Zico fue hacia el pueblo más cercano, donde vivian sus padres, con la lancha. La ató en un pequeño poste del puerto. De un saltó, bajó a tierra firme. Atravesó las calles. Tenía un aspecto muy sensual y misterioso… con su chaqueta negra, los pantalones grises y las gafas de sol Ray Ban aviator. Razón por la que muchas mujeres se giraban un par de veces a observarlo. Vió algunas tiendas donde podría comprarle algo de ropa a _________, mientras permaneciera bajo su responsabilidad. Pero prefirió ir mañana o más tarde con ella… suponía sus tallas, pero era malo en escoger ropa del sexo opuesto. Renovó el cargamento de alguna de sus armas y fue a visitar a sus padres.
- Zico … - dijo Sora pellizcándole una mejilla - ¿Qué te trae por el pueblo?
Zico pasó adentro.
- ¿No están P.O ni Taeil?
- Si, P.O salió un momento… iba a ir a comprar, pero él me dijo que ya lo hacía.
- ¿Y Taeil?
- Taeil vino ayer por la noche… no sé qué es esto… tantas visitas de repente. – se quejó Joonhun
- Papá, ten cuidado… - dijo Zico sentándose en una de las butacas.
- ¿Ha pasado algo, hijo? – dijo quitándose la pipa de la boca.
- Si… hay una mujer que me quiere… hacer sufrir. – rectificó. – y puede que les quiera hacer una visita… así que será mejor que tengan cuidado… por eso P.O y Taeil están también atentos. No salgan solos a la calle, hasta que consigamos detenerla…
Estuvo por una hora más en la casa de sus padres, hablando con ellos y con Taeil, hasta que decidió que tenía que irse. Había bastante distancia con la lancha, hasta la casa de Zico, así que aún tardaría un rato en volver. Cuando paró el motor del vehiculo en frente de su casa de la playa, tubo un mal presentimiento. Cargó su calibre del 38 y abrió la puerta. Un gemido provino de la habitación de ________. Fue directo hacia allí. Pero antes de llegar al cuarto de su testigo, se encontró con un hombre en el suelo. Un pasamontañas tirado más allá. Zico le tomó el pulso. Estaba muerto, pero no sintió nada. Seguro que era uno de los hombres de L. Prosiguió, atravesando el salón y el pasillo. Abrió la puerta y se acercó hacia Jaehyo y _________. Zico sintió un tirón en sus entrañas al ver a _________ llena de sangre.
- ¿Qué ha pasado? – dijo preocupado. Se puso en cuclillas en frente a ella, al lado de Jaehyo.
Vio que Jaehyo tenía una aguja y algo de hilo en la mano. Atravesando la pierna de _________.
- Le han disparado. Tuve que sacarle la bala y hacerle un torniquete. Pero pronto la presión cesó. Zico, tengo que cerrar esta herida antes de que se desangre.
_______ se arqueó.
- ¿Lo estás haciendo a carne viva, bruto? – dijo Zico alterándose
- No, le inyecté anestesia, pero no había suficiente para que no sintiera nada.
Zico apartó a Jaehyo y se puso donde él estaba.
- _______... – dijo acariciando su brazo.
- Que…
- ¿Estás bien?
- De p*ta madre. – dijo ella irónicamente.
- Oh, veo que aun te quedan fuerzas para picarte conmigo… así que te quedaran fuerzas para aguantar… unos cuatro puntos más.
Zico acarició su muslo, intentando tranquilizarla. Parece que eso sirvió de algo. Pasó aguja y hilo, cerrando el corte que había hecho la bala. ______ gritó.
- ¡jod*r!
- No te muevas… - Zico volvió a acariciarla. Sentía como _______ estaba llorando. Le sabía mal ¿Por qué? Nunca había sentido pena por nadie. Estaba nervioso, no quería causarle dolor. Y él nunca se había puesto nervioso. Y menos… se había alterado con Jaehyo. Ahora recordaba… que le había casi gritado a uno de sus mejores amigos, aun que él no lo tuviera en cuenta. Pasó de nuevo la aguja.
________ volvió a gemir.
- Para… para… - sollozó – no puedo más…
- Cariño… ya queda poco, venga… aguanta. – Zico acarició una vez más su muslo.
- No… Zico para… - dijo temblando.
Podía ser un bruto, pero la palabra ‘no’ era sagrada para él. Una mujer le decía ‘no’ y él no la obligaría a nadie. No atravesaba las barreras del límite. Pero esta era una situación crítica. Si _______ se oponía, no podría terminar de cerrar ese agujero. Se incorporó y cogió la cara de ________ por las dos mejillas.
- Escúchame, tienes que relajarte y dejar que termine… tu pierna esta en mal estado y la herida se tiene que cerrar.
- Pero duele demasiado. – dijo ella agarrándolo del jersey. Las lágrimas le corrieron por la sien, mojando el pelo que caía encima de la cama.
Estaba nerviosa, tensa. Y Zico no sabía qué hacer. Su pierna seguía sangrando. Se inclinó hacia ________ y le acarició el pelo.
- Tranquila…
Se levantó, recordando donde había dejado un bote de anestesia de recambio. No era fuerte pero haría que ________ solo sintiera pinchazos suaves. Cogió una jeringa y le mojó con alcohol un trozo de la pierna clave para que se le durmiera. Llenó parte de la jeringa con la anestesia y la clavó suavemente en el muslo de _______. Apretó lentamente, haciendo que el líquido entrara en el cuerpo de ella. __________ respiró hondo. Zico volvió a mirarla.
- ¿Mejor? – dijo acariciándole la cara.
_________ asintió, intentando aguantarse las lágrimas. Zico no pudo más, no podía aguantar verla así… mal, nerviosa. Se sentía tan culpable por no haber estado allí cuando ese hijo de p*ta le disparó. Pudiera haber muerto. Se inclinó y besó sus labios. ________ abrió los ojos y aun se tensó más. Intentó apartar a Zico pero le quedaban tan pocas fuerzas que lo único que hizo fue dejar las manos quietas. La lengua de Zico atravesó su boca y _________ pudo sentir su exquisita y húmeda lengua. La misma que ayer por la noche… __________ se empezó a excitar de una manera sobrenatural. No tendría que haber rechazado a Zico. Pero… pero había tenido miedo. Aquello hubiera llegado a más… y ella… ella era una inexperta que guardaba su pureza para el hombre de su vida. Y Zico no era el hombre de su vida. Zico se separó al verla ya más tranquila. Ella no había contribuido en el beso, pero le daba igual. Había podido saborear su boca, y con eso le bastaba. Se puso como antes y prosiguió con los puntos del muslo de ________, hasta cerrar completamente la herida.
El agua cayó por su cuerpo. La venda que cubría el trozo de muslo se había mojado, pero se secaría de nuevo. La sangre seca que se había pegado en su piel cayó, navegando por el desguace, hasta perderse con otros restos. _______ cogió el champú que había en la parte alta del mueble de la ducha. Un mal movimiento de su, aún dolorida, pierna y resbaló, cayendo de centón en la bañera. Zico apareció con la misma cara de preocupación de antes.
- ¿Qué ha pasado? – dijo intentando no mirar… pero era inevitable no fijarse en aquella mujer… desnuda, empapada… y expuesta.
________ se tapó los sen*s y cruzó las piernas.
- Nada, me resbalé. –
- ¿Estás bien? – dijo Zico teniéndole una mano para ayudarla.
Ella asintió. La tomó y se puso en pie. Zico no pudo evitar dirigir sus ojos hacia un fino ve**… que adornaba el deseable monte de Venus de _______. Sus ojos se volvieron a llenar de lujuria. _______ fijó sus ojos en los de él. Zico no tardó nada en quitarse los pantalones y las botas militares.
- ¿Qué haces? – dijo _______ sin quitar la mirada de la protuberante erección que ahora solo estaba cubierta por un bóxer de licra que no dejaba mucho a la imaginación.
- ¿Qué pasa? ¿No puedo compartir mi propia bañera contigo? – se metió dentro y corrió la cortina para que las miradas estuvieran concentradas en ellos, y no en alguna parte fuera de la bañera. El agua caía y ________ aun estaba perpleja por lo que Zico estaba haciendo.
- Zico, por dios…
- Nada… - le alzó el mentón – y hazme el favor de corresponderme el beso esta vez.
Inclinó la cabeza y tomó sus labios con toda su boca, saboreándola al máximo.
_______ esta vez introdujo su lengua en la boca de Zico.
Delicioso.
Se sintió húmeda, y no precisamente por el agua de la ducha. Entreabrió los ojos. Los músculos de los brazos de Zico se tensaban, marcando aún más. El agua los recorría, y a _______ se le antojó pasar la lengua por todo el magnífico cuerpo masculino. Zico se separó de sus labios, aun teniendo su saliva en su propia boca. Se agachó para quitarse los bóxers empapados. Pero no volvió a incorporarse… no volvió a subir. _________ pronto sintió como le abría las piernas.
- Y esta vez si me vas a dejar que te coma como dios manda. – Sonrió. Y a __________ le pareció la sonrisa más excitante que había visto – No pienso quitarme el caramelo de la boca. Y tu tampoco lo harás cuando sientas lo que yo, y solo yo, te haga sentir.
Zico le cogió los muslos con delicadeza y los puso en sus hombros. Estaba completamente excitada, y él estaba más duro que nunca. Maldijo para sus adentros… si _______ lo tocaba ahora mismo no tardaría nada en correrse. No pudo contener las ganas de saborear a ________. Ella gimió al sentir la cálida lengua de Zico rozar una y otra vez su clítoris. Sus dientes, sus labios, toda su boca jugaban con ella. No pudo evitar agarrar los cabellos dorados de Zico y acercarlo más. Quería que se lo diera todo, quería correrse en su boca, lo necesitaba.
- Oh dios mío… - gimió sintiendo como Zico metía dos de sus dedos en ella y los empezaba a sacar y a meter de nuevo… una y otra vez, acompañando los perfectos movimientos de la lengua. - ¡Oh dios mío!
Su cuerpo se convulsiono, arqueándose automáticamente. Zico se separó con gran parte de su humedad en su boca. La saboreó toda. Y al fin le murmuró, sin dejar de tocarla:
- Córrete para mí.
Y volvió a su tarea, desatando el gran orgasmo de _______. Cerró los ojos, abrió la boca, apoyando la cabeza contra la pared de la ducha. Intentaba agarrarse a algo, pero todo estaba mojado, incluido Zico. Y él no tenía compasión, la seguía torturando, más y más. Una mezcla entre el cielo y el infierno, hasta terminar, cayendo por un precipicio. Zico sintió como se descargaba en su boca, mientras el gran gemido de _______ era melodía para sus oidos. Tragó. Se separó de ella y la dejó, de nuevo, delicadamente en el suelo. Aun que tuvo que sujetarla para que no se cayera. Las piernas le temblaban. La besó de nuevo. Para que ella misma sintiera su propio elixir.
Zico ahora la agarró del trasero. _________ se vió obligada a entrelazar sus piernas alrededor de la cadera de Zico. Gimió de nuevo al sentir como el duro pen* de él pulsaba contra su, ahora, sensible clítoris. Pero él necesitaba desahogarse, quería más… quería follarla. Lo había puesto duro como una piedra y no consentiría que lo dejase marchar así. Inclinó la cabeza para morder uno de esos tentadores pechos.
_______, gimió de nuevo extasiada. Se le endurecieron aun más en la dominable boca de Zico. Él no pudo aguantar más. Un ligero movimiento de caderas y metió gran parte de su potencia dentro del cuerpo de _______. Maldijo de nuevo.
- Eres estrecha. – jadeó metiendo toda su longitud hacia las entrañas de __________. – húmeda y caliente. Joder, me podría correr ahora mismo. – musitó en el oído de _______. Ella se contrajo de placer al oír sus palabras y Zico jadeó al sentir como lo apretaba aún más. Era cierto, no podría aguantar mucho más… y eso que se había tirado horas podiendo penetrar un hermoso cuerpo sin correrse. Pero _________ lo superaba.
La cogió de los muslos, y la penetró, intensamente. Ella gimió arqueando la espalda.
Zico la empezó a embestir, rápidamente. Sentía cada caricia que las paredes vaginales de _______ le daban a su pe**. Y sentía… sentía la llegada del mayor orgasmo de su vida.
Entonces despertó.
Temblaba, estaba completamente envuelto en sudor y con el pe** completamente empalmado, casi se salía del bóxer. Ahora sí que se jodía en todo.
Solo un puñetero sueño… ¡toca cojones! ¿Por qué tenía que ser así? Quería poseer a _______ en la vida real, y lo iba a conseguir. Fue hacia la habitación de ________.
Sintió que ella caminaba, se había despertado también. Tocó en la puerta.
- Pasa. – dijo ella. Zico entró. _______ también estaba muy sudada… y precisamente no hacía calor esa noche. ________ lo miró con ojos como platos.
- ¿Cómo está tu muslo? – dijo Zico mirándola, extasiado aun por el sueño.
- Eh… bien. – dijo ella aun algo desconcertada.
Después de lo mojada que estaba por culpa de que Zico se metiera en sus sueños… no podía concentrarse en lo que le decía. Y la erección que guardaba él en sus bóxers, tampoco ayudaba mucho a que ________ se olvidara del mismo sueño -que había parecido del todo real- que acababan de tener, tan uno como otro.
- ¿Te ha sangrado más? – le preguntó él, acercándose a ella. ________ se sintió realmente incomoda. Acababa de tener el sueño más potente de su vida, y el hombre con el que había fantaseado se estaba acercando peligrosamente a su cuerpo.
- No, no… tranquilo, está bien. – sonrió y puso las manos en frente. Obligando a Zico a cesar su paso.
- ¿Qué pasa? – dijo arqueando una ceja.
- Oh, nada… acabo de tener una pesadilla y… estoy algo agitada. – dijo mientras su sonrisa temblaba un poco. Zico sonrió… el también estaba agitado, pero no precisamente por una pesadilla…
- ¿Qué pesadilla? – preguntó curioso, sentándose en el pie de cama – si me la cuentas quizás te sientas mejor.
_________ se ruborizó.
- Oh, no… es que es una tontería. – dijo ella pasándose los dedos de la mano por el pelo - ¿Por qué te preocupas tanto por mi de repente? Nos odiamos, ¿recuerdas? – dijo irónicamente.
Zico se echó a reír.
- A veces los polos opuestos se atraen… - se levantó de nuevo – y a veces las personas que se odian se terminan amando.
- No te queda nada para que tú y yo nos amemos. – dijo riéndose.
- Yo no he dicho eso. – replicó Zico saliendo al pasillo de nuevo – además, nunca se sabe. – volvió a reír, haciendo broma.
Aun que ________ se quedó pensativa. Cerró la puerta y dejó que su espalda resbalara por la lisa madera. Se rió.
- Que tontos. Parecemos niños pequeños. Zico nunca podría ser el hombre que busco. Zico nunca podría ser el hombre de mi vida. – Se frotó los ojos y volvió a la cama, intentando coger el sueño de nuevo. Intentando llegar hasta el final de esa fantástica ‘pesadilla’.