mi bebé aquí solo.
Max en cambio, se tomó un taxi, porque estaba convencido dd que si intentaba subirse al bus se iría de trompa al suelo.
Yo por mi parte, me quedé por al menos media hora esperando a mi padre —que decidió dejar el trabajo de lado, venirme a buscar y llevarme a casa— sentada siendo objeto de observación de los que pasaban. Estoy segura de que en estos momentos parezco moribunda, pero es lo que menos me preocupa.
 
—¿Tuviste una clase de baile o te arrolló un camión? —la voz de mi salvador me despierta de mi medio sueño— Porque me inclino hacia la segunda.
 
Casi que no puedo hablar, hasta eso me duele. Por lo que solo asiento con la cabeza mientras extiendo mis brazos para que me cargue, y él, muy divertido con la situación, posa una mano en mi espalda y la otra en mis corvas.
 
—Adiós, Flor.
 
—Adiós, señor Miller.
 
Cierro los ojos y me desconecto del mundo, al menos hasta que siento las preciosas sábanas de mi cama envolverme el cuerpo.
 
—Mhm...
 
—Shh, sigue durmiendo, hija. Yo volveré al pastilla. Le dije a la señora escritorio que te prepare algo caliente cuando despiertes y puse una Rossi sobre tu trabajo que calmará el dolor.
 
—¿Ah...?
 
—Te amo —siento algo húmedo sobre mi frente—, descansa, Madison.
 
—Gracias...
 
 

❁❁❁
 


 
El martes a la mañana me obligo a salir del colchón. Luego de que mi padre me trajera a casa dormí por horas hasta la cena y cuando desperté quise tirarme por el balcón. Absolutamente todos los músculos me dolían, hasta los que se supone que no tienen que doler. Y aunque hoy la molestia haya mermado bastante, la tensión de mi cuerpo persiste, pero nada que no pueda manejar.

—Buen día, cariño —Mamá besa mi frente mientras me extiende una taza de café—. ¿Cómo amaneciste?

—Viva, eso es algo.

Me siento en el taburete junto al suyo, donde un plato de pancakes de mi nana me esperan. Esta se acerca cuando nota mi presencia diciéndome que un sobre llegó esta mañana con mi nombre como destinatario.

Al principio lo tomo con las cejas fruncidas puesto que según yo no compré nada por internet, pero luego de ver el emisor entiendo de lo que se trata al instante.
Le agradezco haciendo el intento de tapar el nombre de la carta, pero la vista de halcón de mi madre puede contra eso sin problemas.

—Así que de verdad lo harás. —Ambas evitamos la mirada de la otra— Francesco solo me dijo que habías ido a preguntarle, pero no sabía nada sobre... —carraspea un poco— llevar la idea a cabo.

Cuando mi nana le pregunta qué hay que llevar a cabo con confusión, solo se limita a decirle que no es nada con demasiada importancia. Y por supuesto que yo no me sé quedar callada, rebato su palabra dándole la merecida importancia al asunto, ganándome una muy mala mirada de si parte. Entiendo que no le agraden mus decisiones, pero a fin de cuentas son solo mías y no tiene derecho a minimizarlas.

—Miren quién salió de la cama. —Papá nos sorprende justo en el peor momento. Rápidamente guardo a la manzana de la discordia bajo mi pijama—. ¿Cómo estás, hija? —Se percata de la tensión del ambiente cuando murmuro un pequeño sí antes de besarlo en la mejilla—. ¿Qué pasó aquí?

—Nada, cariño solo le decía a nuestra hija que no debería sobre exigirse tanto. Algunas cosas están bien como están.

«Oh no, ni en sueños dejo que me tires la indirecta del siglo, mucho menos frente a mi padre»

—Y yo te respondo que en la vida no se pueden dejar hilos sueltos, no es justo. —Se la devuelvo con sutileza—. Ahora, si me disculpan, iré a ducharme. Nos vemos más tarde.

Dejo un beso en la mejilla de todos y escapo rápido por las escaleras hasta la seguridad de mi habitación.
Una vez allí abro a la velocidad de la luz la llave del agua caliente —no sin antes esconder el sobre entre papeles de mi escritorio que sé que ninguna persona tocará— y entro a enjabonarme todo el cuerpo. Literal que no pasaron más de cinco minutos cuando yo ya estoy con una toalla rodeando mi cuerpo en mi armario buscando algo que ponerme


Pues no es lo mejor que he creado, pero al menos es algo. Me veo en el espejo antes de tomar mi mochila y despedirme de la reina de la casa con una buena ronda de besos y algunas palabras en un todo ridículo de voz.
 
Bajo al trote las escaleras y me dirijo a la puerta principal. —¡Ya me voy! —No recibo una respuesta, así que salgo sin más.
 
Tardo aproximadamente diez minutos en llegar a la escuela y dejar mi auto estacionado.
 

😈SOLO SE VIVE UNA VEZ😈
 


Yo
Dónde están?
7:42 am
 
Sophi
En el lugar de siempre. Estamos todos.
7:42 am
 
Yo
Voy para allá
7:42 am
 
 
Guardo el celular en el bolsillo trasero de mi pantalón y camino por los pasillos hacia el gran jardín que posee la escuela.
 
En el trayecto, me tropiezo con alguien, y unos pesados libros caen sobre mis pies, reconozco el aura de quien tengo en frente al instante.
 
—Déjame adivinar —toma sus piedras, digo, libros nuevamente. Por el peso, las venas de sus brazos se marcan de una forma tan moja bragas que roza lo peligroso—, ibas distraída.
 
—En mi defensa venía... pensando en algo.
 
«Arréglatelas para seguir con tu mentira»
 
Mentirita piadosa, no mentira.
 
«Ajá, sí »
 
—¿Puedo preguntar por qué tienes libros de una tonelada cada uno? —Caminamos juntos hasta que pasamos por su casillero, en donde deja esas cosas.
 
Me explica con el mal humor presente que son libros que el profesor Müller le envió a estudiar porque falló en su último examen. Por supuesto que me compadezco de su situación riéndome de él a carcajadas.
 
—¿Cómo se te ocurre reprobar un examen de esa escoria? —Intento no ser tan maleducada y dejar de burlarme—. Apuesto lo que sea a que también llegar tarde a clase.
 
—¿Me espías acaso?
 
Cierra la puerta de su locker luego de cargarlo con esos elementos de tortura llamados libros de economía, pero nos quedamos en el lugar conversado en vez de seguir camino.
 
—No, pero si te puso una nota baja es porque de verdad estás haciendo algo para ganártela, no solo la evaluación. Es muy difícil que no apruebes economía, y no porque sea fácil la materia, sino porque Müller odia venir a la escuela de verano. Es raro —me encojo de hombros—, pero no tiene sentido ser normal.
 
Nuestros teléfonos y los de varios que caminan por aquí suenan por una notificación, al parecer es de la escuela. La profesora de matemática no vino, y Alex no resiste en festejar, pero dicha celebración se acaba cuando defiendo a mis amadas matemáticas.
 
Me mira como si tuviese un extraterrestre adherido a mi cara. —Dime, por el amor de Dios, que eres como todos los adolescentes normales y odias las ciencias exactas. —Mi sonrisita inocente y mi silencio le dan la respuesta, pero no la que él buscaba—. No lo puedo creer. ¿Qué eres Madison?
 
—Te dije que ser normal no tiene sentido. Ahora deja de recriminarme y vamos. —Lo tomo del puño de su sudadera y no lo suelto hasta llegar al jardín.
 
Logro encontrar al resto de los chicos donde siempre, justo debajo de una palmera, nuestra palmera. Es sin duda el mejor lugar de toda la escuela, tiene la cantidad suficiente de sombra y de sol, no corre mucho viento, pero hay una leve brisa.
Es uno de esos sitios en el que puedes estar por horas riendo con tus amigos, o estudiando, o hasta leyendo si son como yo.
 
—Pero miren, el agua y el aceite decidieron congeniar. —Sophia tiene una sonrisa en el rostro, por telepatía me comunica que es mi obligación contarle el chisme completo luego.
 
—Digamos que estamos... —busco las palabras adecuadas— intentando no asesinarnos como si fuéramos Rusia y Estados Unidos.
 
—Lo creeré cuando lo vea. Por el momento.... —Luke obliga a que me siente a su lado— tú estarás aquí, y Alex del otro lado. Soy muy joven como para presenciar una masacre. —Ambos lo miramos entrecerrando los ojos—. Tengo que ser precavido. No quiero que ningún amigo muera, al menos hasta que viajemos todos juntos.
 
Saco de mi mochila un tupper con galletas de mi nana, Sam no tarda ni cinco segundos en atacarlo con facilidad puesto que está al lado mío.
 
—¿Eso sigue en pie? —pregunto dándole un leve manotazo al ladrón.
 
—Pues claro que sigue en pie Madi-Madz. Mis padres compraron esa enorme casa en Las islas Turcas y Caicos, la que tiene la playa privada.
 
—Y podemos usar tu jet —agrega Chris—. Ya tenemos el viaje para el verano organizando.
 
Solo nos quedan ocho meses para graduarnos. ¿Qué loco no? Nosotros siendo adultos responsables, es algo que no puedo imaginarlo ni aunque lo intente con mis mejores esfuerzos.
 
 
—Me decidí por estudiar en Yale —comento de la nada.
 
Esta mañana me llegaron los correos de Yale y Hardvard, el autoestima se me fue al cielo y destrozó la capa de ozono al enterarme de que en ambas me aceptaron y estarían muy felices de aceptarme.
 
—¡Cómo es que no nos dijiste nada, idiota! —Amelie se me lanza encima a abrazarme—. ¡Iremos juntas a la universidad!
 
Río ante su entusiasmo, si ella se puso así no me quiero imaginar mi madre. Paso los brazos por su cuello observando a Samuel. —Esta es mi oportunidad para robártela
definitivamente. Ten cuidado.
 
—Quiero ver que lo intentes. Felicidades, pequeña Madi.
 
—Gracias.
 
Luego de muchos, enfatizo la palabra muchos, abrazos, nos quedamos hablando sobre tonterías hasta que debemos entrar a clases de nuevo.
El día fue relativamente tranquilo, considero que la nueva amistad que tengo con Alexander relajó bastante las aguas. Ya podemos estar en el mismo lugar con nuestros amigos disfrutando juntos sin tener que estar mordiéndonos la lengua para no declararnos la tercera guerra mundial.
 
Ya en casa —después de tener la clase tortuosa con Derek— me baño para quitar todo rastro de suciedad de mi piel y me pongo algo más cómodo. Me urge un buen libro y una taza de café.
 
Subo al tercer piso con la bebida que me preparé en la cocina y con Venus pisándome los talones. Estos días no pude zambullirme en el mundo de la literatura como me gusta, pero en mi defensa estuve muy ocupada. Jane Austen podía esperar.
 
«La boda fue muy parecida a cualquier otra boda en la que los no­vios no se muestran aficionados al lujo y a la ostentación; y la señora Elton, por los detalles que le dio su marido, la consideró como extre­madamente modesta y muy inferior a la suya... «muy poco raso blan­co, muy pocos velos de encaje; en fin, algo de lo más triste... Selina abrirá unos ojos como platos cuando se lo cuente...» Pero, a pesar de tales deficiencias, los deseos, las esperanzas, la confianza y los augu­rios del pequeño grupo de verdaderos amigos que asistieron a la ce­remonia se vieron plenamente correspondidos por la perfecta felicidad de la pareja»
 
Una lágrima corre por mi mejilla, mojando la última página del libro. No me pregunten por qué, pero cada que termino un libro me pongo algo melancólica.
Pensar acompañé a los personajes toda la historia, y ahora termina... No lo sé, creo que me entristece tener que despedirme.
 
No me percato del sonido de la puerta hasta que esta es abierta.
 
—Mamá, ¿Qué haces aquí tan temprano?
 
—Son las seis de la tarde Madi.
 
Miro la ventana, definitivamente pasaron varias horas desde que tomé este libro
 
«¿Hace cuánto que estamos leyendo?»
 
Desde que llegamos a casa.
 
La tensión de esta mañana se hace notar de nuevo. Casi no peleamos, pero este tema nunca fue fácil para ninguna de las dos.
 
—Escucha, hija... ¿Puedo sentarme? —asiento en silencio—. Siento lo de esta mañana, yo... no quiero revivir heridas del pasado.
 
—Son mis elecciones, ya no soy una niña, mamá.
 
—¿Puedes no ser tan dura?
 
«Relájate, solo quiere enmendar las cosas»
 
—Llegaron las cartas de las universidades.—Cambio de tema. Hablo tan bajo que hasta a mí me cuesta oírme—. Me aceptaron en ambas. Iré a Yale.
 
No se contiene en tomar mis hombros y pegarme a ella para darme un fuerte abrazo. —Estoy tan, pero tan orgullosa, cariño. Te extrañaré demasiado.
 
Se aleja un poco para verme a la cara. Una lágrima corre por su mejilla izquierda, pero la elimina rápido.
 
—Todavía faltan meses.
 
—No importa, déjame sufrir en paz. —Niego con una sonrisa, esta mujer es impresionante—. Estás creciendo muy rápido...
 
Acomoda un mechón detrás de mi oreja. Sus ojos comienzan a inundarse y esta vez no puede controlarlo.
 
—Oye, no es como si me fuera por una vida, solo son unos años. Y vendré en vacaciones, navidad, hasta algún que otro fin de semana.
 
—Te tomaré la palabra. —Se levanta del sofá y camina hasta la biblioteca—. ¿Tienes alguno que pueda gustarme?
 
Me dirijo hasta donde ella con el libro que leía minutos antes para dejarlo en su lugar.
Acomodo bien el dije que usé como marca páginas.
 
Parecerá raro, pero cada uno tiene su propio dije u objeto como guía. Y no son papeles normales, no. Hay desde rosas, fotos y cadenas, hasta botones y anillos.
 
Le paso uno que llama mi atención. —Este lo leyó el otro día Samuel, dijo que es muy bueno.
 
—Los Crímenes de la calle Morgue, de Edgar Allan Poe, suena interesante. ¿Alguna opinión al respecto?
 
—Ninguna, todavía no sé de qué trata.
 
—Pues creo entonces que lo descubriré yo sola. ¿Tienes...? —Antes de que pueda terminar, saco de un cajón un collar y un dije del cuerpo de un gorila—. ¿Cuál es la causa del animal?
 
—No lo sé, pero está en la portada, algo tiene que significar —me enojo de hombros.
 
—Bien, gracias. —Está por irse, pero se frena en seco y voltea nuevamente—. Hija... No te preguntaré si puedo ir a la citatoria porque no me veo capaz de hacerlo, pero quiero que sepas que te deseo toda la suerte del mundo. Y conociendo a Francesco, el caso ya está ganado.
 
—Eso mismo dijo él —sonrío leve—, te avisaré cómo sale todo luego ¿De acuerdo?
 
—Sí. Te amo, Madi.
 
—Y yo, mamá.
 
Me abraza una última vez antes de salir por la puerta con el libro en la mano.
 
 

❁❁❁
 


 
La semana paso muy rápido para mi gusto, en tiempos normales imploro porque eso pase, pero estos días lo único que quería era detener el tiempo y que así el viernes no llegue.
 
Luego de la escuela no fui a la Academia, me disculpé con Derek y con Nat el día anterior y, aunque pude ver hilos de enojo en la cara del coreógrafo, no dijo nada. Especialmente porque Nat lo calmó, ella sí conoce toda mi historia y sabía con anticipación lo que haría.
 
Busco en mi armario algo adecuado para la ocasión. Lo último que quiero usar es algo escotado o donde muestre mucha piel. El simple hecho de pensar que tendré que verlo a los ojos, y escuchar sus comentarios me dan arcadas.
 
Termino eligiendo una camisa y un pantalón del mismo color, con unos zapatos blancos aguja.
 
Tengo que admitirlo, lo que más deseo es deshacerme de él y de todo mi pasado, pero me asusta tanto como para irme corriendo y taparme por completo con las sábanas de mi cama.
 
—Tú puedes, Madison. Solo será ir y ganar, ir y ganar. —Me repito esto unas tres veces más frente al espejo antes de tomar mi celular y bajar al primer piso.
 
—Piccola... Devi davvero?
 
"Pequeña... ¿De verdad tienes que hacerlo?"
 
—Lo devo alla Madison di otto anni.
 
"Se lo debo a la Madison de ocho años"
 
—Che Dio ti protegga e che la Vergine illumini il tuo cammino.
 
"Que Dios te proteja y que la Virgen ilumine tu camino"
 
Me da la bendición antes de acompañarme hasta la puerta principal. En sus ojos hay preocupación y melancolía, ella me acompañó estos años, me vio en mi peor momento, hasta conoció al demonio que me hizo esto.
 
Subo al auto contando del uno al un millón. Ni siquiera puedo encender la música por la fuerza que ejerzo en el volante.
 
Le imploro a los dioses que haya una calle cortada, o un accidente de tráfico que no me permita llegar a tiempo a mi destino, pero como el mundo me odia —o me ama— no pasa absolutamente nada y en quince minutos estoy en la puerta del Tribunal de Familia.
 
Francesco me espera en las escaleras con su maletín en una mano y su celular en la otra.
Apenas me ve camina hacia mí con una sonrisa tranquilizadora.
 
—Ya estamos aquí. El juez y el abogado de Nathaniel nos esperan adentro, antes de que él entre quieren que tú firmes unos papeles donde permites que la orden de alejamiento se suspenda temporalmente.
 
Asiento muda, creo que si hablo lloraré.
 
—Hey, todo saldrá bien, ya lo verás. Vamos.
 
Me empuja suave de la espalda alta hasta donde se supone que será el juicio. Es una sala con una mesa enorme en el centro.
Los colores oscuros de la madera le dan cierta frialdad al lugar, y algo de intimidación también.
 
—Buenas tardes, señorita Fox, soy el juez Portson, estaré a cargo de su caso.
 
Estrecho su mano con un poco más de fuerza de la que debería, pero el idiota es quien quiere que la escoria "dé su opinión sobre el asunto de su paternidad"
 
Firmo los papeles que me dan y nos sentamos todos; el juez en la punta, Francesco y yo del lado derecho viendo hacia la puerta, y del izquierdo el juez de Nathaniel, con un espacio libre justo frente a mí.
 
—Ingresen al señor Dallas, por favor.
 
«Respira»
 
Las puertas se abren, entran tres oficiales y dejan a... No pienso siquiera dirigirle la mirada. Sé que él me está escaneando de cabeza a pies, pero no hago nada al respecto, solo clavo mis ojos en la mesa de madera como si fuese lo más interesante del universo.
 
—Hola, hija. —Su asquerosa voz resuena en mi cerebro. No es la misma que antes, ahora se oye mucho más rasposa, pero me sigue causando el mismo pavor que años atrás—. Estás hermosa, Madison.
 
«Cuenta hasta diez, que no te altere»
 
Tío Chesco me toma de la mano por debajo de la mesa y la aprieta un poco para que lo vea.
 
—Tranquila —modula silencioso—. Abogado Klein, le agradecería si controla a su cliente.
 
—No está haciendo nada malo, abogado Spark.
 
Miro al hombre que esta al lado de mi peor pesadilla suplicante. Creo que entiende lo que quiero decirle, porque le susurra algo al oído y este asiente viéndome.
 
¿Por qué diablos lo miré a los ojos? No lo sé ¿Me arrepiento? Por supuesto que sí ¿Me dio más valor? Muchísimo.
Los años le pasaron por encima. Su cabello negro tiene unas cuantas canas, a sus ojos los decoran unas enormes ojeras, toda su cara esta... caída. Sin mencionar la máquina que tiene detrás de la silla. Ese es el efecto a largo plazo que deja el alcohol y las drogas.
 
—Nathaniel, que pena que tenga que verte de nuevo.
 
¿Eso salió de mi boca?
 
«Oh si»
 
—Vaya, vaya, pero si la ratita tiene boca...
 
—Silencio. —El juez nos manda a callar—. Estamos aquí porque la señorita Fox exige la eliminación de la patria potestad de su padre —tengo que tragarme las quejas por el término—, Nathaniel Dallas. Explíqueme, abogado Spark, ¿por qué la petición de su cliente?
 
—Verá, juez Portson, la señorita Fox ya tiene una historia bastante repugnante con el señor aquí presente. Lo único que desea es eliminar su pasado para siempre, y entregarle la paternidad a quien ha demostrado merecerla.
 
—¿Entonces es por eso? La ratita se consiguió a un idiota con quien jugar a la familia.
 
—Objeción, innecesario el comentario.
 
—A lugar, abogado. Señor Dallas, le pediré que se guarde sus acotaciones para cuando se las pida. Prosiga, abogado.
 
—Sí su señoría. Como le venía diciendo... Mi cliente sigue sufriendo las consecuencias de los actos de su padre biológico. Si mira estos informes —saca de su maletín una carpeta negra con varias copias de mi historial médico— verá que la señorita Fox tiene épocas en las que necesita usar medicación al dormir y tiene ataques de pánico que derivan en una internación hospitalaria.
 
—¿Y eso qué tiene que ver con la patria potestad de mi cliente? Es su derecho.
 
—Era mi derecho ser cuidada y amada por un padre —intervengo con calma—. Era mi derecho tener una infancia plena y feliz, pero me lo arrebataron.
 
—Objeción, no tiene caso mencionar hechos pasados.
 
—A lugar. A todos los que no se les pida hablar, guarden silencio.
 
—Mi cliente tendrá esa marca para siempre, lo mínimo que podemos hacer por ella es quitarle este peso de encima.
 
El juez toma nota de todo lo que se habla en la sala. —¿Cuál es su defensa, abogado Klein?
 
—Verá, lo ocurrido con mi cliente fue hace años, él pagó su condena, y me atrevo a decir que está arrepentido.
 
«Sí claro, y yo me llamo Minnie Mouse»
 
—Si ya pasó tanto tiempo. ¿Cuál es la verdadera razón para retomar el asunto?
 
Tres pares de ojos se posan sobre mí, y como  el juez Portson no dice nada, decido responderles de la mejor forma que pueda.
 
—Tardé años en tener las agallas para abrir estas heridas. Fueron diez largos años, ciento veinte meses, quinientos veintiún semanas y tres mil seiscientos cincuenta días en donde los recuerdos me invadían. Un médico no se puede acercar a mí porque reacciono, absolutamente nadie puede tocarme el centro de la espalda porque largo el llanto, y me cuesta muchísimo relacionarme con otros por miedo a hablar de mi niñez. Lo que más merezco en esta vida es un padre que me ame y me respete, y gracias al cielo que lo encontré, porque sin él yo ya estaría bajo una lápida. Así que por eso, su señoría, es que pido la revocación de la patria potestad de este hombre, porque es el que más me hace daño y no merezco padecer eso.
 
La sala se inunda en un incómodo y desesperante silencio. No estaba en nuestros planes que hablara tanto, pero no pude resistirme. Necesitaba... necesitaba decirle todo en la cara, viéndolo directo a los ojos, no solo frente al espejo simulando que mi reflejo era él.
Quiero que vea, que aunque me haya tirado todas sus mierdas, yo logré salir adelante, más fuerte y más tenaz.
 
—Tomaremos un receso de cinco minutos. —El juez Portson casi que se escapa por la puerta principal luego de anunciar el recreo.
 
Yo lo imito, salgo antes que mi tío excusándome con ir al baño, lo que es una excusa barata para no admitir que me da pánico estar en la misma sala que Nathaniel.
 
Me encierro en uno de los pequeños cubículos y tomo mi teléfono. Tengo un par de mensajes de mi madre deseándome suerte, de mi nana preguntando cómo va todo, y de...
 
—Los amo, idiotas —murmuro con una sonrisa.


😈SOLO SE VIVE UNA VEZ😈

Lex
Los mejores amigos del mundo están preparándote una fiesta para celebrar esta noche.
13:53 pm

Lex♡

13:53 pm

Sophi♡
Pasaremos a buscarte a tu casa a eso de las seis. Más te vale que estés lista.
13:54 pm

Yo
Son increíbles, chicos
14:41 pm

Yo
Estamos en un receso de cinco minutos. Crucen los dedos.
14:41 pm

Sam♡
Suerte pequeña Madi!
14:41 pm

Mel♡
Nos avisas apenas salgas!!!!
14:41 pm

Alexander
🍀🍀
14:42 pm

No puedo creer que hasta Alex, que no tiene ni idea de nada, se sume a la causa de la fiesta y demás. De verdad estoy conociendo la otra cara de él.
 
Salgo luego de humedecerme un poco la nuca y las muñecas.
 
Luego de al menos una hora discutiendo, peleando y hasta gritando, salimos del tribunal juntos.
 
—Eso fue...
 
—¡Te adoro! —Literalmente me le lanzo encima, no me importa quién nos esté viendo—. ¡Gracias, gracias, gracias!
 
—Es mi trabajo, como abogado y como tío.
 
Permite que lo abrace y deja un par de besos en mi cabello acompañados de algunas caricias en mi espalda alta. No puedo evitar que un par de lágrimas se me escapen.
 
—Lo hicimos. Por fin... —una risa entre el llanto me interrumpe— podré pedirle a mi padre que me adopte, es real.
 
—Por supuesto que sí, pero él siempre fue y será tu padre, con o sin papel que lo avale ¿Entendido? —asiento contenta—. Bien, ahora vamos por ese chocolate.
 
Caminamos hasta nuestros autos, pero un grito nos detiene. —¡Ratita!
 
—Ignóralo, Madi.
 
—¡Estás preciosa! Apuesto lo que sea a que me daría el doble de lo que me dio en su momento.
 
—Solo sigue caminando, no lo escuches.
 
—Lo intento.
 
—Fue un placer verte, ratita. Mándale a la madre de mi hija un saludo de mi parte.
 
Los policías que lo escoltaban lo toman de los hombros cuando intenta acercarse. Su abogado le dice que se tranquilice o terminará en la cárcel, ya que la orden de alejamiento entró en vigencia cuando salimos por la puerta.
 
—Nos vemos en tu oficina, tío Chesco. —Subo a mi auto eliminando de mi cabeza el momento agrio de recién.
 
Me concentro en la buena noticia. Soy libre, luego de diez años puedo decir que no me llamo Madison Dallas Fox, y en un futuro cercano —si todo sale bien—, seré Madison Miller Fox.
 
Con Francesco en nuestra celebración comenzamos a ver los papeles de adopción, y el muy listillo me tenía una sorpresa muy bien escondida. Como ya sabía que ganaría el caso, movió un par de hilos y se comunicó con un par de contactos para ya comenzar los papeles. De hecho, los tengo en mi bolso ahora mismo. Solo falta la firma de mi padre y... eso es todo.
 
—¡Piccola!
 
—¡Nana!
 
Nos abrazamos apenas entro a la casa. Casi se desmaya cuando la llamé y le conté las buenas noticias.
 
—Sei così forte, che fortuna che sia andato tutto bene.
 
"Eres tan fuerte, que suerte que todo salió bien"
 
—Lo zio Checo mi ha già dato i documenti da far firmare a papà.
 
"Tío Chesco ya me dio los papeles para que papá los firme"
 
—¿Señorita Madison?
 
—Hola, Carl. 
 
—Me enteré de lo del juicio, quería felicitarla y... Señorita, tengo tierra en la ropa.
 
Su suciedad no me detiene, lo tomo de los brazos buscando que me abrace. Él es alguien que me vio crecer en esta casa. Tengo recuerdos míos ayudándolo a plantar rosas en el jardín, o de él enseñándome los tipos de plantas venenosas a las que no puedo acercarme.
 
—Gracias, Carl, no sabes cuánto te aprecio. —Se rinde y me devuelve el tierno abrazo.
 
El flash de un celular hace que cerremos los ojos.
 
La pelirroja me encierra en un fuerte abrazo. —¡Cómo está mi mejor amiga! —Hace que Luke, Sam, Chris, Alex, y las chicas se unan—. Vamos a raptarte por un par de horas, esto amerita una gran celebración.
 
—Niños... no está bueno que salgan tanto. ¿Qué si les pasa algo?
 
—Señora Rossi —Chris usa ese tono inocente que enamora a cualquiera—, solo iremos a mi casa a divertirnos un rato, prometo que la traeremos sana y salva.
 
—No quieras usar esos trucos conmigo, Christian. Pero lo permito solo porque es una ocasión especial.
 
—Entonces... me llevaré a esta señorita a su habitación a que se ponga linda. —Sophi me toma del brazo y me guía a las escaleras. Detrás nuestro también vienen Mel y Lexi—. Muy bien, veamos qué tienes por aquí que diga que eres una perra que puede contra todo.
 
—No olvides que también tiene que llamar la atención de cierto individuo —dice la castaña.
 
—¿Me explican qué traman? —Como ninguna de las dos habla, voy al punto débil de las tres—. Suelta la lengua, Amelie.
 
—Yo no sé nada... —Arqueo una ceja poniendo los brazos como jarra—Vieron una vibra entre Alex y tú.
 
Sophi y Lex la miran mal desde mi armario.
 
—Por Dios, no empiecen con sus cosas. Saben que no quiero una relación, al menos no por los próximos quince años.
 
—No es necesario tener una relación para... hacer cosas.
 
—¿Tener sexo?
 
—¡Madison! —me reprende la rubia—, no seas tan directa.
 
—Pero si fuiste tú quien lo insinuó en un principio.
 
—Oh cállate y ponte esto.
 
Me pasa un poco de ropa y me empuja hasta el baño de la habitación.

—¡Por Dios! Alexander se morirá por quitarte esa falda.

—¡Lexi! No seas tan directa tú también por Cristo. Estás preciosa Madi, vámonos.

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HOLA PECADORXS!!

¿CÓMO ESTÁN?

Capítulo nuevo. Tardé siglo en escribirlo porque en la escuela decidieron inundar mi fin de semana con tareas.

En este mismo instante me pongo a escribir el próximo capítulo.

Chaito!

A.♡

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