4-Bienvenido a casa

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Foto Lleó

—¿Cómo te fue en el trabajo? —dijo Coe haciendo muecas por culpa del frío helado.

—Bien...

No le había convencido y me miró levantando las cejas.

—Bueno, quizá no tan bien.

—¿Tan duro fue tu primer día?

—No nos quedan tostaditas pero las galletas están buenas en el café mojaditas... —canté moviendo la cabeza a la vez que suspiraba.

—¡No fastidies!

—No tiene gracia. Y para colmo, los fines de semana debo sacar a gente y obligarles a cantar conmigo. Lleó se cree que un Show así puede llegar a tener éxito.

—Puede que lo tenga.

—¿Cómo? —dije esperando a una respuesta.

—Que puede tener éxito. Yo iría. ¿Verte a ti cantar mientras te avergüenzas delante de los clientes? Quién se lo perdería...

Coe estaba esperando a otro golpe en el brazo. Pero esta vez se pasó así que le di un tortazo en la nuca.

—Jo, qué bruta.

—Cascarrabias.

—Bueno, ¿qué tal si mañana voy a verte? Es Sábado.

—¡Lo que me faltaba! Tú te quedas en tu casa. No quiero cantar delante tuya—dije negando con la cabeza.

—Vamos Mati, no lo has hecho en tres años, ¿no crees que ya va siendo hora? Vamos, no me reiré de ti.

—Esta bien...

—Otra cosa más...

—¿Qué?

—¿De verdad te gusta el chocolate amargo?

Me quedé mirando el recipiente del chocolate amargo y asentí. La gente lo aborrece y lo tira, pero a mí me parece un buen helado.

—Me encanta lo amargo.

—Menos mal que no te gustan los amigos amargos —murmuró señalándose de pies a cabeza— ¿nos hacemos una selfie?

—¿Con estos pelos? Ogh, vale.

Coe situó su IPhone donde pudiéramos vernos juntos, y atrás el nombre de la heladería.

—¡Asi que haciéndole un poco de publicidad a mi tienda!

El heladero cervecero se nos había adelantado. Siempre estaba con las bromas, incluso más que Coe. Pero si se trata de un buen camarero, Josh es el indicado. ¿Debería aprender de él?

—Sí, bueno, ¿nos vamos?

Cogí mi maleta y me fui con Coe. Hoy era Viernes así que no tenía que trabajar; lo cambiábamos por los Domingos por la noche.

—Debes irte a casa, ¿cierto?

—Sí.

—Te acompaño —dijo mi amigo muy servicial- o más caballeroso, te llevo.

Abrió la puerta trasera de una limusina y yo me quedé asombrada.

—¡Coe! ¿De quién es? —dije paralizada.

—La he alquilado, tranquila.

Me metí enseguida y vi el interior; era alucinante, ustedes pensarán: "Por favor, Mati, que solo es un simple auto". Nunca había montado antes en una limusina.

—Estás como una cabra.

—Lo sé, pero las cabras no alquilan limusinas hasta la semana que viene.

—Entonces sólo estás loco.

—Puede —dijo sonriendo de lado.

Reí a carcajadas y me acomodé.

—Es increíble que te hayas gastado dinero para impresionarme.

—¿Por qué lo piensas? A lo mejor he ligado, no contigo —dijo mirando hacia delante.

—¿En serio? ¿Con quién?

Como tonta caí.

—Idiota, se nota que contigo no.

Decidí no darle una colleja esta vez, porque lo de la limusina era un detalle.

—Cascarrabias —dije abranzándolo.

—Pienso colgar esa foto en Facebook.

Los dos reímos y finalmente llegué a mi hogar.

-×××-

—Mathan, ven aquí —dijo mi padre y obedecí.

—¿Pasa algo?

—Esta noche vuelve tu hermano de Londres.

—¿A qué hora? —dije con un notable nerviosismo.

—Ahora —dijo señalando a la puerta mientras el timbre sonaba.

Fui volando hacia la puerta y abrí.

—¡Andrew! ¡Bienvenido a casa! —dije dándole un abrazo a mi "hermanito".

La vida de MathanDonde viven las historias. Descúbrelo ahora