CANSADO

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Me encuentro parado a centímetros del ataúd, casi puedo oler el cuerpo descomponerse, aunque la gente a mi alrededor lo ignora yo puedo sentirlo. Se me arruga la nariz y se me es imposible disimularlo. Me siento avergonzado no debería estar acá, me siento hipócrita aunque soy el único que lo ve así claramente. Era mi amigo casi mi hermano, pero ahora al ver su rostro inmóvil y pálido en ese cajón de caoba con una Cruz en la parte superior. - Ni siquiera era religióso - Pienso… es más hasta creo que era una persona espiritual pero no de esas que van a la iglesia todo los domingos, si no de las que creían en las energías de las almas. 

Siempre decía que la mía era oscura, como si ocultara algo. Siempre creí que era un estúpido, y no me equivocaba… Ahora que estoy acá en este tétrico funeral. Miro a mi alrededor las personas fingen su cara de pesadumbre, son todos grandes actores, ninguna de estas personas estuvo presente en su vida Se ven tan patéticos. Pero no soy quien para juzgar yo también lo hago… inconscientemente supongo, cada que una persona con cara conocida, no se de donde viene a decirme - Lamento que hayas perdido a tan buen amigo.- 

Yo sé que mi buen amigo odiaria estar ahí en esa caja, que me produce cierta claustrofobia, el querría ser cremado y que sus cenizas sean arrojadas en algún bosque. Somos o éramos muy parecidos, a mi también me gustaría eso, -¿Que harán con mi cuerpo?- pienso para mí - ¿A dónde va la gente como yo?- Me pierdo por un momento imaginándome flotando en forma de polvillo por un tupido bosque, yendo de un lado a otro sin rumbo alguno. Me mareo con mi propia fantasía, me siento cansado de tan solo pensar en la fuerza física que gastaría. Es tonto que piense en ello ahora, porque estaría muerto, capaz no siento nada. 

Sacudo mi cabeza desordenando mis propias ideas volviendo en sí, tomo una bocanada de aire y exhaló por la nariz. 

Me gruñe el estómago... tengo hambre, veo a unos diez pasos de mi a la hermana menor de mi amigo repartiendo sánguches de miga, de jamón y queso… fiambre no creo que haya Sido la mejor opción de comida. A pesar de mi hambruna, no me atrevo a tomar uno, esa niña me da escalofríos, como si supiera algo, como si hubiera visto algo. Pero sabe que no puede decir nada, nadie le creería.

Me dirijo a la cocina, se dónde queda está es como mi segunda casa, eh vivido aquí la mitad de mi vida, sus padres son como mis padres. Hay café en la mesa gracias a dios. La madre de mi amigo está aquí dándome la espalda, pero gira subitamente, al chocar nuestras miradas puedo ver cómo sus ojos empiezan a indundarse de lágrimas, me ofrece una taza con su mano izquierda y con la otra seca las gotas que brotan de sus párpados interiores. Siento el impulso de abrazarla y decirle que está todo bien, que no es su culpa por no saber cuidarlo mejor, y que estaré para ellos cuando me necesiten. Me contengo pero sin darme cuenta ella viene hacia mi, sofocandome en sus hombros, puedo oler su cabello, se siente a manzana Verde. - Estoy feliz de verte aquí, me haces acordás mucho a mi niño, siempre te hemos visto como un hijo… sabés?.- Me suelta, sus párpados arrugados  me obstruyen la vista de sus ojos marrones. Suspiró y pongo mi mejor cara de angustia. - Ustedes son mi segunda familia, por supuesto que iba a estar aquí, me siento tan mal. Eh perdido a mi único hermano.- Se quiebra mi voz, ya era imposible detenerme, no puedo contener más el llanto.

Podía sentir la mirada de todos los presentes sobre mis hombros, sentían lastima, por estás dos almas destrozadas que montaban una guerra de llantos en la cocina. Incluso algunos de los más sensibles soltaban lágrimas. Pero no por el difunto si no por nosotros que éramos el dolor personificado.

El funeral había terminado… solo los más cercanos a la familia seguían en la casa, primos, unos cuantos tíos que jamás había visto en mi vida. Todos iban abrazándo al matrimonio, uno por uno se fueron yendo. - Mañana iremos al entierro.- decían. 

Yo fui el último, ambos me apretujaron entre sus brazos al mismo tiempo. -Erea bienvenido cuando quieras.- Me sentía agradecido por tanto cariño. Les sonreí con los ojos inchados, asintiendo con mi cabeza. Los abrace por última vez, mire a la hermanita que se negaba a despedirse de mi, por más que sus padres le insistían. -Esta bien, no importa.- Respondí con una voz algo ronca. 

Llegué a mi casa -Por fin.- Dije en voz baja. El ambiente pesado del velatorio me había dejado completamente agotado. Entre por la puerta estirando mi cuello, todo estaba en un tenue silencio solo podía escuchar el ronroneo de mi gato, que dormitaba en el sillón color camello, vivo solo desde que pude independizarme. Me dirijo al baño a lavarme la cara, una vez allí gire la llave y un segundo más tarde caía un chorro de agua cristalina, pose mis manos una encima de la otra, dejando que se llenen de agua para luego estanparla contra mi cara. Todavía quedaba un poco de sangre en el lavabo, la cuerda con pequeñas manchas rojas aún colgaba de por el tubo de la regadera. Estrangularlo no había Sido facil, tuve que darle la cabeza varias veces con la bañadera y limpiar el cuerpo para esconder posibles huellas, fue un completo dolor de cabeza. Ah! y esconder el cuerpo en ese descampado se volvió un reto. -Despues limpiare.- dije exhausto, me seque la cara con la camisa que traía puesta. Suspire y caí muerto de sueño, me río de mi propio chiste.

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⏰ Última actualización: Nov 28, 2020 ⏰

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