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❄Prólogo❄

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Un motor acelerando.

El chirrido de unos neumáticos.

Un estruendo ensordecedor.

Un automóvil completamente destrozado.

-¡Nooooooooo!

Uiu... uiu... uiu...

El sonido de las ambulancias invadía el lugar.

Pit... pit... pit...

El monitor cardíaco marcaba un ritmo irregular.

-El paciente perdió demasiada sangre.

¿Dónde estoy...?

Pit... pit... pit...

-No creo que sobreviva.

¿Quién... me llama...?

-¡Zee...! ¡Zee!

Las voces llegaban distantes, como un eco.

Tengo... frío...

-¡Zee, no te vayas!

-¡Resiste, chico! ¡Ya casi terminamos!

Piiiiiiiiiiiiii...

-¡Doctor! ¡El paciente está entrando en paro cardíaco!

-¡Lo estamos perdiendo!

...

"No llores. Recuérdame... Yo estaré en tus sueños."

❄️❄️❄️❄️❄️

-¿Familiares del paciente Zee Pruk? -preguntó el médico al salir del quirófano.

-Yo... yo soy su abuelo.

El doctor bajó la mirada antes de hablar.

-Lo sentimos, señor. El paciente...

-No lo diga... No puede ser... Mi nieto... no.

-¿Qué le pasó a Zee? -pregunté con la voz quebrada.

El anciano giró bruscamente hacia mí.

-¿Tú qué haces aquí? ¡Mi nieto está muerto! ¡Muerto por culpa de ustedes! ¡Todo esto es culpa de ustedes!

-No... no... ¡Eso no puede ser!

-¡Sáquenlo de aquí! -ordenó el señor a sus guardaespaldas, que no supe en qué momento ya estaban detrás de mí.

-¡Zeeeeeeee!

---

Narra Max

Aquel debía ser uno de los días más felices de mi vida.

Qué irónico.

Eso fue lo primero que pensé al despertar aquella mañana.

¿Y cómo no pensarlo? Después de tanto esfuerzo, de tantas noches sin dormir y de tantos exámenes que parecían no tener fin, por fin veía los frutos de todo ese sacrificio.

Había llegado el día de nuestra graduación.

Sinceramente, hubo momentos en los que pensé que abandonaría a mitad del camino. Pero mírenme ahora... recibiendo un título y, para rematar, con honores.

Sí... yo, con honores.

Jamás imaginamos que el día más feliz de nuestras vidas terminaría convirtiéndose en el más doloroso.

Al caer la noche nos encontrábamos celebrando en un club. Bailábamos, reíamos y brindábamos por cada meta alcanzada.

Llevábamos casi una hora en la pista cuando decidimos regresar a nuestra mesa.

No te olvidéHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora