Arcangel Demoniaco

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Los ojos de liana cual luceros se abrían ante la noche que a su ventana tocaba. Como de costumbre, las horas diurnas habían socabado, para la noctambula joven, suficiente terror en los zombies oficinistas y trabajadores de obra que fueren la fuente de sus ingresos.

Dos parpadeos lentos y luego su mirada quedó fija en el blanco techo de su habitación que aún mostraba los residuos solares del día que se negaba a irse.

Imágenes fugaces inundaron su mente cuando, hayandose despierta ya por completo, vio en su piel marcadas las huellas del trabajo cumplido la noche anterior.

—...gea! ¡Hydrangea!

El llamado lejano de su apodo por parte de una voz masculina conocida le sacó de sus pensamientos y le impulso a incorporarse en la escena. Perezosa, se sentó en el borde de la cama desatendida, refrego sus ojos y finalmente suspiro sutilmente antes de pronunciar palabra alguna con su ronca voz.

—¡Ya te oí!, podrías ser menos ruidoso... Me duele la cabeza aun.

Liana levanto la mirada y ahí estaba aquel cuya existencia era la desgracia de su vida, Arcángel era su Apodo, pero lejos estaba aquel moreno azabache de ser algo parecido a lo divino, aún cuando su indudable belleza paracia decir lo contrario.

—Bueno, bela mía, lo lamento pero es hora de trabajar y sabes que no debes llegar muy tarde o las carroñeras indecentes ganarán al mejor postor.

La chica, asintiendo, se levanto muy lentamente.

— Vamos Arcángel, eso ya lo sé, lo dices cada noche... Mejor limpia este desastre por mi ¿puedes? Iré a bañarme.

Su paso lento y su semblante de quien no quiere la cosa le seguían como una carga sobre sí, mientras se dirigía al no muy lejano baño.

—¡ha! Eso quisieras niña... Mejor dime ¿Qué harás hoy?

La replica rápida no sorprendió a Liana, de hecho le hizo gracia, pues, como cada día, pese a la negativa de ayudar, Arcángel siempre terminaba haciendo lo que ella le pedía.

—Declamación, como de costumbre y luego a cazar mi cena.

Respondió de forma natural mientras despojada su cuerpo de las ropas sucias que le cubrían. Entonces el sonido de la ducha empezó a sonar con fuerza, haciendo que Arcángel levantarse su voz para ser oído a la hora de aplicar su tono paternal

—Bueno Hydrangea querida, recuerda que cenar solo no es bueno para la salud...

Una risilla resonó en el lugar, era proviniente del baño.

—Bueno Arcángel, yo traeré algo si tu te largas de mi vida!

Una nueva risa, algo más potente, lleno el silencio corto tras esa frace

—Sabes que ello es imposible... Mejor ya rindete de eso querida Hydragea y trae algo para tu humilde servidor esta noche

Ante tal respuesta ya esperada, como cada noche cuando era hora del baño, la chica en la ducha sintió rodar una lagrima por su mejilla mientras apretaba la mandíbula y golpeaba frustrada la pared.

Lloraba, si, pero sin duda no por su trabajo como puta, como creerían quienes leen aquí, porque en realidad no lo odiaba, sino porque odiaba el saber que era la triste compañera eterna de tal calaña de demonio humanoide. Y no, no porque estuviesen casados, porque no lo estaban, sino porque era de él, al igual que un perro es de su dueño, Liana le pertenecían a él. 

Su vida era eterna en manos del azabache, porque sólo él podía decidir sobre su muerte y vida. Y no, no había forma de romper tal vínculo que había sido atado ya 10 años antes en medio de una profunda desesperación.

—Tenía que intentarlo... —dijo finalmente para terminar la charla—Esta bien, traere pizza entonces, pero no esperes despierto 

El tono de voz de Liana era tan firme como siempre, años de práctica le habían hecho hábil en el arte de ocultar sus sentimientos... y a Arcángel en descifrarlos, hecho que se reflejo claramente en la oculta y malvada risa que posaba en sus labios.

—¡Genial! ¡Así nos veremos de nuevo a la mañana querida mía!

—¡Como quieras!

Habían pasado ya 10 minutos de su despertar y Liana ya se había bañado. Salió de la ducha, se puso su roja bata de baño y fue directo a su armario. Arcángel, sentado en la cama recién tendida y habiendo terminado de ordenarlo todo en el lugar, le vio de abajo a arriba y le dedico una suave y amable sonrisa

—Te ves tan repugnante como siempre querida.

Liana rodó los ojos en tanto sacaba su ropa y se ponía prenda a prenda

—¡Gracias, me alagas un montón Arcángel! Pero la próxima vez que quiera una opinión te la pediré.

El sarcasmo nunca pudo ser mayor en sus palabras

—¡Ha! Pero que mal agradecida eres Hydrangea, solo digo lo que nadie dice y todos piensan

—Claro, como diga el señor sinceridad, ya mejor caya y vete que ya estorbas aquí— dijo molesta

El Moreno se rio suavesito y se posó a la espalda de Liana tomando su mentón y obligándole a voltear la cabeza lo suficiente para sentarle un beso tan vacío y helado que ardía en los labios de la pobre dama.

—Alégrate, hoy tampoco morirás, eso ya es bastante mi solitaria florecita.

Tras esa frase el hombre se esfumó del lugar y le dejó tan sola en este plano como lo estaba en su mente y alma. Y tan despedazada con esa frase que solo quería llorar. Pero ya no había tiempo, era hora de ir a laburar.

Maldita HydrangeaWhere stories live. Discover now