Antes de abandonar la casa de Yoongi, me veo en la obligación de dejarle una escueta nota:
No volveré. Lo siento. Esto no es lo que quiero. Si deseas una última conversación,
te espero a las tres y media en el Starbucks del el centro comercial de la calle Hwang.
Sé que no me puede buscar, no tiene mi dirección ni mi teléfono, ya que cuando me fui por Vante... borré mi rastro. Pero es necesario que afronte mi error. Llego delante de mi casa en tensión, por no hablar del estado pésimo en el que me encuentro. Miro con disimulo a mi alrededor, ni siquiera subo en el ascensor y entro en casa como un huracán. Todo está recogido, huele a ¿hogar? Corro hacia la cama y me tiro en ella. ¿Y qué me espera? Ponerme a llorar de forma desconsolada. Estoy en la fase de asimilar y expulsar el dolor, sin obviar mi metedura de pata, por supuesto. Me doblo en dos en la cama, y doy golpes en el colchón.
-Por favor, sácalo de aquí -pido, tocándo mi pecho-¡No quiero hacer más estupideces! -grito impotente. No sé cuánto tiempo transcurre mientras, totalmente abatido, dejo que el llanto me domine. Poco después oigo que me llega un mensaje al móvil. Sigo llorando y, con una punzada en el corazón, lo saco de mi bolso. Las lágrimas caen sobre la pantalla. Veo su nombre. Es de él. Tae. Durante un buen rato, me quedo mirando la nada, llorando aún, sin tener el suficiente valor como para mirar lo que me dice. Me espero cualquier cosa, tras saber lo de Yoongi... ¡¿Y qué más da?!
«Es lo que pretendías», me recuerdo.
Finalmente, y sin dejar de temblar, lo leo.
¤Hoseok he decidido poner distancia por unos días, pero tenemos que hablar. No me siento capaz de reprocharte todo lo que quisiera, y menos, por este medio. Perdona si me dejé llevar por un impulso. Perdona mi forma de hablarte tan despectiva, aunque pese a todo... las palabras eran ciertas. Una vez te juzgué por tu pasado y eché lo nuestro a perder. No lo haré esta vez con tu presente. No porque aspire a arreglarlo, tú has decidido y yo voy a respetarlo. Me gustaría verte, tener una conversación contigo que cierre esto de una manera más civilizada. Creo que ambos lo necesitamos. No tienes por qué responderme hoy. Estaré disponible el sábado.
Las lágrimas que fluyen de mis ojos se meten entre mis labios. De pronto, siento cierta serenidad. Encuentro la paz que necesitaba. No sé por qué, no entiendo el motivo. Que no haya una guerra me calma. Sin fuerzas, caigo contra la cama y leo y releo su whatsapp. Ignoro por qué lo hago, pero algo me empuja a ello.
-¿Nene? -Sorprendido, me incorporo a medias con movimientos torpes. Enfoco como puedo con la vista nublada...¡¿Abuela?!-. Por Dios, ¿qué te pasa?
-¡Abu! Le tiendo la mano. Ella se deja caer a mi lado y me estrecha contra su
cuerpo. Joder, lloro aún más. Es menudita, muy parecida a papá. A sus sesenta años es muy activa, moderna y comprensiva. La adoro, ella ha cuidado de mí hasta que se fue a vivir a Daegu, poco antes de que mi
madre se marchara.
-Llora, cariño -me susurra-Desahógate.
La obedezco, como no puedo hacer con mamá... De haber estado mi madre aquí, ahora la situación quizá sería diferente. ¿Qué será de ella o dónde estará? Un día se fue con otro hombre, aunque, realmente, su papel de madre siempre dejó mucho que desear. A veces creo que el hecho de que se marchara no fue tan malo. Los insultos eran constantes tanto hacia papá como hacia mí. Nunca nos quiso. No tuve su apoyo... y tampoco la echo de menos.
-¿Qué haces aquí? -le pregunto a mi abuela.
-¿Tú qué crees?A tu padre le hace falta un buen toque y estoy yo aquí para dárselo. ¿Qué tienes?
-Nada... Me acaricia con ternura y susurra:
-Bien. ¿Un caldito?
-Por favor -suplico y la miro. La beso en la mejilla-. Gracias por venir. Veo que intenta no emocionarse y me dice:
-Date una ducha y ven a comer, anda...
Sé que apesto a alcohol. Que da pena verme. Ella se va y me deja con la soledad que necesito. Me miro en el espejo y me compadezco de mí mismo. Veo reflejado un doncel horrible, abandonado, que no reconozco. Me doy un merecido baño y, al salir, mientras me seco el cabello con una
toalla, veo a mi abuela con Miau pegado a sus pies, como una lapa. Le ha gustado. Me arrodillo y lo acurruco contra mi pecho. Ronronea. Es como si hubiera pasado una eternidad. Suspiro melancólico. Quiero aprender a disfrutar, pero sin dejar atrás mis responsabilidades. Mi casa no termina de tener mi esencia. Justo ahora huele a comida casera. Está calentita, confortable, algo que no es habitual aquí.
-¿Sirvo ya el caldo?-pregunta mi abuela. No tengo apetito, pero me duele el estómago de lo vacío que lo tengo-. Estás muy delgado.
-Un poco sí.
-Tienes un piso muy acogedor -me piropea, cogiéndome la mano-. Nene,qué bien estaremos aquí los tres, y tu gato, claro. Le sonrío de medio lado, entrando en la cocina. La mesa está puesta para tres personas.¿Mi padre está en casa?Sediento, me bebo un vaso de agua. Él entra distraído, fresco, con una cinta de envolver en la mano y, al verme, se queda quieto en el umbral. La incomodidad se cierne sobre nosotros. Mi abuela, a punto de servirnos, le quita hierro al asunto.
-Anda, desén un abrazo, par de desabridos. Es tan entrañable...
-Hoseok -suspira mi padre-, ¿cómo estás?
-Muy bien -miento, entero y distante, y le doy un abrazo. No huele a alcohol, lo que me relaja-. ¿Qué tal todo por aquí? Mañana me reincorporo al trabajo. No te preocupes.
-Hoseok...Opto por ignorar su advertencia y me siento a la mesa. Jugueteo con la
cuchara cuando mi abuela me coloca delante el plato de sopa lleno hasta arriba.
-Te dije que a mi vuelta todo sería como antes -zanjo sin ser brusco, en tono suave-. Mañana retomaré mi vida y mi trabajo. Todo aquí. Sin cambios. Y sin preguntas, por favor.
-¡¿Ves?! -grita mi padre. Su reacción tan virulenta me pilla por sorpresa. Mi abuela le da un codazo-. ¿Crees que esta actitud es normal?
-Déjalo, así es la juventud -me defiende ella. Comemos en silencio. Yo no dejo de pensar en mis cosas; en las malas y en las no tan malas. En Tae... en Yoongi... en Vante... en Kim Taehyung, en Mark, al que he de llamar. Lo necesito. Recuperar la confianza. Estoy decaído, más calmado sí, pero hecho polvo. No se me ocurre otra cosa que enviarle un whatsapp, tras avisar a mi pequeña familia de mis planes.
-Esta noche estaré fuera. -Los dos se miran-. Con Mark.
-Ah, su amigo -comenta mi abuela con un aspaviento-. Muy bien, nene. Sal y disfruta. Si no puedes trabajar mañana, pues nada. Para eso está tu padre, que ya se ha librado bastante. Y le echa una mirada que da miedo. Me encojo de hombros con el móvil en la mano. Que hagan lo que quieran.
Mark, necesito cena de chicos. Es importante, por favor.
Poco después, el responde, mientras yo me como un yogur natural de postre.
Por supuesto que si hobi,. ¿Todo bien?, Tae se ha ido a Seúl , Jackson no quiere decir que sucede, creo que el tampoco entiende. Luego hablamos.
Se ha ido... ¿Por eso lo de que estará disponible el sábado? Quizá ha ido a cometer el mismo error que yo y verse con su ex. Desecho el pensamiento, intento que no me afecte; no sé si lo consigo. Quiero empezar de cero y lamentándome no podré. Por otro lado, quiero tener la mente despejada para mi cita con Yoongi.
He de enfrentarme con él y acabar con lo que yo mismo he desenterrado.
-¿Hay té verde? -le pregunto a mi abuela.
-No, lo siento.
-Bueno, luego lo compro. -Me levanto-. He quedado con alguien. Volveré pronto.
-Pero acaba de comer -me regaña mi abuela. Retiro el plato con los restos de ensalada y de pollo que ella ha añadido y que no he podido terminarme, y le doy un beso en la mejilla despidiendome
-Estaba todo riquísimo, gracias.
-A esta lo pongo yo firme -la oigo farfullar.
-Ya estás tardando... -deja caer mi padre.
-Dame tiempo, machote.
Miro a papá por última vez; lo veo más comedido en cuanto a beber y apuesto, acertando, a que mi abuela lo tiene enfilado. ¿Hasta cuándo le hará caso? Dudo que esté mucho más tiempo sin probar el alcohol. Y es una situación que no soporto, porque entonces no sabe lo que hace y odio que cambie así de actitud.
Salgo de la cocina y me pongo la bufanda y un gorro. Llevo unos vaqueros ceñidos, zapatos comodos y un abrigo negro y grueso. Cojo el bolso y también me pongo una bufanda. Estamos en pleno marzo y hace bastante frío.Cuando salgo de de casa soy consciente de quién más vive aquí. Dudo antes de bajar, pero me digo que él no está. Mark me ha dicho que se ha ido q Seúl. Carraspeo y me armo de valor, ahuyentando las voces que a veces resurgen y que me niego a escuchar. Espero el ascensor mirando a ambos lados y entro en él nada más parar en mi planta. Me apoyo en el espejo, con los ojos casi cerrados, y suspiro. Salgo disparado en cuanto llego abajo. Doy una vuelta en el descansillo, con las imágenes bombardeándome. Aquí fue nuestra despedida, igual que todas las nuestras. Desbordados por la pasión y el descontrol. Sumado al dolor.
«¿Crees que él puede hacerte sentir esto?».
«¿Ves, Hoseok? No puede...».
«No me prives de tu piel».
Tiro del pomo de la puerta de la calle, que pesa bastante, mientras rebusco el mechero en el bolso. Estoy atacado de nervios. ¿Dónde está y por qué siempre lo pierdo? Camino mirando al frente y doblo la esquina. Casi meto la cabeza en el dichoso bolso buscando el mechero. Pero ¿cómo se puede perder en un espacio tan reducido? ¡Ups! Choco contra alguien y, sin prestar atención, me disculpo.
-Perdona.
-Hoseok.
Al levantar la mirada no me lo puedo creer.
-Yoongi -mascullo-, ¿qué haces aquí?
-He pedido que te siguieran para saber dónde vives. No me fiaba y no me he equivocado -contesta, examinándome con interés. Luego pregunta-. ¿Vamos? -Y del bolsillo se saca un mechero. Lo acepto con recelo. Me enciendo el cigarrillo y se lo devuelvo. Él me sonríe.
-No vuelvas a seguirme, Yoongi -ordeno incómodo-. Si digo basta, es que basta.
-Por favor, dame estos minutos ahora -insiste. Se pone delante de mí y en sus ojos veo la súplica, el deseo de que esa conversación tenga lugar-. Es importante, luego no volveré a molestarte si así lo decides.
Accedo sin cuestionarme por qué lo estoy haciendo, de hecho, yo he sido quien le ha dejado la nota. Aunque supongo que es el modo de cerrar nuestra historia. Una vez más...
-Sé breve -murmuro-... no tengo mucho tiempo.
-De acuerdo.
Durante el trayecto, las palabras no fluyen entre nosotros. Caminamos el uno al lado del otro, pero aislados. Yo fumando, sin tener encuenta que va conmigo y él con el móvil, con el que parece responder mensajes o mails a toda velocidad. Incluso hace una llamada diciendo que se va a retrasar para volver a casa y que ya está todo casi listo. Escruto su perfil. No puedo creerme que lo tenga a mi lado después de
todo este tiempo. Llegamos a la puerta del Starbucks, en el paseo del centro comercial de Hwang. Él, como el caballero que nunca fue, me abre la puerta y me cede el paso. No lo reconozco. Aun así, soy educado y se lo agradezco con un seco
mohín. Me dirijo al fondo, donde hay más tranquilidad. Me quito el abrigo, la bufanda y el gorro y me siento enfrente de donde espero que se siente él. No lo quiero a mi lado, ni que me roce siquiera.
-¿Qué te apetece? -pregunta amablemente.
-Un zumo de naranja natural, por favor.
-Enseguida vuelvo.
Suelto un suspiro. Miro como se aleja y me pregunto qué le ha pasado. Parece más centrado, menos brusco. Algo ha cambiado, pero tampoco me importa el motivo o si mi percepción es equivocada.
Miro el móvil para ver si he recibido algo. Me sorprendo cuando encuentro varias cosas. Lo primero que abro es un whatsapp de Mark.
¿Cómo vamos? Hoy la cenita será, cómo no, en casa de Kooki Y... ¡fiesta de pijamas! Por cierto, ¿te he dicho que te quiero con toda mi alma?
Sonrío con desgana, todavía destrozado emocionalmente, y le respondo:
Me encanta la idea. Todo bien... bueno, surrealista. Luego te cuento.
P. S. Yo también y mucho.
Listo por aquí. Lo siguiente que abro es el correo. Vaya... Baekhyun.
De: Byum Baek- Hyun
Para: Jung Ho-Seok.
Fecha: 03/11/2014 16.08
Asunto: Jornada laboral.
Hoseok.. mi esperanza.. me dejaste sin el mejor bailarín que había en Prohibido de un día para otro. No quiero molestarte, pero tu puesto te espera. Dime cuándo te reincorporas, quiero anunciarlo para que todo el mundo se entere. No me trataste bien, pero ¿qué decirte? Te echo de menos. Además... eres irreemplazable. Te espero.
Byum Baek -Hyun
¿Desde cuándo es tan tolerante? Lo tengo tan claro y meditado todo que no me hace falta pensarlo un minuto más. Quiero volver a la normalidad cuanto antes, aunque justo en este momento piense que nada está siendo lo que esperaba al regresar... La llegada de Yoongi a la mesa me lo confirma. Está aquí y yo con él. Increíble.
-Dame un segundo -le digo.
-Claro.
De: Jung Ho-Seok
Para: Byum Baek-Hyun
Fecha: 03/11/2014 16.11 Asunto: RM: Jornada laboral.
Querido Baek, si me dejas, el sábado mismo estoy allí. Lo siento mucho todo, pero sabes que no estaba al ciento por ciento y necesitaba mi espacio. Esta semana me iré recuperando. Gimnasio para ponerme en forma, dietista y la inmobiliaria, pero el sábado estará todo en orden. Te agradezco tu generosidad. También yo los he echado de menos a
todos. Un beso.
Jung Ho-Seok, tu empleado desagradecido
-Listo -le anuncio a Yoongi, guardando el móvil. Empuja el zumo hacia mí, sonriendo. ¿Desde cuándo sonríe tanto?
-Gracias.
-Hoseok, ir con rodeos nunca ha sido lo mío.
-Te agradecería que hoy tampoco lo hicieras. -Da un sorbo a su café y asiente, entreteniéndose más de lo que debe-. He sido claro... tarde, lo sé, pero claro. Anoche no estaba bien, bebí y...
-Siento mucho todo lo que ha pasado, Hoseok. Todo -recalca, con un deje de arrepentimiento en su tono tan ronco-. No merecías el trato que te daba. El daño que te hice. Tuve que alejarme sin quererlo, Hoseok. Créeme. Lo siento de verdad. Hoy me das la oportunidad y puedo decírtelo...
Abro lo ojos sorprendido.
-Ya no importa, Yoongi.
-Me temo que sí, después de tenerte. ¿Sabes? -carraspea repetidas veces-, no he dejado de pensar en ti, por descabellado que parezca.
-Yoongi, no...
-Lo sé, lo sé. -Alarga la mano y yo retiro la mía. Con disimulo, la retira él también-. Sólo quería que supieras que quiero cambiar de aires, que no he conseguido rehacer mi vida y que me he planteado muchas cosas a raíz de lo que ha sucedido esta mañana. Me quedo de piedra. Una lágrima se desliza por su mejilla. Él era un
témpano que jamás se rompía. ¿Cuántas veces le imploré que fuera más humano?
-Has devuelto a mi vida algo que había perdido: la ilusión. Y... -Se seca la mejilla, bruscamente-. ¿Sabes cuántas veces esperé para...? -No puede acabar. Su contención le impide desahogarse y trata de calmarse bebiendo un sorbo de su café, del que sale mucho humo. Entrelazo los dedos, contagiado por su tristeza.
-Yoongi...
Carraspea y de nuevo me mira. Me siento incómodo y me remuevo en el asiento. No me gusta hacerles daño a las personas, aunque sea él. Pero anoche no me importó ir contra mis principios.
-Lo que quiero decir es que me he visto obligado a recapacitar. Quiero estabilidad, y cuando pienso eso, pienso en ti. Tú me la podrías haber dado.
-Podría -confirmo en tono bajo-. Estoy de acuerdo. Podría.
-Lo sé. Es demasiado tarde, pero quería que supieras que estoy arrepentido de todo lo sucedido entre nosotros. De todo -insiste-. No quise buscarte, no podía... Ahora... te has cruzado en mi camino.
Nervioso, juego con los dedos, reprimiendo los reproches.
-¿Qué hay de ti? ¿A qué te dedicas? Me muerdo el labio, sé que le va a sorprender.
-Bailo los fines de semana en un local, aparte de tener una inmobiliaria.
-¿Bailas? -repite sorprendido.
-Sí...
-Vaya, me gustaría ver eso -comenta y se le escapa una sonrisa-. Vuelve conmigo, Hoseok. Parpadeo y hago una mueca.
-¿Perdona? -Eso es imposible.
-Quizá necesitas tiempo -murmura.
-Metí la pata, Yoongi, y te pido por favor que me respetes. Suspira mientras se aprieta el puente de la nariz, y cuando me presta atención parece muy vulnerable. Mostrándome una cara opuesta a la que
conocía.
-Si lo hago, ¿podría ser que más adelante volviéramos a vernos? Pienso la respuesta y, como sé que se convertirá en un estorbo si no miento, susurro:
-De momento déjame espacio.
-Claro, por supuesto.
Me bebo el zumo que me queda en el vaso y me levanto sin esperar a que él termine. Cojo el gorro, la bufanda y la chaqueta, que cuelgan del respaldo de mi asiento.
-Estás guapísimo. -Lo ignoro, abrigándome-. Desde esta mañana he
vuelto a vivir, Hoseok. Perderte es lo más duro a lo que me he tenido que enfrentar nunca. Lo sabes, nunca me he comportado como hoy. Se me ha ido la cabeza al... En fin. Lo miro y me encojo de hombros.
-Es bueno que valores lo que has perdido.
Estiro la mano hacia él, que entrelaza los dedos con los míos. Yoongi aprovecha el gesto para un acercamiento. Se aproxima y me acaricia la mejilla con los nudillos. Lo miro a los ojos, impasible ante su ternura.
-Hoseok, seguiré en la misma casa, y no pienso cambiar de teléfono. Espero que cumplas tu palabra o si no volveré a buscarte. No estaré bien desde hoy...
-Lo sé. Doy un paso atrás. Me retiro y, muy apresurado, salgo del Starbucks,
esquivando a todo el mundo. Una vez fuera no miro hacia atrás. La reacción de Yoongi me ha dejado asombrado. Ahora se arrepiente, ahora que para mí es sólo un resto del pasado con el que torpemente he tropezado.
La cena con los chicos es de todo menos normal. Hasta hemos cenado pizzas. Por ahí antes no pasaba, pero darle un capricho al cuerpo a veces no está de más. Estamos sentados en el suelo, frente al televisor, comiendo como si no lo hubiéramos hecho en siglos. Apenas hemos hablado en este rato y yo espero sacarle partido a la reunión, que tiene pinta de ser larga. He intentado
mantenerme fuerte, pero justo ahora, a punto de empezar las confesiones, vuelvo a sentirme vacío. El engaño de Tae me pasa factura.
-Entonces -me dirijo a Jungkook-, lo tuyo con Yugyeom se está formalizando?.Se pone embobado, hasta rojo.
-No puedo evitarlo, mira que no me quería enamorar. Pero Hobi, si aparece por la peluquería y me trae un café con una dona. Si a la hora de almorzar me invita a comer y por la noche me ayuda a cerrar el negocio... - suelta una carcajada. Mark y Jimin ríen también-, pues me pone mal, claro. Y si ya hablamos de que me echa el polvo de mi vida... ¡Enamora de jodedera!
-Qué bien. Me alegro por ti. -Mastico un trozo de pizza de barbacoa, contento con estos donceles locos, y me dirijo a Jimin-. ¿Y tú qué?
-Nada, hasta arriba de trabajo y sin ganas de estos líos, la verdad. Mark se hace notar con sus típicos ruidos de garganta. Miedo me da.
-Le hace ojitos a mi hermano Eun woo. -Y parpadea-. Pero es muy cabezota y se niega. Es obvio que a él también le gusta.
-Que no. -Jimin se ríe-. No quieras ver donde no hay.
-Ya... Bueno, ¿y tú, Hobito? -nos interrumpe Mark-. Creo que me debes algunas explicaciones, como por ejemplo, qué pasa con Tae... Jack no sabe nada, su amigo no ha querido contarle qué pasó y se ha marchado. Yo... Vaya, es mi turno. ¿Jackson no sabe nada? No sé ni por dónde
empezar. Hace tanto que no tenemos reuniones de estas en las que nos contamos los secretos... Me termino la pizza y, tras beber un sorbo de vino, me aclaro la garganta. Creo que me enciendo un poco, no sé, noto cierto rubor en las mejillas.
-Hoy he coincidido con Yoongi... -Todos jadean. Maek se cubre la boca, como si fuera algo horrible-. Lo sé, increíble. Hemos tomado algo...
-¿Que qué? Pero ¿y Tae? -pregunta Mark y me sujeta las manos-.Escúpelo todo.
-Lo que les he dicho. Quería hablar conmigo y al final he accedido. Lo que no esperaba era su arrepentimiento, me ha hablado del mal momento que está pasando. -Suspiro con los ojos en blanco, haciéndome el duro, obviando el resto de la historia-. Que se acuerda de mí, dice. Y con Tae...
-¿Qué has sentido? -insiste Mark. Bufo, vaya pregunta.
-Er... Chicas -balbucea Jimin, levantándose y empujando a Jungkook, que no tiene intención de moverse. Su mandíbula casi toca el suelo-. Los dejamos... tenemos sueño. Kooki lo mira con mala cara.
-Venga -masculla Jimin-. Vamos.
Les lanzo un beso, agradecido de que quieran darnos intimidad a Mark y a mí. Miro a este y no sé por dónde empezar, pero me siento con fuerzas para abrir mi corazón. Sé que llorará. Sé que lloraremos.
Es mi punto débil, así que le sirvo una buena copa de vino y otra para mí.
-Mark...
-A ver -murmura el con un carraspeo-, no me asustes.
-Lo busqué yo, Mark. Me he acostado con Yoongi -suelto de una.
-¡No te creo!
Bajo la vista, soportando la opresión en el pecho al acordarme de Vante, de Tae, de sus dos identidades.
-Hoseok, mírame. ¡¿Qué rayos estás diciendo?!
-Y hace meses perdí un hijo de Tae...