Katsuki
—No quiero recorrer todo el camino que avanzamos hasta aquí otra vez, Katsubro.
Eijiro me mira con el ceño fruncido, visiblemente molesto. ¿Y qué demonios quiere que haga? ¿Que me calme? Que lo intente.
—Cállate.
Su mano se posa en mi brazo, deteniéndome justo antes de entrar al gimnasio.
—Vamos, no te enfades por algo tan trivial. ¡Vinimos a ganar dinero! Hay que divertirnos mientras estemos aquí.
—Pelos de mierda —escupo, sintiendo la furia arder bajo mi piel—, te juro que estoy a dos segundos de ir y golpear a ese hijo de puta que se burló de mí.
Eijiro ríe nervioso, como si eso fuera a calmarme. —Katsubro, no sé qué tan buena idea sea hacer eso. ¿Por qué no me acompañas a apostar otro tanto? ¡Y prometo conseguir algo para beber!
Chasqueo la lengua con fuerza y ruedo los ojos. Siempre intenta desviar mi atención cuando estoy así. Como si no supiera manejar mi maldito temperamento.
No es para tanto. Ni que hiciera un desastre cada vez que me enojo.
Solo descargo energía, ¿ok?
Pero no es mi culpa. ¿Qué se cree ese imbécil? Esa mirada de superioridad estúpida, como si fuera mejor que todos nosotros. Como si la universidad U.A. no estuviera a su nivel.
Una mierda.
Él no merece que lo comparen con nosotros. No tiene ni una pizca del talento que tenemos. Un tipo que prefiere pelear en apuestas de mierda a hacer algo con su vida no vale nada. Es un idiota que nunca va a aspirar a algo bueno.
Lo sé porque yo podría haber sido como él.
Recuerdo las palabras de la vieja bruja como si las hubiera dicho ayer.
—O haces algo con tu vida o puedes irte de esta casa y hacer lo que se te dé la puta gana lejos de mi vista. Aquí no voy a tener a ningún niñito que quiera depender y ser mantenido por sus padres.
Claro, la respondí como el imbécil que era. —Deberías apoyar a tu hijo si no quiere hacer nada con su vida.
No olvidaré cómo me miró ese día. Esa maldita frialdad. Mitsuki Bakugo sabe cómo hacer que alguien se sienta diminuto con solo una mirada.
—Mientras estés aquí, aprenderás a valerte por ti mismo. Ni tu padre ni yo nacimos en cuna de oro, y nos rompimos el lomo para llegar a donde estamos. Si quieres ser un maldito vago, hazlo fuera de aquí. Tú eres responsable de tu futuro y de que seas merecedor de que te admiren. Porque ahora, como estás, solo eres un niño que nunca se esforzó en su vida. Procura cambiar eso. Nosotros los Bakugo conseguimos nuestras cosas por nuestro propio mérito, sin colgarnos de nadie. Y tú no serás una excepción.
La maldita vieja tenía razón.
Nunca lo admitiré frente a ella, pero si no me hubiera empujado tan fuerte, sería igual de inútil que todos esos que esperan un futuro brillante sin mover un puto dedo.
Por eso me hierve la sangre cuando veo a idiotas como ese tipo. Si de verdad tiene el talento que dice Denki, ¿por qué no hace algo con su vida?
Me pasó lo mismo con Mina. Esa estúpida estaba a punto de tirar por la borda todo su potencial, todo por un capricho. Por querer quedarse con un imbécil que no la merecía.
Pero yo no iba a dejar que hiciera algo tan estúpido. La obligué a abrir los ojos. Y ahora está feliz, trabajando en esa carrera de estética profesional que siempre quiso.
¡Me jode que la gente no vea sus oportunidades! ¡¿Por qué son tan estúpidos?!
¡Y me jode porque yo podría haber sido como ellos!
Todos deberían tener a alguien como la vieja bruja en su vida. Alguien que los obligue a mirar hacia adelante, aunque sea a la fuerza.
—Vamos —murmuré, metiendo las manos en los bolsillos de mi pantalón mientras avanzábamos—. Gana tu maldito dinero y vámonos pronto. No quiero perder más tiempo aquí.
—¡Claro! —respondió Eijiro, retomando el paso, mientras yo lo seguía de cerca—. Esta es la última pelea en la que apostaremos... a menos que quieras venir para la de mañana al mediodía.
—Tengo una cena con la bruja y mi viejo luego.
El pelos de mierda soltó una risa, negando con la cabeza. Avanzamos entre la multitud, que por fin empezaba a dispersarse un poco. Muchos acompañaban al peleador que acababa de perder, y se marchaban con caras largas tras apostar todo a su favor. Patéticos.
—¡Eh, Kai! —llamó Eijiro.
Miré hacia el frente. Un tipo alto, con una mascarilla negra que le cubría la boca y la nariz, giró en nuestra dirección.
—¿Van a apostar para el siguiente encuentro? —preguntó. Tenía una libreta en una mano y un fajo de billetes en la otra, junto con un bolso donde iba guardándolo todo—. Esta vez es contra un novato. Aunque... diría que tiene potencial. Han apostado bastante por él. Lo han visto en peleas callejeras, ganándole a tipos más grandes que él.
—¿Puede hacer perder a Izuku? —preguntó Eijiro, sacando el dinero con rapidez.
—No —respondió Kai, tajante, mientras tomaba el efectivo y lo guardaba—. Ni siquiera se ha enfrentado a alguien como Izuku. Apuesto que jamás en su puta vida. Para un novato como él, Izuku será lo peor que le podría pasar. —Se detuvo un momento, calculando sus palabras—. Aunque, para ser sincero, creo que Izuku será amable con él. Como lo fue con Inasa.
Amable. Esa palabra me hizo detenerme.
—¿Amable? —repetí, alzando una ceja. La incredulidad goteaba de mi voz. Recordé cómo Izuku había dejado a Inasa prácticamente inerte en el suelo, apenas capaz de moverse. ¿A eso llaman amable?
Kai soltó una risa seca, como si yo no entendiera nada.
—Sí, amable. Créeme, podría haberlo golpeado de formas mucho peores. Podría haberlo hecho arrepentirse hasta de nacer. Pero lo dejó con dignidad. Lo sé de primera mano.
—No te creo ni una palabra —solté sin pensarlo.
Kai me lanzó una mirada fría, calculadora.
—No busco que me creas. Me da absolutamente igual. Pero si Izuku es el ganador invicto desde hace cinco años, no es por jugar a golpear. Hay una razón para eso. Ahora, muévanse. Tengo más apuestas que manejar.
Solté un bufido, dando media vuelta. Estaba jodidamente cansado de escuchar cómo ponían a ese tipo en un pedestal.
Ni que fuera un gladiador o algo así.
Además, lo golpean. Si de verdad fuera tan bueno, nadie lo tocaría.
—Parece que todos aquí lo estiman mucho —comentó Eijiro a mi lado, encogiéndose de hombros—. De verdad creo que es como dicen. Una bestia terrible. Aunque... si se ve amable.
—Una mierda. Las apariencias engañan.
—No sé, Katsubro. Yo sí creo que sea bueno. Tiene esa vibra, ¿sabes? Como la que tuve contigo. Aunque te veías como el ser más odioso del mundo.
—¡¿Quieres morir?! —gruñí, fulminándolo con la mirada.
Y él, como siempre, se rió a carcajadas.
Recuerdo cuando lo conocí. Yo tenía quince años y un temperamento explosivo que no hacía más que alejar a la gente. Por suerte, Eijiro y Mina eran novios entonces. O algo así. La verdad, no me interesaba lo suficiente como para averiguarlo.
Mina fue quien me lo presentó, como si creyera que yo estaba buscando amigos. Una idea tan absurda que apenas pude evitar rodar los ojos. ¿Acaso no era evidente que lo último que quería era compañía? Pero Eijiro no pareció captar la indirecta. Desde ese día, se pegó a mí como un maldito imán.
Se autoproclamó mi mejor amigo sin consultarme. Y no sólo eso, también decidió que sería mi psicólogo personal. Sí, como si yo fuera el tipo de persona que le cuenta sus problemas a alguien. Ridículo. Igual que Mina.
A veces me pregunto qué les pasa. ¿Es que no me veo lo suficientemente intimidante como para que me dejen en paz? ¿O simplemente tienen un pésimo sentido del peligro?
—Bueno, supongo que ahora sólo queda esperar a que Izuku pelee otra vez —dijo Eijiro de repente, arrancándome de mis pensamientos.
Como siempre, hablaba más que yo. Aunque, debo admitirlo, tenía el extraño don de saber cuándo callarse. Al menos esta vez no mencionó nada sobre el rubio de antes. Un milagro, considerando lo pesado que puede llegar a ser.
El silencio volvió a caer entre nosotros. Nunca me ha molestado el silencio, pero algo en la mirada de Eijiro me empujó a hablar.
—¿Y tu novio? —solté de golpe, sin mucho interés real.
Eijiro se quedó helado. Sus mejillas se encendieron en un rojo tan intenso que me dieron ganas de rodar los ojos otra vez.
—¿Q-Qué novio?
—El que se pinta un rayo en el cabello creyendo que es Pikachu.
—¡No es mi novio! ¡Somos amigos!
—Sí, claro. ¿Piensas que soy estúpido?
Suspiró, derrotado, y desvió la mirada.
—Es verdad. No somos nada más que amigos. Denki... bueno, estoy bastante seguro de que le gusta una chica de por aquí.
Levanté una ceja, escéptico.
—¿Y qué te hace pensar eso?
—Siempre habla de ella. Como si fuera perfecta o algo así.
Fantástico. El idiota estaba enamorado de alguien que no lo miraba de esa forma. Más típico, imposible.
—Pues sal con otro y problema resuelto —murmuré, encogiéndome de hombros.
Eijiro esbozó una sonrisa triste. No una cualquiera, sino esa clase de sonrisa que te deja claro que el asunto es más complicado de lo que parece.
—Ojalá fuera así de fácil.
—Tsk. Las emociones son un desastre. Habla con Mina. O, no sé, únete a Enamorados Anónimos.
Eijiro soltó una carcajada y me dio un ligero codazo en las costillas.
—Ya te quiero ver enamorado, Katsuki. Va a ser épico el día que me pidas consejos de amoooor.
Lo fulminé con la mirada.
—Eso jamás va a pasar.
Pero su risa sólo se hizo más fuerte y quizá en un futuro, se reiría mucho más.