Ella no se había quedado peleando con Somi por mucho tiempo, en el momento que logró tumbar a la mujer al suelo corrió en la búsqueda de su omega.
Tenía que cuidar a Sana, no importaba el costo.
No le fue muy difícil encontrar a la mayor, conocía la mente de su amada, la forma que tenia de esconderse y los trucos que usaba para confundir a su cazador. Cuando eran pequeñas jugaban a las escondidas todo el tiempo, era fácil para Tzuyu reconocer la astucia de Sana y su forma de defenderse ante el terreno peligroso.
Y por eso mismo le fue fácil el deducir lo que planeaba la omega al verla subir a las vías del tren, el como está buscaba llevar a la gran loba negra a lo que sería su perdición.
Jennie no lo notaba, no se daba cuenta del peligro que corría. Era una total ignorante de que su presa se tratara de una loba con piel de oveja, actuando como una damisela en apuros a la espera de su muerte cuando en verdad estaba aguardando el momento perfecto para asesinarte.
Tzuyu sabía que debía gritar, advertirle a Jennie del peligro pero por alguna razón las palabras no salían de su boca.
Todo paso muy rápido.
El tren, Sana, Jennie.
Fue como si todo se detuviera por un segundo, sin el ruido, sin el viento, sin siquiera respirar, mirando el cuerpo de Jennie caer de las vías del tren hacia la furiosa cascada de agua.
Y después simplemente todo simplemente se volvió a reproducir, esta vez en cámara rápida.
Sin importarle ser mojada, Tzuyu se adentro con valentía a las aguas de ese letal rió mientras escuchaba a lo lejos a Somi gritar el nombre de Jennie.
El agua estaba helada y pareciera que tuvo que nadar horas para llegar al cuerpo de la gran loba negra. Luchando contra la fuerte corriente saco fuerzas de donde no había, logrando llegar a la orilla mientras rezaba para que Jennie siguiera viva.
Con el cuerpo temblando de frió se acerco a la loba y no pudo evitar sentir las lagrimas acoplarse en sus ojos al notar el negro pelaje de Jennie manchado de sangre. Tzuyu actuó por instinto, con desesperación en sus movimientos llevo sus manos a una de las heridas mas profundas de la mayor, tratando de manera inútil detener la hemorragia.
No necesito tomarle el pulso para saberlo, Jennie estaba muerta.
— Unnie... – llamo con la voz temblorosa – Unnie, despierte – pidió sacudiendo a la bestia, tratando de detener los sollozos involuntarios que soltaba su cuerpo – Abra los ojos, esto no es divertido.
Pero la mayor no se movió.
Tzuyu se sintió como una pequeña niña asustada y perdida, abrazando con fuerzas el cuerpo de la mujer que la crió sin importarle en lo absoluto si se manchaba o no con la sangre de esta, llorando con fuerzas mientras temblaba de lo frió que se sintió su propio cuerpo.
Estaba cegada, cegada por el dolor, los recuerdos y los sentimientos. Tzuyu no merecía esto, nada de esto.
Quería creer que esto no era su culpa.
Sintió las manos de Somi empujarla lejos y su corazón se partió aun mas al ver el rostro de la anciana. La mujer estaba llorando, sollozando con tanta fuerza que ni siquiera estaba respirando, con las lágrimas cayendo por su rostro mientras como peso muerto se dejaba caer frente al cadáver.
— No, no, no... – Sollozo escondiendo su rostro en el pelaje del animal – no tú, no me dejes, no tú... por favor.
Pero era tarde y lo sabía, las dos sabían que no había vuelta atrás. El cuerpo entero de Somi se estremeció y con los ojos llenos de lágrimas miro a Tzuyu.
— ¡Esto es tu culpa! – sollozo la alfa – ¡Jennie esta así por tu culpa!
Tzuyu negó con rapidez pero no respondió, Somi no había escuchado de todas formas, la anciana estaba muy encimada en su dolor para notar algo más.
— Yo no estoy lista para esto – le susurro la mujer al cadáver – no estoy lista para dejarte ir, Jennie vuelve... – ya sin fuerzas golpeo el cadáver de la que era su mejor amiga – ¿por qué no vuelves ¡te ordeno que vuelvas ! ¡ No puedes dejarme!
Tzuyu tomo entre sus brazos a Somi, evitando que esta siguiera haciéndose daño de esa forma.
— Unnie, yo...
— No puedo con esto – aseguro la mujer sin mirarla – ¡Déjame en paz! ¡No quiero dejarla ir! ¡Jennie!
Tzuyu soltó un sollozo y dejo que la vieja Jeon se descargue con ella, siendo golpeada e insultada por esta mientras ambas lloraban. Sufrían por aquel monstruo, sentían el dolor de la perdida a carne viva porque no podía dejar de aunque Jennie era una besti amarla.
Un animal; una madre.
Una asesina; una hermana.
Su familia... una familia que ahora ya no existía.
Sana soltó un fuerte grito al momento en que logro correr de vuelta al bosque, con las lágrimas rodando por sus mejillas y múltiples heridas en el rostro. Estaba muy oscuro y sus ojos estaban nublados por lo que no fue de extrañar que tropezara contra una gran roca, haciendo sangrar su tobillo por culpa de la caída.
Pero esta vez Sana no se levanto.
La omega puso sus manos contra su rostro y sollozo con fuerzas, dándose cuenta del pecado que había cometido. Fue como si su alma volviera a su cuerpo, como si despertara de una pesadilla para notar que todo este tiempo estuvo en el mundo real.
La culpa se sintió como fierro caliente en su estomago, impidiéndole respirar o siquiera reaccionar.
Había matado a una mujer, había asesinado a la mujer que crió a Tzuyu.
Había hecho pagar a la mujer que asesino a su madre.
Negó con la cabeza espantada de sus propios pensamientos, Tzuyu nunca la perdonaría por esto, su propia alfa iba a matarla.
Sana levanto la mirada y la luna la recibió de inmediato, se veía borrosa pero seguía ahí, tan imponente y fría como el hielo mismo, la había visto su amor, la única guardiana de sus secretos y la misma que ahora observaba como todo se única que destruía en solo unos minutos. Se pregunto si aquel astro sintió un tipo de pena por ella o si por el contrario la juzgaba silenciosamente, susurrándole asesina en el oído.
Escucho unos pasos acercándose y se encogió.
Podía huir de Somi pero si era Tzuyu... si era su alfa quien la estaba persiguiendo, quien venía a vengarse...
Entonces la dejaría hacer lo que quisiera con ella.
Dejaría que Tzuyu la torturara, la maltratara y matara simplemente porque sabía que ella no se merecía nada de lo que estaba ocurriendo. Porque ella era su alfa... tan estúpido como sonara ella seguía siendo su alfa.
Cerró los ojos, escondiendo su rostro contra sus manos mientras lloraba y escuchaba los pasos acercarse, igual como una pequeña niña que esperaba su castigo.
No quería morir.
No de esta forma, no a esta edad, no a manos de la persona que amaba.
— ¿Sana? – escucho un susurro a la distancia - mierda, Sana.
Sintió unos brazos acariciarla con cuidado y unas manos pequeñas tomar las suyas, dejando al descubierto su rostro. La omega se logra soltar un sollozo de alivio.
— Minari Unnie – gimoteo, levantando los brazos para que esta la abrazara, de la misma forma que hacía cuando era tan solo una bebé – lo siento mucho, Minari...
La beta no dudo en abrazarla y notando la herida en el tobillo de la omega maldijo por lo bajo.
— Súbete a mi espalda, iremos a casa – ordeno levantando con cuidado a Sana para luego darse vuelta, tratando de no parecer nerviosa ante los múltiples deben cortes en el rostro de la omega, Mina sabía que preguntar después de llegar a un seguro.
— No – negó la rubia con rapidez haciendo que la más baja la mirara – No puedo, ellas vendrán por mi así que debes dejarme aquí Minari.
Sana no quería que su familia siguiese teniendo inconvenientes por su culpa, se metió en este problema sola y se haría cargo sin llevarse a nadie con ella.
— ¿Que tonterías dices? no te dejare – gruño la mas baja – súbete a mi espalda, Sana.
— No lo entiendes – afirmo la menor con desesperación – por lo que mas quieras vete, ellas ya van a venir y no quiero que te vean con...
La beta tomo el rostro del menor entre sus manos obligando que esta la mirara y dejara de hablar. Casi de inmediato Mina limpio con delicadeza las lagrimas en la cara de su amiga, con cuidado de no rozar las heridas en sus mejillas y pómulos.
— No sé qué demonios paso pero no te dejare sola, soy tu familia y por nada del mundo te abandonare – aseguro con seriedad – ahora súbete a mi espalda porque iremos a casa.