Reflexionaba en mitad de la noche sobre esos días que parecían verdaderos sueños y sobre ese estado de desconexión en el que todo había sido tan real que podía jurar haberlo vivido en algún momento mientras observaba como Natalia dormía. El calor de su cuerpo, el sonido acompasado de su respiración, la calma que le transmitía acostada a su lado. Ella la protegía de sus demonios, como esos amuletos que los niños ponen debajo de la cama para espantar a los monstruos.
Suspiró sin dejar de contemplarla y le acarició la nariz con la yema del dedo, despacio y con un movimiento suave. Todo parecía tan sencillo junto a ella. Se mojó los labios y le dejó un tierno beso sobre el hombro saliendo de la cama con lentitud y sigilo para no despertarla. Estaba desnuda así que se puso la camiseta que Natalia llevaba puesta antes de que las dos se fueran a dormir y salió de la habitación sin hacer ruido. Ya en la cocina, tomó la jarra de agua de la nevera, llenó un vaso hasta arriba y se lo bebió de golpe, tenía la garganta seca. Solía pasarle desde que Natalia había vuelto. Cuando dormían juntas concentraban tanto calor que casi no podían ni respirar. Era como estar en el epicentro de una estrella, en la hora punta del día mas caluroso del año. Sin embargo, las dos se quedaban ahí, en silencio, sin moverse, como en trance, disfrutándolo. Abrazadas la una a la otra con una sonrisa en los labios.
Dejó el vaso en el fregadero y volvió a la habitación. Al entrar reparó en la caja que la misma Natalia había dejado allí, a un lado y soltó un enorme suspiro. Había entrado en uno de esos bazares para hacerse con ella de camino a su casa. Era una de esas cajas de cartón que se transformaban encajando las pestañas en apenas un minuto. Le había costado bastante decidirse, pero en cuanto entró en su habitación se dio cuenta enseguida de que aquel ya no era su sitio. Allí estaban sus recuerdos, fotos cargadas de nostalgia y entre sus paredes, todos esos sueños encerrados que ella jamás dejó volar. Lo único que había recogido eran algunas fotos y recuerdos que solo tenían valor para ella, como el trofeo que ganó en un concurso de dibujo del colegio o la medalla por una carrera que habían hecho todas las mujeres de su vida en favor de la recaudación por la investigación del cáncer de mama. Luego había abierto las ventanas de par en par y hacía cerrado la puerta dejando que aquella habitación por fin se liberase de sus demonios.
Tomó la caja, se sentó a los pies de la cama y observó algunas de las fotos. En todas salía riéndose. Con su padre, con su hermana y con su madre, pero esos momentos nunca duraban demasiado. Desde niña siempre había sido el chivo expiatorio de su familia, aunque se negara a reconocerlo. Era como esa cabra que se sacrificaba en las sociedades tribales antiguas para así garantizar la prosperidad familiar. Poco importaban su entrega, su sacrificio o si esfuerzo, su papel siempre había sido el de la oveja negra. Apretó el puño con fuerza, rabiosa por toda la situación y derramó una lágrima. Le había vendido su alma al diablo y había terminado viviendo un auténtico infierno.
Alba no se había dado cuenta de que Natalia se había despertado y la estaba mirando. No había hecho otra cosa desde que había abierto los ojos. Podía sentir la tensión y el dolor de Alba en su propio cuerpo y eso era lo que más odiaba. Ella mejor que nadie la entendía, sabía lo que era dejar atrás a su familia, que las personas que mas quería la rechazaran. Nunca se había acostumbrado del todo, pero había aprendido a seguir con su vida. No cumplir las expectativas tampoco merece que vivas una auténtica pesadilla.
-¿Te arrepientes?- preguntó Natalia con la voz un poco ronca-.
-¡Joder, me has asustado!- se llevó la mano al pecho-.
-Perdona- Natalia hizo una mueca y salió de la cama-.
La morena se puso a su lado, sentándose tambien a los pies de la cama. Alba suspiró y apoyó la cabeza en su hombro. Sentía tantas cosas que no sabía ni por donde empezar, aunque la emoción que sobresalía por encima de todas era la rabia. Rabia ante todas esas malas decisiones que había tomado por la familia, por todos esos sacrificios en los que se había flagelado a consciencia para no defraudar a Natalia. Quería patalear, gritar, pero era incapaz de hacerlo.
-Shh- Natalia la abrazó en cuanto vio como se derrumbaba-.
-¿Por qué?- Musitó Alba escondida en su cuello-.
-Tranquila mi amor- Le susurró Natalia dejando un beso sobre su pelo-.
Alba se aferró a su cuerpo con desesperación. Estaba temblando, presa de la vacilación y le costaba respirar. Ni siquiera sabía por que se sentía así. Salir de aquella casa con la caja entre las manos sabiendo que esa puerta para ella estaba cerrada, le produjo satisfacción, como a un animal que liberan de su jaula. Sin embargo, solo pensaba en una cosa. En todas esas veces que se había parado frente a su familia para confesar la verdad y había guardado silencio por miedo a decepcionarles, a no poder volver a casa.
-Fue como cerrar la puerta y tirar la llave al mar- pronunció Alba en voz baja-. Ni siquiera se como llegué hasta aquí.
-Todo va a estar bien- le aseguró Natalia-. Te lo prometo.
-Supongo que un poco de nostalgia es normal- Alba hizo una mueca-. Tampoco se va a acabar el mundo.
-No tienes que hacerte la dura conmigo- Inquirió Natalia dándole un toque con el dedo en la nariz-.
-Se me pasará- Le aseguró Alba-, de verdad. Es solo que...-se quedó callada-.
-Se como te sientes- Natalia asintió-.
-Aliviada- confesó Alba-. Por extraño que parezca, me siento aliviada- sonrió levemente-. Creo que eso es lo peor de todo- soltó una carcajada-.
-Solo tú podías reírte en un momento así- Natalia negó con la cabeza y le acarició el pelo-.
-No es para tanto- gruñó Alba-.
-Si tu lo dices- Natalia sonrió-. Me acuerdo de este dibujo- miró los papeles-. Yo tenía el brazo escayolado y me hiciste el trabajo.
-Nos equivocamos de carpeta- Alba soltó una carcajada-.
-Entraste en mi clase a devolvérmela y te silbaron un montón de idiotas- gruñó Natalia-.
-Tan pequeña y ya me querías solo para ti- Alba se mojó los labios-.
-Se me da bien conseguir lo que quiero- confesó Natalia acortando la distancia, tentándola, pero no dejando que la besara-.
-¿Estás segura de eso?- Alba se mordió el labio-.
-¿Quieres una demostración?- Natalia volvió a acercarse-.
-Sabes que odio que me respondan con otra pregunta- bufó Alba clavándole la mirada-.
-Y a mi me encanta hacerlo precisamente por eso- Le susurró al oído apartándole el pelo-.
Se encontraron despacio y Alba le rozó la nariz con la suya. Natalia suspiró y cazó sus labios, comenzando un beso lento y apasionado. Las dos sabían que estaban en un momento delicado y que se avecinaban curvas. Sin embargo, no iban a preocuparse por eso, no en aquel instante. Lo único que importaba es que seguían juntas contra todo pronóstico, a pesar del destino caprichoso y eso era lo más maravilloso de todo. Alba se tumbó en la cama sin dejar de besar a Natalia, arañándole la espalda y revolviéndole el pelo como tanto le gustaba. Siempre se habían sentido mas seguras abrazadas al cuerpo de la otra y esa era precisamente su fuerza. Natalia fue bajando el camino de sus besos por su cuello, su hombro, sus pechos hasta llegar a su abdomen, donde Alba puso freno a su descenso tirando de su mentón y poniéndolas a la misma altura. Las dos se quedaron quietas, mirándose a los ojos, respirándose a un palmo de distancia.
-¿Estas bien?- Natalia se alarmó-.
-Estoy mejor que nunca- Alba sonrió-.
-Eres idiota- gruñó Natalia-. Me has asustado, pensaba que...-no logró acabar-.
-Estabas yendo muy deprisa- Alba la besó con ansiedad-.
-¿Ahora quieres ir despacio?- inquirió la morena mordiéndole el labio-.
-La velocidad es lo de menos- confesó Alba abriendo las piernas-, lo verdaderamente importante es la compañía.
-Solo nosotras- Natalia sonrió-. Tu y yo contra el mundo- comenzó a moverse con suavidad-.
Natalia descendió despacio hasta llegar a sus piernas. Le besó la cara interna del muslo dejando algún mordisco por el camino y antes de seguir miró a Alba, que no le quitaba los ojos de encima. Le recordó a esa primera vez llena de miradas dudosas en las que no tenían muy claro que venía detrás del último paso. Alba gimió al sentir su lengua aferrándose a las sábanas. Seguía sintiendo en una realidad paralela, como todo lo que había pasado no fuera real y Natalia era la única que la hacía tener los pies en la tierra. Lo que sentía por ella, era la sensación mas auténtica que había experimentado jamás. Alba no sabía que le estaba pasando, era una emoción tan potente, que casi no podía ni respirar. Tiró suavemente de la barbilla de Natalia y sonrió ampliamente, al toparse de nuevo con su mirada.
-¿Qué pasa?- le preguntó Natalia preocupada-.
-Nada- Alba sonrió-. Solo que ahí abajo estás demasiado lejos.
-Lejos- Natalia se mordió el labio-. Creo que puedo hacer algo con este problema- fue repartiendo besos mientras se colocaba a su altura-.
-Mucho mejor ahora- Le acarició el rostro y le colocó el pelo tras la oreja-.
-¿Segura que estás bien?- Le besó la punta de la nariz-.
-No lo sé- Alba se abrazó a ella con fuerza-.
Se acurrucaron como dos gatitos callejeros cobijándose del frío. Natalia sabía la angustia que suponía sentirse sola y perdida, esa era la razón por la que Alba no quería pensar en nada. Solo necesitaba a alguien que se quedará ahí con ella, a su lado, sin importar las consecuencias. Natalia le hacía cosquillas en el pelo intentando calmarla mientras Alba le recorría la espalda dejando dibujos sin tinta contra su piel.
-Lo averiguaremos juntas- Le susurró Natalia-. Lo que nos depare el futuro.
Alba se quedó dormida en los brazos de Natalia mientras la morena no dejaba de darle vueltas a la situación. Si una cosa tenía clara, era que pasara lo que pasara, protegería a Alba. Le daba igual que tuviera que hacer y a quien enfrentar, no permitiría que nadie le hiciera daño. Sabía que lo que se les venía encima no sería nada fácil, pero aquel momento les pertenecía. Pese a que estuviera cargado de tensión e incertidumbre, nadie iba a arrebatarles la emoción de disfrutarlo.
***********
No había dejado de mirar la foto de graduación de Alba. Su sonrisa, la luminosidad de sus ojos, era increíble la felicidad que se respiraba en aquella imagen. Solo habían pasado cinco años, un lustro donde su pequeña había hecho una carrera de fondo en tiempo récord, dejándose la piel en el camino y muchas otras cosas. Se sentía culpable por todo el peso que había puesto sobre sus hombros, de esa vida que había diseñado para ella, como una abeja reina que lo único que quería seguir demostrando era que tenía el control de la calidad de una miel que se había vuelto un veneno letal.
¿Cómo he podido hacerlo todo tan mal contigo?
Había llamado en un par de ocasiones a Roberto, pero su psicólogo no le había contestado. No era demasiado amiga de los mensajes, los consideraba mas privados de lo que parecían, pero realmente necesitaba hablar con él. Intentó ser lo mas formal posible, pero terminó despidiéndose con uno de esos emoticonos de un beso, así que borró el mensaje de inmediato y lo escribió de nuevo, recalcando la urgencia de tener una consulta. Mucho mas acorde y profesional que el primero.
Roberto no tardó en contestarle, diciéndole que estaba ocupado con sus sobrinos en el parque, pero que podía dedicarle un rato. Rafaela al principio dudó, no es que tener una consulta en un parque fuera el mejor método del mundo, estaba claro que con Roberto esa parte nunca dejaría de sorprenderla, pero necesitaba soltarlo. Le aseguró que sería rápida y se puso en marcha, pasando por delante de su marido casi sin voltear a mirarle.
-No soy una estatua- gruñó Miguel Angel tomándola del brazo-.
-Suéltame- Rafaela se zafó de él-.
-¿A dónde se supone que vas?- le preguntó con gesto serio-.
-Eso no es asunto tuyo- Le aseguró Rafaela-.
-Así que piensas seguir con esto- Miguel Angel negó con la cabeza-. Mientras tus hijas hacen lo que les da la gana, su madre prefiere dedicarse a otros asuntos que atender a su familia.
-Piensa lo que te de la gana, no voy a perder el tiempo- Rafaela le clavó la mirada-. Ya que estás tan interesado en saber a donde voy, te aseguro que no es de donde tu vienes- se mojó los labios-.
Rafaela le dejó allí completamente perplejo. Sabía perfectamente que le había dado a entender, pero no era posible que Rafaela supiera de sus salidas. Era muy cuidadoso y su mujer, como siempre había demostrado estaba a otras cosas. Rafaela se subió al coche y condujo hasta el parque donde Roberto la había citado. Dedujo que estaría en las zonas de los columpios y sonrió al verle jugando con un montón de niños de portero. Negó con la cabeza al verle tirarse al suelo para atrapar un balón y se irguió cuando se dio cuenta de que la había visto.
-Ha venido- Roberto sonrió-.
-Siento el retraso- Rafaela se disculpó-. Había mucho tráfico.
-¿Nos sentamos?- hizo un gesto hacia un banco-.
-Son iguales que usted- Rafaela sabía quienes eran los sobrinos de Roberto por las fotos de su casa-. ¿Acostumbra a jugar como un niño?- le preguntó con curiosidad-.
Los dos caminaron hacia un banco cercano, pero antes de sentarse Rafaela le quitó con la mano un poco de barro y hierba que tenía en la cara. Ella misma se sorprendió de su gesto, nunca habría hecho una cosa así y menos sin un pañuelo. Agitó los dedos contrariada y se dejó caer en el banco como si nada.
-Ser un niño es divertido- Roberto asintió-.
-Usted no es un niño- Le recordó Rafaela-.
-siempre tan perspicaz- Roberto se burló-. Quienes somos es tan relativo- suspiró-.
-Y una realidad- añadió Rafaela-.
-Hasta que dejamos de serlo- Inquirió Roberto-. Esa realidad se transforma en pasado y podemos ser otra persona.
-¿Y esa es su filosofía?
-Es divertido- Roberto movió las cejas-. Lo de ser un niño.
-Si usted lo dice- Rafaela hizo una mueca-..
-¿Por qué no me cuenta que es eso tan urgente?- preguntó con tono amable-.
-Mi hija Alba se ha ido de casa- confesó Rafaela-. En realidad no es que hiciéramos una vida muy familiar, Alba ya no es una niña. Siempre estaba trabajando y aprovechaba cualquier excusa para no aparecer por casa y yo tengo mis asuntos, pero le resulta extraño. Vino con una caja, me dijo que ya no seguiría trabajando en la agencia, recogió sus cosas y se fue.
-Es lógico- Roberto sonrió-. Todos necesitamos independencia, ver qué somos capaces de hacerlo solos sin ayuda de nadie.
-No puede hacerlo- Rafaela negó-. Irse sin más, no...-se quedó callada-.
-Claro que puede- Roberto asintió-. Es una mujer adulta, libre y dueña de sus decisiones. Tiene todas las armas para hacerlo.
-No lo entiende- Rafaela sacudió la cabeza-. ¿De que va a vivir?- era lo que más le preocupaba-. Se que está enfadada y la entiendo, pero necesito que entre en razón.
-Entrar en razón- Roberto suspiró-. Usted no tiene autoridad ninguna para decidir sobre su vida ni tampoco sobre las razones que considera. Se que es complicado porque es su madre- suavizó el tono-, pero tiene que hacer por entenderla. Usted en su momento también hizo su vida mas allá de su familia y nadie se lo reprochó.
-Tiene que haber alguna forma de arreglar todo este desastre- Rafaela se revolvió el pelo-.
-No ha entendido nada- Roberto hizo una mueca-.
-Es usted el que no habla claro- gruñó Rafaela-.
-Todos en algún momento volamos solos- Roberto sonrió-. Solo tiene que asumirlo, no hay otra forma. Seguirá siendo su hija haga lo que haga y vaya donde vaya.
-¿Y ya está?- Rafaela chasqueó la lengua-.
-No es tan difícil como pensaba- Roberto se mordió el labio-.
-Se nota que no tiene hijos- Gruñó Rafaela-.
-Todos los gusanos se convierten en mariposas- Roberto sonrió-.
-Ya decía yo que no había soltado ninguna de sus frases- Rafaela hizo una mueca-.
-No suelo dar consulta en los parques- Inquirió Roberto-, disculpe si me salto un poco el protocolo.
-Es un lugar agradable- Reconoció Rafaela-.
-¿Es una sugerencia?- Roberto no lo creía-. Creía que no le gustaban los parques.
-Es mucho mejor que la caja de zapatos donde vive- Rafaela sonrió-.
-Dejar ser a alguien es lo mejor que podemos desearle- Roberto la miró a los ojos-. ¿Se apunta?- hizo un gesto hacia los niños que jugaban-.
-No me gusta el futbol- Rafaela negó con la cabeza-.
-Antes dijo que nunca lo había practicado- le recordó-. ¿Cómo sabe que no le gusta si no lo prueba?
-¿Por qué siempre le fascinan las preguntas provocadoras?- inquirió Rafaela-.
-Vamos, no se haga la dura- Roberto tiró de su mano-. ¡Ya vamos chicos!
-No creo haberle dicho que si- Rafaela se quejó pero no le soltó la mano-.
-Déjese llevar- Le agitó los hombros con delicadeza-. Solo por hoy. Olvídese de quien es y simplemente disfrute. ¿O es que acaso tiene miedo de que le guste? Tranquila- bajó la voz-, no lo comentaré con nadie.
Permanecieron unos segundos mirándose, uno frente al otro hasta que Rafaela terminó apoyándose en el hombro de Roberto para descalzarse. Agitó los tacones y caminó hacia un lado para dejarlos junto con la americana. Volvió hacia él remangándose el chaleco mientras disfrutaba del fresco tacto de la hierba.
-¿De verdad cree que le tengo miedo?- le susurró Rafaela por la espalda yendo a colocarse con las chicas-. No es tan complicado- dijo en voz baja-.
El juego comenzó y mientras Rafaela no veía lo divertido a correr de un lado a otro detrás de una pelota además a riesgo de que pudieran partirte una pierna porque esos niños eran auténticos cavernícolas, se dio cuenta de lo que significaba cuando le dio una patada al balón haciendose algo de daño poniéndole a una de las chicas un pase de gol. La pequeña corrió hacia ella, que se echó hacia atrás no muy convencida y la abrazó, dándole un beso en la cara y diciéndole que era una máquina.
-Ahora entiendo por que le gusta jugar- Rafaela movió las cejas-. Le regalan el oído.
-Los niños no dicen mentiras- Le recordó Roberto-. De vez en cuando no está mal ser uno de ellos.
-Dígamelo mañana cuando no me pueda mover de la cama- Rafaela se sentó en el césped, no podía mas-. No le hará tanta gracia cuando le pase el ticket de la tintorería- señaló su pantalón medio verde-.
-No comeré en una semana si hace falta para saldar mi deuda- Roberto intentó mantenerse serio-. ¿Podrá soportarlo sobre su consciencia?- hizo una mueca burlona-.
-Sin ningún esfuerzo- aseguró Rafaela-.
-No le creo nada- Le susurró al oído-.
De lo que Rafaela no se había dado cuenta era de que un coche la seguía desde que había salido de su casa. Su marido quería saber a toda costa a que se debía ese comportamiento beligerante y altivo. No se mandaba sola, era su marido y tenía derecho a saber que hacía su mujer cuando no estaba a su lado.
-Te dije que tenía un amante- María sonrió-.
-Esto no puede ser- Miguel Angel golpeó la mesa-. ¿Quién es ese infeliz?
-Se llama Roberto Leal- María le puso al tanto-, es psicólogo. Por lo que he podido averiguar Rafaela le visita con bastante frecuencia.
-¿Estas segura de eso?- Miguel Angel no entendía nada-.
-Tres veces en la misma semana- María asintió-.
-Quiero a ese estúpido aprovechado lejos de mi mujer- espetó furioso-. Encárgate- le ordenó-. No- rectificó enseguida-, yo mismo lo haré.
-Como quieras- Maria sonrió-. Lo ves Miguelito- Le tendió una copa-, en el fondo todas somos iguales.
-Eso será por poco tiempo- aseguró completamente convencido-.
*************
Alba se había cambiado tres veces de ropa y si seguía mirándose al espejo estaba segura de que habría una cuarta. Le había pedido a Sabela que reuniera a todos los accionistas de la empresa en una junta extraordinaria, recalcándoles a todos que necesitaba que estuvieran presentes. Se tiró de la solapa de la americana y volvió a subirse el puño por tercera vez.
-Estás elegante, atractiva y sexy con cualquier traje que elijas- Natalia salió del baño envuelta en el albornoz-.
-Estoy nerviosa- gruñó intentando abrocharse la manga-.
-Déjame a mi- Natalia se acercó delicadamente-. Aún puedes echarte atrás- le recordó-.
-Estoy muy segura de lo que voy a hacer- le aseguró Alba-. Se que no estás de acuerdo y...
-Yo no he dicho eso- Natalia negó con la cabeza-. Es tu decisión y la respeto, lo que me preocupa es lo que tienes en mente conseguir con esto.
-No hay nada- Insistió Alba-. No hay ningún móvil, es solo una cuestión de dignidad- Se puso seria-. Se que crees que intento demostrar algo, dar alguna lección, pero esa no es mi intención. Simplemente, voy a colocar las cosas del modo que corresponden.
-Estas haciendo esto por orgullo- le advirtió Natalia-. No es una decisión sin más- metió el botón en su lugar-.
-Si- Alba asintió-, quizás sea orgullo, vanidad, llámalo como quieras- agitó la mano-.
-Espera- tiró de su mano para que no se le escapara-. Solo quiero que estés bien.
-Y lo estaré- la besó en los labios-, de eso no tengas dudas.
Por mas fría que tratara de mostrarse, era obvio que estaba afectada. La decisión que Alba había tomado alteraba toda su vida. Su relación familia, de pareja y hasta su manera de vivir, pero eso era precisamente lo que necesitaba. Quizás eso de que a grandes males, grandes remedios, tenía su efecto.
-Aunque deje la empresa pienso seguir colándome para morrearnos en tu despacho- Alba se mordió el labio-.
-Eso también lo quiero ante notario- Natalia cazó sus labios-.
-Vístete- le ordenó separándose-, llegamos tarde.
-Podrías ayudarme con la ropa- Natalia se quitó el albornoz quedándose completamente desnuda-. Ya sabes lo mal que se me dan combinar los colores.
-Si me lo pides asi- Alba se tentó y miró el reloj-. ¿Sabes que?- se pegó a ella-. Que esperen. La ropa dice mucho de una persona- le susurró dejando algunos besos por su cuello-. Un buen traje puede suponer el mejor aliado para un buen acuerdo o la peor carta de presentación. Por eso a mi me gusta tenerte así, desnudita.
-Pervertida- La acorraló contra la pared-. Eso no está nada bien.
-Yo creo que no está nada mal- Alba la besó en los labios-.
Tal y como Alba había pedido toda la familia esperaba a su aparición. La mayoría se estaba impacientando por su tardanza, tanto misterio les resultaba exasperante. Santi había intentado localizarla tanto a ella como a su hermana, pero tenían el teléfono desconectado. María había intentado sonsacar a su marido en busca de un poco de información, pero Mikel ni siquiera le había dirigido la palabra. Miguel Angel había hecho lo mismo con su esposa, la diferencia era que la Rafi sabiendo las intenciones de su hija, le mintió en la cara como si desconociera que era lo que se avecinaba.
-Una reunión urgente- María chasqueó la lengua-. Tu hija cada día resulta con una nueva sorpresa.
-Démosle unos minutos- Rafaela le clavó la mirada-, tampoco es que tengas nada mejor que hacer.
-Típico de mi hermana- se quejó Marina-. Siempre tiene que ser el centro de atención.
María estaba inquieta ante las intenciones de Alba para con aquella reunión. Lo que sea que estuviera tramando, lo tenía bien escondido y eso no le gustaba un pelo. Además, la ausencia de Natalia también era significativa, en los temas de la empresa no solía mostrar una postura tan despreocupada y menos si se trataba de Alba. Aquello no olía nada bien, allí había gato encerrado. Rafaela tampoco había abierto la boca, aunque de ella no dudaba, últimamente tenía la cabeza en otra parte y además, sería a la última persona a la que Alba le confiaría sus planes.
-No voy a estar aquí todo el día, plantada como una seta- Se quejó María-.
-Yo también estoy muy ocupado- Gruñó Miguel Angel-.
El que sí sabía lo que iban a hacer era Mikel, a quien Alba le había confesado su deseo de abandonar la dirección artística de Rafmar y por ende, desvincularse por completo de la empresa. En un principio, había intentado disuadirla, diciéndole que en poco tiempo nadie recordaría aquel pequeño incidente, pero las razones de Alba no podía cuestionarlas. De un modo u otro se vio reflejado en sus palabras. Alba se sentía impostada, como el blanco de una diana a la que todos tiraban sus dardos. Tenía derecho a respirar un poco y lo único que podía hacer era apoyarla.
-Por fin señorita Reche- Sabela soltó todo el aire-. Es la segunda vez que llevo café a la sala de juntas. El señor Martinez no ha dejado de preguntar por usted-.
-Ahora va a resultar que soy su preferida- Alba soltó una carcajada-. Estábamos...-miró a Natalia mordiéndose el labio-, en un atasco- le dio un trago al café-. Bastante aceptable, te felicito.
-Deberías aprender de ella- Natalia también disfrutaba del café-.
-El secreto de un buen café es la compañía- Alba le guiñó el ojo-.
Las dos se mantuvieron la mirada por un segundo, momento en el que Sabela fingió buscar unos documentos en el archivador. No le parecía bien perturbar su privacidad, aunque lo cierto era que desde fuera la complicidad lo traspasaba todo. Por lo que estaba viendo era obvio que el asunto era serio y en el fondo estaba preocupada. Era una simple secretaria, una empleada que nada tenía que opinar en asuntos que nada tenían que ver con ella, pero consideraba a Alba una persona mas cercana de lo que muchos pensaban. Pese a la dureza de su jefa y a su particular forma de manejar las relaciones laborales, Alba tenía algo especial. Era capaz de ver el potencial de las personas con solo mirarles y ese instinto era poco común en un mundo en el que cada día el trabajo no era más que otra mercancía más.
-¿Lista?- Le preguntó Natalia en voz baja-.
-¿Tienes dudas de mi inteligencia?- Se burló la rubia-.
-Tienes una mente brillante- le susurró Natalia-.
-Y un cuerpo para el pecado- Alba se mojó los labios-.
Natalia negó con la cabeza y se quedó unos segundos viendo como Alba hacía el camino a la sala de juntas con paso seguro. Sabía que aquella situación estaba siendo muy complicada para ella, aunque fingiera que no le importaba. Alba amaba la publicidad y si había algo de lo que siempre había estado orgullosa había sido de ese amor correspondido. Por eso Natalia sabía que dejarlo ir nunca sería fácil, en el mismo momento que lo hiciera, una parte de Alba también le acompañaría en esa despedida. Natalia se colocó a su altura y le rozó los dedos de la mano, como solía hacer cuando era pequeña mirándola con una discreta sonrisa.
-Recuerdo una vez...-Alba suspiró-. Entré en el despacho de mi madre y me caí en un intento por subirme en su silla- soltó una carcajada-.
-Yo le corté una corbata a mi padre para hacerla de mi talla- Natalia sonrió-.
-Estoy segura de esto- le acarició los dedos-. Necesito hacerlo.
-Entonces hagámoslo- Natalia asintió-. Yo estoy contigo.
Alba volvió a asentir mirando a Natalia y abrió la puerta sin pensárselo, con mas fuerza de la que esperaba. Se centró en no fijar la vista en nadie, en escapar de sus incisivas miradas, en huir de la culpa que ellos siempre le obligaban a respirar. Caminó con paso seguro hasta su asiento y se quedó unos segundos estática, hasta ocupar su lugar. Natalia lo hizo a los pocos segundos, sin quitarle los ojos de encima. Alba volvió a mirarles a todos analizando sus caras y tomó aire, había llegado la hora de la verdad. Estaba en la arena y dejarle claro a todo el mundo que nadie mandaba sobre ella.
-Ya era hora- Se quejó María-. ¿A que viene tanto misterio?
-Yo he tenido que posponer una reunión- gruñó Miguel Angel-.
-Os he reunido a todos porque tengo un importante anuncio que hacer que en mayor o menor medida afecta a la familia- Alba se mostraba muy serena-.
-¿Y de que se trata?- preguntó María con impaciencia-.
-Espero que no sea otra de tus ideas para hundir mi agencia- Miguel Angel la encaró-.
-Mi agencia- Natalia negó con la cabeza-. Creo que esa propiedad te queda un poquito grande- le hizo un gesto a Alba para que hablara-.
-Habla de una vez- le ordenó Miguel Angel-.
-He decidido dejar la dirección artística de Rafmar- Alba soltó el aire-. Ha sido una decisión difícil de tomar, pero creo que es lo mejor para todos. Por otro lado, en los documentos que Sabela os ha repartido, tenéis la nueva asignación de mis acciones para que no penséis que abandono el barco sin más.
-¿Has vendido las acciones?- María comenzó a rebuscar que peripecia había hecho-.
Alba sonrió al ver el movimiento de papeles de la mesa todos, excepto de Mikel y Natalia, que conocían perfectamente lo que se traía entre manos Alba. No hubo nadie que no se sorprendiera al leer ese nombre en el dossier. Quizás ese era el verdadero motivo por el que alba se había decidido a hacerlo. Después de todo y más, sabiendo lo complicada que se había vuelto su relación, un movimiento como aquel, valía prácticamente el peso de una partida.
-Supongo que no hay mucho mas que decir- Alba carraspeó-. Marina es la nueva dueña de mi paquete de acciones y de mi voto en la junta- sonrió levemente-.
-¿Es una broma?- Marina no se lo creía-.
-¿No querías tomar responsabilidades?- Alba se mordió el labio-. Enhorabuena hermanita- sonrió-, disfruta de tu momento de gloria. Y ahora si me disculpáis tengo la mañana libre y lo cierto es que estoy expectante.
-Esto no es un juego- le advirtió Miguel Angel-. ¿Por qué siempre tienes que salir con estas estupideces? - acortó la distancia-.
-¿Hubieras preferido que se las regalase al primero que pasara por la calle?- inquirió Alba-. Piensa lo que quieras papá- hizo una mueca-, me importa un bledo.
Marina aún estaba asimilando aquella noticia. De repente, su papel en la familia tomaba gran relevancia gracias a la maniobra de su hermana y eso la hizo ponerse contenta. Sin embargo, no dejaba de pensar que aquello no podía ser más que una maniobra de su hermana para hacerle pagar por lo que había pasado en el último evento y miraba la situación con recelo.
-¿Me regalas tus acciones?- Preguntó Marina muy confusa-. No harías algo así. ¿Dónde está la trampa?
-Siempre viendo enemigos donde no los hay- Alba sacudió la cabeza-. No hay trampa. Si firmas esos documentos, dejarás de ser...¿Cómo es que dijiste?- chasqueó los dedos tratando de recordarlo-. Mi sombra. En el momento en el que estampes tu firma en esos documentos serás la cara visible de la agencia, aunque te aseguro que no es tan atractivo como parece.
-Ese documento no es legal- María no dejaba de morderse el labio-. Para que la venta sea efectiva, los estatutos de Rafmar obligan a que un tercio de los miembros de la junta validen tu decisión. Lo único que has hecho es hacernos perder el tiempo- se quejó-.
Todos se quedaron callados ante la intromisión de María. Ella que ya pensaba que paraba toda aquella locura de dejar en manos de una niña idiota un patrimonio que podía lapidarse con una facilidad pasmosa, aun no se había percatado que Alba Reche jamás dejaba nada al azar.
-En eso te equivocas- Mikel intervino-. Natalia, Santiago, Rafaela y yo hemos firmado para que todo este acto sea válido.
-¿Sin consultarnos?- Miguel Angel estaba completamente perplejo-.
-Supongo que eso responde a tu intriga- Alba no perdía la sonrisa-. Y ahora si me disculpáis, tengo cosas que hacer.
Alba salió con paso rápido y se refugió en su despacho. Dar aquel paso había sido menos complicado de lo que pensaba, aunque no podía evitar sentir cierta tristeza. Amaba aquel lugar desde niña, los bocetos habían sido su refugio y las campañas una manera de darle vida a sus sueños. Había pasado cinco años como directora creativa en la agencia, con sus luces y sombras, con sus aciertos y errores. Cinco años en los que había aprendido que las provocaciones eran un arma de doble filo y que la vida sin algo de emoción no tenía ningún sentido mas allá de disfrutarla al máximo.
No tardó mucho en vaciar el despacho. Siempre había sido de las que pensaban que lo mejor para seguir adelante era cortar por lo sano y prolongar aquel momento no tenía sentido. Vació los cajones de modo desordenado en las cajas y guardó las pocas fotos que tenía por allí, excepto una, la que Natalia y ella se habían tomado después de sacar al aire su primera campaña conjunta. Aquel día soñaban con comerse el mundo, con tocar las estrellas y lo habían conseguido. Estaba segura de que cada campaña había hecho que mucha gente quisiera hacer realidad sus mas profundos deseos aunque solo fuera por un segundo.
-¿Señorita Reche?- Sabela la sacó de sus pensamientos-.
-Siempre has tenido tus mas y tus menos con las puertas, Ramil- Alba sonrió levemente-.
-Disculpe- carraspeó nerviosa-.
-Ramil, ya no trabajas para mi- Alba sonrió-. No son necesarios tantos formalismos.
-¿Es verdad que se marcha?- Preguntó Sabela algo confusa-.
-Deberías estar contenta- Alba asintió-. Vas a perderme de vista.
-Lamento que se marche- confesó Sabela con gesto triste-. Trabajar para usted es...-buscó la palabra-, estimulante.
-Gracias, Ramil- Alba sonrió-.
-No quiero que piense que hago esto porque se marcha- Aclaró Sabela-. Usted fue la única persona que me dio una oportunidad mientras otros usaban mi currículum como un folio en sucio y eso no lo olvidaré nunca. Jamás me trató como a una becaria, sino que respetó mi lugar y mi dedicación. Quería decirle que trabajar para usted ha sido un placer.
-seguiré viniendo para asegurarme de que no bajas el rendimiento- reconoció Alba mordiéndose el labio-.
-No se olvide- Sabela sonrió-.
Sabela la dejó sola tras su despedida y Alba giró la cabeza algo contrariada. Odiaba las malditas despedidas, así que intentó soltar la tensión mirando por la ventaba. Se fijó en el rótulo que aún no habían quitado, ese donde Natalia le pedía perdón diciendo que era idiota. Negó con la cabeza y sonrió, en aquella agencia también se quedaba una parte de su historia de amor, de su cariño, de su pasión. Caminó hacia el escritorio de Natalia y tomó un folio. Se quedó unos segundos pasmada en la foto de las dos que tenía dentro de uno de los cajones, bien escondida y suspiró. Se hizo con un rotulador, estuvo un rato dándole vueltas sobre su contenido y le dejó un mensaje escrito de lado a lado con letra clara.
"No se me dan bien las despedidas, por eso la nuestra me la saltaré. Ya sabes, que soy un poco idiota"
Aquel mensaje por si solo no decía nada. De hecho, cualquiera que lo leyera lo único que pensaría es que sería una estúpida broma, nada mas allá, aunque para las dos fuera la declaración de amor mas hermosa del mundo. Una que engalanaba sus defectos, los sacaba a flote y les decía a las dos que los amasen, porque aquello era lo verdaderamente mágico.
Natalia la observaba apoyada en la puerta dar vueltas en su silla. Siempre hacía eso cuando algo la perturbaba y no tenía claro que hacer. Ya había dado el paso y conociéndola, Alba no se echaría atrás, lo que no quería decir que estuviera conforme con lo que eso significaba para ella. Se sentía como ese rey en mitad de la partida que lucha y lucha por seguir vivo hasta que tiene que hacerse jaque a si mismo.
-Este lugar siempre ha sido mi refugio- confesó Alba-. La publicidad me dio un poco de consuelo mientras yo día tras día, dinamitaba mi vida. Abandonarla me hace sentir miserable, aunque se que estará mejor sin mí.
-No digas eso- Natalia se apoyó en el respaldo de la silla-, sabes que no es cierto.
-A nadie le importa eso- Alba sonrió-, así es la publicidad. Crees que me he equivocado, ¿verdad?
-Ya te dije que confiaba en ti- Natalia sonrió-.
-No seas condescendiente- gruñó Alba-.
-Dar esa respuesta le corresponde a Marina- Le recordó Natalia-. Ahora tiene la oportunidad de demostrar todo su potencial.
-De verdad le deseo todo el éxito del mundo- confesó Alba-. Es mi hermana- la miró a los ojos-, si lo consiguiera me alegraría por ella.
-¿Qué piensas hacer ahora?- Preguntó Natalia-. No eres de las que se quedan quietas.
-Esperaba que tu me dieras algunas sugerencias- Reconoció Alba-.
-¿Qué tipo de sugerencias?- Hizo una mueca coqueta-.
-De esas a las que no te puedes resistir- Se mordió el labio-.
-Se me ocurre que podríamos ir a casa- la besó en los labios-, quitarnos la ropa.
-Umm- Alba tiró de su labio inferior-.
-Comernos a besos de camino a la ducha- Jadeó volviendo a su boca-, llenar la bañera de agua caliente.
-Muy caliente- Paladeó Alba-.
-Muy caliente- Natalia asintió-, poner algunas sales, un poco de vino, algo de música y quedarnos allí dentro sin que nada nos perturbe.
-Me parece un plan maestro- Alba la besó de nuevo-.
-Pensaba que te resistirías un poco más- confesó Natalia-.
-Estoy perdiendo facultades- Alba le mordió el labio-.
Ya está vuestro camello favorito de vuelta!!
Es oficial, Alba deja la empresa familiar. Madre mía, eso nadie se lo esperaba. Se han quedado todos a cuadros. Está comenzando a dejar a la familia de lado, parece que lo que mantiene ese vínculo vivo es la relación con su madre. ¿Lo dará todo por perdido cuando sepa la verdad?
Natalia ha sido un apoyo total para Alba. La ha contenido, le ha dado fuerzas y no la ha dejado sola en ningún momento.
Ay la Rafi y Roberto, siempre tan ellos. ¿Que pasara ahora que Miguel Angel sabe la complicidad que hay entre los dos? Ay Miguelito te quedan dos telediarios para que la Rafi se de cuenta de que no vales para nada.
Marina, ha llegado tu momento. ¿Por que creéis que Alba le ha dejado sus acciones a ella y no a Natalia? ¿Espera que fracase, realmente confía en ella o pretende darle algún tipo de lección? La que te espera, tu no sabes que la morena está cortada con la misma tijera que tu hermana jajajaja
Disfrutad de la mercancía y consumid con moderación.