Blonde disaster (dramione - e...

De ELDbooks

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¿Qué pasa cuando un Slytherin y una Gryffindor se enamoran? Pues qué va a pasar, que los orgullosos Slytherin... Mais

Prólogo -editado 30/9-
Capítulo 1.- Parejas felices y una rana de chocolate.
-edit- Capítulo 2.- Situaciones comprometidas y el hermano gemelo de Trevor
-edit- Capítulo 3.- Intenciones indecentes y una Hermione impuntual.
-edit- Capítulo 4- Habitaciones individuales y enfrentamientos en Slytherin
-edit- Capítulo 5.- La Luna que confundió al Malfoy y las distancias peligrosas
-edit- Capítulo 6.- Enfrentamientos mágicos y sabores prohibidos.
-edit- Capítulo 8.- Un buen actor y un primer intento fallido
-edit- Capítulo 9.- Un Slytherin encaprichado y un admirador secreto.
-edit- Capítulo 10.- Tortura a medianoche y cambios en Hufflepuff.
Capítulo 11.- Discusiones violentas y confesiones inesperadas. -editado-
Capítulo 12.- La ley del hielo y un vestido verde botella. -editado-
Capítulo 13.- La fiesta y una morena indignada. -editado-
Capítulo 14.- La boda/funeral de Potter y las noticias del rubio. -editado-
Capítulo 15.- Malos recuerdos y grandes plenilunios -editado-
Capítulo 16.- Personas inesperadas y situaciones desesperadas -editado-
Capítulo 17.- Maldiciones imperdonables y finales felices.
Capítulo 18- Impresiones equivocadas y lágrimas derramadas.
Epílogo
Bueeeeeeno

-edit- Capítulo 7.- Un rubio frustrado y un nuevo compañero.

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De ELDbooks

Lo primero que hizo Draco al levantarse a la mañana siguiente fue dirigirse a la habitación de Luna Lovegood. Recordaba haber hablado con ella antes de ver a la morena, y esperaba que ella pudiera aclararle por qué demonios tenía un hueco en blanco donde debería estar el recuerdo del tiempo indefinido que había estado con Granger.

Dos toques a la puerta bastaron para que ésta se abriera, mostrando detrás a la Ravenclaw con su túnica puesta y aparentemente lista para salir.

- ¿Ibas a algún lado?- preguntó el rubio levantando una ceja.

- Ahora ya no -sonrió ella- pasa -se apartó para que el chico entrara.

Él entró al cuarto siguiendo a la chica, que con un movimiento de varita cerró la puerta tras de sí, y ambos se sentaron en la cama de la muchacha, que resultaba ser una pequeña cama para una persona. Ella sonreía ampliamente mientras veía al chico analizar cada detalle de su habitación, desde las pequeñas decoraciones de las paredes hasta lo más extravagante.

''- ¿Por qué será que no me sorprende?''- se preguntaba mentalmente el joven Malfoy mientras veía la... Peculiar, por decirlo de algún modo, decoración del cuarto: las paredes azules con enormes águilas por donde pudieras poner la vista, un sofá gigante con dos grandes almohadones en forma de cabezas de león semejantes a las que llevaba a los partidos en los que apoyaba a los Gryffindors, carteles y pósters en los que ponían frases del tipo ''Los nargles y los torposoplos también son seres vivos'', un techo que se asemejaba mucho al cielo nocturno y una cama con la forma de la revista de su padre.

- ¿Y bien? ¿Qué pasa? -preguntó con dulce voz Luna mientras paseaba su vista por el techo, irradiando la tranquilidad de siempre e inspirando confianza al rubio, que sonrió de lado al verla tan abstraída por la decoración.

- Tú... No sabrás, por casualidad, por qué estaba yo en la habitación de esa... Sangre sucia, ¿verdad? -preguntó torciendo la boca al decir el sobrenombre de Hermione.

La chica hizo una mueca de disgusto al oírle dedicar tal adjetivo a su amiga, pero decidió ignorarlo en aquel momento pues le parecía cuanto menos extraño que el cualificado mago no recordara de un segundo para el otro su propósito con la leona.

- ¿No recuerdas nada? Que curioso... -comentó ésta- muy, muy curioso...

- ¿Me vas a decir qué es tan curioso?- interrogó él empezando a molestarse por la indiferencia y suavidad con la que ésta hablaba, estando acostumbrado a la forma impulsiva y borde de hablar de los Slytherins, tanto con los demás como entre ellos.

- No -dijo ella con una sonrisa, levantándose de la cama y saliendo del lugar, ante lo cual el muchacho no puedo más que suspirar y seguirla.

- O me lo dices, o se lo diré a mi pad-

- ¿A tu padre? ¿Estás seguro de eso? -preguntó ella, por primera vez mostrando algo de amargura en su voz. Mortífagos como el padre de Malfoy habían conseguido corromper el noble corazón de su propio progenitor, y la sola mención de aquellas horribles personas le ponía los pelos de punta.

Dicho aquello la rubia salió, y lo mismo hizo el chico, que se desapareció y volvió a aparecerse a las puertas del Gran Comedor donde, corriendo, se apresuraban a entrar los más rezagados.

Ignoró al nuevo profesor, que se acercó a él con la intención de recordarle que nadie fuera del equipo del profesorado o oficiales del Ministerio podía desaparecerse dentro de los terrenos del colegio.

Draco atravesó las puertas con parsimonia y orgullo en su mirada, típico de alguien de su antigua condición social privilegiada y, como esperaba, recibió bastantes miradas y susurros, que lo siguieron hasta que se hubo sentado e incluso después de colocarse en la mesa.

- ¿Cómo es la habitación de los prefectos? Tendrás que invitarme algún día, no creo que pueda con todos los deberes de este año yo sola... -escuchó una voz melosa a su lado.

Al girarse vio a Pansy casi apoyada en él, con una sonrisa que pretendía ser provocativa, y con los labios casi pegados a su oreja.

- No lo sé -respondió, apartándola- he entrado en la de Granger y la de Lovegood, pero a la mía todavía no -sonrió mientras decía la pequeña mentira. Había dormido en su habitación, pero sabía que aquello molestaría y dolería en el orgullo a la morena.

- ¿¡QUÉ HACÍAS TÚ EN LAS HABITACIONES DE ESAS DOS?!- chilló la morena, lo que sólo consiguió molestar al Malfoy.

- No es de tu incumbencia. Y ahora, por favor, déjame comer -dijo en un susurro apenas audible, pero que consiguió imponerle el miedo que solía causar el chico a la Slytherin, que se apartó unos centímetros de él y empezó a comer sin quitarle los ojos de encima. ¿Qué demonios le pasaba?

Al acabar de hablar se inclinó sobre la mesa, aunque la deliciosa comida no consiguió remover ni un ápice su molestia. ¿Por qué se sentía así? ¿Qué había pasado en aquella habitación?

No pudo evitar que su mirada recorriera el Gran Comedor para acabar posándose en la mesa de los leones, donde la chica se hallaba hablando con Harry, con una sonrisa constante, y en opinión del rubio, bastante falsa, cuando giró el rostro y sus ojos se encontraron.

Algo brilló en los ojos color miel de la joven y su felicidad pasó, en cuestión de un segundo, a algo entre el miedo, la confusión y el asco, cosa que no hizo más que extrañar a Draco. ¿De verdad era tan grave lo que le estaba ocultando, o era él el que se preocupaba en exceso por sucesos que quizás carecieran totalmente de importancia? Pero, si carecía de importancia, ¿por qué nadie se habría tomado la molestia de hacerlo olvidar?

Cuando ésta se hubo girado de nuevo, posando la sonrisa claramente falsa en su rostro, el rubio sacó su varita por debajo de la mesa y apuntó a Hermione.

- Legeremens -susurró, pero nada ocurrió.

Decidió intentarlo de nuevo, ya que pensaba que era su falta de concentración y frustración lo que le impedía apoderarse de los pensamientos de la muchacha pero, tras repetir el hechizo varias veces, se dio por vencido. Resopló frustrado y se puso en pie con enfado, atrayendo las miradas de los de su mesa, quienes no esperaban un escándalo por su parte habiendo empezado en curso hacía pocas horas.

Consciente de que su casa entera esperaba que hiciera algo, y bastante cansado, salió a paso apresurado del gran comedor, haciendo ondear su túnica tras de sí.

- ¡¡Está utilizando Oclumancia, no me lo puedo creer!! ¡¡Maldita sangre sucia!! ¿Quién se cree para ocultarme nada a mi, alguien de las familias más nobles y antiguas del mundo mágico? -gritó frustrado cuando se supo lo bastante lejos como para que nadie pudiese escucharlo.

- ¿Quién te tiene tan enfadado, Draquito?- preguntó una voz conocida desde la sombra de una de las tantas armaduras que decoraban los pasillos de la escuela.

Antes de que el Slytherin sacara la varita para defenderse, y antes siquiera de que hubiera preparado una respuesta, la persona que había hablado salió, y la luz de la luna bañó las facciones del muchacho. Éste sonreía de lado, como buen Slytherin, y era el único en todo el colegio que podía atreverse a mirar con obvia superioridad a Draco.

- ¿Blaise? -dudó éste por un segundo, aunque tras mirarlo de pies a cabeza supo que se trataba de su mejor amigo e inteligente cómplice. Crabbe y Goyle eran nadie comparados con el intelecto del chico, de piel morena y mirada astuta.

- ¿Lo dudas? -contestó Zabini, hinchando el pecho, orgulloso- Llego tarde, pero por lo menos estoy aquí para hacerte compañía. No quería dejarte sólo este curso, y menos desde que supe que la loca de Parkinson ha vuelto también. Ya me lo agradecerás más tarde. Y bien, ¿me vas a decir quién está utilizado Oclumancia, o voy a tener que soportar la tortura de que la intriga me carcoma? -preguntó con fingida tristeza.

El rubio miró hacia la izquierda y derecha y, al haberse asegurado de que nadie los miraba, escuchaba o espiaba, tiró de la manga de Blaise hacia una de las aulas vacías.

- Granger. -dijo en apenas un susurro.

- ¿Granger? ¿Hermione Granger? ¿Qué tiene que ver ella en todo ésto? No me digas que te preocupa la opinión que tiene la chica sobre ti porque, si te soy sincero, no me lo creeré.

- No es eso, estúpido -contestó, golpeando la frente de su amigo con la palma de su mano- pero, cuando estábamos en la sala común de los prefectos-

- Espera, ¿eres prefecto? No me imaginaba que tendrías vía libre a un puesto en el que tienes que estar a cargo de los alumnos, y menos después de lo que pasó con tu familia.

- Sí, y no me interrumpas, idiota. Cuando estábamos en la sala común, recuerdo haber entrado en su habitación para decirle algo, pero no recuerdo el qué, ni qué fue lo que pasó después. Algo pasó ahí dentro, tío, no entiendo qué otra razón tendría ese... ser insignificante, para ocultarme cosas. Lo peor es que creo que Lovegood lo sabe, pero no me lo va a decir. Intenté usar la Legermancia con Granger, pero no funciona. Está ocultando los pensamientos, y no sé por qué, pero el no saber qué es lo que se me escapa me está volviendo loco.

El moreno soltó una risita antes de tomar asiento en una de las sillas.

- ¿Por qué no le pides a alguien más que le haga el hechizo Legeremens? La oclumancia se utiliza con una persona en concreto, ¿recuerdas cuando Snape se la enseñaba a Potter? Le enseñaba a ocultarse de Voldemort, no de su legión de mortífagos. -preguntó, mirándose las uñas con pose distraída, pero con un ojo sobre la reacción de Draco.

- ¡Eso es! Zabini, ¿tú lo harías? -cuestionó con seriedad.

- Claro, amigo. Y la duda me resulta ofensiva -contestó el otro Slytherin con una sonrisa malvada.

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