Mi madre me había atado el pelo en dos coletas a lo alto de la cabeza, pero en cuanto entré en el colegio fui al baño y las deshice. Parecía una niña de cinco años con ellas, ¡y estaba a punto de cumplir los diez! Me alisé el pelo con las manos y miré al espejo mi reflejo, Jasper siempre me llamaba conejo y me decía que de mayor iba a tener que usar aparato, pero luego iban papá y Maya a defenderme. Y no es que lo necesitara porque, aunque mi hermano era dos años mayor, yo luego lo acechaba como los leones en los documentales y le mordía con fuerza. Él volvía a quejarse de mis dientes, pero yo conseguía mi venganza. Sinceramente creo que soy la favorita de papá porque me defiende y además siempre me elige a mi para ayudarle a colocar las luces de navidad incluso cuando Jasper se queja porque él también quiere. Que se fastidie, por llamarme conejo. Mi amiga Nina entró al baño mientras yo sonreía al espejo mirando mis dientes. No eran tan grandes, Jasper es idiota.
— Deja de mirarte los dientes, son normales, tu hermano es idiota. — dijo tranquilamente mientras se ponía a mi lado y sonreía enseñando sus dos paletas — Los míos son iguales que los tuyos, ¿ves?
Ambas nos miramos a través del espejo observando nuestros dientes durante unos segundos, luego al fijar mi vista en su pelo castaño vi una cascada de rizos decoradas con numerosos cereales y aunque lo intenté (pero no mucho) no pude evitar soltar una carcajada.
—¡Pareces una... — mi intento de comparación se interrumpió por mi risa — pareces una de esas sirenas feas de los cuentos viejos que tiene tu madre! — ayer mismo los mirábamos riendo de lo horribles que salían esas criaturas con dientes negros afilados y el pelo verdoso con basura humana enredada. Seguro que había sido su hermano pequeño el responsable de su peinado. Maya al darse cuenta me dio un golpe en el hombro para que me dejara de reír, pero es que llevaba todo el pelo lleno.
— ¡Para! No es gracioso Alex. ¡Ha sido Austin! Ese maldito niño no para de intentar crear lluvia de cereales por las mañanas. Estoy harta ¿sabes?, — comenzó a explicarme mientras yo seguía riendo y le ayudaba a quitárselos. — resulta que le parece muy entretenido ver cómo se me quedan en el pelo. ¡Voy a darlo en adopción! Te lo juro Alex, ese niño tiene solo dos años, pero ya está como una cabra.
— En tu casa estáis todos como una cabra — puntualicé sonriendo y recordando a su hermano mayor intentando aguantar diez minutos seguidos haciendo el pino. Caleb acabó vomitando y con dolor de cabeza, claro que eso no le impidió intentarlo al menos cuatro veces más. Salió mal todas las veces.
Nina intentó responderme, pero el timbre que iniciaba las clases nos interrumpió y salimos corriendo para no llegar tarde. Tuvimos unas mil horas de clase aburridísimas que nos pasamos mandándonos notitas por debajo de la mesa.
Nina: "En mi casa están todos locos menos YO"
Alex: "Tú eres la peor, te vi intentando superar el récord de tu hermano haciendo el pino"
Nina: "No lo intenté, LO HICE, además tú también estás loca"
Alex: "¿Yo? Pero si soy un ángel"
Le pasé la nota poniendo cara de buena como hacía Maya cuando quería volver tarde a casa.
Nina: "Recuerdo cierto día que nos metiste en el vestuario de los mayores para robarle las zapatillas a tu hermano"
Tuve que reírme muy bajito para que el profesor no nos mirara. Si leyera las notas nos echaría la bronca porque llevaban semanas intentando castigar al responsable de aquel robo. Miré a mi amiga que sonreía disimuladamente mirando hacia cualquier lado menos a mí y decidí que aquel juego de notitas podría meterme en un lío. Arrugué el papel y lo metí en mi mochila. Y otras mil horas pasaron hasta que llegó el timbre que señalaba el descanso.
Nina y yo nos sentábamos en el césped con unas chicas de nuestra clase todos los días, al lado del campo de fútbol. El tema del día, como el de ayer fue cuál de las nuevas barbies era la mejor, hoy era cuál de las nuevas barbies era la mejor, qué sorpresa. Me parecía un tema de conversación estúpido, obviamente la mejor barbie era la roquera, con la mitad del pelo rosa y el collar de pinchos. En casa teníamos una, pero cuando me la regaló mamá, tuve que cortarle el pelo, era liso y largo, así no van las roqueras. Jasper me ayudó a elegir el nuevo peinado y le hicimos una cresta chulísima, ahora me parecía que el resto de las muñecas eran bastante feas.
Mientras una de ellas explicaba que la mejor era la bombera, otra decía que la médica, y otra la que se iba de vacaciones. Fue entre la barbie con coche y la barbie con caravana cuando una pelota se acercó rodando hasta nosotras. Uno de los chicos que estaba jugando se acercó y me hizo señas para que se la pasara, pues había acabado justo a mi lado. La verdad es que me apetecía jugar un rato. A lo mejor hasta metía algún gol y se lo podía contar luego a papá, a él le encantaba este deporte y a veces jugábamos en el jardín.
— ¿Puedo jugar? — le pregunté al chico acercándome y dándole pataditas al balón. Él se encogió de hombros y caminó hasta sus amigos conmigo detrás. Le hice una seña a Nina y ella me respondió levantando el pulgar.
— Ella juega — dictaminó el chico totalmente seguro mientras se volvía a su posición de defensa. Sus amigos lo miraron y luego a mí, muy extrañados. ¿Tenía yo algún cereal en el pelo? Empezaron a susurrar mientras seguían mirándome de forma rara, me estaba poniendo un poquito nerviosa y les devolví la mirada mientras recogía la pelota del suelo.
— ¿Qué pasa? — pregunté
— Venga quiero jugar antes de volver a clase — dijo el chico que me había invitado.
— Sam, es mayor — le susurró un chico a su lado. Entonces me di cuenta, los miré detenidamente y vi que ninguno de ellos me sonaba. ¡Claro! Eran del curso inferior. Me miraron unos segundos larguísimos y decidí que todavía me apetecía jugar.
— Yo soy delantera — afirmé colocándome en mi posición.
Sam dijo que iba en su equipo y yo no necesitaba saber más, solo tenía que meter la pelota en la portería de enfrente. Perfecto, sin problema. Alguien gritó iniciando el juego, y como no les había devuelto la pelota, me tocó sacar a mí, enseguida hubo pases de unos a otros evitando a los del equipo contrario. Cuando ya estaba al lado de la portería contraria la pelota llegó a mí, sin embargo, no me dio tiempo ni a recibirla porque un cuerpo chocó conmigo tirándome al suelo. Me encontraba en un instante de pie y al siguiente tenía el cuerpo de un niño encima del mío. Me empezaron a doler las palmas de las manos pues había parado la caída con ellas y también la cadera derecha.
El chico, según los gritos de los que iban en mi equipo, se llamaba Rory. No parecía avergonzado por el choque. De hecho, estaba sonriendo mientras se levantaba lentamente.
— Rory eres idiota, lo has hecho a posta — dijo Sam ayudándome a levantarme
— A sido sin querer, me he tropezado, ella estaba en medio.
— Ha sido penalti — lo miré enfadada sacudiéndome la tierra de los pantalones. Cuando estuve a su lado le miré y me di cuenta de que era un poco más bajito que yo.
Le quité el balón a uno de su equipo con un rápido movimiento y me puse delante de la portería. Le gustara o no, lo había hecho adrede y todos lo habían visto. Menudo idiota. Mi padre me había enseñado lo que se consideraba falta cuando Jasper me había arrollado por todo el jardín, incluso me dislocó el hombro. Sam apoyó mi afirmación y todo el equipo se le unió, mientras Rory se quejaba los del otro equipo se resignaron porque ¡obviamente había sido un penalti!
Me puse delante de la portería mirando al niño que hacía de portero, que se apartó los rizos de la cara y se concentró en el balón. Hice un amago hacia la derecha y él no tardó en moverse para impedir un gol en esa mitad del cuadrado. Tardé unos segundos en esa posición y volví a moverme sin dejar claro hacia dónde iba el tiro, el portero me miró enfadado porque había caído en la pequeña trampa. Sonreí y esta vez hice un amago hacia la izquierda, pero el chico se pensaría que era mentira otra vez y se movió hacia mi derecha. Pues esta vez no era un amago, le di una patada con todas mis fuerzas a la pelota lanzándola dentro del cuadrado con red sin que el portero pudiera pararla porque estaba en el lado opuesto. El balón entró limpio y el chico acabó en el suelo lamentándose por la inexistente parada.
Los de mi equipo vitorearon y me chocaron los cinco, alguno me dijo si quería enseñarle a hacer eso, otro dijo que era normal que jugara tan bien porque era mayor. Los dejé hablando y me acerqué al portero, que seguía en el suelo, a lo mejor se había hecho daño.
— ¿Estás bien? — inquirí ofreciéndole la mano. Él me miró sorprendido y la aceptó levantándose con un impulso. Como no me respondía supuse que estaba perfectamente.
— Me has engañado — dijo sin soltarme la mano, totalmente confuso. Sonrió, supongo que repasaba toda la estrategia mentalmente, me miró con admiración y no pude evitar devolverle la sonrisa. — ¡Ha sido alucinante! — soltó exaltado — De verdad pensaba que iba por la derecha, me has engañado como a un niño pequeño.
Mi leve sonrisa se convirtió enseguida en una carcajada cuando me di cuenta de que lo de niño pequeño le venía al pelo ya que era menor que yo. Comenzó a gesticular explicándome de nuevo toda la jugada que yo acababa de hacer, como si no me hubiera dado cuenta de lo alucinante que había sido. Sus palabras, no mías. Sus rizos rebotaban cuando empezó a saltar excitado.
— Me llamo Nathan — se presentó extendiendo la mano, se la estreché con fuerza.
— Es un nombre raro — dije, sin esperar la mala cara que puso.
— ¿Cómo te llamas tú? — preguntó con un tono molesto, esperando que mi nombre fuera normal para poder opinar sobre si otro nombre era raro.
— Alex — dije resuelta, mi nombre me gustaba.
— Tienes nombre de chico
Parecía muy orgulloso de su comentario, como si hubiera ganado la batalla de nombres. Le miré frunciendo el ceño. Le dije que él tenía nombre de perro y él me contestó que mi nombre no solo era de chico, sino que además era de hombre viejo, todo esto con una cara peor que la primera. Pensé mi respuesta unos segundos, pero no se me ocurría nada, maldita sea. Me encogí de hombros y me dirigí hacia donde seguían sentadas mis amigas.
Seguía dándole vueltas a una buena respuesta a su comentario, pero tuvimos que volver a clases. Cuando llegué a casa le pedí ayuda a Jasper para encontrar un buen insulto a su nombre, él me dio un par de ideas, pero implicaban palabras que no quería utilizar, así que le pedí ayuda a Maya. Cuando le conté lo sucedido solamente me miró con cariño y me dijo que ese chico seguro que era muy guapo. Me quedé pensando mientras hacía los deberes, pensé tanto que tardé mucho más de lo normal en terminarlos.
Nathan no era guapo, bueno, no me había fijado, pero no creo que lo fuera. Además, era más pequeño que yo, básicamente era... era un bebé. Eso es. Además, mi nombre no era de señor viejo, era de chica, de chica que jugaba genial al fútbol. La verdad no recordaba mucho su aspecto, solo que tenía el pelo rizado y le tapaba los ojos.
Me tumbé sobre mi mullida alfombra blanca esperando a que llegara la hora.
La semana pasada Nina y yo estábamos sentadas en su sofá comiendo palomitas y viendo la película de Hanna Montana que nos había comprado su madre. Era por lo menos la cuarta vez que la veíamos y estuvimos cantando y saltando con todas las canciones que había, nos las sabíamos todas. Cuando los protagonistas se daban el beso espectacular las dos nos quedábamos calladas con las mejillas rojas, es que él era tan guapo... Cuando terminó la última canción de los créditos, nos quedamos hablando en el sofá, cada una en un extremo jugando a tocarnos los pies.
— Yo creo que... — se interrumpió para darle un mordisco a su regaliz — creo que Austin es un extraterrestre.
Eso me hizo sonreír, me imaginé al niño de color verde con antenas en la frente y los ojos gigantes.
— Te lo digo en serio, a veces se pone a balbucear y no se le entiende nada, creo que nos intenta hablar en su lengua materna.
— Tú sí que eres un alien, enana — repuso Caleb que apareció de repente dejándose caer en medio de ambas, tuvimos que recoger los pies, pero Nina no fue tan rápida y su hermano se sentó sobre ellos.
— ¡Aparta Caleb! — comenzó a forcejear, él se apartó lo suficiente para cogérselos y empezar a hacerle cosquillas, a mí me hizo mucha gracia pero Nina empezó a dar patadas para liberarse.
Empezó a gritar para que la soltara, pero él no tenía ninguna intención de parar su ataque. Se escuchaba una orquesta de risas que solo se interrumpían por las quejas de mi amiga. En una de sus fuertes patadas, le acertó de lleno a su hermano que acabó saliendo disparado hacia mi lado del sofá, de hecho, acabó totalmente encima de mí. Yo seguía riéndome pero Nina se puso a gritarle diciendo que era un idiota y que lo estropeaba todo, que me había hecho daño y que se tenía que disculpar. Solo entonces él le soltó los pies, se giró hasta que nuestras caras se quedaron muy cerca, tenía los brazos a cada lado de mi cara sonriente, entonces me di cuenta de que él no sonreía, de hecho tenía la cara roja y me miraba avergonzado. Dejé de sonreír, fui consciente de lo cerca que estaba y decidí que no me gustaba, estaba incómoda y quería que se apartara. Me removí un poco para alejarme y enseguida él se apartó, un poco brusco la verdad.
— Lo siento — dijo rápidamente mientras se levantaba y se iba. Ambas nos quedamos mirándolo cuando subió las escaleras muy rápido hacia el piso donde estaban las habitaciones
— Es que no lo aguanto, él sí que es un extraterrestre.
— Yo creo que le caigo mal — repuse cohibida, puse mis manos sobre mis mejillas para descubrir que estaban muy calientes, al parecer yo también me había sonrojado, pues qué bien.
— ¡Claro que le caes mal! Es idiota y solo le caen bien los idiotas, ni en un millón de años podría tener de amiga a alguien tan guay como tú. — sentenció absolutamente segura cogiéndome del brazo y llevándome hacia la cocina. — Mamá, Caleb nos ha molestado un montón, no he podido disfrutar de la compañía de mi amiga del alma, deberíamos hacer algo juntas otra vez el miércoles que viene.
¿El miércoles? La miré confusa y ella me guiñó un ojo, su madre nos dirigió esa mirada de madre, mi mamá también ponía esa cara. Sandra sonrió y asintió.
— ¿No estrenan en el cine una película el miércoles? Creo que era esa en la que sale ese chico tan guapo de la película que estabais viendo.
Se puso una mano en la barbilla pensativa y entrecerró los ojos, Nina empezó a dar saltitos contenta esperando a la respuesta. Sandra finalmente accedió a llevarnos al cine a las dos al siguiente miércoles. Mi amiga parecía muy contenta porque había conseguido lo que quería, pero yo creía que en realidad su madre ya sospechaba su intención y había fingido pensárselo. Igualmente me hizo mucha ilusión la idea, así que cuando a la semana siguiente Nina llegó a mi casa y escuché a su madre hablando con la mía me levanté enseguida de la alfombra donde me había quedado durmiendo y me cambié de ropa rapidísimo, me puse mi jersey favorito con mis vaqueros favoritos y mis botas favoritas.
Salí corriendo de la habitación y entré en el salón donde estaban nuestras madres.
— Adiós mamá. — le di un beso en la mejilla y salí con Sandra hacia el coche.
Como siempre, abrí la puerta de atrás para sentarme con mi amiga, me puse el cinturón y enseguida comencé a hablar de las ganas que tenía de comer palomitas. Tardé un segundo en darme cuenta de que estaba de brazos cruzados y de morros, fulminando con la mirada el asiento que estaba delante de ella mientras le daba patadas disimuladas. En el coche solo se oía el sonido suave de la música y los refunfuños de Nina, no tardé en darme cuenta que delante suyo estaba sentado su hermano mayor y que por eso estaba enfadada. Caleb se giró un poco para mirarme de reojo y se sonrojó un poco cuando le devolví la mirada, algo enfadada.
Estaba molesta con él, no porque él me cayera mal, si no al revés, yo a él no le gustaba nada y además estaba claro que se había venido para molestar a su hermana, como siempre hace. Me acerqué a preguntarle a la chica gruñona si él también venía al cine, obtuve como respuesta algo parecido a "es un idiota, lo odio y ojalá se quede encerrado en el baño del cine y no tenga que verlo nunca más". Bien, quedaba claro que venía a ver la película y eso solo me decía que era un verdadero idiota, como lo llamaba su hermana. ¡A él no le iba a gustar la peli! Incluso se pasó la hora y media que duraba criticando la de Hanna Montana la tercera vez que la vimos en su casa. Lo fulminé con la mirada como hacía mamá cuando Maya volvía a casa más tarde de lo acordado, pero como él no me miró no hizo el efecto que tenía la de mamá.
El trayecto fue muy silencioso hasta que por la radio sonó una canción de Justin Bieber que Nina y yo nos sabíamos como nuestro nombre. Aunque ella seguía enfurruñada no pudo evitar cantar conmigo y hacer sentadas uno de nuestros bailes, su madre sonreía y le subió el volumen a pesar de las quejas de su hijo. Cállate, Caleb. Movimos las manos al unísono chocándolas de vez en cuando siguiendo el ritmo de la canción, la cantamos casi gritando y, a pesar de que el coche terminó el viaje y salimos de él, no podíamos dejar a medias la coreografía así que la terminamos de interpretar en el aparcamiento del cine. Sandra nos aplaudió e imitó el sonido de una multitud vitoreando mientras Caleb nos miraba algo sorprendido. Nina le dio la mano a su madre para arrastrarla rápidamente al interior y comprar las entradas. Y me quedé justo detrás, al lado del hermano molesto con las manos en los bolsillos.
— ¿Por qué has venido? — lo miré de nuevo con la mirada de mamá, esta vez sí que la vio, aunque creo que tampoco hizo el mismo efecto. Comenzamos a andar sobre la alfombra blandita y roja, mi nariz se deleitó con el maravilloso olor de las palomitas de mantequilla. Creo que me distraje un poco pero me recuperé y volví a mirarlo. — ¿Ha sido para molestar a Nina?
La verdad es que nunca había visto antes la expresión de su cara, estaba serio y me miraba mucho, seguimos andando con mis dos preguntas en el aire. Yo por supuesto que le devolví la mirada, si esto era una competición yo no iba a ser la perdedora. No me di cuenta de que estábamos ya dentro del pasillo que llevaba a las salas, él fue el que apartó la mirada primero. Alex: 1, Caleb: 0. No me había contestado, pero como Nina siempre decía, era un poco idiota. Mi amiga seguía hablando con su madre sobre si los asientos estaban cerca de la pantalla. Sandra me compró palomitas de mantequilla, Nina se pidió una bolsa de regalices y Caleb eligió una bebida gigante y unos Reese's. Miré el paquete naranja al igual que mi amiga, luego nos miramos entre nosotras sonriendo y preparando un plan de robo, a mano armada si fuera necesario. Nos encaminamos con nuestra comida por un pasillo, después de enseñar nuestras entradas a un empleado y pasamos a la sala, Caleb sujetó la puerta abierta cuando estaba cerrándose tras pasar su madre. Me senté al lado de Nina que estaba al lado de Sandra con Caleb a mi lado cerrando la fila, no tardamos ni un segundo en empezar a comernos las palomitas, que no iban a durar ni para los primeros diez minutos. Menos mal que la película empezó enseguida precedida solo por unos leves grititos de emoción por nuestra parte. Comenzó una música suave y un coche por la carretera, evidentemente no emitimos ni un sonido cuando la voz del chico comenzó a narrar su historia, comíamos palomitas sin despegar los ojos de la pantalla. Entonces un brazo pasó por delante de mi cara para coger un puñado de palomitas y volvió a su sitio, su dueño me miró sonriente mientras yo alejaba el cubo un poco, Nina ni se había dado cuenta.
— Son nuestras — lo reprendí en un susurro, él por supuesto se encogió de hombros ignorándome y mirando la pantalla de nuevo. Al cabo de un rato volvió a hacerlo — ¡Caleb!
Creía que lo había dejado claro sin embargo él pasaba de hacerme caso, pues muy bien: le robé los Reese's. Trató de recuperarlos pero yo ya se los había dado a Nina, que los apartó de él. De nuevo, haciendo gala de los años de experiencia que tenía en molestar, Caleb se alargó otra vez sobre mí con toda su espalda sobre mi regazo y tras unos segundos recuperó su comida. Sin embargo no se alejó, se giró para mirarme quedando igual de cerca que aquella vez en el sofá, esta vez al apartarse fue menos brusco, sin dejar de mirarme. Creo que no me gustaba que me mirara tanto, aunque hay que reconocer que tenía unos ojos bonitos, azules como los de Nina. Con esa cercanía fue que me fijé en que me estaba sonriendo y que llevábamos mucho rato mirándonos, sentí el calor en mis mejillas y volví mis ojos a la pantalla. Tras unos segundos su hombro rozó el mía con un suave golpe, al mirarlo vi que estaba todo lo cerca de mi asiento que le permitía el suyo.
— ¿Quieres? — me susurró, estaba tan cerca que su aliento me cosquilleó en la oreja. Vi que me estaba ofreciendo de sus chocolatinas, que acepté encantada con una sonrisa, musité un gracias y la partí por la mitad para darle a una Nina embobada con la película.
Había perdido el hilo de la historia porque Caleb seguía muy cerca, con su hombro pegado al mío, lo más raro para mí fue que no me aparté, de hecho creo que me gustaba el contacto, era agradable, cálido. Seguimos viendo una escena tras otra conscientes el uno del otro, le ofrecí de mi regaliz cuando Nina me dio la mitad del paquete el cual él aceptó sin apartarse ni un milímetro. Llegados a la mitad de la peli noté un roce en mi meñique, miré por si había algún bicho y lo que me encontré fue la mano de Caleb justo al lado de la mía, con su meñique rozándome. Me quedé quieta mirando nuestras manos, con que moviera un solo milímetro el dedo él lo notaría, lo miré de reojo pero él fingía ver la peli y sé que fingía porque estaba totalmente colorado. ¿Por qué se había sonrojado? Solo me había rozado la mano sin querer, no veía el problema.
Ah, pero sí había un problema: no había sido un accidente, su meñique volvió a moverse poniéndose sobre el mío, se me cortó la respiración. Su mano seguía su camino colocándose lentamente sobre la mía, no me atreví a moverme, estaba nerviosa: ¡me estaba dando la mano! Me gustaba el contacto, me enviaba escalofríos por la espalda. Separé un poquito los dedos para que los suyos se colaran en los huecos, casi entrelazándolos, escuché cómo tomaba aire muy fuerte y lo iba soltando poco a poco. Él también parecía nervioso, lo miré y efectivamente seguía igual de colorado que antes, esta vez me devolvió la mirada. Y ahí, un poco perdida en el bonito color de sus ojos, su pulgar comenzó a trazar suaves líneas en mi piel y era... Era absolutamente agradable, tanto que giré mi mano para que acariciara ahora mi palma. Él estaba muy sonrojado, y por el calor que notaba en la cara, yo estaba igual. De repente la situación me pareció demasiado íntima como para mirarlo a los ojos, pero no lo suficiente como para apartar la mano.
Así transcurrieron los minutos que le quedaban a la peli, con nuestras manos entrelazadas, ocultas de los ojos de Nina y su madre, con su pulgar acariciando mi palma. En cierto momento decidió que quería explorar también las yemas de mis dedos. Yo estaba alucinada, totalmente alucinada: un chico, un chico mayor que yo, el hermano de mi mejor amiga, que nos llevaba dos años me estaba acariciando la mano en el cine. Pero lo más alucinantes es que me estaba gustando, el toque de sus dedos era muy suave, me producía un cosquilleo en la espalda. Además me había dado de sus Reese's, puede que no fuera tan idiota.
— Me gustas — me susurró al oído, muy cerca, justo cuando la película terminaba y se encendían las luces. No me dio tiempo a mirarlo a los ojos porque enseguida se levantó y se puso a recoger los envoltorios de nuestra comida y el vaso de su refresco para tirarlo a la basura. Tampoco me dio tiempo a reaccionar, ni a averiguar si su confesión me gustaba o no. Mientras salíamos de la sala volví a fijarme en sus ojos, igual de bonitos que antes, ahora con la luz vi que armonizaban con su cara y las suaves pecas de su nariz. Me gustaban las pecas. Por desgracia, nuestro momento de tregua había terminado cuando le revolvió el pelo a su hermana y le dijo que iba a pagar muy caro haberle robado el chocolate, durante su amenaza me miró muy serio y dijo algo como "tú también conejo". ¿Cómo sabía el apodo que me puso mi hermano? ¿Se lo habría dicho Nina?
Decidí que aquella confesión en el cine era falsa, que él seguía siendo idiota y que me había perdido parte de la peli por un idiota. Nina en el coche no paraba de hablar de las partes que más le gustaban, del beso de los protagonistas y de que le encantaba cómo le quedaba el corte de pelo al chico. Yo le conté en susurros y oculta bajo la música lo que había pasado con su hermano, olvidó por completo la película y me pidió más detalles. Al final las dos llegamos a la misma conclusión.
— Cretino — dijimos bajito y a la vez. Habíamos escuchado ese insulto durante la peli y nos pareció el más adecuado.
Seguimos hablando de la peli y resulta que me había perdido más de lo que creía, pero Nina me lo contó todo y me prometió que convencería a su madre para que nos la comprara y así poder verla otra vez. Aún no habíamos terminado de hablar cuando terminó el trayecto y me prometió que me llamaría después de cenar. Me dio un fuerte abrazo antes de salir del coche, lo rodeé para llegar a la ventana del copiloto y le di unos toques a la ventanilla. Caleb me miró sorprendido, incluso avergonzado y bajó el cristal. Me incliné sobre la puerta todo lo que me dejaba mi altura hasta que alcancé su mejilla en un beso rapidísmo.
— Adiós, manos rápidas — sonreí, él tenía toda la cara roja, primero por la vergüenza, luego por la furia, salí corriendo hacia mi casa (donde Sandra ya estaba despidiéndose de mi madre) y no escuché su insulto, creo que me llamó conejo, ¡pues qué original!
Lo de "manos rápidas" no había sido idea mía sino de Nina, que estaba convencida de que él esperaba que no mencionara nunca jamás lo que había pasado, un poco tarde porque ella ya lo sabía y seguro que se metía con él después. Que se fastidie, por cretino. Sonreí con esa nueva palabra, me gustaba mucho, la utilizaría bastante a partir de ahora. Además, si él quería que yo no lo mencionara, que me lo hubiera dicho, en lugar de pasar de mí e insultarme. A la próxima que se meta con otra.
Cuando mi padre llegó yo ya tenía el pijama puesto y estábamos esperándolo para cenar. Lo perseguí por toda la casa contándole lo que había hecho hoy, nunca lo hacía durante la cena porque mis hermanos no paraban de hablar y no me dejaban contar mis cosas.
— Nina llevaba todo el pelo lleno de cereales, ha sido su hermano Austin otra vez, y en el descanso he jugado al futbol, me han tirado al suelo pero estoy superbién porque era penalti. — él se quitó la camisa de trabajo y la sustituyó por una más cómoda, en realidad era una camiseta muy vieja de un grupo de música muy viejo. Papá me seguía el hilo de la conversación mientras yo le observaba sentada en su cama. — ¡He marcado un gol! Y el portero me ha dicho que tenía nombre de chico, pues él tenía un nombre raro ¿quién se llama Nathan? No sé ni escribirlo, y luego he hecho los deberes pensando en un insulto para su nombre porque no sabía qué contestarle, y luego he ido al cine con Nina y Sandra. Se ha venido Caleb, papá, es muy idiota, lo dice Nina, y nos ha robado palomitas y luego me ha estado dando la mano. Papá si un chico te dice que le gustas, puede ser mentira ¿verdad?
— ¿Caleb te ha dicho eso? — asentí cuando me cogió en brazos para bajar las escaleras, me sentó en mi silla en el comedor mientras él le contaba a mamá lo último de la historia. — Cariño creo que tu hija tiene un pretendiente.
Le dio un beso en la mejilla y le ayudó a poner la mesa, donde solo faltaban un par de cubiertos y la ensalada de pollo que hacía mamá.
— ¿Otro? — miró con burla a Maya, que se puso a defenderse alegando que ella no tenía pretendientes y que no había ninguno nuevo, desdiciendo lo de que no tenía pretendientes. — ¿Cómo se llama este? — preguntó señalando una suave marca roja en su cuello que estaba muy mal tapada con maquillaje. Maya tenía dieciséis años y era guapísima, quería ser cómo ella.
— Me refería a tu otra hija — aclaró papá sentándose en la mesa.
Todos empezamos a comer, me preguntaron por el tema del pretendiente, yo expliqué lo que había ocurrido, Jasper se quejó de que Caleb era idiota, que estaba en la clase que siempre se llevaba los peores castigos, yo le dije que el término idiota lo crearon para él y toda la mesa estalló en carcajadas, mi hermano me chocó los cinco.
— Yo creo que sí le gustas — opinó Maya a mi derecha.
— No todo gira en torno al amor y a besuquearse en los pasillos — Jasper puso cara de asco con sus palabras e imitó a una persona besando con caras muy raras, a mi me hizo gracia pero a mi hermana no tanta.
— ¿Por los pasillos? — inquirió mamá con una ceja levantada y mirando de nuevo su marca en el cuello.
— ¡Yo no beso a nadie en el pasillo! ¡Jasper eres un mentiroso! — gritó con fuerza dándole un golpe en el brazo.
— ¡Te he visto, yo no miento! — se defendió dándole otro golpe, no habría problema si yo no estuviera sentada en medio. Paré sus manos cuando casi le dan al tenedor que iba hacia mi boca.
— Mientras no te pille un profesor... — papá le guiñó un ojo a Maya y ahí terminó la discusión.
Mamá y papá se miraron como siempre hacen, como si se estuvieran diciendo un montón de cosas en el idioma de los ojos y los parpadeos, sonrieron y siguieron comiendo, maravillados por la nueva conversación entre Jasper y yo sobre el chico que me había tirado al suelo.
— Como vea a ese cabrón le voy a dar una paliza.
— ¡Jasper! — gritamos todos a la vez por la palabra, normalmente no decíamos palabrotas en casa.
Nina me confesó que mis padres eran un poco raros por no enfadarse con Maya por tener tantos novios y por las marcas en el cuello, las cuales no entendía hasta que le pregunté a Jasper. Su explicación era un poco demasiado escueta pero pude unir los puntos. Según mi amiga, en las familias normales estaba mejor visto decir palabrotas que subirte un chico a tu habitación, yo le dije que si mi familia no era normal, no quería que lo fuera.
A la mañana siguiente cuando bajé del coche de mamá fui directa a la puerta del colegio, donde me encontraría con Nina. Una vez allí vi a los alumnos pasar mientras esperaba, hasta que unos rizos muy oscuros se quedaron mirándome desde unos centímetros más abajo. Nathan parecía enfadado por algo, se apartó el pelo y vi que sus ojos eran color marrón, marrón bonito, ese marrón como del color de las avellanas. Iba a decirle algo feo de su nombre antes de que él dijera algo sobre el mío, pero ya no me estaba prestando atención. Bueno en realidad sí, pero a mi camiseta de Capitán América que era de Jasper (se la robé justo después de ver la peli del superhéroe porque me pareció la mejor película del mundo).
— Ironman es mucho mejor que Capitán América. — opinó. Me sorprendió, no voy a mentir. Alguien con tan mal gusto no debería ir por ahí tan tranquilo.
— Tony Stark no tiene superpoderes — repuse dispuesta a ganar esta discusión, no pensaba quedarme callada como cuando me dijo lo de mi nombre.
— Tony es rico — sus ojos estaban entrecerrados, parecía realmente ofendido por mi mal gusto cuando el suyo era mucho peor.
— Steve Rogers ganó la guerra
— Tony es superdotado.
— Pues bien por él. Steve tiene buen corazón, Tony es un cretino. — me miró como si esa fuera la peor ofensa.
— Creo que no me caes bien — sentenció.
— Yo creo que es porque te gano siempre: futbol, nombres, superhéroes. Soy la clara ganadora.
No le dio tiempo a responderme porque apareció Nina y me arrastró pasillo adentro, quise darme la vuelta para despedirme de Nathan, pero ya no estaba en la puerta, qué niño mas raro. En clases nos volvimos a mandar notitas y el tiempo pasó tan rápido que ya estábamos sentadas en el césped, hoy el tema rondaba sobre el cumpleaños de Angela y sobre que lo iba a celebrar en la piscina de su jardín, pero estaba muy enfadada porque su hermano pequeño quería invitar a sus amigos aunque no fuera su cumple.
— Tony tiene a Pepper Pots. — me giré buscando el origen de la voz que interrumpía nuestra conversación cuando Nathan se sentó a mi lado comiéndose su bocadillo, sin inmutarse por las miradas de mis amigas. El círculo de chicas comenzó a cuchichear:
— ¿Quién es?
— Es de los pequeños.
— Es de tercero
— Creo que es amigo de Alex.
— Es uno de los amigos de mi hermano pequeño.
— En realidad parece majo.
— Yo quiero ir a tu fiesta de cumpleaños — se quejó una de ellas desviando el tema de conversación y acabando con el escrutinio.
— ¿Quién es? — me preguntó Nina en un susurro.
— Se llama Nathan, ayer le gané al fútbol. — le susurré en respuesta, ella se encogió de hombros y se adentró en el tema de los bañadores que querían ponerse cada una de ellas.
— Tony tiene a Pepper Pots. — repitió por si no me había quedado claro. Siguió dándole mordiscos a su bocata esperando una buena respuesta.
— Pepper Pots es genial — accedí. Nathan me miró asombrado como si hubiera visto una estrella fugaz y sonrió triunfador.
— Tony gana entonces.
— ¡No! Pepper es genial pero eso no hace que Tony lo sea, él es bastante idiota la verdad. Piénsalo, vendía armas para ganar guerras, y luego no se acordaba del nombre de la chica con la que estaba, y actúa como si fuera un niño con todo eso de "no me gusta que me entreguen cosas" — hice las comillas con mis dedos y puse una voz ridícula para imitarlo. Nathan se empezó a reír con mi actuación, así que la repetí con otra de sus frases estúpidas y volvió a reírse a carcajadas. Le salieron hoyuelos a cada lado de la boca.
— ¡Le imitas genial! Lo has clavado, parecías él de verdad, ¿puedes imitar a Capitán América también? — lo pensé unos segundos, elegí una expresión que utilizara mucho y traté de reproducirla. Al chico pareció encantarle porque volvió a reírse y se dio una palmada en el muslo como si de verdad no pudiera contenerse. Creo que me gustaba más hacerlo reír que hacerlo enfadar, tocaba hacer la ofrenda de paz.
— Tu nombre sigue siendo raro, pero me gusta, es guay. Y definitivamente no se lo pondría a mi perro. — fui totalmente sincera, él me sonrió dulcemente y me ofreció la una galleta del paquete que acababa de sacar de su bolsillo, ya se había terminado el bocadillo.
— ¿De verdad te llamas Alex? — inquirió con verdadera curiosidad.
— En realidad me llamo Alessandra, mi padre es italiano así que me pusieron un nombre italiano, pero me gusta que me llamen Alex, todos aquí me llaman así.
— En ese caso tu nombre también es muy guay, me gusta mucho.
Ciertos detalles:
Cumple Alex: 16 abril
Cumple Nathan: 23 octubre (se llevan un año y 5 meses)
Alex: cuarto grado
Nathan: tercer grado (ambos en primaria, la secundaria empieza en sexto con 11-12 años)
Alex