Joanne Williams
La semana pasó rápida, y en menos que se dice quidditch, fueron la hora del almuerzo del viernes. Estaba tranquila y convencida de que lo haría de pena pero ¿que más daba? Quizás sacaría algo bueno de todo esto. Era del pensamiento que en esta vida siempre hay que arriesgar.
- ¿Delante la mano derecha de la escoba, vale? - me recordó Harry por cuarta vez.
- Está bien, lo siento - me disculpé, por cuarta vez también.
- No pasa nada. Sólo que recuérdalo. La escoba te irá mejor de esa forma.
Hizo cómo que quería añadir algo más pero Malfoy se acercó a la mesa de Gryffindor hacia nosotros.
- He oído que te vas a presentar a las pruebas de quidditch, ¿es cierto? - dijo Malfoy con su tono de suficiencia habitual.
- En efecto - dije en tono cortante.
- Vaya vaya... ¿Pero tú sabes jugar o lo harás de pena?
- No lo sé, es posible - dije mientras Harry nos miraba; a mí con atención y a él con odio.
Draco puso expresión de sorpresa. Y preguntó con verdadera curiosidad:
- ¿Entonces por qué lo haces?
- Me gusta probar cosas nuevas... - respondí yo con cierto tono seductor.
- Entonces te iré a ver - Supe que lo hizo para molestarme, pero no me afectó.
- Te recuerdo que no puedes ir a ver los entrenos de de quidditch de Gryffindor - dijo Harry de mala gana.
- En teoría, pero si no me ven no tengo porque estar incumpliendo ninguna norma... - dijo Malfoy con una sonrisa perfecta.
- Muy bien, haz lo que quieras. Si te pillan allá tú - dije fingiendo indiferencia.
- Al menos disfrutaré del espectáculo: desastrosa exhibición de Weasley y Williams. Pack al completo.
Mientras Malfoy se iba, Ron me miró preocupado, pues a él sí que le importaba lo que pensaban los demás de él.
- Tranquilo Ron, lo dice para ponerte nervioso y que te salga mal. En realidad no tiene ninguna intención de ir.
- Eso espero - murmuró para sí mismo.
Cuando esbozó una pequeña sonrisa, supe que, al menos, me había creído. Sin embargo, yo no las tenía todas, y estuve todo el día pensando en eso. "No me importa en absoluto la opinión de Malfoy, pero no quiero que por mi culpa, Ron se sienta presionado y no lo cojan".
El tiempo pasó volando, y sin darme cuenta, llegó la hora. La verdad es que tenía ganas y no estaba nada nerviosa. No podía decir lo mismo de Ron. Llevaba el gorro que Herms le trajo de Francia - ella se puso muy contenta - y caminaba más recto que un palo. Justo antes de salir al campo lo abracé.
- Lo harás bien, Ronald. El año pasado lo hiciste genial.
Los ánimos fueron a peor cuando detrás de mi apareció Cormac McLaggen.
- Hola preciosa ¿te presentas de bateadora? - dijo en una voz seductora ridícula.
- Pues no listo, de cazadora - dije en tono antipático.
- Interesante... Una chica con carácter, tu novia ¿verdad Weasley?
- ¡No soy su novia! - contesé cabreada.
Ron no respondía, estaba demasiado asustado.
- Me presento de portero - dijo mientras yo hacía una mueca de fastidio - Espero que gane el mejor.
- No lo dudes - dije yo cogiendo del brazo a Ron - Vamos, Ron.
Ginny y Harry nos esperaban al centro de la pista. Antes de subir a la escoba, Ginny me deseó suerte, y Harry me repitió por quinta vez donde iba la mano derecha de la escoba.
- Ya lo sé, va delante.
- De acuerdo. Suerte Jo.
Me subí a la escoba y al principio noté que hacía el ridículo. Me valanceé de forma torpe y tuve que cojerme fuerte para no dar la vuelta y quedarme del revés. Sin embargo, al poner la mano derecha delante pude controlar bien la escoba. "Gracias Harry" pensé para mis adentros. Subí hacia mi posición y me acerqué a Ginny.
Para mi sorpresa, todo lo que hacía me salía muy bien. Comprové que ya controlaba la escoba sin esfuerzo, como si fuera otra extremidad. Pronto encontré las quaffles y me dirigí a la portería donde estaba Cormac. "Esta va por Ron" pensé. Cormac se quedó sorprendido al ver con que velocidad marqué la quaffle, y oía a Ginny gritar de sorpresa detrás de mí y decirme:
- ¡Muy bien, Jo!
No fallaba ni una, la verdad es que hice baloncesto un año y esto era bastante parecido. Ron al principio, estaba un poco rígido, y paraba las quaffles con dificultad.
Entonces, vi a Herms con cara preocupada mirando hacia Cormac. De pronto, de sus labios pude leer perfectamente "Confundus". Cormac se fue para un lado y Ginny marcó. Con esto Ron recuperó la confianza y, en ese momento, se convirtió en otro Ron Weasley. Seguro de sí mismo, paraba las quaffles con el pie, con la mano y con la cabeza.
Por lo que a mí respecta, lo hice de maravilla. No sé si podría considerarse talento inato. De lo que sí que estaba segura es de que tendría que haber probado el quidditch mucho antes.
Cuando bajamos, Ginny corrió a abrazarme.
- ¿Se puede saber cómo lo has hecho?
- No sé... la verdad es que es parecido al baloncesto.
- No tengo ni idea de que es eso pero ¡bienvenida al equipo!
- ¿Eso lo tengo que decidir yo, no? - dijo Harry con una sonrisilla orgullosa al presumir ligeramente de su cargo de capitán. Bajó de su escoba y me felicitó - Has estado genial.
- ¿Habéis visto a Ron? Parecía otro... - dije yo mientras lo veía con gente a su alrededor, aplaudiéndole.
- Lo mejor es que Cormac ha fallado más que él - dijo Harry aliviado - Creo que ya tenemos a dos nuevos miembros seguro para el equipo de Gryffindor.
-¿De verdad? - Estaba ilusionada. Hasta que no me subí a la escoba no creí tener ninguna posibilidad.
Harry me sonrió y asintió con la cabeza. Vi a Herms bajando corriendo y me abrazó eufórica.
- ¡Genial, Jo! Lo has hecho de maravilla.
- Gracias Herms... - dije yo mientras miraba a Ron - ¿Qué te ha parecido Ron?
- ¿Lo ha hecho muy bien, no?
- ¿Y Cormac? - Sonreí levantando una ceja retadora. Ella frunció el ceño y comprendió en seguida.
- No podía dejar que machacara a Ron de esa forma. Ha sido un... hechizo de nada.
Yo reí y negué con la cabeza.
- Por cierto ¿has visto a Malfoy? - pregunté.
- No, ¿lo has visto tú?
- Debe haberse quedado en la habitación - contesté para mí mismo. Por supuesto, ese cretino no había venido. Y eso no me molestaba, lógicamente. Aunque me habría gustado demostrarle de lo que era capaz.
Me fui al vestuario y, después de ser felicitada por todos los miembros, me duché y me arreglé. Al salir del vestuario, pero, casi me choqué en los morros.
- ¡Vigila por donde vas! - Levanté la vista y vi delante de mío un Malfoy molesto.
- ¿Malfoy? ¿Al final has venido?
- Qué te pensabas, Williams... Era una promesa, y yo siempre cumplo mis promesas.
- Ya, ya... ¿Tienes ganas de empezar el primer partido Gryffindor contra Slytherin?
Esta vez fue Draco el que se acercó a mí y me susurró en la oreja, en el mismo tono en que me dirigí yo a él.
- Me muero de ganas.
Draco Malfoy
¿Así que esa sangresucia quería entrar en el equipo? Genial. Esta era la mía para dejarla mal. Me dirigí hacia la mesa de los leones y me acerqué a ella.
- He oído que te vas a presentar a las pruebas de quidditch, ¿es cierto? - dije sin acabármelo de creer del todo.
- En efecto - dijo ella en, no muy amablemente.
Ya empezábamos. Debería haber recordado que ella tenía carácter antes de meterme en la boca del lobo, o en este caso la boca del león. Bueno, pues la dejaría mal yo a ella antes de que lo hiciera conmigo.
- Vaya vaya... ¿Pero tú sabes jugar o lo harás de pena?
- No lo se, es posible - admitió muy tranquila mientras Potter daba aires de amenazador.
Eso me descolocó unos segundos, "¿ella sabía que lo iba a hacer mal? ¿Entonces porqué lo hacía? ¿Es que no le daba miedo hacer el ridículo?". Y pregunté con verdadera curiosidad:
- ¿Entonces por qué lo haces?
- Me gusta probar cosas nuevas... - respondió ella en cierto tono seductor, aunque no tanto como en pociones. No pude evitar que se me erizara el bello de la nuca e hice como que no pasaba nada. ¿Por qué reaccionaba así? Es cierto que ella era bonita, pero nunca me habían afectado los poderes seductores de las mujeres. Más bien era yo el que las afectaba a ellas con ese tono seductor. ¿Por qué con ella era al revés?
- Entonces te iré a ver - Aunque no sonó convincente, tenía verdadera intención de hacerlo.
- Te recuerdo que no puedes ir a ver los entrenos de de quidditch de Gryffindor - replicó Potter.
- En teoría, pero si no me ven no tengo porque estar incumpliendo ninguna norma... - dije sonriendo insultantemente. No entendía cómo alguien como Williams podía mezclarse con tal chusma, San Potter. Bueno, tal vez sí. Porque ella era también esa chusma, era un sangresucia asquerosa.
- Muy bien, haz lo que quieras. Si te pillan allá tú - dijo ella.
- Al menos disfrutaré del espectáculo: desastrosa exhibición de Weasley y Williams. Pack al completo - dije riéndome de la cara de espanto que había puesto el pobretón de Weasley y luego me fui a mi mesa a terminar de desayunar.
Más tarde me escaqueé de Pansy y mis amigos y me dirigí al campo de quidditch. Al llegar, me escondí debajo de las gradas, y observé al montón de payasos leones dispuestos a hacer la prueba para entrar al equipo más perdedor de Hogwarts.
Empecé a reconocer algunas caras ya conocidas. Vi a aquella pelirroja pobretona hermana de Weasley, y la verdad es que tuve que admitir que no lo hacía nada mal. Vi a San Potter dirigir a todo el cotarro. Vi a Weasley con una cosa marrón y ridícula en la cabeza. Se me ocurrieron un montón de chistes sobre eso, pero entonces... La vi a ella. Me fijé y pensé: "¿Cómo puede quedarle espectacular hasta la ropa más horrorosa?".
Abrazó a Weasley, y dentro de mí algo se molestó. ¿Qué me molestaba? ¿Que Williams tuviera algo con el pobretón Weasley? No, ella no saldría con ese pardillo. Ella podía llegar a un nivel mucho más alto...
Los estuve observando un buen rato hasta que le tocó el turno a Williams. Empezó bastante mal, y yo ya estaba imaginándome el penoso espectáculo. Pero de pronto, sus manos empezaron a controlar la escoba y la dominó al instante. Hacía lo que quería con ella. Comenzó a jugar con la quaffle entre sus manos y luego empezó a lanzarla con una fuerza poco esperada por mi parte y ¡las metía todas! No podía creérmelo, era muy buena. Realmente buena. Empecé a preguntarme si todo lo de esta mañana no sería un teatro para que los demás se la imaginaran peor de lo que realmente era, pero enseguida descarté la idea. En esos pocos días que había compartido con ella en Pociones tenía claro que era demasiado orgullosa como para dejarse mal a propósito. Y que lo hiciera igualmente aún pensando que no lo haría nada bien es algo que admiraba, aunque no se lo diría ni muerto. En resumen, con un talento natural como el de ella ya tenía un puesto asegurado en el equipo de quidditch de Gryffindor. Ahora no nos enfrentariamos solo en las clases sino también en el campo. El primer partido de la temporada era Gryffindor contra Slytherin, un partido interesante sin duda. ¡Vaya! Con todo esto de Williams me había perdido a Weasley, aunque lamentablemente no creo que le saliera muy mal. Todo el mundo le felicitaba y el parecía muy contento. Al momento Potter dijo:
- ¡Ya tenemos a dos nuevos miembros seguro para el equipo de Gryffindor!
Así que Weasley y Williams, habían entrado los dos. Ella muy contenta abrazó a Potter y eso hizo que me irritara. "¡Quítale las manos de encima, Potter!" pensé al verlo. Ni siquiera entendía porque me había molestado, a mí no me importaba lo que hiciera esa sangresucia con San Potter, pero seguía pensando que ella podía aspirar a algo mejor.
Me espere un rato y luego decidí ir hacía el vestuario de las chicas para esperar a Williams, pero justo cuando llegué me choqué con alguien que salía en ese momento.
- ¡Vigila por donde vas! - me quejé. La silueta con la que me había chocado me observó de arriba a abajo y yo sonreí con suficiencia. Vaya, vaya... Era Williams.
- ¿Malfoy? ¿Al final has venido? - preguntó ella realmente sorprendida. Pude notar hasta un cierto punto de emoción en su voz.
- Qué te pensabas, Williams... Era una promesa, y yo siempre cumplo mis promesas - respondí mientras ella me observaba con indiferencia.
- Ya, ya... ¿Tienes ganas de empezar el primer partido Gryffindor contra Slytherin?- preguntó en un tono retante.
Esta vez fui yo que me acerqué y le susurré en la oreja. Volví a oler ese dulce aroma, una mezcla entre vainilla y melocotón. Pude notar como hizo una mueca de fastidio, porque la hice estremecer. En el mismo tono seductor en el que ella se me dirigió en el almuerzo:
- Me muero de ganas.
Y verdaderamente, no lo había dicho por decir. Estaba ansioso para enfrentarme a ella.