BIENVENIDA

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A menos de un año de haber estallado la guerra, entre los cuatro reinos de zamina en la tierra, cuatro mujeres regresan de lavar la ropa en el río, van hacia a la aldea que para su gente era más bien un escondite que un hogar. En su trayectoria oyen a lo lejos el llanto de un bebé, creyendo que era uno de sus niños dejan caer las canastas y los trapos para correr hacia dónde provenía el quejido, para su sorpresa la gente de la aldea y los niños se encontraban a salvo pero el llanto no cesaba. Efigenia una joven recolectora de frutos, durante su búsqueda encuentra a la niña de unos pocos días de vida, llorando dentro de una canasta que fue dejada entre ramas de los árboles del bosque. La acoge en brazos para tranquilizarla pero al sostenerla estos se vuelven torpes al sentir dos bultos inusuales en su espalda, al descubrirla de sus mantas la joven queda atónita por lo que sus ojos contemplan, enseguida la vuelve a tapar antes de que alguien la viese.

Una vez en la aldea se reúne con su esposo que acaba de regresar de la guardia, para presentarle a la pequeña que ambos deciden cuidar como su propia hija. Efigenia aferrada a la bebé no permite que nadie más que ella la tome en brazos, decidido su nombre entre todos los integrantes de la aldea se presenta a la niña como Indra un nuevo miembro de esta.

Al anochecer todas las fogatas y faroles se apagan y las cabañas de paja se pierden en la oscuridad y silencio del bosque. Es ahí cuando por fin se decide a contarle a su esposo lo que en su mente da vueltas.

-Tenemos que hablar sobre Indra Sauro.- con temor comienza a hablar - hay algo que no te eh dicho, no te eh sido del todo sincera. Quiero que seamos padres de esta niña pero no sé si serás capas de aceptar luego de que veas esto.- descubre la espalda de la bebé para dejar verle. El inmediatamente la toma del brazo y tapa lo que al descubierto está.

-¿Acaso enloqueciste? - le responde mientras miraba entre los cueros para corroborar que nadie más haya visto - si alguien sabe que ella es...

-Nadie lo sabe aún- le interrumpe a su esposo -necesito que encuentres la manera de decirles a todos y que nos ayuden a mantenerla a salvo.

-Nadie querrá cuidarla, al parecer no recuerdas que por culpa de ellos todo esto empezó, ellos son la razón por la cual estamos escondidos y no en nuestro hogar Efigenia entiende.

-Es una bebé ¿cómo podría hacerle daño a alguien? además ella no tiene la culpa es una víctima al igual que nosotros y debemos ayudarla o morirá. Si la encuentran le esperará el mismo destino que a nosotros o peor.

Ambos deciden acostarse a dormir dejando esta disputa abierta, para determinar al día siguiente si se queda o no en la aldea.
Al alba Efigenia anuncia una reunión al terminar las tareas de cada quien, todos los habitantes se preguntan que sería el tema de esta reunión pero ella decide no responder las dudas, solo repite sucesivamente - Hoy se anuncia la reunión que se realizará a pocos minutos del anochecer, al terminar las tareas deberán acercarse al centro y esperar a que estemos todos reunidos-.

Las mujeres lavanderas se dirigen al río, los hombres dedicados a la caza juntan los arcos, las flechas, los palos, las boleadoras, las trampas y sus ropas camufladas, Sauro y los demás hombres de guardia se despiden mientras se adentran en el bosque.

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