Rendirse nunca habia sido una opción.
Menos con el destino que me esperaba.
Me senté en unos arbustos cerca de mi proximo castillo, cansada, logre crear una fogata y cocinarme unos trozos de dragón. Era la única parte buena de matarlos, ya que el premio de la princesa nunca me habia resultado.
Solo hacía unas semanas la princesa del castillo de Montenegro me habia lanzado un jarrón que casi me partia la cabeza.
"No eres hombre!!! Alejate! Bicho!"
Bellas palabras para una delicada flor.
La razón por la que deseaba salvarlas no era por el hecho el casarme con ellas, no era fanática del amor ni con mujeres ni hombres. Realmente no me atraía nada de eso, yo quería llevarlas a su hogar, completar una aventura, hacer feliz a mi padre y tener su honor y palabra para tal vez, ser rey de Castelmar?
Eso era lo que hacía que me hirviera la sangre, lo que me motivaba a buscar nuevos castillos con nuevas princesas.
Decidida, tome mis cosas y monte mi caballo hacia una torre que se veía en la lejanía de los bosques.
Logre llegar al amanecer, la travesía por el bosque fue tranquilamente extraña. Los bosques se caracterizaban por estar llenos de criaturas mágicas y peligrosas. En el viaje nada llegó a atacarme pero podía sentir ojos en mis espaldas y pequeñas risas a lo lejos.
Luego del bosque comenzaba un claro que se extendía hasta llegar a la torre. Era pequeña y estaba un poco descuidada. Me daba mala espina.
Entré con precaución y desenvainé mi espada esperando el ataque de un gran dragón o de algun contrincante o de cualquier cosa. Pero no volaba ni una mosca.
Caminé con cuidado tanteando las paredes, la luz comenzaba a escasear hasta que quedé en penumbra.
La torre era enorme por dentro. Apenas pude ver una gran mancha negra delante mio, enorme en realidad, tenía el tamaño de un dragon pero no se movía y no podía escuchar su respiración.
Acerque mi espada a mi pecho, dejandola escuchar mis latidos y espere unos segundos. Lentamente, la hoja de plata encantada se iluminó y dejo ver lo que habia frente a mis ojos.
Sin duda era un dragón de unos tres metros, estaba acostado delante de las escaleras. Tenía unas majestuosas alas que cubrían su cuerpo y unas garras que quedaban flojas a su lado. Sin duda carecía de cabeza.
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El Caballero y La Princesa
FantasyAirathen busca su destino a través de incansables búsquedas por rescatar a una princesa. Raywynn lo encuentra entrelazando su destino con el suyo. Una novela poco común sobre el destino, la fantasía y los sueños de libertad
