Camila's Pov
Entramos en el edificio tomadas de la mano y subimos en el ascensor sin soltarnos, aunque sin hacer nada más. Ni siquiera nos miramos. Yo sólo podía pensar en lo mucho que había cambiado la noche y no podía creérmelo, por eso dejé pasar el tema.
Respiré hondo cuando las puertas del ascensor se abrieron, y salí en primer lugar, caminando lentamente hasta la puerta de mi departamento. No pude evitar sonreír cuando sentí la mano de Lauren en mi cintura, obligándome a voltearme hasta quedar cara a cara con ella. Me besó de nuevo y me apoyó en la pared, colocando sus manos a ambos lados de mi cuerpo para que no me escapara. Pero yo no tenía la intención de hacerlo. Volví a rodearla del cuello con mis brazos mientras me alzaba un poco para poder corresponderle mejor, al tiempo que sentía cómo se apagaba la luz del edificio.
-Estamos en medio del pasillo –le dije entre risas cuando descendió para besar mi cuello.
-¿Y qué? –fue su simple respuesta, incorporándose de nuevo hasta que pudo mirarme a los ojos.
Negué lentamente con la cabeza sin dejar de sonreír y le di un leve empujón, alejándola de mí para poder abrir la puerta a tientas. Cuando lo hice y comencé a entrar, sentí los pasos de Lauren justo detrás de mí, y a pesar de lo mucho que la deseaba, eso me ponía nerviosa. Dejé las llaves y el bolso sobre la mesa, y después me di la vuelta para mirarla y que comprendiera que no me estaba echando atrás. Ella también me observaba, y pude ver en sus ojos que me deseaba tanto como yo a ella, por lo que di un paso al frente y le quité la chaqueta. Mis manos temblaron un poco cuando me quité lo que sujetaba mi pelo, y dudé.
-Oye… no tenemos que hacer nada que no quieras –me dijo, cuando me disponía a despojarla también de la corbata con algo de torpeza. Tragué saliva con un poco de dificultad. Sus palabras no lograron tranquilizarme en absoluto. El problema no era que no quisiera, era que la última vez que intimé tanto con alguien fue hacía ya algunos años, y no sabía cuál sería mi reacción. No sabía lo que podría ocurrir entre nosotras después, y eso me asustaba. –Lo que ha pasado antes ha sido genial, pero no quiero que te sientas obligada a…
-Quiero hacerlo –la interrumpí, comenzando a impacientarme. No quería hablar.
Terminé de quitarle la corbata y, sin dejar que volviera a abrir la boca para intentar convencerme de lo contrario, la tomé de la mano y casi la arrastré hasta mi habitación.
Una vez allí, fui yo la que volvió a besarla, queriendo que lo que había surgido antes entre nosotras volviera a aparecer para que todo fuese más fácil. Le quité su blusa con algo de impaciencia, quitando al mismo tiempo su brasier y después me recreé con la visión de sus pechos desnudos. Era incluso mejor de lo que había imaginado. Ella me acarició la espalda mientras repartía suaves besos por mi cuello, hasta que sus manos llegaron al broche del vestido que se encontraba en mi cuello. Con un movimiento sutil lo desabrochó y lo deslizó por mi cuerpo, hasta que quedó hecho un montoncito de tela alrededor de mis pies. Fue entonces cuando me di cuenta de que ya estaba casi desnuda, a pesar de que aún llevaba puesta mi ropa interior. Durante una milésima de segundo, me arrepentí de lo que estaba ocurriendo, pero después volví a sentir los labios de Lauren sobre los míos, y las dudas desaparecieron. Sabía que aquello era lo correcto, porque era exactamente eso lo que deseaba.
La abracé con fuerza, sintiendo por primera vez cómo era el tacto de su piel contra la mía sin que nada nos separara, y me pareció la sensación más maravillosa del mundo. Caminamos hacia atrás a ciegas, hasta que topamos de repente con la cama, en la que nos recostamos casi sin dejar de besarnos. Aproveché la ocasión para acariciarle los hombros y la espalda, sintiendo la suavidad de sus piel. Sentí sus manos en mi cuello, acariciándome lentamente para después descender por mi pecho, mi abdomen y más abajo, hasta que llegó al borde de mi ropa interior. La deslizó por mis piernas sin prisa, como si aún esperara que me arrepintiera de lo que estábamos haciendo. En un momento de valentía, llevé mis manos hasta su cinturón y lo desabroché lentamente, buscando sus labios otra vez. Intenté quitarle los pantalones, pero no pude hacerlo porque no llegaba hasta abajo, por lo que fue ella quien terminó de desvestirse, sin quitarme un ojo de encima.
Cuando volvió a colocarse sobre mí, me di cuenta de que había comenzado a temblar, y no supe si era porque tenía miedo o por otra cosa. Lauren se percató de mi estado, y me acarició la mejilla con la nariz, suavemente.
-¿Estás bien? –me preguntó lentamente, apoyando las manos sobre el colchón para no aplastarme.
Asentí sin dudarlo ni un segundo. Estaba mejor que bien.
-Es sólo que hace mucho tiempo desde la última vez, y… –me mordí el labio inferior mientras le acariciaba lánguidamente su cuello y el cabello, sin saber realmente lo que quería.
Lauren alzó la cabeza para mirarme a los ojos, y me di cuenta de que los suyos brillaban con intensidad. Ella sí me deseaba, y yo también a ella.
-No te voy a hacer daño –me aseguró con cara de preocupación, dándome un suave beso en los labios. –Y si lo hago, sólo tienes que decirme que pare.
-Lo sé –rodeé su cuello con mis brazos, acercándola hasta mí. Sonreí y le coloqué bien un mechón que le caía sobre su mejilla izquierda para después acariciarle la mejilla. –Hagamos el amor.
Dudó durante un segundo, pero después, cuando se aseguró de que realmente era eso lo que necesitaba, volvió a besarme con renovada pasión, recorriendo mi boca con sus labios y su lengua. Me apreté contra su cuerpo, deseando sentirla por completo, como realmente la anhelaba. Lauren abandonó mis labios para dirigirse implacablemente a mi cuello, dedicándole ligeros besos y rápidos mordiscos que me hicieron cerrar los ojos. Después, descendió por mi cuerpo, acariciando y besando cada trozo de piel que encontraba. Me acarició un pecho con los labios y después el otro, mientras una de sus manos descendía por mi vientre hasta que logró introducirse entre mis piernas. Me arqueé contra ella con un gemido, y le pedí en silencio que volviera a besarme, necesitando aferrarme a algo para asegurarme de que todo aquello era real.
Sus labios encontraron nuevamente los míos, y mis dedos se enredaron en su cabello a la vez que sentía las intensas caricias de sus dedos entre mis muslos. Le mordí el labio con fuerza cuando dejó de tocarme, y gemí frustrada cuando se separó de mí.
Comprendí al instante lo que iba a hacer, por lo que rodeé su cintura con mis piernas antes de que se levantara, y estiré el brazo hasta mi mesita de noche. Abrí el cajón y saqué una caja de preservativos todavía sin abrir.
-Me los regaló tu hermana –le aclaré cuando me miró con el ceño fruncido, aunque con una sonrisa divertida en los labios.
-Pues ya le daremos las gracias la próxima vez que la veamos –apuntó sin dejar de sonreír, abriendo la caja y sacando uno. Después, dejó la caja en la mesita de noche y se colocó el preservativo lentamente, mientras yo esperaba a que volviera a reunirse conmigo.
Lo hizo con más rapidez de la que había esperado, pero aún así, no me sorprendió en absoluto cuando capturó mis labios con los suyos y se situó entre mis piernas. Le devolví el beso con pasión, empezando a sentir que se me encogía el vientre a causa de la expectación. Hundí mis uñas en la piel de sus hombros, arañándola cuando sentí su invasión, y aunque no me dolió, sí que pensé que jamás había sentido nada igual. Aquello era como algo nuevo para mí, aunque se suponía que no lo era en absoluto. Cerré los ojos con fuerza cuando se quedó quieta, y dejé de arañarla al instante. Ladeé mi cabeza y le di un beso en la oreja mientras le acariciaba el cabello, indicándole que podía continuar si quería. Y lo hizo. Se movió hasta que quedó sentada en la cama, colocándome a horcajadas sobre su cuerpo.
La miré a los ojos y comprendí en aquel instante lo que deseaba. Quería que fuese yo la que llevara el ritmo, a mi gusto, para que no me sintiera insegura en ningún momento. Yo sabía que eso no iba a pasar bajo ningún concepto pero, aún así, la abracé con fuerza, agradeciéndole el gesto. Comencé a moverme lentamente al principio, con algo de vergüenza, pero después, a medida que aumentaba el placer, empecé a hacerlo con algo más de confianza, hasta que ella hundió el rostro en mi pecho, respirando agitadamente sobre mi piel, y me apretó contra su cuerpo. Gemí en su oído cuando comencé a notar que estaba a punto de alcanzar el orgasmo, y temblé violentamente sobre ella cuando lo conseguí. La cabeza me dio vueltas durante varios segundos, hasta que noté la culminación de Lauren, seguida por un intenso beso que sólo logró marearme más. Poco a poco fuimos disminuyendo la intensidad del beso, hasta que simplemente unimos nuestras frentes mientras intentábamos regular nuestra respiración.
Sentí la mano de ella en mi espalda, acariciándome suavemente para después alejarse de mi cuerpo, dejándome recostada de nuevo en la cama. En el momento en el que mi cabeza tocó la almohada, sentí que me pesaban muchísimo los párpados, y antes de que pudiera pensar siquiera en no cerrarlos, me quedé profundamente dormida.
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Un intenso rayo de sol me dio de lleno en el rostro y abrí los ojos con pereza, sintiendo que todavía me pesaban. Bostecé y me los restregué con fuerza, intentando despegarlos de una vez por todas. Cuando estuve más o menos despierta, levanté la cabeza y me percaté de que no había dormido sola. Entonces, una serie de imágenes y de recuerdos invadieron mi mente al instante: recordé la fiesta, el balcón de la mansión de los Jauregui, el taxi, y lo que ocurrió después en mi cama, en la que me encontraba en ese mismo momento.
Me incorporé como pude hasta que quedé sentada, y observé a Lauren, que dormía tranquilamente a mi lado, rodeando mi cintura con su brazo. Tragué saliva torpemente, sintiéndome nerviosa. No podía creer lo que habíamos hecho. Me parecía algo imposible pero, por lo visto, no lo era. Respiré hondo y sonreí levemente, sin saber por qué. Me había encantado estar con ella, no podía negarlo, y aunque no sabía lo que ocurriría entre nosotras a partir de ese momento, no podía evitar sentirme feliz. Tal vez Veronica tuviera razón: probablemente sólo me hacía falta un poco de diversión en la vida.
Volví a mirar a Lauren y me la encontré despierta, observándome con el ceño fruncido. Entonces, caí en la cuenta de que no había dejado de sonreír.
-¿Estás bien? –me preguntó en voz baja, acariciándome la espalda con un dedo.
Asentí enérgicamente, bostezando de nuevo.
-Más que bien, diría yo –admití, sintiéndome eufórica. No sabía lo que me pasaba, pero hacía tiempo que no me sentía tan bien. – ¿Y tú?
-Perfectamente –se incorporó y se sentó a mi lado, rodeándome con sus brazos para poder abrazarme. Si hubiese hecho tal cosa la mañana anterior, me habría incluso asustado tanto acercamiento, pero en aquel momento, deseaba que lo hiciera. Me dio un beso en los labios y yo se lo devolví, temiendo que todo aquello fuese sólo un sueño. – ¿Te hice daño?
-No. Fue maravilloso –le confesé tímidamente. –Pero sí que temía no recordar cómo se hacía –me reí entre dientes ante aquella confidencia.
Ella sonrió con diversión, y después me dio un mordisco en el hombro.
-¿Tanto tiempo pasó desde la última vez?
Asentí lentamente, intentando recordarlo.
-Dos años, diría yo. Desde que Austin y yo lo dejamos.
Ella me observó con los ojos abiertos de par en par, como si no pudiera terminar de creerse lo que acababa de decirle.
-¿Nunca te acostaste con otra persona después de Austin?
Negué con la cabeza. Podía parecer ridículo, pero era cierto.
-Yo no soy así. Quiero decir que no soy de las que se acuestan con una persona diferente cada semana –y estaba segura de que ésas eran las que le gustaban a Lauren.
Asintió con una sonrisa interesante en el rostro, y con un empujón logró recostarme de nuevo en la cama
-Pues a partir de ahora, no creo que se te vuelva a olvidar cómo se hace – aseveró, justo antes de inclinarse sobre mí para besarme, y para asegurarse de que no se me olvidaba cómo se hacía.