Tontita… ¿Tontita? ¡Tontita!
Esas palabras resuenan en mi cabeza… Zayn y Harry, ese enojo entre ellos, ¡esas miradas llenas de rabia! Creí que iban a llegar a las manos… ¿Y por qué esa sonrisa socarrona de parte de Zayn? ¡Harry parece tan atrapado en falta!
Espero unos instantes, con el corazón palpitante. ¿Harry va a seguir las órdenes de su primo? ¿Lo va a escuchar y a cancelar nuestra velada? Debajo de la escalera, escucho que Harry resopla de enojo; Zayn acaba de dejarlo riéndose, con una risa que me hiela los huesos, una risa fría, triunfante…
¿Pero por qué el tal Zayn se cree el rey del mundo? Harry no tiene nada que ver con él…
Harry recibe una llamada, a pesar de mí misma, lo escucho…
«Sí, Amy… Sí, acabo de hablar con él. Sí, esta noche. Los alcanzo… Llegaré ahí en unos diez minutos… Está bien. Nos vemos al rato.»
Su tía. «Los alcanzo». Tengo mi respuesta. Harry escogió a su familia.
¿Quién soy yo para luchar contra ella, contra su imperio? Un granito de arena al que se le puede soplar para que no perturbe el engranaje. Eso soy yo… No somos del mismo mundo, ¡cuándo me lo voy a meter en la cabeza, caramba!
Ya no me atrevo a bajar la escalera… ¿Para qué? Mi velada con Harry está jodida, mi relación entera con Harry esta jodida… Venga, quiero regresar. Un bote de helado en el sillón, una buena película, así voy a festejar esta audición y el final de mi deseo…
Suspiro y bajo la escalera. Harry me da la espalda, pero incluso a unos cuantos pasos, siento la tensión que emana de él. Todavía es peor cuando se vuelve hacia mí, su mirada es glacial, su mandíbula está crispada. Sus rasgos están marcados, su enojo contenido. No me gustaría que lo descargara sobre mí, prefiero no decirle que escuché todo…
– _______, lo siento, tengo que cancelar.
– ¡Oh! No importa…
Mi voz es pequeñita, tengo la cabeza baja sobre mis manos, apretando el estuche de mi violín. Las lágrimas se me suben a los ojos… Él me abraza y me aprieta contra sí, muy rápido, y enseguida se aleja.
«Cancelo por esta noche, pero nada más, ¿de acuerdo? Alcánzame mañana en el restaurant Forbes Island. Esta noche, más vale… que regreses».
Sus ojos buscan los míos, los encuentran y hallo algo de dulzura en su mirada. Dulzura y un pequeño destello que comienza a serme familiar. Harry se vuelve rápidamente hacia la puerta de entrada de la academia y me empuja bajo la escalera, al abrigo de las miradas. Me estampa contra la pared, pega las dos manos cerca de mis orejas, impidiéndome esquivar ni un solo gesto.
Ese cambio de humor me toma desprevenida, todavía no me acostumbro a esos cambios.
«Señorita Puente, no pierde usted nada con esperar…»
Me besa con cada palabra, sus labios se acercan y se pegan para retirarse enseguida, ¡nunca me habían besado así!
Al cabo del tercer beso, mis sentidos están alerta, espero el siguiente para atraparlo y hacerlo durar… Pero Harry está jugando, sabe en qué estado me pone… Nuestros cuerpos se rozan pero no se tocan, siento su calor, adivino su sexo, mi imaginación enloquece y me siento arder en deseo…
Esperar, no tengo ganas de esperar…
Harry se desvía de mis labios, se concentra en el lóbulo de mi oreja… Gimo… Ni siquiera puedo mover las manos, tocarlo a mi vez… Soy su prisionera, ahí bajo la escalera… Harry baja, besa mi cuello y se mantiene siempre pegado a mí… ¡Tengo ganas de atraparlo y apretarlo contra mí! Pero de pronto, se detiene. Si acaba de probar su poder sobre mí, puede estar orgulloso…
Estoy vencida de deseo frustrado.
«_______, nunca me puedo resistir… Gracias por este delicioso interludio. ¡Hasta mañana!»
¿Se va? ¿Cómo?
Me cuesta trabajo recuperar el juicio… Mi cuerpo se calma, pero mi cabeza se agita. La jornada ha estado rica en emociones y ni siquiera sé cómo tomar esta noche. Si debo llorar ante la ostentosa hostilidad de Zayn, esta tía que planea por encima de la cabeza de Harry, esas amenazas… «Vas a perderlo todo…» Y esos besos, esta atracción entre Harry y yo…
¿En qué me estoy metiendo?
A mi vez salgo de debajo de la escalera, ya no sé qué pensar. Una parte de mí me dice que debo detenerlo todo antes de que las cosas se envenenen.
¿Pero qué cosas? La otra parte se regocija de este último cambio, tan cargado de electricidad, tan rico, ¡tan fulgurante! Un buen bote de helado de chocolate con nueces de macadamia, eso es lo que me hace falta para relajarme.
Ya ni siquiera pienso en mi audición, en esa plaza de ensueño que estoy rozando quizá con la punta de los dedos. Aunque Zayn, en el jurado, que acaba de tratarme de tonta, amenaza con no darme mi oportunidad…
Bueno, deja que los profesionales den su opinión, felizmente eran la mayoría… Sus voces importan más.
Un estremecimiento me recorre la espalda. Un mal presentimiento me asalta, me roza. Algo no está bien. ¿Pero qué?
Dormí un sueño pesado y sin sueños.
Ni siquiera escuché a Mina regresar anoche. Esta mañana no estoy apurada, miro mi techo, para encontrar ahí respuestas a mis preguntas, sin duda. Y aun, ni siquiera estoy segura de tener preguntas, tan no entiendo lo que me pasa, lo que está en juego. Tengo la impresión de ser un peón, de sufrir eventos incontrolables… Primero mi cuerpo, esas sensaciones desconocidas, este deseo tan violento cuando Harry está cerca. Con sólo pensar en eso… Y luego, la vida de Harry, su universo, su familia, sus «obligaciones» y sus cambios de humor…
Escucho que Mina se está alistando.
Siempre canturrea en la mañana. Su presencia es un sol, su buen humor es contagioso… Pero, ¿por qué no me deja esta sensación de que algo no está bien?
¿Por qué tengo siempre esta nube en mi cabeza, este extraño sentimiento? No me quiero encontrar a Mina, se arriesga a tener también esta sensación. Tiene un don para ello. Sabe que no pasé la noche con Harry, ella también debe tener preguntas, pero esta mañana, no tengo ganas de un interrogatorio. Por fin se va, me levanto. Mina me dejó un mensaje en el refrigerador: Que tengas bonito día, ¡hasta la noche!, acompañado de una linda carita. Los detalles de Mina siempre me hacen sonreír.
Me preparo, me visto de manera informal. Una gran túnica, un cinturón y un pantalón ajustado van muy bien para este tipo de restaurant. Forbes es una islita en la que un chef instaló su restaurant. Una embarcación va y viene para llevar y traer a los clientes. Por supuesto, nunca he estado ahí y estoy impaciente por descubrir a mi vez este lugar ineludible de San Francisco.
¡Mina se va a sorprender cuando se lo cuente esta noche!
Mi auto está en su lugar acostumbrado pero desde el primer vistazo percibo algo inhabitual. Mi cuerpo se contrae, e instintivamente, me pongo a la defensiva, en alerta. Hay una carta, arrugada, atorada bajo el limpiaparabrisas. Temblando la abro y desdoblo una hoja en tamaño carta, también arrugada. La letra me resulta desconocida, todo está escrito en mayúsculas.
Con las primeras palabras, doy un grito leve, mi sangre se hiela.
«ALÉJESE DE HARRY, ¡ESE HOMBRE NO ES PARA USTED! ¡DEJE ESTA RELACIÓN O CORRE EL RIESGO DE TENER PROBLEMAS! SUS DEDOS SON PRECIOSOS, SIN ELLOS SU CARRERA QUEDARÍA DESTROZADA…»
Me encierro en el auto, mi corazón palpita a más no poder. ¿De dónde viene esta carta? ¿Quién pudo haber escrito tales horrores? Mi primer reflejo es tirarla, pero me contengo. Prefiero conservarla y la deslizo en mi bolsa.
Tengo frío, mi espalda está húmeda. Miro por todos lados a mi alrededor, esta gente sabe dónde vivo, conoce mi auto… ¿Me siguen? Echo una ojeada en los retrovisores, pero no veo nada diferente. Enciendo el auto, quiero alejarme de ahí, rápidamente. En el camino, las oraciones de la carta me dan vueltas en la cabeza.
¿Será necesario decírselo a Harry?
¿Está relacionado con las palabras de Zayn ayer? ¿Pero por qué insisten tanto en separarnos? ¿Por qué nuestra historia es tan importante? ¿Y quién querría hacerme daño? Siempre he llevado una vida tranquila.
Me aparco en el estacionamiento del restaurant y busco con la mirada el pequeño embarcadero. Los clientes esperan en un saloncito, donde les sirven un primer aperitivo… Me gustaría tomar un trago de vodka para recuperar el color. Estoy lívida. Salgo de mi auto, no puedo evitar mirar hacia todos lados alrededor de mí. ¿Será esta cita una buena idea? ¿No debería yo haber cancelado, a mi vez?
Instintivamente, aprieto mis dedos contra mí…
«Buenos días, señorita Puente. El señor Styles ya está en la isla, la barca está llegando para llevarla allá.»
La anfitriona frente a mí me regala una sonrisa franca. Ese calor me hace bien. No tengo que esperar demasiado, la embarcación ya está ahí y visiblemente sólo me espera a mí. Nadie sube junto a mí, sospecho que Harry la reservó en exclusiva por el tiempo de esta rápida travesía. El viaje es rápido y me recibe uno de los meseros, que me guía inmediatamente hacia una mesa retirada.
Seré paranoica, diría que Harry se esconde de las miradas…
Él está ahí, bello como un dios en su traje oscuro. Sus hermosos ojos esmeralda son una caricia cuando se posan sobre mí. Harry está muy acicalado pero no por ello menos sexy… Me imagino ya quitándole la corbata, desabotonando su camisa… No puedo evitar recorrerlo con la mirada al detalle. El se levantó y se aclara cortésmente la garganta…
«¡Mmm!, ¿_______?»
Vuelvo a pisar la realidad y me doy cuenta de lo que acabo de hacer. Me sonrojo, confusa. Harry, divertido, me besa y se acerca a mi oreja:
«Me gusta que me mires así. La próxima vez, te dejaré que me quites esta vestimenta…»
Me siento como una niñita atrapada con las manos en la masa. Pero la idea no me disgusta. Estoy feliz de volver a ver a Harry, su humor es guasón, su rostro sereno. Nos sentamos, lado a lado para admirar la vista.
«Te ordené una copa del champaña que te gusta, ¿te acuerdas?»
Harry tiene el don de hacerme sonrojar: el último champaña que bebí, fue el de esa estupenda velada en la que pasamos la noche juntos. Un guiño de su parte me saca de mis recuerdos. El mesero nos trae nuestras copas.
– Por tu presentación de ayer, _______, no tengo duda alguna de tu éxito.
– ¡Gracias! Los otros músicos también eran muy buenos. La competencia es ruda.
– Si no tienes Nueva York, tendrás algo mejor, pero sinceramente pienso que tendrás Nueva York. ¿Cuándo te dan la respuesta?
– Muy rápido. Hoy o mañana, escogen muy rápidamente, una sola escucha les basta para juzgar nuestro talento.
– Tanto mejor. Quizá debería aprovecharte mientras estés todavía en el mismo Estado que yo… ¿Qué dices?
¿Aprovecharme? Ya me aprovechaste ayer bajo la escalera.
Me estremezco, Harry acaba de colocar su mano sobre mi muslo, y creo saber a dónde tiene ganas de dirigirse.
«Un pantalón… Te quiero en falda o en vestido, _______.»
Alfonso retira enseguida su mano, con el semblante contrariado. Y enseguida me prometo ir de compras durante el día. Harry me mira intensamente:
«Haré que te entreguen en tu casa algunos conjuntos… Para el día, para la noche…»
Su mano vuelve a la carga, acaricia la tela de mi pantalón. Me retuerzo sobre mi silla, lamentando en efecto no haberme puesto una falda… Mi bajo vientre se enciende con la idea de sentir la mano de Harry, ahí bajo la mesa…
No tengo hambre, en todo caso, tengo otro apetito que me barrena el vientre. Y me doy cuenta de que sólo estoy esperando eso, pasar una nueva noche con Harry…
«¿Qué demonios hace ahí?»
No me da tiempo de moverme ni de comprender qué pasa. Harry se levantó de un salto, volcando la mesa. Tengo a penas tiempo de verlo romper en pedazos una cámara fotográfica ante el semblante sorprendido de un hombre…
¿Un fotógrafo? ¿Aquí?
«¡Dígale a sus coleguillas que si me vuelvo a topar con alguno en mi camino, mis abogados se encargarán de arruinar su especie de carrera!»
«Arruinar su carrera», esas palabras me recuerdan la carta. Hecho un vistazo a mi bolsa, donde está enterrada. De nuevo, un estremecimiento me hiela…
Harry está loco de rabia, nunca lo había visto en este estado. Los meseros se activan a nuestro alrededor para volver a colocar la mesa en su lugar y acomodar de nuevo el servicio. Espero a que se retiren para tratar de calmar a Harry.
– ¿Es tan grave?
– ¡Por supuesto que es grave!
Harry no me habla, se dirige a mí como a la última de las locas.
«¡Ni hablar de que esos fotógrafos publiquen fotos de nosotros en sus periodicuchos! Aprecio mi vida privada y no quiero aparecer…»
Eso es demasiado para mí y para mis nervios.
Que Harry se enoje, va y pasa, ¡pero que me hable de esta manera! ¡No!
«¡No quieres aparecer conmigo, dilo! ¡No te molestaba exhibirte con esa otra mujer! ¡Pero yo, no! Quieres esconderme, no quieres que todo San Francisco te vea con una gordita ordinaria, ¿verdad? ¡Tu tía podría llamarte de nuevo y ponerte en tu lugar! Bueno, pues ¡deja de verme, así será más sencillo!»
Exploto, tanto como me lo permite la intimidad de nuestra mesa. Estoy al borde de la histeria. Los últimos eventos y el mensaje sobre mi parabrisas me pusieron mal de los nervios, me doy cuenta ahora. Mis ojos están húmedos, quisiera irme y dejarlo ahí, con su complicada vida. Pero por dios, ¡cómo me duele el estómago con la idea! Harry me mira sorprendido. Mi perorata lo ha dejado sin voz y espero a que me pida efectivamente que me vaya… Siento que una batalla se libra en él y que busca sus palabras. Espero, angustiada, su sentencia.
«¿Quieres que paremos, _______?»
Su mirada está ensombrecida, sus rasgos se tensaron.
¿Le importa, finalmente?
Respondo que no en un suspiro. Me toma la mano y hunde su mirada en la mía.
– No me avergüenzo de ti y sí te quiero esconder. ¿Cómo sabes que por mi tía?
– Ayer, en la academia, escuché todo…
– Oh, ¿mi conversación con Zayn también?
– Sí…
En este punto, es obvio: me va a tomar por una «histérica acomplejada que escucha detrás de las puertas» y ¡me va a pedir que salga de su vida!
«Bien… Entonces, te debo algunas explicaciones…»
Harry se pasa la mano por el cabello, el rostro, con un gesto cansado.
– A Zayn, mi primo, no le gustó mi presencia ayer en el jurado. Sospecho que siente algo por ti. No soporta que estemos juntos y… me hace pagarlo. Pero es mucho más complicado que eso, los negocios, el trabajo… Mi tía, mí querida tía… No creo que tu presencia forme parte de sus planes…
– ¿Sus planes?
– Mi tía está muy involucrada en mi vida. Está dispuesta a todo para imponer sus decisiones. Y hasta ahora, no he tenido la oportunidad de oponerme a ello. Sé de qué es capaz, conozco las extravagancias de Zayn y sus desviaciones. Desconfío.
¿La carta? ¿Podrían ser ellos?
«No quiero causarte problemas, y tampoco quiero que me dicten qué hacer. Pero le debo mucho a mi tía, prefiero ser prudente.»
Harry baja los ojos… Una ola de tristeza parece inundarlo, y siento deseos de tomarlo entre mis brazos, de acariciarle el cabello y de decirle que todo va a estar bien… No cedo ante este impulso, me conformo con palabras.
«Entiendo. Seré discreta, si eso es lo que quieres.»
Harry alza la cabeza, su mirada me penetra, profundamente. Me mira, pensativo, luego inclina la cabeza y la gira para observar la vista. ¡Cómo me gustaría saber lo que piensa en este instante! Se vuelve hacia mí, su rostro se ha metamorfoseado. Sus ojos chispeantes, su sonrisa roza el descaro.
Se inclina una vez más hacia mi oreja:
«Tus formas me provocan, ______…» Otro cambio de humor. ¡Me va a volver loca! Pero esta es la primera vez que un hombre aprecia mis curvas. Sus manos sobre mis caderas…
El apetito no llegó a la cita para nosotros dos y Harry ya debe irse. Me deja tiernamente, en nuestra mesa, con una caricia en la mejilla y con la promesa de volver a vernos pronto.
Espero un poco, como me lo pidió, para tomar a mi vez la barca de regreso, aún reservada en exclusiva. Estoy perpleja pero tranquilizada sobre las intenciones de Harry acerca de nosotros dos.
¿Podré por fin dejarme llevar y creerle?
Un sobre blanco, batiendo al viento bajo el limpia brisas de mi auto, me saca de mis pensamientos ensoñadores.
No necesito abrirlo, instintivamente sé lo que contiene. De nuevo este estremecimiento, de nuevo mi corazón se aprieta. Desgarro el sobre una vez sentada al volante, encerrada. Las palabras son todavía más duras:
<<¡¡ESTÚPIDA!¡NO ENTENDISTE! ¡LO VAS A PAGAR CARO!>>
Chicas aquí esta el nuevo capitulo espero les guste,voten y comenten please!!!xx.