PERFIDIA

By luuSalguero17

1.4K 145 198

Alguien me dijo una vez que las personas somos despiadadas y crueles por naturaleza. Que aunque no lo quisié... More

capítulo 1
capítulo 2
capítulo 3
capítulo 4
capítulo 5
capítulo 6
capítulo 7
capítulo 8
capítulo 8 -segunda parte-
capitulo 9
capítulo 10
capítulo 11
Capítulo 11 -segunda parte-
Capítulo 12
capítulo 13
capítulo 14
capítulo 15
capítulo 16
capítulo 17
capítulo 18
capítulo 19
capítulo 20
capítulo 21
capítulo 22
capítulo 23
capítulo 24
capítulo 25
capítulo 26

capítulo 23 -segunda parte-

27 1 0
By luuSalguero17

Retuve las manos de Marco que hacían un camino desde mis pequeñas curvas hasta mi trasero cortando el beso.

Observé cómo Eros ya no podía ser retenido por Bety, quien le susurraba algo al oído a modo de súplica. Él estaba enfocado en otra situación.
Su atención estaba puesta en mí.
Se deshizo del agarre de la morena llegando a nuestro encuentro.

—Ven conmigo. Necesito que hablemos. —se dirigió directamente a mi.

Su tono fue molesto, demasiado. Se estaba conteniendo de golpear el sonriente y triunfante rostro de Marco de una manera que no creí posible.
Pensé que lo vería desbordarse y esto acabaría en una tragedia.
Fingí serenidad, no quería hacer una escena y tampoco demostrarle cuánto me había afectado todo.

—Lo siento, estoy en medio de algo —musité con obviedad.

—Dije que vengas. Ahora, Ariadna. Si no quieres que haga un escándalo aquí mismo. —su tono demandante me incitó a seguirlo.

—Si voy será porque yo quiero. No porque me estás obligando, que eso te quede claro. —caminé a su lado manteniendo las distancias hasta llegar a un espacio más apartado de la música, dónde pudiéramos escucharnos los dos.

—Dime una cosa, ¿a qué estás jugando? Ese papel de buena samaritana no te sirve de nada. No finjas conmigo.

—Tampoco es como si necesitara demostrarte lo contrario. No eres nadie a quien le deba explicaciones. —ataqué impaciente. Estaba dispuesta a defenderme a uñas y dientes.

En cambio, él ladeó su rostro para verme de costado con una sonrisa sugerente. Analizó mis gestos en busca de algún detalle que no supe entender.

—Eres bastante terca. Al principio pareces abierta a sugerencias y luego, de un momento a otro te cierras y te pones a la defensiva. Relájate. —negó entrecerrando los ojos en una mueca.

—Tal vez sea porque pudiste lanzar a Marco a los perros —señalé detrás mío, todavía observándolo con la rabia invadiendo mi cuerpo—. Si tan solo dejaras esas estúpidas rabietas...

—Si no lo golpeé fue porque soy respetuoso. No soy un cabron descontrolado con ánimos de joder una fiesta importante. Pero ganas no me faltaron. —sugirió lo último risueño.

—Te propongo que metas las narices en tus asuntos y dejes los míos en paz, ¿entendido?

Al ver que yo no cedería, contrajo la misma postura y con aire desafiante me confrontó:

—Él no te conoce de nada, dime: ¿cuánto le has pagado por su papel? —presionó el pelirrojo, seguramente molesto por mis actitudes en la pista de baile.

Sabía que aquello lo decía en broma, pero el propósito detrás de sus palabras no estaba tan alejado de la realidad.

Si él supiera...

—A diferencia de Keelan y tu yo no caería tan bajo. Él es mi amigo y quizá hasta mi nuevo interés amoroso.

—Te besaría aquí mismo para demostrarle a ese imbécil lo que es desear tanto a alguien hasta el punto de reprimirse, pero tengo una dama en espera a la que cortejar.

—Pues no hagas esperar a tu acompañante. Al parecer andas tan distraído que incluso puedo percibir en su rostro la poca atención que le estás dando y el veneno que me echará pronto. —expresé en tono burlón.

Efectivamente, el rostro de Bety Hudson estaba descompuesto.

                            ~🔥~

Me cuestioné si estar tan implicada en esto acabaría con mi cordura, con el lazo que había creado con ellos cuando éste se rompiera. Porque ese momento llegaría. No sabía cuándo, o cómo, pero estaba cerca.

Mis ganas de saber iban más allá de cualquier estrategia trazada a la perfección.
Planeé involucrar unos alucinógenos en la bebida de Eros con el fin de extraer únicamente información necesaria para mi propio interés.

Solo será por un ratito, me dije convenciéndome de que ese era un buen plan.

¿Creerías que soy injusta? Aún no tienes idea.

—Dame un whiscola, porfavor. —pedí con confianza cuando me dirigí a la barra de tragos. Era para Eros, aquella bebida no podía faltar en sus manos, otro dato del que recién me percataba.

Me había ofrecido a llevarle un trago únicamente a Marco, pero me sorprendí al encontrarme con cierto pelirrojo que me observaba con recelo desde la distancia.
Debía buscar la manera de parecer amigable luego de lo acontecido, asique me excusé diciendo que le pediría un trago a él también para pasar el mal rato y poder llevarnos bien y tener la mejor velada posible.

El barman me observó con una ceja alzada y una mueca satisfecha. Por poco hasta me hacía una reverencia.

—Disculpa. Es que no acostumbro a preparar muy a menudo este tipo de tragos. Paladar a la antigua, buen gusto.

Realicé un gesto de altanería como si realmente supiera de ello, mas por dentro era un becerro asustadizo.

Llevé la copa primero a Marco. Luego la de Eros, proponiendo una tregua de mi parte, y reservandonos un lugar más apartado lejos de la multitud y de nuestras respectivas parejas.

Me observó con su vista fija en la mía. Sus ojos me escudriñaban buscando una pizca de inseguridad en mi rostro. Luego se detuvo en la copa, y finalmente la tomó con delicadeza moviendo su líquido, aún contemplándome.
Imaginé una película en donde el enemigo sospecha de la metida de pata de su atacante e igualmente asume las consecuencias y forma parte del plan, pero con algún propósito oculto.

¿Caería en la trampa tan fácil?

La idea me mortificaba.

Todo saldrá bien. Todo saldrá de maravilla, me dije.

Al parecer no estaba en sus planes. No esa noche. Porque de pronto cruzó los brazos al estilo de dos personas recién casadas y me obligó a beber de su copa, mientras él saboreaba la mía observándome fijamente.

—Qué inocente eres, bizcochito. —declaró en un comentario que dudé si iba con doble intención—. ¡Vamos! Bebe, acompáñame en esta ocasión tan especial con un trago.

Entonces le di un gran sorbo a su copa y de pronto aquel líquido quemó mi garganta. Debo decir que su whiscola no estaba tan mal, a excepción de mi nula experiencia en el whisky.
Tosí por la cantidad de alcohol ingerida y comencé a marearme.

Ya quisieras que yo fuera tan fácil, ¿verdad Eros Villin?

Bien. Imagínate esas películas donde pausan y rebobinan todo, como si regresaran en el tiempo, porque esto fue lo que sucedió:

Lo supuse. Sabía que algo joderia mi objetivo, y por ello me había tomado el atrevimiento de colocar el polvo en mi bebida arriesgandolo todo.

O era él, o sería yo. Pero a diferencia del pelirrojo, yo no tenía algo oculto fuera de mis intenciones por encontrar la verdad, que no era una mentira.

Ambos bebimos de nuestras copas, entretenidos mutuamente.
De un momento a otro, sus cejas se arrugaron y la determinación dió paso a la confusión.

—Tú... —Eros no terminó la frase, sino que comenzó a sonreír abriendo su boca mientras observaba embelesado la esfera que apuntaba sus luces de colores en todas las direcciones.

Anulé un pendiente menos de mi listado mental, sonriendo triunfante.

Ariadna= 1.
Eros=0.

—¿Qué te parece si vamos afuera? Aquí me falta el aire —propuse abanicando mi rostro en un tono amistoso más agradable de lo habitual.

Sin esperar su respuesta tiré de su brazo hacia la salida.

—Bizcochito travieso, ¿acaso deseas llevarme afuera donde nadie me vea para manosearme? —preguntó en un tono atrevido—. Me lo hubieras dicho antes, ¡andando!

Comenzó a caminar rápidamente haciendo a un lado todo lo que obstruyera su paso, sin importarle las miradas de reproche del resto.
Lo contemplé horrorizada. Dios, ¿este hombre era así de fácil incluso con alucinógenos en su cuerpo?

—Mmm, no es precisamente eso... —articulé tímida siguiendo sus movimientos.

—JA! Hasta tienes forma de bizcocho, ¡mírate! —llevó una mano a su boca para no burlarse en mis narices—. Perdone señora bizcocho, pero se ve sabrosa.

Se acercó peligrosamente jugueteando con su lengua; sus ojos felinos me analizaron profundamente. Parecía un perro persiguiendo un trozo de carne.
Tuve que tomar cartas en el asunto que se me había pasado solo un poquito.

—Oye, ¡detente! Puedo ser un bizcocho muy, muy —enfaticé el miedo en la última palabra, poniendo la mano en su pecho para detenerlo— venenoso, no creo que quieras degustarme en mal estado. Soy peligrosa.

Me sentí ridícula tratándome como lo estaba haciendo frente al pelirrojo, pero no tenía más opción que seguirle la jugarreta que yo misma había provocado.
Su rostro pasó de la lujuria al asco en menos de un segundo.

—¡Eres cruel! ¡¿Cómo te atreves?! —se quejó luciendo totalmente ofendido con el puño tapando su boca.

—¡¿Pero ahora qué carajos hice!? —pregunté al borde de la locura.

—¡¡Me envenenaste!! Aquel día del beso, en la fiesta, en la piscina. ¡¡Quisiste dañarme todo este tiempo y como un tonto caí!!

—No fue así ¡¡YA DEJA DE DRAMATIZAR Y ACOMPÁÑAME!!

A lo último lo grité tan fuerte que sus ojos se abrieron y sus pasos fueron automáticos como los de un robot. Incluso me siguió en silencio hasta sentarnos en la acera.
La madrugada iba silenciosa. El cielo despejado e iluminado por la luna y las estrellas nos acompañaban en la oscuridad.

Cuidé mis siguientes palabras, porque sabía que Eros poseía aquella determinación y realmente si lo veías de lejos se mostraba ingenuo. Pero en el fondo era bastante incrédulo, odiosamente inteligente y jugaba sus cartas cuando a él le convenía.

—Asique... ¿Keelan y tú han sido amigos desde toda la vida? —curioseé casualmente luego de un rato sentados en completo silencio. Mis ganas de saber más comenzaban a manifestarse, y los nervios amenazaban con delatarme.

—Sí, de hecho no podría recordar desde hace cuánto nos conocemos. Supongo que ya es toda una vida a su lado.

Eros se veía recompuesto, hasta parecía más normal.

—Osea que eran colegas de aventuras desde pequeños...

El pelirrojo reafirmó su postura. Esta vez más controlado.
Lanzó una pequeña risa burlona como si estuviera escarbando en su memoria.

—Somos cómplices. Si uno tiene un problema, el otro le tiende la mano. En lo que sea. —aclaró lo último en un tono más firme, que parecía tener otra finalidad.

—¿Le ayudaste con todo lo de Gretchen? Quiero decir, la recuperación, los momentos difíciles...

—¿Qué significa ese interés taaaan repentino? —hundió sus oscuras y perfectas cejas intentando descifrar un ápice de desespero en mi aspecto. Sus extraños ojos brillaron en la oscuridad cuando me observaron curiosos y juguetones.

Elevé mis hombros como acto reflejo haciendo gestos desinteresados. Totalmente tranquila y en calma dije:

—No sé. Keelan ha estado tan ajeno a él mismo por todo el asunto de su hermana que yo solo quiero ayudarle aunque en el proceso me rechace, y simplemente no sé cómo hacerlo. —utilicé mis mejores armas de actuación fingiendo estar lo bastante preocupada, rogando que él se lo creyera.

La verdad era que a este paso, el rubio comenzaba a importarme poco menos.

—Si él lo necesitara créeme que te lo pediría. Keelan estará desesperado, pero que pida ayuda es otra historia. Para ello debe estar al borde de la locura.

¿Y por qué, en tantas oportunidades, Keelan me había buscado si lo tenía a su amigo?

Algo comenzó a volverse, ¿extraño? No lo sé. Simplemente no pintaba.

Me arriesgué, realmente necesitaba expulsar al menos algo de lo que sabía. Información poco valiosa llegados a estas circunstancias.

—En aquella ocasión... Cuando Keelan se desmayó, yo, yo...

—Sí. Dime, ¿qué pasa? —su pregunta y su mano en mi hombro me sacaron del supuesto trance en el que estaba. Pareció serio e insistente por saber qué saldría de mi boca.

—Me quedé pensando en él, me preocupé muchísimo por su salud...

—No entiendo. Pues lo normal, ¿no?

—Si, pero hice algo... —su rostro cambió por completo. Entre aturdido por la sustancia de su bebida y desorientado por mis palabras poco directas.

Me animó a continuar, tomando aire confesé una pequeña verdad.

—Yo entré en la oficina de su madre, y encontré entre tanto papeleo un viejo periódico. Mencionaba a este pueblo, Sirly Town junto a la desaparición de Gretchen.

Su interés se incrementó. Toda su atención pasó de la vereda oscura del frente hacia mi persona. Arrugó la frente apartando un mechón rojizo de su cabello.

—Tú también vivías allí —rebatí con curiosidad escudriñando sus expresiones.

—Sí... —observó al suelo y rápidamente utilizó sus armas— ahí mismo mamá nos abandonó. Y también ahí aprendí que mi única familia eran y serán siempre mi padre y Keelan.

¿Haber dicho eso le estaba sirviendo como distracción?¿Acaso evitaba hablar de ese tema?

Como sea, busqué la manera de continuar sin caer en su juego para hablar sobre su pasado. Deseaba saber qué circunstancias lo habían cambiado, sí, pero me interesaba mucho más aquel peculiar suceso no tan lejano.

—El periódico mencionaba su extraña desaparición. Me parece increíble el hecho de que se haya esfumado esa noticia y de pronto los habitantes siguieran con sus vidas como si nada.

—Ariadna, escúchame.

Volteé hacia su dirección cuando me habló seriamente.
Me sorprendió cómo cambiaba de un estado de ánimo a otro tan rápido.

—No eres detective, ni policía, ni nada que se le parezca. Debes dejar de buscar el porqué a tantas cosas, y simplemente creer que tal vez la señora Maison estaba tan devastada como para no querer saber más del caso, y teniendo tanto poder haya decidido apartar a su difunta hija de todos los medios posibles. Las muertes no deberían ser noticia de los medios de comunicación, que las utilizan para lucrarse de ellas.

En eso tenía razón, no debía alimentar mi cabeza con tanto cuento. Quizás estaba tratando de buscar fantasmas donde no los habían.
¿Y si Zhein me había mentido todo este tiempo?
No. Imposible. No podía ser luego de todos los sucesos insólitos que involucraban a la madre de Keelan.

—Sí, tienes razón. Pero debes otorgarme el beneficio de la duda. Su madre es un tanto despiadada y sus actos rebotan en Keelan. Creo que ahí hay algo más.

—Ya déjalo de lado, no obtendrás algo que no es y tal vez buscas desesperadamente una respuesta al destino que tenía una persona.

Nos quedamos en silencio. Yo pensando en cómo habían muchísimas cosas que no encajaban y a pesar de todo seguiría investigando sin importar más nada.
Le quitaría el velo de los ojos a Eros también.

Oí un ruido como de plástico proveniente de mi acompañante, y curiosa llevé mis ojos en dirección al sonido.

—Por cierto... —escuché su voz que se tornó más burlona de lo normal, así como victoriosa.

Entonces lo vi. Del bolsillo de sus ceñidos pantalones sacó una pequeña bolsa transparente que sostenía la supuesta sustancia que debía estar en mi bolso.
Lo observé extrañada, tratando de mantenerme estable sin demostrar cuánto me había afectado ver aquello.
Abrí mi boca para defenderme, mas nada salió.

—Creo que esto te pertenece.

Dijo aquellas palabras con la tranquilidad de alguien que sabe que te supera pero no desea hacer alarde de ello, sino que lo demuestra desde sus conocimientos.

Tomó mi mano, noté el característico anillo de plata en su dedo pulgar y las venas marcadas en el dorso. Me entregó el paquete y se puso de pie con su habitual sonrisa juguetona que esta vez me pareció más cínica, más fría, y acomodó su camisa regresando a la fiesta.
No hicieron falta explicaciones, ya debes saberlo. Seguramente Eros cambió el maldito contenido en algún momento que me distraje. Ni siquiera podía acusarlo de ultrajar mi bolso. En cambio lo mío había sido peor.

Incluso con ese aire malo, desafiante y misterioso cuando lo vi caminar lentamente de espaldas a mí, se veía condenadamente maravilloso.

Condenadamente sexy.
Condenadamente astuto.

Y con ello cada partícula de mi cuerpo se sacudió nerviosamente.

Eros= 100000.
Ariadna= 0.

¡Wow! Que gran actuación de su parte.

Continue Reading

You'll Also Like

14.1K 460 27
Isabelle cuenta lo que siempre pasa cotidianamente en su tranquila y aburrida vida. Al menos ella creía que siempre iba a ser así hasta que un día, u...
10.7K 2K 36
Dicen que las segundas partes nunca han sido buenas, yo me niego a creer eso. A veces las segundas partes son el detonante perfecto para concluir con...
33 4 3
Haz sentido un amor intenso por alguien, el cual no funciono o quieres reflexionar sobre como cosas que te parecieron buenas de niño, pero ahora pare...
1.3K 99 48
La vida no es un camino: es un laberinto que se cierra detrás de ti. Cada paso te aleja de lo que fuiste y te empuja hacia lo que no quieres ser. Cre...
Wattpad App - Unlock exclusive features